Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, Ghost hunt es propiedad de Fuyumi Ono.
Advertencias: Fic en edición: discontinuidad en la escritura (temporalmente). Posible OOC.
Notas de la autora: Este fue mi segundo fic publicado, también el más largo de todos y uno que finalmente tendrá continuación, por ello y más, lo estoy editando. Lo necesitaba para refrescar mis ideas y para mejorarlo estéticamente. Estoy muy feliz por ello y espero sus seguidores sigan por allí para verlo. Por desgracia tuve un par de inconvenientes como romper mi laptop y se me retrasó la edición, me disculpo por los posibles errores.
Transiciones.
—Ghost hunt—
.
.
—¿Realmente no percibiste nada extraño? —cuestionó el chico sentado en el asiento del conductor.
—¿Acaso mentiría? —bromeó la chica—. Si había algo allí, yo no lo percibí.
Oiver Davis suspiró con frustración.
—Sabes que no era necesario que me lleves a casa, mi chofer podría haber ido por mi —le indicó la chica.
—No le encuentro la razón a tu comentario —respondió sin prestarle mayor atención.
—Si estás preocupado, simplemente podrías haberte quedado con ella —insistió la medium con tristeza.
—Dijiste que allí no había nada, ¿verdad? Entonces no tengo ningún otro asunto a tratar con Mai o los demás por el momento.
—No necesito mis ojos para saber con exactitud lo aliviado que estabas cuando lograste derribar la puerta y supiste que estaba bien —comentó ella por lo bajo.
Oliver no respondió.
—Llegamos —indicó fríamente a su novia, y bajó del auto para abrir su puerta.
—Joven Oliver, Lynda, bienvenidos —saludó una señora de mediana edad caminando hacia ellos.
—Buenas noches —saludó el joven.
—Nana, ¿me esperabas? —cuestionó la medium con dulzura.
—Por supuesto mi niña, ¿les preparo algo de beber?
—Esta noche no, muchas gracias. Oliver debe irse —indicó sorprendiendo un poco al joven; en general, ella insistiría en que se quedara pero no protestó, tan solo asintió en forma de despedida y se dispuso a entrar al auto.
—No está mal que te preocupe. De hecho tampoco creí su excusa —dijo la joven dando la vuelta en dirección a su casa— de todos modos, si alguien puede confirmar su "claustrofobia" es el brillante Oliver Davis.
—Nos vemos mañana —respondió haciendo aparente caso omiso a su comentario y luego se marchó.
—¿Te sientes mejor? —cuestionó el monje al pequeño bulto bajo las mantas— Luella te envió algunas galletas y té.
—Ella es tan dulce —comentó la castaña—. Estoy bien Bou-san, solo me sentí asustada cuando se apagaron las luces y no supe abrir la puerta —mintió.
—Ayako dormirá esta noche aquí —le indicó tomando asiento a su lado y alcanzado una charola de galletas y algo de té.
—No hay necesidad de eso, en realidad no tengo sueño —insistió la chica.
—Ha sido una noche de demasiadas emociones, es la noche perfecta para una de tus pesadillas… Además, este sigue siendo el dormitorio donde…
—Bou-san, entiendo que se preocupen pero en verdad estaré bien, Masako estará aquí y si te hace sentir mejor, mañana iniciarán con mis estudios, además ya hablamos de eso, está solucionado y…
—¿Y...? —cuestionó intrigado.
—Se que vendrán corriendo a mi si algo sucede —sonrió ampliamente.
—El monje suspiró en resignación, no tenía caso, ella no permitiría que algo así le afectara y mucho menos que la trataran como a una niña.
—Si te sientes cansada y necesitas dormir, despierta a Masako o llama a Ayako o a mi, ¿lo entiendes?
—Claro que sí, por cierto, ¿dónde está ella?
—Creo que está abajo, dijo que iba a despedir a Madoka y a Lin. Por cierto, Yasu pidió que te entregara esto —indicó sacando un objeto de su bolsillo, era una pequeña grulla de papel que reconoció de inmediato haciéndola sonreír.
