¡Hola! ¡Al fin pude terminar esto de una buena vez! Si, estuve esperando para tener el tiempo y que mi hermana me prestara su computadora, y bueno una cosa trajo a la otra ¡Lo bueno es que llegó el momento de la actualización!
Disclaimer: Ningún personaje de HunterxHunter me pertenece, todos son propiedad de su respectivo dueño: Yoshihiro Togashi.
Advertencia: Shonen-ai en capítulos futuros; situada entre los primeros arcos del anime/manga.
—Cielos ¿Dónde se estarán escondiendo todos?
El sonido de sus pasos resonaba e interrumpían el silencio del bosque. El día estaba claro, el cielo despejado y los rayos del sol parecían brillar más que en otros días.
Un suspiro escapó de sus labios mientras recostaba su espalda sobre el viejo tronco de un árbol, sus piernas cedieron al fin y terminó cayendo sentado al suelo, chasqueó la lengua con molestia al tiempo que dirigía una breve mirada al cielo.
—No he visto a nadie en estos tres días. —masculló al rascarse la cabeza—. Al menos... aún conservo esta cosa—. Dirigió sus ojos al número sobre su camisa; un ruido llegó hasta sus oídos y velozmente se levantó del suelo. —¡¿Quién está ahí?!
—¡Oh espera!—. Salió detrás de los arbustos levantando sus manos en señal de paz. —Solo soy yo. —dijo con una sonrisa nerviosa en el rostro y algunas gotas de sudor descendiendo por su frente.
—¡¿Tonpa?! No me digas que soy tu objetivo...
—¡Ey, es-espera un segundo! Cálmate. No eres mi objetivo.
—Pruébalo.
—¡Ah, sí, s-sí!—. Buscó en los bolsillos de su pantalón la prueba que necesitaba. —E-e-espera. M-mira—. Y al encontrarlo, enseñó la placa que debía encontrar: el #191. —Que bueno que no tiré esto. Francamente, pelear con personas que no son mi objetivo, es una pérdida de tiempo y energía—. Al terminar de decir aquella frase, sus ojos se abrieron de golpe. —¡N-no m-me di-digas que soy tu objetivo!
—Desafortunadamente, no lo eres. —replicó encogiéndose de hombros. Sacó la placa que mostraba el #246.
—¿246? Ponzu ¿Uh?
—¡¿Sabes a quien le pertenece?!
—¿Y tú no lo sabías?
Sonrió nerviosamente para juguetear con sus dedos. —Y-yo, yo no lo diría así... sólo que no había tenido la oportunidad de averiguarlo.
Tonpa sonrió. —¿Quieres que te de información?—. Leorio lo miró atentamente. —La apariencia de tu objetivo, armas, habilidades especiales y debilidades. Sin embargo, tengo una condición—. Levantó su dedo índice mientras una mueca graciosa se situaba en su rostro y una de sus manos sostenía su estómago. —Creo que... comí una fruta en mal estado.
—¿Fruta en mal estado?
—Siendo honestos, apenas puedo pararme de pie ¿Quieres ser médico, verdad? ¿Tienes alguna medicina contigo?
—¡Espera, espera! ¡No te hagas en los pantalones! Tengo toda clase de antidiarreicos y medicinas para el mal de estómago—. Antes de que el otro pudiera aproximarse, agregó: —Pero primero, dime todo lo que sabes.
—Uh, bien—. Tomó una varilla de madera para comenzar a dibujar el cuerpo de una mujer; o al menos eso intentó. —Es una candidata femenina. Según sé, cinco de los veinticinco candidatos restantes usan alguna clase de armas químicas y Ponzu es una de ellos.
—Así que es ella. —murmuró mientras se colocaba en cuclillas sobre el suelo.
—La chica se especializa en toda clase de drogas, pero su estrategia es simple, ocultarse y esperar. Ella pone una trampa y espera a que su objetivo aparezca; no deberías tener que preocuparte por nada más. —mencionó al mover la varilla de un lado hacia otro—. Si haces una pelea de cerca, tienes garantizada la victoria; Si la encuentras, cuida donde pisas y nota en qué dirección sopla el viento. E-ella está consciente de que alguien más la está buscando. B-básicamente eso es todo... da-dame la m-medicina.
—Okay, pero para estar seguros, retrocede un poco.
—¡D-de prisa! N-no p-puedo aguantar más...
Dando un pequeño suspiro abrió el portafolios para comenzar a buscar la medicina, sin embargo, no contaba con que algo descendiera de los árboles muy aprisa y estuviera a punto de golpearlo, tal por instinto o por oír aquel sonido, Leorio logró evadir el ataque por muy poco. Pero, tardó en percatarse que su prendedor había salido volando por los aires para terminar siendo atrapada por un pequeño mono y éste se dio a la fuga junto a quien parecía ser su amo.
—Sabía que guardabas tu prendedor en tu maletín.
—¡Tonpa!—. Se levantó del suelo con una expresión furiosa en su rostro. —¡¿Ustedes dos están trabajando juntos?!
─Exactamente, no necesitaba tu medicina. Tengo la mía y de hecho, tengo que confesar que si eres mi objetivo.
—¿Q-qué hay de la tarjeta que me mostraste?—. Ante la explicación del intercambio de tarjetas, el rostro de Leorio cambió abruptamente. —¡Malditos! ¡Te haré pagar esto Tonpa!
El aludido se dio a la fuga mientras era perseguido de cerca por el pelinegro, quien continuaba vociferando las miles de torturas y escarmientos que le haría cuando lo encontrase.
—¡¿Aún no has aprendido la lección, novato?!
—¡¿Qué dijiste?!
—¡Es tu culpa por dejarte engañar por nosotros!—. La sonrisa ladina en su rostro no desapareció. —Además, ¡Trabajar en equipo durante el Examen de Cazador es de sentido común!
—Estoy de acuerdo con lo último, pero, no puedo aceptar lo primero. —mencionó una voz masculina y su dueño se cruzó de brazos. Basta con levantar su pierna derecha en el momento apropiado para dejar inconsciente al veterano que era perseguido por el futuro médico. —¡En primer lugar no deberías estar engañando a las personas! Y en segundo lugar, si tienes planeado hacerlo, trata de no ser tan predecible.
