Capítulo 14: Preparativos de mi horrenda boda
POV Alex
—Sobre qué quieres que hablemos —le pregunté a mí pelirrojo.
—Sobre Malfoy —me respondió Percy.
Me quede desconcertada por su respuesta. En realidad no esperaba que me quisiera hablar de él.
—¿En serio me quieres hablar de él?
—Sí —me confirmó—, espero que no sea cierto lo que leí en la revista, y que todo lo que escribió Rita Skeeter es una mentira solo para obtener más magos que compren su revista y… —ya no le prestaba atención a las palabras de Percy, porque me perdí en las facciones tan varoniles que tenía el pelirrojo, veía sus ojos azules que raramente era más hermoso que los ojos de todos los Weasley, y hasta veía su cabello pelirrojo mucho más brilloso que de los otros, la manera de mover las manos al hablar, el ligero ceño fruncido que se le formaba en la frente cuando tenía una duda o cuando algo le molestaba, sus labios sonrosados y delgados, le parecía fascinante, todo respecto a Percy Weasley me parecía encantador.
No sé cómo, pero yo, Alexandra Granger quede perdidamente enamorada de Percy Weasley desde la primera vez que lo vi —eso fue cuando Hermione se llevó con ella a la Madriguera para que conociera a sus amigos, ya luego en la estación mis padres vendrían por mí— y eso que solo tenía 12 años y él era un joven de 20 años, pero no me importo, igual no podía cambiar mis sentimientos, no podía y no quería cambiar mis sentimientos hacia él, es que fue amor a primera vista para mí.
—Alex, me estas escuchando —dijo Percy a la vez que pasaba una mano por mi cara. Eso me hizo volver a la realidad.
—No, lo siento, no te escuche —se disculpé avergonzada. Eran pocas las veces que podía hablar con él y lo desperdiciaba.
¡Qué tonta soy!
—Te decía que espero que no sea verdad eso de que eres la prometida de Malfoy, él no te conviene, es un ex mortífago —me recalcó eso último—, además eres muy joven como para pensar en casarte, ¿no crees? —me dijo calmadamente Percy, pero eso no le quitaba la seriedad con la que me hablaba.
—¿Eso quiere decir que tú no quieres que me case con Malfoy? —pregunté ilusionada.
Tal vez Percy ya empieza a sentir cosas por mí.
—No, ya te lo dije.
—¿Por qué? —volví a preguntar, y sentía que mi corazón latiéndome a mil.
Si me dice que no me case porque me quiere, en este mismo momento rompo mi compromiso con Malfoy, pensaba.
—Porque estoy seguro que Malfoy no quiere a nadie, solo se quiere a él mismo, y no me gustaría que Malfoy te lastimara, tú eres…
Sentía que ya no podía respirar.
—¿Qué soy? —pregunté ansiosa.
—… la chica a quien quiero —de pronto me sentí desfallecer cuando escuché lo que Percy me dijo, él paso sus brazos por mi cintura y me pego a él.
—¿Qué? ¿Es cierto lo que me dices? —quise asegurarme de que era verdad lo que decía.
—No, no te quiero —sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas—, yo te amo —susurró muy cerca a mis labios, estábamos tan cerca que sentí su delicioso aliento.
—Yo también te amo, siempre te he amado.
Yo pase mis brazos por su cuello y él me iba a besar, ya casi sentía sus labios sobre los míos…
—Mini Granger, mini Granger —escuchaba a lo lejos que alguien me llamaba, pero yo no le quería hacer caso, quien quiera que me esté llamando tendrá que esperar, lo único que me importa en este momento es Percy.
—MINI GRANGER, DESPIERTA —y de pronto un dolor punzante se apoderaba de mi cabeza.
Me toque la cabeza con mis manos y trate de sentarme, pero no estaba en algo suave, no, estaba en algo frío y duro. Parpadeé y me di cuenta que estaba en el suelo, ¿Qué hacía en el suelo?, seguramente me caí… pero un momento, lo de Percy y yo, cuando me dijo que me amaba… solo era un sueño…
Era solo un sueño, me lamenté.
