Disclaimer: Sakura y todos los demás personajes no me pertenecen, le pertenecen a Clamp, mentes maravillosas, y la historia pertenece a Sherryl Woods, sólo adapto esta historia sin fines de lucro.

Un Lugar Mágico

Capítulo 13

Sakura estaba como loca de rabia cuando llegó de casa de Shaoran. La idea de que Ieran y él fueran demasiado problemáticos, y por eso no merecieran ser amados, era sencillamente ridícula. ¡Ese hombre era idiota! Un padre tierno y dedicado, pero un idiota al fin y al cabo. ¿Cómo podía habérsele ocurrido que ése era el motivo por el que ella no quería estar con él? ¿Acaso la creía tan superficial?

Estaba murmurando algo sobre su estupidez cuando salió del coche y vio a Pam esperándola sentada en los escalones del porche… y observándola con evidente regocijo.

—¿Algo o alguien te ha hecho enfadar? —le preguntó en tono falsamente inocente.

Sakura consideró la idea de ser discreta, pero enseguida la descartó. Quizá Pam pudiera ayudarla a comprender lo que había ocurrido. Después de todo, Jeff y ella eran los mejores amigos de Shaoran y lo conocían desde hacía años.

—Shaoran —dijo con claridad—. ¿Quién si no?

—Es testarudo como una mula —convino Pam—. ¿Qué ha hecho ahora?

—¿Sabías que ha logrado convencerse a sí mismo de que Ieran y él son demasiado problemáticos como para que una mujer quiera aceptarlos? Por eso no quiere comprometerse en ningún tipo de relación.

Pam asintió lentamente.

—Lo había supuesto, aunque él nunca lo ha admitido ante mí. Supongo que es lógico, teniendo en cuenta todo lo que ha pasado, primero con Meiling y ahora con los problemas de comportamiento de Ieran.

—¿Y por qué demonios no le has dicho que está loco? —exigió Sakura—. Alguien tiene que entrar en esa cabezota suya antes de que arruine su vida.

Pam se echó a reír.

—No creo que yo pueda convencerlo. Creerá que soy capaz de decirle cualquier cosa con tal de conseguir que vuelva a salir con mujeres. Necesita algún tipo de prueba de una mujer que sea lo bastante valiente para no hacer caso de todas esas barreras que se esfuerza en levantar —miró a Sakura con gesto especulativo—. ¿Eres tú esa mujer? ¿O acaso ha conseguido asustarte?

Sakura se sentó a su lado en el escalón. Ésa era la cuestión. ¿Estaba jugando o, después de todo lo que le había dicho a Shaoran sobre marcharse, estaba realmente dispuesta a arriesgarse? Sus dudas no tenían nada que ver con los problemas que pudieran tener Shaoran y Ieran. Eran dos personas maravillosas. El problema era lo poco que confiaba en sí misma, eso era lo que le impedía meterse de lleno en la relación.

—Sinceramente, no lo sé —admitió por fin.

—Entonces no le des esperanzas —le aconsejó Pam—. Si lo haces y después cambias de opinión, Shaoran sí que no será capaz de volver a creer en el amor.

Sakura la miró frunciendo el ceño.

—Vaya, a eso le llamo yo no presionar.

Pam la observó, no había señal de lástima o de arrepentimiento en su rostro.

—Tienes que comprender algo, Sakura. Tú me caes bien y me encantaría ser tu amiga, pero ahora mismo mi prioridad es Shaoran. Ieran y él ya han sufrido bastante. La niña está mil veces mejor que cuando llegaron a la ciudad, pero, como has podido comprobar hoy, sigue teniendo sus momentos. Otro trastorno podría destruir todos los avances que ha hecho. Y lo mismo le pasa a Shaoran. ¿Te imaginas lo que debe de ser saber que su pequeña depende sólo de él y que su mujer le demostrara con su comportamiento que Ieran y él no eran lo bastante importantes como para intentar superar su problema?

—No, no puedo —dijo Sakura con un suspiro. Pero sí sabía cuánto dolían el abandono y la traición.

