FORBIDDEN. (Lemmon)

Conseguí que Mark me dejase desayunar con él con una amenaza. Si no me dejaba comer no le dejaría salir de la cama, dicho así sonó tentador hasta que añadí que lo tendría atado con un collar de castigo para perros en cada pie y cada mano. Accedió a compartir conmigo, pero en el fondo pienso que me iba a dejar de todas formas, o con alguna condición que no llegó a proponerme porque me adelanté a él. Mark se duchó antes que yo, que me había entretenido con la tele y ahora no podía dejar de verla, pues en Nitro hacían "Colombo" y estaba muy interesante. La calefacción de su casa era bastante buena, al contrario que en la mía, que solía hacer mucho frío. Estaba acurrucada en el sofá, la mar de a gusto, cuando cierto personaje que estaba en la casa conmigo apareció por la puerta, buscando en un armarito del aparador. Desvié la vista un momento hacia él y seguí mirando la tele, pero volví a mirarle rápidamente y con los ojos como platos. Me quedé embobada mirando su espalda. Seguramente su pelo mojado estaría cayendo sobre su frente, y yo lo tenía de espaldas, con lo guapísimo que tenía que estar. Algunas gotas se formaban en la punta de su pelo y caían por su espalda. Como me hubiese gustado levantarme y empaparme al abrazarlo o lamer cada una de aquellas gotas de agua… Me sonrojé sin poder evitarlo y más aún cuando se dio la vuelta y me miró, con un brazo en la cintura. Sus palabras no llegaron bien a mis oídos.

-¿Por casualidad no querrás que te haga toda una mujer ahora mismo en algún sitio?-Preguntó.

-Si…-Susurré, con el corazón a mil.

-¿Dónde?

-Aquí mismo.

-Yo no los veo por ninguna parte.-Dijo, extrañado.

-¿El qué?-Me pareció que mi cerebro volvió a funcionar.-Es que no te oí bien.-Sonreí con torpeza.

-Que si por casualidad no habrás visto mis cascos para el MP4 en algún sitio.-Repitió.

-No, no los he visto.-Respondí avergonzada. Volví mi cabeza hacia la televisión y noté como se fue a su cuarto, a mirar en los cajones, seguramente. Me dirigí a la ducha y cogí algunas cosas de mi bolsa. Puse la mano en el pomo de la puerta y una mano húmeda se posó sobre la mía. Miré hacia mi izquierda y me topé con Mark, aún mojado y con un casco del MP4 reproduciendo la canción de Magnet, de Vocaloid.

-¿Por qué ducharte ahora? Puedes hacer otras cosas ahora y luego ducharte, porque te hará falta.-Dijo, mirándome fijamente. Apartó mi mano del pomo con suavidad y me arrastró hasta el dormitorio, conmigo aún temblando ligeramente. Seguía llevando esa maldita toalla alrededor de su cintura y su pelo seguía goteando sobre sus hombros, su cuerpo y de su nariz aún caían algunas gotas pequeñas. Rodeó mi cintura con sus brazos y empezó a besar mi cuello, sujetando mi pelo a un lado. Noté su saliva en el lado derecho de mi cuello y me estremecí. Acaricié toda su espalda con mis manos y no pude reprimir algunos gemidos. Me llevó a la cama y agarró la toalla. La miré y miré sus manos, que amenazaban con quitársela lentamente. En lo que me fijaba, me desaté la cuerda de los pantalones para poder quitármelos. Me miró y se rió. Se acercó a mí, aún con la toalla puesta y me arrancó la camiseta. Me dejó que siguiese con el pantalón y él continuó jugando con la toalla blanca. Mark movió sus dedos muy despacio y la soltó un poco. Me quité los pantalones y los tiré al suelo. Me mordí el labio inferior al ver como la soltaba otro poco. Empecé a notar que me aceleraba y que acabaría por no respirar. Un infarto es lo mínimo que me podía dar en aquellos momentos. La abrió lentamente y la dejó caer al suelo, quedándose frente a mí, de pie, ahí parado, completamente mojado. Tuve más ganas que nunca de sentirme así de empapada, pero en sudor, el sudor que él me obligaría a soltar por mis poros al hacerme suya. Separé las piernas formando un ángulo agudo y me moví hacia atrás, acercándome a la almohada. Él empezó a gatear hacia mí, desnudo, y me besó. Me besó como nunca y lo sujeté de la nuca para que ni se le pasara por la cabeza dejarme coger aire, daba igual si me moría por falta de oxígeno, moriría feliz. Sentí su mano deslizándose por mi cuerpo hasta mi cintura y agarró mis braguitas negras con ánimo de arrancarlas, pero sonó mi teléfono. Ahora no podía negarme a contestar a cualquier llamada y Mark lo sabía, así que me dijo que fuese a cogerlo. Corrí hacia el salón y lo cogí, ponía que era Edward.

