Harry Potter No es mío.

Cualquier referencia a la saga de libros de Pern de Anne McCaffrey es sólo un homenaje


Tiempos de Guerra

Capítulo 14 – Luz

Silencio. Oscuridad. Parálisis.

Después de un par de meses me di cuenta que había sido enterrado vivo. Por fin reconocía la clase de caja que me contenía: un sarcófago. Y luego, un mes después, recordé que mi nombre era Harry Potter, y que tenía una misión. Mi cerebro iba despertando del letargo inducido por el profesor Dumbledore, pero mi cuerpo era otra historia.

Silencio. Tuve que concentrarme, usar la magia que tenía guardada en mi pecho, latente aunque lejana, para romper con la barrera del silencio y reconocer mi respiración. Yo respiraba. Adentro. Afuera. Adentro. Afuera. Suspiro. Adentro. Afuera. Existo. Soy Harry Potter, sigo vivo.

Oscuridad. Es imposible abrir mis ojos, y las tinieblas que me rodean son delicadas, sin energía o movimiento. Se trata de un limbo ennegrecido. No recuerdo cómo es mi cuerpo, ni cómo son los colores. Comienzo a temerle a la posibilidad de que la luz me pegue de nuevo.

Parálisis. Soy una estatua, un conjunto de músculos atrofiados. El frío del sarcófago se inyecta en mi espalda, quebrando mi columna. Intento recordar cómo se siente tocar a alguien, cómo se vive el dolor, cómo desespera una picazón. No hay nada. Tal vez lo de mi espalda ni siquiera es frío, sólo ausencia.

Me confunden las emociones ajenas que atormentan mi pecho. Cada vez son más recurrentes. Bajan desde la corona de mi cráneo, se meten por mis ojos, salen por mi boca, como un grito sordo. Miedo-abandono-tristeza-y algo más, mucho más poderoso que cualquier otro: amor. Reconozco, al fin, la voz quebrada del llanto que me abruma, es mi mejor amiga… Hermione.

Un año más. La puedo ver a pesar de la oscuridad. Hermione corre, lucha, grita. Hermione decide mantenerse en pie. Hermione piensa en mí. Hermione huye, sufre, agoniza. Ella necesita mi ayuda, me lo grita con su corazón y su alma, me amenaza de morirse si no voy a rescatarla. ¡Pero no puedo! ¡No puedo! ¡Estoy atrapado! ¡No mueras, por favor!

¡No!

Eres todo para mí… eres lo único que me queda.

No permitiré que mueras. No te dejes vencer. Iré por ti. Lo tengo que hacer. Mi magia no puede cruzar el sarcófago, pero no estoy hecho sólo de magia. Si es necesario que me parta en dos…

No mueras. Voy por ti. No te abandonaré. Nunca.


James despertó en la enfermería. Lágrimas saliendo sin control desde sus ojos verdes. Él cumplió: nunca abandonó a su princesa. Se levantó sollozando, aterrado por la verdad que había soñado y que acababa de destrozar su mera existencia. Miró sus manos envueltas en vendas rojas, la falta de tres dedos lo terminó de enloquecer.

―¡Joder! ¡Joder! ¡JODER!― cayó de la camilla contra el suelo, en posición fetal. La pistola de su cinturón se zafó, y pensó en darse el maldito tiro que estuvo postergando tanto tiempo. Cogió el arma de fuego y la logró colocar en su boca. Intentó jalar el gatillo, pero sus manos vendadas lo impidieron. Gritó más fuerte. Chilló más fuerte. Ni siquiera se podía suicidar.

―¡Hermione! ¡Hermione!― llamó furioso. Luna apareció junto a él.

―James, cálmate. Debes relajarte, estás muy mal.

―¿Dónde está Hermione? ¡Ella lo sabía! ¡Lo sabía y nunca me lo quiso decir!

―¿De qué hablas?― lo enderezó contra la camilla, viéndolo a los ojos verdes ―James, escúchame: Hermione y Harry se han marchado a Bristol. El enfrentamiento contra Voldemort debe estar sucediendo ahora mismo.

