¡Muy buenas! He vuelto con un nuevo capítulo de esta historia. ¡Espero que les agrade!
Gracias a edtru23 y a Coni hyuuga por los comentarios.
edtru23: Todavía quedan cosas por aclarar. Y todo tendrá su momento. Nada queda al azar, así que veremos cómo se desarrolla todo.
Coni hyuuga: Paso a paso, se van aclarando las cosas. Pero tendrán que hacer frente a los sentimientos de ambos. Y eso es lo que puede ser más complicado. Y, bueno, los abuelos también tendrán que estar con su nieto en algún momento...
Sin más que decir, les dejo con el capítulo.
Pillados.
Eso fue lo único que pensaron Naruto e Hinata en el instante en el que Boruto preguntó eso. Ninguno de los dos pensó que eso pudiera llegar a suceder, pero era obvio que sí que podría darse, como así sucedió.
Lo cierto es que no se arrepentían del pequeño beso que se dieron. Sintieron cómo los sentimientos que intentaban ocultar al otro explotaron en ese momento. La lentitud y la calma con la que se había dado contrastaba con la necesidad existente en el cuerpo y en el corazón de ambos. Pero ahora todo era más complicado. Ahora Boruto lo había visto todo. Y explicarle que no iban a estar juntos no iba a ser nada fácil, más sabiendo que Boruto deseaba formar parte de una familia normal y no de una casi inexistente como era la suya.
— ¿Qué es lo viste, hijo mío?
Naruto preguntó temeroso, porque igual la escena que había visto el niño no era tan comprometida como él pensó. Igual no vio cómo él cedía ante los sentimientos que tenía desde hacía más de diez años por Hinata. Tenía la esperanza de que, efectivamente, así fuera. No quería precipitar las cosas con Hinata, quería ir con calma hasta saber qué era lo que sentía Hinata por él.
A Hinata le entraron ganas de darle un codazo a Naruto. Para ella era obvio que el niño había visto todo. No iba a negarlo: estaba muy nerviosa por la reacción que había tenido su hijo por ver a sus padres tan cercanos el uno del otro. Sobre todo porque no pensaba que todo se desencadenaría tan rápido.
Resultaba evidente que Boruto albergaba grandes esperanzas de que sus padres estuvieran juntos para poder ser una familia unida, como nunca habían sido. Y el ver a sus padres tan juntos hizo que Boruto sonriera y estuviera extremadamente feliz.
— A papi abazando a mami. Los que se quelen mucho se abazan, ¿no?
Hinata suspiró aliviada, el niño no había visto cómo se besaban. No es que no quisiera tener esa charla con Boruto, pero no tan pronto y no sin saber qué esperaba Naruto de ella. Porque ella tenía muy claro qué esperaba ella de Naruto. Ella quería, primero, que fuese un buen padre para su hijo.
— Sí, los que se quieren se abrazan. – dijo Naruto, haciendo que a Boruto se le iluminara la mirada. Hinata se emocionó al ver ese brillo especial que sólo había visto antes en los ojos de Naruto.
Naruto se acercó a Boruto, que estaba en los brazos de Neji. Lo tomó y le abrazó con la intensidad justa y necesaria, sin hacerle daño. Era lo que menos quería en ese momento.
Boruto abrió sus ojos ante el anhelado contacto con su padre. Seguía sin poder creer que eso estuviera pasando. Comprobando que era la realidad y no un sueño, palpó a Naruto, que sonrió ante el ligero contacto de su hijo. Cuando Boruto respondió al abrazo, el corazón de Naruto volvió a estremecerse como lo hizo la primera vez que lo vio y lo abrazó.
Lo dejó en el suelo, y arrodillado delante de él, le puso una mano en el hombro. Boruto sintió como la mano de Naruto hacía una ligera presión sobre su cuerpecito. Su mano era enorme, incluso en comparación con la de su madre.
— ¿Ves, hijo? Es normal que los que se quieren se abracen. Yo te quiero mucho y por eso te abrazo.
Boruto sintió la calidez de los sentimientos de su padre. Estaba exultante. Nunca se había sentido tan bien antes. No porque Hinata no fuese una buena madre, ya que Boruto la idolatraba. Pero el poder estar con su padre… Era una sensación indescriptible.
