Capitulo 14: "Verdades"

El auto se dirigió hacia el sur, tomando el camino de una larga hilera de arboles de cedro. Ella solo observaba por la ventana con los ojos secos, había dejado de llorar y ahora estaba en la etapa de la conformación. Seguía aprisionada en los brazos del hombre con la cicatriz en forma de media luna., estaba inmóvil y no podía ni siquiera respirar sin que su carcelario lo supiera. Se sentía incomoda y no evito el dirigirle unas cuantas miradas de odio cuando por el movimiento del vehículo se rozaron sus rodillas. Había sido un tramposo, el muy desgraciado. Él era el hombre que había estado en el despacho conversando con Albert y George y al mismo tiempo fungía como el comandante en jefe de la banda de Neal. ¿Como George o el mismo Albert no se dieron cuenta del engaño? De Neal podía esperar eso, pero ¿y ellos?

Después de horas de viaje la luna apareció entre las nubes dispersas, bañando el terreno con una bruma plateada. El auto se detuvo y la obligaron a bajar, para luego caminar varios kilómetros por una arboleda de fresnos. San permaneció junto a Candy mientras los otros hombres lindaban el terreno y abrían una pesada puerta que daba la entrada a una especie de hangar. El lugar era inhóspito, había muy poca luz y al parecer iban a pasar ahí el resto de la noche o lo que les quedaba de vida. Uña y Mugre, improvisaban con unas envejecidas telas una especie de campamento y llenaban un barril de metal con madera y papel encendiéndolo a manera de fogata. San la obligo a sentarse ofreciéndole un pedazo de pan y un vaso con agua. Candy rehusó ambas cosas.

– Coma señorita.

– Púdrete, no comeré nada que venga de sus sucias manos.

– ¡Que comas te esta diciendo! no quiero que adelgaces ni te pongas fea, mas te vale que hagas caso.

Candy miro a Neal con todo la furia que podía sentir. A decir verdad; estaba asustada y ver a la persona en la que confiaba ciegamente, por la que daría cualquier cosa por ayudarlo… gritarle de esa forma, hizo que lo odiara.

– No tienes ningún derecho de tratarme así Neal. ¡Yo confiaba en ti! ¿por que haces esto? ¿Por que te haces esto?=… te puse por sobre todas las cosas para defenderte y me pagas de esta forma.

– ¿En verdad me ponías sobre todo mi dulce Candy? No te creo, entonces que hacías con el imbécil de mi tío. ¡Oh no! Candy él no te tendrá… ahora eres mía. Y solo te libraras de mi… muerta. – Estaba tan drogado que cuando pronuncio esas palabras su aliento nauseabundo inundo el aura de Candy haciéndola retroceder. Cosa que desato su ira. – Mi amor ven aquí, ahora si no hay nadie que te salve de mis manos.

Se abalanzo sobre ella para sostenerla y besarla a la fuerza, pero San fue más rápido. Puso su pie para hacerlo tropezar y con su brazo le golpeó en la espalda. Cuando lo tuvo en el suelo lo sometió para que su cabeza y su cuello quedarán expuestos a la daga que rápidamente había sacado y ahora la tenía a la altura de su cuello.

– Si la tocas, te cortare las manos.

– ¡Maldito traicionero!

– No te confundas, puedo ayudarte en lo que sea que nos permita salir de esta inmundicia; pero no seré testigo, ni cómplice de tal bajeza. Recuerda todo lo que me has dicho de ella. Y si la amas como tanto pregonas ¡Respétala! Sino yo estaré aquí para que lo hagas.

– Esto no es de tu incumbencia idiota.

– ¡Oh si! estoy metido hasta el cuello en esto y no te dejare que le hagas daño.

Neal lo contemplo mientras una mueca siniestra y dominada por el estado de éxtasis se extendió por su rostro.