Se hizo un incómodo silencio entre ambas mujeres. El sol por fin había conseguido abrirse paso entre las nubes y proporcionaba un poco de calor. Sin embargo, Sakura sintió un escalofrío.

Pam se volvió a mirarla.

—Entonces ¿qué es lo que te frena? ¿Por qué te cuesta tanto tener una relación de verdad con Shaoran?

—Es una larga historia.

—Tengo tiempo.

—La verdad es que no quiero hablar de ello.

—¿Tan horrible es? ¿Sigues enamorada de alguien?

—¡No! —dijo con amargura—. Es que no quiero que sepas lo estúpida que fui.

Pam la observó detenidamente y después se echó a reír.

—Elegiste mal, ¿eh?

—Ni te lo imaginas.

—¿Lo sabe Shaoran?

—Sí.

—Eso está bien. ¿Puedo decirte una cosa más antes de irme?

Sakura no creía que pudiera impedírselo, así que asintió.

—Con Shaoran nunca elegirías mal. Es uno de los mejores hombres que conozco, aparte de Jeff, por supuesto.

—Por supuesto —repitió Sakura sonriendo.

—Serías una tonta si lo dejaras escapar —insistió Pam.

No sería la primera vez que Sakura había sido una tonta en lo relacionado con el amor. Aunque no había ni punto de comparación entre Shaoran y Toshio, eso era evidente incluso para ella.

Pero… ¿quedarse allí? Porque eso era lo que tendría que hacer si quería estar con Shaoran. ¿Estaba dispuesta a realizar un cambio tan radical? ¿Estaba preparada para confiar en alguien, sobre todo después de sólo unas semanas, y estar segura de que esa vez lo había hecho bien? Seis meses no habían sido suficientes para darse cuenta de que Toshio le estaba mintiendo.

—Piénsalo, es lo único que te pido —dijo Pam—. Ahora será mejor que me vaya, antes de que Jeff venga a buscarme. No le haría mucha gracia saber que he venido a entrometerme de nuevo en sus vidas.

—Yo, en cambio, me alegro de que hayas venido —admitió Sakura—. Después de lo ocurrido, ha sido agradable llegar a casa y ver una cara amiga.

—Si alguna vez necesitas alguien con quien hablar, llámame. Soy famosa por mis excelentes, aunque no muy imparciales, consejos.

—Puede que te tome la palabra.

De hecho, tenía la sensación de que iba a necesitar todos los consejos posibles. Quizá incluso se viera obligada a llamar a sus hermanas, aunque eso sería el último recurso porque rara vez estaban de acuerdo en nada relacionado con el amor. Las únicas veces en las que estaban de acuerdo era cuando alguna de ellas necesitaba apoyo moral, entonces acudían todas en tropel a proteger a la que estuviera en apuros. Resultaba reconfortante saber que estaban allí, pero, en el fondo, Sakura sabía que para esa decisión dependía única y exclusivamente de sí misma.


—He oído que Ieran tuvo un mal día ayer —comentó Jeff a Shaoran en un descanso del trabajo.

—Supongo que te lo dijo Pam —adivinó Shaoran. Había veces, y ésa era una de ellas, en las que se arrepentía de haber puesto el nombre de Pam en el primer lugar de la lista de contactos de emergencia del colegio. Pero, en su momento, había agradecido enormemente poder contar con ella.

—Claro —confirmó Jeff—. Me dijo que la habían llamado del colegio y que después había ido a ver a Sakura.

Shaoran frunció el ceño ante aquel nuevo dato.

—¿Ah, sí?

—Ya sé —dijo Jeff a modo de disculpa—. Le dije que se mantuviera al margen de todo esto, pero ya conoces a Pam. Los quiere mucho a los dos y lo hace con buena intención.

—Estoy seguro de ello —murmuró Shaoran secamente. Todo el mundo sabía que Pam tenía buenas intenciones, pero a veces las cosas le salían mal. Como la vez que había emparejado a una amiga con un cliente del vivero y después había descubierto que el tipo tenía una aventura con la mejor amiga de la mujer. Ni que decir que después había habido tres personas muy enfadadas con Pam.

