Capitulo 14"It doesn't matter what you did"

Como si de una coreo se tratara, todos los lockers se cerraron al mismo tiempo creando un sonido seco y estridente.
- Rayos- Se quejó Rachel cerrando los ojos. Una puntada de dolor atravesaba su cabeza ante el más mínimo ruido.
Llego con el tiempo justo por haberse tomado el lujo de elegir su vestimenta, cosa que nunca sucedía. Cada noche, antes de irse a dormir, dejaba preparada y doblada la ropa que utilizaría al día siguiente, y no se tomaba el tiempo de seleccionarla con más motivos que la simple comodidad. Pero ese día se sentía linda, porque de hecho eso mismo había buscado. Muchos voltearon a observarla, algunos se detuvieron por un segundo para escrutarla e incluso unos pocos siquiera disimularon la forma lasciva en que desnudaron a la chica con la mirada.

Lo cierto es que la noche anterior no fue capaz de pegar un ojo. Despertó el domingo alrededor de las 7 de la mañana en la casa de la familia Pierce, en el cuarto de Brittany, en la cama de Brittany… contra el cuerpo de Quinn Fabray que tenia so hermoso rostro demasiado cerca del suyo, su brazo izquierdo debajo de su cuello y el derecho envolviendo su cintura.
Se forzó a si misma a levantarse de la cama y alejarse de esa chica. Su mente era un remolino y su estomago un mariposario.
Se incorporo con la lentitud, suavidad y sutileza necesarias para no despertar a Quinn. Se colocó su calzado, se enfrento a la puerta, tomo el picaportes y no volteó ante la tentación de contemplarla dormir antes de dejarla atras. Y partió.
Tuvo la suerte de encontrar a Brittany despierta, alimentando a su gato. Se despidió de la joven con un abrazo y una promesa de repetir aquella reunión.

En cuanto puso un pie fuera de la casa, quiso volver. Pero no detuvo el regreso a su propio hogar. Tenía muchas cosas que pensar a solas… además de varias explicaciones que debía darle a sus padres por no avisar su cambio de planes.
- Van a matarme.
No, no la mataron. Pero si la bombardearon a preguntas y regaños. "¿Dónde tenias metido tu teléfono?" "¡Debes ponernos al tanto de tus planes, Rachel! ¡No eres una niña, pero tampoco una adulta!" "¿Dónde te quedaste?" "¿Con quién estabas? No era Finn ni ningún chico ¿Cierto?" "Más le vale a ese trío portarse bien contigo"
Rápidamente olvidaron aquel asunto al percatarse del desinterés de su hija. Estaba particularmente tranquila, callada e inexpresiva.
Morían de curiosidad y su necesidad chismosa estaba no muy lejos de brotar en forma de cientos de preguntas, pero la dejaron ser.

La jaqueca punzante que castigaba a Rachel aquel lunes por la mañana era resultado de una mezcla peligrosa entre pensar en exceso, escuchar música lo suficientemente alta como para no oír sus confusos pensamientos, no haber pegado un ojo y haber llorado sin razón.

- Rach ¿Estás bien?- No se había percatado de que estaba aun con la espalda apoyada en su casillero, apretando los puños y con los ojos cerrados. Cuando los abrió se encontró con la cara de Finn Hudson, su ceño fruncido y su gesto preocupado- ¿Te sientes bien?- Insistió el chico.
- Eh, si, si… solo me estallará la cabeza- Le contestó sobándose la sien con ambas manos.
- Ven, pidamos algo en la enfermería- Le ofreció.
- Oh, no, ya estaré bien- Aunque le agradaba el trato amable y desinteresado del chico, aun se rehusaba a tenerlo cerca por mucho tiempo. De algún modo siempre temía que el joven terminase por arruinar cualquier momento cómodo entre ellos.
- No seas terca, no tiene sentido alguno que estés con malestar cuando puedes tomar algo para estar bien- La regaño un poco. Rachel sintió el golpe de muchos recuerdos sobre situaciones similares. Finn siempre había sido protector con ella, pero en el buen sentido. El chico le sonrió amigable- Vamos, créeme, te hará bien.
- De acuerdo- No se rindió, más bien accedió porque asi lo quiso.