Aún la conserva —pensó con alegría.
—Y Jhon dijo que no te quitaras la medalla que te obsequió, ambos están muy preocupados por ti —finalizó con pesar.
—No te preocupes. No volveré a asustarlos así nunca más —afirmó, aunque con solo mirarse, ambos sabían que no se refería a lo sucedido esa noche—. Dile a Yasu que la cuidaré mucho, y a Jhon que jamás me alejo de ella —aseguró sacando el colgante con su llave y una pequeña medalla con la imagen de la virgen niña.
—Lo haré. Descansa y cualquier cosa…
—Los llamaré —finalizó sonriente.
—¡Mai!- gritó Oliver una vez situado frente a la puerta de la cocina, pero no hubo respuesta.
—¿Mai estás ahí? ¿Qué sucede? —insistía el monje aún sin obtener una respuesta.
Ligeros sonidos podían escucharse provenientes de la habitación, por lo que podían asegurar que ella se encontraba dentro, pero sin importar cuánto lo intentaran, no lograban abrir la puerta.
—¡Mai! —volvió a gritar el joven Davis, esta vez dispuesto a voltear la puerta.
Pensó usar sus poderes por un instante ante la casi absurda preocupación que crecía en él, pero se detuvo al ver que Lin se disponía a patearla. De entre la oscuridad, pudo apenas divisar al pequeño cuerpo que corría en su dirección, antes de que efectivamente chocara contra su pecho.
—¿Mai? —cuestionó confundido y a su vez aliviado al sentir como esta lo rodeaba con sus pequeños brazos y empapaba en lágrimas su camisa.
Se estremeció ligeramente ante la cercanía, al final de cuentas no era algo a lo que estuviera acostumbrado, pero para sorpresa de muchos, la rodeó torpemente con sus brazos correspondiendo a su abrazo.
A decir verdad, se sorprendió a sí mismo ante el inmenso alivio que había sentido, pero no le prestó demasiada atención, ella estaba a salvo y junto a él, jamás permitiría que algo le sucediera, y eso era lo que verdaderamente importaba.
Aún dentro de su auto, Oliver Davis cerró sus ojos en señal de frustración.
¿En qué estaba pensando? —bservó su casa— Debería entrar.
Pero algo se lo impedía. Algo no estaba bien, algo lo hacía sentir extremadamente extraño, algo que definitivamente lo hacía sentir intranquilo; no entendía de qué se trataba, no estaba acostumbrado a sentirse así, su brillante cerebro no era capaz de explicarle porque ante el simple recuerdo de su cercanía su cuerpo lo traicionaba haciendo que su corazón latiera excesivamente rápido y su respiración se hiciera impaciente como si buscara desesperadamente sentir su inconfundible aroma a canela y menta.
¿Qué? —¿En qué momento se había percatado de su aroma?— ¿Acaso vendían perfumes con tal fragancia?
Eso definitivamente no tenía sentido. Rió por un instante ante su creciente brote de insanidad, si su hermano estuviera allí, seguramente estaría riéndose de él; sin embargo, quería que así fuera, extrañaba a su hermano, él sabría explicarle a qué se debían esos extraños sentimientos.
¿Sentimientos? —¿En qué momento llegó a la conclusión de que se trataban de sentimientos?
Con evidente frustración, el pelinegro sacudió su cabeza en un intento de erradicar cualquier otro irracional pensamiento y bajó del auto, necesitaba descansar.
—Mai ya estoy involucrada en esto, cuéntame.
—Masako eres demasiado dramática, fue solo claustrofobia —mintió la castaña.
—Por favor deja de pensar en los demás, deja de intentar alejar todo esto de nosotros —finalizó con creciente exasperación la médium—. Somos amigas —agregó con angustia, tomando asiento junto a la castaña en la cama.