—Kurapika. —murmuró al detenerse, para luego de recuperar el aliento.
El rubio sonrió sereno. —Leorio ¿Quieres hacer equipo? Además... se me ha ocurrido una idea que podría gustarte, tómalo como una "venganza".
—¿Una venganza?—. El Kurta asintió para luego señalar a Tonpa; no hacía falta decir más, había entendido el mensaje.
Veinte minutos después, Tonpa había sido atado a un cartel y puesto encima de una roca, con la advertencia de "¡Por favor, no alimentarlo!".
Algunos animales se aproximaron a él y aunque no supieran que había sucedido, sus ojos no dejaban de contemplar al hombro con curiosidad; del otro lado del bosque, Sommy saltaba de árbol en árbol junto a su mono y reía divertido al ver como ese novato los perseguía a ambos desde el suelo, pero de repente, su mascota desapareció de su lado y al levantar la vista, se encontró a un muchacho apuntando con su arma al animal; pasados unos minutos, esos dos se unieron a Tonpa y ahora, eran el doble de mamíferos salvajes los que contemplaban curiosos a los individuos maniatados.
Mejor suerte para el próximo año ¿No?
—¡Okay! Recuperé mi prendedor.
—También tenemos los prendedores #16 y #118.
—Entonces, Kurapika... ¿Tonpa era tu objetivo? Me salvaste en ese momento.
—No tienes que agradecerme, no quería que Tonpa me notara, así que me mantuve escondido mientras te sorprendía por detrás. Eso fue porque, pensé que no tenía sentido hacer equipo contigo si no podías soportar ese ataque—. Al ver la mirada molesta en el rostro de su amigo, sonrió. —Descuida, solo estoy jugando contigo. Tenía planeado ayudarte pero en el momento indicado, sabía que terminarían corriendo en aquella dirección desde un principio.
Parpadeó sorprendido. —¿Cómo es que lo sabías?
—¿Prefieres la verdad o una mentira? —dijo en tono serio, mirándolo por el rabillo de su ojo.
—¿Una mentira?
—Simplemente lo adiviné.
—Ah... entiendo ¡Qué bueno que tú apareciste! Muchas gracias Kurapika, en verdad que... ¡Eh!—. Se levantó de un salto del tronco en el que estabas sentado. —¡Eso quiere decir que ya sabías lo que iba a ocurrir!
—Cálmate Leorio...
—¡¿Cómo quieres que me calme si estás diciendo que puedes ver el futuro?!
—Nunca he dicho...
—¡Eso es increíble! ¡¿Sabes todas las cosas que podríamos hacer con ese don?! Ganar la lotería, apuestas, carreras de caballos. ¡Saber cuándo es el momento indicado para invertir en la bolsa! Nos haríamos ricos.
—Pero Leorio...
—Incluso tendríamos miles de mujeres—. Una expresión de felicidad total apareció en su rostro y terminó siendo rehén de un mundo de fantasías, donde él era único protagonista.
Kurapika suspiró, había sido una mala idea el revelarle a Leorio aquel detalle; no fue todo gracias al instinto, las imágenes en su cabeza había ayudado bastante.
«Esto parece repetirse constantemente. » Volvió la vista a su amigo que continuaba divagando. «Leorio no parece notar el cambio, aun así, a mis ojos se ve normal. Hay detalles que no son del todo claros para mí… » —...Leorio.
—¡Mujeres, mujeres, miles de mujeres y-! ¿Eh? ¿Kurapika?—. Parpadeó luego de salir de aquel trance. —¿Qué ocurre?
—Ya es hora de continuar con el desafío, ahora debemos encontrar tu objetivo.
—¡Ahhhh, cierto, cierto! ¡Bien! Trabajar en equipo es mucho más fácil y divertido.
El joven Kurta suspiró, ese entusiasmo en el futuro doctor le era tan familiar. —Deberías concentrarte en la búsqueda.
—Es verdad. Por cierto, mantente alerta porque podrían estar siguiéndonos.
—No deberías decir eso en voz alta. —replicó en un falso tono de molestia, la verdad es que, estar con Leorio era algo muy divertido pero a la vez exasperante.
—Sí, sí. Tienes toda la razón.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Mientras tanto, Killua caminaba despreocupadamente y a su propio ritmo. Continuaba pendiente de sus propios pensamientos ¿Sobre cuáles? Sencillo: en Gon. Estar rememorando todo lo sucedido entre ambos le entretenía, de hecho, era lo único que evitaba que se muriera del aburrimiento.
—Estás perdiendo el tiempo. —murmuró mirando encima de su hombro—. Nunca te daré una apertura para que me ataques.
El albino volvió a suspirar, había oído perfectamente el monologo de ese enclenque. ¿Era necesario hacer una introducción de sus métodos para atacar a las personas? Y eso no es todo, hasta había dicho que esperaría el momento indicado para atacar.
—Si no te quieres mostrar, yo iré hacia ti. —canturreó con falsa alegría para cambiar de dirección y encaminarse hacia la persona escondida entre los arbustos. La expresión aburrida en su rostro lo decía todo—. Qué molesto. Solo vales un punto para mí.
El niño levantó la vista cuando los dos hermanos de Imori aparecieron detrás de él ¿Quién de ellos tenía el número que estaba buscando? ¡Ah cierto! Gon le dijo que era la persona que vestía de amarillo ¿Era el mayor, verdad? O eso parecía. ¿Tendría que atacar a los tres? No parecía ser mala idea; una sonrisa gatuna apareció en su rostro. ¡Ja! ¡Que gracioso era ver como los dos mayores golpeaban al menor por haber fallado su misión!
«Bueno... si Gon me da algo a cambio, podría dejarlo ganar. » pensaba con malicia, se le ocurrían muchos posibles "favores" que podría pedirle a su… ¿A su qué? ¿Ellos eran algo? «Bueno nos besamos... ¿Eso nos hace ser algo? »
—Oye niño, dame tu placa, si lo haces no te haré daño.
Killua lo miró con desinterés en los ojos. —Idiota—. Y como respuesta, recibió una fuerte patada en el estómago que lo envió varios metros lejos de ese lugar. —Estos tipos son aburridos. —masculló por lo bajo para luego levantarse de un salto y sacó el prendedor de su bolsillo—. ¿#198?
—¡¿Q-qué? N-no puede... ser...
