EXTRA
4: CAMUS Y MILEKHA
Cursaban los meses de invierno en el Santuario, y todo estaba cubierto de nieve. Excepto el coliseo, claro está, Shaina ya se había encargado de que los aprendices barrieran toda la nieve cada mañana antes de comenzar sus prácticas. A menudo, Mu enviaba a Kiki a ayudar, sobre todo a teletransportar la nieve hacia otra parte donde no estorbara mucho y Kiki, travieso, la enviaba a las casas de los guardias, hasta que éstos se quejaron y Mu regañó a su aprendiz.
Milekha venía del templo de Aries y se dirigía hacia el de Acuario, riendo animadamente. Sus dos amigas, Lily y Selene, tenían 7 y 3 meses de embarazo, respectivamente, y ambas eran atacadas por los males propios del embarazo.
-Ya te veremos así- dijo Lily, bastante mareada.
-Sí, claro- dijo Milekha, sin parar de reír- pero por ahora soy yo quien me río de ustedes...-
-No te rías tanto- intervino Clara, con Teseo sentado en su regazo aplaudiendo animadamente. Había tomado la costumbre de hacer eso cada vez que alguna de sus tías reía. Clara lo puso en el suelo para que jugara con los juguetes que le había llevado.
-Deja que sea feliz- dijo Milekha, bastante divertida al ver la cara casi de tinte verdoso de Selene y los esfuerzos de Lily de acomodarse apropiadamente. Milekha se volvió hacia la última- oye, Lily, ¿es cierto que serán dos?-
-Eso parece- dijo Lily, levantando las piernas sobre un descansapies.
-Pues que tengas buena suerte- dijo Clara, quitándole a Teseo uno de los cubos de entrenamiento de Mu que estaban en el suelo antes de que el niño se lo metiera a la boca- pero si heredan los poderes de teletransportación de Mu, créeme que no te envidiaré...-
-Oh, no- dijo Milekha, volviendo a reír- imagina tener que andar persiguiendo no a uno, sino a dos niños así como Teseo, pero que se pueden teletransportar...-
-De hecho- dijo Lily sonriendo- yo esperaba que fueran un niño y una niña...-
-Eso será difícil- dijo Clara- pero no imposible...-
Milekha había dejado a las "mujeres casadas" platicando, y mientras subió a Acuario para ver como estaba Camus. Hacía unos días, el caballero de Acuario había estado un poco irritable, tal vez por la carta que recibió de su hermana, en la cual le decía que viajaría a Rusia con las hermanas de Milekha y, sobre todo, con su hermano Alexei.
-No es tan malo- le había dicho Milekha- Danushka es tan obsesiva que no los dejará solos ni cinco minutos...-
Camus no había estado muy convencido.
-Vamos, Camus- había insistido Milekha- Alexei es bueno, no se portará mal...-
Pero Camus tenía sus dudas. En fin, primero que nada Milekha quería ir a revisar que Camus siguiera en el templo de Acuario y no rumbo a Rusia. No que le costara trabajo.
-¿Camus?- dijo Milekha en media voz. No se sentía en confianza de entrar gritando a uno de los Doce Templos. En el palacio de Rusia no tenía ningún problema para hacerlo, pero en el caso del templo de Acuario era distinto- ¿estás en casa?-
Milekha no obtuvo respuesta, así que comenzó a internarse en el templo.
-Camus, ¿dónde te metiste?- dijo Milekha, un poco desesperada- más vale que no estés buscando a mi hermano porque tú aún no me conoces enojada...-
-Lo poco que te conozco enojada me aterra- dijo Camus, entrando de pronto a la sala. Milekha sonrió y le saludó de la manera usual.
-Muy gracioso- dijo Milekha, tras besarlo.
-No pretendía bromear- dijo Camus, muy serio- tú sabes que eres temible cuando te enojas... a Seiya le das tanto miedo como Shaina, y eso ya es mucho decir-
Milekha se echó a reír.
-¿Y tú no me temes tanto así?- dijo Milekha.
-Algo- se limitó a decir Camus.
Milekha sonrió y le dio un beso en la mejilla. El caballero de Acuario sonrió levemente.
-¿De dónde vienes?- preguntó Camus al notarla tan alegre.
-Del templo de Aries- dijo Milekha- Lily está a punto de reventar, y la pobre de Selene no se separa del inodoro...-
-No parece ser muy divertido para ellas...- dijo Camus.
