Advertencia:

Éste capítulo final será narrado desde la perspectiva de Makoto manteniendo la narración en tercera persona. Los capítulos anteriores fueron escritos como narrador omnisciente, enfocándose principalmente en Haruka. Así que les aviso desde ya para que no exista ningún tipo de confusión. Además, pese a que es un epílogo, este capítulo será especialmente más largo que los anteriores. Espero que lo disfruten, y fue un gusto escribir para todas ustedes!


"Tu amor me inspira,

Tu ternura me conmueve

Y tus besos me enloquecen…"

Sintió un pequeño golpe en la puerta, mas se dio vuelta para seguir durmiendo. Había estado trabajando tan duro últimamente que el resto de su tiempo libre lo dedicaba a descansar. Sintió que abrieron la puerta, pero conservó la esperanza que solo eran sus hermanos y buscaban otra cosa que no fuera él en ese lugar.

Cariño… — escuchó el susurró de su mamá en el momento que ésta tocaba su espalda con una de sus frías manos —Tienes una llamada de Estados Unidos. — dijo casi en un hilo de voz.

Makoto se levantó con un poco de pereza aún, pero en cuanto vio el rostro de su mamá comprendió que algo no iba bien. Lucía sombrío — ¿Paso algo? — preguntó asustado.

Ella meneó la cabeza —No estoy segura. — admitió contrariada —Es Sousuke. — le explicó —Será mejor que atiendas. —

No dudo ni dos segundos y ya estaba al lado del teléfono. Cuando fue a cogerlo, su mano le tembló. Algo no estaba bien.

¿Hola? — atendió.

Makoto. — la voz quebrada de Sousuke hizo que su corazón palpitara con fuerza —No sabía qué hacer o a quien llamar. — se notaba agitado.

¿Qué ocurre? — preguntó con suavidad, tratando de llevarle confort hasta allá —Tranquilo. — le dijo cuando lo escuchó sollozar.

Rin… — alcanzó a decir. Makoto se quedo en silencio esperando. Por cómo se comportaba Sousuke, esperaba lo peor de sus palabras —Falleció esta mañana. — dijo en un hilito de voz. Como si se resistiera a decirlo. Como si el guardar aquel secreto significara que tal vez no era tan cierto. Si el resto no se enterara, al menos seguiría vivo en los corazones y pensamientos de algunas personas.

Makoto se quedó helado, no supo qué decir de inmediato. Conocía a Rin de pequeño e imaginar su rostro de niño y pensar en él muerto era demasiado contradictorio en su mente. Nadie está preparado para despedirse de alguien tan joven. Es tan injusto —Lamento tu perdida, Sousuke. — dijo de la mejor forma que pudo, sacando la voz de donde ya no la tenía — ¿Cómo fue que paso? — hizo la pregunta de rigor.

Sousuke se quedó pegado al teléfono. Makoto podía oírlo respirar, pero estaba demasiado agitado para contestarle — ¡Oh Dios! — se quejo Sousuke.

Tranquilo. — insistió Makoto —Respira profundamente Sousuke. — le ayudaba y éste se recompuso un poco al intentarlo.

Una práctica. Llegó antes para calentar. Se golpeó la cabeza. Fue instantáneo. Lo encontraron casi de inmediato flotando en la piscina. — dijo agitado. Quería borrar todas esas palabras de su cabeza, pero no le era posible —Se partió la cabeza. — repitió ensimismado.

Makoto se dejo caer al piso apoyado en la pared. Buscaba fuerzas para contener a Sousuke, fuerzas que ni siquiera él tenía —Tranquilo Sousuke. — comenzó a repetirle una y otra vez en el instante que éste comenzaba a respirar agitadamente o a repetir la información una y otra vez. Así estuvieron por largos minutos, que parecieron horas, eternos minutos que podrían haber sido años y jamás hubiera sido suficiente para que ellos dos pudieran recuperar el aliento.

Unos compañeros de Sousuke fueron por él y terminaron de explicarle lo sucedido a Makoto. Ya habían informado a su familia, ésta iría por el cuerpo para llevarlo de regreso a Japón, así que él solo debía informarle a sus amigos. Tendría que avisarle a Nagisa y a Rei… pero también tenía que avisarle a Haru.