—Como es un número más bajo del que busco ¿Quizá el #199 es uno de tus amiguitos, no?—. Sonrió ladinamente. —Aunque... también está la opción de que ya sepa quién es al que busco y sólo esté jugando con ustedes ¿No?
Los tres hermanos notaron que ese niño era para nada normal y con una decisión rápida, hicieron su formación para detenerlo. El albino ni se inmuto, prefiriendo dejarlos actuar tranquilamente ¿Para qué? Para ver que tan fuertes y habilidosos eran, sin embargo, de solo ver que tardaban demasiado en atacarlo se molestó.
—No te muevas, mis uñas son más filosas que cuchillos. —mencionó con voz grave pero sin deshacer la expresión divertida en su rostro—. ¿Eres el #197? Ahhh, mis instintos son tan malos para estas cosas... Oye, si no quieres a tu hermano en dos mitades... te recomiendo que me des el prendedor #199, porque si no, no dudes que no lo haré.
Umori apretó los dientes y sin tener otra alternativa, lanzó la placa al niño.
—Muchas gracias, que amable de tu parte. —dijo con una sonrisa al atrapar el objeto—. Ahora, no necesito estás dos cosas—. «¿Hay alguien siguiéndome? Mmm ¡Aja, ya lo encontré! ¡Está entre los árboles! Idiota, ¿Cómo se le pudo ocurrir que no notaria su presencia? » —¡Y la otra va hacía allá!—. Llevó ambas manos detrás de su espalda. —Aún quedan cuatro días... ¡Mucha suerte en su búsqueda! Porque la necesitarán.
Cuando el niño desapareció de sus vistas, Amori gritó golpeando el suelo: —¡Maldición!
No muy lejos del lugar, Hanzo siguió de cerca la placa que había sido arrojada por el aire y con su increíble agilidad saltaba entre los árboles, de copa en copa, hasta que pudo atraparla con gran habilidad. Para luego aterrizar sobre el suelo.
—El #197 siempre estuvo acompañado por el #199... No esperaba que ese niño hiciera el trabajo por mí, que bueno que estaba observando desde las sombras. Me regaló la placa que necesitaba... ¡Eeeh!—. Su cuerpo se petrificó al ver que la placa tenía el #198. —E-e-ese niño... ¡¿Notó que estaba ahí?! Fallé…
Killua sonrió y saltó desde los árboles. —Que patético...—. Aterrizó en el suelo para emprender su marcha, hacia quién sabe dónde. —Qué aburrido. Me preguntó que estará haciendo Gon Yosh! Buscaré a Gon y lo secuestraré por lo que queda de tiempo... estoy seguro que se alegrará de verme. —eso último lo dijo en un murmullo mientras sus mejillas se tornaban rosadas.
-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-
Se vio a sí mismo, oculto entre los arbustos y árboles, sosteniendo su inseparable caña de pescar, aguardando el momento adecuado para atacar a su objetivo, lo sentía aproximándose, lo sabía y mantuvo su presencia al mínimo. Y lo vio, Hisoka se estaba aproximando su presa dispuesto a atacarlo, solo debía esperar unos segundos, sólo unos segundos ¡Ahora! Basta con un sólo impulso para tomar la placa del mago rápidamente; un solo cruce de miradas fue suficiente para que el menor comenzara a correr, adentrándose en el bosque
Pero antes de que el pelinegro pudiera continuar su cuerpo no respondía y dio unos cuantos pasos hasta que terminó estrellándose contra el suelo, su visión se distorsionó junto con el ritmo de su respiración, apenas podía distinguir la placa blanca a su lado. Una persona llegó de repente ¡Era Gereta, el Cazador!
—La próxima vez, recuerda vigilar tu propia espalda. Hasta la vista.
—Maldición.
Una mariposa roja se posó sobre la mano vendada del menor ¿Esa no era la mariposa que se sentía atraída por la sangre? ¡Las mismas que había usado para encontrar a Hisoka! El insecto emprendió vuelo más terminó por enredarse con una telaraña y cuando intentó ver lo que sucedía a su lado, Gereta cayó muerto al suelo.
—Me sorprendiste. —exclamó el asesino—. ¿Ocultaste tu presencia mientras esperabas tu oportunidad? ¿Aprendiste tú solo como ocultar tu presencia? Maravilloso... como un animal salvaje. Y tu sincronización fue impecable, ocultaste todos los rastros de tu ataque sincronizándolo con mi propio ataque. Un trabajo esplendido—. Lanzó los objetos en su mano hacia el niño. —Sus dardos venenosos relajan tus músculos por completo, el efecto dura diez días en una persona normal, pero recuerda que solo te quedan tres días; estoy seguro que te habrás recuperado para entonces.
—Espera ¿No viniste... a... recuperar tu prendedor?
—No, sólo vine a elogiarte. Resulta que él era mi objetivo. —comentó al señalar el cadáver—. Así que ya no lo necesito.
—Yo tampoco... lo necesito.
—No digas eso... Ahora me debes una. Siéntete libre de pagar cuando quieras.
Lo que Hisoka no esperaba, era que ese niño se levantara lo más pronto del suelo y estirara hacia el su placa. —N-no quiero. Deberle a nadie… Puedes quedártelo.
—Me rehúso. Justo ahora, estoy dejando que vivas y continuaré manteniéndote con vida, hasta que hayas crecido lo suficiente para que valga la pena matarte—. Gon no esquivar el puñetazo que golpeó su rostro. —Sólo lo tomaré cuando seas capaz de golpearme en la cara, justo así. Hasta entonces, dejaré el prendedor contigo.
Dejando al pequeño pelinegro con el orgullo herido.
-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-
—Veo que despertaste.
Gon parpadeó al acostumbrarse a la luz, llevó una de las manos hasta sus ojos, impidiendo que los rayos lumínicos lo dejaran ciego. Espero, uno, dos, tres, cuatro segundos. Con pesadez y lentitud movió su cuerpo, un quejido de dolor escapó de sus labios desde lo más profundo de su garganta, aún podía sentir las punzadas en la cabeza, sin embargo, ya no tenían la misma intensidad de la vez anterior.
—¿Cuánto tiempo...?—. Dejó la pregunta inconclusa ante los constantes ardores en su garganta.
