¡Hola! Lo prometido es deuda aquí tiene la segunda parte. Espero la disfruten tanto como la primera. Quiero decirles que en ausentare una semana, estaré fuera de mi cuidad ayudando a un pueblo y pues no habrá señal ni de teléfono ni de Internet, así que no se desesperen si ven que no actualizo.

Disclaimer: Inuyasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.

Solo por ti.

Capitulo Trece.

Segunda parte.

A Kagome enserio ya no le gustaba nada los silencios que venían después de que revelara su identidad. Se encontraba de pie en frente a sus tres amigos que estaban sentados en la cama, mirándola como si nada. Tragó saliva se estaba desesperando.

-¿Eso es todo?- preguntó el moreno.

-Di… ¿Disculpa?- la heredera entró en shock, no sabía si tomarse esa pregunta como algo bueno o como algo malo, porque la verdad se podría tomar de las dos formas.

Koga se reincorporó para quedar a la altura de la hermosa morena que tenía sus ojos confundidos y recelosos. Levantó sus duras manos para posarlas sobre las mejillas suaves de la mujer y sonreírle, para infundirle ánimos y dejará la preocupación atrás.

-Kagome- comenzó a decir con un ligero apretón en sus mejillas- hace dos años da la casualidad que al venir a buscarte no estabas y la puerta estaba entre abierta por lo que pase para esperarte- detuvo su narración para suspirar- en el escritorio se hallaba una libreta abierta, al acercarme y leer algunas líneas, me di cuenta de que eras en realidad una princesa.

La morena en serio se encontraba en un estado de adormecimiento, no creyendo lo que escuchaba.

-¿Lo has sabido todo ese tiempo?

Él se encogió de hombros para soltarla.

-Te lo dije una vez y vuelvo a decirlo hasta que se grabé en esa cabeza tuya… yo te protegeré cueste lo que me cueste, te elegí como mi hermana no por el estatus que tengas, eso no me importa en lo absoluto… te elegí porque tienes el valor de hacer lo que nadie y porque te has ganado mi corazón como el de muchos otros.

Ayame se aclaró la garganta con fingida molestia. Koga se volteó rápidamente a ver a su novia.

-No Ayame… a ti te amo- está sonrió con sorda ante el desliz del otro- ¡Oh! Demonios.

-¡Ja! ¡Gané!

-¿Ganaste?- preguntó la morena.

Ayame se abalanzó contra su amiga- Es que apostamos que el que dijera primero te amo pagaría una cena en la cuidad- Kagome no evitó corresponder ese abrazó mientras una risa escapaba de sus labios, esos dos nunca cambiarían- querida para mí siempre fuiste una princesa y siempre lo serás. No has cambiado para mí, sigues siendo la misma chica que es mi mejor amiga y consejera.

-Gracias, Ayame. Gracias.

-¿Me convertirías en tu primera dama?

-¡AYAME!- exclamó Koga.

Ayame frunció el ceño mientras se separaba de su amiga para lanzarle una mirada envenenada a su novio molestoso- Matas la diversión- murmuró ceñuda.

-¿Kikio?- se atrevió a formular Kagome al ver que había permanecido callada todo este tiempo, estaba aliviada al ver como dos de sus amigos la apoyaban pero… también anhelante a la respuesta de su otra amiga.

-¿Te olvidas que te dije cuando fuiste a mi cuarto esa vez? Porque he ahí mi respuesta.

-Kagome yo no soy ignorante tú no vienes de una humilde familia, tu porte, la forma de caminar, tu manera de hablar no son de una persona humilde… no sé porque ocultas tu estatus pero debe ser por algo y no preguntare- Kikio se levantó- esa vez en la biblioteca te dije que si Inuyasha te hubiese elegido podría odiarte- Kagome tembló- pero me es imposible… ¿me harías un favor?- Kagome le miro directamente a los ojos acuosos de su amiga, asintió con la cabeza- se feliz.

Kikio le dirigió la primera sonrisa desde que les dio la noticia. A Kagome eso removió su corazón con aprensión, la mujer que ahora le dirigía esa sutil muestra de cariño hizo que sus piernas temblaran.

Ayame se abrazó a la cintura de ella- Saben que envidian tendrán todos cuando sepan que soy amiga te una princesa…

-¿Eres?

-Bueno somos- se corrigió poniendo sus ojos en blanco- no importa, de todas forman se pondrán celosos… ¡A partir de mañana seré súper popular!

-No lo creo- la voz de Kagome advirtió a sus amigos que algo andaba mal- aún falta que les diga el resto de la historia.

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-¿Miroku?- la voz de Sango se escuchaba ahogada- Si sigues paseándote así por mi habitación pensare que es algo realmente malo.

El moreno se mordió el labio superior antes de echar un suspiró. Lentamente se fue a sentar junto a su castaña, pasándole un brazo sobre sus hombros atrayéndola a su cuerpo, en una acción que quiso ser protectora.

-Cuando la reina me dio el permiso de poder comprometerme contigo, yo no creía que fuera posible y pedí hablar con ella- la mente del hombre comenzó a nadar entre sus recuerdos más lejanos.

