Después de siglos fuera, he podido volver por aquí, lo siento y no sé xq me disculpo, todo es culpa del colegio jajaja bueno, lean chiquis :)
Capitulo 14:
–Perdí cuatro. Cuatro familias perdieron sus hijos porque he fallado.
Ella balanceó la cabeza. No había nada más a decir delante de tal dolor. Nada que dijese aliviaría el peso que Jasper cargaba, eso era algo que él tendría que arreglarse solo. Alice lo abrazó y hundió la cara en su pecho. No podía borrar sus malos recuerdos, pero podría ofrecerle buenos recuerdos de la Isla.
Como habían acordado hacer para que los padres de él no se percatasen de que su compromiso era falso, James vino el miércoles. En cuanto Alice le contó de la visita del Mayor él se puso furioso.
–¡No puedo creerme que él sigue acercándose de ti!
–James, no hace falta que te enojes con el Mayor, él solo ha venido disculparse.
–Eres ingenua, Alice –dijo él tendiendo la mano sobre la mesa y cogiendo la de ella–, y él puede aprovecharse de eso.
–No te preocupes, me arreglo bien sola –dijo ella retirando la mano de la de él–. Además, en poco tiempo volveré a quedarme sola –James frunció el ceño y ella advirtió que había dicho algo que no debía– ¿Has desistido de tus planes? Pensé que volverías a Inglaterra para estudiar.
–Es lo que quiero, pero no sé si podré hacerlo.
–¿Por qué no?
Él se agitó en la silla, desvió la mirada del rostro de ella y entonces la contestó:
–No me gusta la idea de dejarla desprotegida aquí.
–No soy de vidrio, James.
El tono de enfado de la respuesta de ella hizo que James cambiase de tema. Hablaron de los tiempos de escuela, de las festividades en Port Stanley que solían asistir juntos y de la esquila.
Al fin de la tarde él se fue.
Alice buscó a Jasper en "la tumba" y lo encontró estudiando uno de los mapas de su padre. Se acercó a él sonriendo.
–¿Planeando huir de mí?
Él alzó la mirada hacia ella y advirtió su sonrisa burlona. Dio un paso hacia adelante y pasó el brazo por la cintura de ella.
–Es lo que debería hacer, hechicera –dijo él antes de besarla.
Fue un beso suave y corto, como solían ser los besos de él, pero Alice lograba advertir toda la pasión que Jasper mantenía bajo su control. Así como él, ella sabía que un día no podrían más controlarse y sus sentimientos desbordarían. Y esperaba por ese día con ansiedad. Lo quería y no iba censurarse por eso. Alice sabía que nunca más sentiría eso. Jasper sería el único hombre que amaría en su vida y por eso quería disfrutar con él de todo que un hombre y una mujer disfrutan juntos.
El beso terminó, pero siguieron abrazados.
–Te gustan los mapas, ¿no?
–Su padre tenía una colección valiosa. Si los vendiese, Alice, quizás pudiese quitar tus deudas.
–¿Tienen tanto valor así?
–Sí. Son muy buenos, antiguos y raros. Harían la felicidad de cualquier coleccionador.
"Y de tu ejército", pensó ella con amargura. No podía ignorar el abismo que los separaba. Lágrimas corrieron por sus mejillas. Jasper se puso serio, pero antes que él pudiese le hacer alguna pregunta, ella se escabulló hacia la cocina.
Jasper resopló. Habían cosas entre ellos que no podían ser cambiadas por ninguno de los dos. Cosas que los alejaban, que se interponían entre los sentimientos que crecían en sus corazones.
Pensó en su compañero. Sí, él tuviera más suerte, pues quedaba en un hospital donde le trataban sin ninguno vínculo emocional. Quizás tuviese sido mejor siguieren juntos y tener ese destino. No habría conocido a Alice, no estaría enamorado de ella.
Jasper dio una sonrisa amarga. No le gustaría ni un poquito haber sido atrapado por el ejército de las Islas. Tal vez pronto enviasen su compañero a casa. Tal vez no. Así como para él, no habrían garantías de volver a casa. A lo mejor, ahora sabía que él quedaba bien, iba recuperando la salud y no perdiera la cordura.
Ese había sido el miedo de ellos en aquellos días terribles.
El jueves y el viernes Alice y Jasper cruzaron pocas palabras, aunque ella se quedó en casa como le había recomendado el Mayor.