─Hoy es el quinto día, haz dormido demasiado Ringo-chan~.
Se percató de las vendas en su cuello y manos, mas no emitió una palabra respecto a ello. —Ya... ve-veo...
Luego de varios minutos silenciosos, el mayor se atrevió a preguntar en tono curioso. —¿No cuestionarás el por qué estás aquí?
El pelinegro sonrió levemente. —No, claro que no. Porque tú estás involucrado Hisoka; en todo este tiempo, he aprendido que si tú estabas relacionado en alguna situación extraña lo mejor sería evitar hacer preguntas. —respondió con sinceridad en su voz—. No por sentir miedo de ti... sino, p-para e-evitar perder el tiempo reclamando a-algo que de todas maneras tú mismo me dirás más adelante...
—Mmmm, no sé si debería sentirme halagado u ofendido, sin embargo, te daré el beneficio de la duda... sólo por esta vez.
—Te comportas como un niño.
─Y tú te comportas como un anciano, recuerda que sólo tienes doce años.
—Deberías sentirte un pedófilo de solo hablar conmigo.
—Me abstendré a las consecuencias de mis actos~.
El silencio se hizo presente entre ambos y ninguno parecía tener la intención de interrumpirlo ¿A qué se debía? Luego de años, había terminado acostumbrándose a la presencia del otro.
Gon notó como el amanecer aparecía lentamente delante de sus ojos y sus labios terminaron curvándose levemente hacia arriba. Un triste recuerdo llegó hasta él: durante su niñez, fue cuando se aseguraban de mantenerlo encerrado, por no ser capaz de controlar sus propia fuerza. Había sido algo muy triste estar encadenado y torturado por su propia familia ¡Cuanto hubiera dado por ver un paisaje como ese! No sabía por qué, pero estar al aire libre, en constante contacto con la naturaleza le hacía sentir libre. Le traía paz.
—Hisoka ¿Fue mi hermano quién me hizo esto? —preguntó con una triste sonrisa en su rostro.
El mago hizo una pequeña mueca. —Tú ya sabes la respuesta ¿Por qué te molestas en preguntar?
—Tal vez... porque quiera aparentar ser ingenuo.
—O tal vez, porque intentas evitar hacer aquella pregunta que te está carcomiendo la cabeza ¿O me equivoco?
—Te equivocas...
—Oh~. Creí que los niños buenos no mentían.
—Soy cualquier cosa... menos un niño bueno—. Bajó la mirada mientras una risa sin gracia escapaba de sus labios. —Un niño bueno... no habría matado a tanta gente inocente por un simple capricho.
—Gon, Gon, Gon. Mi querido Ringo-chan~. En esta vida o en otra, tú siempre serás un niño bueno.
Ante esas palabras mordió su labio inferior ¡Lo estaba haciendo apropósito! Sólo para que él hiciese esa maldita pregunta: —¿Cómo fue que te diste cuenta que esta no era nuestra vida?
Hisoka miró al pequeño por el rabillo de su ojo y sonrió divertido. —¿Lo ves? No ha sido difícil hacer esa pregunta~...
—Vete a la mierda.
—Ah, que grosero y yo que iba a satisfacer tu duda, pero, creo que mejor dejo que te quedes con las ganas...
Sintiéndose molesto y ofendido, se levantó del suelo lo más rápido posible para poder abandonar ese lugar. ¡Era muy estúpido confiar en ese payaso pervertido! Y él como un completo idiota seguía buscándolo cada vez que tenía problemas.
Antes de que el menor escapara, lo tomó por la muñeca. —Debo decir que no fue por mí mismo...
—Entonces... ¿Cómo...?
—Tú me despertaste...
Su cuerpo se tensó al momento en que el pelirrojo tomó su barbilla entre sus dedos, sintiendo levemente las uñas de éste rozando su piel. —¿A qué te refieres con eso?
—Sólo basto con ver esa encantadora mirada tuya; esa misma mirada retadora que vi en la Torre Celestial, al momento en que golpeaste mi rostro por primera vez—. Se relamió lentamente ante aquel recuerdo. —Había sido una de las tantas veces que lograbas escapar de tu hogar y en medio de la lluvia, tú me encontraste antes de que me deshiciera de uno de mis juguetes. Me sujetaste del brazo y dijiste...
—Hisoka... entrena conmigo. —murmuró al borde de las lágrimas; todo lo que involucre recordar una memoria del pasado, hacía que un sentimiento de tristeza y un dolor punzante en su pecho apareciera.
—Que buen niño eres—. Lo soltó bruscamente. —Oír esas simples palabras y tú mirada llena de emoción, hicieron que despertara.
—P-por mi culpa, despertaste.
—Así es~. —ultimó con una sonrisa maliciosa—. A Illu-chan le sucedió algo similar, bastó con verte al rostro para saber que tú no eras su amado y adorado hermano menor—. Le expresión de Gon demostraba terror. —Vaya, ¿Pero qué tenemos aquí? Parece que no estas a gusto de ver que el primogénito de los Zoldyck no crea en tu mentira.
—Si lo supiera... no te lo diría. Tratar contigo, es como hacer un pacto con el demonio.
—Otro halago, ¿Planeas seducirme Ringo-chan? Debo decirte que no soy fácil de consentir~.
Gon sonrió con tristeza. —Ese motivo... permanece oculto en mi memoria y ni yo mismo, a pesar de cuanto lo desee, logro recordarlo; una parte mía reconoce que esto no está bien. Esta vida, la familia a la que pertenezco, las personas que conocí, incluso las acciones que he hecho. Pero la otra, desea que por nada del mundo recuerde ese pasado, esa vida.
«Ahora, quiero que tengas esto y con él mi corazón. Será mi promesa para toda la vida... »
Su voz sonaba tan dulce y a la vez tan tímida. Porque eso, parecía ser una promesa de amor; ahí estaba una vez más. Esa escena que no podía recordar; ¿sería que esas frases iban dedicadas a Killua?
—Lo único que puedo recordar eran los sentimientos de Gon Freecss. Por eso me prometí a mí mismo evitar sufrir como él; Y todavía no sé cómo sucedió todo esto, no sé porque cambio n-nuestras vidas; preferí... ser ignorante, preferí engañarme a mí mismo.
—Sin embargo, te encontraste con Killua y todo tu plan se vino abajo.