—¿Qué tal está Ieran hoy? —preguntó Jeff, cambiando de tema con maestría.

—Parecía estar bien cuando la he dejado en el colegio —pero aún no sabía cómo tomarse que le hubiera pedido que la dejara una calle antes del colegio en lugar de llevarla hasta la puerta. Quizá había hecho caso a su consejo de ser más considerada con los sentimientos de Kevin o quizá tratara de demostrar que no era una niña pequeña. Shaoran sospechaba que era lo segundo.

Fuera por el motivo que fuera, Shaoran había tenido una sensación muy extraña al verla alejarse sola y no se había marchado hasta asegurarse de que había llegado sana y salva. Era consciente de que aquello era un punto de inflexión. Le gustara o no, Ieran se estaba haciendo mayor.

Aún más extraño iba a resultarle llevarla esa tarde a casa de Sakura y dejarla allí para su «cambio de imagen», como lo había llamado Sakura. El que hubiera preguntado por ella durante el berrinche en el colegio lo había dejado preocupado. Nunca antes había preguntado por nadie que no fuera él. ¿Sería otro signo de que el mundo de su hija estaba creciendo o una advertencia de que el vínculo que había establecido con Sakura era demasiado estrecho? No tenía la menor idea de cómo interpretarlo.

—Oye —le llamó la atención Jeff—. ¿En qué planeta estás? ¿Hay algo que no me hayas contado?

—Ieran va a pasar la tarde en casa de Sakura.

—¿Y eso es un problema?

—Ojalá lo supiera.

—Pero tú quieres que se lleven bien, ¿verdad?

—Claro.

Fue entonces cuando Jeff comprendió lo que le ocurría.

—Pero tienes miedo de que Sakura se vaya y le rompa el corazón a Ieran.

—Algo así.

—¿Y el tuyo? —adivinó Jeff.

—Lo único que me preocupa es Ieran.

—Mentiroso. ¿A quién intentas convencer? ¿A mí o a ti mismo?

Shaoran lo miró con desesperación.

—Esto se está poniendo muy difícil.

—En cualquier caso, creo que podrías hacer cosas mucho peores que proponerle a Sakura Kinomoto que forme parte de tu vida.

—Ése es el problema. Ya he hecho algo peor —confesó por fin—. No creo que pudiera volver a sufrir ese caos emocional. Y Sakura no está precisamente saltando de alegría ante la perspectiva, así que quizá sea mejor no seguir intentándolo.

—Tal vez no tengas que pasar por ningún caos —dijo su amigo en tono filosófico—. Puede que Sakura sea tan perfecta como crees y su futuro esté lleno de felicidad. ¿Estás dispuesto a perderte todo eso porque tienes miedo de que la historia se repita?

Por desgracia, Shaoran llevaba ya muchos años viviendo con ese miedo. Un miedo que le había hecho protegerse y alejarse del peligro de otro fracaso amoroso. Y ahora resultaba muy difícil abandonar las viejas costumbres… aunque las posibles recompensas fueran maravillosas.

—Supongo que conseguiré tomar una decisión cuando llegue el momento —vaticinó después de una larga pausa.

—Me temo, mi buen amigo, que el momento ya ha llegado.

Shaoran respiró hondo. Sí, él también tenía la sensación de que había llegado el momento.


Shaoran dejó a Ieran en casa de Sakura a las tres y media con la promesa de volver cuando hubieran acabado sus pasatiempos de chicas. Ieran había salido corriendo al baño a ver la selección de esmaltes de uñas y de prendedores de pelo que Sakura había preparado para ella. Shaoran sin embargo no había pasado del recibidor. Observó a su hija alejarse por el pasillo como si quisiera seguirla hasta estar seguro de que estaba bien.

—Si quieres, puedes quedarte —le ofreció Sakura con dulzura.

—No —dijo él—. Seguro que estará bien.

