Capítulo Trece
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Aula de Entrenamiento
Harry tensó la cuerda del arco con cuidado, tratando de seguir las indicaciones que Evelyn le había dado antes de marcharse a una reunión con Snape.
Tras un par de segundos soltó la flecha, que fue a clavarse en el círculo exterior del blanco. Bajando el arco, miró el resultado obtenido con el ceño fruncido. Seguía estando lejos del centro, aunque la modificación en la posición de los dedos que Evelyn le había mostrado funcionó. Al menos consiguió atinarle a uno de los círculos. Le pediría a Ron que lo ayudara más tarde. Para su amigo, eso de disparar y dar en el centro no parecía ser un problema.
El pensar en Ron le trajo a Ginny a la mente de manera casi automática y su esfuerzo por olvidarse un rato del problema que tenía con ella, fracasó.
Se suponía que para eso había ido allí esa tarde. Para dejar de torturarse con el recuerdo de la desesperada expresión de la chica cuando le pidió ayuda casi un mes antes y él dijo que no. Para intentar librarse, aunque más no fuera por un par de horas, del dolor que le provocaba que ya no le hablara, que casi no lo mirara.
Suspiró frustrado y se apretó los ojos con el pulgar y el índice. Sabía lo que tenía que hacer. Lo sabía desde hacía una semana, sólo que también estaba seguro que no iba a ser fácil. Que tal vez no daría el resultado que esperaba. Y si era totalmente sincero consigo mismo, la idea le ponía la piel de gallina. Sin embargo, era hora de hacerle frente a sus miedos. Mathew y Evelyn contaban con él. Y Ginny lo necesitaba.
Se inclinó hacia el carcaj para tomar otra flecha y volver a intentarlo. Tomando aire despejó su mente de todo lo que no fuera su objetivo. Sin embargo, en el instante en que soltaba la flecha la voz de Ginny, gritándole cobarde, resonó en su cabeza y lo hizo errar por lejos.
- Mathew solía tener exactamente el mismo problema – dijo una voz a su espalda.
Sobresaltado, giró con brusquedad.
El director de Hogwarts estaba parado a un par de metros de él, con su expresión tranquila que ahora siempre parecía teñida con un dejo de preocupación.
Harry lo miró sin saber bien qué decir. No había hablado con él desde aquella mañana en que se enteró de por qué razón Voldemort había decidido que la profecía hablaba de él y no de otro niño. Y no estaba seguro de querer hablar con él en ese momento.
- ¿Y cómo lo solucionó? – preguntó entonces, apoyando el arco sobre la punta de su zapato.
- Optó por usar espadas y dejó todo lo que tuviera que ver con arcos, ballestas y flechas a Evelyn – respondió Dumbledore sonriendo.
- ¿O sea que él es bueno con espadas?
- Mejor que Evelyn.
El muchacho levantó una ceja, algo sorprendido.
- Pensé que ella era buena en todo.
El director sonrió con nostalgia.
- Pero no en todo es la mejor. Supongo que es esa conciencia de sus debilidades lo que la vuelve alguien más fuerte.
Harry pensó en lo que el mago acababa de decirle por un segundo.
- Ella dice que su fortaleza es Mathew – comentó entonces.
- La verdad es que, desde que se conocieron, ella supo que él sería su punto débil y durante mucho tiempo se empeñó en intentar alejarlo de su lado – dijo Dumbledore, pensativo -. Le llevó años percatarse que también era lo que la hacía más fuerte y le permitía mantenerse entera.
Harry recordó lo que Evelyn le había contado un par de semanas antes, sobre su amistad con Mathew.
"Tener a Mathew como mejor amigo muchas veces es un dolor de muelas. Me obliga a mirar lo que no estoy viendo, a considerar lo que no estoy teniendo en cuenta, a detenerme antes de actuar… Créeme, como amigo puede ser el tipo más irritante del planeta pero supongo que para eso están los amigos. Para obligarte a ser mejor".
Repentinamente, le pareció que todas esas razones por las cuales no había hecho lo que tenía que hacer para ayudar a Ginny, eran sólo excusas. Sí, era cierto. Él estaba asustado. De hacer lo que tenía que hacer. De lo que Ginny le provocaba con su sola presencia. Pero antes de hacer que su estómago se retorciera por el simple hecho de verla, Ginny había sido su amiga. Y él debía ser su amigo.
