El viaje de regreso a casa fue largo e incómodo, ambos mamíferos estaban inmersos en sus propios pensamientos, en las posibilidades que yacían ante ellos, en el accionar que deberían tomar, y en el vano futuro que conforme transcurría el tiempo, parecía estar por arrebatarles el atisbo de esperanza que habían desarrollado con su pequeña aventura.
Los materiales que Judy compró se quedaron dentro de la camioneta, en estos momentos ninguno se atrevía a tocarlos, no con la tensión que había en el aire.
Judy se bajó de la camioneta sin mediar palabra, sin observar a Wilde. Simplemente se bajó y caminó rumbo a sus aposentos, necesitaba prepararse para lo que venía. Necesitaban darse unos minutos a solas para considerar cómo iban a obrar de ahora en adelante.
Francamente, Judy sabía que estaban esperando a que ella tomase una decisión. Y si era sincera consigo misma, necesitaba el tiempo para llegar tan siquiera algo.
Entró en su habitación, sus manos temblaban, necesitaba controlar sus emociones, necesitaba tener una mente clara, no podía dejar que sus prejuicios e ideas a medio formar controlaran su ser. Pero no era algo fácil, muy, muy en el fondo seguía siendo esa chica fervorosa por la justicia, esa jovencita que blandía el honor en sus manos, que seguía viendo al mundo en blanco y negro. Y esa parte de ella estaba indignada con lo ocurrido, encolerizada de hecho.
Pero no por la obvia señal de que el zorro estaba involucrado con una de las familias, no. Eso ya lo sabía, allí no había sorpresa alguna, el informe de Ben fue claro en ello, Nicholas Wilde era alguien de interés para la ley, el problema es que no habían podido probar nada, no había nada que imputarle, el sujeto era inocente, más sin embargo, al gobierno poco le importaba la falta de evidencia, obviamente ya se habían fraguado una idea y nada les haría cambiar de opinión. No, lo que mantenía nerviosa a Judy no era la confirmación de que el zorro estuviese realmente enlazado con la mafia.
No, lo que la indignaba es el fuego que se disparó dentro de ella a causa de la confianza que Wilde le entregó.
No confiaban por completo en el uno al otro, de eso estaba muy al tanto. Y aun así, el zorro tomó un riesgo con ella, le entregó en sus propias manos evidencia que lo condenaba, que el gobierno pagaría muy bien por tener, que la pondría quizás incluso en la policía de lograr salir de aquí con ella.
Nicholas Wilde no confiaba en ella, pero tomó un riesgo para intentar hacerlo. Y ese simple gesto bastó para devastarla como no tenía idea.
Pocas o ninguna persona había confiado en ella de tal forma en la ciudad, realmente nadie había puesto su vida en semejante manera ante ella, nadie le había dado las cartas para arruinarla si así lo desease. Y debía admitir, que tal poder era intoxicante a la vez que aterrador.
Sus manos temblaban, pero no en miedo, ni en emoción. Temblaban por el conflicto de intereses que ocurría dentro de ella, temblaban porque por primera vez en años, lo que deseaba estaba en conflicto con sus ideales. Miró en dirección de su arma, estaba cargada y lista para ser empleada, sólo tendría que usarla y llamar a las autoridades, estaba segura de que Ben se aseguraría de que Bogo la tomase en cuenta, el nombre de Wilde sería más que un mero incentivo. Pero hacerlo implicaba traicionar a alguien que hasta ahora, le había dado más oportunidades y respeto que cualquier otro mamífero en la ciudad.
Carcajeó, ¿Qué demonios estaba haciendo? Miró su arma, la respuesta era muy clara. Sólo había una acción correcta aquí. Y así, sin más, decidió darse la vuelta y salir de la habitación, su arma completamente abandonada sobre la mesa.