– Así que a ti también te conquistó. ¿Que será que tiene mi dulce Candy, que todo el mundo la quiere? será esa dulce carita, esas esmeraldas, esos risos… ¿que será? … Mi querido amigo no conocía esas dotes de galantería… ¡que bien! salvar a la damisela en peligro…

Neal se estaba pasando de la raya. Y lo que es peor aun, el vagabundo había leído sus pensamientos. San apretó la mandíbula y respiró hondo, miro a Candy pero ella lo esquivo.

– Si la tocas, tu solo deberás enfrentarte a tu tío y a toda la policía de Chicago. Juro que no te ayudare y si yo caigo… tú caes.

– Ósea que es cierto, la quieres para ti. Bueno no te preocupes cuando yo la posea y me canse con gusto te la cedo, pero solo por que eres tu.

San apretó con la mano derecha la daga que solo tenia que ser presionada para cortarle la yugular al bastardo de Neal. Se limito a soltarlo bruscamente y lanzarlo fuera del alcance de Candy.

– Vete a descansar Tío… con esa cruda serás presa fácil de tu enemigo.

– Deja que me recupere y sabrás quien soy yo San, no creas que olvidare esto. – Neal se levanto trastabillando por el golpe, lo miro con toda la desconfianza que se merecía, pero por ahora no haría nada… lo necesitaba. – Mientras tanto cuídala, la necesito para cuando William Albert Andrew venga por ella, quiero que él mismo se eche la culpa de todo, lo obligare a confesar que él es el vagabundo y ¿por que? solo por salvarla a ella. – San lo miro sorprendido, eso no lo sabía. – ¿Te sorprende? No debería… yo no doy puntada sin dedal amigo. La presencia de mi dulce Candy no solo es por mi propia satisfacción, la necesito para forzar al gran patriarca Andrew a convertirse en el vagabundo… y que mejor que en su escondite… donde está todo, inclusive lo que mas ama.


Oculto tras los matorrales del bosque que rodeaba el hangar, George pudo ver como los bandidos llegaron a ocultarse en la base de su organización. Si todo salía como estaba planeado; la droga, los papeles, las pruebas necesarias para exculpar al patriarca y el mismísimo vagabundo caerían cuando los encerraran en aquel cuchitril. Podría hacerlo en ese mismísimo momento; toda una tanda de agentes estaban apostados por todo el rededor y lo ayudarían en su magnifico plan, pero debía esperar y no precipitarse, en cuanto Elliot salga a dar el aviso todo se definiría. Miro a su costado derecho donde se encontraba Albert, mirando fijamente la puerta del hangar, perecía que estaba a punto de salir corriendo. Estaba ansioso pero alerta. Las últimas horas la había pasado muy mal y estaba al borde de un ataque de nervios. En todo el tiempo se había mantenido callado; pero su rostro era el vivo retrato del sufrimiento.

– Ya pronto terminara todo señor William, confié en nosotros.

– En ustedes confió, pero no en Neal. Hasta el mismo Elliot me causa desconfianza.

– Señor usted sabe que esta era la única manera de saber cual era el verdadero escondite de la banda, el vagabundo no habría venido a este lugar mientras la señorita Candy no este con él. Además tenemos a Elliot, él la cuidara en todo momento.

– ¿Como sabes, si él también no nos esta traicionando?

– No, No lo hará. Tengo la plena seguridad.

– George, Neal estaba fuera de si en la mansión. Quien me asegura que en un arrebato no le hará daño a Candy, al fin y al cabo él me odia y me dará en donde mas me duele.

– Señor no olvide que Neal también la ama, además le he dado la orden a Elliot de protegerla, así eso implique matar a su sobrino. Y él lo hará, incluso si su vida dependiera de ello.

Los ojos de Albert vibraron por la inconformidad. Bajo la cabeza y murmuro un juramento. En realidad él estaba a punto de entrar al hangar y sacar a su amada a como de lugar, no le importaba si había pruebas o no que lo liberen de toda la culpa de los negocios sucios que había hecho Neal en su nombre, solo le importaba su Candy. Su corazón le dolía ¿como había sido tan insensato y había aceptado tal absurdo? y más, después de todo lo que sabía que vendría.