—Masako, ambas sabemos que aun si les cuento a todos, quizá no haya mucho que hacer por el momento, los preocuparé por nada, ya hemos intentado expulsarlo, él no se irá —le respondió humedeciendo sus enormes ojos—. Además, si Naru lo sabe…
—Naru te ayudará, él y todo SPR, podemos…
—Naru tiene sus propios problemas, si yo estoy aquí ahora es por eso en primer lugar. Luella me comentó que el ha estado más relajado estos días, además de que incluso a reído y discutido con nosotros como en los viejos tiempos.
—Mai…
—En verdad, estaré bien. Prometo que no volveré a hacer lo de esa noche —finalizó con una tierna sonrisa y se dispuso a caminar hacia la puerta de la habitación—. Ya regreso —informó tomando la charola vacía.
—El temor de Luella es que Naru pueda enfermar aún más a causa de la angustia. ¿No crees que cargar con otra muerte definitivamente hará que ese temor se cumpla? —cuestiono con lágrimas en sus ojos la medium.
La castaña no volteó a verla. No podía, se había hecho esa cuestión centenares de veces.
¿Qué pasará si él lo descubre? —pensó, sin embargo eso no sucedería.
—No moriré, aún tengo mucho por que vivir —respondió con tono alegre pero aún sin voltear, antes de salir por la puerta.
La razón, era obvia, sus ojos no reflejaban la confianza de sus palabras.
Caminó a oscuras por los pasillos de la enorme casa, bajó las escaleras y sin realizar ruido alguno se encaminó rumbo a la cocina; se detuvo un instante al recordar lo vivido horas atrás, se supone no pasaría de nuevo, en general sus ataques no eran frecuentes sin embargo cada día la distancia entre uno y otro era menor. Se estremeció brutalmente y se maldijo mentalmente por no haberse quedado en su dormitorio.
Siempre actuar y luego pensar, eh —fue el pensamiento que cruzó por su mente.
—No debo temer —se dijo a sí misma, a medida que recordaba las palabras que una vez le había dicho Gene.
«Tu temor, eso es lo que desea. Se aprovecha de tus tristezas para alimentarse de ti.»
Cerró sus ojos dejando un profundo suspiro escapar.
—Gene, te necesito. ¿Cómo podré hablarte si no puedo dormir? —cuestionó.
Mai no podré contenerlo por siempre.
El resto de sus palabras resonaron en su mente aún con mayor fuerza.
—¿Qué pasaría con Gene si..?
Guardó silencio al escuchar un sonido de pasos provenientes de la cocina, provocando que cada célula de su cuerpo se estremeciera, escuchó una voz y cerró sus ojos para lograr identificar de quién se trataba.
¿Naru?
Caminó lentamente hacia la cocina y se detuvo frente a la puerta entreabierta al volver a escuchar aquella voz.
—¿Por qué demonios no apareces? —cuestionaba con exasperación el joven Davis a lo que parecía ser un pequeño espejo de bolsillo— Necesito respuestas Gene —continuaba para sorpresa de la joven que jamás lo había visto comportarse así—. Gene, necesito que me ayudes en esto —continuó casi en un susurro.
Aquellas últimas palabras habían penetrado en su mente, era tan injusto. Injusto que ella pudiera haber estado en contacto con Gene en los últimos años, contando con su ayuda incondicional aun con todo este asunto que podría incluso causar su desapa.. No. No quería pensar en ello, no ahora. Sus pensamientos se disiparon rápidamente al notar que no podía escuchar sonido alguno proveniente de la habitación, cerró sus ojos pero antes de que pudiera reaccionar la puerta se abrió de par en par con brusquedad, colocando a un sorprendido narcisista frente a ella.
—¿No deberías estar descansando? —cuestionó sin más.
—Yo... bueno, yo…
—Té y galletas.
—¿Eh?
—Té y galletas —reiteró esta vez con su vista clavada en la charola vacía en sus manos.
—Bueno, si, Luella me las envió, fue un bonito gesto de su parte —le sonrió la castaña.
—Hmm. Es una de sus viejas costumbres —comentó sin más, pasando junto a ella. Sin embargo ella lo notó, ese ligero rastro de melancolía.