-No, de hecho que no- dijo Milekha, pensativa-y lo extraño es que parecen muy felices al respecto...-
-Debe ser...- dijo Camus distraídamente.
-¿Pasa algo, Camus?- preguntó Milekha.
-Tu madre llamó- dijo Camus en tono serio- tienen problemas en la frontera con Moldavia, y quiere que tú vayas como mensajera diplomática...-
-¿Qué qué?- dijo Milekha, sorprendida.
-Eso fue lo que dijo- dijo Camus en el mismo tono- será mejor que la llames...-
Milekha asintió y tomó el teléfono. No pensaba viajar a Moldavia a discutir con quienquiera que sea el embajador de ese país. Y no pensaba ceder.
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Unas horas después, Milekha ya iba en el jet privado de Saori en camino hacia la frontera de Rusia con Moldavia. Su madre la había convencido, y ella aún no entendía como. Tal vez fue porque llamó a su padre para que la ayudara, quien sabe. El punto es que ya iba rumbo a ese destino, acompañada por Camus, con su gatita Angora en el regazo, la cual ya no era tan gatita, pero aún era de color tan blanco que se perdía entre las bolas de nieve durante el invierno.
-No puedo creer que haya aceptado venir- dijo Milekha, mirando nerviosamente por la ventana- tengo un mal presentimiento de este asunto...-
-No eres la única, chérie...- dijo Camus, entrecerrando los ojos.
-Bueno, espero que todo termine pronto- dijo Milekha- no quisiera que Lily por fin reventara y yo no estuviera ahí para verlo...-
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El jet arribó al aeropuerto de Moldavia en un par de horas, y Milekha fue recibido por un hombre alto, muy bien parecido, que dijo ser el ministro de relaciones exteriores.
-Y usted debe ser la princesa Milekha- dijo el ministro, inclinándose- es un honor y un placer conocerla finalmente-
"Lo que sea..." pensó Milekha. Sin embargo, siguió al ministro hacia un pequeño despacho, y Camus no se separó de ella. Junto con ellos iba el guardaespaldas del ministro y un chico de la edad de Camus.
Una vez ahí, Milekha fue directo al grano.
-Señor ministro- dijo ella- mis padres me enviaron a su país porque han tenido dificultades en el manejo de la frontera...-
-Oh, sí, lo sé- dijo el ministro- pero ahora no, mi estimada princesa, será mejor que usted y su... guardaespaldas- añadió al examinar a Camus- vayan a descansar un poco. Mañana a primera hora discutiremos este asunto...-
Milekha asintió. Iba a decir que Camus no era su guardaespaldas, pero una mirada de éste se lo impidió. El ministro le dijo a su sobrino algo en rápido moldavo, y éste se volvió hacia ellos y se inclinó.
-Yo la conduciré a su habitación, su alteza- dijo el joven.
Milekha y Camus lo siguieron. Este último volvió la vista atrás. Ese ministro no le agradaba para nada. Una vez que salieron, el ministro se volvió a su guardaespaldas.
-Será sencillo- dijo en moldavo.
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-Aquí es- dijo el joven, abriendo una puerta y entregando un par de llaves a Milekha- son dos habitaciones contiguas...-
-Gracias, em...-dijo Milekha.
-Radu- dijo el joven, inclinándose de nuevo- Radu Tolderas-
-Gracias, Radu- dijo ella.
-Para servirle, su alteza- dijo él, retirándose. Una vez solos, Milekha y Camus entraron a la habitación y cerraron la puerta.
-¿Qué piensas?- le preguntó Camus.
-Es extraño- dijo ella- el ministro me parece muy extraño...-
-Algo trama ese hombre- dijo Camus- se le nota en la mirada...-
-Bueno que viniste conmigo- dijo Milekha con una sonrisa dulce.
Camus sonrió levemente. Mientras su chica se puso a repasar algunas frases en rumano en uno de los libros que había llevado, Camus miró por la ventana y vio al sobrino del ministro Tolderas alejándose por el patio.
-Yo pienso lo mismo- dijo en voz baja.
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A la mañana siguiente, Camus se levantó temprano y fue inmediatamente a revisar a la habitación de Milekha. Todo en orden. La princesa seguía profundamente dormida. Camus la besó en la mejilla y ella apenas se movió un poco.
El caballero tomó una ducha y salió de la habitación, con cuidado de cerrar la puerta. Comenzó a caminar silenciosamente hacia el despacho, solo para asegurarse que el camino estuviera seguro para su chica.
