Capítulo catorce: los revolucionarios también tienen necesidades

"When love has fused and mingled two beings in a sacred and angelic unity, the secret of life has been discovered so far as they are concerned; they are no longer anything more than the two boundaries of the same destiny; they are no longer anything but the two wings of the same spirit. Love, soar." - Los Miserables, libro IV.


- A ti lo que te pasa es que eres un hijo de puta de nacimiento y no tienes remedio, Winchester.

Lo primero que piensa Dean es que no ha despertado y que por eso es coherente que esa voz esté sonando en alto. Lo segundo que se le viene a la cabeza es que ha muerto, ha ido al más allá y por alguna razón disparatada Derek y él se han reunido allí entre nubes y querubines. Pero no; cuando se incorpora sobre la cama ahí está. En carne y hueso. Ancho de espaldas y brazos cruzados sobre el pecho.

- ¿Derek?

- No, tu abuela.

Y Dean se levanta. Se levanta mucho más rápido de lo que lo ha hecho en las últimas semanas y se lanza a los brazos de su mejor amigo que le devuelve el abrazo con un par de golpes fuertes en la espalda. Y así se quedan unos segundos, hasta que Dean se aparta, con los ojos humedecidos y le mira todavía sin creérselo.

- ¿Q... Qué haces aquí?

- Visitarte, tío - sus ojos claros vagan por la habitación, cotilleando -, ¿es que no puedo venir a hacerte compañía?

Dean está por decirle que lleva retrasando su visita más de un año, que hasta ahora ha puesto todo tipo de excusas para no mover su prepotente culo hasta allí, pero está demasiado emocionado como para echárselo en cara.

Y empiezan a hablar. Y al principio se aturullan a preguntar y a dar respuestas cortas y a la media hora están bromeando y recordando anécdotas de infancia. Se sienten viejos pero al mismo tiempo vuelven a ser esos niños que contaban historias de wendigos y vampiros bajo las mantas por la noche. Esas noches en las que todo era más fácil y que lo único que les daba miedo eran los hombres lobo y no otros seres mucho más peculiares que conocerían después: las chicas.

Y así acaban hablando de Becky "su padre nos pilló en su dormitorio y tuve que saltar por la ventana" Rosen y de esa tal Lydia de la que ninguno de los dos recuerda el apellido pero que les propuso pasar un buen rato los tres juntos. Propuesta que fue denegada en dos votos en contra y uno a favor (el de ella, claro). Dean se acuerda de Jo Harvelle.

- Jo molaba - dice Derek con el recuerdo todavía vivo -, era una tía con carácter. De las que te gustan.

- Y era muy lista - asiente Dean -, pero era demasiado para mí.

- Lo dices porque te dio la patada.

- Bueno, por eso también.

- ¿Te la estabas ligando cuando yo me ligaba a Cindy Cassity?

- ¿Cindy Cassity? ¿La que llevaba siempre unos escotes hasta el ombligo?

- La que su padre tenía una granja - sonríe - y un bonito granero.

- No, no, porque cuando lo de la del granero yo tenía un rollo con Aaron Bass.

- ¿TE ENROLLASTE CON AARON BASS?

- ¿Por qué te crees que iba tanto a la biblioteca?

Y así siguen. Y Dean disfruta del momento. Disfruta de la sensación de haber olvidado lo fuerte que se ríe Derek y de recordarlo. Y admite que a ratos se queda embobado, mirándole, dejándole hablar simplemente para no tener que hacerlo él.

Lo de Dean con Derek viene ya de largo. O sea, no su relación de amistad y eso. Más bien LO OTRO. Eso que Dean no le ha contado a nadie y que aunque le pusieran una pistola en la nuca no largaría jamás. Y es que desde que Dean vio a Derek por primera vez deseó con todas sus fuerzas que el tío fuera marica. ¿Que por qué? Pues porque vamos a ver, Derek es su mejor amigo, es atractivo (pero atractivo de verdad. De ese tipo de tíos que les gustan hasta a las madres. Con esa cara que queda bien en una serie de médicos que va más de rollos de cama que de medicina), tiene labios de estos que mola besar y a pesar de no ser exageradamente alto sí que tiene una espalda de nadador y eso sin haber practicado otro deporte que el de "pásame el porro antes de que se apague" en toda su vida. Derek tiene los ojos claros y con pestañas espesas y los pómulos marcados en una sonrisa permanente.