—Claro que sí —confirmó Sakura—. Además, tengo tu número de teléfono y te llamaré si surge el menor problema.

Shaoran asintió con más tranquilidad.

—Cuando vuelva, traeré esa pizza que tanto te apetecía el otro día, una grande con todo —prometió—. Gracias por lo que estás haciendo por ella.

—No hay de qué —respondió Sakura—. Será divertido.

Finalmente, se dispuso a marcharse, pero volvió a titubear.

—A veces es necesario tener mucha paciencia con ella; sobre todo, cuando está cansada.

Sakura vio la preocupación en sus ojos y se enamoró un poco más de él. A ese paso, pronto no habría marcha atrás.

Le puso la mano en el brazo, sintió cómo el músculo se ponía en tensión y luego volvía a relajarse.

—Estaremos bien —le aseguró de nuevo—. Y no perderé la paciencia.

—Lo sé. Es que no suelo dejarla con desconocidos.

—Yo no soy una desconocida.

—Lo sé, y ella estaba deseando venir. Se puso como loca cuando le dije que el plan seguía en pie. Tenía miedo de que no quisieras que viniera después de lo que ocurrió ayer.

—Shaoran, deja de preocuparte. Sólo van a ser un par de horas —le recordó—. Y vamos a estar tan ocupadas que se pasará el tiempo volando.

—Dos horas —repitió él—. Asegúrate de que sepa que yo estaré de vuelta en dos horas. Ya se lo he dicho, pero puede que necesite oírlo otra vez.

—Se lo diré.

Pero seguía nervioso.

—A lo mejor debería quedarme —dijo entonces—. Podría trabajar un poco en el jardín. Ieran ni siquiera sabría que estoy aquí, a menos que pasara algo.

Sakura se dio cuenta entonces de que la ansiedad que sentía iba más allá de la preocupación de un padre a la hora de separarse de su hija por unas horas. Shaoran había dedicado los últimos seis años de su vida a esa niña y a sus problemas, era lógico que se sintiera perdido al alejarse de ella.

—Si quieres, a mí me parece bien —dijo Sakura—. Pero tengo la sensación de que tú necesitas este descanso tanto como Ieran.

Shaoran se quedó en silencio unos segundos, considerando su opinión.

—Sí, creo que tienes razón —admitió por fin. Después la miró de un modo que le encogió el corazón—. Se está haciendo mayor, ¿verdad? —le preguntó con extraña tristeza.

—Sí —dijo ella sonriendo—. Pero todavía le queda mucho por delante, seguirá siendo tu pequeña durante bastante tiempo.

—Supongo que debería ir acostumbrándome —afirmó con resignación.

—Hoy es muy buen día para empezar. Cuidaré muy bien de ella. Te lo prometo.

Sólo cuando lo vio alejarse hacia el coche y echar un último vistazo a la casa, Sakura comprendió la magnitud de lo que acababa de ocurrir. Shaoran Li acababa de confiarle lo más preciado que tenía en su vida.

Cualquier duda que hubiera podido albergar sobre él o sobre su buen juicio a la hora de enamorarse se desvaneció de golpe. Sólo necesitaba ver cómo el alma de Shaoran se reflejaba en su mirada. El último vestigio de la barrera protectora que Sakura había construido alrededor de su corazón se desmoronó. Amaba a aquel hombre y sabía que estaba bien… Ya no había marcha atrás.


Shaoran no sabía qué hacer. Tenía dos horas por delante y no se le ocurría nada.

Acababa de salir de casa de Sakura y ya sentía la tentación de llamar para ver qué tal estaban. Pero no lo hizo porque no quería parecer más idiota y protector de lo que ya parecía.

Se sobresaltó al oír el timbre del teléfono. Respondió con el corazón en la garganta, seguro de que había ocurrido un desastre. Seguramente Ieran había pintado el baño con el esmalte de uñas mientras Sakura y él hablaban en el vestíbulo. O quizá había encontrado las tijeras y se había cortado el pelo ella misma. Su imaginación le ofrecía mil y una posibilidades, hasta que se dio cuenta de que la voz que había al otro lado de la línea no era la de Sakura.

