Inuyasha casi, casi, casi es mío. Pero por ahora sigue siendo propiedad de la Gran Rumiko Takahashi.
Sólo la trama del fic es mío.
Unlimited
By Lovergreen
Capítulo XIV: Cruzada de pétalos
¿Cómo compaginar la aniquiladora idea de la muerte
con ese incontenible afán de vida?
¿cómo acoplar el horror ante la nada que vendrá
con la invasora alegría del amor provisional y verdadero?
¿cómo desactivar la lápida con el sembradío?
¿la guadaña con el clavel?
¿será que el hombre es eso?
¿esa batalla?
Mario Benedetti
Observar a Inuyasha cada vez era más fascinante. Su cabello plateado siempre brillaba, el dorado de sus ojos era muy intenso y sus orejitas hacían movimientos graciosos cuando captaba algún sonido y ella no perdía la oportunidad mínima que encontraba para acariciarlas, ganándose en el proceso un regaño por parte de él. En algún momento le dijo que podía escuchar y oler cada cosa del castillo y más de una vez, tuvo que darle una infusión con hierbas analgésicas debido a que tenía dolor de cabeza. También se estaba acostumbrando a sus garras, al hecho de andar descalzo y a que una vez rompió un jarrón debido a su fuerza.
Su humor no había cambiado, seguía siendo testarudo, inquieto y a cada oportunidad que tenía lo encontraba discutiendo con Kouga. Pero también era atento y la cuidaba todo el tiempo. No demostraba su afecto abiertamente, -a menos que cuando tenían tiempo a solas compartían un beso y ella recostaba su cabeza en su hombro- lo hacía más que todo con gestos y atenciones y para Kagome, eso era suficiente.
Seguía con el miedo constante de que algo pudiera llegar a suceder aunque Naraku no había dado señales de ningún tipo; se había sentido muy extraña, más alerta y también había notado como su energía había aumentado de una manera significante, como si de alguna manera alguien hubiera quitado un sello enorme que llevaba y sus poderes ahora estuvieran al máximo.
Una noche estaba sentada en el jardín y sintió a Inuyasha a su espalda, él la miraba con una ligera expresión de asombro y le preguntó si estaba bien. Ella asintió suavemente un tanto alarmada y le cuestionó con la mirada si algo ocurría. Él se sentó a su lado y le dijo que estaba brillando y, efectivamente, cuando miró sus manos estas brillaban, su piel emitía una suave luz rosa y cuando Inuyasha la tomó del mentón para que lo observara, le dijo que sus ojos no eran marrones. Habían cambiado al azul y el dorado.
Y ya desde eso había pasado un mes. Y sus ojos no habían vuelto al color caoba normal.
Había aprendido a controlar el brillo de su cuerpo, pero no hallaba la manera de regresar sus ojos al color chocolate que siempre habían tenido. Y eso la irritaba.
Ese pasado mes había transcurrido de manera lenta y acorde a la tranquilidad que había en el templo. Los dos demonios perro habían tenido batallas con Inuyasha, para ayudarlo a manejar su espada. Para Kagome no pasó desapercibida la expresión del General Inu No cuando vio la Tessaiga que él llevaba, Inuyasha también se sorprendió cuando el demonio sacó una espada igual. Bien, era definitivo que ese demonio perro sería el padre de Inuyasha más adelante y, la espada era heredada. Al parecer Sesshomaru también lo había deducido, pero todos prefirieron ahorrarse los comentarios y dejarlo como secreto a voces, nadie sabía tampoco la procedencia del medio demonio –como había decidido apodarlo Sesshomaru- y nadie quería investigar más allá.
Los tres tenían constantes batallas y Kagome temía que Inuyasha saliera lastimado ya que la mayoría caían de sorpresa para Inuyasha, tomándolo desprevenido; recordó la primera vez que lo vio, usaba ropa diferente y su vida era tranquila; lo que hacía en este tiempo era peligroso y no estaba adaptado a vivir luchando, pero se había acoplado muy bien a las batallas, como si fuera algo innato de él y había aprendido a manejar la espada de manera asombrosa. Con la ayuda de los dos demonios había logrado volverse muy fuerte, aunque no se podían decir que eran amigos o algo así.
Los tres tenían personalidades diferentes. El General Inu No era fuerte de carácter, dominante y se daba a respetar en cada lugar que llegaba. Sesshomaru emitía un aire de grandeza y orgullo aunque a simple vista se notaba que no le gustaba estar rodeado de personas. Inuyasha… él era especial a los ojos de Kagome. Era enojón, obstinado y llegaba a ser hasta volátil, demás estaba decir que no tenía respeto por sus mayores. Muchas veces lo escuchó hablarle de manera irrespetuosa a su madre y a su nana, y también decirle "viejo" a su padre –aunque aquí no le dijera de esa manera- era por eso que a los reyes no los trataba con respeto y también los tuteaba.