―No puede ser…― James pareció congelarse durante unos segundos, luego explotó ―¡No la dejaré morir sin enfrentarme por esto! ¿acaso soy su maldito chiste privado, su jodida diversión? ¡esa maldita perra!

Luna reprimió un gemido horrorizado, pero dirigió su mano izquierda directo a la mejilla de James ―¿Cómo te atreves a hablar así de Hermione, la mujer que amas?

―¡Porque es una vil mentirosa!― mordió las vendas de sus manos, liberándose ―¡Cúrame ahora mismo! Los alcanzaré en Bristol.

La rubia negó ―Te has vuelto loco. No lo permitiré.

James la cogió de su camisa, manchándola de sangre ―Jodido-Potter y yo somos la misma persona. ¿Quieres dejarme aquí y esperar a que me clave el primer bisturí que encuentre, o prefieres colocarme delante del hijo de puta que provocó todo esto?

―¿Voldemort?― preguntó temblando.

―¡POTTER!


La diferencia entre los Death Eaters y los magos recién integrados a las filas de Voldemort era, definitivamente, el corazón. La RR cayó en Bristol a las cuatro de la madrugada, sólo para encontrar a viejos aliados, conocidos, familiares y amigos, alzar cualquier tipo de arma hacia ellos, pero incapaces de accionarlas. Hasta el frente de las filas, Hermione creyó recobrar la esperanza sobre la humanidad si ahí, desprotegida y como mayor objetivo, nadie se atrevía a herirla. Distinguió el cansancio en los ojos de magos que ni siquiera eran sangres puras, ya que la mayoría había sido aniquilada, pero que estaban ahí, aterrados de Prudence. Caminó lentamente hasta quedar en medio de ambos bandos.

Habló fuerte y claro ―Este enfrentamiento debe ser exclusivamente entre dos magos: Harry Potter y Tom Riddle. Por favor, permitan la liberación del ser que provocó la guerra. En cuanto esto acabe, juntos decidiremos qué hacer con Prudence.

―¿Qué pasa si Voldemort acaba con Potter?― preguntó un mago entre la multitud.

―Entonces todos nos encargaremos de él. Juntos.

La realización entre los magos fue obvia. Había unas trescientas varias que podían dar duelo a Voldemort, además de la RR del otro lado. Y nadie olvidaba el terror al que los sometió Tom durante la última década.

Voldemort se materializó, envuelto en una neblina roja que combinaba con sus ojos ―¡Así que Potter y su sangre sucia pretenden convencerlos de que si yo caigo podrá haber diálogo con los muggles que nos quieren exterminar! ¡Mentirass! ¡Somos superiores, jamás querrán vivir entre nosotros! ¡Debemos aniquilarlos primero!

―¡Suficiente!― Harry lanzó una maldición contra Tom.

Hermione retrocedió unos pasos para darles espacio en el duelo. Los magos crearon hechizos protectores, y la RR subió sus escudos. Los ojos de todos estaban sobre Voldemort y Harry, quienes no paraban de echarse rayos de colores y volar cualquier zona de refugio que tuvieran cerca. Pronto fue obvio que la varita de Harry no estaba resistiendo la presión, estalló en cientos de astillas, pero ya sabían que eso ocurriría, y sacó una nueva de su pantalón. Hermione había encantado el bolsillo del Harry para que tuviera acceso a todas las varitas que la hija de Ollivander había dejado en el Weyr, esperanzada de que fueran suficientes para acabar con el duelo.

―¡No voy a morir!― Rugió Voldemort furioso ―¡No conseguirán aniquilarme! ¡Soy superior!― Se giró y lanzó la maldición asesina hacia un integrante de la RR, para distraer a Harry. Pero Hermione inmediatamente desvió la maldición ―¡Soy Lord Voldemort!