Caminaban en silencio. Quizás era un poco incomodo porque Rachel, siendo alguien que habla hasta por los codos, no había dicho una palabra desde que emprendieron camino a la enfermería.
Finn acomodo sus manos en sus bolsillos y carraspeo casi imperceptiblemente antes de hablar:
- Y dime- Hizo una pausa- ¿Cómo van los ensayos con Britt?
Ella lo miro.
- Pues, no lo sé, quizás un poco complicado, tu sabes cómo es ella, cuando algo se le mete en la cabeza…-
- No hay quien se lo saque- Dijo él, concluyendo su frase. Rieron un poco- Solo háblale de magia y colores y ¡pan comido!
- Si, Quinn me dijo lo mismo- Torció el gesto al recordarla.
- Hablando de Quinn, es increíble el buen trato que tienen ahora ustedes- El joven se llevo la completa atención de Rachel- Si no conociera su repertorio diría que son amigas de años- Rio con algo de sarcasmo y burla al concluir esa frase. Rachel frunció el gesto.
- Si, nuestra relación ha cambiado mucho- Ahora fue Finn quien la miro. Ella se encogió de hombros- Aunque siempre había tenido la ilusión, no imaginaba que realmente un día llegaríamos a ser amigas- Y sonrió mirando hacia delante, como contemplando algo que nadie más podía ver. Un resoplido la atrajo a la realidad nuevamente y se encontró con el perfil de su ex novio sonriendo despectivamente.

- Si, claro, amigas, como sea- Le resto importancia el chico, conservando aun su sonrisa arrogante.
Rachel freno su andar y entreabrió la boca algo indignada.
- ¿Disculpa? ¿Hay acaso algo que quieras decirme?
Finn, que se había detenido casi antes que ella, previendo que lo haría, se torno serio de pronto, dejando atrás toda su fachada de falsedad.
- Que vayas con cuidado. No te equivoques, Rachel- Le contesto en tono de advertencia.
- ¿Qué? ¿Dudas de mí, no sé, capacidad para forjar una amistad con alguien?
- No, yo no dije eso- La atajo- Si se trata de ti, puedo confiar y creer en todo- Si Rachel no estuviese de pronto tan a la defensiva hubiese sonreído ante aquello- Pero no se trata de una amistad con "alguien"- Dibujo comillas en el aire enfatizando- Es de Quinn Fabray de quien hablamos. Y cuando se trata de ella, créeme que no hay nada en que confiar.
- Estas hablando sin conoc….
- ¿Sin conocimiento de causa?- La interrumpió indignado- Oh, si, acabo de recordar que no conozco sus trucos. Es decir, me engaño con mi mejor amigo, me hizo creer que estaba esperando un hijo mío y, oh casi lo olvido, fingió amarme cuando solo tenía la intención de ganar ¡La estúpida corona de reina del baile!

El chico había perdido los estribos y termino elevando la voz. Rachel agradeció que estuviesen solos por el pasillo.
Finn vio como la joven daba un salto precipitado hacia atrás, miraba en todas las direcciones y finalmente agachaba la cabeza. Incluso desde aquella posición podía ver el ceño fruncido de la chica.
- Rach, yo…- Hablo con voz temblorosa e hizo una pausa para largar por la nariz el aire que contuvo temiendo y observando las reacciones de la chica- Lo siento, me he sobrepasado.
- No me digas- Le contesto ella con sarcasmo y conecto sus ojos con los de Finn hasta que este fue incapaz de sostenerle la mirada.

Silencio. Solo el silencio del todo y el sonido de la nada. Y en aire, que entraba y salía de sus bocas mudas, flotaba la tensión. El ritmo de sus respiraciones se oyó hasta normalizarse, porque solo entonces se sintieron dispuestos a hablarse nuevamente.