Miré a mí alrededor cuando escuché una leve risa, y ahí lo encontré, a mi pesadilla viviente.
Malfoy.
—¿Malfoy? —pregunté confusa, quería cerciorarme de que él en verdad estaba en mi habitación o si solo era un sueño, o mejor dicho pesadilla.
—Siempre acostumbras a aventarte de ese modo de la cama —¿aventarme?, ¿de qué está hablando?—, porque si es así, entonces tendré que venir a verte todas las mañanas para reírme del ridículo que haces.
El rubio oxigenado volvió a reírse de mí.
Yo me paré enojada del suelo, no solo había arruinado mi maravilloso sueño, sino que también se reía de mí.
—No le veo lo gracioso —dije con voz acida.
—Yo sí —me contestó.
Me acerque a él y lo encaré. Seguramente él me había empujado.
—Tú me empujaste, ¿verdad?
Me miró desconcertado.
—Estás loca, ni siquiera te he puesto un dedo encima. Yo no tengo la culpa de que seas torpe —volvió a reír.
Me aleje de él, no soportaba estar tan cerca de ese rubio estúpido.
Camine hasta mi velador y miré la hora. ¡¿Qué?! ¿Son las 7 de la mañana?, grité en mi fuero interno.
—¡Malfoy! —grité—, ¿Cómo se te ocurre venir a despertarme casi de madrugada?
Me miró confundido.
—Son las 7 de la mañana.
—Por eso, yo duermo tres o cuatro horas más.
—¿Sabes qué? No me importa si duermes más o no, yo vine por ti, así que ponte ropa decente y apúrate porque tenemos que salir —su voz sonaba irritada ahora.
Ya se había tardado en hacer honor a su sobre nombre, "gruñón".
Pero no entiendo cómo puede cambiar de humor en cuestión de segundos, parece bipolar.
—Pues a mí tampoco me importa si tenemos que salir o no. Yo voy a dormir las horas que me faltan. Así que adiós, Malfoy.
Volví a meterme en mi cama y cuando estaba a punto de cubrirme con las cobijas la voz de Malfoy me dejo helada:
—¿Ah sí que quieres volver a dormir? ¿Por qué será? ¿Acaso quieres volver a soñar al que le decías: "Yo también te amo, siempre te he amado"? —repitió lo último con burla.
Yo me paré de un salto de mi cama.
—¿Qué dices? —pregunté, y no sé porque lo hice, si sabía perfectamente a lo que se refería.
Me miró de manera arrogante.
—¿Con quién soñabas? ¿Eh?, no me digas que soñabas conmigo —puso cara pensativa—, si te acuerdas que lo nuestro es solo una farsa, ¿verdad?, y si empiezas a sentir cosas por mí, ese sería tú problema, porque yo nunca me fijaría en alguien como tú.
Está hablando en serio, o me está bromeando.
—¿Estás de broma? —le pregunté confusa—. Yo nunca soñaría contigo, y en el caso de que fuero cierto, entonces en vez de ser un sueño, sería una pesadilla.
Lo miré de reojo, estaría en verdad bromeando, ¿o no?
Aunque mirándole bien la cara, dudo que Malfoy sepa hacer bromas.
—Estoy hablándote en serio, y que por tú bien nunca creas que entre nosotros —me señaló a la vez que me miraba de pies a cabeza y me dirigía una mirada extraña, para luego señalarse él—, podría haber algo, ni siquiera podemos ser amigos, ¿me entendiste bien mocosa? —me dijo serio.
Maldito arrogante, presumido, jactancioso.
—Estúpido —dije entre dientes.
Él sonrió y me miró de arriba abajo con más descara que antes.
—¿Qué tanto me miras? —le grité.
—Siempre acostumbras a dormir medio desnuda —levantó una ceja rubia en señal de asombro y luego una sonrisa burlona se formó en su pálido rostro.
¿Por qué dijo eso?, me pregunté confusa.
Seguía sintiendo la mirada de Malfoy en mí, hasta que reaccioné y miré que llevaba puesto. ¡Madre mía!
Mi pijama solo constaba de un top azul de tiras y una braga de encaje blanco.