-¿Qué deseas, joven? ¿Acaso se ha arrepentido de prometerse con mi hija?- Miroku hizo una reverencia para luego erguirse.

-Su majestad, jamás me arrepentiría de semejante honor que se me ha otorgado- respondió.

Una de las comisuras se alzo en una media sonrisa- Mi querido joven… he oído cosas de usted, cosas que una reina no desearía saber y mucho menos una madre. Tus andaduras son muy conocidas- Miroku tragó saliva, sabía muy bien a lo que se refería pues no era un santo de devoción.

-Majestad- comenzó al ver que ella esperaba una respuesta- sé de lo que me habla… no merezco el honor de ser el prometido de la princesa Sango- respiró hondamente dándose valor para continuar- es por eso que ahora me encuentro en su presencia. ¿Por qué me dio el permiso si sabe sobre mi… peculiar pasado?

-¿Amas a mi hija?- eso tomo por sorpresa al moreno que respondió sin dudar.

-Más que a mi vida, majestad.

-¿Y eso no es suficiente respuesta?- al ver la cara de desconcierto del joven se apresuró a continuar- Mi hija te ama, increíblemente a decir verdad, y ¿quién soy yo para arrebatarle su felicidad? Además he comprobado que le profesas el mismo amor.

-No es mi intención rebatirle, majestad. Pero soy un conocedor de las leyes… claramente sé, que una princesa debe casarse por arregló entre familias noble. Y yo mi señora, tan solo soy un forjador de joyas.

La reina se levantó al tiempo que con un rápido movimiento de mano los guardias salieron, cerrando las puestas tras sí. Dejándolos solos.

-Comprendo lo que dices pero antes de continuar con esta conversación te haré una pregunta y de tu respuesta dependerá muchas cosas ¿Amas en verdad a mi hija, más que a tu propia vida como bien dijiste?

Miroku se estaba mareando, él sabía de sus sentimientos y los defendería ¿Por qué la reina se empeñaba tanto en hacerle esa pregunta?

-La amo. No me importaría que no fuera una princesa o siquiera una noble- sus ojos celestes resplandecían a cada palabra- yo me habría enamorado igual de ella.

-Eso me parece perfecto porque lo que te estoy a punto de revelar será solo para sus oídos y cuando llegue el momento serás el encargado de hacérselo saber a Sango- Midoriko le dio la espalda al morena para mirar el cielo a través de uno de los ventanales- hace mucho tiempo tuve a una amiga, mi compañera de juegos. Siempre juntas aún después de crecer éramos inseparables hasta que mis deberes me alejaron de ella y la perdí de vista, asumí el trono al lado de mi esposo después me bendijeron con Kagome… entonces cuando mi pequeña tenía tres años, una noticia me devasto…

-Mi señora- Miroku quiso acercarse pues parecía que se desmayaría.

-Tranquilo- murmuró- esto paso hace mucho pero siento la noticia como si fuera ayer.

-Si me permite la intromisión ¿Qué noticia?

-La muerte de mi amiga. Un accidente acabo con su vida y la de su esposo, sentí que mi mundo se derrumbaba, es verdad ya no tenía contacto con ella pero aún así… era mi amiga mi compañera en juegos y travesuras ¿Cómo olvidarla? Lloré como nunca pero entre todo ese caos me dieron una noticia, una pequeña esperanza. Del ese terrible accidente sobrevivió una bebe- la mente del hombre daba vueltas, algo en su mente comenzaba a reaccionar- a la que adopté.

-¿Sango?- indagó- ¿Sango es esa bebe?

-Así es.

-¿Esto es lo que le debo decir?

-No- replicó la mujer con tono suave- eso ya lo sabe y lo acepta. Lo que te encargo a decirles es lo siguiente- Midoriko se volteo para mirarlo fijamente, algo que llegó a incomodarlo y hacerlo sudar frió- hace 7 años Kagome se fue de palacio.

-¡¿La heredera ha estado desaparecido todo ese tiempo?- la palabra sorprendido se quedaba corta a como se sentía Miroku, la noticia de que la heredera se encontraba desaparecida desde hace tanto en verdad era alarmante aunque ahora todo cobraba más sentido porque la verdad eso de que no le gustaba salir de palacio no era muy convincente.

-Me temo que así es pero sabe- él se sorprendió al ver una sonrisa en los labios de la reina- ella se sacrifico al irse de aquí… luchó para que no se hiciera lo mismo con Sango, con la pequeña a la que consideraba su hermana de sangre.

-¿A qué… de qué habla?- cambio la pregunta a último momento.

-Ten, léelo y lo sabrás- contestó al tiempo que sacaba una arrugada y vieja carta de sus ropas, debía ser muy valioso como para que siempre la tuviera a la mano, por lo que él muchacho tuvo mucho cuidado al cogerla.

Las palabras que calaron en lo profundo de su mente y corazón. Porque a pesar de los escasos 10 años que Kagome tenía al escribir esa carta… uno no deja de asombrarse. Con esas palabras él comprendió lo que era su deber hacer.

-¿Miroku? ¡MIROKU!- Sango tomó el brazo de su prometido para zarandearlo con fuerza, buscando la atención que quería.