- Siento que lo único que logro es arruinar las cosas entre nosotros, una, otra y otra vez- Se lamento, con la voz ronca y vibrante, y los ojos tristes bajo un ceño caído- Ya ni sé cómo disculparme, porque siento que debo disculparme por todo- Rachel se mordió el labio obligándose a sí misma a mantener silencio- Pero por otro lado, cada vez que lo hago inevitablemente meto la pata una vez más, y vuelvo a alejarme de tu completo perdón.

Cuando calló y se abrazó a sí mismo y apretó sus ojos con fuerza, Rachel pudo ver, por primera vez desde que terminaron, cómo se sentía el muchacho. Aquello rompió el corazón de la cantante en mil pedazos y sintió la necesidad incontrolable de envolverlo entre sus brazos, de besar su frente y de decirle que todo estaba bien, que le daba su perdón…

- Finn- Lo llamó con dulzura apretando uno de sus brazos con su pequeña mano- Oye, mírame- Insistió. En respuesta el joven abrió sus pequeños ojos- Todo está bien, yo te perdono- Y le sonrió para dar mayor énfasis a sus palabras.
- ¿Y eso que significa?- Le pregunto, como esperando algo más, mirándola fijamente a los ojos esperanzado.
Ella parpadeó confundida.
- Pues… que te perdono. Te perdono, Finn.
- Pero, yo, quiero decir, tu y yo… nosotros- Sus palabras se mezclaban y Rachel no habría comprendido ese nudo inentendible si el chico no hubiese señalado a ambos alternativa y significativamente.
Todas las alarmas de la diva se encendieron.
- Oh, no, no, yo no me refería a eso- Le aclaro con la voz temblándole por los nervios, alejándose del espacio personal de Finn.

La expresión del chico se descompuso y aparto sus ojos de los de Rachel que lo estudiaban precavidos.
- ¿Me perdonas por lastima o…
- No, Finn, no, claro que no- Se apresuro a hablar.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?- El solo la miro algo ofendido- Para ser sincera, al principio, al… comienzo de todo- Hablaba haciendo gestos nerviosos con sus manos- yo estaba realmente enojada, pero no pretendía que te disculparas, ni pensaba que debías hacerlo, o que debías ganarte mi perdón, ni nada parecido.
- ¿Ni antes, ni ahora?- Ella asintió en respuesta. Él apretó los dientes con fuerza y endureció sus facciones.
- Pues entonces tu perdón no tiene valor alguno- Ahora su enojo era visible y sonaba en cada palabra.
- No entiendo por qué te pones así- Le dijo tímida y triste.
- Porque si esto no se soluciona con un perdón ¿Qué es por lo que debo luchar? ¿Qué le da valor a lo que siento, Rachel?- El dolor se filtraba en su voz- ¿Sabes cómo me he sentido todo este tiempo? Imagínate siendo encantadora con todos ¡incluso con Quinn, por dios santo!- Dijo despectivamente- mientras a mi me tratabas como basura.
- Finn, yo…-
- No, cállate, por favor cállate y escuchame- Ella sin dudarlo, lo hizo- Ahora me dices que me perdonas, y luego que en realidad no había necesidad de perdón porque no es lo que esperabas ni lo que pretendías ¿Qué pretendes, Rachel? ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que quieres de mi?-

Los ojos de la pequeña morena se llenaron de lagrimas mientras respiraba profundamente conteniendo el llanto.

- ¿Acaso ya no valgo nada para ti, Rachel?
- Por favor no digas eso- Le rogó con la voz rota.
- Es que eso es todo lo que siento. Dios, es todo lo que me dejas sentir.
El joven estaba haciendo todo lo que estaba a su mano para contener bomba de sentimientos y emociones, que amenazaba con estallar. El no quería estallar frente a Rachel y su mirada suplicante. El no quería lastimarla. Prefería sufrir aquel infierno por toda una eternidad, siempre y cuando ella no lo sintiera.