Eso le dolía más.

Sabía con toda seguridad que Candy lo odiaría por haberla arriesgado, por que sabía que ella se enteraría, así él quisiera ocultarle toda la verdad. Pero por otro lado eso seria lo mejor, así él tendría la excusa perfecta para alejarse y dejarla libre… libre de su conducta posesiva y absorbente.


Unos nubarrones oscurecieron aun más el cielo, la luna ya no alumbraba y había dejado el sitio en penumbras, Candy estaba pegada a una columna en la esquina mas olvidada de la habitación, lejos de todo y de todos. Segura de que nadie la observaba, contuvo el aliento y se alejo de su posición, tenia que escapar a como de lugar. Cuando pensó que lo había logrado una mano aferro su muñeca sin siquiera darle tiempo a moverse mas de dos pasos. Su corazón casi se le salió por la boca. ¡Diablos, San!

– Necesito ir a…

– Voy con usted. – Con susto Candy lo miro con furia.

– Ni loca.

– Entonces, debe aguantarse.

– ¡Estúpido! –Lo fulmino con la mirada. – Esta bien. Pero se mantendrá lejos.

San accedió y la acompaño hasta la parte trasera de la bodega. Cuando por fin estuvieron fuera, miro por todos lados y se fijo que ya toda la policía estaba apostada por el lugar.

¡Merde!

Se olvido por completo que la señal era, que él saliera del lugar para indicar que todo estaba listo para el ataque. Observo a la mujer acuclillarse a unos cuantos metros detrás de un arbusto. Las sombras se movieron inquietas alrededor y vio como otras se acercaban al lugar.

– ¡No!

Cuando Candy vio que San se distrajo, se recogió la falda y salió corriendo hacia el bosque. Enseguida sintió la mano de San alrededor de su cintura y cayeron boca bajo contra el césped. Empezó a gritar pero la mano de San la callo.

– Por favor Candy cállese, ya pronto terminara esto. Déjeme que la ayude.

Candy abrió los ojos con sorpresa. ¿El hombre que había ayudado a su secuestro le estaba diciendo que la iba a ayudar? Se removió inquieta intentando zafarse, pero se quedo estática al momento que empezó a escuchar el frenético ruido de disparos que venían desde dentro. La voz de San le revelo lo que estaba sucediendo.

– Empezó

Candy sin saber como, levantó la pierna asestándole un golpe a San con el talón. San se retorció por el certero golpe en su ingle y aflojo su agarre lo suficiente como para que Candy se soltara y saliera corriendo hacia el bosque.

El aire se volvió pesado y frio, en la oscuridad apenas podía ver la sombra de los arboles y el sonido de los animales nocturnos le estaban causando pánico, pero no le importo. Tenia que llegar a como de lugar a algún pueblo y contactarse con Albert y contarle que es lo que intentaba hacer Neal. Ella tenía que salvarlo, no podía permitir que él se culpara para salvarla a ella. Tenia que decirle que había escapado y que estaba segura en algún lugar. Siguió corriendo, olvidando la sensación de que alguien la perseguía, se imagino el rostro de Albert y así reunió mas fuerzas para seguir con su carrera. Un rayo de luz ilumino el camino y su imaginación la traiciono, vio el perfil de su amado por un instante y en otro se tropezó con él, dejándola sin aliento.

– ¡Al…Albert!

– Calla amor, calla ya todo acabó.

No tenia idea de cómo él estaba en ese lugar, ni siquiera se le ocurrió preguntárselo, solo quería decirle sobre la trampa y lo que planeaba hacer Neal.

– Albert. –Se abrazo a él con todas sus fuerzas y espió sobre su hombro a la maleza. – Neal… Neal quiere inculparte… él quiere que te inculpes… él

– Shh… calla Candy… lo sé.


