"Spedding, no te lo vas a creer. Han vendido Sevastopol. Tenemos comprador. Quedan semanas para que desmantelen este lugar y van y cambian de idea. Después de tanta presentación y tanta visita, parece que las negociaciones siguieron adelante. Se ve que alguien de la compañía chasqueó los dedos o algo. Acabamos de recibir un mensaje de confirmación y encima están cambiando las reglas operativas de Apollo, o sea que me da que el trato está firmado. Que quede entre nosotros hasta que se anuncie a los accionistas. Menudo alivio, ¿eh?"
Ransome 21 de noviembre de 2137
RIPLEY =
— ¡Oh, Dios! ¡No! — miró con horror a su alrededor
Lo primero que saltó a su vista después de sentir el sofocante calor del lugar, fué que las paredes y el techo estaban cubiertos con algo que goteaba fluidos sospechosos. En el suelo, que estaba medio inundado con algo que no parecía ser agua, había objetos olvidados por sus dueños hacía algún tiempo: un tenis, un par de anteojos, una billetera... ¿E-eso era una persona?
— Ricardo... están todos aquí
— ¿Quiénes? — respondió él desde la seguridad de la cabina
— Todos los desaparecidos. Todo el mundo. Están atrapados en una especie de nido. Hay huevos. Es... como una granja...
— Mierda, lárgate ahora mismo. Vamos
Su instinto le decía que corriera, que huyera de allí sin mirar atrás, pero su mente se negaba a mover sus extremidades.
No era solamente Ricardo, o las personas que quedaban en la estación ¡Era todo el mundo allá afuera, joder! Lo había leído en el ordenador de comunicación con humanos de APOLO hacía sólo media hora: la famosa orden 939 de WeiYu. La Compañía quería viva a la criatura a toda costa.
Estaban dispuestos a comprar un armatoste en ruinas, a dar por perdidas vidas humanas sin siquiera haber intentado salvarlas, todo eso y más con tal de quedarse con un ejemplar extraterrestre que valía una cantidad que Amanda no podía siquiera empezar a imaginar, en bio-armamento.
Seguramente un equipo especial estaba en camino, despachado después de que ella, Samuels y Taylor llegaran a la estación. Ahora lo comprendía todo, los habían usado a los tres para averiguar si la criatura seguía con vida y finalmente habían utilizado a los androides de Seegson para segar las vidas a todo posible testigo o sobreviviente que quedara...
Pero eso no era todo, ella misma compartía algo de responsabilidad, ahora que pensaba que estaban a salvo de esa cosa horrorosa que la había perseguido por toda la estación, y es que para poder hablar con APOLO y conseguir las respuestas que necesitaba, ella misma había tenido qué anular el cierre que tenía el reactor, y había abierto todas las puertas dando acceso completo a toda la Sevastopol a sólo Dios sabía cuántas criaturas, poniendo en peligro a todo el mundo, ella incluida.
¿Que cómo lo sabía? No hacía falta ser naturalista para imaginarse el ciclo de vida de estas cosas, bastaba con ver los cadáveres fijados a las paredes, las muecas de dolor con las que esa pobre gente había muerto, el agujero en el pecho que todos tenían en común y la cantidad de "cascarones" en el lugar: todos habían muerto exactamente igual a esa pobre mujer, el paciente cero, del que había leído tanto en los informes médicos de San Cristóbal (se había tomado su tiempo para leerlos todos pese a estar en peligro de muerte, ¿qué les puedo decir?)
No, ahora tenía una responsabilidad. ¿Cómo se elimina a una plaga? Fácil, desde el interior de su nido. Sólo así podría estar segura de eliminarlos a todos ¿y cómo lo haría? También eso era fácil. El reactor era nuclear ¿no? Por tanto podía convertirse fácilmente en una bomba ultra potente por alguien que tuviera el mínimo conocimiento de estas cosas, sin embargo no estaba tan loca como para intentar semejante cosa. No con personas todavía abordo.