- No te pido que me ames, tanto como que sigas haciéndolo o como que vuelvas a hacerlo. Que me ames o no, no es lo que hace posible o frena esto- Ella no podía mirarlo a los ojos, era simplemente imposible oír sus palabras y hacerle frente a su mirada. Dolía demasiado- Solo te pido que no te alejes, ni que te cierres.
- Ya no lo haré- Le aseguro ella. Le temblaron las piernas cuando elevo la vista y se encontró con la sonrisa triste del muchacho.
- Solo… solo recuerda por qué me querías-
- Jamás deje de hacerlo. Jamás podría dejar de quererte Finn- Para estas alturas, ya sus palabras venían acompañadas de sollozos.
El se tomo unos segundos para perderse en el mar chocolate de los ojos húmedos de la joven que tanto amaba.

Haciendo uso de su fortaleza y su súbito subidon de madurez, Finn recompuso su expresión. Giro su cuerpo y ofreció su brazo a Rachel que lo miro algo confundida.
- Aun debemos llegar a destino- Le dijo intentando sonar distendido.
Rachel sintió como todo dentro de ella se reactivaba. Sintió una ligera presión en las entrañas y totalmente dispuesta enlazo su brazo al de Finn.

No hablaron hasta llegar a la puerta de la enfermería, pero esta vez no tuvieron la necesidad de hacerlo. Ya no fue incomodo, así lo prefirieron.

- Bien, llegamos- Habló Finn. Su voz sonó extraña en los oídos de la joven a su lado, que lo escruto con la mirada mientras el muchacho no estaba por la labor de cruzar sus ojos con los de ella.
Finalmente Rachel comprendió que Finn solo deseaba irse. A cualquier sitio. Lejos de ella.
- Entonces, te veo luego- Sonó más a pregunta- Gracias por acompañarme.
Él la miro inexpresivo por un segundo fugáz, asintió y agito vagamente su mano a modo de saludo.
Cuando le dio la espalda y emprendió el camino para alejarse, Rachel, luego de dudarlo por una milésima de segundo, lo sujeto del brazo deteniendo su marcha.
- ¡Finn!- El chico tomó aire y permaneció quieto y tenso hasta que la chica, casi con timidez, envolvió su cintura con sus pequeños brazos.
Automáticamente, Finn soltó todo el aire retenido en sus pulmones, relajo su postura y tomo las manos de Rachel, que se asusto cuando las alejo de su abdomen hasta romper el abrazo. Y efectivamente, Finn termino por soltar las manos de la chica, luego volteo y la miro entre serio y suplicante.
- Solo quería…- Comenzó Rachel a excusarse aunque no tenía la más mínima idea de lo que diría.
Cuando sintió como su garganta se anudaba, Finn la sorprendió con un gran abrazo. Ella le correspondió.
Se sintió bien, como la cura a las heridas que se habían causado mutuamente, como algo que necesitaban y no sabían cuánto. Como algo placentero y llenador, como dos personas que se quieren.
Se miraron a los ojos y Rachel lo supo. Supo lo que seguía. Supo que podía evitarlo. Pero aun sin saber qué era lo que deseaba… no freno ni esquivo la boca de Finn que colisiono contra la suya.
Fue corto, casi inexistente, pero suave y necesario. Rachel lo dejo ser y simplemente no se detuvo a cuestionarse nada.

