Hola a todos! Aquí estoy con un nuevo capitulo, tenía ganas de escibir, espero que os guste. Yo no estoy muy convencida, pero quiero que me digáis que os parece la pequeña de Harry.

Espero que estéis muy muy bien! Disfrutad!

Harry se acomodaba la túnica negra con expresión seria. Pasó dos dedos e intentó estirar la tela que tanto le asfixiaba. ¡Como odiada aquella túnica! Era completamente negra, igual que la muerte. Sin ornamentos, caía suavemente hasta los pies y se cerraba mágicamente. Siguió observando su reflejo durante unos instantes. Hacía años que no estaba tan delgado, lo notaba en ocasiones como aquella, cuando solo veía su cara. Sus brazos, su torso y sus piernas sin embargo seguían tan fuertes como siempre, pero no podía evitar notarlo cuando veía su cada vez más marcada mandíbula y sus ojos, que ojos le devolvieron una mirada descarnada. Ginny, al otro lado de la habitación, buscaba entre sus joyas. Parecía estresada. Revolvió el cajón de los accesorios hasta que dio con lo que buscaba. Estiró suavemente de la cadena con el propósito de sacar un pequeño colgante. Harry esbozó una media sonrisa al visualizarlo a través del espejo. Tenía forma de rábano. Ginny se acercó a él presurosa y lo hizo a un lado con suave golpe de cadera. Quería observar su reflejo.

-Perdona- murmuró mientras se intentada atar aquel collar que le había regalado Luna años atrás.

Forcejeó con el cierre durante algunos segundos, bajo la mirada atenta de Harry, sin embargo no consiguió ponérselo. Cada vez más enfadada, se lo tendió a su marido bruscamente. Él no necesitó palabras, lo tomó entre sus manos, algo grandes para un cierre tan diminuto, y lo sostuvo mientras Ginny colocaba el pelo de manera que no le molestase. Cuando estuvo lista, Harry pasó la fina cadena por encima de su cabeza cerrándola del otro lado sin mayor esfuerzo.

-Gracias-murmuró ella girándose para mirarle

Harry la tomó entre sus brazos y ella se dejó hacer, apoyándose en su hombro. Él posó la barbilla sobre su cabeza y cerró disfrutando de aquel instante de paz. Ginny sintió que sus ojos se humedecían, pero no dejó que las lágrimas surcaran sus mejillas. Aquel día era muy triste.

Permanecieron en silencio durante algún tiempo, tomando fuerzas para lo que les deparaba a continuación.

-¿Y los niños?-preguntó el

-Están abajo

-¿Están listos?

-No, siguen en pijama -respondió

Harry se separó lentamente de su esposa. Había que ponerse en marcha.

-Voy a decirles que se vistan. Tranquila,- añadió ante la mirada inquieta de Ginny- me aseguraré de que escojan la ropa adecuada para la ocasión.

Dejó a su mujer acabando de arreglarse y bajó en busca de sus hijos. Sintió que su corazón se ensanchaba a verlos jugar con pequeños palitos de madera, fingiendo que eran sus varitas. La pequeña Lily estaba sobre la espala de Ted, que perseguía a los dos chicos para hacerles cosquillas. Mientras, estos lo atacaban con hechizos imaginarios. Pronto irían a Hogwarts y sostendrían algo más que simples ramitas… Sin embargo la alegría desapareció tan pronto como había llegado, recordando que Ted seguía enfadado con él y que no había bajado al salón para participar en los juegos.

-¡Chicos!- les llamó-hay que vestirse

Sus hijos solían hacerle caso, pero sabían que cuando su padre no sonreía para hablarles era que la situación era más seria de lo normal. Cuando se dirigía a sus retoños, Harry siempre estaba alegre. Veía en ellos un pequeño milagro, unos seres perfectos que habían venido, de la mano de Ginny, para iluminar su existencia y brindarle el amor que tanto se le había negado. Así que cuando todo iba bien, Harry no podía evitar que una sonrisa escapara de sus labios al verles. Sin embargo, aquel día no todo iba bien, así que sus hijos pararon en seco y subieron las escaleras aprisa.