—Nos vemos en Graingers —dijo Jeff sin preámbulo alguno.

—¿Ahora? —preguntó Shaoran mientras los latidos de su corazón volvían a la normalidad—. Me he ido de allí hace menos de una hora.

—¿Tienes otra cosa que hacer? Ieran está con Sakura, ¿verdad?

—Sí.

—Entonces ven ahora mismo.

Su amigo colgó antes de que Shaoran pudiera preguntarle qué era tan importante que no podía esperar al día siguiente.

Condujo los veinte kilómetros que había hasta Graingers protestando por la llamada de Jeff. Cuando se había marchado, hacía una hora, no había ningún problema, ningún desastre potencial en el horizonte. Al llegar y ver a Jeff sentado en un tronco junto al río, las protestas de Shaoran aumentaron.

—¿A qué viene tanta urgencia? —preguntó en cuanto se bajó del coche.

—No hay urgencia alguna —respondió Jeff con total tranquilidad.

Shaoran lo miró sin comprender.

—Entonces ¿qué hago aquí?

—Tomarte una cerveza —dijo Jeff ofreciéndole una botella.

Pero Shaoran no la agarró.

—Explícate.

—Pensé que estarías nervioso, así que te estoy proporcionando un entretenimiento. Te habría dicho que fuéramos a un bar, pero supuse que no accederías a ir.

—¿Estás loco?

—No, creo que no. Estoy en un lugar bonito y tranquilo, intentando tomarme una cerveza con mi amigo. ¿Qué hay de loco en eso?

Shaoran podría haberle dicho una docena de cosas, pero prefirió sentarse a su lado y aceptar la cerveza. Lo cierto era que tenía dos horas por delante y nada mejor que hacer, aparte de preocuparse.

—¿Cómo sabías que estaría histérico? —le preguntó después de unos segundos.

—Intuición. Eso, y la cara de angustia con la que me has contado que Ieran iba a pasar la tarde en casa de Sakura. Amigo, tienes que tomarte estas cosas con un poco más de tranquilidad. ¿Quieres que Ieran viva pegada a ti el resto de su vida?

—Pero aún me necesita —aseguró Shaoran—. Sólo tiene seis años.

—Lo que necesita es darse cuenta de que puede estar bien con alguien que no sea su padre —le rebatió Jeff.

Shaoran frunció el ceño.

—Lo sé. Por eso a veces la dejo con ustedes.

—Sí, el tiempo justo para ir al supermercado. Lyssa lleva siglos suplicando que Ieran se quede a dormir alguna noche, pero siempre te niegas en redondo.

—Es demasiado pequeña para dormir fuera de casa —respondió Shaoran—. Además, Ieran y Lyssa se llevan muy bien durante un par de horas, luego empieza la guerra y yo no quiero que ustedes tengan que pasar por eso.

—Se pelean y después hacen las paces. Es lo que hacen los niños. ¿Es que no has visto cuando los míos empiezan a pincharse los unos a los otros?

—Eso es diferente.

Jeff lo miró con curiosidad.

—Ésa sí que es buena. ¿Y por qué es diferente?

—Porque son hermanos.

—¿Y eso hace que las peleas sean más fáciles de aguantar?

—No, pero son tus hijos —dijo, consciente de que lo que decía no tenía mucho sentido.

Si Jeff y Pam podían con sus tres hijos cuando empezaban a pelearse, añadir una más al caos no iba a superarlos. Racionalmente lo sabía…, pero emocionalmente le resultaba más difícil de asimilar. Ieran era su responsabilidad, no la de ellos.

—Para nosotros, Ieran es parte de la familia —le recordó Jeff—. Y no tenemos problema alguno en castigarla si se porta mal.

Shaoran levantó las manos en señal de rendición.

—Está bien. Puede pasar la noche en su casa cualquier día de estos.