Colgó el teléfono. Su mamá lo miraba a la distancia con las manos entrelazadas a la altura del corazón.

Hubo un accidente. — le explicó sin mirarla —Rin falleció. — cerró los ojos. Era cierto. Cuantas más veces lo dijeras y más personas lo supieran, más real se volvía todo.

La mujer se mantuvo sosegada pese a la terrible noticia. Se acercó con cautela a Makoto que escondió su rostro entre sus brazos apoyados en sus rodillas —Cariño… — tocó su cabeza y lo acarició.

Se murió mamá. Lo vi hace unos meses y ahora está muerto. — dijo con el rostro escondido, pero ella sabía, por su voz, que estaba llorando.

La vida se abre paso de una manera muy misteriosa. — se sentó junto a él y lo abrazó —Es momento de que dejes salir toda esa pena que tienes dentro. — le frotó la espalda.

Tengo que decírselo a Haru… — susurró horrorizado — ¿Cómo se supone que se lo diga? — levantó la cabeza —Esto lo va destruir. — dijo con miedo —No puedo decírselo por teléfono y dejarlo a su suerte. —

Su mamá se quedó pensativa sin dejar de acariciarlo —Tendrás que ir por el Makoto. Haru no va poder solo con todo esto. Él te va necesitar. —

Makoto negó asustado —No soy lo suficientemente fuerte. No puedo sostenerlo si ni siquiera puedo sostenerme yo. —

Ella respiró profundamente —Desahógate ahora Makoto, porque mañana ya no será posible. Tienes que ser fuerte. — afirmó —Hay quienes van a necesitarte. —

Pero… —

Si tu dolor es insoportable, solo piensa en el de ellos que ha de ser terriblemente peor. Tienes que hacerlo por él, por Sousuke, por la familia de Rin. Por todos aquellos que están sufriendo aún más está perdida. Así como aquellos que la han podido sobrellevar de mejor forma estarán para cargar con tu pena. —

Había gente que sufría más… aquello fue lo único que logró levantar a Makoto de aquel hoyo negro en el que cayó en cuanto atendió la llamada.

Por la mañana. Se levantó sin despertar a nadie. Aún ni siquiera salía el sol cuando iba camino al aeropuerto. No había mucho tiempo que perder. El funeral iba a ser pronto y sabía que para Haru iba ser importante estar ahí. Era su amigo y probablemente era incluso alguien más, porque nunca recibió una llamada que le confirmara lo contrario.

Cuando llegó por fin al aeropuerto de Sidney, no sabía si el malestar en su estomago era por vuelo o simplemente porque se avecinaba algo realmente espantoso para él. No había visto a Haru hace meses y no se habían comunicado de ninguna forma. La verdad era que había anhelado tanto este momento y ahora solo podía imaginar cómo iba a perder la mirada de Haru. Sus ojitos se iban a perder en la tristeza y él iba a ser el que tuviera que trasmitirle todo eso. Ojalá hubiera alguna forma de evitarle aquel dolor.

Su departamento no estaba lo suficientemente lejos del aeropuerto como para preparar a Makoto para verlo. Pero si era sincero consigo mismo, no importaba la distancia, el departamento podía estar incluso al otro lado del mundo, y aún así él seguiría sin estar preparado para verle la cara a Haru.

Eligió las escaleras del edificio para poder retrasar lo más posible el momento, pero sabía que no tenía todo el tiempo del mundo. Encontró con facilidad el número del departamento y esperó que su respiración volviera a su cauce normal antes de tocar. Intentó poner su mejor rostro, y su mejor sonrisa, pero sabía que no duraría. Tocó y no tardó en escuchar pasos en el interior. Su corazón se volvió agitar y en cosa de segundo, Haru estaba frente a él, sorprendido hasta la punta de los pies de verlo ahí.

Hola, Haru. — su voz sonó compasiva, y se maldijo por eso. Pero Haru estaba tan sorprendido de verlo que ni siquiera lo notó.

Éste le sonrió de regreso —Hola. — entró cuando Haru se hizo a un lado — ¿Cómo llegaste hasta aquí? —

No fue tan difícil comunicarse con tu entrenador… — le explicó exhalando. El tiempo se le acabó y su sonrisa y la felicidad en su rostro fueron desapareciendo. Podía escuchar un reloj en su cabeza que hacía "tic-tac" para recordarle que no había nada que pudiera hacer para evitar decir lo que debía.