-¿Eh? Lo siento. Estaba algo perdido en mis recuerdos.

-Sí- replicó la castaña- Lo que te preguntaba ¿es porqué fuiste a ver a mi madre?

Se encogió de hombros antes de dar una respuesta- Quería saber porque me permitió estar contigo.

-Porque te amo- por muy comprometidos que estuvieran a ella esas palabras el causaban un ligero sobresalto a su corazón y que sus mejillas se tornasen rojizas, esta vez no fue la excepción- y tú a mí.

El moreno sonrió pronunciadamente ante esas palabras, para él esos era realmente valioso puesto que Sango muy rara vez decía por las buenas el amor que le profesaba, no es que se quejara pero sí, esos momentos le daban fuerzas.

-Sí- confirmó- pero ¿sabes que el destino de una princesa es casarse con un noble? ¿Sabes que eres la primera en ir contra eso? Los príncipes pueden escoger a sus esposas… las princesas no.

-Espera ¿Qué me estás queriendo decir?

Miroku extrajo una carta de sus ropas y se la tendió.

-Es una copia de la original, tú madre nunca se aparta de ella. No me hubiera permitido hacerme con la original.

Sus dedos rozaron la punta de esa hoja antes de tomarla ente ellos. Sus ojos resbalaban de izquierda a derecha y conforme más avanzaba sus labios rojos temblaban, adquiriendo mayor fuerza al pasar los segundos.

-Imposible- murmuró.

-No, Sango. Es la verdad.

Ella volvió a mirar las líneas que reconocía perfectamente. La letra de Kagome.

Madre:

Cuando tengas esta carta en tus manos ya no estaré en palacio. He tomado la dedición de que no me casaré, madre, mis manos están atadas y mi boca sellada. Nunca hubieran oído mis palabras porque este es el destino de una princesa, el mío ya no. Renunció al portar el apellido Tama, renunció a las comodidades y me desprendo de mis ropas reales, porque he decidido tomar mi vida en mis manos por eso he de decir… que este acto de mi parte me librara de un matrimonio pero sobretodo lo hago por Sango. No soportaría que la obligasen casarse con alguien a quién no ama, por eso, madre, lee mis palabras y comprende, el sacrificio que hago es para evitar que Sango pase por lo mismo, me iré y no volveré… busca a una nueva heredera, yo viviré a partir de ahora de mi sudor y sangre.

Te pido como último favor que no menciones nada de esto a Sango, porque ella ya no esta atada a las leyes, porque ahora es libre de escoger al hombre con el que pasara el resto de su vida. He mandado una carta a los consejeros, decía que si llegaran a siquiera pensar en casar a Sango contra su voluntad yo volveré y me la llevaré conmigo.

Te amo, madre.

Eternamente Kagome.

Sango ocultó su rostro entre sus brazos.

-Dios mío- jadeó aterrada- imposible…

Miroku la miró con preocupación, no esperaba que se lo tomara tan mal.

-Sango tranquila no es…

-¡Es culpa mía!- estalló- ¡Soy una egoísta! ¡EGOÍSTA!

Él tan solo atinó a acercarse y abrazarla, deteniendo todos sus movimientos de esa forma. Ella al verse aprisionada dejó que sus lágrimas bajaran por su rostro.

-Tranquila.

-Es que no lo entiendes- murmuró contra su pecho- no la conoces como yo.

Miroku la dejó ir con suavidad mientras ella levantaba la vista afligida.

-Kagome… vivía por y para el reino. Toda su vida fue dedicada a eso, aprendió hacer todo lo que se supone que debía aprender. Cuando yo me ponía pesada con algo, me tomaba entre sus brazos mientras me susurraba esta frase "Una princesa debe sacrificarse por su pueblo, es su deber".

-¿Qué intentas decirme?

-Ella hubiera aceptado sin discusión ese matrimonio, lo hubiera aceptado. Renunció a todo, a su apellido, a sus comodidades, a una vida de placeres por mí… por alguien que no tenía ningún lazo sanguíneo, ningún deber que cumplir.

Él comprendió. Todo lo que había hecho la morena era por Sango, todo fue por Sango, Miroku sintió un sincero cariño hacía esa persona que a penas conoció la semana pasada. Porque sino fuera por ella, ahora no estaría prometido con la persona que ama con toda su vida.

-Y yo le he quitado lo único que ha querido en verdad… lo que siempre ha querido en verdad- con una decisión recién tomada quiso dirigirse a la puerta para salir en busca de su hermana- espérame aquí, Miroku. Iré a hablar con Kagome.

Toda intención fue nula cuando el moreno intervino en su camino, cerrándole completamente el camino.

-No creo que sea lo más conveniente,

-¡¿Por qué no?- exigió saber.

-Ella ha decidido regresar, te has puesto a pensar que es lo que hizo para separarse de Sesshomaru- Sango bajó la mirada- Kagome no soportara más… ahora debes dejar que todo siga la cause que se ha tomado.

La castaña no dijo nada, pues no había nada que decir. Ya no había vuelta atrás… ¿o sí?

