Estaba harta, impaciente, no podía soportar los nervios de no saber donde estaba su pequeña, ni tampoco tener ninguna noticia sobre quienes habían ido al pueblo a indagar; habían pasado horas desde que había amanecido, de hecho poco faltaba para el crepúsculo, y no había recibido información alguna. Se levantó y sigilosamente se dirigió al vestíbulo caminando por los pasillos menos concurridos, con un poco de suerte conseguiría salir del castillo sin ser vista; no quería dejar a su hijo mientras estuviera en la enfermería pero si quien se había llevado a su hija era quien sospechaba, tenía que ir en su busca, a saber lo que le podría hacer.
Apenas había salido a los terrenos, una mano cálida se posó en su hombro, se giro aunque no le hiciera falta hacerlo para saber quien se hallaba tras ella.
- No deberías hacerlo – le dijo
- Tengo que ir Godric – afirmo dejando escapar una lágrima – es mi...
- Lo se – la interrumpió – se lo que estás pensando
- Entonces déjame marchar – le dijo dejando escapar una lágrima
- No puedo – dijo dulcemente
Ella no miro suplicante.
- Entonces ven conmigo
- De acuerdo – dijo Godric automáticamente - ¿algún plan?
- Si quien yo creo esta involucrado, se de un lugar en el que tal vez...
- Vayamos al pueblo, luego nos apareceremos en ese lugar, tu solo guíame, Helga.
Caminaron por el bosque durante horas siguiendo las huellas en el barro que habían dejado tras de si el caballo y el caminante.
- ¿Crees que vamos por buen camino? – pregunto Lancerot manifestando las dudas que tenía desde que se habían puesto en camino.
- Espero que si – respondió con seriedad – era la única pista a seguir.
- Pero, ahora que lo pienso, si yo huyera de un lugar me aparecería en otro – manifestó Lancerot.
- Cualquier mago, se aparecería o viajaría por los caminos principales no ocultos en los bosques a menos no quieran ser vistos o fuese alguien sin capacidad para usar la magia – reflexiono Brian.
- ¿Un muggle en Hogsmade? – inquirió escéptico Lancerot – creía que ellos temían viajar al norte.
- Si, lo sé, y eso es bastante preocupante – dijo con el ceño fruncido – además, no creo que sea un muggle quien esta detrás de esto.
- Cada vez estoy más seguro de que se trata de algo planeado – afirmo Lancerot.
Brian asintió y ambos siguieron caminando en silencio hasta llegar a un inmenso claro donde el rastro se perdía completamente. En el centro del claro había una estructura de madera, parecía un establo pero mucho más grande, como si fuera una especie de almacén.
Ambos se miraron unos instantes.
- Bien, vamos allá, Lance
- De acuerdo, yo te cubriré.
- Lo haremos mutuamente.
Hacía poco que había despertado, le dolía la cabeza, miro a su alrededor, se hallaba en una estancia alargada, sumida en la penumbra, apenas había luz; además de la cabeza, le dolían los brazos parecía que iban a separarse del tronco pues los tenía fuertemente atados a la espalda. No sabía cuanto tiempo había estado así, ni en ere lugar.
En eso noto que alguien se le acercaba, no podía verle pero podía oír como arrastraba los pies.
- ¿Quién eres? – inquirió haciendo acopio de todas sus fuerzas.
- He estado esperando esto durante años, nadie me deshonra y sin pagar por ello – le dijo fríamente.
- ¿De que hablas?
- Lo sabes perfectamente, pienso causarle tanto mal como grande fue mi deshonra.
- No se de que me hablas payaso – le dijo rabiosa - ¿Tan valiente eres que me tienes que tener atada a una silla? – añadió burlándose – que sepas que eso no te hace más hombre, miserable gusano apestoso.
El hombre le dio un puñetazo en el rostro partiéndole el labio, Hestia se lamió el corte y se rió.
- Desde luego eres el hombre más valiente con el que he tenido fortuna de cruzarme – dijo irónicamente – golpear a alguien a quien tienes inmovilizado necesita de mucho valor.
- ¡Cállate!
El hombre iracundo, comenzó a golpearla con los puños y los pies por todas partes hasta que en uno de los golpes derivó la silla y con ella a Hestia, esta desde el suelo lo miro desafiante.
- Definitivamente eres especialista en autocontrol
Entonces el hombre desenfundo una espada
- Una palabra más, una sola palabra – dijo fríamente apuntando con la espada al cuello de Hestia – y te matare, vuelve a hablar y atravesaré tu cuellecito con ella.
