13. Theme of King J.J.

Otabek llegaría un poco tarde de Francia.

Yuri había ido al aeropuerto a esperarlo a pesar de que el joven kazajo le había dicho que no era necesario ya que se tardaría un poco en llegar debido a una tormenta de nieve inesperada que había retrasado todos los vuelos internacionales de aquella tarde.

Sin embargo aquello le había importado poco al joven rubio quien seguía contemplando el tablero de anuncios de las llegadas internacionales de vuelos mientras seguía tratando de pasar desapercibido en medio de toda la gente que sin duda alguna también estaba esperando a alguien especial.

"Alguien especial…"

Las palabras se formaron en su cabeza haciendo que un profundo rubor coloreara sus mejillas, pero aquel título debía ser verdad si el joven había estado esperando por su mejor amigo por casi dos horas. Si Otabek no fuera especial para él ¿Qué demonios estaba haciendo ahí?

El tablero se iluminó anunciando el arribo del avión del kazajo minutos después y al pensar en que vería a Otabek de nuevo, Yuri sintió ganas de irse de ahí en aquel mismo instante. La verdad es que no quería que su amistad con el joven Altin se pusiera rara de pronto, pero lo cierto es que tampoco podía reprimir las emociones contradictorias que esa amistad estaba causándole.

Porque mientras Otabek estaba ahí, al lado suyo, era fácil que las miles de preguntas contradictorias que había en su cabeza se callaran en medio de las risas sin final que los dos compartían, o en el silencio solo matizado por las canciones que el kazajo solía compartir con él.

Pero Otabek había estado fuera de Rusia casi un mes, y en aquella ausencia, aunque Yuri había estado ocupado en perfeccionar sus programas de la temporada, su mente seguía molestándolo con todas aquellas preguntas sin respuesta ¿Qué demonios era Otabek para él? ¿Por qué su corazón latía con fuerza al verlo sonreír? ¿Por qué se sentía tan feliz al tenerlo cerca? ¿Por qué rayos lo había extrañado tanto todos esos días al grado de no poder contenerse e ir a buscarlo al aeropuerto?

Y ahora que su mejor amigo regresaba ya clasificado a la Final del Grand Prix Yuri quería felicitarlo y verlo, quería verlo sonreír de ese modo abierto que solo usaba cuando estaba a su lado. Sí, aquellos pensamientos sin duda alguna avergonzaban al chico pero no pudo evitar que cuando la figura serena y alta del kazajo apareciera en la distancia, sus pies cobraran vida propia para reunirse con aquel joven que lucía cansado pero también orgulloso de lo que había logrado en Canadá y en Francia.

Los ojos oscuros del kazajo se fijaron inmediatamente en la melena rubia oculta bajo un gorro oscuro de Yuri Plisetsky, quien sin duda alguna había estado esperando por él todo ese tiempo y algo en el corazón de Otabek se hizo más grande. El joven se había acostumbrado tanto a la presencia de Yuri en su vida que aquellos días lejos de él se habían sentido como años. A pesar de que solían hablar cada día, el hecho de que la Copa Rostelecom, el ultimo evento del Grand Prix que también era el segundo evento de Yuri, estuviera cada vez más cerca, había hecho que sus llamadas e intercambios de mensajes se detuvieran debido a la apretada agenda de entrenamientos del ruso quien lo recibió con una sonrisa contenida al verlo llegar a él.

Otabek sabía que Yuri estaba conteniéndose por temor a que la multitud pudiera reconocerlos, por lo que el kazajo asintió suavemente al saludo de su amigo mientras los dos caminaban sin llamar la atención hacia la salida del aeropuerto en la que un auto especial, pedido expresamente por el entrenador de Otabek, estaba esperándolos ya.

Los dos jóvenes abordaron el vehículo sin hacer demasiados comentarios todavía, siempre les resultaba difícil ser ellos mismo delante de la gente y aunque ciertamente en aquel vehículo solo estaba presente el chofer, los dos sabían que sería mejor guardar su alegría para cuando pudieran compartirla solamente con el otro.

Yuri sentía la necesidad de estar cerca de Otabek y aunque el silencio en el que los dos viajaban hacia la casa del kazajo era apacible, el joven rubio no podía esperar a llegar a su destino para poder hacer de una vez todas las preguntas que quería hacerle a su amigo acerca de las competencias que había vivido pues también quería felicitarlo por clasificarse a la Final del Grand Prix y sobre todo eso, quería abrazarlo y decirle que lo había extrañado en aquellos días en los que Mila seguía estando triste y ausente a pesar de que había logrado que Sara Crispino quisiera hablar con ella cuando la joven llegara a Rusia la semana siguiente.

También quería hablarle de lo que su abuelo le había dicho, quería que Otabek supiera de aquello porque quizá la confusión dentro de él terminaría una vez que pusiera sus pensamientos en palabras. Vamos, Otabek era mayor que él, seguramente el kazajo tendría una respuesta para él. No era como si quisiera confesarle algo a su amigo ¿O sí? No, claro que no… solo quería escuchar su opinión al respecto, solo quería que las dudas de su corazón se callaran de golpe al estar a solas con él.

Los dos chicos bajaron del auto minutos después y cuando el mayor dejó sus maletas en su habitación, el chico corrió al encuentro de Yuri quien se sintió algo torpe cuando Otabek lo rodeó con sus brazos de forma rápida para después sonreírle con aquella calidez que hacía que el corazón del rubio se detuviera en un solo segundo.

-¡Vaya! ¡Es bueno volver a un sitio donde tengo un amigo!- dijo el kazajo dejándose caer sobre el sillón de la sala-. Ese último evento en Francia fue agotador y ni qué decir de Canadá ¿Conoces al estúpido de J.J.?

-¿Quién?- dijo Yuri tratando de concentrarse en las palabras de su amigo, intentando dejar de pensar en el abrazo que le había dado minutos antes.

-Leroy, el canadiense narcisista- dijo Otabek con una sonrisa llena de exasperación-. Es un imbécil, de verdad no sé cómo alguien puede soportarlo. Se la pasó dándome consejos solamente porque estuve entrenando en Canadá un tiempo ¡Cree que somos los mejores amigos del mundo!

-¿Lo fueron?- dijo Yuri recordando de pronto al idiota aquel que se había unido a él y a Victor en el banquete del Campeonato Mundial del año pasado.

-¡Claro que no! Alguien como él no puede tener amigos, es un idiota- dijo Otabek tratando de no reírse-. Se puso ebrio antes de competir ¿Puedes creerlo? Empezó a decir estupideces acerca de vengarse de Victor Nikiforov por no sé qué motivo, seguramente porque no quiere que haya alguien más guapo que él en el universo…

-¿Crees que Victor es guapo?- dijo Yuri empezando a ponerse de mal humor por el rumbo de la conversación.

-¿Quién no cree que Victor es guapo?- dijo Otabek riendo divertido-. Creo que J.J. tiene una obsesión con él ¿Puedes creer que estuvo diciéndole a todo el mundo que iba a destruirlos a él y a Yuri Katsuki? Estoy seguro de que jamás ha visto a Yuri Katsuki en su vida pero bueno, le encanta hacer el ridículo…

-¿Destruir al cerdo?- dijo Yuri sintiendo un escalofrió ante esa información sin saber muy bien el por qué-. Sin duda alguna ese J.J. es imbécil de verdad.

-No lo dudes, lo es- dijo Otabek suspirando con exasperación-. Dime que lo vas a hacer polvo la próxima semana, me encantaría que alguien le cerrara la boca de una vez y Yuratchka, no hay nadie mejor que tú para hacerlo.

La sonrisa en los labios de Yuri se hizo más grande al escuchar aquello. Claro que haría polvo al canadiense estúpido aquel, ese era su trabajo y si además podía hacer sonreír a Otabek de ese modo, estaba más que seguro de que aquella medalla de oro sería suya.

-¿Quieres apostar?- dijo el rubio con confianza, aquella confianza que tanto le gustaba al kazajo.

-Claro que sí, ya aposté todo mi dinero por ti…- dijo Otabek haciendo que los ojo de Yuri se llenaran de luz-. No me hagas perder, Yura, no quiero volver a Kazajistán todavía, me gusta mi vida en Rusia. Por cierto, te traje algo de Francia, espera…

Otabek se levantó del sillón seguido por la atenta mirada de Yuri que simplemente no encontraba la forma de decir lo que tenía que decir. Sí, aquello era difícil y lo cierto es que le hubiera gustado simplemente seguir escuchando al joven Altin pero tenía que ser valiente. En ningún momento de su vida él se había considerado a sí mismo como un jodido cobarde.