Después de cruzar un par de pasillos, escuchó una voz. Era la voz de Radu Tolderas, el sobrino del ministro. Camus se acercó para escuchar.
-Ninguno de los dos tiene que saberlo- dijo la voz del joven- mientras que la princesa y su guardaespaldas estén aquí no se darán cuenta, tenemos tiempo...-
Camus frunció el entrecejo. ¿Qué era lo que estaban planeando? El caballero avanzó hacia el rincón donde había escuchado la voz, y se sorprendió de no encontrar a nadie, solo la pared vacía.
-¿Qué rayos...?- murmuró el caballero, sorprendido. Miró a los lados. Nada. De pronto, algo llamó su atención. Una manija en una de las esquinas del rincón. El caballero alzó las cejas- ¿un pasaje secreto?-
El caballero giró la manija y vio que, en efecto, se trataba de un pasaje secreto. Camus se introdujo en él y lo siguió en silencio. Podía escuchar a lo lejos la respiración agitada de dos personas delante de él. De pronto, el joven volvió a hablar.
-Date prisa, alguien nos está siguiendo- dijo Radu.
Camus apretó el paso. Ya podía ver el final del pasaje, y al sobrino del ministro a punto de abrir la puerta. Pero Camus fue más rápido.
-¡POLVO DE DIAMANTE!- dijo el caballero. Radu Tolderas no supo que pasó, pero un segundo después tenía los brazos y las piernas congeladas contra la pared del túnel.
-¿Qué rayos...?- dijo él, rechinando los dientes de frío.
-Mucho mejor- dijo Camus- ahora, ¿puedes ser tan amable de explicarme que tramaban tú y tu cómplice?-
-Nunca- dijo Radu valientemente, frunciendo el entrecejo.
-Veo que quieres quedarte congelado en este túnel- dijo Camus, y se volvió hacia un rincón, de donde provenía una respiración agitada- tal vez tu cómplice sí me diga...-
Camus iba a caminar hacia esa dirección, cuando Radú de pronto habló.
-No le hagas daño- exclamó el sobrino del ministro-¡déjala en paz!-
¿Deja...la? Camus se detuvo de pronto.
-De acuerdo, no tengo tiempo para esto- dijo Camus- dime que rayos sucede...-
Radu Tolderas suspiró.
-De acuerdo- dijo él- Dassa y yo estábamos planeando huir del país hacia Rusia, ¿contento?-
Camus se quedó helado. Que irónico, ¿no? Pero esa respuesta no la esperaba. Se volvió hacia donde escuchaba al "cómplice", pero no, era solo una chica de cabellos negros y ojos impresionantemente azules que se asomaba tímidamente y con mucho miedo.
Camus se cacheteó mentalmente. Acababa de cometer un grueso error.
-Lo... lo lamento- dijo Camus torpemente, descongelando a Radu de la pared.
-No importa- dijo el sobrino del ministro- me imagino que era para proteger a tu chica...-
-Así es- dijo Camus.
-Pues en ese caso debes darte prisa- dijo Radu Tolderas- mi tío tiene planes para ella, la princesa Milekha no está a salvo en este sitio...-
-¿Qué dices?- dijo Camus- ¿porqué no lo dijiste antes?-
-Porque te reconocí- dijo él- yo era amigo del príncipe Iván de Ucrania, y sé que tu eres el caballero de Atena que los ayudó. Mi tío no lo sabe. Por eso creí que la princesa estaba a salvo, mientras estuviera contigo, y que no habría necesidad de decir nada...-
-Planes- dijo Camus- ¿qué planes tiene con Milekha?-
-No lo sé- dijo Radu- pero más vale que te des prisa...-
Radu Tolderas no tuvo que decirlo dos veces, Camus salió disparado de regreso a la habitación donde había dejado a su chica.
Una gran decepción le esperaba. La puerta que él había dejado cerrada estaba abierta, y Milekha no estaba dentro de la habitación.
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Milekha se había levantado y duchado casi al mismo tiempo que Camus la dejó. Se sorprendió de no encontrar a su caballero, pero no le dio mucha importancia. Tal vez esta vez el ministro sí hablaría con ella.
La joven se dirigió hacia el despacho donde se habían encontrado el día anterior. Llamó a la puerta y el guarura del ministro Tolderas le abrió.
-Buenos días, alteza- dijo el ministro, que ya estaba dentro- veo que tu guardián no vino. Dan, déjanos solos-
El guardaespaldas se inclinó y salió.