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-¡Koga!- Ayame prácticamente estaba colgada en su espalda mientras que Kagome y Kikio lo tenía fuertemente agarrado de sus brazos- ¡Basta!

-¡YA, QUÍTENSE!- enojado como estaba ellas dudaron en hacerlo pero la entonada de su voz les hizo obedecer rápidamente.

-¿Koga?

Él se volteó encarando a las tres mujeres pero tenía puesta su mirada de enojo sobre una en particular.

-¿Por qué no me lo contaste?

Kagome evitó cruzar sus ojos con los contrarios- No quería que lo supieras- fue al final su repuesta.

-No puedo creer que Inuyasha llegara a tanto- Ayame se entornó sus ojos a su amiga que tomó un color más pálido cuando oyó a la morena decirle sobre el chantaje.

-Ni yo- Kikio por fin reunió el valor para poder hablar- jamás creí que llegaría hasta lo más bajo para tenerte… yo… lo lamento- antes de que Kagome pudiera tranquilizarla, ella salió corriendo de la habitación.

-¡KIKIO!- Ayame se aferró al brazo de la princesa para detenerla.

-Kagome déjala sola… lo necesita, todos necesitamos estar solos de ves en cuando- la pelirroja la tranquilizó con una mirada- ahora hablemos de eso de la boda ¿Estás completamente segura de prometerte en matrimonio con un desconocido?

-No es un desconocido, lo conozco.

-¡¿Cómo? ¿Acaso ya te dijeron quién es?

Ella meneó negativamente la cabeza- Lo conozco desde pequeña, era mi compañero de juegos junto con Sango… básicamente mi mejor amigo, Hoyo Montereal.

-Pero no lo amas- Koga fue quien intervino esta vez- ¿serás capaz de casarte habiendo conocido el verdadero amor? ¿Serás capaz de besar otros labios que no son los Sesshomaru, Kagome?

-No…- contestó luego de unos segundos en silencio- pero ya no puedo hacer nada, ahora mismo me ha de odiar como a nadie más en este mundo- Ayame apretó fuertemente sus labios al ver la melancolía en la esencia de su amiga.

-¡No es justo! Comienzo a odiar el destino de una princesa- gruño hastiada la pelirroja.

-No lo odies, no hay porque… para comenzar yo he roto por completo muchas de las reglas, no debería estar aquí pero lo estoy, he podido vivir lo que ninguna otra princesa imaginaría y… me enamore, supe que era el amor verdadero.

-Kagome…

-Ya, por favor- fue la suplica de ella- no sigan, por ahora quiero aprovechar lo que me queda de tiempo con ustedes, pero obviamente los veré de nuevo en mi boda, quiero que estén ahí conmigo… apoyándome.

-Sí… siempre- Koga pasó un brazo sobre los hombros de su hermanita.

-Te quiero, Kagome- Ayame se abrazó a su amiga con fuerza.

Pero todo lo bueno tiene que acabar en algún momento, este no fue la excepción pues un duro golpe en la puerta les sobresalto al mismo tiempo que una voz femenina gritaba.

-¡KAGOME! ¡Tienes que venir rápido! ¡Kikio esta en problemas!

Ni cortos ni perezosos, los tres salieron precipitadamente de la habitación casi arrollando a la joven que estaba detrás de la puerta, que por pura suerte logró apartarse antes de morir atropellada.

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No lo comprendía, su mente no acababa por entender porque Inuyasha estaba tan obsesionado en tener a Kagome. Se sentía desplazada, relegada… se sentía como un juguete que botan cuando encuentran otro más lindo y divertido.

-Inuyasha… eres un estúpido.

Necesitaba estar sola pero al mismo tiempo añoraba estar envuelta en los brazos de sus amigas, sonrió irónica.

-Y pensar que siempre aborrecí cualquier tipo de lazos- al levantar su rostro para ver su camino, su corazón se estrujó- Inuyasha…

Si minutos antes Kagome no les hubiera contado su historia, tan sólo se detendría y esperaría a que el ambarino pasase para poder continuar su camino. Pero ahora no, un sentimiento se apoderó de su cuerpo, plantándose frente a un sorprendido Inuyasha.

-¿Kikio?- sorprendido era poco, jamás desde que la conocía tuvo el placer hasta ahora de ver en sus ojos el destello de la rabia y el dolor, algo dentro de su pecho hizo una revolución que fue muy dolorosa y punzante- ¿Qué pasa?

Ella no respondió, optó por una rápida respuesta física. Sus nudillos crujieron horrible, el dolor igual fue indescriptible pero todo fue opacado por el gemido de dolor que salió de la boca del hombre.

Nunca en su vida había golpeado a alguien pero descubrió que era liberador.

-¡¿Qué demonios?- rugió Inuyasha con la mano en su mejilla que ya comenzaba a adquirir un lindo hematoma.

-¡¿Ya estarás contento, verdad?- exclamó atrayendo la atención de varios muchachos que pasaban en ese instante- ¡Eres un completo estúpido!

Inuyasha de un rápido movimiento apresó por el brazo a la mujer, que jadeó con dolor. Los dedos de él se cerraban herméticamente sobre su delgado brazo y apretaba fuertemente.

-¡No me vuelvas a llamar estúpido!