—Naru... Tu, ¿te encuentras bien? —cuestionó.
El joven Davis guardó silencio un instante, luego sin voltear a verla cuestionó.
—¿Qué les ha estado diciendo mi madre?
—¿Diciendo..?
—Si no les dijo nada, ¿a qué te refieres? —volteó, clavando sus fríos y azules ojos en los de ella— No estoy depresivo. No tengo problemas para enfrentar el duelo y sobretodo no estoy colocando mi vida en riesgo al darle uso excesivo a mis poderes.
Aquella actitud había tomado por sorpresa a la castaña; de algún modo, aun con la frialdad con la que había hecho sonar aquellas palabras, Naru jamás hablaría de ello, sin importar cuanto supiera el solo lo ignoraría.
«Gene, necesito que me ayudes en esto.»
Por un instante, creyó tener una respuesta. Su pecho se apretó con fuerza ante la idea, Naru realmente podría sentirse solo, Gene no estaba allí, aún no había llorado por el, Luella podía notar a la perfección que sucedía pero conociendo a ese científico estúpido, él no dejaría a ella ni a nadie llegar. Él estaba sufriendo, pero preferiría morir antes de admitirlo.
—Tu madre se preocupa por ti —susurró desviando la mirada.
—Lo sé, pero no hay porque. Cuando vuelva a hablarles sobre sus hipótesis, asegúrale de que estoy bien.
Las pequeñas lagrimas comenzaron a brotar de los ojos de la castaña antes de que ella misma pudiera notarlo, por un instante había odiado su capacidad de leer el aura de las personas, de no hacerlo, se habría creído la perfecta mentira del grandioso Oliver Davis y no estaría luchando contra sí misma y sus enormes ganas de abrazarlo y contarle toda la verdad.
—Realmente te has vuelto más llorona de lo que recordaba. ¿Si te cuento una historia dejarás de llorar? —le cuestionó el narcisista sorprendiéndola, sin embargo, aun confundida asintió siguiéndolo hasta la sala.
—Aún antes de que Gene y yo llegáramos, mi madre, Luella ya era una madre; una madre sin hijos. Desde el primer instante nos escogió, y no necesariamente por nuestros poderes, Gene no demoró en adaptarse; los juquetes, las constantes atenciones y la familia que siempre había soñado, pero no podíamos escapar a nuestros poderes.
Una expresión casi ilegible pudo apreciarse en su rostro, ante de proseguir.
—Como medium, constantemente era testigo de cosas que lo hacían sentir muy mal y a menudo lloraba; mi madre acostumbraba mirar un viejo programa de cocina donde decían que algo hecho con amor podía incluso sanar un corazón roto, y eso hizo. El té y las galletas tenían ese efecto en Gene, decía que eran preparadas por su madre y eso lo hacía especial.
Mai no había pronunciado una palabra, algo la hacía pensar que de hacerlo, ese momento se arruinaría y seguramente jamás volvería a tener la oportunidad de escuchar algo así de él. Pero lo entendía, los chocolates de Ayako, los insípidos caldos de pollo de Bou-san cuando se enfermaba, incluso el té que el mismo Naru más de una vez le había preparado tras una de sus visiones, aun si las circunstancias no eran las mismas, ella lo entendía.
—Mai —el sonido de su nombre la apartó a la chica de sus pensamientos— ¿Por qué Estados Unidos? —cuestionó distante tomándola por sorpresa.
Se irritó ligeramente al notar como la castaña permanecía en silencio, abrió su boca con intención de continuar pero se detuvo, se maldijo mentalmente por haber preguntado, se maldijo mentalmente por la situación, ¿desde cuando era el tipo de persona que mantenía este tipo de conversación? aunque a decir verdad, realmente quería saberlo, quería escuchar esa respuesta.
—¿Cómo lo sabes? —inquirió la chica con la mirada perdida en sus rodillas.
—¿Acaso era un secreto?
Idiota, ya cállate —se dijo.