Yo… iba a llamarte. — escuchó a Haru a sus espaldas.

Lo miró de reojo —No. — y se giró antes de causar un desastre mayor, pero su mirada triste lo hizo detenerse un momento antes de continuar —No lo hagas, por favor. No digas nada. — imploró —No vine a eso. — la angustia lo embargo y sus ojos brillaron. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

En ese momento pudo ver en los ojos de Haru que ya entendía que algo pasaba. Que algo malo había ocurrido y que él no era más que el mensajero de malas noticias — ¿Qué sucede? ¿Por qué estás aquí? — sus palabras denotaban preocupación, pero miedo, mucho, mucho miedo.

Tenía que hablar. Debía hacerlo, aunque su lengua se negara a moverse y sus labios hicieran huelga para no separarse. Estaban sellados —No me atreví a decírtelo por teléfono. Nadie se atrevió. — fue lo único que pudo decir.

¿Qué pasa? ¿Por qué tienes esa cara? — podía ver la desesperación en los ojos de Haru. Estaba consumido en la confusión.

Makoto tomó una gran bocanada de aire —Sousuke me llamó… — pero no pudo terminar en cuanto vio que la mirada de Haru se quebró. Fue justo lo que había imaginado desde que se entero de la noticia. Presenció el segundo exacto en que había perdido a Haru para siempre.

¿Rin? — quiso saber.

Makoto apenas movió su cabeza para asentir —Tuvo un accidente en la piscina. — le explicó con cautela. La mirada de Haru se perdió sobre él —Cayó mal a la piscina y se golpeó la cabeza. —

Observó como la primera lágrima rodó por la mejilla de Haru, éste ni siquiera se movió, la dejó caer hasta que llegó a su mandíbula que estaba tensada y cayó hasta dar con el piso.

Haru… — no podía decirlo. Aun había cierta ambigüedad en su información. Aun no acababa con terminar de derrumbar las ilusiones de Haru.

Éste apretó los dientes y masculló —Dilo. — negó en cuanto Makoto quiso acercarse —Solo dilo. —

Fue instantáneo. No sufrió. — fue lo único que encontró en su cabeza para decir. Simplemente repitió las palabras que había escuchado de los compañeros de Sousuke. Ni siquiera era capaz de generar nuevas palabras en ese momento.

Sin embargo, Haru volvió a negar —Tienes que decir la palabra o no lo creeré. — siguió llorando. Nunca lo había visto así. Su corazón estaba tan desecho como el de Haru, ¿qué podía hacer él para sanarlo?

No te hagas esto, Haru. — le rogó. Las lágrimas se agolparon también en sus ojos, pero se las limpió. Ya había llorado toda la noche y durante el viaje. Ahora tenía que ser fuerte para Haru, tal y como lo había dicho su mamá.

Haru cerró los ojos y los apretó con fuerza. Sollozó por un momento antes de volver abrir los ojos —Dilo. — dijo en un susurró.

Makoto asintió —Haru. — esperó que volviera abrir los ojos y lo mirara —Rin murió. —

Vio como le tiritaron las piernas Haru y como se tuvo que dejar caer al suelo cuando ya no pudo sentirlas más. Comenzó a faltarle el aire deprisa.

Makoto se apresuró en llegar a su lado y lo abrazó protectoramente, queriendo alejar el sufrimiento de Haru, pero sabía que eso no era posible, porque la pena estaba dentro de él y era imposible quitarla de ahí.

Se quedó junto a él hasta que se sosegó. Lo acompañó hasta que estuvo preparado para aceptar la nueva realidad a la que se estaba enfrentando. Tenían que irse pronto, pero Makoto no se atrevía a decir si quiera una palabra. Haru estaba tan frágil y recién comenzaba a calmarse. No quería romper el poco equilibrio que había encontrado inmerso en su silencio. En su propia autodestrucción.

Pasaron unas cuantas horas antes de que Haru se sosegara por completo. Makoto le preparó un té para calmarlo antes de darle más información al respecto.