El reloj en la pared marcó la hora, diciéndole que si quería hacer lo que había planeado, era mejor que se pusiera en movimiento.
- Discúlpeme, profesor, pero acabo de recordar que tengo algo pendiente - dijo entonces, yendo a sacar del blanco las flechas para devolverlas al carcaj.
- ¿Aún estás enfadado conmigo, Harry? – preguntó entonces el profesor Dumbledore detrás de él.
El chico permaneció un momento colocando las cosas en su sitio, antes de tomar aire y girarse para enfrentar al mago.
- Sí – contestó en un tono cortante.
Un destello de dolor cruzó por las pupilas del viejo profesor.
- Yo nunca quise lastimarte, Harry. Todo lo contrario – dijo el hombre.
Metiendo las manos en los bolsillos del pantalón, Harry miró al director de Hogwarts con expresión pétrea.
- Sé que todo lo que usted ha hecho lo hizo para tratar de protegerme. Incluso entiendo que pensara que si no me hablaba de Mathew y Evelyn me estaría ahorrando dolor. Pero aún así, en los últimos seis años, cada vez que di un paso me encontré con que había algo que no sabía, algo que era realmente importante y que usted decidió ocultarme.
El enfado comenzó a crecer en su interior mientras hablaba, recordando todas esas ocasiones en las que anduvo a ciegas, y sus manos se cerraron en puños dentro de sus bolsillos.
- No importa si pensó que era por mi bien o no. O si creyó saber por lo que he pasado y sintió que era lo mejor. Me mintió, tomó decisiones sobre mi vida que no eran menores y luego se sentó a un costado a observar, sin darme explicaciones, sin molestarse en contarme la verdad. Como si yo tuviera el deber de hacer lo que a usted se le ocurría, sólo porque usted lo había decidido. Como si mi vida no valiera una mierda. Dígame algo, profesor Dumbledore, si Mathew y Evelyn no hubieran despertado de su coma, ¿me habría enviado a enfrentar a Voldemort, tal y como dice la profecía?
El rostro del viejo vigilante era una extraña mezcla de emociones. Vergüenza, culpa, determinación, resignación.
- Harry…
- Sí, lo habría hecho – lo interrumpió el muchacho –. Al fin y al cabo, eso es lo que usted hace. Lo que usted siempre ha hecho, ¿no? Usted es un vigilante. Evaluaba, investigaba, analizaba y luego enviaba a Evelyn a hacer el trabajo sucio.
- Tú no entiendes cómo son las cosas, Harry – dijo Dumbledore.
- Se equivoca, profesor. Entiendo perfectamente. Lo que tal vez usted no ha entendido jamás es que yo no soy Evelyn. No soy una cazadora ni nada que se le parezca. Sólo soy Harry – extendió las manos a los costados, con las palmas a la vista -. Sólo soy alguien que se ha pasado todos estos años cometiendo errores no sólo porque soy un adolescente, o porque soy impulsivo, o incluso estúpido sino porque tomé decisiones erróneas debido a que no me dijeron lo que tenía que saber.
El anciano dio un paso hacia el adolescente, con el ceño fruncido.
- Nunca vamos a saber todo lo que hay que saber, Harry.
- Es verdad – replicó el chico, metiendo nuevamente las manos en los bolsillos y mirándolo con determinación -. Pero creo que lo menos que pudo haber hecho fue decirme todo aquello que sí sabía.
- Sólo intenté protegerte de determinadas cosas porque creí que ya tenías que lidiar con demasiado – replicó el maestro.
Harry torció la boca y se acercó a la pared, inclinándose para tomar su mochila.
- Entonces me alegra que ahora haya alguien aquí que sabe que de lo único que no necesito que me protejan es de mi propia historia, profesor.
El director del colegio miró al adolescente parado frente a él, que le hablaba con calma a pesar de que se notaba que seguía molesto con él. Y repentinamente se sintió absolutamente aliviado de que Evelyn y Mathew hubieran despertado, porque Harry tenía razón. Él no sabía. Nunca había sabido. Y por eso se había equivocado tantas veces.
- Lamento haberte fallado, Harry – dijo finalmente.
Por un momento permanecieron en silencio, hasta que Harry tomó su túnica y comenzó a dirigirse hacia la puerta.
- Está bien, profesor Dumbledore. Uno se desilusiona en la medida en que espera algo de los demás. Y yo ya aprendí qué esperar y qué no de los que me rodean – se colgó la mochila del hombro e hizo un leve gesto con la cabeza en dirección a Dumbledore -. Si me disculpa, en verdad tengo algo importante que hacer.