—Es... es solo que, yo no estoy segura, es... es solo una probabilidad.
—¿No es un poco, lejos? —cuestionó incrédulo— Creí que la SPR japonesa era tu familia.
—Lo son. En realidad al principio habían decidido marcharse conmigo, pero Ayako y Bou-san sueñan ser padres y yo no quisiera que ese niño debiera crecer lejos de Japón.
—¿Entonces no irás?
—No lo sé, Yasu ya está en la Universidad aunque planea irse conmigo si yo lo decido, lo han aceptado en muchas Universidades dadas sus calificaciones, y la razón por la que consideré ir a Estados Unidos es porque nos ofrecieron becas completas a Masako y a mi.
—De ser así, quizá deberías considerar la Universidad de Cambridge, mi padre es profesor allí. Probablemente planeé llevarlos.
Un pequeño silencio se extendió tras la sorpresiva sugestión, interrumpido por una pequeña pero audible risa. Los ojos del joven se entrecerraron cuestionantes haciéndola callar.
—Lo siento. Es que estás siendo tan extraño esta noche.
—¿Extraño?
—Pero un extraño... agradable —sonrió—. Es probablemente la charla más larga que he tenido contigo alguna vez.
¿Era eso cierto? A decir bien no lo recordaba. No acostumbraba socializar verdaderamente con nadie así que probablemente eso fuera cierto, hacía tanto tiempo que no conversaba con ella, hacía tanto tiempo que no estaba a solas con ella, fue al pensar en ello que otra cuestión se hizo presente en su mente, y antes de que que pudiera evitarlo luego de un largo silencio, se escapó de su boca.
—¿Las has tenido con Gene?
Idiota —su mente definitivamente había perdido la batalla, eso no tenía ya sentido.
—¿Con... Gene?, Naru ¿a... a qué te refieres? —su rostro sonriente se desvaneció.
—¿Has hablado con él? —corrigió su expresión.
—Naru yo, tu sabes que…
—La verdad. Responde con la verdad.
¿Acaso podía ser? ¿Gene definitivamente había aparecido y el la estaba poniendo a prueba?
—Mai, ¿en verdad eres claustrofóbica?
Si, si. Miente —pensó, pero su boca no pareció escuchar, no respondió.
—Así que ahí estabas —la voz de una irritada Masako se escuchó desde la escalera—. Me preocupaba que con lo torpe que eres, pudieras haberte perdido, no sabía que estabas con Oliver.
—Lo siento, y-yo ya me iba. Es tarde y deberíamos subir, mañana iremos a realizar pruebas con Martin y, Naru también debe trabajar, ¿verdad? —cuestionó al joven— V-Vamos Masako —llamó, pasando junto a esta en las escaleras.
—Buenas noches —le deseó esta última al joven pelinegro antes de marcharse, dejándolo solo.
Él se quedó allí, observando la escalera hasta que algo más que sus pensamientos captó su atención, un leve parpadeo de las luces de la habitación.
—Solo digo que no es algo que esperara ver esta noche, de saberlo no habría interrumpido.
—Masako suenas como Yasu, es una mala influencia para ti —bromeó nerviosa la castaña mientras se adentraba bajo las sábanas—. Vamos a dormir.
—Mai, ¿estás segura de ello?, digo ¿dormir esta noche?
—Sí, no te preocupes. Creo que esta noche estaré bien, además quisiera intentar contactar a Gene.
—Pero, tus pesadillas…
—Algo me dice que quizá no las tenga esta noche. Descuida.
—Está bien, pero por favor hazme saber si necesitas algo.
—Por supuesto, estaré bien. Buenas noches.
«Se aprovecha de tus tristezas para alimentarse de ti, No se lo permitas, aférrate a lo que te haga sentir bien y segura, de este modo, no le será sencillo llegar a ti. ¿Hay algo que te haga sentir realmente segura?»
—Naru —susurró sonriente y cerró sus ojos.
.
.
—2.966—
—Gracias por leer—
.
.
