Saint Seiya: Siguiente Generación.

Fanfic escrito por: Andrómeda

Primera Fecha de publicación: 3 de junio del 2011; para la página de Facebook: Yuna De Águila (Saint Seiya Omega Ω)

Edición: Rankakiu

Disclaimer: Saint Seiya es propiedad de su autor Masami Kurumada; así como de TOEI Animation LTD.

Nota del editor: Muy buenas a los lectores de este Fanfic. Es un gusto dejarles el decimocuarto capítulo de Siguiente Generación, escrito por la autora Andrómeda. Sin más que agregar, los dejo con la lectura, esperando sea de su completo agrado. Saludos.

Rankakiu


En el capítulo anterior de Siguiente Generación: Perseo ha demostrado su excelencia en combate cuerpo a cuerpo, poniendo en graves aprietos a Selenia. Idalia de Fénix hace gala de una gran voluntad, decidida a salvar a su hermana Sharon, adquiriendo un modo de combate agresivo y que le causa dificultades a la guardiana Hipólita, no obstante, la guardiana logra recuperar la ventaja. A pesar de su situación, Selenia no se rinde, acto que es elogiado por el guardián, en un gesto de agradecimiento de tener una magnifica pelea. Por otra parte, El Patriarca Kiki revela un detalle peculiar de Aarón a Yaro: el santo de Piscis nació en el Santuario, gracias a que Saori, la anterior encarnación de Athena, salvó su alma para que esta cumpliera una misión. Idalia, viéndose en una situación difícil, decide utilizar su técnica 'Corona Blast' con la cual gana el combate. Perseo, al notar el fallecimiento de su compañera de armas, toma la resolución de matar a Selenia de Pegaso para lavar la afrenta cometida en contra de los guardianes…


Siguiente Generación

Capítulo 14: Lazos rotos (Parte I).

La pelea de Selenia se ha complicado aún más, puesto que su enemigo Perseo ha decidido no mostrarle nuevas técnicas que ella pudiera replicar, enfocándose sólo en la pelea cuerpo a cuerpo, en la cual la santa de Pegaso está en clara desventaja. Selenia no puede hacer mucho, sino tan solo esquivar y bloquear los golpes que le esta propinando su oponente. Recién ha bloqueado el puño derecho de Perseo con su mano izquierda y teniéndolo retenido, la castaña intentó propinarle un golpe, sin embargo Perseo, usando su puño libre, golpeó a Selenia en la zona axilar izquierda, provocando que lo soltara y para incrementar el castigo, Perseo golpeó la orejas de Selenia con las palmas con tal fuerza que estas sangraron, dejándola atontada. El guardián soltó otro golpe, esta vez usando una patada que dio directo al torso de Selenia y que la mandó a chocar contra una enorme roca, dejando un cráter profundo que adquirió la forma de la silueta de la chica de bronce.


Mientras la batalla se suscita, en la orilla del bosque se vio un resplandor de luz que pronto tomó la forma de tres siluetas humanas, revelándose como Hakirei de Aries, Aarón de Piscis y Yuuko de la Grulla quienes iniciaron su misión de rescate. Los tres caminaron unos cuantos metros, tratando de localizar por lo menos un cosmos de una de las santas de bronce.

—Imposible…—Dijo Hakirei, deteniéndose, a lo cual Yuuko y Aarón no tardaron en imitarlo.

— ¿Qué pasa? —Preguntó Aarón.

—Al parecer la pelea de Idalia acabó. —Respondió Yuuko. — Tenía planeado que llegaríamos a ese punto, pero si caímos aquí significa que ya no está usando su cosmos en la pelea. —Explicó.

— ¿Entonces basas tu tele- transportación en seguir el cosmos del objetivo? —Siguió preguntado Aarón, curioso.

—Así es. —Respondió.

—Sorprendente. —Fue lo único que pudo articular el santo de Piscis.