—Creí que... mostrándome como alguien que no era—. Le dio la espalda para tomar sus pertenencias. —Hisoka, lo siento. Pero no podré darte esa pelea que tanto deseas y creo intuir, que sabrás a lo que me estoy refiriendo.
«Yo me siento unido a ti y nunca, nunca, nunca te voy a soltar. »
Por cada paso que daba, su respiración se volvía más errática por culpa de los sollozos y su corazón continuaba latiendo con fuerza mientras las lágrimas caían una tras otra. Gon oía claramente su propia voz, con sólo sentir el cariño que había en aquellas palabras el dolor aumentaba.
«Porque tú eres una parte de mí… »
—Killua—. Llevó ambas manos a la altura de su pecho; las lágrimas continuaban cayendo.
Esa promesa sería suficiente para que él pudiera despertar en esta nueva realidad.
-.-.-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-.-.-
—Ya han pasado cinco días, solo quedan dos.
El más joven mantuvo su rostro inexpresivo. —Y aún... no hemos visto a nadie más.
Leorio sostuvo su barbilla entre sus dedos. —¿Quieres volver al punto de partida? Es posible que algunas personas hayan terminado.
—No, no encontraremos a nadie allí. —replicó con seriedad—. Esta etapa es especial porque si pierdes tu placa, tienes la oportunidad de recuperarla. Por otra parte, puedes tener seis puntos en este momento, pero eso no garantiza que los tendrás hasta que esta fase termine, además, no se puede terminar antes.
—Ya veo.
—Pero... vale la pena intentarlo; aún queda éste día y el siguiente.
Sus labios se curvaron levemente hacia arriba. —Muy bien, vamos.
Ambos caminaron por varios minutos hasta llegar a aquella zona, sin embargo, optaron por permanecer ocultos entre los árboles, esperando poder ver o vislumbrar la presencia de los demás candidatos, más lo único que sus ojos podían encontrar era al barco que se hallaba en la lejanía.
—¿Y bien? ¿Has visto a alguien? —preguntó en un murmullo, asegurándose de "camuflarse" con el ambiente.
Kurapika suspiró, no por la situación, sino por ver el estado de su amigo. —No. Nadie se muestra a simple vista.
Escupió un par de hojas para luego murmurar: —Maldición.
—Quizá deberíamos dividirnos para buscar, decidamos una hora y lugar para reencontrarnos.
—¡Por mi está bien!—. Los dos jóvenes abrieron sus ojos sorprendidos al oír una voz infantil detrás de sus espaldas. El dueño de ella saltó de los árboles con gracia y agilidad para aterrizar perfectamente sobre el suelo. —Hola ¿Tanto tiempo, no?
—Gon—. Aquel nombre brotó de los labios del Kurta. —¿Qué haces aquí?
La sonrisa se hizo más grande. —Estaba aburrido y decidí recorrer los alrededores, pensé que así encontraría a Killua pero veo que me equivoqué ¡En fin! ¿Así que todavía están buscando los prendedores, no? Vaya, creí que a esta altura solo se trataría de sobrevivir y evitar que las placas sean robadas. —comentó divertido—. Por cierto, he estado observando desde arriba y hay muchas personas cerca ¿A quién buscan con exactitud? Si me dicen quién es, yo les diré en donde se encuentra ubicado.
—¡¿De verdad hay personas aquí?!—. Leorio frunció el entrecejo. —Ya veo... entonces deberíamos buscar desde arriba y...
El rubio lo interrumpió. —No funcionará; sólo es posible si tienes ojos tan agudos como los de Gon. —dijo en tono serio, pero al comprender lo que había dicho se paralizó. «¿Qué acabado de decir? Bueno, él es un asesino y ha demostrado ser el más fuerte del grupo pero, yo no he visto sus habilidades como para decir eso... »
—¿Kurapika? ¿Estás bien? ¿Te duele algo?—. Inclinó su cabeza hacia uno de sus costados, en un gesto de inocencia y ternura.
Negó con la cabeza. —No, descuida. Gon ¿Conseguiste las placas que necesitas? —preguntó lo primero que vino a su cabeza con tal de desviar el tema.
Gon se mostró sorprendido pero luego sonrió. —¡Sí! Yo ya he cumplido mi parte.
—Maldición, así que, soy el único sin puntos suficientes. —masculló luego de permanecer tanto tiempo en silencio.
El niño se mostró preocupado. —Leorio ¿Quién es tu objetivo? A lo mejor puedo ayudarte a encontrarlo.
—#246, una mujer llamada Ponzu.
—¿Ponzu?—. Cruzó los brazos a la altura de su pecho mientras cerraba sus ojos, como si tratara de recordar algo. —¿Podría ser... que ella utiliza armas químicas?
—¡Sí! ¿Cómo sabes eso?
El pequeño pelinegro llevó un dedo hasta sus labios y guiñó un ojo coquetamente. —Es un se-cre-to. Además si se los cuento, Killua terminará enojándose conmigo. —eso último lo dijo en un murmullo muy pero muy bajo. «Ella fue quien dijo que era lindo, no la mate porque me recordó a Alluka, sino no la hubiera dejado vivir en el examen anterior »—. Mmm, será fácil encontrarla, puesto que no hay ninguna mujer en las cercanías y eso quiere decir que, aún está en el bosque.
—Ya veo.
Kurapika asintió estando de acuerdo. —Podemos suponer que hay cuatro posibilidades: Está en buen estado y aún conserva su placa. Está en buen estado, pero perdió su placa. Está fuera de combate, pero aún tiene su placa. O está fuera de combate y no tiene la placa.
—¿Es posible que aún tenga la placa si está fuera de combate?
—Si tuvo algún accidente repentino, o si fue derrotada después de haber ocultado la placa. Si murió después de esconder su placa jamás podremos encontrarla.
Leorio sonrió nervioso. —La segunda suena peor.
—¡Oigan! No se den por vencidos, solo tenemos que buscar a Ponzu—. Sujetó las manijas de su mochila. —Mmm... Si lo pienso detenidamente, no recuerdo que ella usara algún perfume, eso serviría para poder rastrearla.