Sin esperar a que el hombre dijera nada, abrió la puerta y salió de la habitación.
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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Biblioteca
La risa de Deloris flotó en el quieto espacio de la biblioteca interrumpiendo la tranquilidad del lugar, haciendo que Hermione frunciera el ceño y apretara los labios.
- ¿No podría ser menos histérica a la hora de reírse? Esto es una biblioteca. Además, ni que los chistes de Ron fueran tan graciosos – murmuró, molesta.
- Los chistes de Ron son graciosos, Hermione – dijo Ginny, aunque no había atisbo de diversión en su expresión.
- Esa idiota no se ríe porque lo que él dice le causa gracia. Sólo quiere que la vean con el Portero del equipo ganador de la Copa de Quidditch – replicó la bruja con desprecio.
Su amiga la miró, levantando las cejas con asombro.
- ¿El equipo ganador de la Copa de Quidditch? ¡Vaya! No sabía que nos tenías una fe tan grande.
- Por supuesto que tengo fe en ustedes. Tenemos el mejor buscador del colegio, tú eres una cazadora excelente, los bateadores no lo hacen mal y nuestro portero tampoco lo hace mal… el menos cuando se trata de Quidditch – terminó la frase lanzando otra mirada torva hacia Ron, que en ese momento parecía estar contando algo realmente fascinante, porque Deloris lo miraba como si estuviera viendo un dios.
Ginny contempló a la pareja que, sentada en una mesa cercana a la puerta, charlaba animadamente entre susurros, muy cerca el uno del otro. Por un momento observó a su hermano como si se tratara un chico cualquiera, y no el muchacho que fuera su compañero de juegos y complicidades desde que fue capaz de caminar.
Vio el cabello largo, que él lanzaba hacia atrás cada vez que caía sobre sus ojos. Lo alto que había llegado a ser, considerando que de niño era más bien bajo. La manera en que movía sus manos o el brillo de su dentadura blanca.
Asombrada se dio cuenta de dos cosas.
La primera, que su hermano era un tipo interesante.
La segunda, que parecía estar interesándole a más de una chica y toda esa atención le gustaba.
- Deloris parece encontrarlo fascinante.
Hermione bufó sin levantar su rostro del libro que tenía frente a ella en la mesa.
- Deloris es el tipo de chica que se derrite ante la sola idea de un jugador de Quidditch.
- ¿La has visto riéndose tontamente con otro chico?
- No.
- ¿Y entonces?
Hermione cerró el libro de golpe y miró a Ginny con fuego helado en sus ojos castaños.
- ¿Entonces qué?
Reprimiendo una sonrisa ante la reacción de la mejor amiga de su hermano, Ginny le devolvió una expresión calmada y analítica.
- ¿Por qué dices que es el tipo de chica a quien cualquier jugador de Quidditch le va bien?
- Porque es obvio que es así. Si Ron no tuviera una túnica con su nombre bordado en la espalda, te apuesto a que ella no estaría retorciendo su cabello alrededor de su dedo.
- Hermione…
- ¿Qué?
- ¿Por qué estás tan enojada?
- ¡Porque lo está usando! Bastará que aparezca otro jugador con mayor reputación o mejor posición y ella lo dejará. ¿Y entonces quién deberá aguantarlo? Nosotros.
Su categórica afirmación destilaba tantos celos que Ginny sintió pena. Ella sabía perfectamente bien lo que era mirar desde lejos el chico que te gusta y sentir que algo se quebraba en tu interior.
- ¿Acaso no crees que mi hermano sea capaz de atraer a alguien por ser simplemente Ron?
Hermione se quedó callada por varios segundos, con la vista clavada en el pelirrojo muchacho que se hallaba a varios metros.
- No, no es eso – dijo finalmente, suspirando. – Es sólo que… ella no parece la chica correcta, eso es todo.
Ginny se mordió el labio inferior, pensando en qué podía decir. Pero entonces sus ojos cayeron en Harry, que en ese momento entraba y se dirigía hacia Ron con paso decidido.
- Ron es capaz de reconocer a la chica correcta, ¿sabes? – murmuró.