—No creo que sea eso, Yuuko. Si agudizas tus sentidos sabrás que hay una barrera aquí. —Dijo Hakirei, señalando con su dedo índice la entrada del bosque y pronto la santa de plata y el santo dorado de Piscis visualizaron un muro que a ratos se translucía de un tinte rojizo y luego se volvía invisible en su totalidad.

—Si las niñas de bronce entraron, significa que Ares las quiere a ellas. La pregunta es ¿por qué? Pero en lo mientras… — enfatizó Aarón, sacando una rosa azul rey, — ¡debemos romper la barrera! ¡NOTE CELESTIAL! — Exclamó, lanzando la rosa, cuyos pétalos se desprendieron antes de tocar la barrera, emitiendo una onda sonora solo perceptible para Aarón, pero con la intensidad suficiente para quebrar la barrera, dejando un hueco con el cual los tres pudieron pasar sin ningún problema.


—"Este hombre… sus puños realmente buscan matarme." —Pensó Selenia, a punto de quedar inconsciente por los puños que le propinaba el guardián sin piedad por toda la cara y abdomen, con tal fuerza, que a cada golpe fragilizaba más la roca.

—Veo que estás cansada, Selenia de Pegaso. ¿Acaso significa que yo ganaré? —Preguntó Perseo con un tono que reflejaba una furiosa decepción, ya que su oponente no estaba a la altura de las circunstancias que él esperaba. Ante esa perspectiva, Perseo concentró una gran cantidad de cosmos y fuerza sobrehumana en su puño derecho para acabar con la vida de la santa de Pegaso de un solo golpe. Selenia, viendo que el puño se dirigía hacia ella, recuperó la conciencia por su instinto de supervivencia y se quitó del lugar justo a tiempo, presenciando como el puño de Perseo redujo la enorme roca a un montón de pequeñas piedras y polvo.

— ¡Claro que no! — Exclamó una indignada Selenia, demostrando su característica tenacidad; concentró su cosmos a un gran nivel en solo instantes y desató su ataque. — ¡PEGASUS SUI SEN KEN! —Vociferó. Perseo soltó un grito de furia para incrementar su fuerza y detuvo con una sola mano la técnica, además el guardián devolvió la técnica con el doble de fuerza, haciendo que Selenia saliera disparada de forma violenta, unos metros lejos de él. La santa de Pegaso terminó golpeando y derribando un par de árboles. Y a pesar de verse en tan precaria situación, Selenia se negó a rendirse, reincorporándose de nueva cuenta y empezando a quemar su cosmos de poco a poco, adoptando una pose de pelea.

— ¡Vamos, yo sé que esto no es todo tu poder! —Exclamó Perseo, encendiendo su cosmos, tratando de sacar lo mejor de la santa. — ¡Así que ven aquí con todo! — Retó, corriendo velozmente hacia ella, a lo cual Selenia no tardó mucho en hacer lo mismo, y mientras llevaba a cabo su frenética carrera, la santa elevó su cosmos, alcanzando el séptimo sentido. El guardián, ya estando cerca de Selenia, preparó su puño con cosmos, listo para asestar un golpe directo al corazón de ella; sin embargo, Selenia se da cuenta de ello, y unos instantes antes de que Perseo lance su puño, la santa dio un salto y concentró todo su cosmos en el pie derecho.

— ¡ROLLING CENTELLA! — Exclamó Selenia, que después de saltar, lanzó una patada que dio de lleno al torso de Perseo, cuarteando su armadura, seguidamente Selenia dio una vuelta hacia atrás, haciendo que su pie generara un relámpago amarillo que le dio una descarga eléctrica a Perseo por todo el cuerpo, derribándolo al suelo. Tras la vuelta, Selenia aterrizó con una rodilla y ambas palmas en el suelo.

—Selenia de Pegaso…—Perseo se levantó con dificultad, con pequeños rayos recorriéndole el cuerpo —tu técnica es formidable. — Dijo, e inmediatamente su armadura se partió en miles de pedazos, dejando ver su cuerpo con numerosas cicatrices y un collar con un dije engarzado de color negro profundo en el cuello. De poco le sirvió levantarse, pues volvió a caer ahora totalmente vencido. Selenia estaba jadeando, producto de su esfuerzo por la batalla. Inhaló y exhaló profundamente, normalizando su respiración e incorporándose. Caminó con tranquilidad hacia donde estaba su moribundo oponente.