Para sus padres y también para todos los habitantes del templo, era más que obvia la relación de Inuyasha y Kagome y nadie interfería. El rey le había dicho a la menor de sus hijas que no era posible que tuviera alguna relación con un medio demonio, o con algún demonio en general, que su futuro esposo sería alguien de la realeza, como ellos.
Pero ella se negó. Y la negación estuvo acompañada de gritos y salpicada de palabras coloridas que las había aprendido del mismo Inuyasha.
Alegó que si no era con él, no sería con nadie.
Y hasta ahora, disfrutaba cada momento a su lado porque en lo más profundo de sí misma, sabía que él debía irse tarde o temprano.
El monje que había llegado con Inuyasha también hacía un mes, se había dedicado a nutrirse con las lecturas de la biblioteca del templo, con la ayuda de otro de los monjes y los demás sacerdotes, había logrado hacer de sí mismo un excelente exorcista y dominaba los hechizos con los pergaminos e hizo de su báculo un arma excelente para defenderse. Sango lo había ayudado mucho a practicar la lucha cuerpo a cuerpo, y más de una vez, terminó con los dedos de la exterminadora marcados en su mejilla.
Kikyou y Kouga mantenían una relación de bajo perfil. Ella no se animaba a enfrentar a sus padres como Kagome lo había hecho, pero estaba segura que tarde o temprano debía hacerlo.
Ambas hermanas habían también estado practicando con el arco y también a manipular sus energías. Todos se preparaban día a día para lo que se venía… la lucha con Naraku.
Kagome estaba en su habitación. Había decidido utilizar el traje de sacerdotisa de su abuela Midoriko, a pesar de que no quería hacerlo por miedo a que sus visiones se hicieran realidad; pero la última vez su visión con Inuyasha se hizo presente sin ella usar el traje, así que atribuyó que lo usara o no, todo podía suceder.
No era igual al típico traje rojo y blanco, aunque fuera de los mismos colores. Éste traje a parte de poseer una armadura –que aún no quería colocarse– las mangas no eran tan holgadas y se cerraban en sus muñecas, en cambio la parte inferior se confundía con una amplia falda, era igual al Hakama dividido de cualquier traje, aunque más ancho y tenía una hermosa caída y también era de un rojo intenso.
Cuando movió la armadura, un rosario de cuentas azules decorado con colmillos cayó de ella. Lo colocó alrededor de su cuello, sabía que era de su abuela.
Se miró en el espejo y el color de sus ojos aún le sorprendía. No había manera de hacerlos cambiar, sin embargo ya todos parecían haberse acostumbrado. Deslizó la puerta de su habitación y salió al pasillo, caminando hacia el jardín. Estaba a punto de anochecer y la oscuridad se estaba haciendo presente en el templo.
Siguió caminando pero antes de llegar al jardín se detuvo y sintió una extraña pulsación en el aire. Provenía de Inuyasha.
Sango llegó hacia ella y Kagome vio que estaba alterada, no le hizo falta preguntar, comenzó a correr hacia el lugar que su instinto le indicaba y al llegar a casi la entrada del castillo vio a Inuyasha en el suelo, inconsciente.
Llegó hacia él y le sorprendió ver su cabello completamente negro… pero al parecer, no estaba herido, sólo desmayado.
-Ha perdido su parte demoníaca, esto ocurre cuando se es sólo un mitad demonio- habló Sesshomaru en un tono de completa indiferencia, luego se alejó. Al parecer era todo lo que compartiría.
-Llévelo adentro, le hará bien descansar. Debe estar abrumado por haber perdido la sensibilidad en sus sentidos- dijo Inu No, antes de alejarse también, pero en dirección contraria a la del otro demonio.
-¿Qué ocurrió?- preguntó Kagome sin dejar de mirar a los presentes, para luego agacharse y apartar los mechones oscuros del rostro del joven.
-Estaban teniendo una batalla pero… de repente llevó sus manos a su cabeza, como si tuviera mucho dolor y luego… se volvió completamente humano.
Kagome miró al Monje mientras le explicaba lo que había ocurrido. Asintió suavemente y les dijo que lo llevaran a su habitación, su hermana quiso detenerla tratando de decirle con la mirada que estaba prohibido que estuviera en la misma habitación con el hombre del que ya todos sabían tenía una relación amorosa, pero ella sería quien cuidara de Inuyasha esta vez.