Una sonrisa de ambos, una mano de Finn sobre el hombro de Rachel y un "Hasta luego" esta vez agradable. Y él se fue nuevamente, menos vacio que antes. Quizás hasta se sentía bien, y sus heridas ahora eran cicatrices.
Rachel regreso a la realidad cuando una nueva puntada la ataco. Recordando por qué estaba allí, se volteo con intenciones de ingresar a la enfermería. Grande fue la sorpresa que se llevo al encontrar Quinn Fabray parada delante de la misma puerta que ella debía atravesar. El rostro de la rubia estaba algo serio y su postura rígida.
- Hey Quinn, buenos días- La saludo cordial, como si nada, sin darse por aludida.
- Hola, Rach- Acompaño el saludo con una sonrisa, pero sus ojos seguían mostrando la misma dureza y su voz sonaba insegura.
- ¿Qué hacías en la enfermería? ¿Te sientes mal?- Se preocupo, luego de que su cerebro entrara en funcionamiento.
- Ah, solo vine por una píldora. Mi cabeza está por estallar- Le dijo, restándole importancia. Rachel rió.
- Estamos en las mismas condiciones al parecer.
Quinn recobro la calidez que tenia para con Rachel, desapareciendo el malestar de sus perfectas facciones, y la otra joven dejo atrás las emociones confusas que le dejo el reciente momento con Finn.
Se sonrieron con complicidad y Quinn espero a Rachel hasta que ésta tomo su pastilla. Luego, como compartían su primera clase, caminaron juntas a clase.
Cuando la profesora cuestiono su entrada tarde ellas se justificaron válidamente por haber estado en la enfermería. Sin retrasar más el desarrollo de la clase, se ubicaron en los únicos asientos libres y, para suerte de ambas, juntas.

No prestaron atención en toda la clase. Tenían mejores o más interesantes cosas que hacer, como mirarse, sonreírse como tontas, reír en silencio, o fingiendo inocencia al rozar sus brazos.
Rachel se sentía más liviana, y el estar ahora con Quinn, descubriendo todo el tiempo que cada momento que pasaba con ella era aun mejor, la hacía sentirse relajada, de una forma casi desorbitante.
Y lo cierto es que ambas, cuando estaban juntas, construían una burbuja propia, en la que solo cabían las dos, compartiendo miradas, sonrisas confidentes y hasta el aire incluso, o sin saberlo también los deseos. Dejaban de lado las cosas que las incumbían individualmente. Como lo era para Rachel el hecho de que Finn la haya besado, o cómo se sentía ahora respecto a él. Y por el lado de Quinn, como ella lidiaba con el dolor, como veinte puñetazos en el rostro, que sintió cuando vio a la chica que la hacía suspirar besando los labios de alguien contra quien no sabía si podía luchar.

La campana anuncio el final de la clase. Todo el alumnado salto de su silla, guardo sus cosas y corrió fuera del aula de clases, excepto dos jovencitas.
Incluso la profesora ya se había ido, y Rachel y Quinn aun seguían acomodando sus cosas, disfrutando del silencio y de la compañía.
Quinn aparto la presencia de Finn en su cabeza y se aferro a la gratificante sensación de estar junto a Rachel.

- ¿Quinn, estas bien?- La aludida no sabía qué contestar, preguntándose a que se refería la morena exactamente- Tu cabeza, digo.
- Oh- Soltó la rubia casi aliviada- Si, si, de hecho me siento muy bien. Solo había sido una mala noche, no logre dormir siquiera dos horas.
- Veo que mi suerte fue aun peor que la tuya, no creo haber superado los 50 minutos- Quinn abrió los ojos como platos.
- ¿Y cómo te mantienes en pie?
- Bueno, probablemente me desplomare en cuanto ponga un pie en mi casa, pero algo de maquillaje y buena actuación hacen que mi falta de sueño pase desapercibida- Dijo casi algo pagada de sí misma. Quinn torció su boca.
- Creo que yo no puedo decir lo mismo. Soy pésima ocultando mi mal humor y estoy hecha un desastre, debo parecer un zombie- Rachel soltó una carcajada y Quinn pensó que era el sonido más hermoso del mundo- Al menos alguien se divierte con mi estado deplorable.
- No seas tonta, hoy has sido encantadora como siempre, al menos conmigo…
- ¿Cómo siempre?- Pregunto la rubia, mirándola con ojos tristes. La sonrisa desapareció del rostro de Rachel.
- No empieces otra vez con esto Quinn. Si quieres hacer algo por mí, entonces deja ya de torturarte- La morena dio un paso hacia delante y tomo una mano de la rubia. Quinn suspiro y apretó la mano de la chica- Y además de encantadora como siempre, hoy estas radiante como siempre.
- ¿Radiantemente espantosa?- Bromeo, recobrando la alegría.
- Radiantemente preciosa.