—Perseo, ¿por qué están siguiendo a Ares? Veo que tú eras una buena persona; pudiste haber sido un santo…—Dijo Selenia, mirando con inmensa tristeza y compasión al guardián.

—Nosotros… — Perseo sonríe, — mi hermano, Belerofonte, Ícaro, Aquiles y yo estamos esperando a alguien… —en ese momento, con las pocas fuerzas que le quedaban, se quitó el collar—puede que tú… encuentres a esa persona… de ser así… dale esto…—dijo, extendiéndole la mano con el misterioso dije.

— ¿Qué es esto? —Selenia preguntó con curiosidad, mientras recibía el objeto.

—Son… mis memorias…—Dijo Perseo cerrando sus ojos, preparado para morir.


Sofía y Helena se dirigieron hacia la zona proveniente de la enorme explosión y al poco tiempo encontraron a Idalia de Fénix, herida, observando el cadáver de Hipólita.

— ¡Idalia-san! ¿Estás bien? —Preguntó la santa del Dragón con un dejo de preocupación.

—Si…—alcanzó a responder quedamente Idalia, volteando su cuerpo para ver a sus compañeras y caminó hacia ellas. Antes de volver a hablar, volteó su cabeza, para ver por última vez el cuerpo de Hipólita. —Tenemos que alcanzar a Selenia, en su estado actual no podrá sola contra los héroes míticos. — Dijo. Y con esa resolución, las tres parten en dirección al templo principal de Ares.


Selenia, tras haber recibido el dije de Perseo, retomó su propio camino, corriendo a través del bosque. Algunos minutos después, visualizó los límites del bosque; ello la animó para aumentar su paso, saliendo en su totalidad del extenso bosque y finalmente llegando frente al templo de Ares, dios de la guerra. Y a pesar de ser un templo del enemigo, Selenia no pudo evitar maravillarse al contemplar semejante belleza arquitectónica de estilo neogriego; tres basamentos apilados, cada uno más grande que el anterior servían de piso, además de que el tercero se unía a innumerables escaleras que le otorgaban al templo una altura considerable, las columnas eran del orden corintio, cuyo ornamento de hojas de acanto eran de diseños majestuosos y hechos del oro más bello y puro jamás visto. La cornisa, hecha de plata brillante, tenía engarzados millares de rubíes dispuestos simétricamente, otorgándole al templo más lujo que nunca. El frontón tenía talladas figuras de guerreros en grandes proezas, sus ojos con incrustaciones de zafiros azules profundos y esmeraldas del verde más fastuoso y sus armaduras bañadas del espléndido oro. En el centro del frontón se hallaba la imagen de un casco militar de la antigua Grecia con dos lanzas cruzadas detrás, todo ello rodeado por dos ramas de laurel, y toda la imagen igualmente bañada en oro. El templo, además, estaba rodeado de magníficos y hermosos jardines cuidados con esmero y generosamente regados por pequeños cauces de la más cristalina agua; todo aquello denunciaba un ambiente bastante idílico, cálido y pacífico.

—Así que este es el templo de Ares. —Observó Selenia, contemplando el esplendor del templo y sus alrededores.

—Así es ¡Y aquí será tu tumba! —Respondió Orfeo, apareciendo de repente frente a la castaña, y esta al ver a Orfeo, no lo pensó dos veces y encendió su cosmos, pese a estar exhausta de su batalla anterior.

— ¡No me insultes, yo te venceré! ¡PEGASUS RAIN OF STAR! —Exclamó Selenia desatando con su cosmos una inmensa lluvia de estrellas fugaces de trayectorias curvas. Orfeo sonrió con alevosía y tocando una sola cuerda de su lira detuvo y deshizo el centenar de las estrellas.