Lo observó mientras dormía en su futón. Las marcas moradas en sus mejillas habían desaparecido, no había garras, no había orejas en la cima de su cabeza y su cabello era completamente negro, estaba como cuando lo había conocido.
Se había percatado de que esa noche, era noche de luna nueva, la primera desde que él había llegado, tal vez esa era la razón. Ya era muy entrada la madrugada cuando él comenzó a despertar y ella, que había estado dormitando apoyada en la mesita de centro se levantó y estuvo inmediatamente alerta.
Se acercó a él cuando abrió los ojos y vio el dorado de ellos. Sonrió cálidamente cuando vio lo brillosos que estaban, también eran más claros, seguro estaba confundido. Lo ayudó a sentarse suavemente y le ofreció agua, la cual tomó con ahínco, luego fue que la miró.
-Kagome… ¿Qué demo-?- se llevó una mano en la cabeza como si le doliera. Le dio otra infusión con hojas analgésicas y él volvió a dormir. Esta vez, ella se recostó a su lado.
Despertó rato después sintiendo sus piernas acalambradas y también sentía presión en su cintura. Su corazón dio un salto y se aceleró cuando vio a Inuyasha abrazándola y una de sus piernas estaba sobre las de ella. Se levantó tratando de no despertarlo pero falló miserablemente.
-¿A dónde vas?- se había despertado hacía un rato y se sintió en extremo feliz cuando vio que Kagome que estaba entre sus brazos. En su tiempo el conquistar a una mujer se le hacía sencillo, pero con Kagome todo era diferente, sentía un amor profundo por ella, que sabía era correspondido, pero no quería arruinarlo comportándose como un idiota igual que los hombres del futuro.
-Eh… yo iré a…- balbuceó y se sonrojó cuando Inuyasha esbozó una sonrisa de medio lado- No te rías de mi… ¿puedes soltarme?- pidió como una niña pequeña para después soltar un suave bufido.
-No, gracias. Así estoy bien- respondió mientras la halaba nuevamente al futón junto con él pero esta vez, quedando frente a frente. Apoyó su mentón en la cima de la cabeza de la chica y la abrazó más fuerte. Kagome escuchaba el latido del corazón de él y se sorprendió de que también latiera tan rápido como el de ella. Cerró los ojos y solamente lo abrazó, sintiendo el aroma que él desprendía. Le gustaba mucho su olor, olía a madera y a bosque, a libertad, por eso a su lado siempre se sentía libre.
-Inuyasha… ¿te sientes bien?
Bajó la mirada hacia ella y un leve rubor cubrió sus mejillas al notar lo cerca que estaban.
-Si… me siento… normal- dijo mientras miraba sus manos que ya no tenían garras. Ella esbozó una suave sonrisa y escondió su rostro en su cuello, aspirando suavemente su aroma- ¿Tú cómo te has sentido?
Suspiró y se acomodó más en sus brazos.
-Bien, algo… ansiosa. Naraku no se ha presentado y es extraño. Puede venir en cualquier momento.
Inuyasha no dijo nada. Sabía que cuando ese sujeto llegara pasarían muchas cosas y entre ellas, podría estar el que él tuviera que irse. Kikyou se lo había dicho en una conversación que habían tenido hace unas semanas.
.
.
-Debes estar consciente de que tendrás que irte…
-No puedo abandonar a Kagome.
-Tu alma no puede estar aquí para cuando tengas que nacer como te corresponde. Tu padre aún no conoce a tu madre en este tiempo… eso significa que tu alma no se ha creado aún. Si estás aquí para cuando eso suceda… no sé qué podría ocurrir.
.
.
Ese tema había estado dando vueltas en su mente pero no había querido preocupar a Kagome comentándolo con ella. Ya tenían suficiente con la preocupación de tener que separarse nuevamente. Estaba concentrado escuchando el respirar suave de ella y su mirada estaba perdida en un punto indefinido de la madera de la pared. La habitación estaba iluminada solamente por unas velas que estaban en la mesita de centro.
-Pase lo que pase… te voy a proteger.
Fue un susurro casi, pero Kagome lo escuchó claramente y no pudo evitar que las lágrimas llegaran a sus ojos. Como respuesta depositó un suave beso en el masculino mentón, sorprendiéndolo un poco. Bajó su rostro y depositó un suave beso en sus labios. Ella era suave y segura de sí misma, pero cuando el beso se profundizó notó su nerviosismo y se alejó de él, abrazándolo nuevamente.
Se dedicó a acariciar su cabello hasta que ella se durmió, para luego dormirse él también.