Rachel solo quería decirlo porque era cierto. Queria decirlo porque no hacerlo era un crimen. De hecho sentía que era un crimen no decirle a Quinn Fabray, todos los días, lo inhumana y dolorosamente perfecta que era.
No quería decírselo solo para hacerla sentir mejor, sino porque la verdad era que aun con aquellas marcadas ojeras debajo de sus llamativos ojos miel, la chica seguía pareciendo una diosa.
Pero ninguno de sus validos motivos justificaban el haber soltado aquel cumplido con la voz más pastosa, sensual, hambrienta y lujuriosa que entono alguna vez.
Se sintió sin salida a la cordura cuando su mano soltó la de Quinn para deslizarse hasta su codo. Se pregunto en qué momento había sorteado la distancia que las separaba, quedando a centímetros, a solo un impulso.
No sabía lo que hacía. No sabía lo que quería. Tampoco sabía lo que sucedía a su alrededor, porque solo podía mirar su mano derecha envolviendo la nívea piel del brazo de Quinn Fabray. Y su piel era pulcra, suave y cálida. Y sonrió en su fuero interno al pensar en que solo pocos han descubierto que la fría rubia es de hecho cálida.
La realidad la abofeteó cuando alzó su rostro y se choco con las pupilas dilatadas, la boca entreabierta y la expresión inescrutable de Quinn.
El jadeo que Rachel no pudo contener al descubrirse a sí misma imaginando la textura y el sabor de la boca de Quinn Fabray o la incógnita de si realmente veías fuegos artificiales, paso desapercibida cuando la rubia se aparto y miro sobresaltada hacia la puerta del aula.

- Santana- Saludo Quinn luego de tragar todas las emociones que se amontonaron en su garganta.
Rachel quedó helada y solo se volteo una vez que logro recomponer su expresión. Magnifica actriz, eso era un gran apoyo a favor cuando deseaba/necesitaba pasar desapercibida.
El problema se lo encontró en la boca fruncida de Santana López, experta en detectar lo que sea que se le quiera ocultar.
Rachel odio la forma en que la latina le sonrió, tan arrogante y sobradora, con el explicito mensaje de que nada escapa de su tercer ojo mexicano.

- ¿Vienes? Tengo unas consultas que hacerte sobre la canción
- Si, si- Respondió Quinn asintiendo con la cabeza. Luego observó a Rachel que miraba absorta el suelo. Se inclino hasta dejar su boca a centímetros del oído de la morena y le susurró:- Hasta luego, Rach- Y luego planto un beso en su mejilla, y paso por su lado dejando una caricia en su brazo.
Y Rachel se estremeció. Y Quinn no lo supo. Y cuando quedó sola en el salón, volteo y observo la puerta, e imaginó a Quinn atravesándola nuevamente, para entrar al salón y quedarse con ella.

- A ver si entiendo ¿Iban a besarse?- Le preguntó Santana a Quinn que no dejaba de soltar palabras sueltas que no conducían a ningún lado- ¡Quinn! Tranquilizate, idiota. Ahora respira y cuéntame ¿Iban a besarse?

Esa pregunta sonaba deliciosa en los oídos de Quinn. Luego recordó dónde estaban y se inclino nuevamente para comprobar que ningún par de pies se asomaba debajo de las puertas del baño. Nadie.

