CAPÍTULO 14

A medida que transcurría el tiempo, se hizo habitual que Akaashi y Kenma se dejaran caer por el departamento de Bokuto y Kuroo, siempre que los horarios de unos y otros lo permitieran, para estudiar juntos con todo el grupo. Los dos más jóvenes estaban preparándose para el ingreso a la universidad y no les venía mal estudiar con alumnos que ya eran universitarios (aunque la mitad del tiempo no lo parecieran.)

Una de esas frías tardes, después de terminar con los estudios de aquel día, se pusieron a ver un especial de películas de terror que de casualidad pasaban en la TV. Todos estaban en silencio y concentrados en la pantalla, salvo Bokuto que no dejaba de moverse nervioso en su cojín, cambiando de posturas todo el rato, golpeteando el suelo con el pie o la mesa con un dedo; hasta que Akaashi lo mandó a estarse quieto. Permaneció en calma unos minutos, como un niño en penitencia, hasta que afuera el viento hizo sonar una rama y él pegó un salto que trató de disimular carraspeando y cambiando de postura.

—Bro… —dijo Bokuto por lo bajo.

—¿Mmh?

Kuroo apoyaba la barbilla sobre la cabeza de Kenma, a quien tenía sentado entres sus piernas y aovillado entre sus brazos, mientras veían la película con atención.

—¿Kenma tiene miedo?

—No, solo no le gusta el frío —repuso Kuroo sin apartar la vista de la pantalla.

—Ya veo… —murmuró Bokuto, pensativo.— Akaashi, tengo frí...

—No —replicó Akaashi rotundamente.

Bokuto hizo un mohín enfurruñado y estuvo en silencio unos pocos segundos. Entonces gateó hasta el cojín de Kuroo.

—Permiso, Kenma, el Bro mayor también tiene frío —dijo mientras corría al muchacho y se ubicaba encima de Kuroo.— Ya sabes, "Bros before hoes", "Los amigos antes que las mujeres", y todo eso.

—Soy hombre —murmuró Kenma, pero aún así se hizo a un lado y le dejó el lugar a Bokuto.

—Shhh —chistó Oikawa.— Quiero escuchar.

Kuroo hizo una mueca mientras trataba de acomodarse. Claramente no era lo mismo tener encima el cuerpo menudo de Kenma, que acunar la humanidad de Bokuto. Sin embargo no dijo nada, porque sabía que el búho idiota le temía a las cosas de terror y después tenía pesadillas.

Una hora y media después, cuando terminó la película, Bokuto anunció que se le había pasado el frío y se soltó de Kuroo. Entonces reparó en que Akaashi había refugiado a Kenma entre sus brazos.

—¡Akaaaashi! —se indignó Bokuto.

—Lo llevaré a la habitación —dijo Kuroo poniéndose de pie para tomar a Kenma, quien se había quedado dormido encima de Akaashi.

—La próxima película es "Escalofríos en la cueva" —leyó Daichi en la TV.— Trata sobre un campamento deportivo en el que hacen una prueba de valor y…

—¡En el otro canal están dando "Tinker Bell"! —lo interrumpió Bokuto.— Yo sé que te debe gustar, ¿verdad, Ushibro?

—Ushivaca es una princesa de Disney, no una hadita chillona —comentó Oikawa.— Aunque sea igual de odioso que esa fulana de Tinker Bell, claro…

—Prefiero la película de terror —confirmó Ushijima.— ¿Tienes algo en el ojo? —preguntó sin entender los guiños exagerados de Bokuto a espaldas de los demás.

—Esa sinopsis me trae recuerdos de mi primer campamento de entrenamiento en Fukurodani —comentó Akaashi entonces.— También tuvimos una prueba de valor y Bokuto—san…

—¡HEY, HEY, HEEEY, LA PIZZA LLEGÓ! —volvió a interrumpir Bokuto.

—No pedimos ninguna pizza —puntualizó Oikawa.