Lo que pensaba hacer era más complicado, se tenía qué conocer un poco más el tema de los reactores y cómo funcionaban. Una "purga" externa del reactor causaría bastante daño y destrucción como para matar a los Aliens y dejarles el tiempo suficiente a Ricardo y a ella para escapar. Total, la Sevastopol ya no tenía remedio, era pues, más piadoso terminar con su sufrimiento.
Pero vayamos por partes, primero tenía que activar el núcleo Beta del reactor, que se encontraba... aquí mismo en alguna parte.
MARCUS =
Cuando Vlad, mi hermano mayor y yo nos separamos, acordamos dividirnos este hábitat en dos. Todas las presas que se pasarán de "mi lado" huyendo del suyo, él no las podría cazar, igual que yo no podía cazar a las presas que se pasaran del mío al suyo.
Sin embargo, con el cierre del nido y el confinamiento de todos nuestros hermanos, esa norma ya no valía ¿cierto? Especialmente porque peligraba la colonia y ambos teníamos la responsabilidad de protegerla sin importar las diferencias que hubiésemos tenido antes.
Así que cuando los humanos empezaron a moverse hacia todas direcciones sin rumbo fijo, yo los seguí. Así fué como me encontré de nuevo con Vlad. Iba siguiendo a un solo humano, ignorando por completo a los demás, aunque pasaran a su lado.
— ¿Qué demonios haces? — le dije — ¿Es que has perdido la cabeza?
No me miró. Estaba empecinado en matarla. Y luego vi la razón: el humano tenía un arma especial que escupía eso que ellos llaman fuego. Lo había visto antes en forma de flor. Los humanos lo tenían en sus campamentos. Preparaban una cama para él en el centro y luego lo ponían allí.
No le temían. Parecía darles seguridad, tranquilidad. Se sentaban todos a su alrededor a charlar, hasta ví a uno reír. Pero jamás, jamás, lo usaron contra mí como un arma. Seguro que estaban tan asustados que no pensaron en eso.
Este humano no era igual a todos los demás, lo percibí. Era una amenaza, es cierto, y debía ser eliminado. Pero Vlad no lo hacía. Por alguna razón que no pude entender parecía que estaba jugando al gato y al ratón con ese humano en particular.
Eso me enfureció y traté de intervenir. Vlad se interpuso. Me empujó. Me repelió una y otra vez, hasta que me golpeó. Fuerte. Él era mayor que yo, más experimentado. Me había enseñado a luchar, pero en ese momento supe que no me había enseñado todo lo que sabía.
Nos miramos. Le eché una mirada de reproche. No dijo una puta palabra. Luego me ordenó que me ocupara del nido provisional que estaba construyendo cerca de una estación que los humanos usaban para transportarse de una torre a otra en este armatoste, y se alejó detrás de ese humano.
Yo los seguí, interesado en saber. Ví cuando entró en la trampa. No supe porqué no la vió. O si la vió porqué la ignoró. Instantes después esa parte de la estación salió despedida hacia el vacío y se alejaba del armatoste rápidamente ¡Había perdido a mi hermano! Fuera lo que fuera, era mi estúpido hermano mayor. Pero ya no podía hacer nada para ayudarlo, Vlad tenía lo que se merecía.
Di la vuelta y traté de olvidar el asunto, pero no pude. De nuevo estaba cazando con saña a esas criaturas inferiores, matando a la mayoría, resentido por lo que le había pasado a Vlad.
DAMON* COLE =
Desde que Marcus dejó el nido hemos estado atrapados aquí. Podíamos escucharlo desde afuera. Golpeando. Tratando de entrar. Cole y yo apenas éramos unos críos cuando sucedió y teníamos miedo. Sin embargo ahora que somos adultos, es diferente.
Nuestros instintos han cambiado, ahora somos protectores para con los demás. Nuestro papel es más como el de guardias. Mantenemos la tranquilidad de la colonia mientras otros se dedican a explorar en busca de una salida.