—Deja de mirarme, pervertido —grité a la vez que me tiraba a la cama y me cubría bien con las cobijas.
Malfoy rió.
—Ay, mini Granger —siguió riendo—, estoy acostumbrado a ver a mujeres desnudas, así que tú no me llamas la atención, además cuando estemos casados deberías dejar de vestirte de ese modo, a mí no me gustan las cosas a medias, o estas vestida o desnuda ante mí para la próxima vez —dijo de manera arrogante.
—¡Cállate idiota!, ¡Y fuera de mi habitación! —volví a gritar.
—Está bien me voy, pero antes dime, si no estabas soñando conmigo, ¿entonces con quien soñabas?
Malfoy frunció el ceño.
—No te importa —grité tan fuerte, que creí que me quedaría sin voz.
El muy tarado puso cara de ofendido, pero luego sonrió.
—Alístate, te estaré esperando abajo —dijo antes de salir de mi habitación. Yo al verme sola en mi habitación nuevamente, salí de mi cama, pero fue un error, porque la puerta se volvió a abrir y una rubia cabellera se asomó por el marco de puerta—. Ah, mini Granger, se me olvidaba… lindas piernas —sonrió.
—¡IDIOTA! —grité a la vez que cogía una de mis peluches y lo tiraba hacia el rubio, pero él ya había cerrado la puerta, así que el peluche reboto contra la puerta, para luego caer al suelo.
Exhalé e inhale lentamente, para tranquilizarme.
Todo fue un sueño —me lamenté— pero parecía tan real, ya casi sentía los labios de Percy sobre los míos, y por culpa de Malfoy ni siquiera pude seguir con mi hermoso sueño.
—¡Tonto rubio de farmacia! ¡¿Por qué tuviste que venir a interrumpir mi hermoso sueño?! —susurré a la vez que apretaba mis puños.
Y no me hubiera importado que me despertará tan temprano, si tan solo hubiera podido sentir los labios de Percy sobre los míos, seguí lamentándome.
Camine hacia el baño y me metí bajo la ducha, empecé a pasar el jabón de tocador por todo mi cuerpo, luego me eche shampoo al cabello y frotaba lentamente mi cuero cabelludo, cerré los ojos cuando empecé a enjuagarme el shampoo, y de pronto los recuerdos de hace tres días vinieron a mi cabeza.
Flashback
Luego de que Malfoy me besara sorpresivamente a modo de despedida, yo me sentí muy avergonzada, porque Percy fue testigo de esa escena.
—Lo siento —susurré.
Percy no dijo nada y yo tampoco, mi pelirrojo solo se limitó a abrir la puerta y dejarme pasar primero dentro de la casa, como todo un caballero.
Ya dentro de la casa, yo abrí la boca para justificar el comportamiento de Malfoy —aunque si éramos prometidos ese comportamiento era muy normal— pero no salió nada de mi boca y así que volví a cerrar.
—Buenas noches, Alex —dijo Percy y luego sentí que beso mi frente.
Sí, besó mi frente como la hermana pequeña que él me consideraba. Sin saber que yo no compartía sus sentimientos, yo lo veía como algo más, lo veía y lo veo como mi pareja perfecta, mi complemento.
Percy empezó a caminar hacia el segundo piso, pero antes de pisar el primer escalón, volteo y me dijo:
—Piensa muy bien lo que te dije, Alex.
Y luego de eso desapareció escaleras arriba.
Y ahí no quedo todo, luego de que Percy se fuera Ginny y Harry me "secuestraron" hasta sacarme toda la información que ellos querían, claro Ginny participaba más en el interrogatorio.
Nos sentamos en el sofá y ahí empezó todo:
—¿Por qué las serpientes, aparte de Nott, claro, estaba en la boda de Hermione y Ron? —me preguntó Harry.
—A pues… pues… para que Theo no se sienta solo entre tantos leones —sí gran pretexto Alex, me felicite a mí misma.
—No te creo —dijo Ginny y Harry asintió estando de acuerdo con su esposa.
—Pues fue por eso —insistí en ese ya absurdo pretexto.