Durante algún tiempo, Dean se planteó seriamente enamorarse de Derek. Frunció el ceño, juntó las manos y trató de sentir ese tipo de cosas que se ven en la televisión; pero ni tenía ganas irrefrenables de besarle, ni de decirle lo bien que le quedaba esa nueva camiseta sin mangas ni de... Ni de empotrarle contra el asiento trasero del coche, vaya.

Así que cuando asumió que ni él era Marilyn Monroe ni Derek era Laurence Olivier, se aferró a la idea de que si no se enamoraba de su mejor amigo no se enamoraría de nadie jamás. Y en realidad era una idea absurda, un pensamiento que se aferró a su corazón con demasiada fuerza y que fue culpable de años de pasar de cama a cama y de pregonar a los cuatro vientos que no creía en el amor. No es porque no fuera paciente: durante bastante tiempo esperó que saltase esa "chispa", que cuernos angelicales anunciasen EL FLECHAZO. Simplemente algo. Pero no.

Al día de hoy da gracias de no haberse enamorado de Derek y a esas alturas es una opción imposible, claro. Llevan siendo amigos casi ocho años y si en ocho años no le ha comido la boca lo más seguro que es que no lo haga nunca. Además Derek es ese tipo de personas puñeteramente heterosexuales. Heterosexual hasta la médula. Es de esos que te tocan el culo y bromean con hacerte una paja pero en realidad no caerían ni por el mismísimo Matt Damon. Y joder, ¿quién no se haría un poquito gay por Matt Damon?

Ahora están sentados los dos en la cama. Dean con calzoncillos y el pelo revuelto y Derek fumándose un cigarrillo con la mano izquierda y sujetando un papel con la otra.

- Así que no piensas ir a ver la obra. - Señala el título "Los Miserables".

- ¿Para qué? - Dean suspira - Si quieres ir tú... Lo hacen bien.

- No me jodas, Dean, ¿desde cuándo me gusta a mí el teatro?

- Hay tías buenas.

- No me jodas, Dean, ¿desde cuándo no me gusta a mí el teatro?

Y Dean se ríe. No una carcajada, por supuesto, porque no está de TAN buen humor como para eso. Estira el brazo y con un gesto de los dedos le pide a Derek el cigarrillo, y este se lo tiende, despreocupado.

- ¿Te ha llamado Sammy?

- Me llamó Sam hace semanas diciéndome que estabas tocado - le dice - y después de tu llamada sobre las dudas existenciales del amor no me ha quedado más remedio que venir. No se te puede dejar solo.

- No tengo dudas sobre el amor.

- ¿No sigues con tu cruzada de "el amor no existe" y "quiero morirme solo con el cambio de marchas de mi coche metido por el culo?

- No - gruñe Dean -, ¿y tú qué? ¿Te ha valido la pena huir de esa manera por una tía? ¿Me vas a decir ya quién es?

- Uhmmmm... Se llama Meredith.

- ¿MEREDITH? ¿MEREDITH, MEREDITH?

- Sí bueno, a ella le gusta que la llame Mer.

- ¡Pero es Meredith la que te la chupó en el baño en octavo? ¿Meredith "la mejor mamada de mi vida, tío"?

- Oye, ¿por qué no cambiamos de tema? - Sonríe incómodo - ¿Cómo se llamaba ella?

- ¿Quién?

- La que te lleva por el camino de la amargura.

Y es en ese instante que Dean se da cuenta de que el juego ha terminado. Que si no es capaz de decirle eso a Derek no va a poder decírselo a nadie. Suspira y habla.

- Interpreta a Enjolras en la obra.

- ¿A Enjolras? - Derek presta más atención a la hoja de papel y busca el nombre - Oh, ¿Cas? Me dijiste... - La cara de circunstancias de Dean lo dice todo. Derek abre mucho la boca y sus cejas oscuras casi le tocan el inicio del flequillo - PERO SERÁS MAMONAZO.