Se acercaron sigilosamente al edificio poniendo en práctica el plan que habían diseñado, Lancerot, entro por la puerta mientras que Brian se encaramo a la parte superior con el fin de sorprender a quien se hallaba en el interior desde arriba. Nada más entrar, Lancerot vio a Hestia en el suelo y decidió acercarse a ella.
El extraño que se hallaba escondido, espada en mano embistió contra él, pero antes de que legara siquiera a estar a un metro de el extraño salió despedido por los aires, soltando un grito; Lancerot se volvió viendo de donde procedía y desplazó la mano a la empuñadura de su espada.
En ese preciso instante, Brian que se encontraba en las vigas, salto al suelo con la capucha cubriéndole el rostro cayendo completamente erguido.
- Yo me encargo, Lance – dijo en un susurro.
El desconocido se levanto y volvió a arremeter con la espada, esta vez contra Brian; este extendió su mano derecha atrayendo rápidamente la espada de Lancerot, moviéndose segundos después rápidamente para parar el golpe.
- Que comience la fiesta – dijo Brian bajándose la capucha y dejando que su capa se deslizara por sus brazos hasta quedar en el suelo.
Estableciéndose entonces un feroz duelo de espadas entre el desconocido y Brian, mientras Lancerot se propuso a desatar a Hestia, pero nada mas llegar a su lado quedo suspendido en el aire dentro de una red que colgaba de las vigas, su varita había caído al suelo, afortunadamente tenía una pequeña daga con la que comenzó a cortar las gruesas cuerdas que componían la red. Hestia contemplaba en silencio lo que sucedía.
Brian y el desconocido luchaban, acero contra acero en un baile mortal del que Brian con sus rápidos e impredecibles movimientos en los últimos minutos se había hecho el dueño; en un potente y veloz movimiento había conseguido desarmar a su oponente y con la mano izquierda extendida lo alzo por el aire estampándolo contra la pared apuntándole con la espada cuando cayo al suelo mientras dirigiendo su mano a la red la hizo desgarrarse desde las ligaduras del techo, lo que libero al fin a Lancerot que cayó contra el suelo dislocándose el hombro.
- Lo siento Lance – dijo Brian sin mirarlo, pues tenía toda su atención puesta en el desconocido.
- No pasa nada – respondió incorporándose y procediendo a liberar a Hestia.
A unos pocos metros de allí, en el linde del bosque, se aparecieron Godric y Helga.
- ¿Es aquí? – preguntó Godric observando atentamente el claro.
- Si, eso creo – respondió ella – bien, vamos.
- ¿Estas segura?
- Tu me enseñaste a plantarle cara al miedo – afirmo Helga con aplomo.
Y ambos se dirigieron el edificio, cuando entraron se quedaron atónitos con la escena, Lancerot acababa de liberar a Hestia quien tenia signos de haber sufrido una buena paliza, lo cual los enfureció, y Brian tenía acorralado al responsable de todo aquello, un hombre que tanto Helga como Godric reconocieron.
Brian sentía mucha rabia, lo que ese tipo había hecho era imperdonable, deseaba matarlo, acabar con el pero ahora estaba desarmado, si bien podía darle el golpe final no lo haría pues iba en contra de todo lo que había aprendido, de su código ético; pero la tentación era tan fuerte. Odiaba a ese tipo, pese a que no lo conocía lo odiaba, y aquello a lo que representaba; a la dominación del hombre, si eso es lo que odiaba a aquellos que hacían valer su supuesta superioridad mediante la fuerza, era tan despreciable.
- ¿Vas a matarme niñito? – inquirió el desconocido burlándose de el, en eso el desconocido reparo en las dos figuras que acababan de entrar – Vaya – dijo – veo que sigues tras tu escolta. ¿te ha gustado mi venganza?
- No te atrevas a dirigirle la palabra –dijo Godric fríamente en un tono autoritario.
- Es curioso porque este crió de la espada se parece un poco a ti capullo.
Godric se quedo mirando a Brian sin saber que pensar, por un momento la esperanza de que Brian fuera en realidad su hijo menor se apodero de él, Helga por un momento sintió que su intuición sobre Brian había sido acertada, Lancerot y Hestia intercambiaron una mirada.
- Lo sabía – dijo Hestia.
Entonces otro hombre surgió de entre las sombras riendo fríamente mientras contemplaba la escena.