Cuando se despertó lo primero que notó fue que Inuyasha no estaba con ella, pero había una flor de Sakura en el futón, a su lado. Sonrió y la tomó entre sus manos. Lavó su cara, cepilló su cabello y salió de la habitación. La mañana era casi fría y le sorprendió las inmensas nubes negras de lluvia que estaban en el cielo. Entrecerró sus ojos sintiendo que eso no era normal.
Avanzó hasta que se topó con una sonrojada Sango, quien caminaba rápidamente en dirección contraria. Segundos más tarde vio como el Monje de moradas vestiduras la seguía, escuchó que se estaba disculpando. ¿Tan temprano y ya discutían?
Se encontró con Inuyasha que estaba recostado en uno de los pilares de madera esperando por ella, su cabello nuevamente era plateado. Tenía sus ojos cerrados y sus brazos estaban escondidos en las mangas de su traje rojo, se veía muy relajado pero cuando una orejita se movió en su dirección, supo que estaba alerta.
-Buen día- Saludó al ambarino- ¿Qué ocurrió con…?
-No preguntes- cortó su inquietud al saber que se refería al monje y a la exterminadora- Miroku no tiene horario para ser un pervertido.
Se reunieron a compartir el desayuno el cual se hizo en un silencio agradable, hasta que Kouga lanzó un mordaz comentario ganándose un insulto bastante subido de tono de Inuyasha, para luego amenazarse de muerte e Inuyasha prosiguió a explicar detalladamente como sacaría sus intestinos por su nariz.
A esas alturas, Kikyou ya no tenía hambre.
La mañana pasó tranquila, Kagome caminaba al recinto para hablar con sus padres. Si bien su relación con ellos no era del todo "normal", seguían siendo sus padres.
Entró al recinto y se sorprendió de que todo estuviera oscuro, sólo una vela adosada a la pared en un pequeño candelabro iluminaba la habitación. La ventana no ayudaba mucho, el día estaba casi sin luz solar debido a las nubes oscuras.
Dio un respingo cuando sintió en frio traspasar la tela de su traje de sacerdotisa, algo no andaba bien. Se giró rápidamente cuando la puerta se deslizó y se cerró en un sonoro golpe.
-Es un gusto verte, pequeña…
Kikyou levantó su mirada del pergamino en el cual estaba escribiendo y entrecerró sus ojos si mirar nada en especial. Soltó el pincel sin cuidado y salió de su habitación, encontrándose con Kouga en el pasillo.
-Princesa…
-¿Dónde está Kagome?- preguntó haciendo notar su preocupación. Cuando escuchó a Inuyasha llamar a Kagome corrió en dirección de dónde provenía la voz del medio demonio. Kouga la siguió de cerca sintiendo un extraño olor en el aire.
-¡Kagome!- siguió llamándola. No la encontraba y sentía en cada vello de su cuerpo que ella estaba en peligro. La había perdido de vista por cinco minutos cuando le había dicho que iría a ver a sus padres.
-¡Inuyasha!- giró su cabeza cuando escuchó el llamado de Kikyou- Alguien traspasó la barrera…
-Lo sé, lo sentí. Pero no sé dónde está Kagome… dijo que vería a sus padres- informó mientras seguía mirando hacia los lados tratando de captar el olor de Kagome, pero la humedad en el aire se lo hacía difícil.
-El recinto, ¡allá debe estar!- intervino Kouga y los tres salieron en esa dirección. Kikyou secretamente esperaba que el intruso no fuera Naraku, aunque sabía que no podía ser nadie más.
Cuando giraron en el pasillo se escuchó el golpe de la puerta deslizante al cerrarse. Inuyasha se apresuró a llegar pero no podía abrirla.
-¡Kagome! ¿Estás dentro? ¡Kagome!- gritó mientras golpeaba la madera de la puerta.
Dio un salto cuando escuchó a Inuyasha llamarla.
-¡Inuyasha!- le llamó ignorando el saludo de Naraku.
-Grita todo lo que quieras, Kagome. Él no te escuchará.
Fuera del recinto Kikyou trató de detener los golpes de Inuyasha a la puerta y pidió ayuda a Kouga para ello.
-Está adentro, pero Naraku está con ella- vio como Inuyasha respiraba de manera forzosa y escucho a Kouga lanzar una maldición- Pero él es muy inteligente, ha utilizado su energía para colocar un campo dentro del recinto, no podremos oír nada y tampoco entrar. La única que puede romper el campo… es Kagome.
Inuyasha desenvainó su espada y se dispuso a atacar, volaría el templo de ser posible, pero él sacaría a Kagome de las garras de ese idiota. No la lastimaría… Kagome no iba a morir. Él estaba ahí para impedir precisamente eso.