—¡Llegó a mi mente! —aclaró Bokuto señalándose la cabeza.— ¡Debemos pedir pizza! Ven, Akaashi, llama tú, suenas bien por teléfono.

Akaashi lo observó con gesto cansino, pero hizo el llamado en cuestión. Dos horas y cuatro pizzas más tarde, todos estaban con el estómago lleno y soñolientos (Bokuto se había pasado toda la película encima de Kuroo una vez más.)

—Deberíamos regresar a los dormitorios —le dijo Daichi a Ushijima mientras se desperezaba.

—Sí, es tarde —asintió Ushijima. Tomó algunos textos y cuadernos suyos para guardarlos en la mochila, y de uno de ellos se desprendió una carta con corazones que cayó sobre la mesa.

—Vaya, vaaaaya, ¿qué tenemos aquí? —Tooru sonrió ladinamente, apresurándose a tomar la carta para examinarla.— ¿Una declaración, Ushijima? Qué mal de tu parte no contarnos algo así —sacó la lengua por un costado mientras abría el sobre y sacaba la hoja.

—Solo había olvidado que la tenía —se excusó el muchacho sin inmutarse.

—¿Desde cuándo está guardada ahí? —quiso saber Daichi, empezando a sentir pena por la chica.

—Desde… —Ushijima hizo los cálculos mentales—… antes de las vacaciones de verano.

—¡Hace cuatro meses de eso! —exclamó Tooru.— ¿Y qué le respondiste?

—Nada —todos lo miraron fijo.— ¿Tenía que responder algo?

—Eres una princesa-vaca sin alma —dijo Tooru meneando la cabeza y se dispuso a leer la carta.

—Tendrías que haberla rechazado apropiadamente, Ushijima —le explicó Akaashi con tranquilidad.— Si no estabas interesado en ella, debías aclarárselo lo más amablemente posible.

—Ya veo.

—¿Acaso era fea? —quiso saber Kuroo.

—No lo sé, no recuerdo su cara.

Todos pusieron los ojos en blanco.

—¡Pero si esto lo escribió Suzume-chan! —anunció Tooru tras terminar de leer la carta y ver la firma.

—¿Quién? —Bokuto nunca recordaba nombres ni caras que no le interesaban.

—Ya sabes, la chica linda de la facultad de Literatura —le recordó Kuroo.— Es hermosa y muy madura, aunque al parecer tímida, confesándose por carta en la universidad…

—¡Una chica linda! —exclamó Bokuto, mirando fascinado a Ushijima.— ¿No te gustan lindas, Ushibro? —el chico se encogió de hombros por toda respuesta.

—¿Cómo te gustan las chicas? —inquirió Kuroo con interés.

Ushijima parecía totalmente perdido en aquel terreno, solo se encogió de hombros de nuevo.

—Algún gusto debes tener —se impaciento Oikawa.— Hasta un cerebro de esponja como tú tiene sus preferencias —siguieron sin obtener contestación.— Mira, por ejemplo, a Kuroo le gustan con cabello largo y de cuerpo pequeño —Kuroo asintió.— A Daichi le gustan del tipo agradable y maduro —el chico también asintió.— A Bokuto le gustan… le gustan… —chasqueó los dedos, buscando la respuesta.— ¿De qué tipo te gustan, Bokuto?

—¡Akaashi! —sonrió el chico.

—Sí, ya sabemos eso, ¿pero qué es lo que te atrae de alguien?

—¡Akaashi!

Keiji le hizo señas a Oikawa para que lo dejara estar.

—Gracias por tu esclarecedor ejemplo, Bokuto —ironizó Tooru.— En cuanto a mí, me gustan las serias de cabello negro y fuertes brazos.

—¿Seguro estás hablando de chicas? —murmuró Kuroo por lo bajo, sonriendo.