Tenía que decírselo, tenía que decirle que lo que pasaba entre ellos lo confundía porque era agradable pero en cierto modo insuficiente; tenía que decirle a Otabek que a veces soñaba con sostener su mano o besar sus labios y que sí, aquello era sin duda ridículo, pero dentro de él era necesario; quería decirle que jamás se había sentido así con otra persona y que no estaba diciéndole aquello para obligarlo a hacer algo o a corresponder aquellos extraños sentimientos que ardían en su corazón joven que al parecer, parecía crecer mil veces su tamaño cuando Otabek estaba a su lado.

"¿Sabes qué es esto, Beka?", pensó Yuri mientras el kazajo sacaba de su maleta un paquete alargado envuelto en un sobria caja de terciopelo rojo, "¿Por qué me siento tan nervioso al estar contigo, por qué temo tanto estar cerca de ti y al mismo tiempo, siento dolor cuando estás lejos? ¿Vas a odiarme, Beka? ¿Eres como las demás personas de este lugar? ¿Está mal que me gustes tú y no Mila o cualquier otra chica? Eso… ¿Me gustas, Otabek? ¿Es eso?"

El color abandonó las mejillas de Yuri cuando aquel pensamiento se formó claro y preciso en su mente. El jamás había sido una persona de etiquetas que necesitara ponerle un nombre preciso a todo pero aquella verdad pareció inundarlo como un torrente de agua fría descendiendo desde su cabeza hasta sus pies. Otabek le gustaba, claro que le gustaba pero no solo como un amigo podría gustarle.

-¿Estás bien, Yura?- dijo Otabek sintiéndose un poco asustado por el pálido semblante de su amigo quien lo contemplaba ahora con aire ausente.

El chico delante de él parecía tan joven y vulnerable que el kazajo se preguntó si había hecho algo para asustarlo. Durante su amistad con el joven ruso, Otabek había sido cuidadoso al ocultar las emociones contradictorias que lo invadían al pensar en Yuri.

Sí, él sabía que era de algún modo precipitado y quizá incorrecto pensar en aquel chico como en algo más que un amigo. Durante aquellos días juntos, Otabek se había cuidado de hacer comentarios que pudieran poner en evidencia que lo que lo que sentía por Yuri iba más allá de ese instinto protector que siempre le había hecho cuidar de las personas más jóvenes que él. Aquello que lo unía a Yuri era más que la camaradería, más que las risas, la música y las bromas.

Pero él sabía dentro de su corazón que si llegaba a poner todo aquello en palabras, Yuri quizá no podría entenderlo, quizá algo así lo separaría de la persona que se había convertido en alguien cercano a él. Y el kazajo no podía permitir aquello. Esperaría. Sería paciente. Él sabía que si dejaba que los días corrieran, que si el tiempo pasaba y todo seguía como hasta ahora entre él y el ruso, llegaría un día en el que su amistad tomaría de forma natural el rumbo que él deseaba que su historia con Yuri Plisetsky tuviera.

-Estoy bien…- dijo el más joven dándose cuenta de que Otabek había empezado a mirarlo realmente extrañado.

-Toma…- dijo el kazajo sonriendo con un poco más de confianza- lo encontré por casualidad mientras paseaba por la ciudad, creo que puede hacer que tu programa libre brille de verdad.

Yuri tomó el paquete que Otabek puso en sus manos y tratando de respirar con normalidad, el rubio abrió el regalo de su amigo y sus ojos verdes se abrieron de par en par al contemplar el destello de varias pequeñas perlas y pequeños brillantes unidos a una cinta dorada que al principio pintó en Yuri una mirada de desconcierto.

-Es una cinta para el cabello- dijo Otabek sintiéndose un poco avergonzado al decir aquello-. Escuché que Madame Baranovskaya quiere cambiar tu estilo de peinado para tu presentación de la copa Rostelecom y creo que, bueno… en realidad no tienes que usarla yo solo… yo solo creí que bueno, combinaría con tu traje y…

El rubio se quedó en silencio tocando con suavidad la seda de la cinta y el tacto rugoso y frio de las pequeñas joyas que la adornaban. Aquel era un accesorio precioso y sin duda alguna haría que su cabello quedara sostenido del modo en el que Lilia quería que quedara, ella misma había estado probándole distintas cintas aquellos días. Y ahora Otabek le había regalado aquello y esa era una forma en la que su mejor amigo estaría con él durante la competencia. Aquello era demasiado y el corazón de Yuri parecía estar al borde de un infarto.

-Beka…- susurró Yuri dedicándole una mirada fija y emocionada a su mejor amigo quien sintió un tirón en el corazón al ver esos ojos verdes que lo habían cautivado siendo niño llenos de mil emociones distintas.

-¿Te gustó?- dijo el joven sintiendo que su corazón latía a mil por hora, sintiéndose nervioso e intimidado por la fuerza de esos ojos verdes que siempre contemplaban la vida como si esta fuera un campo de batalla.

-Es preciosa, gracias- dijo Yuri tratando de sonreír con calma-. Beka… ¿Por qué?

-¿Por qué, qué?- dijo el kazajo nerviosamente.

-¿Por qué haces esto por mí?- dijo Yuri sintiendo que el momento de responder a sus preguntas había llegado- ¿Por qué siempre me haces sentir como si fuera la persona más especial en el mundo para ti?

-Porque lo eres…- dijo Otabek con sinceridad, haciendo que Yuri sintiera que un golpe en el estómago le robaba la facultad de respirar con normalidad.

-¿Lo soy?- dijo el rubio sintiendo que todo el calor del universo estaba inundando sus mejillas- ¿Por qué?

-Ya te lo dije, eres un chico maravilloso- dijo Otabek sabiendo que debía ser cuidadoso-. Eres fuerte, eres valiente, siempre quise ser tan decidido y talentoso como tú. Eres mi mejor amigo, Yura, yo jamás me había sentido así con alguien. Tú me entiendes, me gusta estar contigo, los dos amamos el hielo. Además estoy seguro que cuando pase el tiempo…

-¿El tiempo?- dijo Yuri sintiendo que su corazón se detenía por completo.

-Sí, el tiempo- dijo el kazajo con una sonrisa llena de esperanza-. Cuando pase el tiempo y los dos nos conozcamos mejor a nosotros mismos y al otro, creo que quizá, podremos compartir otro tipo de relación…

-¿Qué tipo de relación?- dijo Yuri sonrojándose violentamente pero recordando de golpe que a Otabek jamás le había gustado andarse por las ramas: él siempre era directo, directo y decidido y aquello estaba matando a Yuri lentamente.

-No lo sé, una en la que los dos nos sintamos cómodos y felices- dijo el kazajo sabiendo que había hablado de más pero ahora ya era demasiado tarde para retroceder-. Algo como lo que une a Victor con Yuri Katsuki, quizá…

Un concierto de miles de colores estalló de pronto en el pecho de Yuri Plisetsky al sentirse a la merced de las llamas de las pupilas oscuras de Otabek que lo miraban con un aire avergonzado que lo hacía lucir simplemente adorable. Las palabras de su mejor amigo lo habían hecho sentirse extraño, no era desagradable, no le molestaba pensar en lo que el mayor había dicho, ni siquiera la referencia a Victor y al cerdo lo había molestado.

Porque él sabía lo que Otabek estaba tratando de decirle, porque él sabía que aquello había sido más o menos lo mismo que su abuelo le había dicho "llegará el momento, Yura, llegará el momento en el que quieras descubrir mil cosas nuevas de la mano de alguien".

Lentamente, sin saber muy bien qué estaba haciendo, los labios rosas y pequeños del joven ruso se estrellaron con la sonrisa de Otabek quien sintió que el mundo comenzaba a temblar bajo sus pies al contacto de los labios de aquel joven intrépido que siempre lograba todo aquello que se proponía. El contacto de aquella suave boca sobre la suya no duró mucho, los dos chicos estaban demasiado sorprendidos como para dejarse llevar, como para pensar en si sería o no adecuado profundizar aquel contacto, empezar a aventurarse en lo desconocido, aprender con calma, lentamente, de la mano de alguien que los quería de verdad.