—Lo última vez que vi a Nott, me di cuenta que no le molestaba estar entre leones —dijo Harry.
Oh, cierto, me había olvidado de ese detalle.
—¿Así que dinos el verdadero motivo porque esos Slytherin estuvieran aquí? —preguntó Ginny—, y no insistas en lo que dijiste antes, porque todos te vimos hasta bailar con el hurón albino —dijo seria, verla de ese modo me hizo acordar tanto a Molly cuando regaña a unos de sus hijos, así que no tuve más remedio que confesar la verdad.
—Porque Malfoy es mi prometido —susurré muy despacio, que hasta yo no me escuche.
—¿Qué? —dijo Harry—. No te escuche.
—PorqueMalfoyesmiprometido —está vez hable normal, pero todo lo dije muy rápido que creo que ni siquiera respiré.
—Podrías hablar pausadamente —pidió Ginny.
—Porque Malfoy es mi prometido —ahora hable claro y fuerte.
—¿Estás bromeando? —dijo Ginny que empezó a reír como si de un chiste se tratara lo que dije.
—¡No es cierto! —Harry también rio.
Esperé a que terminaran de reír, para decir que todo lo que dije es cierto, o tal vez espere a que alguien viniera a sacarme de ese interrogatorio —claro que nadie llego, al parecer estaban arreglando un poco todo el jardín— o tal vez espere a que aparecieran unas cámaras escondidas, como en algunos programas de televisión donde todos tus familiares y amigos aparecen gritando "CAISTE, TODO ES UNA BROMA, TU COMPROMISO CON MALFOY NO ES MÁS QUE UNA ABSURDA BROMA" y me hicieran mirar a una cámara.
Pero nada pasó.
Suspiré, y entonces me di cuenta que ya habían dejado de reír.
—¡Si es cierto! —dije fingiendo felicidad, es que lo tenía que hacer creíble.
Los dos se miraron perplejos y luego me miraron a mí.
—¿En verdad eres la prometida de Malfoy? —preguntó con horror Ginny.
Yo asentí sonriendo falsamente.
—Sí, soy su prometida y me voy a casar con él, porque… lo amo —me costó mucho decir lo último.
Era la peor blasfemia que había dicho en mi vida.
—Malfoy te hechizo o… te está obligando —dijo Harry que ya se había parado del sofá donde estaba sentado hace unos momentos.
—Ni me hechizo, ni me está obligando —dije.
Ginny también me paró del sofá y caminó hacia su esposo.
—Harry, tal vez le dio amortentia —le dijo Ginny.
—Tomaste algo que te dio Malfoy —me preguntó Harry.
—Mira ojos bonitos, Ma… Draco no me dio a beber nada —aseguré, porque era verdad.
—¿Y Hermione que opina de esto? —preguntó Ginny.
Ya estaba harta de ese interrogatorio.
—Hermione ya empezó a hacer su vida, así como yo la empezaré con Ma… Draco —dije un poco enojada.
—Pero… —iba a seguir Ginny, pero justo en ese preciso momento llego Molly, cosa que agradecí.
—Chicos que hacen aun despiertos —le dijo Molly a Harry y a Ginny—, la habitación de Ginny está lista para que pasen a noche, y tú Alex dormirás en la habitación de Ron, no te molesta, ¿cierto? —yo negué con la cabeza—, ya le puse sabanas limpias —siguió hablando Molly mientras me guiaba a la habitación de mi nuevo cuñado.
Fin de Flashback
Me metí tanto en mis recuerdos que cuando salí de la ducha, ya había pasado una hora. De seguro y Malfoy debe de estar echando humo por las orejas de la rabia.
Me encogí de hombro no dándole importancia.
—Pues que esperé, eso le pasa por venir a despertarme tan temprano —sonreí al imaginar la cara de enojado de Malfoy.
Camine hacia mi buro y saque mi ropa interior de color negro y de encaje —adoro los encajes— me quite el albornoz y me coloque mi ropa interior, y así solo en ropa interior me quite la toalla que tenía en la cabeza y empecé a secar mi cabello.