—Entonces, Ushiwaka —continuó Tooru, ignorando a Kuroo—, ¿cómo te gustan a ti? Vamos, no pido algo filosófico, solo una descripción física. Algo que veas y te agrade.

Ushijima frunció el ceño, meditándolo unos momentos.

—Pues, me gustan con curvas —dijo entonces, con la mirada fija en un punto perdido.

—Ajá, ¿y qué más?

—Que se sientan suaves pero firmes al tacto…

Kuroo asintió, de acuerdo con aquello. Ushijima continuó:

—Y que reboten bien.

Todos permanecieron desconcertados un momento.

—¿Que rebote bien en la cama? —aventuró Kuroo, y Daichi le dio un codazo.

—No, contra el suelo —aclaró Ushijima.

Lo observaron horrorizados hasta que Akaashi les hizo señas a los demás, en dirección a un bolso. Ushijima había estado mirando la pelota de volley guardada allí mientras describía el físico ideal según él.

—Eres un imbécil —murmuró Tooru.

Un rato más tarde cada quien había vuelto a su casa salvo Kenma y Akaashi, quienes pasarían la noche allí porque el viaje de regreso a sus hogares era muy largo. Ya eran pasadas la una de la madrugada pero en el complejo de apartamentos nadie dormía. En la primera habitación Kuroo le cubría la boca con un beso a Kenma para tapar sus gemidos y que nadie los oyera "rebotando". En el dormitorio cruzando el pasillo, Bokuto descansaba la cabeza sobre las piernas de Akaashi mientras le contaba sus traumas de infancia con las películas y relatos de terror, en tanto Keiji tomaba nota mental para ampliar la lista de debilidades de Bokuto. Y al otro lado de la pared, en el departamento vecino, Tooru estaba que caminaba por las paredes.

Minutos atrás le había llegado una foto de Iwa-chan que le enviaba Hanamaki. Desde las vacaciones de verano que Iwaizumi había empezado a trabajar medio tiempo en un restaurante (razón por la cual se veían menos, ya que Tooru no podía viajar los feriados a Miyagi por los entrenamientos extra, e Iwaizumi no podía venir a Tokio porque le tocaban sus turnos de trabajo.) Tooru adoraba cómo se veía Iwa-chan en su traje de mozo, pero como obviamente él no le iba a mandar ninguna foto de sí mismo en su uniforme, le había pedido a Makki que se las enviara en su lugar. Y en esta foto que le acaba de llegar, Iwaizumi no estaba solo. Era una foto grupal, estaban todos los compañeros de Iwa-chan presentes, y una chica colgaba de su brazo, risueña y cándidamente.

Tooru miraba el reloj de pared impaciente, esperando que llegara la hora de poder llamar a Iwaizumi, porque sabía que ese día salía tarde del trabajo. Cuando por fin el reloj marcó la una y media, lo llamó.

—¿Quién es? —fue lo primero que preguntó Tooru en cuanto Iwa-chan contestó.

—¿De qué hablas, Mierdakawa? —suspiró Iwaizumi; se le notaba el tono cansado.

—La foto grupal que te sacó Hanamki —le recordó.— ¿Quién es?

—Ah, sí, supuse que saltarías con algo así —otro suspiro.— Hana es una compañera nada más, solo que es muy alegre y…

—No hablo de ella —lo interrumpió Tooru.— Hablo del chico alto ese que te mira desde el extremo izquierdo.

—No sé de quién hablas —Oikawa se lo describió.— Ah, Takahashi. Es un buen compañero, ¿qué hay con él?

—Te desea.

—No digas estupideces.

—¡No son estupideces! ¡Solo observa cómo te mira! —Iwaizumi resopló con sarcasmo al otro lado de la línea.— ¡Hablo en serio! ¡Te mira como yo te miro desde los catorce años!

—Él no tiene esa cabeza ridícula sobre los hombros como tú, Mierdakawa, no compares.

—¡Te desea, yo lo sé!