Por primera vez se quedaban incómodos uno en la presencia del otro. Jasper sabía que la causa de eso era el que hablaron el miércoles después que James se marchó. Alguna cosa había hecho daño a Alice, pero él no lograba descubrir el que había sido. Lo único que le ocurrió fue que ella se quedaría imaginando que su interés por los mapas era en la intención de huir. Había tomado el comentario de ella como una broma en aquella tarde, ahora ya creía que Alice hablaba en serio cuando le preguntó se planeaba huir.
Sábado por la tarde Jasper tuvo valor para enfrentarse a Alice y sus fantasmas. No soportaba más el silencio entre ellos ni el dolor en los ojos de ella. Fuese lo que fuese, necesitaban aclarar. La buscó en el cuarto del telar.
–Alice, necesitamos hablar.
–Sí –repuso ella sin quitar la mirada del tejido que hacía.
Él se acercó y puso las manos en los hombros de ella.
–Es serio. Deja el trabajo.
Alice cerró los ojos. ¿Por que lo quería tanto? El calor de las manos de él hacía su sangre correr más rápido y su corazón latir a toda velocidad. Ella lo quería, pero ¿qué quería él? ¿Quería a ella o a el que podía obtener de ella? Era una relación temporal, pero no soportaría ser solo un objeto en las manos de él. Tembló.
–Ven a la sala y hablemos, Alice. No soporto más ese dolor en tu mirada.
Ella tomó aire y sin mirarlo, fue hacia la sala. Jasper la siguió.
Alice sentó en el sofá, la cabeza gacha y las manos en el regazo.
Jasper se puso de cuclillas a su frente y le cogió las manos.
–¿Qué pasa?
–Nada.
–Pasa algo, sí. Has cambiado el miércoles, y no ha sido por James. ¿Es a causa de los mapas de tu padre?
–Sí –masculló ella.
–Deberías haber dicho que no le gusta que yo los mire. Desde luego que no me ocuparía de ellos.
–No es eso, es...
Alice no tenía valor para decirle la verdad. Soltó sus manos de las de el y se levantó. Caminó hacia la ventana y espió la tarde gris.
Jasper la siguió con la mirada.
–¿Qué es?
–Tonterías de mujer, nada más.
Jasper tomó aire. No se quedaría satisfecho con medias verdades.
–Nunca he mentido para usted.
Alice tembló y rodeó el cuerpo con los brazos.
–Aquellos mapas interesan a tu ejército.
–Desde luego. He visto los mejores mapas que tenemos de las Islas y no llegan ni siquiera a los pies de los tuyos –él frunció el ceño– No voy robarlos, Alice.
–¡No pensé eso!
Alice se dio la vuelta para mirarlo y sus ojos reflejaban la sinceridad de sus palabras. Jasper sonrió.
–Entonces, ¿por qué?
–Porque me acuerda de todo que nos separa.
Él balanceó la cabeza. Se levantó y se acercó a ella. Tocó su mejilla. Tenía en los ojos la misma tristeza que veía en los de ella.
–Sabías de todo eso cuando me trajo a tu casa.
–Sí, pero no sabía lo mucho que iba quererte. No pensé que me quedaría enamorada de ti.
Él la abrazó.
–También te quiero, pero no puedo cambiar el hombre que soy.
–No quiero que cambies, sólo... a veces es difícil pensar en lo que eres, en lo que ustedes han venido a hacer aquí.
–Estás juzgando sin conocer los hechos, Alice –dijo él acariciándole la espalda– Si yo hubiese venido a hacer lo que piensas, habría me quedado con los otros. Si he venido a otra isla, por supuesto es porque tenía una misión distinta.
–Una misión que no puedo saber.
–Así es.
–Y los mapas tienen algo que ver con tu misión.
–Un poco –admitió él– Mira, Alice, la guerra acabó, no he completado mi misión y ni hay tiempo para hacerlo. Todo eso acabó. Aún soy un hombre del ejército, pero no hay nada más para hacer aquí. En ese momento es como si estuviese de vacaciones aquí.
Ella rió y en cuanto alzó la mirada hacia él, Jasper la besó. Un beso ardiente, muy distinto de los que solía darle. La pasión que él siempre contenía se desbordó y Alice supo que era a ella lo que él quería.