Varios expectantes quisieron intervenir pero no se atrevían porque la fin y al cabo él era un príncipe tal vez no el heredero pero aún poseía poder. Un hombre se giró con brusquedad hacia una mujer que tenía los ojos desorbitados de miedo.

-Tú- con eso la hizo salir de ese trance y posó sus claros ojos sobre él- ve a buscar a Kagome-sama, ella es la única que lo detendrá, debe estar en los dormitorios la vi hacer rato con Koga y Ayame.

La mujer asintió antes de salir despavorida con dirección a los dormitorios femeninos. Qué gracias a Dios estaban a unos minutos del lugar. Como si de una presa perseguida por un depredador alcanzó los dormitorios rápidamente para poder comunicar el mensaje.

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Inuyasha sentía la sangre hervir.

-Pero eso eres- prácticamente escupió con repugnancia- un estúpido e idiota que recurrió al chantaje para que Kagome terminara con Sesshomaru- terminó por gritar.

Las exclamaciones ahogadas llenaron el aire y las caras de incredulidad se transformaron en unas llenas de indignación.

-¡Cállate!

-¡NO, INUYASHA! ¡Ya estoy harta de querer ser perfecta para ti, hacia todo por permanecer a tu lado!… ¿Y sabes qué? Ya no haré nada para complacerte. Se acabó la linda y perfecta Kikio, la muñeca de porcelana… ahora verás de lo que soy capaz.

Él la soltó como si su simple contacto le doliera, como si su suave y fina piel se hubiera vuelto punzante y ardiera al tacto de sus yemas. Temor. Fue lo que inundó el alma de Inuyasha, un temor de que ahora todo le era imposible, ya nada era como lo planeó.

-Yo…

-¡Tú nada! ¡¿Ya debes estar feliz?- al dar un paso, él retrocedió uno- ¡Lo conseguiste, conseguiste que Kagome se separar de Sesshomaru pero sabes una cosa- Inuyasha tembló, el oír que Kagome no estaba ya con se hermano causo cierta revolución en su pecho al mismo tiempo que la culpa lo comenzaba a asfixiar- ella nunca volverá a enamorarse de ti!

-No ella…- ahora no estaba seguro de nada.

Kagome se abrió paso entre la multitud seguida por Ayame y Koga, a la morena le latía el pulso a toda velocidad, desde hace unos segundos oía las reclamaciones de Kikio para Inuyasha, la furia que se distinguía en su voz era nueva para todos.

-¡Ella volverá a su reino, idiota! ¡SE VA A CASAR!

Silencio.

Ahora muchas cabezas miraban a la morena que se hallaba paralizada. Las preguntas comenzaron a resonar por todo el lugar.

-¿Reino? ¿Qué reino?

-¿Te vas a casar? ¿Con quién?

-¡Kagome-sama, no se case!

Esas preguntas la empezaron a marear y no atinaba a responder a ninguna, ocasionando más incertidumbre.

-¡SILENCIO!- Koga levantó las manos para hacer callar las voces indiscretas y curiosas- ¡Ahora aquí no hay nada que…!

-Espera, Koga- Kagome se adelantó- creo que se merecen la verdad- él la miró con duda pero se retiró dándole el lugar al frente de la multitud, con su ceño fruncido por la preocupación.

-Kagome yo…- Kikio se movió hacia su amiga, avergonzada de haber metido la pata de esa manera pero la rabia dejó salir de sus labios esas palabras.

-Tranquila, Kikio- le mandó una mirada con una sonrisa antes de volverse para encarar a sus compañeros- yo no soy Higurashi Kagome sino Tama Kagome, heredera al trono de Shikon.

Esas palabras las repetía tanto que ya no salían forzadas como antes aunque el mismo sentimiento de angustia permanecía incomodándola.

Esa revelación agarro desprevenidos a todos, que la miraron primero con recelo pero al ver la verdad en sus pupilas comenzaron a chiflar a aplaudir… porque en el fondo esa revelación no cambiaba la forma de verla, seguía siendo esa mujer que todos amaban, esa mujer que había movido de arriba a bajo el instituto. Porque ignoraban las leyes, ignoraban lo que esa noticia acarreaba para ella.

Y Kagome sonrió porque esa mezcla de alegría y júbilo es lo que le faltaría en su vida.

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-¿Me dejas tu i-pod?- Kagome rodó los ojos exasperada.

-Ayame no me estoy muriendo- exclamó, arrebatándole ese rectángulo de las manos- ¿Vas ayudarme a empacar o a perjudicar?

-Sí por mi fuera yo desempacaría- murmuró enfuruñada.

Kagome suspiró, dejó de poner en orden su ropa para sentarse al lado de su pelirroja amiga, la cual estaba acurrucada en la cama echa un ovillo entre las mantas. Acarició esos cabellos fuegos con ternura.

Ayame se dejó hacer.

-¿Por qué no estas triste? ¿O mínimo haciendo una rabieta?