-¡Papi sonríe! –exclamó la niña que Ted ya había puesto en el suelo.

Harry compuso una media sonrisa ante la petición de su hija. La tomó de la mano y tiró de ella suavemente, indicándole que debía ir a cambiarse. La niña siguió a sus hermanos, así que Harry aprovechó para mirar de reojo a Ted, no sabiendo si debía decirle algo o no. Se maldijo a sí mismo por ser tan malo a la hora de expresar sus sentimientos. Su ahijado parecía además súbitamente interesado en lo que ocurría tras el cristal de la ventana así que decidió subir las escaleras.

….

Luna no hubiera estado nada contenta con su funeral. Ese fue el pensamiento que ocupó la mente de Harry durante toda la ceremonia. Se trataba de una ceremonia sencilla. Los pocos invitados que había iban vestidos de negro. El pequeño cementerio estaba oscuro, puesto que el sol había decidido no salir ese día. Un ataúd descansaba frente a algo que se asemejaba a un altar. Junto a este había dos más pequeños. Eran de color blanco y cuando Harry los había visto había sentido que se le cortaba la respiración. Permanecían cerrados, y solo Harry y Rolf Scamander sabía que cual era la horrible visión que se encontraba dentro. El hombre se encontraba en primera fila, custodiado por dos aurores. El recuerdo de la su último rencuentro pareció desfilar por delante de los ojos del héroe del mundo mágico.

Scamander se encontraba acurrucado en el fondo de la celda. Cualquiera que hubiese pasado por ahí hubiese sentido pena al verle. Tenía el rostro desencajado y los ojos inyectados en sangre. Sin embargo, al director del cuartel general de aurores tan solo le inspiró asco. Se acercó a los barrotes de la celda pero se quedó a medio metro de distancia tal y como le había enseñado su mentor, Kingsley. "Recuerda, Harry, que no tienen nada que perder, nos arrancarían los ojos si nos acercáramos más". Aquella vez tampoco se equivocó. Tan pronto como se el prisionero oyó los pasos se levantó y sacó el brazo por el barrote. Las manos ennegrecidas por la mugre de la celda quedaron a pocos centímetros de su rostro y despertaron aún más odio en auror. Los dedos retorcieron el aire, intentado alcanzar al que creía culpable de su situación. Eran esas manos las que habían enviado una lechuza previniendo a los mortífagos de su misión para rescatar al ministro, estaba seguro.-pensó Harry- ¿De cuentas cosas era más responsables? ¿Cuántas muertes la teñían de rojo? ¿Eran culpables del secuestro de su hija? Se esforzó por pensar que todo había acabado bien, porque si no podría haberle estrangulado allí mismo.

-Tienes que dejarme ir al entierro- le suplicó aquel hombre

Harry lo observó durante unos instantes más. El hombre era la viva imagen de la desesperación. ¿Qué debía hacer?

Gracias a Merlín, la decisión final a tomó el Wizengamot. Y allí estaba, mezclado entre las víctimas de su traición y llorando la muerte que tanto había intentado evitar. Harry sintió que otra oleada de ira se filtraba por sus venas. Se apaciguó a si mismo observando a su familia. Albus y James estaban tranquilos y Lily estaba sentada sobre su madre.

Cuando el cura acabó de hablar los asistentes se levantaron un por uno dispuestos a depositar una rosa blanca en cada uno de los ataúdes. Harry se dispuso a hacer lo mismo pero, cuando lo abandonaba su sitio, oyó el grito de su pequeña hija:

-¡Papá! A tía Luna le gustaban las flores de colores

Harry sonrió, sacando la varita del interior de su túnica. Golpeó suavemente los pétalos y las rosas se volvieron amarillas. Lily sonrió y corrió junto a su padre, dispuesta a dejar flores sobre el ataúd de la que hubiera sido su madrina.

-¿Qué es eso?- preguntó cuándo volvían a sus asientos

Los dos pequeños ataúdes estaban también recubriéndose una manta de pétalos. Harry vio como Ron y Hermione se acercaban hasta estos imitando su ejemplo y posando rosas azules.