Luego de dejar prácticamente seco mi cabello, camine hacia el closet y saque unos pantalones pitillos, una blusa color blanca y mis zapatos de tacón negros.
Me disponía a poner los pantalones cuando de pronto.
—Todavía no estás lista —esa era la voz del rubio oxigenado, giré y me lo encontré frente a mí con cara de pocos amigos.
Corrí hacia mi albornoz que estaba tirado en suelo y me cubrí con ella.
—¿Qué nadie te enseño a tocar una puerta? ¿Y sobre todo nadie te enseño lo que es la privacidad? —le grité.
—Cierra la boca, estúpida niña —arrastro las palabras al hablar, y la expresión de su rostro no era nada buena.
¿Cómo se atreve a hablarme de esa manera?, pero a mí no me va dejar callada, y pensando que le tengo miedo. Ese rubio de farmacia aún no conoce a Alexandra Granger.
—A mí no me hablas de esa manera, ¿Quién te crees que eres estúpido rubio? —le grité.
Sus ojos grises, como la plata derretida de pronto se pusieron negros. Yo instintivamente retrocedí un paso. Pero lo siguiente que paso, me dejo completamente desconcertada. De lo serio que estaba y con esa mirada de demonio, se soltó a reír.
—Estás loco —le dije.
Malfoy se me acercó y yo estaba tan impactada por su comportamiento que no me dio tiempo de alejarme de él, cuando ya estuvo lo suficiente cerca de mí, me tomo por los brazos y los apretó con fuerza. Y yo apreté el albornoz sobre mí, para que no se me callera.
—Yo te hablo como a mí se me da la gana —susurró tan despacio que los vellos se me erizaron.
—Me estás lastimando —yo también susurré.
Pero él me ignoró.
—¿Y quién me creo que soy?, creí que esa pregunta ya te la había respondido antes, pero creo que tu lento cerebro muggle no le recuerda, así que te lo recordaré, yo soy tu prometido y dentro de una semana y media seré tu esposo y más te vale que te vayas acostumbrando a mi manera de hablarte —siseó.
Se atrevió a insinuar que soy tonta, y amenazarme de que siempre recibiré este trato de él. ¿Qué es lo que le pasa a este estúpido oxigenado?
—Si no me sueltas ahora, me quedaran marcas en los brazos —le dije, pero él igual me volvió a ignorar. Tengo que hacer algo para ponerlo en su sitio—, te juro que si me dejas marcas entonces iré con esa periodista, esa tal Rita Skeeter y declararé que las marcas de mi brazo las hiciste tú y no solo iré con ella también te denunciaré con el Ministro.
Malfoy fue soltándome lentamente, y camino hacia la puerta.
—No lo harás —dijo muy seguro.
—Sí, sí lo haré.
—Nadie te creerá.
Sonreí.
—Yo creo que si me creerán, no recuerdas que soy una simple e indefensa muggle y tú un mago con un pasado oscuro.
Malfoy volvió a reír.
—Vaya, sabes mover muy bien tus piezas de tu ajedrez, y veo que la estúpida valentía de tu hermana es contagiosa, pero déjame decirte algo tus amenazas solo me hacen reír.
Idiota.
—Así que mis amenazan solo te hacen reír…, pues si sigues tratándome así entonces me veré con la obligación de romper este absurdo compromiso —y Malfoy perdió su risa.
Sí, Alex 1 y Malfoy 0
—Creí que las Granger tenían palabra, —dijo de manera arrogante.
Rayos, Alex 1 y Malfoy 1
—Tienes un minuto para estar lista —dijo antes de salir por la puerta.
Tiré el albornoz nuevamente al suelo, pero antes de cambiarme vi pequeñas marcas rojas en mis brazos —grité internamente de rabia—. Me puse la ropa que había escogido y baje a la sala y ahí estaba él rubio con la mirada perdida en algún punto fijo de la casa, pero no era un punto fijo de la casa, sino una fotografía y no cualquier fotografía, era la foto donde salíamos Percy y yo abrazados. Recuerdo esa foto, eran las vacaciones, yo recién había cumplido los 13 años, y Hermione me llevo a casa de los Weasley —claro porque yo le insistí— a pasar un fin de semana, y con mucha suerte que mi pelirrojo estaba ahí, y yo con el pretexto de tomar fotos para un álbum que estaba haciendo, empecé a tomar las fotos, también le tome muchas fotos más, sin que él se diera cuenta. Y ahora que me acuerdo esa foto me la tomo mi buen amigo Fred, me tomo antes de avisarnos para mirar a la cámara.