Miroku, Sango, Kohaku y los samuráis junto con los demonios lobo llegaron al recinto, corriendo y agitados.
-¡Kikyou!- llamó Sango- La entrada del templo está siendo atacada, hay demonios por todos lados y el General Inu No y su hijo están luchando junto con los samuráis…
-Debemos ir a ayudarlos- demandó Miroku apretando con más fuerza su báculo- Son demasiados…
-¡Vayan ustedes! No dejaré a Kagome aquí sola…
Kikyou se giró hacia Sango cuando vio su confusión al ver a Inuyasha amenazar la entrada del recinto con su espada.
-Naraku tiene a Kagome atrapada dentro del recinto y…-Se detuvo y en un flash la cara de sus padres estuvo en su mente- ¡Mis padres! ¿Dónde están ellos?
-Ellos están bien, Alteza- Habló uno de los lobos- Están a salvo…
Kikyou suspiró y asintió en su dirección. Fijó su mirada en Inuyasha, él gruñía y apretaba con fuerza su espada. Se sorprendió cuando un aire demoníaco comenzó a rodearlo. Las marcas en sus mejillas se hicieron más notorias.
-Debes calmarte… la sacaremos de ahí- trató Miroku de hacer entrar en razón a Inuyasha… colocó una mano en su hombro y el medio demonio pareció calmarse, pero sólo un poco.
Kagome no podía creer el cinismo de este engendro. Estaba loco si pensaba que se rendiría sin luchar.
-¿Para qué haces esto? Ya te dije que no sé dónde demonios está la Joya.
-Oh, que lenguaje, ¿Lo aprendiste de tu pareja el híbrido?
-¡No lo llames así!- sus ojos parecieron fulgurar lo cual hizo que Naraku se riera, ¿cómo se atrevía a insultar a Inuyasha y de paso… burlarse de ella?- No tengo nada que te pertenezca, quiero que te largues, déjame-en-paz.
-No es tan fácil. Verás… tú me perteneces- soltó sin más mientras veía como se acercaba a ella- Tu padre te vendió a mi cuando eras una chiquilla. Tu madre iba a morir, yo podía curarla y ¡Bingo!, te intercambió por ella.
-No es verdad… ¡No te creo!- gritó sintiendo como su interior ardía.
-Es verdad, él me prometió que si yo salvaba a su Reina, él me dejaría tener tus poderes. Y bueno… he venido a reclamarlos.
-¡Aléjate de mí!- extendió su brazo hacia él y su palma abierta estuvo en línea con su rostro. Luces moradas y rosadas la rodearon y cuando el calor de su interior se concentró en su mano, no dudó en liberarlo.
-¡Maldita mocosa!- dio varios pasos hacia atrás al sentir el ardor en su rostro. En un rápido movimiento se posó detrás de ella, tomándola fuertemente por el cabello. La chica gimió con dolor y cerró fuertemente sus ojos, llevando sus manos a su cabeza tratando de calmar la tirantez de su cuero cabelludo- ¡Eres una zorra!
-¡Suéltame! ¡Déjame en paz!
-¡Sé de tus visiones, mocosa! Sé que tu híbrido morirá por mi mano si trata de salvarte así que te propongo un trato… te daré tres días. TRES DÍAS- le dijo en un tono grave mientras colocaba tres dedos delante de su rostro para que ella los viera- Si en ese tiempo no estás en mi castillo, no tendré contemplaciones en matarlos a todos- La giró y la soltó haciendo que cayera al suelo, vagamente ella seguía escuchando a Inuyasha llamarla- Piénsalo… tú y tus poderes, o tu familia, tu feudo, tu templo… y tu querido medio demonio.
Las lágrimas caían de sus ojos y la furia se adueñó de ella. Un poderoso resplandor la rodeó y Naraku abrió sus ojos asombrado. Éste poder… no era sólo el de ella… estaba mezclado.
Se levantó del suelo y el estallido que salió de ella lo cegó por unos instantes, para luego desaparecer.
La barrera que cubría el recinto desapareció y al fin Inuyasha logró entrar, para ver como Kagome caía al suelo sobre sus rodillas. La sostuvo por sus hombros y el aroma a salado de sus lágrimas llego a su nariz. ¡Maldito Naraku!
-¡Kagome! ¿Estás bien?- la reviso por si estaba herida pero no había señales de sangre o algún golpe en ella. La chica lo miró y un sollozo lastimero salió de su garganta, colocó una mano en su mejilla y luego de acariciarlo un poco, se lanzó a sus brazos, rodeándolo fuertemente- Tranquila… todo estará bien…
La sintió aflojarse en sus brazos para darse cuenta que había perdido el conocimiento. Miró a los presentes y en el rostro de Kikyou notó la impotencia al no poder ayudar a su hermana.