- ¡Yo nunca te dije que fuera una chica!

- ¡Pero tampoco lo negaste! - Se levanta de la cama de un salto - Dios, Winchester, ¡habré parecido un idiota todo este tiempo! ¡QUE TE PREGUNTÉ SI TENÍA BUENAS TETAS!

- Y ya te dije que no demasiadas...

- Eres un hijo de perra. Pero uno muy grande - empieza a dar vueltas por la habitación y a Dean le recuerda esas tardes en las que el chico se desesperaba porque no podría encontrar el amor de su vida. Porque a Derek nunca le ha importado nada aparte de encontrar a una chica y tener hijos y salir a pescar con ellos y esas cosas -, me cago en ti, de verdad.

Dean no contesta. Espera sentado. Coge con cuidado el papel y siente un retorcijón en el estómago cuando lee el nombre de Cas ahí en pequeñito. "Castiel Novak". Joder. Es que le echa tantísimo de menos que va a caer enfermo. Derek tarda un buen rato en dejar de recolocarse el pelo y murmurar cosas por lo bajo "es que no me cuentas nada" y "manda cojones que haya tenido que enterarme de esta forma" y "eres gilipollas" y "soy gilipollas". Finalmente le mira y sus ojos claros se estrechan.

- Y ahora déjame adivinar - se muerde el labio -. Llevas meses líado con este tal Cas pero no lo sabe nadie, ¿verdad?

- Sí.

- Y se ha enfadado porque quería que lo supiera la gente.

- No del todo.

- ¿No del todo?

- Bueno, se ha enfadado porque se cree que me lié con una tía en un bar y yo no lo negué porque... - La mirada acusadora de Derek le atraviesa - ¡Coño, Derek! ¡Estaba delante de Benny y Gabriel y mi hermano! No podía decirle: ey, no no te preocupes que te he sido fiel.

- Eso es exactamente lo que tendrías que haber hecho -gruñe -, ¿qué hiciste?

- Gabriel le dijo que no era nadie para echarme en cara nada y yo me callé. Bueno puede que dijera algo estúpido.

- Contando que tu segundo nombre es "imbécil" es muy probable que sí.

Y ya está. Ya se lo ha contado. Ya lo sabe todo. Ahora ya puede continuar con su existencia sin sentido en compañía.

Sin embargo, Derek le coge el cigarrillo de la boca y lo introduce en la suya. En su mirada hay algo que a Dean le recuerda a aquella vez que se le ocurrió robarle la escopeta de aire comprimido al padre de Meg Masters; el párroco. No es que fuera la idea más brillante del mundo pero tenían un plan: Derek recibía una buena mamada mientras Dean se colaba en la Sacristía. Y todo salió a pedir de boca. Durante el primer día. Al siguiente Derek volvió a por otra ronda, el reverendo se dio cuenta de lo que le faltaba y a poco se quedan sin orejas. "No vais a ir al Cielo, desgraciados". Y bueno, tampoco es como si eso Dean no lo hubiera sabido ya de antes. Derek le contestó algo como "¿quién necesita el Cielo teniendo a chicas que la chupan tan bien en la Tierra?" y después de eso no pudieron acercarse a la iglesia ni en un kilómetro a la redonda.

Pues ahora tiene esa cara. Esa cara de idea estúpida y descabellada.

No lo digas.

Derek, no lo digas.

- Dean... - Sonríe - Tengo un plan.


Cas está harto. Está harto de TODO. No había estado tan harto desde que cambiaron el horario de Los Días de Nuestra Vida al mediodía y tenía que ver los capítulos con su madre. Hay que admitir que no estaba del todo mal y que siempre tuvo debilidad por Eric Brady. De hecho si ponías en silencio la televisión y le veías mover esos labios de joven virginal estaba bastante guay. Pero claro, como suelen hacer todas las telenovelas le estropearon el personaje cuando empezó a tener sus idas y venidas con Nicole Walker. A ver, una cosa estaba clara: Eric le daba mil vueltas a esa rubia. Muchas. Pero vamos, que la cosa quedó ahí cuando el horario de emisión volvió a ser nocturno.