—Ya estoy lista —le dije.
—Ya era hora —contestó, camino hacia a mí y me tomo del brazo para luego aparecer en el patio de su mansión.
Odio la sensación que se forma en mi estómago cada vez que nos aparecemos, y también me quedo un poco mareada.
—Se demoraron —escuche una voz aristocrática de mujer. Levante la mirada y frente a nosotros estaba Narcisa Malfoy, vestía un vestido negro entallado, con zapatos de tacón del mismo color del vestido, y su cabello rubio estaba recogido en un moño.
—Es que su hijo primero se puso a molestar y después me dijo que teníamos que venir aquí, así que no es culpa mía —lo dije tan natural que hasta yo me lo creí.
Malfoy me miró sorprendido.
—Draco, te dije que la trajeras temprano y ya ha pasado más de una hora de eso —el rubio no dijo ni media palabra, pero me dirigió una mirada asesina, y yo le sonreí como respuesta—, y si la querías molestar te hubieras esperado hasta cuando termináramos de ver las cosas que tenemos pendientes.
¿Qué? O sea que no le importó que su retoño me molestara, no pues, sí son tal para cual. Se nota que es su hijo.
—Claro, madre, eso haré la próxima vez —le contestó a su madre como si fuera un niño bueno.
—Bien, vamos niña, sígueme —me dijo la rubia.
—Y tú, Malfoy, no piensas seguirnos —le dije al ver que él se dirigía dentro de la casa.
—No, no participaré en organizar esa farsa, creo que entre ustedes dos será suficiente —y luego decir eso se fue.
—Vamos, niña —me urgió la rubia, que se empezaba a encaminar hacia un pequeño comedor, que estaba bajo un frondoso árbol.
La seguí y tome asiento cuando la rubia me lo indico. Lo único bueno de todo esto es que no nos reunimos dentro de la casa, porque si no se me hubiera puesta la carne de gallina y los recuerdos desagradables vendrían a mí nuevamente.
—Hey, niña —medio grito la rubia.
Ni siquiera me había dado cuenta de que me estaba hablando.
—Lo siento, me distraje —le dije—, y me llamo Alexandra, no niña —le aclaré.
La rubia me miró seria.
—Bien te estaba hablando sobre lo que daremos de comer en la boda —me mostro una carpeta con distintos tipos de comida que estaban enumerados, con nombres extraños para mí. Los revise todo con aburrimiento.
—¿Y cuál eliges? —me preguntó.
—Señora, en realidad yo no sé nada sobre estos tipos de comidas —me sinceré.
—De eso estoy más que segura —dijo.
Yo la miré confundida.
—Entonces, porque quiso que venga —le pregunté.
—Porque supuse que te gustaría organizar tu boda.
—Pero está no es una boda por amor y de la cual me gustaría revisar hasta el más mínimo detalle —le dije.
—Por supuesto que no es una boda por amor, pero creí que de igual forma te gustaría participar en organizarlo todo.
¿Qué le sucede a esta mujer? ¿Acaso no entendió que no me interesa nada de esto?
—¿Pero entonces porque su hijo no participa en organizar su boda? Porque es con él con el que me voy a casar, ¿no es así?
—Oh, a Draco nunca le ha gustado participar en este tipo de cosas —dijo como si nada—. Pero tú eres mujer y a ti se te gusta —lo aseguro como si fuera cierto.
—Pero…
—Mira aquí están las carpetas que me dejo el diseñador, sobre como decorar toda la mansión —me interrumpió, si, a esta mujer solo le importa las cosas superficiales—, debemos escoger el mejor, porque vendrán muchos reporteros.
—Sí, claro, usted tiene toda la razón —decidí fingir que me importa, para que así todo esto terminé más pronto.