-Dime… ¿Qué? Sí, sí… ¿Seguro que no vendrás a comer? … Parece que le has caído bien. Je, je… Ok, Eddie. Nos vemos… ¿Cómo que hasta esta noche? ¿Pero llevas llaves? … No muy tarde, ajá… Está bien… Yo también te quiero, si… No, Mark no tanto-Reí.-Hasta luego.-Colgué y volví con Mark.

-¿Quién era? ¿Era importante?-Preguntó, tapado hasta la cintura con las sabanas blancas que habíamos puesto aquella mañana.

-Solo era Eddie. Dice que mi vecino le iba a enseñar algunos objetos y dice que le invitó a quedarse a comer porque no había terminado de enseñarle todas las cosas. Edward me dijo una vez que quería trabajar en algo como ciencia o inventor y que por eso le interesaba tanto verlo.-Me senté a su lado.- También me ha dicho que luego va a buscar a Espe, por lo cual dice que no vendrá hasta la noche. Y ha dicho que nos quiere… A los dos.

-Sí, sí, eso dicen todos.-Bromeó Mark.-Genial, todo un día sin Edward.-Exclamó.

-¿Y sabes que es lo mejor?-Pregunté.-Que he apagado el teléfono.-Solté, como si nada.

-¿Ah, sí?-Preguntó, dándose cuenta de por dónde iban los tiros.-Pues hay otra cosa aún mejor.

-¿En serio?-Pregunté.

-Sí.-Dejó unos momentos de silencio en los cuales yo me empecé a poner tensa.-Y es que se me ha estropeado sin querer el timbre.-Comentó.

-Pues la cosa parece que mejora. Porque en tu casa no va a haber nadie.-Dije, bajando la persiana de la ventana del dormitorio.-Y además, a ninguno de tus vecinos se le ocurrirá pasarse por aquí, porque cuando oigan los gritos ni se van a querer acercar a la puerta.

-Eso suena demasiado bien.-Me cogió de la mano y me hizo tumbarme en la cama. Entonces se puso sobre mí, sonriendo como si estuviese maquinando el mejor plan de su vida.- ¿Seguro que no me tomas el pelo?

-Segurísimo. Edward no vendrá hasta la noche y como no hay timbre no podrá llamar. Tus vecinos no pasarán por aquí, estamos solos en la casa y los teléfonos están apagados. Creo que a mí me hace tanta ilusión como a ti.

-Perfecto.-Fue entonces cuando consiguió arrancar mis braguitas y las dejó a un lado.


-Mira, Edward. Esto es de lo mejor que tengo.-Dijo el profesor Daniel, acercando hacia mí un robot del tamaño de un niño de seis años.-Los chinos inventaron hace poco un robot. Era pequeño y hacía las tareas del hogar. Fácil de utilizar y de guardar, sin duda. Pero no era tan sofisticado como este robot. Míralo bien y dime qué te parece.

-Tiene… No sé… Es cómo una persona.