Pensar en ese Eric le obliga a mirar a Erik, que estudia Historia del Arte. Ahí está, acabando de arreglar su traje para el estreno de esa misma tarde. Le sonríe cuando le pilla mirándole y Cas baja la vista a los papeles en los que supuestamente está repasando el guión. Erik le supera. Pero le supera tanto que está por lanzarse a la carretera a ver si hay suerte y se le lleva por delante un camión. Establecer contacto visual con él implica que se le acerque y entable conversación con un "¿has visto el último capítulo de FRIENDS, Cas?". Pues no, no he visto el último capítulo de FRIENDS porque no estoy de buen humor y aunque lo hubiera visto no tendría ganas de comentarlo contigo.

Es un pesado.

No le odia pero es una auténtica molestia. De hecho, ha tenido las narices de acercarse esa misma mañana y decirle "¿Te apetece repetir lo del otro día?", y Cas ha tenido que fingir una emergencia de vejiga para poder huir sin dar respuesta. Claro que no quiere repetir lo del otro día. Lo que tiene que hacer uno para salirse con la suya.

El caso es que quedaron por la tarde, a eso de las cinco y el tío se presentó vestido con camisa abierta (dos botones vale, PERO TRES ES PROVOCAR) de color morado y zapatos. ZAPATOS. Cas se preguntó entonces si tal vez se había equivocado y Erik había preparado una ceremonia bautismal por lo menos en vez de un café sin importancia en el bar de la esquina. Además del atuendo, Erik apestaba a colonia. Y a ver, no es que a Cas le moleste que la gente huela bien pero es que mareaba.

Se sentaron en una mesa un poco apartados del resto (a petición del otro, claro) y en lugar de sentarse en la silla de enfrente, Erik se aseguro de colocarse justo a su lado "es que así podemos hablar mejor", dijo. Y no, no era para poder hablar mejor ni mucho menos, sino más bien para poder deslizar la mano a su pierna de forma casual a los cinco minutos. "¡Qué gracioso eres, Cas!". Y Cas no es gracioso. Lo sabe de sobras. Lo sabe porque sus padres le quieren bastante y nunca se han reído de ninguna de sus bromas. Tampoco es su culpa que el humor de la humanidad sea tan complicado. A ver, ¿por qué no es gracioso que un hombre entre en un bar de pinchos y diga "au"? Tiene gracia. Un poquito aunque sea. PERO VAMOS. Que tampoco es gracia de carcajada. Y tío se dobla sobre sí mismo con un chiste de van dos y se cae el del medio y es entonces cuando se da cuenta de que es altamente probable que Erik, que estudia Historia del Arte esté intentando ligar con él. "Y dime, ¿has salido con alguien alguna vez?", le pregunta. Y cuando lo hace parpadea muchísimo. Cas niega con la cabeza y se refugia en la cucharilla del café. Se quedan en silencio. Y es el tipo de silencio que no es agradable, que ni siquiera es incómodo, QUE ES ALGO PEOR. ¿Y qué puede haber peor que estar en silencio con una persona que es una completa desconocida? Pues que intente llenarlo con preguntas absurdas.

- ¿Y tú ya habías leído Los Miserables antes?

- Ahá.

- Veo que te gustan mucho los jerséis de cuello redondo, llevas muchos jerséis de cuello redondo.

- Hm.

- ¿Has escuchado el nuevo disco de Britney Spears?

- OH DIOS, NO.

Y es ahí. Cuando la otra persona te empieza a hablar de Britney Spears que sabes que tienes que huir sea como sea. Britney Spears, por favor.

Y así lo hizo. Se levantó diciendo que había quedado con Emma (mentira podrida) y se despidió con un gesto de mano. Evidentemente no iba a darle dos besos. En primer lugar porque no es el tipo de cosas que él suele hacer. Y SEGUNDO porque estar en presencia de Erik le hace sentirse desnudo. Sin ropa. Y Cas es un tío pudoroso.

Y ahí está otra vez. Con sus pómulos grandes aprovechando la más mínima ocasión para atacar. Gracias a Dios, Emma aparece en ese momento con sus propios papeles entre las manos y el pelo más revuelto que de costumbre.

- Cas, me va a dar algo, te lo juro.

- ¿Nervios?