―¡Eres nadie! ―Harry estalló un hechizo cerca del mago oscuro― Haz vivido en el terror de que un día viniera por ti. Hiciste todo lo posible para joderme la existencia, me arrebataste a mi familia, a mis seres queridos, ¡por tu culpa viví años de maltrato! ¡Por tu culpa me volví tan imbécil con las relaciones humanas que casi no distinguí lo que es el amor! ¿Tú que has conseguido? La pureza de la sangre ya no existe, no te queda nada. ¿No te duele haber llevado al mundo a su destrucción?

Voldemort sonrió ―Si el mundo se acaba hoy, habrá sido por la mayor de las misiones: acabar con el impuro.

―¡Bastardo! ¡Tú eres un impuro! ―Harry detonó otra maldición.

Voldemort se retrajo, elevó sombras mortíferas del suelo que se lanzaron hacia Harry. La gente de la RR gritó aterrada ¡Inferis!, pero no eran cuerpos sólidos, sólo humos malditos que estorbaban los movimientos de Harry.

―¡Ha llegado tu momento, Potter! ―Gritó la serpiente― Aquí termina la última esperanza de los magos que no se atreven a aceptar la diferencia de castas. ¡Aclamen mi nombre, alimañas! ¡Llamen a su Dios, a su ídolo! ¡Lord Voldemort! ¡Lord Voldemort!

Los espectadores se removieron incómodos. Parecía que Harry Potter no sobreviviría la batalla, que la profecía se cumpliría a favor del mal. Si era así ¿qué le deparaba al mundo mágico? ¿La desaparición bajo el mandato de Prudence?

La varita de Harry se quebró, y cuando metió la mano a su bolsillo supo que había sido la última. Respiró agitado, pensando qué hacer ahora que no contaba con el arma necesaria para vencer. Voldemort detectó su indecisión y sonrió.

―¿El niño se ha quedado sin varitas? ―seseó alzando su propia varita, apuntando a Harry― Sabía que esto acabaría así. Soy invencible. El destino desea que yo reine. ¡Avada Kedavra!

El rayo verde brilló sobre los ojos de Harry. Gritos de magos y hombres lo envolvieron.

Hermione se interpuso ante la maldición asesina y su esposo, con un disco de ruptura nuclear. El ventilador se activó al sentir la magia tan cerca y absorbió la maldición, pero la fuerza impulsó a Hermione hacia atrás, golpeando a Harry.

Cuando ella se levantó vio que Harry se había pegado en la cabeza, y sangraba cuantiosamente.

―¡Puta! Me tienes harto ―chilló Voldemort comenzando a lanzar hechizos.

Hermione alzó un escudo sobre Harry, y rodó lejos de él. Sentía su corazón acelerarse. Ahora todo dependía de ella. Comenzó a luchar contra Voldemort, pero en ocasiones anteriores habían podido comprobar que ella perdía cada uno de sus encuentros. Por más habilidad que hubiera cultivado durante la guerra, nada la comparaba con el conocimiento de artes malignas que tenía Tom.

Voldemort volvió a erigir las sombras malditas para que lo ayudaran en la batalla, y Hermione se encontró superada en número. Cuando tuvo que evadir un hechizo, supo que iba a ser golpeada por una de las sombras. Sin embargo, el cálido cuerpo de un soldado de la RR colocó un escudo entre ambos, temblando y cayendo por el impacto. Le había salvado la vida.

Hermione, lágrimas en los ojos, cubrió al soldado con un escudo, y continuó peleando. Cada vez que una de las sombras estaba a punto de llegar a ella, otro soldado corría a salvarla. El ejército maldito de Voldemort se vio enfrentado por el ejército que ella formó durante años. Cuerpos se fueron juntando alrededor de ella, cubiertos por sus escudos, aún vivos pero demasiado afectados por el poder de las sombras. Con los minutos se volvió más pesado mantener protegidos a sus hombres y seguir atacando a Voldemort.