-¿Me serviría de algo? No, Ayame… no tiene caso, además debo terminar de empacar y de…

-¡No digas guilipolleces!- se incorporó de la cama, sobresaltando a su amiga- ¡¿No estas triste? Claro que estas triste, te vas a ir, nos dejaras como una brisa en verano- encuadró su rostro entre sus manos- y sobretodo… nunca volverás a ver a Sesshomaru…

Kagome tembló de angustia. Claro que sabía eso, su mente se encargaba de recordádselo una y otra vez, volviéndola cada vez más frágil. Temiendo que fuera a romper a llorar en cualquier momento… no quería mostrarse así frente a sus amigos, quería mostrarles a una Kagome fuerte, querían que la vieran con una sonrisa, no con el rostro lloroso y el corazón roto.

-Si vas a llorar, hazlo… tú has estado cuando más lo hemos necesitado, ahora nosotros estaremos aquí y ahora, porque tú nos necesitas.

Y nada impidió que las lágrimas surcarse a través de sus parpados para empapar las manos de Ayame.

-¡Ayame no me quiero ir!- sollozó- ¡Quiero quedarme con ustedes! ¡QUIERO A SESSHOMARU!- hipó sin contenerse más- ¡Lo necesito! Necesito sus caricias, sus labios… lo necesito a él… ¡Ayame!

Ella rodeó a su moren amiga con los brazos haciendo que pusiera su cabeza en la curvatura de su hombro, sintiendo las convulsiones que cada segundo aumentaban. No existían las palabras para consolarla, y si existían, ella no las conocía.

Inuyasha alejó los nudillos de la madera sin llegar a tocarla, los sollozos de Kagome fueron audibles para él. Sus pupilas perdieron el brillo que las caracterizaban, se sentía completamente destrozado, las palabras ahogadas por el llanto aún resonaban claramente en sus oídos.

¡Ayame no me quiero ir!

No te vayas, quiso decir.

¡Quiero quedarme con ustedes!

Quédate aquí, quiso argumentar.

¡Quiero a Sesshomaru!

Mírame a mí, quiso suplicar.

¡Lo necesito!

¡No! No lo necesitas, quiso objetar.

¡Necesito sus caricias, sus labios… lo necesito a él!

¿Acaso ya no hay lugar para mí?, quiso preguntar.

¡Ayame!

Llámame a mí, quiéreme a mí… necesítame como lo necesitas a él.

Se asustó al ver que enserio ya la había perdido. ¡No! Imposible, se repetía en su mente una y otra vez. Pero ya verdad ya estaba clavada en su subconsciente, quemándolo, hiriéndolo.

-Será mejor que te retires de este lugar, tu presencia no es bienvenida.

Kikio lo miraba con una expresión neutral, sin sentimiento alguno pero en su interior se encontraba muy triste. Sí, triste. Porque ella igual había escuchado los lamentos de su amiga.

Koga sujetó con más fuerza la maleta que traía en sus manos para evitar el impulsó de saltarle encima y propinarle un puñetazo.

-Quiero… hablar con Kagome.

-¡No!- el moreno se adelantó a su compañera para ahora ser él, quien enfrentara a Inuyasha- Ya has hecho bastante y…

-Koga- la voz de Kikio sonó bastante normal, como si estuviera en una conversación amistosa y no en un ambiente te tensión- cálmate… la que decide eso es Kagome.

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La puerta cerrándose hizo estremecer al ambarino, se cuadró al estar frente a la morena.

-¿Qué quieres, Inuyasha?

A ti. Fue lo primero que se le vino a la mente.

-Hablar- contestó finalmente.

-Ya lo estas haciendo pero sino te importa debo terminar de empacar y…

-No te vayas.

-Eso es algo tarde, ¿no crees?- contestó irónica, cruzándose de brazos- Inuyasha- él la miró con sorpresa hace bastante tiempo que no oía su nombre en los labios de ella pero la alegría no lo inundó, sabía que el hecho que ella lo volviera a llamar por su nombre era la despedida- ¿qué pensaba que haría una vez terminara con Sesshomaru? ¿Ir contigo?- no contestó porque ella no necesito una repuesta pues esos ojos dorados le daban todo lo que quería saber- Que equivocado estas… el amor que un día te tuve se acabó. No queda nada pero en tu egoísmo no solo me lastimaste a mí… también a Sesshomaru, a Kikio… y hasta a ti mismo.

Al verse complétame vulnerable, optó por cruzarse de brazos en un vago intentó de protegerse.

-Solo quiero que me respondas a una pregunta, honestamente, con la mano en el corazón ¿En verdad estás enamorado de mí?

Segundo antes hubiera contestado "sí" sin ningún problema. Ahora no se atrevía porque en verdad dio en el clavo, era un egoísta.

-Yo…

Eso momento de duda fue aprovechado por Kagome que atravesó el espacio que los separaba y tomó el rostro de Inuyasha entre sus manos para que la mirara directamente a los ojos.

-No me amas, no estas enamorado de mí- y le sonrió como mucho tiempo atrás hacía para calmarlo en sus rabietas- olvida esta obsesión enfermiza que tienes por mi persona y date cuenta de lo valioso que has perdido poco a poco.

-¿Lo valioso que he perdido?