— Yo tambén te quelo, papi.
A Hinata le conmovió ese espontáneo gesto de amor que tuvo Naruto con su propio hijo y cómo el niño respondió a ese abrazo. Sintió un gran remordimiento por haber dudado del rubio y del amor que sentía por su hijo, se le notaba absolutamente encantado de estar con Boruto. Se llevó la mano a su pecho
— Y yo quiero mucho a tu madre, por haberme dado el honor de ser tu padre. Y por eso la abracé.
— ¡Pelo tú decía…!
— Sé lo que dije. – dijo Naruto de forma acelerada, interrumpiendo al niño. No quería que se enterara de lo que seguía sintiendo por ella. No todavía, sin saber qué era lo que sentía ella. — Pero… Ahora no es el momento de eso. Eso es algo que tendré que hablar con tu madre con más tranquilidad.
Hinata se extrañó ante el nerviosismo que había mostrado Naruto cuando Boruto fue a hablar. Debía ser algo importante como para que Naruto reaccionara de esa manera, pero tampoco le dio mucha importancia, un padre tiene que tener sus secretos con su hijo.
Con todo, la tarde en familia prosiguió con normalidad, pero la realidad era otra bien diferente. Naruto e Hinata estaban tremendamente incómodos, aún tenían asuntos por resolver, y ambos tenían la sensación de que se habían precipitado al darse ese beso, pero era algo que sus cuerpos les pedía; Boruto estaba muy contento, no solo por poder pasar tiempo con su padre, sino porque veía cerca la posibilidad de que sus padres estuvieran juntos; Neji, que no abrió la boca para decir nada en aquel momento, consideraba una irresponsabilidad lo que había pasado, no por ellos, sino por el niño.
¿Y si resultaba que al final decidían no estar juntos? ¿Cómo lo tomaría el niño? Le parecía que él era el único que pensaba en el bien del niño.
Todos daban sorbos a su bebida: Neji, tradicional, bebía un té verde que resultaba ser bastante amargo, tal como a él le gustaba. Hinata disfrutaba de un vaso de agua, que le resultó bastante refrescante, porque la verdad es que lo necesitaba. Naruto, en cambio, tomaba un café bastante cargado, principalmente porque había sido un día extenuante, no solo física, sino emocionalmente. Y Boruto… bueno, teniendo en cuenta el ambiente aburrido existente en esa sala, era evidente que el sueño iba a acabar venciéndole. Hinata tomó a Boruto, que estaba profundamente dormido y se lo llevó a su cuarto para acostarlo en su cuna.
Cuando volvió a la sala donde estaban Naruto y Neji, el rubio tenía la cabeza gacha, como si estuviera triste o deprimido por algo que hubiera pasado. Y Neji estaba extremadamente serio, con los brazos cruzados. Todo lo que pasaba allí hacía indicar que se avecinaba una charla seria.
Hinata se sentó al lado de Naruto, preparándose para lo que se estaba viniendo.
— Bueno… - Neji se preparó mentalmente, este era un asunto muy serio que debía ser tratado con la máxima sutileza y contundencia. — Yo sé que sois dos personas adultas con… Digamos… "Asuntos que resolver". Pero lo cierto es que podéis dar gracias que Boruto sólo vio el abrazo y no el beso que os disteis.
Naruto e Hinata se sonrojaron al recordad el íntimo contacto que habían mantenido ambos previamente y cómo habían florecido los sentimientos de ambos.
— Tú… ¿Lo viste? – preguntó Hinata, sorprendida por la revelación de su primo.
Neji asintió.
— Tuvisteis suerte de que Boruto estaba de espaldas a vosotros, si no, explicarlo hubiera sido muchísimo más complicado. – dijo Neji, con tono de reproche. — La salida de Naruto fue muy buena, sabiendo ganarse, además, el cariño de su hijo.
Naruto sonrió orgulloso tras el halago que le había dado Neji. Lo que acababa de decir el primo de Hinata reforzaba su seguridad en sí mismo y en lo que estaba haciendo para poder entrar de forma definitiva en la vida de sus dos personas especiales.