—Ya conozco tu técnica linda; no puedes usar la misma técnica dos veces. —Dijo Orfeo, manteniendo su sonrisa malévola.

— ¡Maldito! ¡No me vencerás tan fácil! — Selenia se lanzó contra Orfeo. — ¡Toma esto! —Concentró su cosmos en su puño, cuyo objetivo era el rostro del Héroe Mítico. Sin embargo, antes de que el puño rozara la nariz, Orfeo desapareció sin más, e instantes después Selenia sintió un golpe de tremenda fuerza en su estómago que hizo que vomitara sangre y cayera de rodillas con ambas manos posadas en su abdomen para mitigar su dolencia. Volvió la vista y vio como Orfeo se desvaneció rápidamente, hasta quedar del todo intangible.

— ¡imposible! ¡¿Ha Desaparecido?! —Selenia se sorprendió. Se reincorporo lo más rápido que pudo, temiendo que su enemigo hiciera un ataque artero. De repente comenzó a escuchar una melodía que estaba afectándola. — ¿Dónde estás Orfeo? —Exigió Selenia.

—Será tan fácil vencerte Pegaso. —Sentenció Orfeo, escondido en algún lugar, mientras sus notas musicales aumentaban en volumen y número.

— ¡¿Don…dónde estás?! —Selenia titubeo, reflejando en su rostro una enorme angustia. No era la misma Selenia determinada a todo. Su voz adquiría un tono de creciente desesperación de la que era presa.

— ¿Qué pasa? —Preguntó burlonamente Orfeo, cuya voz se escuchaba en todos lados. — ¿Tus oídos no son tan finos para entender mi melodía?— Añadió burlonamente y las notas de su lira aumentaron aún más el volumen.

— ¡CÁLLATE! —Gritó Selenia, con los ojos abiertos de forma desmesurada y que completaron la expresión aterrada que traía en su rostro. Volvió a caer de rodillas, tapándose sus oídos en un intento inútil de dejar de escuchar la maldita melodía. Orfeo carcajeó de crueldad y placer ante el sufrimiento que le causaba a la santa de Pegaso.

— ¡Tonta, morirás sin comprender por qué! ¡SYMPHONY OF DEATH! —Exclamó Orfeo, tocando con más vigor su melodía, haciendo que de su lira salieran finas cuerdas que apresaron y apretujaron el cuerpo de la castaña, provocándole un insoportable dolor que hizo que gritara y se retorciera. Selenia luchaba desesperadamente por liberarse de las cuerdas, pero mientras más lo intentaba más las cuerdas penetraban en su cuerpo haciéndolo sangrar, además de que agrietaban su armadura. Orfeo tocó las últimas notas de su melodía y las ondas sonoras de estas viajaron por las cuerdas que tenían atrapada a Selenia, siendo el golpe que la mataría. Afortunadamente, el tallo de unas rosas azules cortaron las cuerdas a tiempo, sorprendiendo a Orfeo: Aarón hizo acto de presencia, salvando a la santa de tan funesto destino. El santo de Piscis dejó que Yuuko tomara a una inconsciente Selenia entre sus brazos.

—Orfeo, tú y yo tenemos una cuenta pendiente. —Retó Aarón, caminando unos pasos para quedar un par de metros cerca y frente del Héroe Mítico.

— ¿Otra vez tú? —Orfeo lo miró con una mueca de molestia, estando tan cerca de eliminar a Selenia, aunque pronto volvió a su sonrisa arrogante. —Tienes razón. —Admitió Orfeo. —También manejas las melodías de una manera curiosa, pero no has olvidado quien eres. —Finalizó, viendo las rosas de color azul rey que tenía Aarón en su mano derecha.

— ¡¿De qué estás hablando?! —Preguntó Aarón desconcertado.

— ¡Prepárate, Piscis! —Fue lo que respondió Orfeo, empezando a quemar su cosmos.

—Aarón, los dos debemos de pelear contra este tipo. —Propuso Hakirei de Aries.