- ¡Estrés! Faltan cientos de cosas por hacer - se sienta a su lado -, ¿tú cómo estás?

- Bien. - Contesta secamente. La verdad es que ahora mismo la obra no le recuerda a otra cosa que lo que quiere olvidar por encima de todo. Se acuerda de la fiesta, de lo que pasó después, de las tardes intentando conseguir dinero, de las conversaciones sobre por qué Javert es un buen personaje y los "¿pero me aplaudirás verdad? Aunque sea entre bambalinas". Y ahora no habrá aplauso que le apetezca escuchar. ¿Quién quiere ser Enjolras si tu Grantaire es un completo idiota? Vale, vale que Grantaire no era lo que se dice una presencia no molesta pero yo qué sé, por lo menos tenía la decencia de llevar chalecos estilo Robespierre y no zapatos de charol.

- Todo saldrá bien - le dice ella poniéndole una mano en el brazo -, ¿te apetece un café?

Acepta la invitación por de verdad que necesita alejarse de ese ambiente de movimiento y felicidad pre-actuación así que se levanta y sigue a la pelirroja al exterior. Hace calor. El sol pega con mucha fuerza y algunas nubes grisáceas amenazan lo que será una de esas tormentas de Primavera que arruinan los días de comunión.

- Sé que no debería contarte esto porque cuando un amigo está de luto por haber sufrido una ruptura hablar de esto es tabú pero...

- ¿Sam?

- Ay - se emociona -, el otro día hablé con él y me cogió de la mano. Bueno, no de la mano MANO, y no fue él, fui yo, pero la cosa es que nos tocamos. Las manos, digo.

- Ten cuidado, Emma - la advierte -. Podrías quedarte embarazada.

Ella se ríe y le golpea con el codo. Es en ese momento que se mete las manos en los bolsillos de la falda y levanta la cabeza hacia él.

- ¿Tú sabías que la madre de los Winchester...?

- Sí.

Sí, claro. Claro que sabe que Dean no tiene madre. Desde que empezase a tener "algo" con Dean muchos meses atrás no recuerda un momento más horrible que ese. Tumbados en la cama de su dormitorio; Dean sin camiseta y Cas apoyado en él. Era enero, hacía frío pero entre los dos la piel ardía al contacto. La música estaba encendida y sonaba Wind of Change.

- ¿Qué tal has pasado las vacaciones de Navidad? - Le preguntó.

- ¿Dices si Santa Claus se ha portado bien? - Y fue de esas pocas veces que los ojos verdes de Dean Winchester buscaban algo en la habitación vacía. Algo que había desaparecido hace mucho tiempo - Ese gordo cabrón no se pasa por nuestra casa desde hace bastantes años.

- Mis padres dejaron de comprarme regalos el año que yo dejé de comprarles a ellos - explicó Cas -, pero es que siempre me pedían estampas de santos y figuras de colección.

- ¿Figuras de colección de Jesús? - Y Dean se rió. Y era una sensación agradable, notar sus risas en la oreja ahí, dentro de su pecho - Yo preferiría de Dios, son más originales.

- Oye no bromees - le reprendió -, el día que conozcas a mis padres les tendrás que caer bien, ¿sabes?

- Uy, uy - le puso el dedo en la nariz -, ¿voy a conocer a tus padres?
- No digo ahora, claro, pero cuando me quede embarazado y...

- Eres imbécil - y para ese momento los dedos de Dean estaban perdidos entre el pelo de Cas. Distraídamente. Es lo que hace la confianza -. A mi padre le vas a caer mal seguro.

- Eso me tranquiliza.

- Pero a mi madre le habrías gustado.

Y su voz sonó del mismo modo que la de un preso que por fin confiesa su delito. Como la de alguien que verdaderamente lleva muchísimo tiempo queriendo decir algo y por fin lo suelta. Ese secreto en lo más profundo del pecho y que siempre se te atraganta hasta que lo dejas salir. Y Cas no supo qué decir. Porque Dean usó el pasado. Y el pasado en una persona solamente significa una cosa. Así que con cuidado intenta salirse por la tangente.

- No estoy demasiado seguro. Ni siquiera te caigo bien a ti.