Hinata se sintió ligeramente avergonzada por haber caído presa de sus más antiguos anhelos, seguía deseando con intensidad el más mínimo contacto con Naruto, que estuviera con ella, que la hiciera suya y que nunca la dejara ir.
Tal como ella había hecho en el pasado.
Y no es que se arrepienta de haberse ido a Madrid. No, consideraba esa faceta de su vida la más importante, porque aprendió muchas cosas, por ejemplo, que la felicidad estaba en las cosas menos esperadas: una hora en el gimnasio, un paseo por Castellana, ese desayuno ligero consistente en tostadas con tomate y un vaso de zumo de naranja… Esas pequeñas cosas que echaba de menos ahora que había vuelto a Japón y que, de una forma u otra, hacían que sintiera nostalgia. También aprendió que el tiempo lo curaba todo. El dolor que sentía por el abandono de Naruto fue curándose poco a poco, y con la ayuda de su hijo. El niño fue la bendición más grande que pudo tener Hinata.
Pero si algo había aprendido, definitivamente era que daba igual cuánta distancia quisiera poner con Naruto, sus sentimientos seguirían ahí para siempre. Era aquello que todos llamaban "amor verdadero", esa figura que ella había rechazado siempre hasta que conoció al rubio. Y ahora entendía por qué era imposible sacar ese sentimiento. Era tan intenso que quemaba, que dolía al intentar arrancarlo del corazón. Y por ello, nunca pudo olvidar al ruvbio
Y por ello, por poder volver a verlo, por poder ver cuánto quería a su hijo, había merecido la pena volver a Japón. Ya no dudaba de las buenas intenciones de Naruto, porque era innegable que él quería a su hijo y que quería estar junto a él cuando fuese necesario.
— La verdad es que fue una suerte que se me ocurriera eso para salir del paso. – dijo Naruto, con modestia.
— Sí, aunque para otra vez podríais dejaros las muestras de amor para cuando el niño no esté cerca… - dijo Neji, mientras se levantaba y se retiraba.
— ¡Nosotros no…! – intentó decir Hinata, que se sonrojó ante la insinuación que hizo su primo, pero Neji ya se había ido, dejando a Hinata y Naruto solos en el salón.
Naruto fue a decir algo, pero fue interrumpido por Hinata.
— No digas nada… - dijo Hinata, levantándose y dejando a Naruto solo.
Naruto vio cómo Hinata le dejaba solo, sorprendido por la repentina reacción. Se levantó y salió de la casa por el jardín, sin usar la entrada principal.
Si Naruto hubiera usado la entrada principal, hubiera visto a una Hinata extremadamente tensa, con la mano en el pecho, respirando aceleradamente y con la mirada fija en el suelo. Cada encuentro con Naruto despertaba en ella nuevas sensaciones que creía ya olvidadas.
Cada vez que veía a Naruto interactuar con Boruto, tratarlo con amor y cariño y ser el padre que el niño deseaba, una mecha se prendía dentro de Hinata. Le parecía increíble el cómo había tomado Naruto el asunto de la paternidad y cómo de bien se le daba tratar con su retoño. Era un buen padre, a pesar de que esa etapa era totalmente nueva para él.
Y eso a Hinata le encantaba.
Porque veía que Naruto había cambiado radicalmente desde que supo que era padre.
Y por ello se había puesto muy nerviosa y no pudo aguantar estar a solas con él: porque su corazón le decía que cayera de nuevo, que fuera tras él. Pero su cabeza le seguía diciendo que lo más importante en ese momento era Boruto, y que lo de los romances ideales eran cosa del pasado. Estaba totalmente hecha un lío.
Cuando Hinata comprobó que Naruto se había ido, se sentó en la sala que anteriormente había estado ocupada por su hijo, por su hermano y por el amor de su vida.
Hinata emitió un sonoro suspiro, buscando la relajación que necesitaba en ese instante.
— Ha sido duro para usted, ¿me equivoco? – Hinata se sobresaltó al oír la voz de Neji.
— Sí…
Neji se acercó a Hinata y le dio un cariñoso abrazo. Era el consuelo que necesitaba en ese instante, la calidez del cuerpo de Neji y de sus brazos hicieron que se relajara un poco.