—No, encárgate de cuidar a Selenia y esperemos a las demás niñas de bronce. Tú no podrás contra la melodía de ese sujeto. —Respondió su compañero, declinando su ayuda.

—Hermano, debemos hacerle caso a Aarón. —Dijo Yuuko, a lo que su hermano estuvo dudoso. Tras calmarse, aceptó la petición.

—Como un buen músico prefieres al público que admire tus melodías. —Orfeo aumentó más su sonrisa arrogante.

—Orfeo, ahora comprobaremos que melodía es superior: la mía o la tuya. —Dijo Aarón.

—Me parece bien. Esas palabras tienen un gran significado. Son tal y como debe de ser. —Contestó Orfeo, elevando aún más su cosmos.

—Ven por mí. —Aarón lo desafío, concentrando su cosmos con las rosas azules.

La pelea entre músicos ha dado comienzo de una forma un tanto inusual, ya que Orfeo empezó a tocar su lira mientras Aarón concentraba más su cosmos, observando a su enemigo.

—Veamos, Piscis, que tan buen músico eres. —Tras decir esto, Orfeo se desvaneció de la vista de Aarón y de los demás.

— ¡¿Dónde está?! —Preguntó Yuuko estupefacta.

— ¡Hakirei, protégete a ti, a tu hermana y a Selenia! ¡No se dejen engañar por esta técnica! —Ordenó Aarón.

— ¡De acuerdo! ¡CRYSTAL WALL! —Exclamó Hakirei, quien extendió los brazos creando una especie de cubo traslucido ámbar, protegiendo a los tres. — ¡Ten cuidado Aarón! —Expresó.

—Lo sé. —Respondió Aarón, cerrando los ojos. —Orfeo, no puedes esconderte. —Dijo.

—No sabes si estoy escondido o si estoy cerca de ti. ¿Cómo puedes saberlo Aarón? —preguntó el Héroe Mítico burlonamente.

—"Orfeo… ¿cómo puedes evadirme?" —Pensó Aarón.

—Simple, tu melodía no ha cambiado. —Fue su respuesta en voz alta.

— ¡¿Qué?! —Exclamó Aarón, sorprendido de que su oponente leyera su mente.

— ¡SYMPHONY OF DEATH! —Exclamó Orfeo, tocando más fuerte su lira, produciendo una melodía penetrante, logrando que los oídos de Aarón sangraran profundamente, afectando su sentido del equilibrio y su sistema nervioso, que al final hicieron que el santo dorado cayera al suelo. Hakirei y Yuuko no podían creer el poder abrumador del músico.

— ¡Imposible…!—Aarón se levantó adolorido. — ¿Qué quiere decir con eso? ¿Acaso ya lo he visto? No, tal vez me está confundiendo… ¡toda mi vida he estado en el Santuario! ¡No puede conocerme! —Exclamó confundido.

— ¿Que sucede? ¿Ya te darás por vencido? —Inquirió Orfeo, quien reapareció súbitamente, sentado en una columna destruida a las afueras del templo, aunque no por mucho, ya que se levantó de esta y dio unos pasos hacia delante.

— ¡Cállate! —Replicó Aarón, quien a pesar de sus heridas aún podía mantenerse de pie. —No sé qué quieres probar al decir esas cosas, ¡pero no me rendiré! — Exclamó con una gran voluntad, y acto seguido, elevó su cosmos en instantes y procedió a lanzar sus rosas azul rey. — ¡Esto es el final! —Concentró su cosmos en dichas rosas.

—Con unas simples flores no me vencerás. — Se burló Orfeo poniendo su mano derecha a punto de tocar su lira, pero inesperadamente sintió que ya no podía moverse. — ¿Qué? ¡Mi cuerpo no se mueve! —Exclamó y mirando con dificultad hacia el suelo se percató de las rosas azules que le rodeaban y que emitían una onda sónica. — ¡¿Qué son estas rosas?! ¡No solo tienen ondas sónicas…!—Orfeo se fijó que las rosas tenían gotas de sangre entre sus pétalos.