Por esta libertad de canción bajo la lluvia ―susurró con los dientes apretados, sin dejar de llorar― habrá que darlo todo. ―comenzó a gritar― ¡Por esta libertad de estar estrechamente atados ―evadió otra maldición― a la firme y dulce entraña del pueblo ―un soldado la cubrió―, habrá que darlo todo! ¡Por esta libertad de girasol abierto en el alba de fábricas encendidas y escuelas iluminadas, y de esta tierra que cruje y niño que despierta, habrá que darlo todo!

¡No hay alternativa sino la libertad!

―¡No hay alternativa sino la libertad! ―gritaron tras ella la RR.

¡No hay más camino que la libertad!

―¡No hay más camino que la libertad! ―chillaron los magos detrás de Voldemort.

¡No hay otra patria que la libertad!

―¡No hay otra patria que la libertad! ―clamó cada mago y hombre presente.

Hermione se llenó de la energía emotiva que creció en el campo de batalla. Los hombres caídos se levantaron, liberando sus escudos y dándole más fuerza. Los soldados empezaron a marchar en sus lugares, provocando un temblor en el suelo, un gemido que salía de la tierra.

¡No habrá más poema sin la violenta música de la libertad! ―cantó Hermione alzando su varita dorada, sintiendo la vida escurrirse desde su pecho hasta la punta del arma.

Voldemort pasó su varita contra la tierra, como un cerillo para ser encendido. Chispas y fuegos de colores se extendieron a su alrededor, creciendo hasta convertirse en una serpiente gigante.

¡Por esta libertad, bella como la vida, habrá que darlo todo!

―¡Todo, todo, todo! ―hicieron eco los soldados. Disparos y hechizos comenzaron a caer sobre a serpiente gigante, perforando la magia multicolor, dejando huecos de aire que iban desintegrando su forma.

¡Si fuere necesario hasta la sombra, y NUNCA será suficiente!*

Voldemort echó la serpiente sobre Hermione, tragándosela. La magia fue cayendo como un edificio demolido, quebrando el piso. Los soldados gimieron embravecidos ―¡Hermione Jane! ¡Hermione Jane!― En medio del cilindro de magia maldita, la sombra de su líder seguía alzada, con su varita a lo alto ―¡Hermione Jane!― el mundo parecía temblar.

Desde la inconsciencia, Harry escuchó los berridos de cientos de hombres por su esposa, y la magia que Voldemort usó fue tan terrible que consiguió despertarlo. Con lentitud se irguió, mirando el pilar de luces y fuerzas que se desarrollaba en medio de la batalla. Todo estaba borroso, cada zona de su cuerpo dolía. Sintió a un soldado ayudarlo a estabilizarse, y apoyado por otro fue acercándose hacia ellos.

―No podemos acercarnos, la magia nos repele ―dijo uno de los hombres―. No sabemos qué hacer.

―Suficiente han hecho ―respondió dando un paso al frente, y luego otro y otro. Los soldados lo soltaron, mirándolo ingresar a la zona de lucha.

Harry incrementó su magia, se cubrió de ella, respiró de ella. Tenía que convertirse en un ser hecho exclusivamente de magia para poder llegar con Hermione. Recordó los años que pasó en el sarcófago, el frío, la ausencia; recordó el llanto de Hermione que llegaba desde muy lejos, y lo torturaba diario por no poder ayudarla. Debido a su debilidad ella había tenido que pensar en un método mortal para acabar con Voldemort, era su culpa que ella estuviera a punto de entregar su vida para detener al lunático purista. Recordó la promesa que hizo en el limbo aterrador donde estuvo encerrado Si es necesario que me parta en dos… No mueras. Voy por ti. No te abandonaré. Nunca.

Nunca.

Cada molécula de su cuerpo brilló, se volvió de humo, de agua, de cristal. Harry cruzó como una flecha la distancia que lo separaba de Hermione, consiguió tomarla de la cintura y agarrar la mano donde sostenía la varita.

―Estamos juntos en esto ―le dijo bajando su mano, evitando su sacrificio.

Hermione berreó, no quería seguir con vida, no quería seguir luchando. Morir y acabar al mismo tiempo con Voldemort era una solución mucho más atractiva.