- No estoy tan segura de eso – replicó Hermione con tristeza, tomando nuevamente su libro. – Además, este no es momento para andar por ahí siguiendo el mandato de las hormonas. ¡Estamos en guerra! ¿Acaso no es más importante intentar averiguar cómo estar mejor preparados para enfrentarnos a los mortífagos? ¿O cómo hacer para romper esa maldita profecía? Mathew y Evelyn dicen que si no nos preparamos, nuestras probabilidades se reducen.
- Mathew y Evelyn no tuvieron muchos reparos en conjurar un bargaine mientras se preparaban – apuntó Ginny. – De la manera antigua – agregó.
Hermione levantó el rostro y la miró, intentando encontrar una réplica adecuada, pero no halló ninguna.
- Hola.
El saludo de Harry hizo que las dos jóvenes levantaran la vista, sobresaltadas porque no lo habían escuchado acercarse.
- Hola Harry – Hermione le sonrió.
- Nos asustaste – le espetó Ginny, molesta.
A pesar de que habían pasado tres semanas desde su discusión en el Gran Salón, aún se mantenía una tirantez palpable entre ambos.
- Lo siento – se disculpó el chico.
- ¿Quieres sentarte? - ofreció Hermione, haciendo a un lado su abultada mochila.
- No, gracias – respondió Harry antes de volverse hacia la hermana de su mejor amigo. - Ginny, ¿estás muy ocupada?
La bruja se lo quedó mirando, algo sorprendida de que luego de tanto tiempo de silencio, él le hablara como si nada.
- Hermione y yo vamos a leer algunos de los libros que trajimos desde Grimauld Place – respondió finalmente, algo nerviosa ante la aprehensión que podía notar en la mirada de Harry.
- ¿Te importa si esta noche lees con Ron? – preguntó entonces el muchacho a Hermione.
- No, por supuesto que no – respondió ésta con prontitud, sin recordar que un segundo antes estaba totalmente molesta con Ron.
- Bien, ¿puedes venir conmigo entonces? – inquirió Harry a Ginny, que estaba mirando a Hermione como si hubiera cometido alta traición.
Apretando la mandíbula, la chica clavó sus ojos en las verdes pupilas del adolescente parado frente a ella. Al ver que parecía dispuesta a rechazar su pedido, Harry apretó las manos en los bolsillos y se apresuró a agregar:
- Ginny, no te lo pediría si no fuera importante.
- Yo te pedí algo importante y tú no tuviste ningún problema en negármelo.
- En ese momento no podía hacer lo que me pedías.
- ¿Y ahora sí puedes? – preguntó entonces Ginny levantando las cejas intrigada, al tiempo que la esperanza de conseguir lo que quería crecía en su interior.
Harry tomó aire.
No quería discutir su plan delante de medio colegio. A Ginny no iba a gustarle su idea, pero a él no se le ocurría ninguna otra forma de ayudarla.
- ¿Vienes o no? – replicó entonces.
Ella lo miró por un largo momento, intentando adivinar qué era lo que él quería hacer. Finalmente, asintió, con lo que Harry dejó salir el aire que había estado conteniendo.
- Bien… ¿vamos entonces? – preguntó.
Ginny tuvo la intención de preguntar adónde, pero se contuvo ante el nerviosismo que podía verse en el muchacho.
- Hermione, ¿llevas mis libros a mi cuarto?
- Claro – dijo la bruja, que claramente se moría por preguntar qué tenía en mente su amigo – Harry, recuerda que ya son casi las siete…
- No te preocupes, nadie va a vernos – replicó Harry.
Una nueva ronda de risas tontas se escuchó y el adolescente, viendo a Hermione torcer los labios con disgusto, se giró para ver de dónde provenían. Al ver a Ron sonriendo como idiota mientras Deloris lo golpeaba con afectación en el brazo, frunció el ceño.
- Te veré después, Hermione – dijo, mirando a su amiga con algo de preocupación ante su obvio malestar.
Ella asintió, sin apartar la vista de la pareja que estaba recibiendo una amonestación por parte de la señora Pince por hacer demasiado ruido.
Ginny se puso de pie y caminó con Harry rumbo a la puerta en silencio.
Hermione mantuvo sobre ellos sus ojos hasta que ya no pudo verlos. Entonces, desvió la vista hacia Ron y se encontró con que el muchacho la miraba, intrigado.
La chica ignoró la muda pregunta y, poniéndose de pie, comenzó a recoger sus cosas y las de Ginny, formando una pila considerable. Si su amiga ya no estaba allí, ella no iba a quedarse para escuchar las risas tontas de Deloris. Se iría al salón común de la torre y leería allí hasta que Harry y Ginny regresaran.