Una sombra monstruosa y espeluznante entro por la puerta del hangar, el olor a pólvora y el fuego dominaban el ambiente y lo único que pudo hacer Neal fue comenzar a disparar a cualquier lado. Retrocedió lo que mas pudo hasta llegar al almacén donde tenía todas las provisiones, Uña y Mugre estaban con él disparando de la misma forma insensata. Se refugiaron en una de las bases del hangar para esquivarse de las balas.

– ¿Donde esta San?

– Atrás, con su novia jefe.

– Disparen a todos, cúbranme las espaldas.

Los muchachos hicieron lo que Neal les pidió y este logro desplazarse por el filo del lugar. Por un breve instante un rayo de luz lo cegó y supo que no tendría mucho tiempo para llegar a la salida de emergencia, corrió lo que mas pudo y de un golpe se lanzó por la puerta de atrás, no fue difícil salir a la intemperie estaba sin seguro. Dudoso por un momento, miro a su alrededor para ver llegar a lo lejos a George con otros agentes mas. Se levanto aun mareado y salió corriendo en dirección del bosque, tropezó con San que estaba tirado en el piso.

– Que haces aquí corre nos atraparon.

San lo escucho y se incorporo para salir corriendo detrás de Neal, por el mismo camino por donde había visto escapar a Candy.


Ella seguía oyendo como en un eco la voz de Albert.

Lo se, lo sé…

Él lo sabía. Albert sabía que Neal le estaba tendiendo una trampa, Albert sabia donde estaba ella, Albert sabia absolutamente todo.

– Señor William, ya toda la policía invadió el hangar y al parecer cayeron dos de los cómplices, lastimosamente el vagabundo ha escapado junto con Elliot.

– ¿Elliot? – Albert por reflejo miro a Candy y el remordimiento y el temor volvió apoderarse de su seguridad.

– Candy no puedo explicarte esto ahora, ven será mejor que nos vayamos y te ponga en un lugar seguro.

Seria intuición o lo que fuera que se llame esa sensación que tienes cuando tienes la plena seguridad de que todo lo que tu cabeza procesa es una broma de mal gusto. Candy observo los ojos apesadumbrados y culpables de Albert y confirmo todo lo que su corazón le gritaba. Ella había sido usada para dar con el vagabundo. Parpadeo para no aflojar las lágrimas, todavía le parecía imposible pensar aquello pero estaba más claro que el agua. Cuando Albert la cargo para llevársela no protesto, permaneció en silencio. Rogando que todo fuera una pesadilla. Avanzaron por la espesa naturaleza, pero Albert detuvo el paso al ver el fulgor plateado de un metal.

– A donde crees que te llevas a mi mujer querido Tío.

Los ojos de Neal vieron como Albert con velocidad colocaba a Candy detrás de él. Sabia lo que debía hacer y ahora ni su corazón se interpondría, su alma moriría, pero la única manera de vengarse del poderoso Andrew seria matar a su amada. Cerró los ojos para poder digerir aquella decisión pero sabía que estaba acabado; avanzo a paso lento, jadeando por la carrera, lo único que observaba era a su tío y los cabellos rubios de Candy detrás de él, levanto el arma hasta la altura de su nariz, estaba desencajado del miedo pero su decisión era inalterable.

Albert apretó más de la cuenta la carne de Candy, estaba protegiéndola con su espalda, no dudaría interponerse entre el plomo de aquella bala que pronosticaba una muerte segura de cualquiera de los dos. Su sobrino estaba fuera de si. Sus ojos desorbitados., rojos, letales, le indicaban que no habría poder humano quien detenga su actuar.

San fue interceptado en el mismo momento en que llego al lugar del encuentro fatídico, ni siquiera dudo en golpear a su oponente sin ni siquiera levantar la vista para averiguar quien de sus compañeros había sido, su meta era llegar hasta Neal y detener aquella desquiciada idea.

– Neal, no, te lo ruego.