-Pequeña ¿tú te acuerdas de que tía Luna iba a tener bebés?- preguntó Harry

La niña asintió con entusiasmo, como si su padre fuera a decirle que pronto podría jugar con ellos. Harry tragó saliva, dudando entre si mentirle o no.

-Bien, pues no los vas a poder conocer, se han ido a vivir muy lejos. Lo siento cariño.

La pequeña asintió y se quedó pensativa

-Muy lejos… ¿dónde? ¿Con su mamá? ¿Con Tía Luna?

-Sí, pequeña, con su mamá.

-Pero…Tú me dijiste que se Tía Luna había ido al cielo.

-Sí, es cierto.- respondió su padre casa vez más nervioso

-¡Ah! Entonces están en el cielo. ¿Están con los abuelos?

-Sí- Confirmo su padre acariciando suavemente su pelo

Lily parecía satisfecha con las respuestas de su padre. Se quedó absorta en sus pensamientos durante unos segundos más. Su padre respiró tranquilo, pensando que las preguntas habían cesado, sin embargo la niña volvió a la carga.

-Papá...Ir al cielo significa morirse ¿no?- su padre tardo unos instantes antes de asentir- Pero morirse… ¿es malo? –Su padre la miraba intensamente sin responder por lo que añadió - Todo el mundo está triste.

Harry no pudo evitar sonreír ante la inocencia de su hija. Sin embargo volvió a ponerse serio para contestarle.

-Verás, morirse no es malo. El problema es que cando mueres te vas muy muy lejos. Y la gente que te quiere pues… entonces te echa de menos, porque ya no puede verte, ni estar contigo. Entonces esa gente está triste porque ya no van a ver a la persona que quieren.- calló durante unos segundos, intentado no pensar en el dolor que le habían causado las muertes de sus seres queridos. – Pero, es muy importante Lily que sepas que hay muchas cosas peores que la muerte. Ya tendrás tiempo de entenderlo cuando seas mayor.

-Entonces… ¿tú echas de menos a los abuelos y a tía Luna?

"Bendita inocencia" pensó Harry. Se preguntó si puedes echar de menos era exactamente lo que el sentía. ¿Se puede añorar a alguien al que apenas recuerdas? Entonces recordó su infancia en la alacena bajo la escalera y en todas las veces que había deseado que volviesen sus padres. Pero sobretodo pensó en Sirius, en su padrino, en cuantas veces hubiese deseado tenerlo a su lado, que le aconsejase alguien a quien recurrir. Las brechas de aquella perdida volvieron a abrirse cuando Ginny le culpó de lo sucedido en la batalla de Hogwarts…Sin embargo esa reflexión era demasiado complicada para su hija de seis años.

-Claro que los echo de menos. Ahora sobre todo a tía Luna- ante la mirada extrañada de la niña añadió- Mira, cuando alguien se va al cielo, primero los echas mucho muchísimo de menos, y estas muy triste. Y luego, poco a poco, te das cuenta de que no puedes estar siempre echándoles de menos. Y poco a poco empiezas a estar menos triste hasta que al final solo los echas de menos un poquito, y los guardas en tu corazón para siempre.-Acabó su padre mientras su hija le miraba, muy impresionada

-Yo guardaré en mi corazón a Tía Luna y a sus bebes para siempre- exclamó la niña

-Eso está muy bien cielo.- le aseguró su padre dándole un suave beso en la frente.

Lily se quedó mirando al infinito durante unos instantes y luego pareció centrarse en sus hermanos que estaban sentados en la otra punta del banco. Se levantó, y se unió a su conversación, dejando a Harry empapado de sudor frío. Cuando el hombre miró a Ginny esta le devolvió una mirada inundada en lágrimas. Lo había oído todo.

-Creía que jamás saldría del apuro- murmuró estirando del cuello de la túnica par que le entrara más aire. Ella lo abrazó y lo besó en la mejilla mientras esperaban que todo el mundo acabara de posar las flores.

Guardarían a Luna y a sus bebés por siempre en sus corazones.

…..