-¿Y por qué no ahora?- dijo el joven Plisetsky con más valor del que sentía- ¿Por qué no vemos pasar el tiempo juntos desde ahora?

Otabek se quedó mirando aquel rostro perfecto que seguía estando a escasos centímetros del suyo. Yuri lucía feliz, a pesar de que sus mejillas estaban sonrojadas, Otabek sabía que el muchacho no estaba avergonzado ni arrepentido de lo que había hecho y la pregunta hecha por el muchacho Plisetsky seguía resonando dentro de él. Sí… ¿Por qué no ahora? Si de todos modos los dos seguirían recorriendo el mismo camino por un largo trecho ¿Por qué no darse la oportunidad de empezar a descubrir mil cosas juntos?

El joven kazajo sonrió y asintió lentamente y Yuri sintió el impulso de rodearlo con sus brazos. No hacía falta decir más, todas las preguntas de Yuri habían quedado respondidas al contacto de sus labios con los labios de Otabek. Porque no hacía falta ponerle un nombre a aquello que había nacido entre los dos esa tarde.

Porque cuando un brote por fin asoma a la superficie, nadie le pide cuentas y así era entre los dos también. No hacía falta ponerle un nombre a aquel inicio porque solo estaban seguros de que se trataba de algo nuevo y en sus jóvenes vidas, los dos estaban seguros de que fuera lo que fuera que tendrían que descubrir a partir de ahora, lo harían los dos juntos sin prisa, sin temor, sin dejar de ser los dos mejores amigos del mundo entero…


Phichit miraba la pantalla de celular cada pocos segundos. Estaba nervioso. Nunca jamás en su vida se había sentido tan nervioso.

El pequeño restaurante Chino en el que estaba esperando a que Yuri Katsuki llegara por fin estaba un tanto vacío a aquella temprana hora de la mañana. El corazón de Phichit latía con fuerza pero él sabía que tenía que hacer lo que se había propuesto hacer. Tenía que hacerlo por él y por Chris, tenía que hacerlo ahora porque estaba seguro de que Yuri podría escucharlo hablar de sus sentimientos por fin sin derrumbarse.

O al menos era aquello lo que Phichit deseaba.

Aquella idea, la idea de finalmente confesarle a Yuri algo que jamás le había dicho, había llegado a él después de ver el despliegue de amor público que Victor había tenido para con su mejor amigo en frente de todo el mundo después de la competencia en la que él había obtenido el primer lugar.

Aquella imagen, la imagen de los dos hombres besándose frente al mundo entero sin temor alguno, le recordó a Phichit una de las frases que su abuela solía decirle: "el amor que se calla, no sirve. Si sientes amor por alguien tienes que decirlo, tienes que entregarlo de algún modo aunque sepas que no puede ser recibido o que la persona a la que quieres entregárselo, no podrá devolvértelo. Tienes que decirlo porque el amor que no se expresa se pudre, te hace mal, siempre te hará daño…"

Y ciertamente, aquella imagen, la imagen de Victor y Yuri besándose como si no hubiera mañana, había sido como recibir una puñalada en el corazón. Y no es que Phichit aun tuviera esperanzas de que lo que Yuri y Victor sentían fuera pasajero, él no era lo bastante iluso como para esperar que como solía pasar en las novelas de amor, si era lo suficientemente paciente alguna vez su gran amor se vería correspondido. A Phichit no le gustaban las historias trágicas y no estaba dispuesto a convertirse en uno de esos amargados caídos en desgracia que de pronto se vuelven cínicos al hablar de amor.

Phichit se respetaba y se conocía lo suficiente como para saber que merecía algo más, que merecía algo más que aquel dolor sordo que llenó su corazón después de ver aquel beso apasionado que le había dado la vuelta al mundo y que le daba una idea de que Victor y Yuri eran almas gemelas y que sería un crimen contra el universo pensar en la sola idea de separarlos.

El joven tailandés había tratado de sonreír con alegría en las fotos de la premiación de la copa de China, pero estar en el pódium con Yuri y Chris al lado suyo, solamente había hecho que sus emociones se revolvieran de un modo inhumano dentro de él.

Porque a su derecha, el gran amor de su vida le sonreía en la distancia a un par de ojos azules que lo miraban con orgullo mientras la presea plateada brillaba con fuerza en su pecho, y a su izquierda el hombre más sensual y cálido del mundo, aquel hombre que era una promesa de amor en si mismo, lo miraba con aire sereno, sabiendo sin preguntarle que aquel momento, el momento en el que Phichit había hecho historia al convertirse en el primer Tailandés en colgarse una medalla de oro en el Grand Prix, no estaba siendo del todo feliz.

-Ven a verme Suiza, sé que lograrás pasar a la final también así que podremos volar los dos juntos a España- le había dicho Chris después de la ceremonia de premiación y antes de partir al hotel y de ahí al aeropuerto con rumbo inmediato a Suiza.

-¿No íbamos a tener una cena de celebración hoy?- había respondido Phichit un tanto tiste al descubrir que Chris había notado aquella tristeza idiota que estaba invadiéndolo.

-Creo que necesitas un tiempo para ti, guapo- había dicho el suizo con una sonrisa-. Creo que ese corazón tuyo necesita poner en orden varias cosas y además, creo que te haría bien hablar con Yuri ¿No crees?

-¿Hablar con Yuri?- había dicho Phichit con las mejillas sonrojadas. De verdad era un libro abierto con todo lo que sentía.

-Sí, con Yuri…- había dicho Chris con calma antes de acercarse a él para besarlo suavemente en los labios-. Sé que estás feliz por él y por Vitya, pero también sé que hay otra parte de tu corazón que duele inmensamente. Habla con Yuri, sé que me dirás que él no necesita saber nada de esto pero creo, Phichit, que tú sí necesitas decirlo…

El suizo le había guiñado un ojo antes de dar la media vuelta y alejarse de él, dejando al joven Chulanont un poco perplejo. Las palabras de Chris se habían unido después a las palabras que su abuela le había dicho también y por ello el muchacho había decidido que los dos tenían razón: tenía que dejar ir a Yuri pero no había modo de dejarlo ir sin que él supiera de todo lo que había sentido por él dentro de su corazón aquellos años.

-Hola Phichit, perdóname por llegar tarde ¿Esperaste mucho?- dijo la voz de Yuri después de un rato cosa que hizo que las mejillas del joven Chulanont se sonrojaran con fuerza.

Y es que ahí, delante de él, estaba la imagen perfecta de una persona que ha despertado a la mañana sintiendo que es el hombre más feliz del mundo. La sonrisa que estaba en los labios de Yuri Katsuki era suficiente para iluminar la noche, aquella sonrisa era tan cálida y brillante que Phichit se preguntó seriamente si su mejor amigo no había sido de pronto poseído por toda la luz de las estrellas del universo.

Las mejillas de Yuri estaban sonrojadas y el cabello negro del joven Katsuki rodeaba su cara de forma natural cayendo encima de sus ojos, esos ojos color marrón que parecían estar escondiendo un secreto.

Los ojos de Phichit se quedaron prendados de Yuri haciendo que su corazón latiera bastante dolorido dentro de su pecho. Porque Yuri era hermoso, es decir, él siempre lo había pensado pero aquella mañana Yuri parecía simplemente bello, no necesitaba decir nada más.

El joven Tailandés dejó que sus ojos se regalaran de aquella sonrisa un tanto confundida que estaba en los labios de su mejor amigo. Lo amaba tanto, lo amaba de tal modo que ahora tenía que dejar ir aquel amor para poder conservar a su mejor amigo. El joven Chulanont suspiró con tristeza a medida que sus ojos bajaban por el rostro de Yuri hacia la mesa, y en el camino, Phichit no pudo evitar notar que en el cuello blanco de Yuri había una marca muy visible que solamente alguien cercano a él, alguien como un amante habría podido dejar sobre su piel.

"Vaya…", pensó el joven Chulanont desviando la mirada de aquella marca delatora en la piel de Yuri, "con que han llegado a ese punto en su relación ¿no es cierto? Yo sabía que pasaría, yo sabía que Victor no iba a conformarse solo con castos besos pero ¿También se llevó eso de ti? ¿Por qué siento que lo odio, Yuri, por qué siento que lo detesto con todo mi corazón cuando él es la única persona que puede hacerte así de feliz?"