-Exacto, Edward, exacto.-Dijo, apuntándome con un dedo. Parecía un verdadero inventor, como los de las pelis. Me recordaba A Robin Williams, el de la película de Flubber. Casi empiezo a reírme.-Esto hace que sea familiar, que sea cómo tenerlo en casa y que no sea demasiado frío. Tiene articulaciones y su movimiento es más libre-tomó el brazo de metal y lo movió. Realizó movimientos como los que hacen las personas.- ¿Ves? Por eso les resulta más fácil hacer las tareas del hogar. Además su altura le permite alcanzar los objetos que más usamos, como una mesa de comedor, el televisor, una cama… Y es capaz de recibir órdenes y aceptarlas, como si mantuvieses una conversación con él. Si le das las gracias te contesta y si le preguntas dónde ha dejado algo es capaz de decírtelo, pues su memoria le hace recordar con imágenes donde lo puso por última vez. Y también si le dices donde has dejado algo para que te lo traiga es capaz de encontrarlo con el mapa y con su capacidad de reconocimiento de los objetos. Es capaz de asociar una palabra con un objeto.-Comentó.

-Es realmente asombroso.-Dije, bastante impresionado con lo que podía hacer este hombre.

-Y si le pones un nombre es capaz de reconocerlo y cuando lo pronuncies contestará y enseguida vendrá para atenderte.-Lo dejó a un lado. –Lo he fabricado en varios modelos. Chicas, chicos, altos, bajos… Para los gustos y para el estilo de casa en la que trabaje.-Dijo.

-¿Y qué más tiene?-Pregunté-¿Tiene algo súper innovador que vaya a sorprender al mundo?

-Estaba trabajando en algo así, pero el proyecto está aún a medias.-Aclaró.-Pero te puedo decir que será una revolución para el mundo y no insistas porque no sabrás nada sobre el tema.-Rió, guiándome a lo largo del sótano que había convertido en laboratorio/almacén.

-¿Cree usted que tengo madera de científico? No sé…-Me miró y me puso nervioso, pues estaba muy serio.- ¿Cree usted que yo podría llegar a ser como usted? ¿A crear máquinas asombrosas, a tener su imaginación para hacer todo esto?

-¡Por supuesto!-Rió-Simplemente tienes que saber que hace falta en el mundo y creerte capaz de hacerlo. Y además pensar en las comodidades. Sin olvidar que debes estudiar para saber cómo funciona, pero eso no dejará de hacer que falles, que cometas errores o que tengas que experimentar.-Apuntó.-Pero seguro que con tu curiosidad y tu inquietud eres capaz de hacer algo.-Me dio una palmada en el hombro.

-Ja,ja…-Sonreí y miré el reloj que había sobre la cabeza del profesor Daniel.-Perdone, profesor, pero creo que debería irme ya…

-Llámame Daniel.-Pidió.

-Está bien. Daniel, es la hora de comer y debería volver con mis amigos, ellos…

-Llámales y diles que te puedes quedar a comer aquí. Tengo muchas cosas que enseñarte todavía y mi mujer come en el trabajo. Puedes hacerme compañía.

-¿De veras?-Asintió. Saqué el móvil y llamé a Aida.- ¿Aida? ¿Recuerdas que estaba en casa de tu vecino? Pues me ha invitado a comer, que aún tiene que enseñarme muchas cosas… Seguro… Sí, es muy amable. Bueno, solo era eso… Oye, que no volveré hasta esta noche… No, Mark no ha hecho copias y no me iba a llevar sus llaves, no podríais salir de casa. No volveré muy tarde, solo buscaré a Espe un rato… -Reconocí.-Os quiero… ¿Y Mark? Ja, ja… Hasta luego.-Guardé el móvil en el bolsillo de mi pantalón.-Todo arreglado.-Dije sonriendo.


-Perfecto.-Fue entonces cuando consiguió arrancar mis braguitas y las dejó a un lado.