Giró la cabeza sintiéndose casi renovada, la tranquilidad le duró unos segundos porque casi inmediatamente recordó las palabras de Naraku.
.
.
Piénsalo… tú y tus poderes, o tu familia, tu feudo, tu templo… y tu querido medio demonio.
.
.
Ese miserable estaba loco. Pero ella no podía permitir que los demás pagaran por su culpa y… su padre… él la había prácticamente canjeado. Aunque no lo culpaba, quizá en el momento en que su madre estaba enferma él había estado desesperado. Suspiró suavemente y se dio cuenta de que estaba en su habitación, recostada en su futón.
Se sentó y vio a Inuyasha en una esquina de la habitación, sentado en una pose india con Tessaiga dentro de sus brazos, los cuales estaban cruzados sobre su pecho. Tenía los ojos cerrados, al parecer estaba dormido.
Lo miró detenidamente y sintió su pecho contraerse, no quería perderlo… quería amarlo, amarlo siempre y de manera infinita pero… no podía ser egoísta y dejar que muriera. Él tenía una vida junto a su familia, en el futuro. Ella no podía arrancarlo de los brazos de su madre de esa manera.
Una lágrima cayó por su mejilla y sin preverlo, ya Inuyasha estaba a su lado, limpiándola.
-No llores…- casi le suplicó. Odiaba verla llorar-¿Cómo te sientes?
-Mejor, gracias.
-Estuviste casi dos días dormida.
Dos días. Quedaba sólo uno. A juzgar por la tranquilidad del templo, era de noche. Quedaba el día de mañana solamente.
Kagome sorbió su nariz y se levantó, sacó de una gaveta la armadura de su abuela. Inuyasha la miró interrogante colocándose de pie, detrás de ella.
-Esta armadura era de mi abuela… ella era el antiguo portal de la perla.
-No necesitas luchar, Kagome. Ya te dije que yo…
Se apresuró a colocar sus dedos en sus labios, haciéndolo callar. No quería hablar de batallas, de luchas, de perderlo. Solamente lo quería a él. Quitó sus manos de sus labios y posó un tierno beso en ellos, de manera delicada. Se alzó en puntitas para llegar más a su altura y lo abrazó por el cuello.
"¿Queremos estar siempre juntos, verdad Inuyasha?"
No quería irse, no quería dejarlo, quería demostrarle cuánto lo amaba y ese era el momento.
Se separó de él y alejándose un poco, llevó sus manos al cordón de la parte superior de su traje de sacerdotisa. Inuyasha entreabrió los labios y sus ojos brillaron con asombro. Ella deshizo el nudo y dejó que la prenda se deslizara por sus brazos.
-Tú y yo, hoy… más nada- le pidió en un susurro que estaba segura él escucharía. Lo abrazó nuevamente y él respondió a su beso.
La amó, como lo había deseado desde hacía mucho.
Lo amó, como solamente a él podía llegar a amarlo.
Se entregaron en un acto que sólo ellos dos entendían, el cual sólo ellos dos ansiaban.
Sintió su piel con la de él y su suavidad lo deleitó. Ella era la perfección hecha mujer.
Sus ojos a pesar de tener colores diferentes, eran mágicos y casi podía palpar sus sentimientos al mirarla directamente a ellos. Entre susurros se dijeron mil veces que se amaban, que estarían juntos. Que nada los separaría.
-Te encontraré donde sea… en cada vida, en cada lugar y tiempo- le dijo mirándolo a los ojos mientras él la abrazaba fuertemente, ella jugaba con el colgante que le había regalado, el cual siempre descansaba en su pecho. Estaban cubiertos por el Haori rojo de él. La noche y las velas como únicos testigos de su entrega.
No sabía que responder. En su mente rondaba la idea de que esto para ella era una despedida. No quería pensar eso.
No se dio cuenta cuando se quedó dormido, sólo estaba consciente de las caricias de ella en su espalda desnuda, era relajante.
Pensó que la encontraría al despertarse, de hecho había imaginado que él sería el primero en levantarse ya que no necesitaba dormir tanto. Pero cuando se despertó, ella no estaba a su lado. Se vistió rápidamente y barrió la habitación con sus dorados ojos.
Algo no estaba bien.
Lo primero que hizo fue revisar la gaveta de la armadura. No estaba. Su corazón latió fuertemente y su frente se comenzó a perlar de sudor.
Se había ido… a luchar contra Naraku.