- Eso es verdad. Pero mi madre no era - otra vez - como la mayoría de la gente. Probablemente te habría invitado a tomar sandwiches de mantequilla de cacahuete y más te valdría haber aceptado o eso sí que traería consecuencias horribles.

- ¿Consecuencias horribles?

- Sí - y le miró serio -; horas y horas de "¿y seguro que no quieres un trozo de tarta?" o "he hecho unos bizcochos riquísimos que...".

Y Cas sonrió. Era la primera vez que escuchaba hablar a Dean de su madre. De su padre no, claro. Porque se sabe hasta el nombre: John Winchester. John, el que le castigaba día sí día también. Al que le debe el pasar las horas estudiando algo que no le gusta. Ese John Winchester. Y cuando Dean dice el nombre de su padre lo hace con cierto respeto pero al mismo tiempo con algo de resentimiento. Sin embargo, en esa habitación, con ellos dos solos y hablando de sandwiches de mantequilla de cacahuete todo era diferente. Dean de mejillas sonrosadas y un recuerdo triste en el iris de sus ojos verdes. Y es ahí, ahí, y no en otro momento que Cas se atrevió a preguntar.

- ¿Qué le pasó?

- Volvíamos de pasar las vacaciones en uno de esos campings de Kansas en los que la gente canta y come nubes en el fuego - explica -. No lo tengo demasiado claro, tenía cinco años y sé qué íbamos en el coche, que probablemente mis padres discutían y que nos salimos de la carretera.

Y entonces lo único que recuerdo es el tirón en el cuello del cinturón y un golpe seco. Cuando abrí los ojos mi madre me dijo que tenía que cuidar de Sam. Sam no tenía ni un año y estaba dormido o inconsciente, no sé. Me acuerdo de haberle cogido en brazos, sacarlo de allí con ayuda de mi madre y esperar de pie en la nieve. Después de eso tengo imágenes de estar en la sala de espera del hospital, rodeado de médicos que hablaban en alto y camillas que iban de un lado a otro. Sammy estaba dormido y la verdad es que le envidio. Cuando estás ahí se te acercan adultos a preguntarte si estás bien y tú lo único que puedes decir es "estoy esperando a mis padres" y ellos te miran con esa expresión de pena profunda, como sintiendo lástima por ti. Y yo no quiero que nadie sienta pena por mí, Cas.

Y Cas simplemente le abrazó más fuerte. Pero Dean había cogido carrerilla y así es difícil parar.

- Como el primer número en la agenda de mis padres era el de Bobby, él apareció y se quedó con nosotros hasta que finalmente salieron y nos dijeron que mi padre se encontraba perfectamente. A partir de aquel día él se culpó por todo lo que había pasado y se obsesionó con que Sam y yo estuviéramos bien. Por eso nunca le gustó la idea de que me dedicase a los coches. Y bueno... - suspiró - Me alegra que alguien como tú quiera ser médico porque tal vez tú podrías haber hecho algo por ella.

Wind in the Change fue compuesta desde la primera nota a la última por Klaus Meine y fue incluida en álbum Crazy World. Y la verdad es que Cas se dio cuenta en ese momento lo loco, pero sobre todo lo injusto que es el mundo con quien menos se lo merece.

- Es triste. - Emma le devuelve a la realidad. Ella sujeta la puerta de la cafetería y Cas entra sin mediar palabra.

Es diferente el ambiente de la cafetería al del resto de los días. El estrés pre-exámenes está en el aire pero todavía no agobia como una soga al cuello. Cas recuerda la primera vez que entró allí, con el rabo entre las piernas y unos deseos irrefrenables de dar media vuelta y volver a casa. Ahora todo es distinto. Incluso con la compañía de Emma bajo el brazo ese lugar es mucho menos amenazador. No es tan grande. Tal vez sea porque con el tiempo se ha conseguido hacer un pequeño hueco. Se sientan SU mesa. En la de siempre.

- ¿Has pensado qué vas a hacer este verano?

- Quita, quita, que todavía tengo que aprob...

No termina la frase. Unas cuantas mesas a lo lejos está... Está él.