Toda la tensión que había pasado en su relación con Jasper se reflejaba en su rostro y la abuela se quedó preocupada. Apenas Alice llegó a casa de los Whiterlade el domingo por la mañana arregló una manera de quedarse sola con ella.
–¿Has tenido problemas con tu hombre?
–Tonterías, abuela. Él se queda bien, sigue siendo gentil y me ayudando en todas las cosas.
–Pero las cosas no van bien.
Alice tomó aire.
–No imaginé que me quedaría enamorada de esa manera. Y no me gusta pensar que él es un soldado.
–Entonces no piense. El corazón no necesita de la razón.
–Es lo que estoy intentando hacer, quiero disfrutar de ese tempo que tengo con él. ¿Ya tenemos una fecha para su partida?
–Todo queda arreglado, pronto tendré la fecha. Creo que será en comienzos de enero.
Alice dio una sonrisa triste. Un mes y algunos días. Ese era todo el tiempo que tendrían juntos. En cuanto se separasen nunca más volverían a encontrarse. No pudo contener las lágrimas.
–Niña, sabías que sería así –dijo la abuela, abrazándola– Él no pertenece a esa Isla, la vida de él está allá.
–Yo sé. Siempre lo supe.
–Olvida que él va a marcharse, todo se arreglará a su tiempo.
Alice podría haber contestado la abuela diciendo que ese era un hecho que no tenía arreglo. Jasper se marcharía y su corazón quedaría en añicos. Ninguna de las dos cosas podría ser diferente.
La joven se quedó callada porque la señora Whiterlade se acercaba a ellas.
–¿No estás bien, Alice? –preguntó la madre de James con sincera preocupación.
–Hablábamos de mi padre, señora Whiterlade. A veces no es fácil vivir sin él.
–Desde luego –la señora Whiterlade cogió la mano de ella–, no has tenido nadie más por ti en tu vida. Siempre va a quedar un recuerdo dolido en el pecho, pero así que tengas una nueva familia eso no más le hará daño.
Alice sonrió. Enseguida hicieron la comida y el tema de la conversación fueron las festividades en la Capital. En la próxima semana tendrían la conmemoración de la batalla de 1914, y los Whiterlade solían ir en ese día. Alice siempre los había acompañado.
–Este año no me voy –dijo Alice.
–¿Por que no? –preguntó James.
–No estoy con ánimo para conmemoraciones.
–A su padre no le gustaría que usted se quedase tanto tiempo triste por su muerte –dijo la señora Whiterlade.
–Mamá está en lo cierto, Alice –James cogió la mano de ella– Además, necesitas un descanso. Si te quedas en la hacienda, trabajas mucho más de lo que sería conveniente. Si no estás con tus ovejas, te quedas en el telar. Un paseo será bueno para ti.
–Tal vez –Alice necesitaba de una disculpa, no podría ir y dejar a Jasper allí– Pero está Jake. Antes, cuando yo iba a Stanley, papá lo cuidaba. Ahora no hay nadie para cuidarlo.
–Podrías dejarlo aquí –sugirió James.
–Él no se quedaría, no le gustan personas extrañas.
–Yo podría quedarme en tu casa cuidando de tu perro.
Todos miraron la abuela.
–No sé –masculló Alice–, creo que se pondría muy nervioso.
–Por el contrario, creo que nosotros dos nos llevaríamos muy bien.
Alice tomó aire, ya se percatara de que la abuela hablaba de Jasper, así como ella.
–Lo conozco, eso no va a gustarle.
–Él no tiene elección y usted necesita de unos días lejos de él.
–¡Vaya! Vosotras dos parecen hablar de una persona. Jake es solo un perro –protestó .
–Es un perro, pero tiene tamaño para ser una persona –dijo la abuela– Además, no te olvides que él es la única compañía de tu novia en aquella casa.
–Lo que sea –dijo James alzando las manos en rendición.
–Quedaré en tu casa, Alice, cuidando de Jake, mientras estés en Stanley –dijo la abuela con un tono que no permitía contestación– En cuanto vuelvas el miércoles lo encontrarás mejor del que lo has dejado.
"Así espero", pensó Alice. Su miedo era de no encontrar a Jasper al volver. Seguro que no le gustaría la idea de la abuela quedarse con él en a casa y ella temía que él decidiese huir. Se reprochó. Él ya le había dado su palabra de que no lo haría, y ella seguía sin confiar en él.