—Así es, tienen mi sangre que es veneno puro. Cuando las ondas sonoras salen de las rosas el veneno viaja con ellas. —Explicó Aarón, con el brazo derecho extendido y la mano abierta.

— ¡Maldito seas, santo Dorado! —Exclamó el guerrero de Ares totalmente furioso e incrédulo de que fuera vencido de esa manera, a su juicio, muy simple.

— ¡Muere Orfeo! —Gritó Aarón, cerrando la mano en puño para desatar su técnica y aniquilar a Orfeo; sin embargo un viento cortante pasó sobre las rosas, decapitándolas y liberando a Orfeo.

— ¡¿Qué?! — El santo de Piscis exclamó asombrado, mirando los pétalos flotando en el aire. — ¿Esto lo hicieron con una espada? —Preguntó.

— ¡¿Ustedes que hacen aquí?! —Preguntó indignado Orfeo mientras se recuperaba del terror de ser casi aniquilado.

—Vemos que tienes problemas con un simple Santo de Athena; sabíamos que tú no mereces ese puesto. — Dijo la voz de un hombre, ofendiendo a Orfeo en el proceso.

—"Imposible…son cuatro cosmos los que percibo… cuatro cosmos terribles… ¡el de Orfeo es inferior a los otros cuatro que están adentro del templo!" —Pensó Yuuko con desesperación y un gesto de miedo adornando su rostro.

—Debes de agradecer a Aquiles el que te haya salvado la vida. — El propietario de la voz sale del templo, revelándose como un hombre de baja estatura, pero con el cuerpo bien proporcionado, delgado y con los músculos marcados. Su cabello de color negro ostenta un corte similar a la usanza militar; sus ojos de color ébano denunciaban experiencia en combate con una mirada fiera y poseyendo una cicatriz en el ojo derecho que recorría del parpado hasta el pómulo; porta una armadura plateada de un fino y ostentoso diseño romano y curiosamente lucía liviana como una pluma. Dicha armadura protege el pecho y la espalda media, su brazo derecho está cubierto de la mano hasta el hombro; en contraste, el brazo izquierdo está desnudo. La armadura también protege la cintura a modo de un cinturón de metal y sus piernas carecen de armadura, poniendo en su lugar una tela fina de seda que le llega a las rodillas y sus pies visten calzado romano cuya altura cubre la espinilla en su totalidad.

— ¡Ícaro! ¡No necesito ayuda, yo puedo contra este tipo! —Gritó Orfeo, señalando a Aarón y mencionando el nombre de su compañero que acababa de salir del templo.

Ícaro miró a Aarón con desdén.

— ¿Que tantos problemas puede…?—Ícaro estaba a punto de preguntar socarronamente, pero al fijarse atentamente a Aarón comenzó a palidecer. — ¡¿Tú eres un Santo de Athena?! ¡Eres un idiota! ¡¿Por qué estás aquí?! —Exclamó Ícaro con una expresión que mezclaba rabia y miedo, dirigiéndose a Aarón.

— ¡¿De qué hablas?! —Aarón no entendía el porqué del miedo de Ícaro.

— ¿Que pasa Ícaro? —Preguntó una voz, dentro del templo.

—Nunca cambiarás…—Le secundó otra voz.

— ¿O acaso ya te dio miedo un simple Santo? —Añadió una tercera voz cuyo tono era de burla.

— ¡No empiecen, esto es serio! —Les reclamó Ícaro.

Los tres héroes faltantes salieron del templo intrigados por la curiosidad, y al ver a Aarón de Piscis, palidecieron al igual que Ícaro.

Continuará…


En el próximo capítulo de Siguiente Generación: Aarón enfrentará a los cuatro Héroes Míticos del dios Ares en una pelea desigual, siendo estos quienes parecen conocer al santo de Piscis en su vida pasada; las niñas de bronce también pondrán su fuerza y cosmos en la batalla, pero… ¡¿quién es esa chica de cosmos siniestro y que los mismísimos Héroes Míticos le hacen reverencia?!