- No lo se, de hecho creo que seria más atinado decir que ella iba a besarme.
- Ay, por dios, no seas tan soberbia.
- No, no, te lo juro. Ella comenzó a hablar sobre mi y sobre que soy preciosa incluso con ojeras y luego… luego, se calló y me observó en silencio y…- La mirada de Quinn se perdió en su propio relato- No se en qué momento se acercó, pero lo hizo, juro que lo hizo. San, yo no moví un dedo. Fue ella, ella acercándose y también te juro que miro mi boca.
- Bien, bien- La calló Santana alzando una mano- Dices que fue todo obra tuya y que tu solo eras un cuerpo inerte incapaz de evitar atraerla con tu belleza de vampiro de Crepúsculo- Quinn torció el gesto- Te creo.
- ¿De verdad?
- Si, más allá de que eres una psicópata que se ama a sí misma, no mientes, exceptuando cuando estas embarazada, y es obvio que a Berry se le mojan los calzones cuando la miras.
- ¿Qué? ¿Tengo ese efecto en Rachel?- Le pregunto emocionada.
- Si dejaras de distraerte mirándola como un perro a un pedazo de carne, te darías cuenta de que ella babea por ti.
- Wow.
- Si, "Wow", pero eso no cambia las cosas. Siquiera sabe que ella misma siente cosas por ti, o no lo acepta, no lo sé. Lo que tú debes hacer es conquistarla, olvídate de jugar el papel de la amiga ejemplar, has que se muera por ti, nadie es tan experta como tu en eso.
- Dices que…
- Si, Fabray, haz que Rachel Berry se enamore de ti.

Él profesor Schuester estaba ese día con una sonrisa radiante, expulsaba entusiasmo por los poros. Entro al aula con su bolso colgado al hombro y un cd en sus manos.
- Buenos días chicos- Los jóvenes respondieron coreando un saludo- Espero que no hayan olvidado que hoy lunes comenzaban sus presentaciones- Todos negaron con la cabeza entusiasmado- Fantastico. Asi que, aceptando los cambios en el orden de las presentaciones, lo cual se lo dejo a ustedes si es que quieren modificarlo, excepto las parejas claro porque son fijas, los primeros serán… Finn y Blaine, todo suyo, chicos.
Quinn no fue capaz de retener la daga que salió expulsada de sus ojos hacia la cabeza de Finn Hudson.
Por otro lado, el chico miro significativamente a Rachel antes de cantar la primera estrofa.
"If I told you things I did before, told you how I use to be, would you go along with someone like me?"
Y Blaine, tomando el control, le canto la segunda a todos y su joven pareja:
"If you knew my story word for Word, hada ll of my history, would you go along with someone like me?"
Quinn miro a Rachel, sentada junto a Kurt, que a su vez estaba en medio de ambas, y se imagino a si misma cantándole aquello a la chica, esperando que su respuesta fuese una porción de aquella canción:
"I would go along with someone like you. It doesnt matter what you did"

Imagino a Rachel olvidando su historia con Finn, su amor por Finn, y olvidando finalmente a Finn. La imagino dejando atrás las calamidades que ella tuvo la desgracia de hacerle. La imaginó eligiéndola. La imagino amándola. La imaginó estando con ella.

Se perdió en su propia fantasía y solo abandono el salón, una vez terminada la clase, cuando se percató de la ausencia de Rachel dos bancos a la derecha del suyo. Tomó su bolso y salió disparada de allí.
Supo que la campana ya había sonado cuando vio a todo el alumnado de la escuela corriendo por los pasillos, desesperados por abandonar la institución. Ella también lo estaba, pero por hallar a Rachel y al menos verla una vez más antes de partir.
Una cabeza sobresalía por sobre las demás.
Alto y torpe, Finn Hudson caminaba delante de ella. No estaba solo, Quinn encontró un pequeño y delicado cuerpo junto a él. La cabellera castaña de Rachel bailaba con sus pasos. Ellos caminaban juntos y cada tanto se miraban y reían sobre algo que Quinn desconocía. Y pudo verla una vez más antes de partir. Vio su espalda y sus pasos alejarse junto a los de alguien más. Y quizás se arrepintió de haberla buscado.

"Oh Rachel ¿Estarías con alguien como yo?"