Kurapika se tensó al oír esas palabras ¿Gon podía rastrear a alguien por el "aroma" de esa persona? «Es por aquí». Oyó la voz del menor dentro de su cabeza ¿Le estaba hablando a él?«¿Cómo puedes saberlo?». Esa era ¡Esa era su voz! ¿Él estaba... preguntándole a Gon? ¿Cuándo sucedió eso? Si en todo este tiempo, no había tenido la oportunidad de conversar solo con ese niño. «El perfume de Leorio es bastante peculiar, puedo olerlo a varios kilómetros». Luego de esas palabras pudo escuchar la risa del niño; un dolor punzante en su cabeza hizo que esas voces desaparecieran.
—Es cierto. ¡Gon puede seguir su aroma! —comentó sonriendo—. Gon puede seguir el olor de los químicos, ya que ella es conocida por usar drogas con aromas. Alguna de ellas debe tener aromas fuertes.
—Oh, entiendo. ¡Lo intentaré! Para eso vine hacia ustedes. Bien... veamos si puedo encontrar algo—. Dio unas cuantas respiraciones y esperó, hasta que sus sentidos percibieron algo en el ambiente. —Parece que la encontré.
Salto del árbol para indicarle a los otros dos en qué dirección ir y todos juntos emprendieron el viaje en buscar de esa mujer; Leorio y Kurapika seguían y confiaban plenamente en los agudos sentidos del menor ¿Por qué parecía que esta no era la primera vez que hacía algo como eso?; así entre largas caminatas, las horas transcurrieron y el ocaso aparecía.
—¿Es ahí, Gon?
—Sí, estoy seguro.
—Entonces ¿Qué hacemos?
Leorio suspiró. —Voy a entrar, ustedes esperan aquí—. Al comprobar que la entrada de la cueva era segura, se decidió por ingresar. —Entraré, no me sigan hasta que les avise que no hay problemas.
Kurapika suspiró. —30 minutos. Si pasan 30 minutos y no sabemos nada de ti, vamos a entrar.
—No, si pasa eso deberán volver al punto de partida.
—No puedo hacer eso. Formamos un equipo, así que no te abandonaré.
—Entonces renuncio al equipo. —replicó con seriedad—. Es egoísta, considerando toda la ayuda que me has dado, pero quiero hacer esto solo.
El grito de Gon sorprendió tanto al futuro médico como al Kurta: —¡Idiota!
—¡¿Qué dijiste?!
—¡Nos quedaremos aquí digas lo que digas! ¡¿No se supone que los amigos hacen eso, apoyarse mutuamente sin importar qué?! ¡Eso estamos haciendo!—. Infló las mejillas en señal de enojo. —Incluso aunque intentes echarnos de aquí, no nos iremos. Esperaremos por ti, Leorio ¿Tienes algún problema con eso?
El rubio miró atentamente al más joven. —Gon—. La mirada del menor demostraba que no estaba jugando. «Vigilo de cerca al #405 por razones positivas. » ¿A Killua? Desde que lo conoció había estado pendiente de él, pero ahora, este niño pelinegro llamaba demasiado su atención.
El futuro doctor apretó los dientes ¡¿Pero qué se creían esos mocosos para hablarle así?! Justo cuando quiera hacer algo completamente desinteresado por ellos. —Hagan lo que quieran. —murmuró dando fuertes pisadas en el suelo pero antes de irse le entregó al menor su portafolios—. Guárdamela.
—¡Sí!─. Gon asintió con una sonrisa en su rostro. —Por cierto Kurapika, no tienes de que preocuparte. ¡Si Leorio está en problemas, yo mismo iré a rescatarlo!
«Gon. Leorio y yo sólo hemos sido capaces de llegar hasta aquí gracias a ti. » El Kurta volvió a escuchar su propia voz. «Estamos muy agradecidos. » Sus labios se curvaron en una sonrisa ante eso último ¿Pero por qué? ¿Por qué debería estar agradecido con este niño que acababa de conocer? ¡Si fue Killua quien los ayudó a pasar el Examen!
Dentro de la cueva, Leorio utilizó un encender para iluminar la penumbra del lugar y a paso decidido se encaminó hasta el final. ¡Iba a hacerlo! No se daría por vencido, tenía que encontrar su objetivo para así convertirse en un Cazador ¡Esa era su meta y no se detendría hasta conseguirla! Solo unos cuantos pasos y todo terminaría; sacó su navaja dispuesto a luchar, pero al llegar al fin del camino, las cosas no eran como esperaba. Sus ojos encontraron primero la presencia de un hombre.
¿Acaso ese no era Bourdon?
—Supongo que yo soy tu objetivo. —comentó con resignación una voz femenina.
—¡Ponzu!
—Es inútil, no ganamos nada peleando aquí.
Leorio apretó los dientes con fuerza. —Tengo mucho que ganar—. Le apuntó con su arma. —Acertaste completamente, Ponzu... ¡Eres mi objetivo!
Ella suspiró. —Supongamos que ocurra un milagro y me derrotas, no podrás salir de esta cueva.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?
Al transcurrir los treinta minutos, tanto Gon como Kurapika estaban preocupados, Leorio se tardaba demasiado ¿Por qué no había salido todavía? ¿Estaría herido? El sol estaba por ocultarse y eso no era bueno para nadie.
—¡Kurapika! ¡Gon! ¡No entren!—. El grito desgarrador de su amigo no los hizo dudar y ambos ingresaron lo más rápido posible hacia la cueva; y al llegar al final, se encontraron con el mayor tirado en el suelo, cubierto por miles de mordeduras.
Mientras Kurapika trataba de comprender la situación, Gon se aproximó a Leorio e inspeccionó cuidadosamente sus heridas ¡Maldita sea! Eran muchas y todas ellas producidas por la misma especie de animal, víboras; el pequeño pelinegro apretó los dientes ¡Si no hacían algo, él podría morir! Tomó un brazo del mayor y comenzó a sacar el veneno con su boca.
─Detente... si tienes algún orificio o herida abierta en tu boca...
El niño sonrió con tristeza. —¡Eso no me importa! A mí lo único que me interesa es salvar a mis amigos... incluso si arriesgo mi propia vida.
—G-Gon…
—Leorio ¿Tienes suero en el maletín?—. Antes de que el mayor pudiera responder, perdió la consciencia. Kurapika frunció el ceño y se apresuró en vendar las heridas de su amigo. —¡Rápido, tenemos que detener el sangrado! Con eso bastará.