Enseguida arreglaron los detalles de ese viaje. El desfile sería el martes, entonces viajarían el lunes por la mañana. Se quedarían en la casa de los Whiterlade en Stanley y volverían el miércoles. La señora Whiterlade acompañaría los jóvenes.
Ya pasaba de las siete cuando James la llevó a casa. Él no entró, se despidieron en el jardín y apenas James se marchó, ella entró.
Alice ni había cerrado la puerta con la llave y Jasper ya entraba en la cocina. Ella se dio la vuelta y le sonrió.
–Hola.
Jasper continuó acercándose a ella. Sonreía y sus ojos tenían aquel calor que la hacía temblar de deseo.
–Hola –contestó él con la voz ronca.
Jasper pasó el brazo por la cintura de ella y la besó. Alice soltó un suave gemido de placer contra la boca de él y pasó los brazos por su cuello. Quería disfrutar al máximo de los cariños que él le ofrecía. Había poco tiempo para ellos y lo quería aprovechar todo, para que en el futuro no hubiesen remordimientos.
Jasper tomó aire, la entrega de Alice hizo con que su cuerpo se incendiase de deseo. La apretó contra su cuerpo y deslizó la boca por su cuello, haciéndola gemir de placer. Alice tenía la sensación de que iba derretirse, se aferró a los hombros de él pues sus rodillas ya no le sostenían más. Cuando él mordisqueó su oreja, Alice susurró su nombre con pasión.
Eso fue lo bastante para que Jasper recuperase la razón. Con firmeza la apartó y la miró con pasión. Alice sonrió. Comprendía porque él actuara así.
–No puedo hacer eso contigo.
–No quieres –dijo ella.
–No puedo. Aún me queda un poco de dignidad.
El dolor en la mirada de él la conmovió. Sabía que cuando Jasper hablaba de dignidad, se refería a su situación allí y no sólo a la relación de ellos. Era un hombre orgulloso y que creía que era su obligación dar la vida por la patria. El hecho de ocultarse en su casa era para él toda una vergüenza. Ella le tocó la mejilla con cariño.
–Estoy segura de que te queda toda la dignidad que siempre has tenido, solo estás actuando según los hechos te lo exigen.
–Solemos creer en aquello que nos conviene.
Ella se encogió de hombros y se dio la vuelta para encender el fuego. Ya había aprendido que no tenía sentido discutir con Jasper.
Cada uno de ellos tenía su visión de las cosas y ninguno de los dos quedaba dispuesto a cambiar la suya. Podrían convivir con esas diferencias por algún tiempo. Y para ellos no había más que "algún tiempo". Un mes. Ese era el plazo que la abuela le había dado. Un mes para ser feliz. No desperdiciaría ni solo un día.
–Tengo novedades –dijo ella.
Jasper sentó en una silla y esperó que ella siguiese hablando.
–La abuela ya ha arreglado tu viaje, pronto tendrá la á a comienzos de enero.
Jasper dio una sonrisa triste. A lo mejor la abuela se había acordado de que a él le gustaría quedarse con Alice en las fiestas.
–Alice...
Ella se dio la vuelta y lo miró. La tristeza que vio en su rostro la sorprendió.
–Necesito marchar –dijo Jasper.
–Yo sé. Si estuviese en tu lugar, también me gustaría volver a casa. Además, no puedes quedarte, ni que quisiera. No hay elección.
–Si hubiese...
Él no terminó la frase y ella no tuvo valor para preguntarle si él se quedaría con ella. Temía la respuesta, pues él amaba su patria.
Si la invasión hubiese sido un éxito y las Islas ahora perteneciesen a ellos, quizás Jasper se quedase con ella. Pero con las Islas bajo el dominio de su país, jamás él se quedaría. Mismo que pudiese. Eso ella sabía.
En la mañana siguiente Alice se despertó con el exquisito olor del desayuno invadiendo su cuarto. Sonrió. Ya no se acordaba más de como era ser cuidada por alguien, siempre había sido ella que cuidaba de su padre, desde que aún era solo una niña. Su corazón se encogió al pensar que en poco tiempo Jasper se marcharía.
Balanceó la cabeza para alejar ese pensamiento. Habría tiempo para tristeza, pero ahora era tiempo para disfrutar de a compañía de él.
Apenas Alice entró en la cocina, Jasper vino a su encuentro.