-Sí, más que perfecto. Nada podría haber salido mejor.-Le dije. Me besó de nuevo y le pasé las manos por la espalda. Pegó su cuerpo desnudo al mío, pero su pecho mantenía una pequeña distancia con el mío por si me hacía daño o me aplastaba. Separé aún más las piernas y sentí, otra vez, sus genitales rozándome. Apoyaba, desde su codo hasta su mano, los brazos a cada uno de mis lados. Se había puesto así para acercarse a mí, para mantener una distancia y así no caer encima de mí. Su mano derecha se movió y la miré de reojo. Vi como la ponía sobre mi hombro y la iba bajando despacio hasta mis caderas. Tenía que darme prisa. Pasé mi mano derecha por su brazo izquierdo hasta su hombro y entonces la bajé por su espalda hasta su cintura. Su mano se metió entre mis piernas y empezaron a acariciarme, por primera vez, sin ropa interior. Yo no iba a ser menos y le imité, y lo pillé por sorpresa, porque abrió los ojos y dio un respingo, con una sonrisa juguetona en los labios. Estuve durante un buen rato acariciando aquella zona sensible de su cuerpo y parecía que disfrutaba mucho. Y no voy a negar que yo tampoco podía quejarme, excepto cuando se separó de mí para que no pudiese aguantar mis gemidos, pero así él tampoco reprimía los suyos. Volví a sentir sus suaves labios sobre los míos una vez más, y durante un largo rato. Lo hizo con suma suavidad, como si quisiera hacer que me relajase. Cuando se separó de mí le miré fijamente y vi que ya no sonreía mucho, tenía, más bien, cara de preocupación.

-¿Estás preparada? ¿Crees que podremos hacerlo?

-Déjame un minuto.-Dediqué ese minuto a respirar y relajarme. Pensé en que, después de tanto tiempo, habíamos conseguido lo que buscábamos y que tenía más miedo que nunca. Pensé en cómo la gente hablaba del disfrute que proporcionaba, pero que la primera vez dolía. Pero este dolor tendrá su recompensa. Sí, ¿pero y si no va tan bien? ¿Y si me echo atrás? ¿Y sí me entra el pánico y no soy capaz de abrirme? ¿Por qué pensaba en todo esto si así era peor? Simplemente tenía que dejarme llevar, pero ya no me resultaba tan fácil. Deseaba estar con Mark, deseaba hacerle feliz y deseaba con todas mis fuerzas que me hiciera suya, entonces, ¿por qué no era capaz de hacer que mis piernas dejasen de temblar y abrirme de una vez? ¿Por qué se lo ponía tan difícil y por qué ahora me costaba tanto ponérmelo fácil a mí? Fue el minuto más largo y decisivo, hasta ahora, de mi vida. Sentí el impulso de decirle: "Tira… Sí total… esto luego no es nada…". Dejarle que simplemente empujase y así acabar de una vez, pero no quería.

-Hagamos una cosa.-Saltó de repente.-Yo me voy a buscar unas cosas y tú te relajas, ¿vale?-Acarició mi mejilla y me dio un beso en la frente. Asentí, temblorosa, y él se dirigió a la puerta.

-¡Mark!-Lo llamé, antes de que se fuera.- ¿Qué te parece si… si empujas y ya está? Te explico. Si no me… me abro, empujas y lo haces por la fuerza, porque si no, no lo conseguiremos nunca.

-¡Ni se me pasaría por la cabeza hacer algo así! Sólo necesitas relajarte. Era muy fácil estar en la cama, desnudos, sin hacer nada y calentándonos el uno al otro. Era más sencillo que nos interrumpieran e ir diciendo que queríamos hacerlo y que daba rabia que nos hubiesen interrumpido, pero a la hora de hacerlo de verdad entra el miedo y entran las dudas. Es la primera vez y es normal que tu tengas miedo a sangrar y a que duela y que yo tenga miedo de hacerte daño o de que algo salga mal y a ti te pase algo por mi culpa. Simplemente piensa si de verdad quieres hacerlo conmigo y si de verdad quieres que todo esto sea conmigo. Si realmente quieres que yo sea el primero y verdaderamente te apetece que pase ahora. En el momento en el que lo tengas claro estará solucionada una parte del problema. Después solo tendrás que saber que yo no te voy a hacer ningún daño y que si quieres parar solo tendrás que decírmelo y yo seré el primero que deje que te vistas y te vayas.-Tras el discurso, sonrió y dijo.- ¡Ay! Que se me olvida a por lo que tengo que ir.-Y salió riendo de la habitación.

Me quedé mirando la puerta por la que Mark acababa de salir y reflexioné en todo lo que dijo. Tenía razón, todo estaba en mi cabeza, en mi mente. Si yo me relajaba y pensaba en mí y en lo que quería todo sería más fácil. ¿De verdad quería que fuese con Mark? ¿De verdad quería a Mark? ¿Quería de veras que todo fuese así, allí y en ese momento? Mark entró de nuevo en la habitación y me hizo levantarme de la cama. Puso una sabana vieja sobre las sabanas blancas y cuando me acerqué sentí como si hubiese plástico debajo de ellas. Miré a Mark y no me hizo falta hablar.