Kagome ejerció más fuerza sobre las mejillas de Inuyasha, esos ojos ambarinos reflejaban tanta confusión como si de un pequeño niño se tratara. Fue tanto así que ella no pudo seguir enojada con él porque en verdad… Inuyasha era como un niño pequeño, el cual creía que le habían arrebatado unos de sus juguetes que le gustaban pero que nunca le tomó la importancia hasta que lo vio perdido. Pero sin contar que a su juguete favorito- aquel al que quiere y ama con todas sus fuerzas- lo esta dejando olvidado por una niñería.

-La amistad de Koga y Ayame, los cuales te defenderían con uñas y garras. Mi cariño incondicional y sobre todo has perdido el amor puro que te tenía Kikio.

-Pero yo…

-Shhh… reflexiona ¿hasta dónde has llegado por querer que yo estuviera contigo? ¿Qué has ganado? Mi querido Inuyasha… has perdido en vez de ganar, deshazte de tu orgullo y pide perdón… sólo así podrás comenzar de nuevo. De cero.

-Sí… es posible…

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Kikio, Ayame y Koga continuaban empacando todas la pertenencias de su amiga, bueno sólo las dos primeras porque él estaba más preocupado intentando oír lo que pasaba detrás de la puerta.

-Koga, por favor, deja de hacer eso- regañó su novia- sé de utilidad y ven a ayudar con esto… Kagome se va a las siente de la mañana.

-¡Ya sé!- exclamó- Pero no quiero dejarla ir… ¡Y no quiero saber que se fue de aquí con algún malestar causado por el estúpido de tu nov…!- se detuvo abruptamente al repara en lo que de sus labios comenzaba a salir- Yo… disculpa no era mi intención- no sabía muy bien que decir o hacer para borrar es palabra que aunque no logro salir completa era demasiado obvia como para no darse cuenta de cual se trataba.

Novio.

Kikio sacudió su melena negra antes de dirigirle una mirada de advertencia al su amigo. No debía importarle eso, debía resbalarle y darle cero importancia. Pero ¡oh!, sorpresa su corazón se negaba a dejar ir el recuerdo de Inuyasha, se aferraba con uñas y dientes a ese hombre que le causa tanto dolor.

-Kikio- Ayame tomó su mano entre un de las suyas tratando de tranquilizarla- Koga no lo dijo adrede, tan sólo se le escapó. Tú sabes como es él.

Está devolvió el apretón.

-Lo sé, es que en verdad no sé cuando su recuerdo dejara de afectarme y torturarme. Yo quiero olvidarle pero me doy cuenta que por más que tomé la decisión, mi corazón se niega a acatar esa orden, lo que me hace preguntarme ¿qué es lo que me sucede? ¿Por qué no puedo dejarlo ir como Kagome lo dejó antes?

-Porque en verdad lo amas con todo tu ser, esa es la razón- Kagome intervino- lo siento, escuché un poco antes de entrar.

Koga se apartó un poco para darle pasó a su amiga. El ambiente en la habitación bajo unos grados por lo dicho por la morena.

-Chicos- volvió a tomar la palabra- hay alguien que quiere hablar con ustedes.

-¡Ni de coña!- Koga ya estaba a la defensiva al ver a Inuyasha pasar tras ella.

Ayame se puso enseguida de parte de su novio, ella tenía su carácter y no iba a estar dispuesta a escuchar a Inuyasha pues para ella él era el causante de todo lo que pasaba.

Kikio tan sólo no quería escuchar nada por eso desvió su cara a un lado.

Esas reacciones molestaron a la heredera, ¡sí! Bueno Inuyasha cometió muchos errores pero ¿no todos merecen una segunda oportunidad?

-Me siento desilusionada- manifestó los tres se estremecieron pues esa voz no era para nada la que siempre escuchaban de las cuerdas vocales de su amiga, era más severa y mucho más firme, una que no dejaba que la debatieran pues llevaban verdad- ¿quién en este mundo no tiene derecho a equivocarse y pedir perdón? ¿Quién no tiene derecho a caer y poder levantarse?- ellos no supieron que contestar- ¿Acaso ustedes negaran a alguien una segunda oportunidad? ¿La oportunidad de redimirse?

Él no lo merecía, Inuyasha así lo sentía pero…

-Kagome, déjalo así- ella le miró mal- yo sé que lo que hice es difícil de perdonar ¡Yo sé- continuó rápidamente al ver como la morena tenia la intención de rebatir- que tú me has dado la oportunidad de empezar de cero!- sus hombros se movieron ligeramente hacia abajo- Pero no le pidas eso a ellos… hay cosas que no todos perdonan con facilidad, no como tú.

Con una ligera media vuelta salió de nuevo, dejándolos solos.

-Kagome…

-Sólo escúchenlo, es mi última petición antes de que nos separemos ¿lo harían por mí?

Eso fue un golpe bajo y ella lo tenía muy en cuenta pero así ellos lo escucharían o mínimo no tratarían de matarlo hasta que terminara de hablar.

-Si no tengo otra opción- refunfuño Koga.

Y con eso fue la redención para las otras dos. Pues si Koga accedía las otras dos no iban a poder convencerlo de lo contrario. Victoria.

-¿Entonces ya empacaron todas mis cosas?