- ¿Adónde fue Harry con mi hermana?
Sobresaltada, dejó caer varios pergaminos.
- ¡Ron! ¡No hagas eso!
- ¿Qué cosa?
- Acercarte como si fueras un… ladrón o algo.
El muchacho levantó las cejas, algo confundido.
- ¿Ladrón?
- ¡Sin hacer ruido! – aclaró Hermione en voz demasiado alta, con lo que recibió una mirada desaprobadora de la señora Pince.
- Yo hice ruido. Tú no me escuchaste, que es diferente – aclaró el muchacho.
Ignorándolo, Hermione se colgó la mochila de Ginny al hombro e intentó coger todas sus cosas entre las manos, pero se le dificultó por la gran cantidad de peso.
- Dame eso – dijo Ron, tomando algunos de los libros y pergaminos.
- Quédate. Yo puedo llevar todo esto. No quisiera interrumpirte– replicó la chica con sequedad, mirando de reojo el gesto torcido de Deloris.
- No interrumpes nada. Estaba por ir a dejar mis cosas… es casi la hora de la ronda – aclaró Ron.
- ¡Vaya! Me asombra que en medio de tantas risas pudieras recordar tus obligaciones – murmuró, apretando la mandíbula.
- ¿De qué diablos hablas? – preguntó Ron frunciendo el entrecejo.
- Hablo de que te olvides de pedirme prestada mi tarea más tarde, Ronald. Si tú desperdiciaste tu tiempo de estudio riéndote con Deloris no esperes que luego yo te dé todo hecho.
- No iba a pedirte nada – replicó el muchacho.
- Perfecto, porque no iba a prestarte nada – le espetó Hermione con enfado.
Sin más salió de la biblioteca seguida por Ron, quien al notar el grado de mal humor que la embargaba maldijo por lo bajo. Ahora tendría que pedirle la tarea a Harry, aunque claro, ¿quién podía saber si Harry la había hecho? Quizás era mejor pedirle ayuda a Neville. Al fin y al cabo, se trataba de Botánica. Neville era mejor opción que Harry.
El nombre de su amigo le trajo a la mente la pregunta que Hermione no había respondido un momento antes, por lo que se apresuró a alcanzarla en el pasillo.
- Sobre Harry y Ginny…
- No tengo idea de adónde fueron, Ron – replicó la chica, caminado muy erguida y sin mirarlo. – Pero por lo que Harry dijo, creo que tiene que ver con la negativa de Ginny a bajar a la cámara.
Ron suspiró.
- ¡Ah, eso! Lleva días intentando encontrar un modo de solucionar su pelea con ella.
- Quizás se le ocurrió algo… ¿No te comentó nada? – preguntó entonces la bruja, repentinamente interesada.
- No… supongo que tendremos que confiar en él, ¿no? – replicó el mago.
Los dos adolescentes se miraron por un segundo.
Ambos querían a Harry, pero también sabían que últimamente el asunto de la Cámara Secreta parecía tenerlo algo desubicado. Y aunque no habían hablado del tema, los dos eran consientes de que había algo pendiente entre su mejor amigo y Ginny.
En un segundo recordaron la manera un tanto desastrosa en la que Harry manejó su relación con Cho y lo irritable que había estado el último mes.
- Creo que sería mejor si echáramos un vistazo al mapa de los merodeadores – sugirió Hermione, retomando el paso con mayor rapidez -. Sólo por si acaso.
A su lado, Ron asintió, apresurándose también.
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Norte de Highgate
Cementerio de Highgate
Los grillos cantaban en la noche, escondidos en el húmedo césped que rodeaba las bien cuidadas tumbas. Las tres figuras caminaban por entre las lápidas en silencio. Las dos que iban adelante se movían con fluidez y agilidad, mientras que la que iba detrás lo hacía de forma grotesca y dificultosa.
Evelyn observó una lechuza que cruzó por encima de sus cabezas y jugó con la estaca que tenía en su mano derecha. A su lado, Mathew caminaba con las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta liviana. En algún punto ambos sentían como si el tiempo no hubiera pasado y esta fuera una patrulla más. Caminando por el cementerio a la luz de la luna, charlando sin emitir palabra, desplazándose sin hacer ruido.
"No sé qué podemos decirle", dijo el mago.