- Uy, mejor nos vamos anda - Emma le coge de la manga pero Cas le indica con un gesto que pare -, Cas...

- ¿Quién es ese?

Y ese suena a "le voy a destripar". Con los puños cerrados encima del regazo Cas observa la escena, similar a la primera vez que vio a Dean Winchester en su hábitat natural. Con él están Sam, Benny y Gabriel. Sorpresa. Y... Y un tío más. Un tío que parece que ha salido de la edición macarra de la Vogue. Joder. Pelo corto oscuro y peinado en la parte de arriba pero desordenado en la nuca. Tiene barba de dos días y un poco más en la punta de la barbilla. Todo a propósito. Está ahí sentado, con desgana, remangado hasta los codos y con una cerveza en la mano. Y wow. Se ríe y lo hace con la boca muy abierta y con unos dientes perfectos. Y la persona a la que le dedica esa carcajada tan fantástica no es otra que Dean, sentado a su lado y con una sonrisa de las más brillantes que le ha visto en la vida.

- ¿Quién es?

- No lo sé pero está a la altura de los Winchester y no estoy hablando de altura real eh.

- Por favor, Emma.

- Tal vez sea un amigo suyo entonces - ella pone los ojos en blanco. "No aguantas ni una broma", no dice.

- ¿Ves como le mira? - Cas frunce el ceño - Le está mirando.

- Están hablando, Cas. Es lógico que le esté mirando.

- No tanto - Los vuelve a observar. Es que no deja de mirarle, maldita sea. Y además ahora le pone la mano en el hombro y Dean no le dice que la quite-, ¿y si está intentando darme celos?

- Por Dios, Cas - la chica suspira -. Creo que está todo en tu cabeza.

Que no. Que no está en su cabeza. ¿Qué iba a hacer un chico tan guapo como ese cerca de Dean si no fuera para darle celos a él? ¿Pero por qué te crees que el importas tanto como para hacer una cosa así? Además el tío es muy masculino. No parece gay. O tal vez es del tipo de Dean; tan macho que atraganta y luego realmente con lo que se atraganta es con otras cosas.

- ¿Crees que es gay?

- Pues a ver, - Emma finge que cuenta - estadísticamente... ¿Cómo era esa teoría de que por cada cuatro metros cuadrados en una cafetería hay un gay...?

- Idiota - se queja todavía con la vista fija en el grupo de chicos.

Y entonces pasa. Sus ojos se encuentran con los del extraño. Y es un instante. Y son unos ojos que se le comen, que se le quedan grandes. Cas se siente a muchos metros por encima del suelo pero al mismo tiempo tiene la sensación de ir a caer y estrellarse. ¿Qué le pasa a ese tío?

- Te has puesto muy rojo - susurra Emma.

- Oh, cállate - Cas se mira las manos. Todo es mejor que volver a encontrarse con ese par de zafiros acusadores -. A ese tío le gusta Dean. O le importa Dean. No sé.

- ¿Por qué lo sabes?

- Pues... - No lo sabe. La verdad es que no lo sabe. Pero es esa sensación, una presión en el pecho o una cuerda al cuello y una silla inestable bajo los pies. La respuesta fácil es que esa es la mirada que él le habría lanzado a cualquier persona que se hubiera atrevido a meterse con Dean. Que esa es la mirada de alguien territorial. De alguien que protege con uñas y dientes. Alguien que te está juzgando y... ¿alguien que quiere saber si soy lo suficientemente bueno?- Que me estoy poniendo malo, Emma.

- Serán los nervios de la obra - le pone la mano en la frente como quien comprueba que un bebé tiene fiebre. Cas sabe que en ese momento está más preocupada de perder a su Enjolras que de otra cosa -, ¿no estarás malo? ¿Has bebido algo?

- Que no... - Le quita el brazo con desgana - Es que estoy cansado.

- Pues duerme hasta las cuatro pero a las cinco te quiero en el auditorio porque te tengo que maquillar y arreglar porque tienes que ser el tío más guapo sobre ese escenario, ¿entendido?

- ¿Y si salgo corriendo? ¿Crees que llegaré antes de que anochezca a la frontera con Canadá?

- No porque te habré asesinado yo antes de que lo consigas.