No sabía cuánto tiempo había pasado cuando Haru se giró hacia él que estaba junto a la ventana — ¿Viniste a buscarme, cierto? — preguntó con su té entre sus manos.

Makoto miró la hora en su reloj —Sí, pero aún nos queda tiempo. —

¿A dónde iremos? —

Su familia lo trajo de regreso a Japón. —

Makoto había pedido que nadie fuera por ellos al aeropuerto. Deseaba causarle las menores conmociones a Haru y sabía que un montón de personas mirándolo con pena y abrazándolo no le harían sentir mejor. Lo dejó a su vista mientras iba por el pequeño bolso que había armado para Haru. No sabía cuántos días iba a necesitar quedarse, pero al menos estaba seguro que no lo dejaría irse pronto.

Tampoco quiso que Haru se fuera a su propia casa. Sus padres aún no llegaban y se irían directo a la casa de Makoto, tal y como prometieron en cuanto se enteraron. Cuando entraron, su familia no supo realmente como reaccionar. Sus hermanos no pudieron hacer nada más que abrazar a Haru, pero éste se veía distante de todo aquello que lo rodeaba. Makoto no estaba seguro que Haru pudiera oírlos si quiera. Solo lo veía asentir de vez en cuando y las únicas veces que su mirada pareció detenerse en alguno de ellos fue cuando nombraron a Rin.

Haru luchó muchísimo antes de poder dormirse. Solo el cansancio extremo fue suficientemente fuerte para que se lo llevara a descansar. Lo acompañó incluso después que éste ya había sucumbido y al fin pudo sentirse cerca de él, después de tanto tiempo. Acarició su rostro cansado y adolorido. Tenía por sus mejillas los caminos de sus lágrimas, pero al menos reposaba en paz. Corrió alguno de sus mechones y sonrió con pena al saber que cuando despertara aquella paz y tranquilidad se habrá ido otra vez.

— ¡Entrenador Tachibana! — la voz de un niño lo trajo de vuelta a su realidad.

Todos los niños lo miraban atentos, expectantes que les diera permiso para poder ir a la piscina. Pero algo había consumido a Makoto en un transe.

— ¿Se encuentra bien? — preguntó una niña que tenía unos flotadores rosados en sus brazos.

Makoto asintió y despejó su cabeza —Perfectamente. — le sonrió y les hizo un gesto para que pudieran entrar al agua.

Todos gritaron emocionados y se apresuraron al agua.

Ya tenía un grupo importante de niños. En cada clase que daba tenía por lo menos diez niños a los que enseñarles. Había cumplido su sueño de mantenerse cerca de las piscinas, del agua. Y aunque no logró ser profesional, pudo lograr hacer algo que lo mantenía igual de feliz.

Se puso su gorra en el cabello y se metió a la piscina con los niños que se salpicaban unos a otros mientras esperaban indicaciones.

Eran un grupo avanzado y la mayoría sabía nadar muy bien para esas alturas. Había algunos con bastantes capacidades y en más de alguna ocasión se parecían a alguno de sus amigos. Algunos iguales de entusiastas que Nagisa, mientras que otros buscaban lo hermoso y perfecto del nado como Rei. Pero también, y aunque en menor medida, se encontraba a veces con algunos pequeños que amaban tanto el agua como Haru. De alguna forma inexplicable podía ver el mismo amor que él sentía y la misma paz que él encontraba en el agua. Esos niños eran los que más le llamaba la atención, y disfrutaba junto a ellos.

Observaba como los niños hacían los ejercicios que éste les pidió. Pero se sentí incomodo ese día. Extraño. Algo no estaba del todo bien en su interior. Hace mucho tiempo que no recordaba aquellos fatídicos días. Hace mucho que no recordaba la muerte de Rin. Aunque si, siempre recordaba a sus amigos. Rei, Nagisa, Haru, Sousuke y Rin siempre se mantenían en su cabeza y en su corazón, pero siempre intentaba recordarlos de una manera más amable, más agradable. Pero ese día solo podía verlos a todos tristes, melancólicos, con sus miradas apagadas porque habían perdido a alguien a quien querían. Sabía que se habían recuperado, aunque la pena siempre la cargarían con ellos. Igual que él. Pero todos habían aprendido a seguir viviendo, entonces, ¿Qué era lo que le estaba ocurriendo? ¿Qué era aquello que lo estaba molestando?