Hinata levantó la mirada y quedó ligeramente reconfortada por el apoyo de su primo Neji. Él siempre estuvo a su lado, apoyándola y animándola en sus momentos más bajos.
— Tranquila, él hará lo posible para haceros felices a ambos.
Las palabras de Neji fueron, a diferencia de lo que él intentaba, un detonante para el desánimo de Hinata. La cabeza gacha, el cabello intentando ocultar su rostro y su cuerpo, que comenzó a pesar como si llevara una pesada carga encima, fueron las señales que hicieron que Neji se diera cuenta que lo que había dicho le había hecho daño a Hinata.
— Sí… Y eso es lo que me hace sentir mal… - dijo Hinata, que estaba anímicamente bastante hundida.
— ¿Por qué? – preguntó Neji, extrañado por la reacción y por las palabras de Hinata. – No debería, al fin y al cabo, él responderá por Boruto. En cierto modo, es lo que deseaba.
— Lo sé, Neji, lo sé perfectamente. Pero… Tengo miedo. – dijo Hinata, con sus ojos brillantes, pareciendo que iba a derramar lágrimas. — Sé que debería estar feliz por Boruto, ya que al fin ha podido conocer a su padre; y por Naruto, que se ha ido animando y ahora parece un padre de diez. Pero…
— Hay algo que le impide ser plenamente feliz, ¿me equivoco? – dijo Neji, dándole una sonrisa comprensiva a Hinata. Entendía que para ella no era una situación fácil.
— Sí… No puedo dejar de pensar en el error que cometí en el pasado y en las consecuencias que tuvieron mis actos. Alejé a Boruto de su padre, pasamos tiempos muy complicados en Madrid…
— Y no ha podido estar con quien de verdad ama, y ahora se ha dado cuenta de ese gran error. ¿Me equivoco? – dijo Neji.
Hinata asintió y se volvió a refugiar en los brazos de Neji. A pesar de todo, era su mayor confidente, la persona en la que Hinata más confiaba del mundo. Y eso era un vínculo que ni la distancia había conseguido romper.
Tal como pasaba con su amor por Naruto. Un lazo especial que no se rompía.
La puerta principal sonó, lo que extrañó a Neji e Hinata. No podían ser Hiashi y Hanabi, porque, evidentemente, ellos tenían llave de la casa. Y ninguno esperaba a nadie
— ¿Esperas a alguien? – dijo Hinata, notablemente extrañada con la inesperada visita.
— No, yo no espero a nadie. Qué raro... ¿Se habrá olvidado algo Naruto aquí?
Hinata encogió sus hombros y fue a abrir la puerta, creyendo que era Naruto, que se había olvidado algo. Conocía al rubio y sabía que solía tener ciertos despistes, así que supuso que este era un nuevo desliz de Naruto.
— ¿Qué se te olvidó a… hora…?
Hinata se quedó netamente sorprendida ante la persona que tenía frente a ella. Hacía mucho tiempo que no lo veía, desde antes de irse a Madrid, que se había sumido en un pesar muy profundo y no quería hablar ni ver a nadie.
— ¿Dónde estabas? Estaba muy preocupado por ti. – dijo el muchacho, con un evidente gesto de malestar debido a la ausencia de Hinata.
— Yo… Estaba trabajando… - dijo Hinata, temerosa de la reacción.
— ¿Dónde? ¡Porque yo venía aquí, día tras día, y nadie me decía dónde estabas! – gritó decepcionado el hombre.
— Estaba en Madrid. Me llegó una buena oferta y decidí irme, ya que nada me ataba aquí. – dijo Hinata, recuperando ligeramente la compostura. — Y he vuelto por motivos profesionales.
Kiba pudo ver en los ojos de Hinata que lo que decía no era del todo cierto. Y tenía razón en creer eso. Si bien era cierto que había vuelto por simple trabajo, la perspectiva de Boruto conociendo a su padre había sido suficiente como para convencerla de quedarse en Japón. Hinata no podía alejar a su hijo de su padre. No de nuevo. Aunque si era totalmente honesta, tampoco quería irse de Japón. Había echado mucho de menos su tierra natal.
— Podías habérmelo dicho, más que sea para saberlo. – dijo Kiba, intentando calmarse. Le dio la impresión de que Hinata no confió en él.