Cas asiente y se levanta. Presumiblemente parecerá imbécil perdido porque gira alrededor de la mesa para no tener que encontrarse directamente ni con Dean ni con su novio, su chico, su amigo o su lo que sea. Sube las escaleras pasando la mano por la barandilla y se tambalea cuando pone la mano sobre el pomo. Está hecho polvo. Ahora entiende lo que significa estar muerto física y emocionalmente. Se siente como si le hubieran pegado mazazos en la cabeza. Y se tira a la cama.

¡Qué fácil sería todo si volviese a estar en su habitación! Con su póster de Los Intocables y con su copiosa colección de números de Spider-Man y los 4 Fantásticos. Rodeado de ropa usada y santidad. Echa de menos salir al baño y cruzarse a su madre por el pasillo y que le diga tiene tortitas calientes en la mesa. Echa de menos zampárselas de un bocado y luego tirarse a SU COLCHÓN con edredón de estampado galáctico. Los tiempos eran mejores cuando el único hombre de su vida era Danny Zuko y su culo respingón. ¡Qué sencillo es querer a hombres de ficción! Y no es que Dean no parezca sacado de una película de Hollywood. El problema es que Dean no va a cambiar por él como lo hizo Danny por Sandy. No va a ponerse una chaqueta de punto y conducir un coche volador por él (bueno, puede que lo del coche sí. Si fuera físicamente posible, claro). Tiene que asumir que porque las películas acaben siempre bien la vida real no es igual.

Bueno, Enjolras y Grantaire eran personajes literarios y mira cómo les fue.

Y es cierto. Demasiado cierto. Tiene que interpretar a Enjolras en tres horas escasas. Tiene que gritar y cantar por Francia y la libertad. Tiene que subirse a una barricada y defender sus ideales impregnados de color rojo. Tiene que cantar la canción del pueblo. Tiene que mirar a la muerte a los ojos y abrazarla. Y tiene que coger a su Grantaire de la mano y dejarse llevar.

Vacila.

Cierra los ojos y se muerde el labio. Aunque hace mucho tiempo que Dean no se tumba en esa cama, la verdad es que es difícil olvidarse de la forma de sus hombros sobre la almohada. Es complicado no recordar cómo los músculos de la tripa se le tensaban al ritmo de la mano de Cas.

Y es esa mano la que desabrocha sus vaqueros; y son los dedos de esa mano los que bajan el calzoncillo y empiezan a ejercer presión sobre su pene. La oprime con fuerza y vibra, vibra de arriba a abajo. Con los ojos cerrados sueña con los brazos de Dean alrededor de su cintura, y sueña con sus lenguas que pasan del diálogo a la acción. Está caliente, y si Dean estuviera allí ahora mismo habría explotado. Y casi siente sus manos en su culo, y casi deja de ser su mano derecha para ser la boca del otro. Lamiendo. Respirando. Sintiendo todas las palpitaciones de su corazón en la punta de la polla. Y las ganas de que alguien le folle nunca han sido tan grandes; y ese deseo se traduce en un gemido del fondo de la garganta cuando tiene que apartar la imagen de Dean sobre él, paseando sus labios por su nuca, haciéndole cosquillas con el pelo claro en la espalda, empujándole con tanta fuerza que de ellos sólo queda lo salvaje.

Cas sabe que igual el crédito del ochenta por ciento de los orgasmos que tiene la gente se lo lleva Dios. Pues bueno, ese no va a ser el caso. Dean, Dean, Dean y sólo Dean es el nombre que jadea cuando entierra la cabeza en la almohada, cuando se muerde la mejilla para no gruñir en alto. Dean. Dean. Oh, Dean.

Si esa paja fuera una canción ahora sonaría Sweet Caroline de Neil Diamond en toda la facultad. Porque touching me, touching you y "quiero metértela hasta el fondo, Dean Winchester pero me duele que pases de mí". Y cuando acaba se queda ahí, respirando muy fuerte. Y a escasas horas de la obra que lleva esperando representar todo el año, no hay nervios, no hay "ay, se me olvidará esa parte de la canción" o "ay, desafinaré". No, nada de eso.

Lo único que puede pensar es:

Agh, Dean.