Entra ambos, pudieron cargar al herido.
—Yo me detendría si fuera ustedes, no pueden irse de aquí. Cuando alguien intenta salir de la cueva...—. Ponzu cerró sus ojos y señaló a la salida. —Las serpientes lo atacarán; esa fue la trampa que Bourdon, el encantador de serpientes, puso en este lugar. Si los muerden, terminarán paralizados como él y morirán.
—¡Bourdon! ¿Quieres nuestras placas? ¡Te daremos todas las placas que tenemos, pero déjanos salir de aquí! —gritó el Kurta con desesperación.
—Es inútil. Él está muerto.
—¿M-muerto? ¡¿Él que puso la trampa está muerto?! ¡¿Cómo?!
Ponzu se mostró tranquila al responder. —Yo lo maté, pero, no les diré como.
Kurapika estaba furioso, sin embargo, recordó que lo mejor sería mantener la calma en una situación como ésta. —Gon, sostén a Leorio—. Con mucho cuidado se aproximó al difunto, sin embargo, varias víboras salieron de entre las piedras para proteger a su amo.
—Ya he dicho que es inútil. No serás capaz de revisar su cuerpo, las serpientes están entrenadas para atacar al momento en que alguien intente tocar a su maestro o salir de esta cueva.
Sus ojos descendieron hasta las manos del cadáver. —Así que, usaste veneno para pelear contra el veneno. Al juzgar por sus heridas, has de haber usado Abejas Neurotóxicas, él probablemente murió de un choque anafiláctico.
La joven sonrió. —Me descubriste. Eso fue exactamente lo que sucedió. Bourbon era mi objetivo, después de confirmar que había entrado a la cueva, rocié gas somnífero en la entrada y esperé a que fuera seguro para entrar, él estaba completamente dormido pero ya había colocado su trampa. El gas somnífero no alcanzó a la mayoría de las serpientes que estaban ocultándose en las grietas al final de la cueva. —comentó molesta para luego bufar—. Bien, salté hacía atrás justo a tiempo así que no fui mordida, pero eso activó mi interruptor de ataque—. Dio unos toquecitos a su gorro amarillo y un enjambre de abajes apareció. —Si grito o me desmayo, ellas atacarán a cualquier humano que esté cerca. No esperaba que él muriera ¿Cómo podría saber que él ya había sido picado por una abeja una vez?
Gon se mostró tranquilo, sin embargo, su rostro cambió completamente al oír un quejido de dolor. —Leorio... tranquilo, no te mueves tanto—. Se arrodilló en el suelo mientras una de sus manos rozaba la espalda del mayor. —Descuida, nos iremos de aquí pronto y te curaremos...
—Yo ya me di por vencida... sólo tenemos que esperar a que los examinadores vengan a salvarnos. Lo mejor que podemos hacer es darnos por vencidos y esperar a que vengan por nosotros, después de todo, sólo quedan dos días.
—No podemos hacer eso, la condición de Leorio está empeorando. Tenemos que llevarlo a un doctor inmediatamente.
—Los Examinadores no se moverán hasta que haya pasado la fecha límite, si no tienes tu prendedor básicamente estás muerto. —dijo en tono cortante la chica—. Es su culpa, yo se lo advertí.
—Kurapika, cuida de Leorio por favor—. Sus ojos almendra se posaron sobre el encantador de serpientes. —Estoy seguro, que encontraremos algo allí—. Señaló al difunto con una gran sonrisa en su rostro.
—¡Ey, Gon!
—¡Espera! ¡¿Qué estás haciendo?!
Al estar frente al hombre, las serpientes sisearon enfurecidas, advirtiéndole al pequeño que no debía aproximarse más. Gon tomó una respiración profunda y sin titubear estiró su mano derecha, las víboras estiraron sus colmillos y atacaron a su presa, dejándolo sin escapatoria alguna. Miles de ellas salieron de entre las piedras para rodear el cuerpo del niño, pero éste no se asustó, continuó con su búsqueda. ¡Y lo encontró! Lanzó el antídoto hacia el rubio y se dejó caer hacia atrás con brusquedad.
Las marcas de mordiscos en su rostro le dolía solo un poco. —Úsalo... rápido en... Leorio...
El Kurta no perdió el tiempo y aplicó el medicamento en el brazo de su amigo, rogando internamente que no sea demasiado tarde. Luego de terminar, lo aplicó en el pelinegro con mucho cuidado, ya que éste permanecía consciente. —La condición de Leorio se está estabilizando, él debería estar bien.
Ponzu todavía no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo. —Ustedes deben ser muy buenos amigos.
Gon se sentó en el suelo ignorando las punzadas en su cabeza. —Ahhh, le diré a Killua que nos compre algo por no estar aquí ayudándonos. —mencionó en tono de burla—. ¡Cierto! Ponzu, ¿Aún te queda gas somnífero?
Ella parpadeó confundida. —Si me queda...
—¿Lo cambiarías por esto? —preguntó al enseñar el prendedor de Bourbon—. Esto te da seis puntos ¿No?
—Así es, pero ¿Qué vas a hacer con el gas somnífero?
—Poner a todas las serpientes a dormir para que podamos escapar. En unos cinco minutos, la cueva se llenará de gas y las víboras se dormirán...
—¡Pero son cinco minutos! ¡Nadie puede aguantar la respiración por tanto tiempo!
Ante los griteríos de la joven, replicó mientras se levantaba del suelo para comenzar a calentar. —Nueve minutos y cuarenta y cuatro segundos. Ese es mi récord—. Estiró la mano hacia ella, con una sonrisa coqueta en su rostro. —Aguantaré la respiración y los sacaré a todos de aquí.
—He oído todas las muertes que causaste ¡No puedo confiar mi vida a un asesino como tú! Puede que termines escapando solo y...
Kurapika la interrumpió. —¿Realmente crees que él haría eso después de entrar a un nido de serpientes venenosas para salvar a Leorio?—. Ante esa pregunta, Ponzu se removió incomoda.