El pilar de luces fue deshaciéndose. La serpiente se fue desfragmentando.

Voldemort rugió decidido a no terminar ahí la batalla. Alcanzó a ver a Hermione y la apuntó con su varita.

Harry recorrió con su mano su cinturón, desenfundó y disparó.

La detonación congeló a todos. Voldemort cayó de costado, sosteniendo su hombro ensangrentado, incapaz de comprender qué había pasado.

Hermione, desquiciada, se zafó de Harry y corrió hacia Voldemort, colocó sus manos en el cuello blanco de su enemigo. Apretó, enterrando sus uñas en la piel cetrina, llorando mientras usaba la fuerza de todo su cuerpo para quebrar el cuello de Tom Riddle. La mirada rubí del mago, perforándola con angustia, terror y sorpresa. Su lengua rosada saliendo de su cuenca, como un animal enloquecido.

―No mereces morir tan pronto― le susurró agitada ―No mereces la compasión de una muerte rápida. Lo que le hiciste al mundo, a Tonks, a James, a Harry, a mí, jamás será olvidado. Aquí terminas, Tom. Estrangulado por una hija de muggles, con una bala en tu hombro. Aquí el mundo te ve como lo que en realidad eres: un miserable hombre.

Las llamas saltaron desde las manos de Hermione, cubriendo la túnica negra de Voldemort, arrancándole gemidos de dolor con la poca fuerza que le quedaba. Las brasas se metieron por en piel. Ceniza brotó de la garganta de Tom en forma de tosidos espantosos. Hermione gritó antes de evaporar el resto de agua que quedaba en Voldemort, y cocinarlo. La figura de carne humeante que quedó no recibiría ni siquiera un entierro formal.

Hermione se irguió justo para ver el amanecer.


―Ha terminado. Ella lo mató.

James escuchó la noticia correr a través de la enfermería. La gente gritaba y lloraba entre abrazos, felicitándose. Pura mierda, ¿de qué servía acabar con ese monstruo cuando el verdadero enemigo, Prudence Geller, seguía libre?

―Dicen que lo incineró con sus propias manos. Viene para acá para que las curemos.

―Dicen que Harry Potter le dio un balazo en el hombro, ¿puedes creerlo? ¡Un balazo!

―Dicen que los magos que estaban con Voldemort no se involucraron. Nadie atacó a la RR.

―¡Merlín!

―¡Dios bendito!

―¡Cállense de una buena vez, estúpidas!― Gritó James ―¡Cállense!

―¿Pero qué te pasa a ti? ¿Eh? Tu esposa sobrevivió, Hermione Jane…

―¡Joder! ¡Cállense!

Las enfermeras lo vieron enfurecidas, pero antes de decir cualquier otra cosa, Hermione entró con las manos llenas de ampollas hirvientes. James la miró despiadado, con la traición sobre su pecho como una maldita navaja.

―¡Tú lo sabías!― dijo con odio ―¡Potter y yo somos la misma jodida persona!

Hermione lo vio asombrada ―¿Cómo…

―¡No lo niegues!

―No iba a negarlo― respondió dolida. Cruzó la enfermería para estar cerca de él ―Oh, James, no me mires así, por favor, no puedo soportarlo. Déjame explicarte.

―¿Qué me vas a explicar? ¿Qué solo haz estado conmigo porque soy parte de ese debilucho?

―Eso no es verdad― Sollozó ―Te amo a ti exactamente igual que como lo amo a él.

―¡Eres una hipócrita!

―¡No le hables así!― El grito de Harry los alertó ―¡No es su culpa! Fue nuestra decisión.

―¿Tú también lo sabes? Me han visto la cara de imbécil durante todo este tiempo. ¿Qué soy? ¿Su maldita diversión? ¿Su chiste privado?

―Por favor, James, intenta relajarte― Pidió Hermione ―Sabes que jamás podría tratarte así. Lo sabes. Es imposible fingir todo el amor que te tengo. Basta.

―¡Mátenme!― Chilló ―¡No soy nadie! ¡No quiero ser una copia! ¡Mátenme!