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-¿Sí?- Sango se frotó varias veces sus parpados antes de poder enfocar bien la figura de la persona frente a ella- ¿Kagome?

-Soy yo ¿Por qué siempre preguntan eso si ya la estas viendo?- la castaña sonrió apenada.

-¿Qué pasa, Kagome? ¿Ya no… vas a ir al reino?

Kagome se frotó su cuello- ¿Puedo pasar?

-Claro, adelante.

El tic-tac del reloj anunciaba que el tiempo seguía trascurriendo, la Luna ya se encontraba en su punto más alto, la brisa nocturna se escuchaba con claridad en el silencio de la academia. Sango se sentó en s cama con las piernas cruzadas, tomando la posición de indio, esperando a que su hermana revelara el porque de su visita tan de noche, como si de una reunión secreta se tratara.

-Quiero que te quedes aquí, sólo yo iré al reino.

-¿De qué hablas?

-Dentro de unos días será el cumpleaños de Sesshomaru y su coronación- Sango escuchaba atentamente a las palabras de la mayor- la heredera de Shikon es quién debería estar en esa ceremonia pero… no sería lo más indicado que yo me presentara por eso te relegó esta obligación a ti… ¿me harías este favor?

La verdad esperaba una negativa. Un rotundo no.

-Por supuesto, yo ocuparé tu lugar en la ceremonia.

Porque no podía negarse, no ahora que sabía la verdad. No ahora que sabía lo que ella sacrifico por su persona.

-Gracias…

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-Koga enserio no tienes que cargar mi maleta.

-Kagome enserio no deberías estar yendo con rumbo al aeropuerto- burló aunque en su tono se traslució la tristeza que llevaba guardado.

Sus pasos se volvieron mas lentos, el silencio los envolvió… ambos estaban solos las otras dos ya estaban en la entrada principal esperando le taxi, fue Koga el que se ofreció en ir a buscarla para que no llegara tarde a su vuelo.

-…Koga.

-Lo siento… me es inconcebible la idea de que te iras de mi lado.

-Me verás de nuevo en mi boda… y podrás ir a visitarme cuando quieras y…

-No, Kagome. Ya no serás la Kagome que conocí, cambiaras… yo sé que cambiaras…

Él no se refería a un cambio por tener de nuevo el poder, las comodidades… sino al cambio que ocasionaría el casarse con alguien por puro compromiso en vez de casarse por amor. Un compromiso de esa magnitud siempre cambia a las personas.

Ella no respondió porque no sabía que le depararía su futuro, ni siquiera estaba segura de su nuevo camino.

-Prométeme que no cambiaras…

-Lo intentare, Koga. Lo intentare.

Con esas palabras él pasó su brazo alrededor de los hombros de ella, acercándola para poder caminar de esa manera… intentando reconfortarla al mismo tiempo que intentaba el mismo reconfortarse.

El silencio era cómodo, sin ningún tipo de inquietud hasta que…

-Sesshomaru…

Y todo cambió, Koga la sintió tensarse de inmediato, sus ojos viajaron hacia al frente constatando que el nombre susurrado con anhelo y miedo era de verdad de él.

-Mira la frente, nunca a él- murmuró contra el lóbulo de su oreja- sé fuerte yo estoy contigo.

Las piernas de ella no aguantarían nunca pensó que él iría a la escuela, por lo menos no mientras ella estuviera, tragó saliva al ver que pronto se cruzarían.

¿Él la miraría? ¿Le reclamaría algo? ¿La humillaría?

Su corazón latió desembocado al verlo a tan solo unos metros. Fueron unas milésimas de segundo pero sus ojos se cruzaron con los ambarinos contrarios y fue todo…

Todo lo que necesito para saber que ya sería recibida en el reino… para saber que el corazón de Sesshomaru ya nunca le pertenecería.

¿Preguntan que vio en esos ojos? No, no fue odio, enojo o siquiera reproche. Nada fue lo que encontró en las orbes de su hombre amado.

No encontró reconocimiento alguno en ellos, ella había desaparecido del ser de él. Ahora era una perfecta desconocida.

No lloró. No había porque, ella decidió que fuera así. El dolor le daría fuerzas para continuar…

Para continuar…

-Kagome debes continuar… ¿Kagome?- al voz de Koga le llegaba lejana como sino estuviera a su lado, como si su brazo no estuviera sobre sus hombros.

Kagome se detuvo al mismo tiempo que Sesshomaru… ambos lo sabían, si se volteaban no continuarían.

Sesshomaru movió minúsculamente su cuerpo hacia un lado como si estuviera debatiéndose entre girarse o seguir caminando.

-Es la hora…

Y fue como un pensamiento compartido y no sólo de Kagome porque volvieron a retomar sus caminos, alejándose el uno del otro.

-…de despojarme de los recuerdos.

Continuara.

Espero que a mi regreso tenga mucho, mucho reviews OwO aunque sean reviews de amenaza por la forma de terminar este capitulo. Por favor hagan feliz a esta escritora promedio para seguir con este FF.

Hoy me marchó a las 5:30 de la mañana, deseadme suerte.

Los quiero.

FiraLili