Estaba viendo una de esas dichosas carpetas, cuando una vocecita me sobresalto.
—Ama, Winky le trajo té y galletas a usted y a su invitada —miré a mi derecha y una criatura pequeña de ojos saltones color verdoso, vestida de gris con un mandil blanco, tenía sobre sus pequeñas manos traía una bandeja con una tetera, dos tazas y en una pequeña bandeja había galletas.
—Bien, Winky, sirve el té y retírate —le dijo sin mirarla si quiera.
La elfina puso la bandeja con las galletas y sirvió los tés y me lo paso.
—Gracias —le dije, y la elfina hizo una reverencia.
—Ah, Winky, la señorita, será la futura esposa de mi hijo —le informó la rubia aun sin mirarla, parecía más concentrada en sus dichosas carpetas, antes que por lo menos mirarla.
—Oh, es un honor para Winky conocer a la futura esposa del señorito Malfoy —dijo la elfina, yo le sonreí como respuesta. La pobre elfina parecía muy tímida.
Luego de eso hizo la última reverencia ante la rubia y ante mí, para luego desaparece así como vino.
—Granger —dijo la señora Malfoy, yo la miré—, ya sabemos que parte de la decoración debe tener los colores de Slytherin, pero ¿Cuál de los 45 tonos de blancos crees que este mejor?
Me enseño una carpeta que contenía los pedazos de tela cortado en cuadrado medianos. Conté todos los cuadraditos de tela, y en efecto había 45, pero no veía los diferentes tonos en ellos. Para mí todos eran iguales de blancos.
—Eh, creo que este —señale uno al azar.
—Sí, creo que este está bien, queda perfecto con el verde y el plateado —sonrió por la supuesta buena elección que hice, aunque así como escogí ese también pude haber escogido cualquier otro.
Ya estaba cansada y muy aburrida de todo esto. Cuanto tiempo llevo aquí, toda una eternidad. Miré mi reloj disimuladamente y tan solo había pasado cuarenta minutos.
No puede ser solo cuarenta minutos.
—Tu vestido será del tono más blanco y resplandeciente —dijo de repente sorprendiéndome.
¿Acaso dijo vestido? ¿En verdad tengo que usar un vestido?, yo creí que no era necesario.
—Señora, no cree que ya todo esto es demasiado, y todavía quiere que use un vestido —la rubia me miró desconcertada—, si por mi fuera me casaría con unos jeans, un suéter y tenis.
La rubia me miró como si le hubiera insultado.
—¿Qué estás diciendo? Que te casarías con jeans, suéter y tenis, la boda de mi hijo tiene que ser por todo lo alto y su novia debe de vestir como la futura Malfoy que será —dijo de manera seria.
—Señora, pero todo esta boda es una farsa, así que no entiendo porque todo estos preparativos.
—Así sea una boda falsa, tiene que ser la mejor, y tú usaras un vestido, el más hermoso de todos, ¿me oyes? —casi gritó.
—Bien —susurré de mala manera.
Y así pasamos no sé cuánto tiempo más, hasta que escuche la voz del rubio oxigenado.
—Madre, creo que ya deben parar —dijo, y sonreí internamente por eso, giré mi rostro y vi aparecer la figura del rubio oxigenado, nunca me había sentido tan feliz de verlo.
—Sí creo que por hoy ya acabamos, pero mañana continuamos —dijo la rubia.
¿Qué? También mañana, no, estos días próximos a la boda será una tortura, y cuando ya esté casada mis días serán un infierno.
Tal vez reconsidere sobre cancelar todo esto.
—Bien, entonces hasta mañana, señora Malfoy —me despedí, en verdad, aunque sea por hoy estaba feliz de que todo terminará.
—Mañana nos vemos —la rubia se paró y empezó a caminar hacia la mansión, dejando todas las carpetas sobre la mesa.
—¿Qué esperas para llevarme a casa? —le dije al ver que no se acercaba a mí y me tomaba del brazo, como era su costumbre, para luego aparecer en mi casa.
—No soy tu elfo doméstico para que me estés ordenando cosas —me dijo enojado.