-Señor- dijo Milekha, luego que el ministro Tolderas le indicó un lugar para sentarse- quisiera hablar con usted sobre este asunto lo más pronto posible...-
-Tendremos que dejarlo para después, querida- dijo el ministro en un tono que a Milekha no le gustó para nada.
-¿A qué se refiere?- dijo la princesa.
-A que discutiremos otros asuntos- dijo el ministro- como tu estancia en este país por un buen tiempo... hasta que hable con tus padres del asunto-
Milekha se levantó de su asiento de golpe. Por fin lo entendió todo.
-Es una trampa- dijo Milekha, retrocediendo y dirigiéndose hacia la puerta- me engañaste...-
-Pues, ¿para que te digo que no?- dijo el ministro, poniéndose de pie también y dirigiéndose hacia ella.
-Aléjate de mí- dijo Milekha, viendo que ya estaba contra la pared.
-Yo pensé que este sería un trabajo desagradable- dijo el ministro Tolderas, cortando la distancia- pero ya veo que no- y extendió su mano para tocar su mentón, pero ella lo rechazó.
-Aléjate de mí- repitió Milekha en tono amenazador.
-¿O qué?- dijo el ministro- ¿vas a llamar a tu guardaespaldas? Solo para que sepas, Dan está armado y tiene ordenes de matar a todo aquel que se acerque a este despacho...-
Milekha iba a decir algo, cuando se escucharon seis detonaciones fuera del despacho. El ministro sonrió, complacido consigo mismo.
-¿Lo ves?- dijo el ministro- tu caballero esta...-
Pero en ese momento llamaron a la puerta.
-¡Dan!- dijo Tolderas de mal humor- te dije que no molestaras...-
Pero a pesar de sus palabras, la puerta se abrió y Dan entró. En un bloque de hielo.
-¿Qué demonios...?- dijo el ministro.
-¡Camus!- exclamó Milekha. El caballero entró con su cosmo dorado fuertemente encendido.
Tolderas no perdió el tiempo. Sacó su pistola automática y puso el cañón bajo el mentón de la princesa.
-Atrás o le disparo- dijo Tolderas.
Camus frunció el entrecejo y no se movió. El cañón de la pistola y la mano del ministro se congelaron de inmediato. Milekha se escabulló por debajo de su brazo y se colocó junto a Camus.
-Bien merecido lo tienes por engañarnos- dijo Camus, tomándolo del cuello contra la pared - y esto es por tratar de pasarte de listo con mi chica- y, con esas palabras, lo congeló por completo.
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Más tarde, Radu Tolderas les explicó todo. Su tío trabajaba para un ministro corrupto del gobierno de Rumania, para obtener por la fuerza la ayuda de Rusia para volver a anexar Moldavia a su territorio. Por ello y para alejarse del conflicto, Radu y su novia secreta Dassa planeaban huir a Rusia.
-Lamento no haberles advertido antes- dijo Radu Tolderas, muy apenado.
-No te preocupes, Radu- dijo Milekha, tras llamar a sus padres para explicarles la situación- no sucedió nada malo...-
-Y es hora de volver a Grecia- dijo Camus fríamente.
Milekha asintió. Ya había sido bastante para ella también.
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Camus volvió a Grecia agradeciendo que todo ese asunto acabara. Además, tenía algo que hacer. Una vez que Milekha terminó de contarle a las chicas como le había ido durante su viaje, la llevó con él al templo de Acuario.
-Vaya que pasamos un par de días extraños en Moldavia- comentó Milekha, mientras se sentaba en uno de los sillones del templo de Acuario.
-Sí- dijo Camus tan serio como siempre, sentándose junto a ella.
-No lo puedo creer- dijo Milekha.
Camus no respondió. Se limitó a tomar a su chica del mentón para hacerla girar su rostro hacia él, hacia sus labios. A Milekha le gustó esa sutil y dulce forma de hacerla callar.
-¿Y qué fue eso?- preguntó ella, sorprendida.
-Nada más- dijo Camus, volviéndola a besar- tengo algo que preguntarte...- añadió.
Un par de días después, Milekha fue con las otras con una noticia. Estaba comprometida con Camus.
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CONTINUARÁ...
Para información... Moldavia antes era parte de Rumania, pero se independizó y ahora su lengua y su cultura está siendo muy influida por Rusia. Si quieren escuchar el idioma rumano en una buena rola, les recomiendo "Dragostea din tei", del grupo moldavo O-Zone... mejor conocida como "Numa numa dance".
Hasta el proximo capi.
Abby L. / Nona