Salió corriendo de la habitación y escuchó pasos incesantes y movimientos alarmados. Corrió y llegó rápidamente hacia la entrada del templo, no había rastros de Kagome… no podía percibir su olor en el aire.
-¡Inuyasha!- vio que Miroku se acercaba hacia él- La Señorita Kagome no está… la señorita Kikyou está tratando de localizarla pero no lo ha podido lograr.
¿Cómo se pudo dormir tan profundamente? ¡Maldición!
Llegó hacia donde Kikyou estaba y la vio hablar en un lenguaje extraño frente a un espejo, casi como había visto hacer a Kagome una vez, allá en su casa, cuando la vio sentada en el piso de la habitación.
El espejo cayó a la mesita dentro de la habitación de la mayor de las hermanas y esta alzó su vista casi cristalizada a Inuyasha.
-No logro ubicarla. No sé cómo pero… ocultó su energía. No quiere que la encontremos.
Hojo estaba impresionado. ¿Por qué la princesa Kagome estaba en el castillo?
Kagome miró de reojo a Hojo, sabía que lo conocía pero su memoria le estaba fallando.
-Cumplidora, eso es bueno- Naraku la inspeccionó de pies a cabeza- No entiendo para qué la armadura.
-Estoy aquí. Pero no me rendiré tan fácil. ¿Quieres mis poderes? No te los daré sin luchar.
No había pizca de miedo en su tono. Sólo había rencor y una furia indescriptible en su interior. Odiaba a ese hombre, pero más amaba a Inuyasha.
Naraku se acercó a ella y la miró con desconfianza, la tomó por el cabello y ladeó con fuerza su cara, dejando al descubierto su blanco cuello.
-Te marcó- dijo entre dientes como un desprecio- ¡Dejaste que un maldito híbrido te marcara!
La bofetada que le dio hizo que el sabor metalizado apareciera de manera casi instantánea en su boca. Hojo saltó pero se detuvo cuando Kagome lo miró, pidiéndole que no interviniera. Se giró hacia Naraku y ella se concentró en detallarlo. Había una extraña armadura que lo rodeaba, estaba casi segura que eran extensiones óseas. Tentáculos verdes salían de su espalda.
-No te será fácil destruirme, niña. Tengo los poderes de Tsubaki a mi favor.
-No me hace cosquillas tus poderes- le despreció poniéndose de pie y desafiándolo- No te tengo miedo.
-No me hagas reír- le dio la espalda demostrándole que estaba confiado de él mismo- Tomaré tus poderes y luego… buscaré la perla.
-Ya te dije que no se te hará tan fácil matarme.
Naraku se fijó en el carcaj con flechas y el arco que ella llevaba.
-Bien… será como tú pidas.
En un rápido movimiento de su mano, el suelo del castillo comenzó a temblar, haciéndola tambalear. Toda la madera que componía la estructura comenzó a derrumbarse y en un parpadeo la mitad del castillo había desaparecido.
Hojo se alejó del lugar donde ambos estaban. Debía avisar que la princesa estaba en peligro.
-Espero que esto sea suficiente campo para ti, pequeña.
Kagome lo miró con desprecio y tensó una flecha, soltándola y dándole justo en el pecho. Pensó que había acabado con él pero la risa proveniente de ese depreciable hombre la hizo retroceder. Vio con asombro como se regeneraba frente a ella.
-Tendrás que hacer algo mejor.
Nada… no había rastros de ella. Se estaba desesperando y había amenazado varias veces con volar el templo si no conseguían a Kagome rápidamente.
Kikyou trataba una y otra vez con el espejo, pero no podía encontrar a su hermana.
-Oye…-Kouga se había acercado a Inuyasha pero esta vez, sin intenciones de iniciar una pelea- ¿Por qué hueles a Kagome?
-Eso no te incumbe, lobo asqueroso.
-¿La marcaste, verdad?
-¿Y qué pasa con eso?- le respondió ofensivo mostrando sus colmillos.
-Si es así… puedes encontrarla. Estás unido a ella… concéntrate en ella y búscala.
Inuyasha no conocía nada de esto puesto que prácticamente era nuevo en el tema de ser un demonio o medio demonio o lo que sea. Pero se alejó de Kouga y en un ágil salto, salió del templo. Kikyou había eliminado el campo, sin Kagome dentro, ya no había nada que proteger y sus padres estaban a salvo, si Naraku tenía en su poder a Kagome, ellos estaban seguros.
Se detuvo antes de entrar al bosque que rodeaba el castillo y cerró sus ojos. Pensó en Kagome, en su risa, en su tono de voz, en la manera en que se enfadaba con él… y la sintió.
La energía provenía de más allá del bosque, mucho más allá de un rio. Pero ya sabía dónde ella estaba y sin esperar, corrió hacia ella.