-¿Phichit?- dijo el japonés observando como la sonrisa en los labios de su amigo se iba convirtiendo poco a poco en una evidente muestra de disgusto- ¿Estás bien? Entiendo que estés enojado pero… Victor no quería despertarse aun y yo…

-Y tú tampoco- dijo Phichit tratando de volver a sonreír-. Supongo que debe ser difícil alejarte de él ahora. No debes disculparte.

-Tampoco había visto tu mensaje- dijo Yuri mirando a la mesa con aire abochornado-. Creo que ayer yo simplemente me olvidé del mundo.

-¿Pasó lo que creo que pasó?- dijo Phichit con una sonrisa juguetona que hizo que la cara de Yuri se pintara de rojo completamente-. Vamos, prometiste que ibas a contarme todos los detalles sucios ¿Victor fue bueno contigo? ¿Te lastimó? Porque si el muy bruto no fue cuidadoso contigo en serio Yuri, voy a matarlo…

-Él fue…- dijo Yuri tratando evitar tartamudear cuando los recuerdos de la noche anterior inundaron su mente de calor en un solo momento-. Él fue atento y amoroso conmigo, no me lastimó fue… fue bueno Phichit.

-¡Oh cielos!- dijo el joven intentando que su sonrisa no abandonara sus labios-Mi Yuri ya no es un niño, ya eres todo un hombre. Me llenas de orgullo, amigo mío…

-Dijo que me ama- susurró Yuri sin saber por qué-. Yo también le dije que lo amo ¿Puedes creerlo? Victor Nikiforov me ama…

La sonrisa de Yuri se hizo enorme al poner aquel pensamiento en palabras y Phichit se maravilló completamente de que aquel hecho, el hecho de saberse amado por Victor fuera lo que tenía a Yuri sonriendo de aquel modo más que el recuerdo de su primera experiencia sexual. Los ojos de Phichit se llenaron de lágrimas y él intentó con todas sus fuerzas no dejar que ninguna de ellas se derramara.

Yuri había encontrado a su amor, el amor de toda la vida de Yuri lo amaba ¿Por qué demonios no estaba sintiéndose feliz? ¿No decían todas las novelas de amor de su abuela que cuando amas a alguien de modo profundo su felicidad es lo único que te importa? ¿No tendría que sentirse totalmente feliz por la felicidad de Yuri en aquel instante? Vamos, él mismo había ayudado a Victor Nikiforov a que llegara a Yuri ¿Por qué era tan débil? ¿Por qué su amor era tan egoísta? ¿Por qué estaba llorando ahora cuando se había prometido que no haría de aquello un gran drama, cuando se había prometido no lastimar a Yuri ni mucho menos inspirarle lastima a una persona que era tan importante para él?

El joven Katsuki miró fijamente a su amigo y de pronto, un hecho que siempre había estado presente entre Phichit y él pero que él había intentado ignorar todos aquellos años se hizo claro dentro de su cabeza. La verdad, hasta ese momento no se había dado cuenta de que aquel hecho lastimaba a Phichit y es que Yuri había estaba demasiado perdido en su propia oscuridad como para darse cuenta de la oscuridad de las demás personas.

Y Phichit siempre había sido tan alegre, parecía siempre tan feliz y contento con la vida que tenía, que Yuri solía imaginar que lo que veía en los ojos de su amigo cuando Phichit pensaba que él no estaba mirándolo y el tailandés se quedaba contemplándolo de forma fija, no era más que obra de su imaginación. El joven Katsuki suspiró sintiéndose profundamente triste y avergonzado. Él jamás había querido lastimar a Phichit pero sin duda alguna ahora lo había hecho. Él había lastimado a su mejor amigo porque Yuri había comprendido por fin, sin palabras, que para Phichit él siempre había sido algo más, algo a lo que él jamás había correspondido.

Yuri suspiró pensando en cómo reparar aquel daño del que él mismo no había sido consiente sino hasta ese preciso instante. Porque lo único que él quería era que el corazón de Phichit no doliera, él no quería seguir hiriendo a aquel joven hermoso que había estado con él en una de las etapas más oscuras y difíciles de su vida.

Fue por eso, que tratando de ser valiente por Phichit, del mismo modo en el que aquel chico le había enseñado a él a ser para vencer a la negrura, Yuri extendió una mano por encima de la mesa y se aferró a los dedos de Phichit cuyos ojos evitaron mirarlo puesto que el tailandés de verdad se sentía avergonzado.

Las lágrimas se habían detenido desde hacía rato pero era imposible para Phichit pensar en que tendría que enfrentarse ahora a las explicaciones que no tenía ni idea de cómo dar a Yuri ¿Qué iba a decirle? ¿Qué había llorado porque su corazón dolía demasiado al pensar en él y en Victor amándose? ¿Qué había llorado porque era un jodido sentimental que no podía hacer lo que se esperaba de él como un mejor amigo? Phichit no lo sabía, en aquel momento se sentía débil y vulnerable ante la persona que estaba frente a él, sosteniendo su mano y sin embargo, a miles de universos de él.

-Perdóname por hacerte llorar…- dijo Yuri con voz clara, sin soltar los dedos de Phichit-. Yo soy el tipo de persona que siempre acaba hiriendo a las personas a su alrededor, a veces creo que estoy hecho de cristal, el cristal que cuando se rompe corta a todos los que están cerca…

Los ojos negros de Phichit se clavaron en Yuri quien estaba dedicándole una sonrisa triste que dolió en el corazón del tailandés.

-De todas las personas que he conocido a lo largo de mi vida, siempre pensé que tú serías el único al que no podría dañar- continuó Yuri con calma-. De verdad a veces me alegraba de haberme alejado de ti a tiempo. Pensaba que si nuestra amistad seguía siendo una amistad a distancia tú estarías a salvo, tú estarías bien y yo no podría dañarte…

-Yuri…- dijo Phichit queriendo que su amigo dejara de decir aquellas cosas horribles.

-Pero es evidente que siempre me las arreglo para hacer que todos los que se acercan a mi sufran, no estoy orgulloso de eso- dijo Yuri con verdadera pena-. Y no quiero que esto sea acerca de mí, porque esto se trata de ti y de todo el daño que te he causado y ahora de verdad no sé cómo podrás perdonarme.

-¿Perdonarte por qué?- dijo Phichit obligándose a mirar aquellas pupilas marrones que estaban ahora llenas de dolor y no del brillo feliz que las había inundado apenas unos minutos antes.

-Porque te hice daño, porque jamás me die cuenta de lo que estabas sintiendo…- dijo Yuri sin saber cómo expresar la culpa que estaba carcomiéndolo lentamente.

-¿Y cómo ibas a saberlo?- dijo Phichit sabiendo que había llegado el momento de decir lo que tenía que decir- ¿Cómo ibas a saber que he estado enamorado de ti prácticamente desde que te conocí en Detroit? Al inicio de todo ni siquiera sabía que eso era lo que me pasaba contigo ¿Por qué crees que me has hecho daño a propósito si era yo quien trataba de esconderse de sus propios sentimientos?

-Jamás me lo dijiste para protegerme ¿No es cierto?- dijo Yuri con una sonrisa triste que hizo que Phichit se arrepintiera totalmente de aquella platica- Siempre me salvaste de mí mismo y no te importaba hacerte daño si con eso me mantenías a salvo. Eso es horrible, Phichit y yo dejé que lo hicieras.

-Yuri…- dijo el tailandés tratando de cambiar el rumbo de aquella conversación-. Nada de este dolor es culpa tuya, yo siempre supe que tu corazón estaba ocupado, lo tuyo con Victor siempre fue más que un sueño, quizá yo sabía dentro de mi corazón que un día te encontrarías con él y que pasaría todo lo que ha pasado. Tú no me haces daño ¿Entiendes? Tú siempre has sido dulce y amable conmigo, tú me quieres ¿verdad? Yuri, eres el mejor amigo que tengo y he sido feliz al saber que estás en mi vida. Sí, te amo ¿entiendes? Te amo, pero no estoy diciéndotelo para que te sientas culpable. El amor no es una loza, jamás lo es ¿No te ha enseñado eso Victor acaso?