— No creo que hubiera cambiado nada, Kiba. Lo hice por mí y…
— ¿Y los que nos quedamos preocupados por ti qué? A nosotros que nos den, ¿verdad? Fuiste egoísta al marcharte sin decir nada. – dijo Kiba, que volvió a su tono indignado por la actitud de Hinata.
Hinata se sintió fatal de nuevo, Kiba tenía razón. No había pensado más que en ella misma y no le importó lo que pensaran sus amigos, familiares y, en general, todas las personas que amaba.
Kiba suspiró. Tenía que calmarse, porque lo último que quería era que Hinata le perdiera toda la confianza y el cariño que le tenía.
— Tengo claro que te marchaste por lo que hizo el gilipollas de Naruto, pero al menos podrías habérmelo dicho, Hinata. Te hubiera apoyado y hubiera estado ahí, contigo.
Hinata dio la callada por respuesta, sabía que lo que había hecho, el irse sin decir nada a nadie, no había estado bien. Suspiró, tendría que aclarar muchas cosas con el que era su mejor amigo antes de su huida.
— Pasa y hablamos con calma, Kiba. Tenemos que aclarar muchas cosas.
Y así, entraron los dos viejos amigos a hablar sobre lo que había pasado durante esos años.
Mientras tanto, Naruto, estaba haciendo una llamada importante a un viejo conocido, necesitaba que le hiciera un favor.
— ¿La tienes? — dijo Naruto, expectante.
— Por supuesto.
— ¡Sí! Te debo una muy grande, Sai. – dijo Naruto, eufórico.
Naruto estaba charlando con la pareja de Ino, Sai Yamanaka, dueño de una inmobiliaria local y apasionado por la pintura. Un negocio que siempre iba a ser próspero, porque la gente siempre necesita un hogar en el que vivir.
— ¿Y cuándo podrías ver la casa? – preguntó Sai mientras miraba su agenda. — Me gustaría acompañarte.
— Por mí, podemos quedar ya. No tengo problema con ello.
Sai colgó y se llevó a un agente inmobiliario para poder aclararlo todo, aunque visto que se ajustaba a las pretensiones de Naruto, tampoco es que tuviera mucho que aclarar.
Cuando llegaron los tres a la vivienda, la visión de fuera le agradó muchísimo al rubio. Solo quedaba verla por dentro.
— Y ésta es la que usted había pedido, señor Namikaze. – dijo el agente de la inmobiliaria. — Espero que sea de su agrado.
Cuando Naruto vio la casa que había elegido, se sintió pequeño en la inmensidad de aquella vivienda. Una casa familiar, de dos plantas, amplia, espaciosa, de estilo tradicional asiático, con un gran jardín trasero en el que podría jugar tranquilamente con Boruto, pasar la noche fuera con él, hacer barbacoas con sus amigos… Era una casa espectacular, digna de una personalidad como Naruto. Ideal para una familia, no pensaba en otra cosa que en rehacer lo que una vez fue.
— Es… ¡Perfecta! – dijo Naruto, entusiasmado con la adquisición. — Seguro que a Boruto le encantará. Ya tengo que dejar el apartamento y mudarme a una casa como Dios manda.
El agente inmobiliario se marchó, dejando solos a Sai y a Naruto. Y se marchó bajo petición expresa de Sai, que había acordado cerrar él en persona el acuerdo con Naruto, debido a la importancia de la persona a la que iba a vender la casa y, sobre todo, por ser un viejo conocido de él.
— Bueno, Namikaze, esta casa es muy grande para ti solo. ¿Planeas algo? – dijo Sai, mientras leía la documentación de venta de la casa.
— Sí. Y todos vais a jugar vuestro papel.
Naruto supo que era el momento de continuar y romper con todo lo vivido hasta ese momento. Era su momento de seguir adelante con sus planes.
Bueno, aquí está un nuevo capítulo. He tardado porque... Bueno, lo mismo de siempre. Papeleo, papeleo y más papeleo.
Con todo, se me han ocurrido un par de ideas para seguir con la historia, y creo que el capítulo saldrá antes de lo previsto... Si no me surge nada.
Que yo sepa, no tengo nada más que decir. ¡Nos vemos!