—Makoto. — una voz lo sobresaltó afuera de la piscina.

Sousuke lo miraba desde la orilla de la piscina. Traía su vestimenta oficial de los juegos olímpicos aún. Sus manos en los bolsillos y una sonrisa en sus labios.

Makoto le echó un vistazo a los niños que seguía practicando y jugueteando en la parte más baja de la alberca.

—Creí que para estas alturas todos se habrían ido a sus casas. — se subió justo a los pies de Sousuke. En un movimiento rápido estuvo de pie junto a él.

Sousuke frunció el ceño — ¿Tú creíste que me iría sin despedirme? —

—No, claro que no. — admitió —Pero son personas tan ocupadas ahora. —

— ¿Te refieres a Nanase y a mí? — levantó una ceja. Makoto asintió —Un amigo es un amigo. — le dio un pequeño golpe en el hombro por decir tonterías —No importa lo ocupado que este, siempre tendré tiempo para ti. —

—Gracias. — sonrió con afabilidad.

—Por lo que sé, Nanase tampoco se ha ido aún. Creo que no piensa regresar a Australia por ahora. — se encogió de hombros.

— ¿Por qué? — preguntó contrariado.

Sousuke puso los ojos en blanco —No lo sé, Makoto. — le recordó con su mirada que no eras los mejores amigos del mundo —Lo que te dije lo escuché en los camarines. Como éramos nadadores del mismo país tuvimos que compartir bastante. —

Makoto asintió. Su vista estaba fija en los niños —Pensé que querría pasar lo menos posible acá. —

Sousuke resopló —No sigas martirizándote con todo eso Makoto. Ya ha pasado demasiado tiempo. Es hora que te preocupes por ti y no por lo que él piensa o siente. —

Éste solo le sonrió —Siempre será mi amigo. — le recordó —Me preocupo tanto por él como por los demás, incluyéndote. —

— ¿Te preocupa que tenga que volver a Estados Unidos? — le preguntó sereno.

Makoto lo miró de reojo —Siempre me preocupe por ti por eso. Creía que no era buena idea que siguieras allá. — confirmó —Pero era allá donde estaba tu destino después de todo. — levantó los hombros.

Sousuke asintió —Exacto. Y Tal vez el destino de Haru está aquí después de todo. — arqueó una ceja —Pero debes dejar de pensar todas esas cosas y simplemente dejar que cada quien siga con su camino. Créeme que nadie hará algo que no pueda hacer. Yo no habría vuelto a Estados Unidos si no me hubiera sentido capaz de hacerlo y estoy seguro que con Nanase es el mismo asunto. —

—Está bien. — prometió —No pensaré tanto en esas cosas… — le sonrió.

Sousuke le tocó el hombro —Prometo volver pronto a visitarte. — le sonrió.

—No dejes que pasen otros cuatro años. — le pidió.

Sousuke negó —No, volveré antes. — Sonrió —Cuídate, Makoto. Y… — miró a los niños en la piscina —Suerte con esto. —

Volvió a meterse las manos en los bolsillos y se fue caminando por alrededor de la piscina mientras miraba a los niños. Anhelaba de alguna forma poder regresar a esa edad. Cuando recién comenzaba a vivir. Donde no existía el dolor, donde no había lesiones en su cuerpo aún, y tampoco en su corazón, porque Rin aun hubiera estado en este mundo.

Había estrellas pintadas en el cielo cuando se habían terminado de ir todos los niños. Tuvo que quedarse a cerrar, pero le agradaba caminar en las noches por la costanera. Aprendió hacerse amigo del agua, y del mar en especial otra vez. Le era agradable el rugir del oleaje mientras caminaba. Le intimidaba y al mismo tiempo le causaba placer el poder escuchar, pero no ver el agua. Sabía que está ahí, al asecho, pero no podía verla por la oscuridad. Era algo a lo que siempre le iba a tener respeto.

Bajo una de las farolas, pudo divisar a una persona apoyándose en el poste. Tenía una capucha en la cabeza, pero lo pudo reconocer de todas formas, además que lo observaba detenidamente y ya cuando estuvo cerca, pudo reconocer esos ojos azules.