Hojo llegó al templo y de un salto se bajó del caballo. Sesshomaru le impidió la entrada al percibir en él el olor de Naraku. El joven tragó fuertemente al ver la imponente figura del demonio perro.
Kouga llegó en ese momento y le aclaró al peliplateado que él era de los suyos, que era de confianza.
En un rápido parloteo les dijo que Kagome estaba en el castillo y que se estaba enfrentando con Naraku, ella sola.
El General Inu No fue el primero en salir del templo, siguiendo el aroma de Inuyasha y tomando la misma dirección. Más atrás le siguió Sesshomaru.
Kouga reunió a Miroku, Sango, y a Kikyou y todos salieron con dirección al templo, junto con Hojo.
Era el momento de terminar todo de una vez.
Estaba cansada, su labio sangraba y había tenido que empezar a luchar con la espada de la armadura ya que se estaba quedando sin flechas. Se repetía una y mil veces que esto lo hacía por él… solamente por proteger a Inuyasha.
Pero Naraku no se la ponía fácil. Cientos de demonios la estaban atacando de varias direcciones y se vio obligada a utilizar al máximo su energía. Algunos los repelía con su poder espiritual, a otros los eliminaba con su espada, pero ya estaba llegando a su límite.
Un destello poderoso e inmenso acabó con los demonios en un solo momento. Kagome miró asombrada como una vez que el resplandor cesó, Inuyasha apareció y corrió hacia ella.
Su garganta se secó, ¿qué hacia él aquí?
-Maldita sea Kagome, ¿acaso eres idiota?- le regañó cuando se colocó delante de ella, protegiéndola con su cuerpo. Más atrás vio como aparecían el General Inu No y Sesshomaru. Todos listos para luchar.
-¡Toda la prole junta! Será mejor acabarlos a todos de una vez.
-¡Cierra la boca, bastardo! ¡No dejaré que lastimes a Kagome!
Se lanzó hacia Naraku y se percató de que su padre venía también con él, tanto en su tiempo como en este tiempo, su padre lo protegía, buscaba luchar con él. Miró a su izquierda y Sesshomaru también corría hacia Naraku. Bien, los tres podían con él.
Kagome observó a los demonios perro correr hacia Naraku… ¿habría alguna posibilidad de ganarle y que Inuyasha siguiera vivo?
Naraku rio y una nueva bandada de demonios apareció, capturando la atención de su padre y su hermano, pero ahora no eran cien, eran miles, millones de ellos. Y había perdido de vista a Kagome.
Cuando regresó al lugar donde ella estaba y no la encontró, entró en pánico.
-¡Inuyasha!
Escuchó su llamado y alzó su mirada y casi se paralizó con lo que vio. Naraku la tenía apresada entre lo que parecían unas garras de hueso. La tenía toda rodeada y una de las garras filosas estaba en su cuello. Gruñó, si lo atacaba, la mataría a ella también.
Sintió cuando Kouga llegó y más atrás Sango, Miroku y Kikyou.
-¡Suéltala Naraku!
El aludido miró a Kikyou y su sonrisa macabra se extendió por su rostro cuando la vio tensar una flecha en su dirección.
-Lo siento, Kikyou. No puedo acceder.
Apretó la estructura de huesos alrededor de Kagome, la cual gimió de dolor y la hizo perder levemente la conciencia.
Inuyasha tensó más su espada. Habían muchos demonios y ya todos estaban luchando, menos Kikyou y él que se mantenían vigilando a Naraku.
Debían salvarla… sacarla de las garras de ese engendro.
Inuyasha se tensó… ¿acaso todo estaba perdido?
Continuará…
N/A: Hola mis bellezas, nuevo capítulo y tengo que informarles que es el penúltimo, ya el que sigue es el final.
Quiero agradecer a:
Valkiria-San: Bella, muchas gracias por estar al pendiente de mis actualizaciones, recibir tus reviews y tus buenas energías de verdad que me animan muchísimo, estoy super feliz de que te guste esta historia.
SerenaSaori: que bueno que te guste mi historia, preciosa. Muchas gracias por tu comentario, ¡disfruta este nuevo capítulo!
Maria-094: Gracias por tus bellos comentarios, belleza. Me hace muy feliz que te guste mi fic.
ley1030: ¡Bienvenida! Nunca es tarde para dejar un comentario, muchas gracias por el tuyo.
¡Espero que disfruten de este capítulo! Yo amé escribirlo. Espero sus reviews, ya saben que ese es mi sueldo y amo entretenerlas.
Las amo con amors inmenso.
Nos leemos pronto.
Besitos.