-Pero ahora te hago daño al no poder decirte lo mismo ¿No es cierto?- dijo Yuri sintiendo un nudo en la garganta al ver el amor del que Phichit hablaba en los ojos tristes de su mejor amigo.

-No eres tú, idiota- dijo Phichit haciendo que Yuri sonriera con tristeza-. Cuando una estrella muere, lo que queda de ella es un agujero negro. Mi amor por ti era una estrella así, una estrella que no estaba destinada a brillar y que por eso mismo ha tenido que morir. Lo que duele es la oscuridad, pero no todo en mi vida es oscuridad. Katsuki, te prohíbo pensar si quiera que me haces daño, nada de esto es para que te sientas culpable, es solo que…

-Pero te duele…

-¡Claro que duele!- dijo el joven tailandés recuperando su ánimo-. Duele y probablemente dolerá un tiempo pero ¿sabes? Ahora que he puesto mi amor en palabras, ahora que lo sabes, estaré bien. Solo quiero que sepas, Yuri, que te he considerado el mejor hombre del planeta y que me enamoré de ti porque a pesar de todo lo que has tenido que pasar eres fuerte, eres valiente, eres inteligente y leal ¿Cómo no iba a enamorarme de alguien como tú? ¿Cómo no sentir amor por una persona como tú? Solo quiero que sepas esto, porque de ese modo mi amor dejará de ser un peso muerto y se irá de mí sin herirme más. Es por eso, Yuri, que quise decírtelo y ahora, si de verdad no quieres herirme debo pedirte que hagas algo por mí…

-¿Qué cosa?- dijo el joven Katsuki preparándose para lo peor.

-No te alejes de mí ahora, por favor no renuncies a mí como tu mejor amigo- dijo Phichit haciendo que Yuri se preguntara qué demonios había hecho para que un joven como Phichit Chulanont lo amara de aquel modo-. Dime que nada de lo que he dicho te alejará de mí, dime que no dejarás de quererme por esto. Yuri, no quiero perder a mi amigo ¿entiendes? Sé que he perdido el amor que de todos modos jamás tuve pero ¿Podrías quedarte conmigo? No me importa si tu corazón es de cristal, no me importa porque sé que ahora tu corazón es fuerte, Victor lo ha hecho crecer, tu amor por Victor lo protege y… no quiero perderte ¿me oyes? No quiero dejar de amarte aunque mi amor lentamente irá cambiando, se irá convirtiendo en un amor que no me herirá. Yuri, yo encontraré a mi amor ¿sabes? Creo que estoy en camino de encontrarlo y por eso debo decirle adiós a lo que siento por ti pero no podré hacerlo si no me dices que seguirás conmigo. Porque si piensas alejarte de mí ahora entonces sí vas a herirme. Si no quieres hacerme daño, entonces dime que seguimos siendo los mejores amigos del mundo a pesar de que al estúpido de mí se le ocurrió enamorarse de ti…

-No eres un estúpido y no voy a alejarme de ti, de hecho ahora entiendo por qué habíamos estado distanciados después de que te fuiste de Japón, pero ahora todo será diferente…- dijo Yuri levantándose de la mesa para quedarse al lado de aquel chico cuyo único deseo podría cumplir sin excusa-. Phichit, eres mi mejor amigo y jamás dejarás de serlo y solo espero que Chris se convierta en el amor que mereces, en el amor que solo tú puedes recibir. Yo no soy lo suficientemente genial para ti ¿No crees? Al lado de Christophe Giacometti, nadie tiene oportunidad…

-¿Sabes lo de Chris?- dijo Phichit empezando a sentirse un poco más tranquilo.

-Chris es una buena persona- dijo Yuri con una sonrisa menos triste-. Sé que cuando llegue el momento, él y tú encontrarán algo maravilloso para experimentar juntos y yo estaré listo para apoyarte y para decirle a Christophe Giacometti que si te hace daño, voy a matarlo aunque sea el mejor amigo de Victor…

-Yo no te permitiré matarlo- dijo Phichit sintiéndose como él mismo nuevamente-. Pero admiro tu entusiasmo al querer proteger a mi corazón, Yuri.

Los dos chicos se sonrieron con calma, dejando que la resonancia de las palabras que los dos habían dicho se perdiera en el silencio del restaurante. Ahí, cerca el uno del otro, los dos sabían que aquel día algo entre los dos había terminado solamente para darle paso a algo mejor, a una amistad que quizá duraría la vida entera, una amistad sin secretos, ese tipo de amistad que muy pocas personas pueden encontrar en la vida.

El joven Chulanont suspiró sabiendo que todo había cambiado aquella mañana, pero que de algún modo misterioso, en el fondo, todo seguía igual con su amistad con Yuri, y en vez de sentir dolor por decirle adiós a uno de sus sueños, ese sueño que no podría hacerse real, Phichit sintió que el joven Katsuki estaba más cerca de él y aquello lo sorprendió. Y al pensar eso, Phichit no pudo hacer otra cosa más que abrazar al joven delante de él quien lo tomó entre sus brazos, rodeándolo con fuerza, llenándolo en un segundo del valor que necesitaba para soltar por fin aquellos sentimientos que estaban dañándolo.

Era paradójico, claro, era una cosa contradictoria que para poder dejar ir a Yuri, tuviera que aferrarse a él de aquel modo. Pero así estaba bien, aquel no era un final, aquel era solamente un nuevo principio.

-Yuri…- dijo el joven tailandés dejándose llevar por lo que estaba sintiendo en aquel momento- ¿Me dejarías hacer una locura antes de decirle adiós a todo esto que siento?

-Hazla…- dijo Yuri recordando una plática que él y Phichit habían tenido meses atrás durante una tarde lluviosa en Hasetsu- llega el momento en la vida de toda persona en la que uno debe volverse loco, completamente loco…

Phichit sonrió al escuchar su propio consejo en labios de su amigo y sin pararse a pensarlo un solo segundo, el joven Chulanont dejó que sus labios se impactaran con los de Yuri por varios segundos, solo un par de segundos porque había soñado con hacer aquello muchos años atrás y si ya había perdido todo, aquel recuerdo, el recuerdo de la calidez y suavidad de los labios de Yuri era algo que podría conservar en su memoria y en su corazón para siempre.

Porque él sabía que aquellos labios no eran suyos, porque Phichit podía sentir el sabor de Victor en ellos, y aquella sensación fue la que hizo que se separara del joven Katsuki quien lo miraba con aire avergonzado, con aquel sonrojo adorable en sus mejillas que siempre lo hacía parecer más joven y adorable.

-Gracias, Yuri- dijo Phichit con una sonrisa deslumbrante que hizo que Yuri se sintiera menos preocupado por su mejor amigo-. Debo irme ahora, Celestino quiere que nos vayamos hoy mismo. Voy a verte en Barcelona, estoy seguro de eso y cuando estés ahí, prepárate para compartir el pódium del Gran Prix Final conmigo ¿Vale?

Yuri asintió en silencio a las palabras de su mejor amigo, mientras el chico volvía a abrazarlo de nuevo de forma rápida para luego alejarse de él sin agregar nada más a lo ya dicho. Porque ya no hacían falta más palabras, Phichit sentía que un peso se había movido de su corazón. Porque el amor que sentía por Yuri dejaría de doler muy pronto y porque él sabía que por cada estrella que muere en el universo, hay mil más que nacerán para brillar con más luz que la anterior…


No estaba nervioso, no tenía miedo. Lo único que había en su corazón al estar en el elevador que lo llevaría directamente al sótano del hotel en el que los competidores de la copa Rostelecom se habían hospedado, era la firme determinación de acabar de una vez con todas con el juego en el que Jean Jacques Leroy lo había metido.

Victor suspiró pensando en aquella cita que los dos tendrían en uno de los privados del bar del hotel. Para poder asistir sin levantar sospechas en Yuri, quien dormía ahora profundamente en su habitación debido a que al joven japonés el jet lag solía afectarle siempre de más, Victor le había dicho a su novio que tenía que salir a la recepción para poder hablar con su madre para acordar los detalles de la cena de aquel día, donde se la presentaría por fin. Y Yuri había sonreído con calma al saber aquello, era evidente que el joven estaba ansioso de por fin poder conocer a su familia.