"No podemos decirle nada", replicó su esposa, resignada. "Si Harry se parece a mí en algo, no va a escucharnos. Y si se parece a ti en algo, entonces su capacidad de escucha es aún menor".
"¡Hey! Si mal no recuerdo, el único que tuvo que luchar a brazo partido por mantener esta relación desde sus comienzos fui yo. Tú eras la que no quería saber nada de mí", le señaló el mago, pateando una piedra.
"Exacto. ¿Y me escuchaste? No. Más importante todavía, ¿habrías escuchado a tus padres si te hubieran dicho que te mantuvieras alejado de mí?"
"¡Por supuesto que no!"
"Pues ahí tienes. Cuando tenías la edad de Harry y no querías atender razones, hablar contigo era como hablar con una pared", afirmó la bruja, haciendo girar la estaca entre sus dedos
Mathew la miró con sorna.
"Porque tú eras todo oídos, ¿no?"
"Yo tenía excelentes motivos para no dar el brazo a torcer."
"Sí, recuerdo esa patética excusa tuya de mantenerme a salvo."
"¡Tenía miedo por ti!", exclamó ofendida.
"Corrección, querida. Tenías miedo de mí y de ti. Algo totalmente diferente. Y por cierto, creo que Harry heredó tu fascinante falta de habilidad para tener una relación con el sexo opuesto que no sea amistad."
Evelyn le lanzó una mirada torva y levantó las cejas.
"Bueno, puedes verle el lado positivo."
"¿Cuál lado positivo?"
"Si Harry tiene más de mí que de ti, no parece que en un futuro cercano vayas a necesitar tener con él una de esas fascinantes charlas sobre las abejas y los pájaros".
La expresión de Mathew casi hizo que Evelyn estallara en carcajadas. La brisa fría de la noche agitó el cabello de la bruja y la chaqueta del mago.
"Créeme, prefiero tener con él esa charla y no la que tuve con mi padre cuando me entregó aquel bendito libro de tapas rojas", un estremecimiento recorrió a Mathew al recordar a su padre ofreciéndose a enseñarle a conjurar métodos anticonceptivos.
Una mirada de espanto le llegó desde Evelyn.
"¿Crees que él y Ginny podrían tener relaciones?"
"Bueno… no ahora. Por lo que sé, en este momento ella ni siquiera le habla. Pero si las cosas terminan como creo que van a terminar, no sería algo tan increíble de pensar"
Evelyn se detuvo en seco, con las facciones teñidas de preocupación.
"Ellos no pueden tener relaciones… son apenas…"
"Un año más jóvenes de lo que éramos nosotros cuando hicimos el amor por primera vez", afirmó Mathew con las cejas levantadas.
- Mierda – murmuró Evelyn.
- Secundo tu opinión – replicó su esposo.
- ¿Ocurre algo? – preguntó Ojoloco Moody, alcanzando a la pareja ahora que se había detenido.
- No, nada – respondió Mathew con rapidez.
- Entonces dejen de charlar y muevan el trasero – replicó el viejo auror, pasando por entre los dos con su dificultoso andar. – No tenemos toda la noche y ustedes deberían estar concentrados, no hablando de quién sabe qué… - la letanía se alejó junto con el mago, que se alejaba entre los lápidas –. Esa manía que tienen de charlar mientras están en una misión terminará por acarrear un desastre un día de estos.
Mathew y Evelyn intercambiaron una mirada y reanudaron su marcha siguiendo los pasos del maltrecho hombre.
"Si Harry y Ginny pasan de amigos a novios, tú serás el encargado de hablar con él sobre los pájaros, las abejas y el libro que te dio tu padre", anunció Evelyn.
"Bien, yo hablo con Harry sobre todos esos temas y tú hablas con Molly", replicó su marido
La bruja lo miró con el ceño fruncido.
"Eres un cobarde, Whitherspoon"
Él sonrió de lado y levantó uno de sus hombros.
"Sólo respeto el decimotercer mandamiento"
"¿Cuál mandamiento?"
"Soldado que huye sirve para otra guerra"
Ella resopló por lo bajo y lo miró torcido. La rasposa voz de Ojoloco Moody dio la charla por terminada.
- Aquí es.
Los dos magos se detuvieron a ambos lados de Moody y contemplaron la tumba contra la cual Harry se encontró atrapado dos años atrás, la noche en que Peter Pettigrew perdió su mano y Voldemort ganó nuevamente su cuerpo.