—Makoto. — se separó del poste cuando éste se detuvo.

—Creí que estarías en Australia a estas alturas de la semana. — le sonrió.

Haru se quitó la capucha y caminó junto a Makoto —No. Tal vez me quede por aquí un tiempo. — dijo sin mayor interés.

— ¿Por qué? — le dio una mirada —Creí que eras feliz allá. —

—Solo me ganaba la vida. — contestó dándole una patada a una piedra que había en su camino —Pero el agua está en todas partes. — le recordó.

Makoto sonrió —Ya lo creo que sí. —

—Además… — lo miró fingiendo estar ofendido —No me habría ido sin despedirme de ti, ¿crees que lo hubiera hecho? — arqueó una ceja.

Makoto se rió al recordar las palabras de Sousuke —Supongo que no. — meneó la cabeza —Pero no te culparía si lo hubieras olvidado. Ahora eres famoso. —

—Makoto… — dijo irritado.

—Lo siento. Solo bromeaba. — suspiró descansado —Me alegra que estés aquí. — admitió —Es como en los viejos tiempos. —

Haru no dijo nada. No parecía querer hablar de los viejos tiempos.

— ¿Te acuerdas cuando estábamos en el último año e hice unas cuantas clases de natación? — intentó desviarlo un poco de cualquier cosa que pudiera ponerlo melancólico.

Haru asintió —Como olvidarlo. — le dio una mirada —Kisumi regreso a nuestras vidas. — hizo una mueca y su mirada se mantuvo seria.

Makoto no pudo evitar reírse. Él ya ni siquiera se acordaba de aquel detalle, pero sí, tenía toda la razón. Desde ese entonces Kisumi volvió a la vida de Makoto como un buen amigo, del cual Haru nunca pudo deshacerse pese a sus más grandes esfuerzos —Hace unos días me encontré con Kisumi. — le contó.

—No me interesa. — le cortó, pero luego dio un suspiró y se disculpó con la mirada —No es que no me interese saber… —

Makoto lo cortó —Esta bien, nunca te agrado. — zanjó el tema —Aunque nunca tuve muy claro por qué. —

Haru miró hacia el mar —Por ti. —

Makoto se sintió confundido y tomó el brazo de Haru para que no pudiera seguir caminando — ¿Por mí? —

—Por favor Makoto. — le retó —No es algo tan difícil de comprender. —

Sus palabras le sacaron una sonrisa a Makoto — ¿Te daba celos? — se burlaba, pero en realidad quería saber la verdad.

Haru no lo miraba, pero al fin asintió —Nunca me agrado. Tú le gustabas. — se soltó del agarre — ¿Podemos seguir? — le apuntó hacia el camino.

Makoto lo siguió en silencio con una sonrisa en los labios.

La vida de Makoto se había vuelto su trabajo. Lo amaba más que nada en el mundo. Ver esas caritas felices después de un día de práctica le hacían volver a casa dichoso y con mucha energía para poder continuar al otro día. Simplemente se sentía feliz. Después de mucho tiempo y tanto esfuerzo, al fin comenzaba a sentirse completo otra vez. Aunque continuaba teniendo recuerdos y sueños recurrentes de cosas que no le hacían tan feliz. A veces se distraía un poco en el trabajo embargado en los recuerdos, pero luchaba cada día por espantarlos de forma permanente.

Cuando terminó con el último grupo guardó todo el equipo complementario, pero hacía especialmente calor ese día. Así que al terminar, se fue hasta la piscina y se dio un chapuzón. Ya pasaba de la hora de cierre cuando escuchó un ruido en el lugar. Eran pasos. Se detuvo en medio de la piscina a esperar que alguien apareciera y se sorprendió mucho cuando vio a Haru atravesar la puerta hasta él.

— ¿Haru? — dio unos aleteos para acercarse hasta la orilla.

Haru se acercó hasta la piscina. Justo en el lugar que Makoto llegaría —Te esperé. No llegaste. — le explicó en pocas palabras.

Makoto ladeó su cabeza confundido — ¿Me estabas esperando otra vez? —

—Si... — admitió apartando la mirada —Yo… —

Makoto se salió de la piscina antes de que Haru siguiera hablando —Perdona por preocuparte, si hubiera sabido… — se echó el cabello mojado hacia atrás.