—El viernes —propuso Jeff aprovechando la oportunidad—. Así podrás salir con Sakura y tendrán la noche entera para ustedes —le sugirió con un guiño—. Tú también puedes quedarte a dormir en otra casa.

Sin duda, era un plan atractivo, pero Shaoran no sabía muy bien qué opinaba de que, de repente, hubiera tanta gente tratando de hacer que se separara un poco de Ieran. O quizá que se uniera más a Sakura… Todo estaba yendo demasiado rápido.

—Ni se te ocurra decirme que no piensas aprovechar la oportunidad que te brindo —le advirtió Jeff—. Sakura y tú toda la noche solos…

Era obvio que su amigo pretendía tentarlo y Shaoran tuvo que admitir que tenía razón una vez más. Lo supo en el momento en que se imaginó haciendo el amor con Sakura. Efectivamente, no podía dejar pasar la oportunidad.

—Hablaré con ella cuando vuelva a su casa. Puede que para entonces haya decidido que los Li no le convienen.

Jeff miró al cielo implorando ayuda.

—Me parece que deberías confiar más en tu hija. Últimamente, se porta bien la mayoría del tiempo y, sinceramente, está claro que Sakura está encantada con ella.

—Si tú lo dices —respondió Shaoran, aunque seguía teniendo sus dudas.

Miró al reloj y comprobó con sorpresa que, entre volver a la ciudad y recoger la pizza, iba a llegar incluso más tarde de lo que había prometido. Esperó a sentir angustia y necesidad de salir corriendo y llamar por teléfono para avisar a Sakura de que iba a llegar diez minutos más tarde. Pero no ocurrió nada. No se le hizo ningún nudo en el estómago. Sólo experimentó la reconfortante seguridad de que Ieran estaba en buenas manos.

Miró a su amigo con una enorme sonrisa en los labios.

—Te debo una.

—Desde luego.

—No me refiero a lo del fin de semana, sino a que has conseguido que me diera cuenta de que no hace falta que ande siempre detrás de Ieran.

—Entonces he cumplido mi misión —afirmó Jeff al tiempo que se ponía en pie—. Pam estará orgullosa.

—¿Esto ha sido idea suya?

—Por supuesto. ¿No pensarías que yo podía ser tan sensible?

Shaoran se echó a reír, más relajado de lo que había estado desde hacía mucho tiempo.

—Ahora que lo pienso, no.

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Notas de la escritora: Emmmm… hola! Jejeje, siento mucho no haber subido el capi ayer, pero estaba enfermita T_T en sí todavía me siento un poquito mal, así que sólo subiré el capi y volveré a dormir XD. A Pam le encanta meterse en la vida de otros y después se mete en problemas XD, viva! Sakura finalmente se dio cuenta de que a Shaoran lo ama con intensidad y es capaz de quedarse por él =D sólo falta que Shaoran no meta la pata, ah, no ¿verdad? Jajaja

Gracias a: lolilla, Endri-Chan, Celina Sosa, Emily Castro, saku.93, nagarAboshi4739, samihime, Princesa Sakura, Music Of The Sun, Estrella rosada, rocio e-chan, Carito-Chan0, darck Shaoran, Ale-Chan123, Sakury Li Fallz. Siento mucho no contestar sus Reviews pero de verdad todavía me siento mal :'(

Y gracias a: EstrellitaHoshiStar, Nataly Valentine, Little Soldier, Saa-Alice-chan, Ale-Chan123, por ponerme en sus alertas y/o favoritos ^_^ no olviden comentar va?

Ahora el adelanto:

¿Puedo quedarme toda la noche en casa de Lyssa?

Sí.

¿Y eso?

Me parece que ya eres lo bastante mayor, ¿no crees?

Pero tú te vas a quedar muy solo, papi.

No te preocupes, mi amor.

Tengo una idea. ¿Por qué no te vienes tú a dormir a casa de Sakura?

XD jajaja esa Ieran y sus ocurrencias verdad?

Bueno, ya me voy.

Se cuidan…

LQM…

Bye…