—No, no eres un elfo doméstico, porque si lo fueras me caerías mejor.
—Mira mocosa… —dijo, pero se quedó callado cuando un elfo se apareció ante él con un pergamino en las manos.
—Amo —le hizo una reverencia—, otro pergamino igual que el anterior acaba de llegar —el elfo le entrego el pergamino, hizo una reverencia y luego desapareció.
Vi a Malfoy, ponerse más pálido de lo que es, para luego empezar a leer el pergamino, y mientras más leía, más enojado se ponía.
Me preguntó qué diría, para que se ponga de esa manera… o acaso sería una de esas… amenazas de los… mortífagos que lograron escapar.
Oh, rayos, entonces creo que no podre cancelar el compromiso, no perdonaría nunca que por mi culpa les pasara algo a esta familia.
Me acerque a él lentamente.
—Son amenazas de los mortífagos —le dije, y él me miró serio.
—Cállate, no lo repitas, y pobre de ti que se lo digas mañana a mi madre —me amenazó.
—No hace falta que me amenaces, yo no le diría nada a tu madre, ¿Por qué lo haría? ¿Y qué ganaría con decirle? Solo mortificarla, nunca haría algo así —el rubio solo me miró de una manera extraña.
Y luego asintió.
—Sí, es una amenaza —dijo.
—Bien, entonces supongo que no me puedo echar para atrás con esta farsa —dije y él me miró—, y que debo de continuar con esto con esta tortura de ver 45 tonos de blancos con tu madre para toda la decoración, pero no me importa soportar toda esta tortura de los preparativos, y el infierno de vivir contigo, si sé que luego conseguirás la protección que requieren, aunque claro solo será un año y un año pasa rapidísimo —yo misma me alenté—, además de que casarme contigo también me conviene porque así… —callé.
Que ibas a decir Alexandra Granger, Malfoy no se debe de enterar de que lo necesitas para no ser un estorbo en la casa de tu hermana y tu cuñado.
—¿Qué ibas a decir? —preguntó.
—Nada, solo estaba… pensando en… voz alta. No es nada importante, en verdad —le mentí.
—No te creo, dijiste algo de que te convenía a ti también casarte conmigo, así que ahora me dices vas a decir el porqué.
—Que dices, creo que escuchaste mal, y mira te juro que no le diré nada a tu madre sobre ese pergamino, pero ahora me puedes llevar a casa por favor —le pedí.
—No te llevaré a tu casa hasta que me digas la verdad.
No puede ser, estoy segura que si no le digo la verdad, él cumplirá su palabra.
Ay, Hermione, quien como tú que en estos momentos debes de estar muy feliz con Ron, mientras yo tengo que estar aquí, en es mansión con este rubio oxigenado.
—Sí te digo la verdad, me llevarás a casa —le pregunté.
Él asintió.
—Bien —no quiero decirle mis verdaderos motivos, pero si no hablo, entonces me quedare aquí—, dije que me convenía casarme contigo, porque… si no lo hago entonces yo tendría que irme a vivir con Hermione y Ron a su nueva casa —bien ya lo dije y ahora que.
El rubio ni siquiera se inmuto.
—Deja de decir tonterías y dime la verdad —me exigió.
—Esa es la verdad.
—No te creo, porque irte a vivir con tu hermana no sería mucho mejor para ti que aceptar una boda conmigo.
—No, no sería mejor para mí, porque por lo menos si me casó contigo podría hacer mi vida normal, pero si me voy a vivir en la casa de Hermione, me convertiría en un estorbo entre la nueva pareja y eso sería muy incómodo para mí. Ahora que ya lo sabes, puedes llevarme a casa.
Malfoy sonrió.
Me tomo del brazo, sentí la misma sensación cada vez que nos aparecemos, pero cuando abrí los ojos, vi que no estaba en mi casa, sino en el ¿Callejón Diagon?
—¿Qué hacemos aquí? —le pregunté.
—Debemos continuar con las citas —fue su única respuesta, para luego entrelazar nuestras manos y jalarme por los distintos negocios.
Continuará...