Harry lo agarró de los hombros ―Somos la misma persona, no eres una copia.

Hermione comenzó a llorar profundamente. Esto era justo lo que temía.

―Tú me hiciste esto― Gruñó James intentando golpear a Harry ―Te voy a matar. ¡Te voy a matar y seré el único!

Desmaius― Susurró Hermione viendo a su esposo dormir. Harry la abrazó, intentando consolarla ―Lo he vuelto loco. Es mi culpa. Debí decirle antes. Debí. Es mi culpa.

―No, no podías saberlo. Tranquilízate.

―¿Qué haremos ahora, Harry?

El moreno la abrazó más fuerte. No tenía respuesta.


Hoy, quince de Agosto de dos mil diez, la RR arribó en el cuartel de Tom Riddle, en Bristol, y tras entablar un acuerdo con los magos para que cesaran su involucración en el golpe, Hermione Jane, líder de la resistencia RR, aniquiló al mago oscuro mejor conocido como Lord Voldemort. El cuartel se encuentra bajo la dirección de la RR, cuyo portavoz, Kingsley Shackebolt, afirma que no habrá hostilidad contra ningún hombre o mago, sin embargo, declaró que habrá una audiencia con Prudence Geller para la finalización de la guerra civil en el Nuevo Reino Unido. En caso de que no se llegue a algún acuerdo, la RR está determinada a derrocar a la autoproclamada Presidente del Nuevo Reino Unido. Esto como un aviso al resto del mundo: el conflicto es interno, ningún país extranjero debe involucrarse. Por último, cientos de hombres y mujeres sin magia fueron rescatados del cuartel en Bristol, puestos en libertad tras una revisión médica y…

Prudence apagó la radio. Esperaba más de Voldemort, pero era un alivio que estuviera muerto. La estrategia para mantenerse como mandamás del Nuevo Reino Unido debía ajustarse de nuevo. Nada la quitaría del poder. Ella había nacido para liderar. Ahora sólo tenía que demostrárselo al mundo.


James despertó amarrado a su cama. Hermione estaba sentada junto a él, con las manos enguantadas.

―¿Piensas tenerme así para siempre? ¿Amarrado como un perro?

La castaña le acarició el cabello ―Necesito que me escuches. Esto no puede seguir durante más tiempo, James. Los soldados necesitan de ti. Yo necesito de ti. Deja esta locura.

Verla tan preocupada lo hizo sentirse mal, y quizá un poco avergonzado por su colapso anterior.

―No quiero vivir en su sombra, Hermione. Me vuelve loco.

―Lo sé. Pero debes comprender que no es ni será así. Ambos, a pesar de pertenecer a la misma alma, tienen personalidades completamente distintas.

―¿Y entonces qué? Sé que acabaste con Voldemort, eso nos acerca más que nunca a una vida sin guerra, ¿qué será entonces? ¿Seguiremos en este matrimonio enfermo de tres? Sé que ahora soy necesario por mi puesto militar, pero cuando todo acabe…

―James, te adelantas tanto, como siempre. Para empezar no sabemos si cuando acabe todo, los tres seguiremos vivos.

―Oh vaya, eso me tranquiliza más.

Hermione le sonrió ―Pensemos en eso después, ¿por favor?

―No puedo. Me come el cerebro el hecho de que exista gracias a Potter.

―No estás tomando todo en consideración, cariño. El Harry que convive con nosotros diariamente tampoco es el Harry Potter completo, él también es una versión inconclusa de sí mismo, y depende de ti tanto como tú de él.

―No quiero depender de nadie.

―No lo haces― Hermione soltó un suspiro ―De cierta forma, sólo dependes de ti, es decir, de Harry, y él de sí mismo, es decir, de ti James.

―Qué maldito desconsuelo. Pero esto no me sigue pareciendo bien, ¿qué pasaría si volvemos a ser uno? ¿Quién es Harry Potter en realidad?

Hermione besó su frente ―Ya veremos en ese momento.