Un rato después terminaron la conversación sin que Iwaizumi le creyera, pero Tooru quedó con aquella idea dando vueltas en su mente.

Por fin, el siguiente feriado sí pudo viajar a Miyagi. Quería pasar por el restaurante-café donde trabajaba Iwaizumi sin avisarle, para verlo en acción (y de paso para vigilar al tal Takahashi, si es que estaba de turno.)

—Hay que actuar casual, para que Iwa-chan no nos descubra —iba diciéndole Tooru a Daichi y Ushijima, que caminaban con él rumbo al local en cuestión.

—Claro —asintió Ushijima.

—¿Y por qué venimos contigo? —preguntó Daichi de pronto, con las manos en los bolsillos.

Tooru lo miró y frunció el ceño.

—No tengo idea —admitió.— ¿Qué hacen acá?

Últimamente pasaban tanto tiempo juntos, que los planes de uno terminaban siendo del otro y compartían todo. Los tres se encogieron de hombros y siguieron caminando mientras Tooru les exponía sus dudas. Daichi le decía que para él no era algo de lo que preocuparse tanto, pues Iwaizumi era un tipo serio, y Ushijima se mostraba de acuerdo con él.

—Es posible que se enoje si lo persigues —comentó Ushijima.

—¿En serio?

—Sí, eso creo.

—No, ¿en serio , el "Acosador Número Uno", me advierte que no acose? —dijo Oikawa con sarcasmo.

—Hay que hacerlo con responsabilidad —repuso Ushijima seriamente.

—Mira al cielo, Ushijima, ¿ves esas nubes? —le puso una mano en el hombro y con el otro brazo señaló hacia arriba.— Tienen formas curiosas, ¿verdad? Mira esa, por ejemplo. Tiene forma de: "Me importa una mierda tu opinión, Ushivaca."

—No la veo —respondió Ushijima, contemplando el cielo con atención.

Daichi rió por lo bajo mientras Oikawa ponía los ojos en blanco. Finalmente llegaron al restaurante y se ubicaron en una mesa. Los atendió la tal Hana muy alegremente y les pasó los menúes, detrás del cual se escondió Tooru para espiar a Iwa-chan, quien atendía mesas en el otro extremo del salón.

—Le queda tan bien ese uniforme —murmuró Toorru extasiado.— Miren cómo le marca los brazos…

Se estiró tanto para observarlo que se cayó de la silla y justo empujó a un mozo que pasaba por allí con la bandeja. Un plato de fideos terminó sobre la cabeza de Oikawa.

—¡Disculpe, señor, no lo vi! —decía el mozo, apurándose a ayudarlo.

—Está bien, fue mi culp… ¡! —se sorprendió Tooru. Aquel mozo era el tal Takahashi.

—Lo siento, ¿nos conocemos, señor? —preguntó el chico.

—Sí. ¡No!… no me llames señor.

—¿Oikawa?

Atraído por el barullo, Iwaizumi se había acercado a la zona. Daichi pretendió estar muy interesado en la lámpara que iluminaba la mesa, mientras Ushijima se apresuraba a sacar algo de la mochila. Rápidamente le puso unas gafas oscuras y un bigote a Oikawa, él se puso lo mismo y se subió la capucha de la chaqueta, cruzando las piernas.

—¿Qué haces? —masculló Daichi dándole una patada por abajo de la mesa.

—Oiwaka dijo que que había que ser casual si aparecía Iwaizumi —le recordó Ushijima.— Bokuto nos prestó el atuendo casual.

—¿"Oiwaka"? —repitió Iwaizumi, con un rictus en los labios.

—¿En el menú tienen "Suicidio espresso"? —le preguntó Tooru a Takahashi.