Su cuerpo temblaba y el éxtasis volvía a apoderarse de su cuerpo, era una especie de frenesí, el sentir el miedo a su alrededor, vibraba su ser viendo los ojos aterrorizados y resignados de su tío. Él estaba intentando dar su vida por lo que más amaba ¿pensaba realmente que iba a ser realmente fácil? estaba muy equivocado, William Albert Andrew tendría que sufrir, igual o mas de lo que él, había sufrido, se arrastraría del dolor cuando vea el cuerpo de su amada desangrado en el suelo. Esa seria su satisfacción y eso estaba haciendo que su sangre hirviera a grados cien.

– Te odie desde el momento en que me dejaste tirado en la calle, desde que me repudiaste para quitarme lo que más quería, ella morirá y tú vivirás para llorarla.

– No hagas esto, puedo quitar los cargos y olvidarlo todo, si quieres me culpare; pero a ella déjala libre.

– De todas maneras te culparas, todo te incrimina Eli y yo hicimos todo lo necesario para que tu puño y letra este involucrado.

Lo que Neal desconocía, era el trato propio que había hecho el patriarca con la señorita Rockefeller días atrás. Parte del plan involucraba a la dama, él se había enterado de todo después de que George había descubierto que uno de los embarques tardaba demasiado en llegar a Europa con el Acero, esa había sido la razón para que Albert tomara la decisión de cortejar por un tiempo y secretamente a Lady Elizabeth llegando incluso, a engañarla ofreciéndole matrimonio, había sido la única forma de que ella le confesara que sus negocios habían sido desviados para los juegos sucios de Neal. Ella nunca permitirá que su futuro esposo tuviera problemas con la ley. Incluso había sido cómplice del traslado de dinero a Europa a un Banco de los Andrew, cuyo nombre desconocía la Srta. Rockefeller por que figuraba con una razón social diferente.

– Te equivocas Neal. Elisabeth esta de mi lado. Lo sé todo.

Neal sonreía siniestramente con una nube de odio a su alrededor, él estaría perdido ¡sí!, pero el patriarca también.

– Ósea que es verdad que le prometiste matrimonio. ¡Vaya golfa! me cambio por alguien con mas dinero.

Candy recordó la conversación de la biblioteca y comprendió absolutamente todo. Ella había sido usada todo el tiempo, nunca le había importado lo suficiente; primero la había usado y poseído, luego engañado ofreciéndole un matrimonio feliz y ahora era la carnada ¿Como había podido?

Le dolía el alma, si él hubiera confiado en ella desde el principio, de seguro le habría ayudado, por que lo amaba con todo su ser, pero él … él solo la había utilizado para sus propósitos.. Empujo con todas sus fuerzas la espalda de Albert para separarse.

– ¡Eres un mentiroso William Albert Andrew! me engañaste todo el tiempo.

– Candy espera, todo tiene una explicación.

Intento tomarla nuevamente bajo su protección pero ella retrocedió dos pasos hacia tras cayendo sobre la hierva y caminando de espaldas y a gatas.

– Candy mi amor…

– No me llames así. Todo el tiempo tú también me engañaste. Y yo que creía que…

– No mi dulce Candy, William Albert Andrew hace todo por salvar su pellejo. Así que estarás de acuerdo en que debe sufrir. Adiós querida mía.

Toda la escena había cambiado para darle la mejor vista a Neal de Candy, se había puesto en el blanco perfecto para ser atravesada con una certera bala y que la haría adoptar su muerte cual mártir.

Elliot con un movimiento casi imperceptible se había abalanzado en el mismo momento que el estruendo sonó acallando todo el sector. No se detuvo para calcular el tiempo en que el proyectil llegaría a su objetivo, actuaba por instinto, su trabajo y su corazón lo obligaba. Choco de espaldas y de frente con dos pesados hombres, había maniobrado de tal forma que Neal había caído sobre él. Y Elliot se había llevado en la carrera al patriarca, quien había amortiguado el golpe.