Era por ello que el hombre de los ojos azules se sentía ahora sucio y despreciable. Estaba mintiéndole a Yuri, estaba haciendo cosas a sus espaldas y aunque deseaba que aquello no afectara en nada su relación de ensueño, esa relación en la que los dos parecían ser un solo ahora, el entrenador ruso sabía que nada bueno podría salir de una situación como aquella.

¿Pero qué más podría hacer? ¿Decirle de todo eso a Yuri? ¿Decirle que una de sus tantas conquistas había resultado ser un loco de remate que al parecer se había obsesionado con él al grado de querer destruirlo? ¿Cómo podría decir algo así si ni siquiera él mismo entendía qué era lo que J.J. quería de él?

El hombre suspiró con cansancio cuando la puerta del elevador se abrió, dejándolo a solo unos cuantos pasos del lugar donde encontraría su respuesta.

Victor caminó con lentitud hacia la discreta entrada del bar donde un mesero ataviado con un traje oscuro estaba esperándolo ya con una sonrisa cordial en los labios. En los ojos del hombre había una chispa de reconocimiento que siempre saltaba a la vista en la gente que era familiar con su imagen, pero había cierta frialdad en las pupilas del hombre, algo que hizo que Victor se diera cuenta de que lo que su madre había dicho antes era verdad: él ya no era el héroe bienamado de todo mundo en Rusia, era más que evidente que su relación con Yuri lo había cambiado todo.

El hombre sonrió con aire despectivo ante la idea. Aquello no podría haberle importado menos. Si el mundo entero lo odiaba, si Rusia iba a detestarlo ahora, estaba bien porque él era amado, él era amado por la única persona que le importaba y aquello seria siempre más que suficiente. El mundo entero lo despreciaba ahora, pero su mundo, el mundo que le importaba ahora acababa y terminaba en los labios de Yuri, en la sonrisa de Yuri, en el amor que Yuri sentía por él.

Victor sintió que aquel pensamiento le daba la fuerza necesaria para seguir adelante, ahora estaba más que decidido a proteger a Yuri con su vida si era necesario. Ni J.J. ni nadie podrían atreverse a tocarlo, no sin antes enfrentarlo a él. No sin antes pasar por encima de su cadáver.

-Por aquí, señor Nikiforov- dijo el mesero con la misma fría cordialidad del principio-. Su acompañante ya está esperándolo dentro.

El hombre de los ojos azules asintió sin amedrentarse ante la idea de enfrentarse por fin al causante de todo aquel alboroto, y cuando por fin sus pupilas chocaron con la sonrisa satisfecha del canadiense que lo miraba con evidente diversión en sus ojos de un tono azul más oscuro que los suyos, Victor sintió unas enormes ganas de poder desaparecer al muchacho aquel de la faz de la tierra.

-Así que él de verdad te importa…- dijo J.J. después de beber un sorbo de vino de su copa-. Debo admitir que estoy sorprendido, no esperaba que te presentaras ante mí hoy, pensé que harías el juego más divertido, Victor. Creo recordar que te encanta jugar con tu comida antes de comértela ¿No es así? Al menos eso aprendí de ti aquella noche en Tokio… ¿Ya lo olvidaste?

J.J. terminó su discurso con una sonrisa burlona que hizo que Victor tuviera ganas de golpearlo en serio. Él ni siquiera recordaba qué demonios habían hecho aquella noche, vamos, si J.J. no hubiera empezado con todo aquel enredo, probablemente ni siquiera recordaría aquella noche. Pero lo cierto era que el joven canadiense estaba disfrutando como nunca de tener a Victor Nikiforov a su merced, esperando a que él dijera lo que tuviera que decir. Aquella sensación de dominio era maravillosa y J.J. se dio cuenta una vez más que siempre era fácil manejar a cualquier idiota que estuviera enamorado.

Porque el amor era una debilidad para J.J, él no estaba haciendo lo que hacía porque quisiera a Victor para él como algo más que un capricho, no. Él quería que Victor no fuera capaz de olvidarlo, cosa que al parecer el astro ruso ya había hecho. Pero ahora que su felicidad y la del idiota de Yuri Katsuki dependía de lo que él dijera o no, Victor le haría caso ¿Verdad? J.J. estaba seguro de que aquella vez, Victor podría recordar sin problemas que a un rey, jamás puede dejársele en el olvido.

-¿Qué es lo que quieres de mí?- dijo Victor sin aceptar la invitación a sentarse en la misma mesa que aquel taimado canadiense le había hecho con un ademán.

-Siéntate, no seas descortés…- dijo J.J. disfrutando del juego-. Quiero que comas conmigo, hablaremos de la situación como personas civilizadas…

-Una persona que hace algo como esto, no puede ser una persona civilizada- dijo Victor con voz cortante y fría como el cristal.

-Y una persona que se acuesta con quien le da la gana para después olvidarlo y pretender que ha cambiado gracias al amor de un don nadie, tampoco lo es- dijo J.J. riendo divertido-. Victor ¿Te crees mejor que yo acaso? ¿Crees que tu amor por Katsuki te ha hecho mejor que al resto del mundo? Pensé que eras menos ingenuo que eso. Mira querido, aunque la perfumes con la esencia más cara del planeta, la mierda no deja de ser mierda y ¿Adivina qué, querido Victor? Eso es precisamente lo que tú y yo somos, así que no vengas aquí creyéndote mejor que yo, no te va…

J.J. volvió a sonreír al tiempo que vertía un poco del espeso liquido rojo en una copa, invitando una vez más a Victor a sentarse frente a él, cosa que el ruso hizo sabiendo que había aceptado jugar bajo las reglas del idiota aquel cuya sonrisa se ensanchó un poco más al verlo acatando sus condiciones.

-Bien, así me gusta…- dijo J.J. soltando sun suspiro satisfecho-. Así que, Victor… ¿Cómo va esa historia de ensueño con tu amado japonés? Todos los vimos besándose como un par de desvergonzados en la Copa de China ¡Dios! Casi me creo la historia de que estás perdidamente enamorado de él…

-Yo lo amo- dijo Victor haciendo que el joven delante de él soltara una carcajada burlona-. Lo amo más de lo que puedas saber, pero claro, alguien como tú no sabe nada de esto…

-Y no quiero saberlo, Vitya- dijo el chico temblando histriónicamente ante las palabras del ruso-. Digamos que existimos personas que no necesitamos ese tipo de ardides para tener popularidad, personas que no necesitamos usar a los otros para no dejar de ser el centro de atención…

-El amor que siento por Yuri no es una mentira- dijo Victor empezando a hartarse de todo aquello-. Pero sé que diga lo que diga no vas a entenderlo, este no es un tema que deba hablar contigo así que simplemente dime qué quieres de mí y acabemos con esto de una vez ¿Está bien?

-No, no está bien…- dijo el canadiense con una mirada siniestra y una sonrisa seria en sus labios-. Escucha, Victor… si lo amas o no, eso no es mi problema, el problema es lo que me hiciste a mí.

-¿Qué demonios te hice?- dijo el ruso perdiendo la paciencia por completo.

-Me usaste- dijo J.J. con rabia contenida-. Jugaste conmigo, me hiciste sentir solamente como uno más en tu colección y eso es imperdonable ¿entiendes? Todo aquel que haga sentir así a un rey, debe pagar por ello. No soy solo "alguien más" ¿entiendes? No puedes simplemente olvidarte de mí, no puedes…

-¿Sabe tu novia de todo esto?- dijo Victor sin poder creer la sarta de disparates que el canadiense estaba diciendo-. Porque si de esto se trata, somos dos los que podemos jugar al juego de amenazarnos con destruir nuestras vidas ¿sabes? ¿Qué dirían todos en Canadá si se enteran de que su hijo bienamado no es más que un cobarde que se esconde de sus verdaderas preferencias detrás de una pobre chica que no debe tener idea de nada? ¿Qué van a decir tus padres acerca de su hijo perfecto que solo gana medallas de oro y acaba de comprometerse con esa perfecta mujer que cree en él? ¿Y ella, Isabella? ¿Sabe que ha aceptado casarse con una mierda como tú?