-Es vieja, pero es impermeable. No quiero manchar nada de sangre y que mis padres me maten, no soportaría haber pasado tan poco tiempo contigo y haber muerto.-Rió. Se acercó a la cama y se sentó. Entonces me miró fijamente, mientras yo retomaba mi postura: tumbada boca arriba y con las piernas separadas.

-¿Me quieres?-Pregunté yo.

-Más que a nadie y que a nada en este mundo.-Contestó sin pensárselo, sin dudar o sin preguntar el porqué.-Te quería sin conocerte y en el momento en el que te tuve delante supe que te quería aún más. Y cada día que te miro esa sensación crece y todo lo que hay en mí desea estar contigo. ¿A qué viene eso?-Preguntó, rompiendo un poco el momento casi poético que había tenido.

-Porque me gusta oír cómo me lo dices y tu manera de expresarlo.

-A mí también me gusta decírtelo. Y que me lo digas claro, pero poder decírtelo es algo que me encanta, poder expresar lo que siento sin miedo es mejor que guardarlo y no soportaría no poder hacerlo.-Sonreí ante aquello.-¿Te has… decidido ya?-Preguntó, ahora con tono preocupado.-Me incorporé y le besé. Volví a tumbarme sin dejar de mirarlo.- ¿Eso es un sí?-Asentí.

Mark retomó su posición sobre mí y, tras pedirle con la mirada que me besase, durante cinco minutos, lo hizo. Creo que ahora estaba más nervioso que yo. Sentí por segunda vez su erección entre mis piernas, esta vez entraría seguro, sin interrupciones. Noté el primer movimiento. Se acercó más a mí, pero no entró, simplemente siguió rozándome. Miré a Mark a los ojos, y aunque mi corazón latía con fuerza, relajé todo mi cuerpo, sobre todo mi estómago, mi vientre y los músculos de la vagina. Mark se movió un poco, dispuesto a conseguirlo esta vez. Pero nos interrumpieron nuevamente… ¡Era broma! ¿Cómo nos iban a interrumpir? ¿Llamando al cristal de la ventana de un segundo? Mis manos estaban puestas en las caderas de Mark. Él las había puesto ahí por si quería que parase, y era incapaz de hablar, que yo misma pudiese detenerle. Noté el segundo movimiento y noté como entró muy poco. Había conseguido abrirme, porque no salió fuera. Mark me sonrió, entre feliz, preocupado y nervioso. Le animé a seguir, moviendo un poco las manos en su cintura. Se volvió a mover despacio y consiguió entrar un poco más. No pude evitar notar cierta angustia al saber que estaba entrando en mi cuerpo. Mark acarició mi cabeza con una mano y acercó su rostro al mío para besarme con dulzura. Nunca me había costado tanto aceptar sus labios. Se le veía muy preocupado y no supo si seguir. Pude notar que también se sentía angustiado por mi culpa.

-Mark…-Le acaricié la mejilla.-Dije que sí y aunque me cueste no me echaré atrás. Así que, por favor, continúa.

Le costó obedecerme, pero me hizo caso y volvió a moverse muy poco. Mark soltó un pequeño gemido. Si la punta estaba dentro ya solo quedaba lo peor. Que llegase al himen, que este se rompiese, que me doliese y que sangrase. Sentí un nudo en el estómago que intenté ocultarle a Mark, para que no tuviese miedo. No quería hacerle sentir mal y menos aún con el tema que tanto nos había llevado de cabeza a ambos. Volvió a moverse sin apartar su mirada de mis ojos y sentí que se me vendría el mundo encima si dejaba salir la sensación de pánico que se formaba dentro de mi conforme se acercaba más el momento del dolor. Cerré los ojos, ahogando un gemido de dolor. Le miré y asentí, haciendo que se moviese una vez más. De esta vez a la que vendría después habría mucho tiempo. Mark empezaba a desesperarse y yo no podía evitar que se me escapasen unas pequeñas lágrimas de dolor y algún que otro quejido.