Mientras los demás están lejos nos toca cuidar la entrada principal y sus alrededores. Lo hacemos intermitentemente, lo que quiere decir que a ratos dormimos y a ratos patrullamos, nunca al mismo tiempo.
Hoy después de tanto tiempo, hemos sentido que pasaba algo. Nos despertó un cosquilleo detrás de la cabeza, es mejor asegurarse. De inmediato nos pusimos a trabajar, yo en la entrada y mi gemelo en el centro del nido. Fuimos asertivos, la maquinaria oculta en las paredes comenzó a vibrar y a sacudirse violentamente, despertando a todos aquí dentro...
RIPLEY =
— ¡Que te estaba esperando, hijo de puta! ¡Si es que lo sabía, joder! ¡Sabía que vendrías! — gritó Ripley a la criatura que salió de los conductos, mientras la bañaba en fuego
Amanda sentía que se conocía a todas las criaturas con sólo luchar con una, pero la verdad es que empezaba a dominarla el miedo.
El sensor de movimiento era completamente inútil en ese sitio por la sencilla razón de que marcaba a los... no sé, ¿ochenta de ellos tal vez? Y todos en un radio de menos de cincuenta metros. Así que por decirlo de alguna manera, se había quedado sin su sexto sentido. Ahora sólo tenía sus otros cinco restantes, más su fiel amigo el lanzallamas, claro.
Pero no era suficiente, se estaba quedando sin combustible. Los aliens aquí eran más quisquillosos, lo revisaban todo y se tomaban su tiempo para ello.
— ¡Pero qué ascazo de conducto! — sentenció Amanda mientras pasaba a través para ir a otra sala — ¡y déjame pasar, bicharraco asqueroso! — hizo a un lado a una de esas extrañas arañas después de haberla freído con el lanzallamas
En seguida, dos criaturas adultas bajaron de los conductos en el techo, buscando al causante, o eso fue lo que le pareció a Amanda, porque sólo vió un par de patas frente a ella, pero podía escuchar otro par en el pasillo por donde había entrado.
Cuando estuvo segura de que se había marchado se atrevió a salir para hacer una prueba. Había armado dos emisores de sonido, recordando que volvían loca a la primera criatura con la que le había tocado lidiar. Uno lo arrojó al final del pasillo y el otro junto a la boca del conducto en donde se había ocultado antes. Quería saber con cuantos Aliens se iba a enfrentar.
Dos y sólo dos criaturas bajaron enfurecidas de los conductos al mismo tiempo, lo que confirmó su teoría del principio. Se movían igual, pausaban y luego olisqueaban, se detenían y luego reanudaban su inspección. Era cómo estar viendo el ensayo de la coreografía de un baile en una sala con espejos ¿gemelos, tal vez?
Decidió "conocerlos" mejor, para saber a lo que se estaba enfrentando, después de todo, le había funcionado con el primero. Comenzó por cronometrar sus recorridos. Uno tardaba diez segundos más que el otro en los conductos. Uno revisaba las esquinas y el otro no. Uno era más paciente y el otro más agresivo. Al final, la experiencia que había adquirido con la primera criatura le había servido.
A la primera la había estudiado igual. Algunos la llamarían loca por hacer eso en medio de una situación de vida o muerte, pero eso era lo que la había mantenido con vida todo este tiempo: familiarizarse con el enemigo. Además por una parte le resultaba interesante ver lo listas que eran las criaturas.
Después de más de dos horas allí dentro, con paciencia y mucho miedo también, pudo activar las dos partes del núcleo Beta y salir echando leches del nido.
VLAD =
— ¡Te arrepentirás de haberme dejado encerrado allí! — grité a todo pulmón mientras el metal cedía a mi alrededor.
Por fin estaba de nuevo en la estación y listo para la acción...
Se pronuncia "Daimon"