—¡Confía en mí! ¡Prometo que los sacaré a todos!—. La muchacha asintió con una sonrisa en su rostro y rápidamente se preparó para liberar el gas somnífero mientras el rubio ser aseguraba de mantener cerca a su amigo inconsciente. —A mi señal, liberarás el gas ¿Entendido?—. Ponzu asintió de inmediato, Gon tomó una respiración profunda para luego levantar su pulgar y comenzó a contar; levantó a las tres personas por encima de su cabeza y corrió hacia la salida.
Dejo a sus dos amigos sobre el césped y recostó con sumo cuidado a la peliverde, quien continuaba dormida. Buscó entre sus cosas el prendedor que le pertenecía ¡Esto haría feliz a Leorio! Y a cambio cumplió su promesa dejando la placa de Bourbon en su regazo.
—Considera el precio por sacarte de allí. Lo siento. —murmuró con una sonrisa en su rostro.
—¿G-Gon?—. El pelinegro oyó a una voz llamándolo y al voltear su rostro, se encontró con que el rubio estaba mirándolo confundido.
—Kurapika, despertaste rápido...
Asintió con una tímida sonrisa en el rostro. —Veo que nos sacaste de la cueva—. Un suspiro de alivio brotó de sus labios. —Gracias por ayudarnos, Gon.
El pelinegro negó con la cabeza y se arrodilló a su lado. —No, gracias a ti Kurapika. ¡Muchas gracias por confiar en mí!—. Le sonrió alegremente mientras sus ojos castaños se veían cubiertos por un brillo de emoción. —Cada vez falta poco para convertirnos en Cazadores ¿No? ¡Esto es genial! ¡Así podrás concentrarte en tu principal objetivo, encontrar los ojos de tu gente!
Kurapika tragó saliva con pesadez ¿Había oído bien? ¿Cómo es que Gon conocía de su gente? «Esa frase... » Una repentina punzada de dolor en su cabeza hizo que cubriera su rostro con sus manos y miles de imágenes aparecieran con ello.
-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-
El día estaba soleado ¿Se estaba dirigiendo a un parque? Estaba concurrido y la gente parecía disfrutar del agradable día. Allí los vio a lo lejos, a dos niños que conocía muy bien, caminó hacia ellos con la cabeza agacha, pero de pronto, el más joven del par se le acercó con una gran y alegre sonrisa en su rostro.
—¡Esto es genial! —exclamó al estar a su lado—. La Araña está muerta... así que por fin puedes concentrarte en tu principal objetivo. ¡Tienes que encontrar los ojos de tu gente!—. Sus ojos se veían emocionados y el tono de su voz demostraba que hablaba en serio.
—Gon...
—Si hay algo en que podamos ayudar—. Se vio interrumpido cuando Killua apareció por detrás y estampó en su rostro un pastel con crema; y así comenzó una pelea de comida entre ambos ¡Que niños! ¡Siempre haciendo escándalo al jugar!
Primero se mostró preocupado, sin embargo, al verlos divertirse no pudo evitar sonreír; estos momentos, eran muy valiosos para él. Podía disfrutar las reuniones con sus valiosos amigos.
…
…
Era otro lugar diferente, el sol brillaba y el cielo se encontraba despejado. Lo más próximo a su alrededor, fue una estación de tren ¿Por qué se sentía más aliviado ahora que veía a Killua sano y salvo?
—Entonces, ya me voy.
—¿Eh?
Sonrió levemente. —Nos las arreglamos para ver a Killua de nuevo, así que yo ya terminé aquí. Necesito dinero para participar de la subasta, así que, tendré que buscar un jefe que me emplee como Cazador.
—Es verdad—. Leorio suspiró. —Supongo, que yo tengo que ir a casa entonces...
Gon, quien se encontraba con varias vendas en el rostro, miró al mayor con curiosidad. —¿Tú también?
—No he olvidado mi sueño de convertirme en doctor. Si soy aceptado en la escuela de medicina, puedo usar esto para pagar la cuota. —respondió mientras enseñaba su licencia de Cazador—. Debo regresar a casa y comenzar a estudiar.
—¡Sí, buena suerte!
Al dirigirse al aeropuerto más cercano, caminaron juntos hasta una de las salas en medio de pláticas y bromas, sintiéndose totalmente despreocupados ¡Ahora todos ellos debían priorizar sus propios objetivos!
—Hasta la próxima vez que nos veamos.
—Sí, y eso será...
—¡El Primero de Septiembre, en la Ciudad York Shin! —exclamaron los cuatro a coro; este era un acuerdo entre amigos que nadie se atrevería a romper.
-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-
Kurapika volvió a abrir sus ojos y con demasiada lentitud bajó las manos de su rostro, su pecho dolía y las constantes punzadas en su cabeza comenzaron a desaparecer. Poco a poco, sus labios comenzaron a curvarse en una pequeña y tímida sonrisa mientras algunas lágrimas descendían de sus ojos carmesí; ¿era real lo que estaba viendo? ¡Este era el Examen de Cazador! ¡Era una de las últimas pruebas antes de el gran combate entre los finalistas y en el cual Gon quedó inconsciente luego de perder la movilidad de su brazo!
«Se siente extraño... Como si hubiera estando durmiendo por mucho tiempo. » pensó cerrando sus ojos ó su labio inferior mientras algunas imágenes fugaces inundaban su mente. Esos recuerdos, no parecían detenerse y todos ellos tenían relación con las personas que conoció: Su jefe Neón, Serintsu, Basho, Squala, Baise, Dalzollene, Shachmono, Hisoka, Leorio, Killua y por último, Gon.
—Kurapika ¿Te encuentras bien?—. Descubrió su mirada para encontrarse con la mirada preocupada del pelinegro de ojos castaños.
—Gon—. No pudo contener sus emociones y atrapó entre sus brazos al niño. —Sí Gon, estoy bien... —dijo sin deshacer la expresión de su rostro. Alejó su cuerpo y recostó ambas manos sobre los hombros ajenos, tomo una pequeña respiración para continuar—. Estoy bien... porque, me desperté...
—¿Eh? Kurapika...
—Desperté Gon... finalmente desperté. —murmuró para luego volver a abrazar al menor—. Lo recuerdo todo...
Gon se quedó sin aliento. —¿Qué?
El tiempo se le estaba acabando... y todos ellos terminarían por despertar.
¡Bien! ¡Es todo por ahora! Les mando muchos besos, cuídense mucho. Nos vemos cuando nos veamos.
Atte: Canciones de Cuna.