-Vaya, me sorprende que hayas buscado tanta información acerca de mí…- dijo J.J como si aquella amenaza de Victor le divirtiera en vez de asustarlo-. Pero no dirás nada de eso, no si de verdad amas tanto a tu Yuri ¿Verdad? ¡Oh, por cierto! Un amigo mío me envió esta imagen, puede que te resulte interesante…

J.J extendió una fotografía hacia Victor en la que dos chicos estaban besándose en medio de un restaurante chino desierto y el corazón de Victor ardió con furia dentro de su pecho. Porque los chicos de la imagen eran Phichit y Yuri, porque era imposible que aquella imagen fuera una falsificación cuando Yuri le había dicho que se encontraría con su mejor amigo antes de volar a Rusia ¿Qué era aquello? ¿Por qué eso había sucedido? Él sabía que seguramente Yuri tendría una buena explicación para todo aquello pero ¿Por qué no se lo había dicho? ¿Por qué estaba ocultándole cosas del mismo modo en el que él lo estaba haciendo?

-¡Oh, jamás creíste que tu amado fuera capaz de hacer algo así!- dijo J.J disfrutando en grande de la desilusión en los ojos azules de Victor-. Vamos amigo, te enamoraste de una ramera ¿qué otra cosa esperabas de él? Se vendía a cualquiera en el estúpido hotel de su familia, ¿Por qué creíste que tú ibas a cambiarlo? Yuri Katsuki es una puta y ninguna puta merece patinar en el hielo. No lo quiero en esta competencia. No quiero que llegue a la final. Tú vas a destruirlo, tú vas a ayudarme a destruirlo…

La rabia en el pecho de Victor explotó con el agobiante calor de un volcán y todo aquel coraje nubló su mente haciendo que su cuerpo se moviera de forma automática para levantarse y cruzar el rostro del canadiense con un puñetazo que resonó en la soledad de la habitación privada del bar del hotel. El ruso se quedó de pie contemplando la mirada consternada y la sonrisa estúpida en el rostro de Leroy. Lo odiaba. Odiaba a J.J. por haberle mostrado aquella imagen, lo odiaba por hablar así de Yuri, lo odiaba por pensar si quiera que él podría llegar a destruir a la persona que amaba.

-Aléjate de mí, no me importa ninguna de tus amenazas, ninguna de tus tretas- dijo Victor con la voz de una tormenta a punto de estallar-. Déjanos en paz a Yuri y a mí, sigue viviendo tu vida de mentiras y déjame en paz…

-No es tan fácil, Victor- dijo el muchacho con firmeza-. Veo que no quieres destruir al obstáculo más grande de tu vida, así que lo haré yo…

-No te atrevas a tocarlo…- dijo Victor dispuesto a volver a golpear al imbécil aquel si tenía que hacerlo-. No te atrevas a acercarte a Yuri, no a menos que quieras que yo…

-¿Y qué puedes hacerme, estúpido?- dijo J.J. con calma-. Todos te odian en tu país por haberte declarado abiertamente marica. Tu padre te detesta y quiere destruirte, todos saben que tu patinador no vale nada ¿Qué demonios crees que alguien como tú, un hombre acabado, puede hacerme?

-No estoy acabado- dijo Victor con convicción.

-¡Oh, pero lo estarás!- dijo J.J. volviendo a reír-. Bien, querido Victor. No me dejas más opción. Tú pudiste deshacerte de Katsuki pero ¡oh, lo amas tanto! ¡Conmovedor, querido, simplemente conmovedor! Voy a darte una última oportunidad ¿está bien? Tómalo como un premio por los buenos recuerdos de aquella noche en Tokio: haz que Katsuki falle en sus programas, haz que pierda, sácalo de competencia y entonces los dejaré en paz…

-¿Tanto miedo tienes de enfrentarte contra un patinador como Yuri?- dijo Victor con ganas de olvidarse de las palabras y matar al imbécil aquel de una vez.

-No, solo quiero destruirlo- dijo J.J. con calma-. Con el historial de locura que tiene, seguramente querrá suicidarse o algo si no llega a la final, he escuchado que el amor de tu vida es tan frágil. Como sea, esta es tu última oportunidad Victor, destrúyelo tú o lo haré yo y si lo hago yo, no tendré piedad alguna con él ni contigo. Tú decides…

-Vete a la mierda- dijo Victor dispuesto a largarse de ahí en aquel mismo instante.

-Bueno, parece que me dejarás el honor de acabar con nuestro hermoso y perfecto Yuri Katsuki- dijo J.J. con aire decidido-. Aunque ¿sabes? Yo soy una buena persona así que te daré el beneficio de la duda: esperaré hasta que la competencia termine y si Katsuki pasa a la final, bueno, vamos a divertirnos mucho todos, te lo prometo. Piénsalo bien, Vitya, piénsalo bien… ¿El sueño de tu noviecita vale más que su vida?

-Él vale mi vida…- dijo Victor con frialdad-. Vas a tener que matarme para que puedas dañarlo.

-Bueno, no me dejas muchas opciones con esa actitud…- dijo J.J. con un suspiro de falsa pena-. Anda querido, ve con el amor de tu vida, disfruten de su felicidad mientras puedan, no me digas que no te lo advertí. Y ten, llévate este hermoso retrato, estoy seguro de que él te dirá una excusa muy convincente para explicar su comportamiento aunque ¿Qué puede decirte que no sepas, verdad? "¡Oh Victor, perdóname, pero he sido una puta por tanto tiempo que lo he extrañado y no pude resistirme a los besos de este tailandés de ensueño!"

El ruso se tragó la furia que subía por su garganta, y tomando la fotografía que J.J. le extendía, Victor la partió en pedazos y los lanzó al rostro divertido de J.J. antes de abandonar el bar y correr con rumbo a la habitación que compartía con Yuri en el hotel.

Se sentía agitado, estaría mintiendo si dijera que no estaba sintiendo pánico. Sin duda alguna las palabras de J.J, llenas de maldad y de veneno, pesaban en su interior. Y además de eso, estaba aquella foto que él mismo había hecho pedazos, esa imagen que seguía repitiéndose en su mente y que estaba lastimándolo como si la imagen fuera una daga afilada enterrándose en su corazón.

¿Qué demonios había hecho Yuri con Phichit? Aquel ni siquiera era un beso de verdad, era obvio que había sido el tailandés quien había besado a Yuri y no al revés, pero Victor no podía evitar sentirse celoso, celoso y enojado y a punto de cometer una estupidez porque el miedo era demasiado. Él sabía que no sería justo con Yuri si llegaba pidiendo explicaciones solo porque sí, si él hacia eso tendría que explicar a su vez acerca de las amenazas de J.J. y no podía hacerlo, no podía.

El hombre de los ojos azules salió del elevador minutos después, dispuesto a llegar a Yuri de una vez, no sabía muy bien qué hacer o qué decirle, solo quería estar cerca de él y verlo sonreír, verlo sonreír y saber que estaba a salvo al menos por ese día. Lo demás podía esperar. Lo demás de verdad podía esperar hasta que su corazón se calmara.

El hombre abrió la puerta de su habitación con más fuerza de la necesaria haciendo que el joven japonés, quien hasta ese momento había estado contemplando la maravillosa vista de la ciudad de Moscú que se dejaba ver por la ventana del hotel con solo una sábana blanca cubriendo su cuerpo desnudo, volteara a verlo con aire confundido con sus ojos marrones llenos de la luz de la urbe. Y aquella imagen, la imagen perfecta de Yuri despertando a la vida para contrastar con las luces del atardecer que entraba por la ventana, pareció ser suficiente para calmar un poco el alboroto que sentía dentro de él.

-¿Vitya?- dijo Yuri con voz suave y adormilada, cosa que hizo que el ruso se diera cuenta de que el joven sin duda alguna acababa de despertar recientemente- ¿Estas bien?

-No…- dijo Victor y sin pensarlo más, corrió al encuentro de su amado, quien enseguida lo rodeó con sus brazos haciendo que la sabana que lo cubría cayera lentamente por su cuerpo.

Victor se abrazó a él sintiendo el calor de la piel de Yuri en contacto con la suya. El joven Katsuki no entendía muy bien qué estaba pasando, pero sabía que Victor necesitaba aquel contacto. Los dos habían sabido desde el inicio que esa visita a Rusia sería difícil y sin duda aquel humor de Victor lo confirmaba todo. Yuri suspiró sintiéndose un tanto inútil al consolar al hombre que amaba pero ¿Qué podía decirle? Él siempre había sido un desastre con las palabras.