Finalmente el encargado le ofreció un pedido sin cargo a Tooru por las molestias ocasionadas con el accidente, e Iwaizumi le dijo que hablaban en una hora y media, cuando tuviera su descanso. Su expresión no auguraba nada bueno. Durante esa hora Tooru confirmó sus sospechas sobre el tal Takahashi: sus ojos siempre se desviaban hacia donde sea que estuviese Iwaizumi en ese momento, y no perdía oportunidad para compartir una sonrisa o una palabra con él. Sin embargo, no tenía más argumentos que su corazonada para sostener su acusación sobre el chico, e Iwa-chan no le creería eso.

—No sabía que vendrías a Miyagi —le dijo Iwa-chan en cuanto tuvo su descanso; estaban en una calle lateral al restaurante. Ushijima y Daichi se habían ido.

—Ninguno lo sabíamos —explicó Tooru.—Nos avisaron a última hora que nos daban el feriado libre de entrenamientos y decidimos viajar.

—Igual podrías haberme avisado.

—Quería darte una sorpresa.

Sin embargo, la sorpresa fue para Tooru. Iwaizumi no solo estaba cortante y molesto, si no que aquella noche no se podrían ver porque él asistiría a una reunión con sus compañeros de trabajo, en honor al feriado de "Día de Acción de Gracias por el Trabajo". Y al otro día tampoco podrían verse porque Iwaizumi había aceptado trabajar en feriado ya que le pagarían el triple. Finalmente se vieron únicamente un rato antes de que Tooru tomara el tren de vuelta a Tokio, y terminaron en una pequeña pelea cuando salió nuevamente el tema sobre Takahashi, a raíz de la reunión de la otra noche.

Una vez de vuelta en Tokio, el nivel depresivo de Tooru era tal que los demás no sabían qué diablos inventar para animarlo. Bokuto llamó a Akaashi, experto en levantar la moral de estrellas drama-depresivas, pero hasta para él aquello era un reto. El siguiente fin de semana Kuroo y Bokuto organizaron una reunión con muchas personas de la universidad y todos terminaron en el karaoke, pues los chicos sabían que a Tooru le gustaba cantar sus penas.

—¿Cómo está Oikawa? —preguntó Daichi, recién llegando al lugar junto con Ushijima.

—Hace cuarenta y cinco minutos que no suelta el micrófono —respondió Kuroo señalando un rincón.— Ha pasado por todo el repertorio de los ochenta, de a poco se acerca a los noventa.

Tooru estaba sentado en un sillón apartado del resto, sumido en su representación musical.

It must have been looooove, but it's oover nooow —en ese momento entonaba la canción de Roxette.— It must have been good, but I lost it somehow…

De algún modo lograron que Tooru soltara el micrófono un rato y lo hicieron que tomara una bebida para recuperar el aliento. Mientras, como estaba presente la chica que le había enviado la carta a Ushijima (esto planeado por Kuroo), convencieron al chico de que pasara al frente y cantara algo.

Ushijima pasó adelante y, tras elegir la canción que iba a interpretar, se paró bien recto con su expresión seria de siempre. Empezaron a sonar los primeros acordes de una canción suave y melodiosa.

Vivo por ella sin saber, si la encontré o me ha encontrado —comenzó a cantar Ushijima, con una voz de tenor casi como Andrea Bocelli, para sopresa de la mayoría de los presentes. Y no solo eso, prosiguió en italiano.— Vivo per lei perchè mi fa vibrare forte l'anima. Vivo per lei e non è un peso… Vivo per lei che spesso sa, essere dolce e sensuale…

Todos permanecieron atentos a la intensa voz de Ushijima, transportados por un rato a través de la melodía. La chica que le había mandado la carta lo observaba embelesada.

—… Io vivooo per leeeeeeiiiiii —terminó de cantar Ushijima.

Todos aplaudieron con ganas. Algunos de los presentes incluso tenían lágrimas en los ojos, y cuando Ushijima esbozó una cálida sonrisa al finalizar, la mayoría hubiese jurado escuchar un "doki-doki" en su pecho. Salvo Oikawa y compañía, que sabían que Ushiwaka le cantaba a la pelota de volley guardada en su bolso.