–Buen día –dijo Alice.
El sonrió, pasó el brazo por la cintura de ella, atrayéndola hacia su cuerpo y la besó.
–Buen día –dijo Jasper acariciando la mejilla de ella.
–¿Hoy es un día especial? –preguntó ella deslizando las manos por el pecho de él.
–A tu lado, todos los días son especiales –repuso Jasper, besándola otra vez–. ¿Tienes hambre?
–Un poco.
Él la llevó hacia la mesa y sostuvo la silla para que ella sentase.
Sirvió el té y las tortillas que había hecho. Pablo sentó a frente de ella. Sonreía, y esa sonrisa le llegaba a los ojos. Alice casi no podía creerse que aquellos mismos ojos pudiesen tener aquella mirada fría que le aterrorizaba.
–¿Por qué? –ella preguntó señalando la comida.
Jasprt se encogió de hombros.
–Vivo solo desde hace algunos años. Me gusta tener compañía.
–A mí también –ella parpadeó para contener las lágrimas.
–Siempre supimos que tendría un fin.
–Sí.
–Me preocupa como vas a quedarte después.
–Me quedaré bien, mi vida seguirá como siempre.
Jasper resopló. Sabía que la vida de ninguno de los dos seguiría como antes tras todo que vivieron en aquella casa. Era mucho más del que haberse enamorado, habían compartido el miedo, el triunfo y alejado la soledad que sentían. Todo había sido muy intenso para ser olvidado. Los hechos que compartieron habían cambiado a los dos, no eran las mismas personas de antes. Desde luego, sus vidas no podrían seguir los caminos de antes.
Por la noche, tras cenanr se quedaron en la sala y compartieron un vaso de vino. Se sentaron en la alfombra, pero enseguida Jasper la hizo acostarse con la cabeza en su regazo. Él soltó su pelo y se puso a acariciarlo. Alice cerró los ojos y se quedaron en silencio por un largo rato. Jake se tendió al lado de su dueña y su presencia acordó a Alice que tenía cosas importantes para decir a Jasper.
–En la próxima semana habrán fiestas en Port Stanley.
–Y sueles participar de ellas. Con los Whiterlade.
–Sí.
–Entonces debes ir este año también.
–No quiero.
–Alice, puedo arreglarme bien solo. Y me encontrarás aquí en cuanto vuelvas, ya tienes mi palabra.
–No me gusta quedar lejos de ti.
La declaración de Alice pesó entre ellos y se quedaron en silencio.
–Quiero que vayas –dijo Jasper.
–Tengo que ir, intenté utilizar a Jake como una disculpa para quedarme, pero no tuve éxito. Me obligaron a acompañarlos.
Él rió.
–¿Alguien es capaz de obligarte a hacer lo que no quieres? No creía que existiese esa persona.
Alice sonrió con cariño.
–La abuela. Ella se ofreció para cuidar de Jake mientras voy hacia Stanley.
Jasper se puso serio y frunció el ceño.
–¿La abuela va a quedarse aquí?
–Sí. Sé que no te gusta, pero me quedaría preocupada si te dejase solo.
–Quizás estés en lo cierto. Es mejor que siempre haya alguien para contestar al ejército. Si mi compañero sigue pidiendo que me busquen y el Mayor encuentra más huellas, volverán a revisar tu casa.
–Si pudiese avisar a tu compañero...
–¡Ni pienses en hacer tal cosa! –él le tocó la mejilla–. Ya te has involucrado en ese lío mucho más del que debías, pero aquí puedo protegerte. Si te pones en riesgo, no podré hacer nada por ti.
Ella alzó la mano y le tocó el pecho, a la altura del corazón.
–El peor, Jasper, es que si me pillan hablando con tu compañero en el hospital y te quedas sabiendo de eso, te desplazarías hacia Stanley para rescatarme.
Él cubrió la mano de ella con la suya.
–Desde luego que sí. Y te quedes segura de que tendría éxito.
Ella rió.
–Como dice la abuela: eres muy orgulloso y altanero.
Él balanceó la cabeza.
–En ese caso no es nada de eso.
–Entonces, ¿qué es?
Él la miró luciendo en los ojos toda la pasión que sentía en el pecho y apretó la mano de Alice contra su pecho.
–Es que el amor hace milagros.
Bueno, como hace mucho no estaba, les dejo el que sigue :)
Besos! :P