Por eso los dos se quedaron abrazados en silencio, hasta que la respiración de Victor dejó de sonar agitada, hasta que con la cercanía de Yuri, los miles de pensamientos contradictorios en la mente de Victor se callaron de golpe. Nada de lo que J.J había dicho importaba, nada de eso tenía sentido. Yuri estaba ahí, Yuri estaba seguro y amado entre sus brazos en aquel momento.

-¿Qué sucedió, Vitya?- dijo Yuri soltándose del abrazo de su amado simplemente para guiarlo a la cama, donde los dos se sentaron a la orilla, la espalda de Yuri recargada en el pecho del ruso que no pudo evitar volver a cubrirlo con sus brazos al tiempo que lo cubría también con la sabana que había caído al suelo.

-Jamás pensé que esta ciudad podría ser tan hostil- dijo el ruso con una voz triste que heló el corazón de Yuri-. Jamás pensé que podría llegar a sentirme amenazado en mi propio país…

-Lo lamento- dijo Yuri acariciando las manos de su amado que estaban aferradas a su cintura-. Sé que todo es por culpa mía…

-No es tu culpa, no lo es…- dijo Victor aferrándose a él con fuerza-. Yuri, no me importa que todo mundo me odie, no me importa porque tú me amas y yo te amo ¿entiendes?

-Te amo, claro que te amo…- dijo el joven Katsuki con calma-. Sabes algo, Vitya, si todos van a odiarme a mí también, me alegra que sea por algo que me hace feliz ¿No crees que la gente siempre encontrará algún motivo para odiarte? Que me odien por amarte entonces, porque no me importa, mañana mismo empezaré a mostrarle mi amor por ti a toda Rusia…

Victor buscó los labios de Yuri para besarlos con suavidad antes de esconder su rostro en el hueco del cuello y del hombro de su amado. De verdad lo amaba, lo amaba tanto que su corazón iba a estallar porque Yuri ahora estaba tratando de consolarlo a él, de protegerlo a él… "Pero soy yo quien debe encontrar la forma de protegerte Yuri, debo protegerte de ese maldito loco de mierda pero ¿Cómo lo haré? ¿Cómo demonios voy a protegerte de él?"

-¿Te gusta esta ciudad?- dijo Victor sin saber muy bien por qué, él solo sabía que necesitaba decir algo, lo que fuera.

-No se parece a ninguna otra en la que haya estado…- dijo Yuri empezando a sentir que Victor volvía a la normalidad-. Es fría pero a la vez tiene tanta luz… ¿De verdad tu mamá vendrá esta noche y me enseñará todo lo que vale la pena ver? No importa si nos desvelamos, de todos modos antes de las competencias no suelo dormir muy bien…

-Claro que vendrá, Dasha no puede esperar más para verte- dijo el hombre de los ojos azules pensando por primera vez que seguramente su madre podría ayudarlo a descifrar qué hacer con respecto a lo que acababa de suceder-. Habla tanto de ti que creo que ahora serás su hijo favorito…

-Su hijo…- dijo Yuri riendo después con esa risa suave y musical que invadía siempre sus momentos de intimidad como aquel-. Eso suena a que tú y yo… bueno, algún día…

-¿Qué estás pensando, mi Yuri?- dijo Victor sintiéndose tranquilo de pronto.

-Pienso que algún día seremos una familia de verdad- dijo el joven japonés sin sentirse avergonzado-. Antes quizá lo habría dudado, pero no ahora ¿Sabes qué me dijo Phichit cuando estábamos en Japón? Que me pedirías matrimonio antes de un año…

-¿Apostaron algo?- dijo Victor riendo a pesar de que el nombre de Phichit lo hizo sentirse agitado de nuevo-. Porque si es así, me aseguraré de que ganes la apuesta…

-Le dije que no quería perder, así que no aposté nada – dijo Yuri sabiendo que había llegado el momento de hablar con Victor de lo que había pasado con Phichit días atrás-. Vitya, hablando de Phichit, hay algo que quiero decirte…

El corazón del ruso comenzó a latir con fuerza al escuchar aquellas palabras así que solo asintió cuando los ojos de su amado se clavaron en él en medio de la semioscuridad de la habitación. Aquellos ojos estaban llenos de amor y un poco de vergüenza, pero en ellos no había culpa así que estaba seguro de que lo que Yuri le diría era la verdad y solamente la verdad.

-La mañana en la que desayunamos juntos, Phichit me dijo que había estado enamorado de mí desde que nos conocimos en Detroit…- dijo el joven Katsuki con las mejillas sonrojadas.

-¿No lo habías notado antes?- dijo Victor sorprendiéndose un poco.

-No, no soy bueno leyendo las emociones de las personas a mí alrededor…- dijo Yuri con algo de vergüenza-. Tampoco noté que tú sentías lo mismo que yo por ti hasta que me lo dijiste…

-Lo sé, supongo que es eso lo que te hace irresistible ante los mortales como Phichit y como yo- dijo el ruso tratando de no perder la calma- ¿Te dijo por qué estaba confesándose ahora?

-Dijo que quería liberarse, soltar el amor que siente por mí para poder empezar algo nuevo- dijo Yuri con una sonrisa llena de esperanza-. Eso es algo muy valiente ¿verdad? Admiro a Phichit, él está construyendo ahora un corazón nuevo en donde poder recibir a Chris ¿No crees que es hermoso, Vitya?

-Lo es…- dijo el ruso empezando a tranquilizarse- ¿Por qué me estás contando todo esto, mi Yuri?

-Porque pasó algo más y no quiero que te enojes con él, debes enojarte solo conmigo- dijo Yuri sintiendo calor al recordar aquel episodio-. Phichit se despidió de mí con un beso en los labios. Dejé que me besara, sé que no hay excusa para eso, sé que hice mal y que traicioné tu confianza y que sonará patético que diga que no significó nada porque sí significó algo. Fue un adiós, ese beso fue un adiós y quiero que me perdones por haber dejado que algo así sucediera ¿Me perdonas, Vitya? Entiendo que estés molesto conmigo, merezco que te sientas decepcionado de mí pero…

-¡Oh, Yuri!- dijo Victor abrazándose al muchacho con más fuerza. No, Victor no tenía derecho a sentirse molesto ni decepcionado. Porque el único que estaba traicionando la confianza de Yuri era él, porque el único que terminaría decepcionando a Yuri, era él.

-Estás muy enojado ¿verdad?- dijo el joven Katsuki sintiendo un poco de miedo. Pero había tenido que decirle aquello a Victor, no quería tener ningún secreto con él.

-Claro que no- dijo el ruso sonriendo de aquel modo luminoso que podía alejar todas las nubes de tormenta de Yuri-. Entiendo lo que pasó, sé que fue difícil para Phichit y si ese fue su modo de decir adiós, está bien. Fue solo un beso, él es tu mejor amigo, lo entiendo…

-Gracias por entenderlo, Vitya- dijo el joven Katsuki sintiéndose más tranquilo- ¿Sabes algo? Siento que todo en mi vida está ahora en su lugar. Tú estás conmigo, mañana sé que presentaré un buen programa corto ahora que sé qué significa Eros en realidad y hoy conoceré a tu madre. Vitya, gracias por traer todo esto a mi vida, te amo…

-Y yo te amo a ti, Yuri Katsuki- dijo Victor besando los labios de su amado con calma, haciendo hasta lo imposible porque él no se diera cuenta de que en el fondo de su alma, el príncipe de hielo estaba temiendo de verdad encontrarse con que él sería la persona que volvería a arrastrarlo al infierno del que le había costado tanto tiempo salir si no encontraba la forma de protegerlo o de eliminar a Jean Jacques Leroy del mapa.

Y aunque en ese preciso instante, los labios de Yuri lo besaban con pasión y entrega, Victor estaba sintiendo miedo de verdad, miedo de ser él quien destruiría de nuevo aquel mundo en el que la persona que él amaba había empezado a sentirse seguro por fin. Victor temía con todo su corazón volver a convocar la oscuridad a una vida que estaba apenas conociendo la luz…


NdA: Me siento una persona sumamente responsable ahora que he terminado de calificar todos mis pendientes y que he actualizado esta historia. Siento también que pasó de todo en este capítulo xD En fin, espero que les haya gustado, mil gracias por continuar conmigo en esto que empieza a ponerse interesante de nuevo :) No sean tímidos con sus bonitos comentarios y nos leemos pronto, bonito inicio de semana para todos :D ¡