Haru lo contempló —No lo sabías. — le restó importancia.

—Iré a cambiarme. — dijo antes de apresurarse en salir de ahí. Cuando volvió, Haru estaba sentado a la orilla con los pies en el agua. Daba unos pequeños pataleos y miraba como se movía el agua. Parecía absorto en aquella labor que ni siquiera lo sintió acercarse — ¿Haru? — se puso en cuclillas a su lado — ¿Estás bien? —

—Sí. — asintió, pero su voz lo traicionó, se quebró en el último segundo.

Makoto se quitó sus zapatos y se arremangó los pantalones para imitar a su amigo — ¿Qué pasa? —

—Eres mi mejor amigo, ¿lo sabes, cierto? — lo miró de reojo.

Algo se revolvió en el interior de Makoto al oírlo decir algo así. Hace mucho tiempo creía que Haru ya no pensaba de esa forma. Que había apartado a todos de su vida, incluyéndolo.

—Lo sé, Haru. Desde niños. — confirmó para su tranquilidad — ¿Por qué? —

Haru siguió jugando con el agua —No sé que he hecho con mi vida estos últimos años. — admitió.

Makoto lo pudo notar un poco perdido en sus palabras.

—Tienes este trabajo. — miró el lugar —Se nota que eres feliz. — le sonrió —Llegaste a tu meta, cumpliste tu sueño. —

—Supongo que sí. — dijo un poco confundido — ¿A dónde quieres llegar con eso? —

—Se supone que yo también alcancé el mío, pero no me siento feliz. — le explicó —No siento que haya llegado a una meta. —

Makoto dio una patadita al agua —Tal vez no todos sienten de la misma forma el cumplir sus sueños. —

—Tal vez no tenía ningún sueño después de todo. —

—Querías nadar, y lo lograste. Hasta el día de hoy sigues nadando. — le dio un toque en su hombro para animarlo.

Haru lo miró —Pero no siento nada cuando lo hago. — suspiró —Ya no soy capaz de sentir el agua cuando compito. —

Makoto meditó un momento. No sabía en realidad que podría ayudar a Haru en un momento así —Tal vez podrías probar algo diferente. — se encogió de hombros. Estaba perdido, sin ideas.

—Aún está en mi mente, ¿Sabes? —

Makoto tardó unos segundos en comprender a que se refería —También en la mía. — contestó —Siempre lo estará. —

—Que muriera hizo que todo cambiara en mi vida. — agregó —Dejé de disfrutar algunas cosas porque simplemente me acordaba de él. — susurró.

—Por eso ya no disfrutabas competir. — entendió con facilidad.

Haru resopló y miró el techo. Tenía unos grandes vidrios que dejaban ver el cielo oscuro —Hace mucho tiempo que quería volver. — admitió —Pero no me atrevía. —

Makoto frunció el ceño confundido — ¿Qué te detuvo? — su pecho se apretó.

—Temía ser feliz aquí. —

— ¿Tenías miedo de ser feliz? — repitió contrariado.

—Sentía que no tenía derecho de serlo, porque él ya no estaba. Algo en mi me decía que si era feliz me iba a olvidar de Rin y después de todo, no quería olvidarme de él. — bajó la mirada y encontró los ojos de Makoto.

—El permitirte ser feliz no significa que lo vayas a olvidar y mucho menos que lo vayas a deshonrar. — su mirada era cálida y sus palabras eran sinceras —Yo creo que él hubiera querido que intentaras ser feliz, después de todo ustedes no pudieron. —

— ¿Eres feliz Makoto? — sus ojos brillaron.

Makoto se quedó callado de nuevo. Perdido en los ojos azules — ¿Por qué? — no confiaba en aquella pregunta.

— ¿Por qué temes responderme? — sonrió de lado.

—Creo que si te digo que lo soy te irás y no volveré a verte nunca más en mi vida. — admitió completamente seguro de sus palabras, y por la mirada de Haru, tenía razón —Pero lo soy, soy muy feliz, Haru. — admitió —Pero siempre podría serlo aún más. —

—No estoy aquí porque seas mi segunda opción. — le aclaro aterrado.