En otro lugar de Londres unos mortífagos discutían:

-Yo voto por volver a cogerle, os aseguro que esta vez no aguantará la tortura-gritó uno

- ¡Secuestremos a alguno de sus hijos de nuevo! Deberíamos…- exclamó otro

-Sus hijos están bajo extrema vigilancia, ¡eso es imposible!

-Matemos algunos muggles más ¡Es lo más entretenido! – Le interrumpió el que estaba sentado a su izquierda

-Maldita sea ¡nos hemos equivocado!- prorrumpió Lucius, que entraba por la puerta

-¿Qué quieres decir?- preguntó Bellatrix que no había escuchado las absurdidades de sus compañeros

-Quiero decir, que nos hemos equivocado, no era Scamander quien nos había traicionado.- respondió el recién llegado

-Alguien nos había traicionado ¡solo así pudieron rescatar a la hija de Potter!- intervino un mortifago pero los más experimentados lo ignoraron

-Tardamos meses en decidir cuál de los era.-aseguró la mujer- ¡Era la rata de Scamander!

-¡Te digo que no! Sé de buena fuente que lo han metido en Azcaban, si hubiera estado de su parte ¿crees que lo hubieran hecho? Solo hay dos espías nuestros que tengan acceso a los movimientos de Potter- respondió Malfoy

-¡Maldita sea!- rugió Bellatrix- ¡Maldita sea!

En ese momento, la mujer supo que iba a matar a Grisam Edgcombe de la manera más dolorosa y cruel que pudiese imaginar.

….

Percy Weasley se inclinaba por enésima vez sobre un viejo archivador del departamento de misterios. Tras la segunda guerra había comprendido que el poder no estaba hecho para él, que le había corrompido y que por lo tanto debía alejarse. Así pasó a trabajar en el departamento de misterios y ahora se encontraba trabajando en sobre unos de los objetos más indocumentados del mundo: La piedra de la resurrección. Tenía por orden encontrar algo que la destruyese, pero no podría examinarla. Era un trabajo de lo más frustrante. No tenía información, apenas viejos papeles que a veces tardaba días en descifrar. Y sin embargo, transcurría día tras día y las muertes se sucedían. Más de una vez Harry había bajado a comprobar sus progresos y él había tenido que responderle que eran casi nulos. No le presionaba, pero Percy sabía que la situación era apremiante. Sabía que Ginny estaba preocupada por su marido a través de su mujer Audrey, aunque tampoco era difícil darse cuenta. Pocos eran los que no habían remarcado el deplorable aspecto de Harry Potter.

Y sin embargo allí estaba inclinado sobre el viejo archivador, esperando encontrar algo diferente. Recorrió los polvorientos pergaminos con sus manos. Había renunciado a usar la magia sobre ellos pues su antigüedad parecía haberlos inmunizado contra cualquier hechizo. En cierto modo Percy se alegraba, pues esto los hacía prácticamente indestructibles, pero dificultaba mucho su tarea de investigación. Recorrió de nuevo la fila. Las páginas 1309, 1310, 1311, 1313, 1314, 1315, 1316… Un momento. Volvió a recorrer las esquinas que acababa de pasar, 1311, 1313 ¿Y la página 1312? Volvió a mirar. Nada. Recorrió de nuevo el archivador pero no encontró nada más. ¿Cómo podía no haberse dado cuenta antes? ¿Cuantas veces había comprobado ese archivador? Dos o tres a lo sumo. Podría bien habérsele pasado. Y sin embargo ¿Qué significaba aquello? ¿Había robado la información los mortífagos? ¿Se habría perdido con el transcurso de los años? Pero daba igual. El hombre sintió como la euforia crecía en su interior. Podría haberse perdido la copia del ministerio, pero había información sobre esa maldita piedra en algún sitio. Y él iba a encontrarla.

Hasta aquí el capítulo, espero que os haya gustado. Por favor los reveiws son una fuente de inspiración y me hacen increíblemente feliz, si tenéis un momentito se agradece muchísimo.

Pd. Si queréis leer mi one-shot el recuerdo, que será parte de esta historia en el futuro, podréis encontrarlo en mi perfil (tranquilos no hay spoiler, es como un flashback)

Un beso