―No puedo. Es imposible que deje este tema así como así. No quiero dejar de existir, no quiero mezclarme con el Potter que conozco, es un debilucho. Quiero ser James Fray para siempre. ¿Puedes prometerme eso, por el amor que me tienes? ¿Asegurarme que nunca perderé mi esencia?

―No.― Sollozó ―Lo siento. Pero sí puedo asegurarte que Harry no es ningún debilucho. Él ha pasado por mucho. Es más fuerte de lo que crees.

―Lo dudo― Masculló.


―¿Entonces son la misma persona? ¿Qué rayos significa eso?― preguntó Ron, alterado ―Es como si dijeras que una rana de chocolate y un pastelillo de calabaza son lo mismo. Absurdo.

―Quisiera saber cuál de los dos es el pastelillo…― sonrió Harry ―No lo sé, Ron. Es difícil. Aún no recuerdo a la perfección cómo fue que me dividí, sólo sé que lo hice por…

―Hermione, sí, sí― suspiró Ron ―Sabía que eran cercanos, pero no a ese punto. A mí también me gustaba ¿sabías? Estaba tan celoso de Viktor Krum.

―Eso sí lo recuerdo― sonrió el moreno ―¿Ya no sientes nada por ella?

―Es como mi hermana. Sabes que amo a Luna, no estoy interesado en Hermione. Los años no cambiaron nada, sólo asentaron las cosas. Quiero decir, ella y yo parecíamos hermanos, siempre discutiendo, tal vez fue la adolescencia lo que me convenció de que la chica con la que más convivía me gustaba. Ahora todo es más claro. Lo mismo ustedes. Algo existió desde el momento en que se conocieron. Era muy molesto esa forma de guardarse secretitos.

―No nos guardábamos secretitos― replicó Harry, divertido ―Nos ahorrábamos opiniones.

―Pero se las comunicaban con la mirada. No mientas, fui el mejor amigo de ambos, por lo menos durante nuestra pubertad. Ahora, eso sí ha cambiado. Hermione es más cercana a Luna que a ti o a mí, antes peor aún con Tonks viva. Tú y yo no logramos terminar de encajar ¿no? Y lo mismo me pasa con James. Será que ambos tienen cosas que le hace falta al otro para que podamos ser buenos amigos. Incluso Neville es más cercano a James.

―Lo sé. Es raro pensar que cierta parte de mí está tan lejos, funcionando por sí misma.

Ron soltó una carcajada ―¿Te has puesto a pensar cuando James y Hermione tienen sexo? Esa sí es una parte tuya lejos de ti, funcionando por sí misma.

Harry le lanzó una maldición.


―Es ahora o nunca ―dijo Sirius azotando las manos en la mesa. El resto de la RR lo escuchó atentamente―. Debemos aprovechar que la moral está más alta que nunca, eso es más poderoso que armas de última generación. Hay que ir inmediatamente al Parlamento y asesinar a Prudence.

Aplausos se escucharon de inmediato. Ron, sin embargo, alzó la voz para detenerlos.

―No es tan fácil, Sirius. Para empezar necesitamos la presencia obligatoria de Hermione en el Parlamento cuando caiga Prudence, para evitar revueltas y que sea claro que la RR ha vencido. Hay que pensar qué declaraciones haremos si eso llega a pasar. Lamentablemente Hermione no puede salir del Weyr hasta dentro de unos días, está exhausta física y mágicamente; lo mismo se puede decir de Harry, quien sería muy beneficioso en el Parlamento, pero que no puede ni mover un músculo ahora; no olvides, además, a James, quien sigue… en crisis. Necesitamos a James para que los muggles vean que tienen a alguien que los representa y defiende en la RR. Por último, no podemos ir simplemente a asesinar a Prudence, eso está fuera de discusión, Hermione fue muy clara: Prudence debe declarar su rendición, firmar el alto al fuego, y entregarse por su propio pie, o se creerá que la violencia se utilizó hasta el final, en vez de mediar por una paz. Parecerá que la RR se impuso, que somos el siguiente dictador sobre el Nuevo Reino Unido ―Ron cogió aire antes de continuar―. Lo que lleva a otra cuestión: ¿Qué forma de gobierno se establecerá tras terminar con la guerra?