Makoto le sonrió —Yo fui tu primera opción. — acarició la mejilla de Haru —Yo fui el primero en tu vida. —

—Pero… —

Makoto le puso un dedo en la boca —Elegiste a Rin, lo sé. Pero él ya no está y tienes todo el derecho de rehacer tu vida y no por eso tienes que pensar o tienes que dejar que piensen que todo lo que hagas después que él se marcho van a ser segundas posibilidades. — una lágrima se arrancó hasta una mejilla de Haru —Yo siempre estuve aquí, esperando que pasara lo que tuviera que pasar. —

Haru le tomó la mano que Makoto tenía en su mejilla y beso sus dedos —No quiero volver nunca más a Australia. — confesó.

—No tienes que hacerlo. — sonrió Makoto —Ya estás en casa. —

—Al fin. — resopló y sonrió exhausto.

Makoto se quedo callado mirando a Haru. Parecía aliviado de algún modo —Vas a necesitar un nuevo trabajo aquí… — sentenció.

Haru asintió —Creo que voy a necesitar un amigo con una piscina. — hizo una mueca.

—Podría contratarte… — dijo como si no estuviera convencido —Pero primero tendría que comprobar tus capacidades. — dijo segundo antes de empujar a Haru al agua.

Éste no supo lo que ocurrió hasta que estaba sumergido. Salió a flote e hizo un movimiento con su cabeza para mover su pelo. Miró a Makoto con malicia, pero éste saco de inmediato sus pies del agua para que no lo pudiera alcanzar.

—Creí que podrías traer tu traje de baño bajo la ropa. — se burló inocentemente Makoto.

Haru se sacó la camiseta y la tiró fuera de la piscina. Después se hundió y de dio una vuelta. Cuando salió de nuevo a tomar aire, tenía sus pantalones en las manos y sí, tenía su traje de baño puesto.

—Nunca cambiaras. — dijo Makoto.

Haru le hizo un gesto con la mano para que se acercara —Ven aquí. No me hagas salir a buscarte. —

Makoto se acercó a la orilla un poco indeciso y se volvió a sentar en la orilla con los pies en el agua. Haru llegó hasta su lado y se afirmó de sus piernas para darse impulso y levantar su cuerpo del agua. Se encontró con el rostro de Makoto a escasos centímetro.

—Extrañaba tenerte tan cerca de mí. — le tomó el rostro y le plantó un beso en los labios.

Haru le respondió y se acomodó mejor entre las piernas de Makoto. Éste enredó sus piernas en su cintura para que no cayera al agua de nuevo. Se separaron cuando les falto el aire, pero Makoto siguió aferrado al rostro de Haru y juntó su frente con la de él.

—Tal y como lo recordaba. — susurró Haru antes de volver a darle un beso, pero éste no duró porque Makoto lo soltó y éste volvió al agua — ¡Oye! — lo recriminó tomándolo por ambos pies. Hizo un poco de fuerza y pese a la resistencia de Makoto, no tuvo de donde afirmarse así que cayó a la piscina.

—No tengo más ropa aquí. — se quejó.

—Seguro yo sí. — le hizo una mueca y se acercó de nuevo.

Makoto lo tomó por los hombros y lo puso contra la orilla de la piscina. Los dos estaban agitados y se miraban con mucho deseo. El más grande apoyó ambos brazos a los lados de Haru para que éste no tuviera a donde ir, y volvió para una última probada de sus labios. Se añoraban. Se extrañaban. Se deseaban, pero sobre todo, se amaban.

"Tal vez no nos quisimos siempre. Tal vez nos odiamos en algunos momentos. Nuestros caminos no siempre estuvieron juntos, pero al final de todo, nuestro destino si era estar juntos. Simplemente tuvimos que sortear un montón de obstáculos y pérdidas muy duras. La vida nos trajo mucho sufrimiento, desdichas y malos ratos. Pero al final del día, decidimos seguir amándonos, porque nuestros corazones se llamaban con intensidad, y tengo la certeza, después de todo estos años, que nuestro amor es mucho más grande, porque supo se adversidades y de desamores y aún así sobrevivió a todo ello, así que sí, Haru y yo nos dimos una segunda oportunidad…"