Los nubarrones se habían esparcido y el cielo estaba estrellado con una luna que alumbraba el sitio en centellas plateadas. Centellas que habían cambiado por un momento en ráfagas color amarillo y rojo, iluminando la peor escena que alguna vez pudo haber visto. Cuando ella escucho el seco y horrendo disparo; jadeo. Y cuando algunas gotas de sangre le salpicaron en el rostro; grito. Miro el azul cielo de los ojos de su amado con horror al verlos cerrar cuando cayó a sus pies.

– ¡No!

Grito desesperada y desconcertada antes de perder el sentido por completo.

Continuará…


Una excelente semana para todas ustedes mis amigas, gracias por sus palabritas y por todo el animo que me dan en esta laaaaaaaarga recuperacion. Les cuento que ademas del trabajo no tengo mucho tiempo y con esto de la restriccion medica todo se me complica, pero no crean que me olvido de ustedes. creanlo siempre las recuerdo... y les traigo algo de mis locuras... me demoro si.. pero siempre termino lo que empiezo...

Magdy: amiga... igualmente que hayas tenido un inicio de año excelente y la mejor de las bendiciones. Ya sabes donde encontrarme... a veces paso de volada pero ... espro estar mas libre... en un poquito de tiempo mas... te quiero muchisimo y gracias esa fidelidad y amistad.

Wendy: una bella albetfan que siempre esta atenta a las actualizaciones sean aqui o en los grupitos... amiga mil gracias el apoyo y espero que este cap sea de tu agrado.. las fiestas en familia fueron mi mejor celebracion y el inicio del año en el trabajo duro! ro placentero amiga besos y abrazos!

lyndgrand: jiji esos deseos... no creo que se le infecte la herida... creo que no le dio chance con tanto guaro.. jijiij mil gracias por apoyar este fic. y los mejores deseos para ti tambien.. bexos

Anilem: gracias por leerme... aca esta otro cap... espero sea de tu agrado.

Mily: aqui o alla... siempre a mi lado... mil gracias amiga por ser fiel a este fic y por tus buenos deseos y reviews... mil gracias por leerme y los deseos.. sabes que son los mismo para ti amiga.!

Nakeyla: jijiji todas quieren que se le infecte la herida jajjajaj bueno espero haya tiempo para eso amix... mil gracias por leer, y no te preocupes si le pasa algo a territo.. te aviso jiji besos.

lore de brower: bueno espero que la manicura no me salga tan cara... aca va otro capitulo.. (pienso seriamente en ahorrar para las uñas acrilicas =P) gracias por leer y amix.. ya te conteste en el privis!

Tatiana: debo confesarte que por tus men me pongo a escribir.. se que me paso mucho tiempo cuando ya me pones la presion de los reviews jiji gracias por leer y espero tus nervios esten bien =P

irene coahuila: Amiga... no puedo creer que te aventaste todos los caps de una sola vez! wow me dejaste de una pieza al leer tu review,.. que gusto que te haya gustado.. eso es lo que una quiere con estos fics... diustraer, ilusionar y hacer que los lectores fantaseen con sus personajes favoritos... aca va otro cap... ya espero terminar pronto... besos!

adazura: a ti mil gracias esas palabras... si son bellos estos caballeros... espero este cap sea de tu agrado.

Rony de Brown-Andrew: Verito como siempre de las primeras en leer y dejar sus reviews .. mil gracias por el acolite y por seguir leyendo.. ys i fue un matadero.. jiji besos

Camila Andley: sip fue tensionante el anterior capitulo pero este cap fue aun mas revelador... ay todavia no se que vaya a pasar luego... espero no sea feo.-.. besos gracias por leer.

Alex de Andrew: mil gracias esas palbras. me llenan de emocion. espero que este cap tambien sea de tu agrado. exitos

carolina: wiiiii que emocion que te guste este delirio y tus palabras... aca va otro cap.. gracias por leeer

A todas gracias por sus palabras por ustedes este fic avanza... besos nos vemos la proxima semana si Dios quiere.

Karin