Kingsley asintió, preocupado ―La RR debe desaparecer en cuanto se firme la paz, para evitar que sea estandarte de algún partido político o movimiento reformista. La RR debe ser recordada como la única resistencia durante la guerra, pero no más. Es decir que ninguno de nosotros se podrá involucrar en la reformación del Nuevo Reino Unido.

Sirius continuó ―Imposible, el pueblo clamará que Hermione permanezca liderándolos.

Ron negó ―Hermione es un símbolo de libertad, cuando la libertad sea alcanzada, Hermione pasará a ser leyenda. Es lo mejor.

Richard confirmó esa declaración ―Mi hija no necesita más responsabilidades. Cumplió con su objetivo: derrotó a Voldemort. La RR debe terminar con esto. Hermione merece descansar, olvidarse del mundo. Además… se encuentra muy inestable, es hora de alejarla de la guerra.

Por "inestable" todos entendieron que se refería a que Hermione estaba perdiendo la razón, pero nadie dijo nada.

Sirius se desinfló en la silla ―Habrá que organizar todo de nuevo. Ron, ¿qué propones?

El pelirrojo se sorprendió de tener los ojos de cada presente sobre él, ¿ahora era su responsabilidad decidir el siguiente paso? ¿Y si se equivocaba? Comenzó a sudar, ¿cómo hacía esto Hermione todo el tiempo?


Hermione miraba el techo, recordando el hocico de la serpiente gigante que había enfrentado el día anterior.

―¿Qué se supone que debo hacer ahora? ―preguntó a su amiga.

―¿A qué te refieres?

―Prudence debe ser obligada a terminar con la guerra, pero ¿cómo? ―soltó un suspiro― James está perdiendo la razón, el odio que siente por Harry lo consume con velocidad. Y Harry… por primera vez es libre de Voldemort, es decir que el motivo de su lucha ha desaparecido. Estamos tan perdidos.

―El significado de lo que acabas de decir es lo que te produce la sensación de estar perdida, Hermione, pero ello no implica que en realidad sea así. Están muy cerca de terminar con los tormentos, ¿será que la posibilidad de un futuro pacífico te da miedo?

Hermione se giró en la cama, en posición fetal ―No digas eso ―susurró―. Además, James está más cerca que nunca de su tormento: Prudence es su hermana política, no puede traerle mal. La deuda que tiene con Anne Fray es demasiada. Aunque Prudence entregue el Parlamento y se rinda, sabemos que su futuro no será grato: debe pagar por sus crímenes. El gobierno que se instaure se encargará de eso. James no podrá con la culpa.

―Tú también cargas con culpas. Harry también. Es hora de que James conozca lo que significa fallar, tal vez de esa forma sea más comprensivo con Harry, y decida perdonarlo por haberse dividido.

―¿Eso crees?

―Es necesario que James se equivoque por primera vez, ese hombre ha sobrevivido tomando una decisión correcta detrás de otra. Por más terco y temperamental que es, eso nunca ha provocado que deje caer a sus seres queridos, al contrario. Esa es la razón por la que juzga tan implacable a Harry. Cuando reconozca que él también puede fallar, sabrá perdonar.

―¿Y qué pasará después? Cuando Harry y James se perdonen. ¿Qué pasará con nosotros?

―No sé, cariño.

―Me da miedo que vuelvan a ser el mismo, creo… creo que ni siquiera recuerdo cómo es el verdadero Harry ―sollozó―. ¿Eso en qué me convierte?

―No te castigues, no te lo mereces. Debes descansar, Herm. Hazlo por tu madre y por mí, queremos que estés bien.

Hermione respiró profundamente.

―Sí, Tonks. Lo haré.


Gracias por leer,

Less.

*Fayad Jamís, Por esta libertad.