-Estás muy pálida.-Dijo de repente.- ¿Seguro que quieres seguir con esto?

-Sí.-Respondí con voz ahogada.

-No, no quieres.

-¡Claro que quiero!

-¡No quieres! Se te nota a la legua.-Me reprochó. Vi como las lágrimas se asomaban a los ojos del desesperado chico rubio que tenía encima.-Estás pálida y lloras.-Dijo. Me secó las lágrimas y luego respiró hondo, mirando hacia otro lado. Se sentía mal por haber empezado aquello, se sentía culpable y sentía que yo lo hacía solo por él, que él era el único que disfrutaba. Se sentía horrorizado de que yo tuviese que pasar un mal trago como aquél y que él no tuviese más que moverse y disfrutar del roce y el placer.

-Mark, simplemente estoy nerviosa por lo que viene ahora, es normal, pero quiero que sigas. Que sigas hasta el final. Si me quejo y lloro ya deberías saber porque es, de hecho, fuiste tú el que dijo que me entendía. Y ya te he dicho que ahora que hemos llegado hasta aquí no pienso echarme atrás. Por favor, sigue y terminemos de una vez con todo.-Pedí, siendo consciente de lo que venía ahora.-No me gusta ver que las lágrimas resbalen por tus mejillas y menos si es por cómo me siento por culpa de mi imaginación.

Mark me miró a los ojos un minuto antes de moverse otra vez. Movió las caderas hacia adelante, con sumo cuidado y mis gritos aumentaron. Con dificultad, a causa de que tenía los ojos entrecerrados, pude ver la expresión de malestar de Mark, pero le incité a moverse una vez más con ayuda de mis manos, que aún descansaban en sus caderas. Él no podía decirme que no si yo se lo pedía y, aunque le costase, terminaba por hacerme caso. Mark se movió otra vez y se deslizó más profundo dentro de mí. Sentí dolor otra vez y me estremecí, pero no le dejé parar, ni siquiera le dejé articular palabra, simplemente le empujé para que siguiese. Al cabo de un rato no notaba tanto el dolor, me había olvidado del dolor y ahora solo me concentraba en el momento, en lo que hacíamos… En Mark, en mí, en nosotros y en lo que todo aquello significaba para mí. Simplemente había decidido entregarle a Mark absolutamente todo de mí. TODO. Quería que fuese el primero y el único. Elegí compartir con Mark mis primeras veces en todo lo que conllevaba el amor. El primer beso, las primeras caricias, el primer sentimiento de amor loco, la primera discusión tonta que termina con un beso y ahora la primera vez en esto. Me fijé en él, en su cara, en sus ojos, y sentí que había hecho lo correcto. De momento no sabía si de aquí a unos años cambiaría de idea, si decidiría dejarlo o si seguiría con él, pero lo que si sabía era que ahora, en mi mundo, solo existía él, y no necesitaba nada más ahora. Acaricié sus brazos y los noté tensos, cansados, estaría agotado y entumecido. Los moví cómo pude, obligándole a caer un poco más sobre mí, pero no me aplastó ni me cortó la respiración. Rocé sus labios con los míos y sentí un intenso calor en mis mejillas. Estaba empezando a sentirme verdaderamente caliente, más que antes incluso. Le besé y me correspondió. Sentí como su cintura ya rozaba la mía y como su pelvis golpeaba contra mí. Mark no podía estar más cerca de mi cuerpo. Conseguí que aumentara el ritmo y el movimiento se hizo más intenso. Le arañé la espalda, dejando algunas marcas rojas y él me mordió el hombro, no muy fuerte. Cada vez golpeaba más fuerte y chocaba bruscamente contra mi cuerpo, contra mis caderas. Mark gemía muy cerca de mi oído y no pude evitar excitarme más al oírle. Mark me acariciaba y eso aumentaba el calor de mi cuerpo y ya no pude reprimir más gemidos. Los dejaba salir como si no hubiese nadie más a mí alrededor, como si nadie pudiese oírme. Sería capaz de dejarme sorda a mí misma. Me aferré a las sábanas con fuerza y Mark apoyó su frente en mi hombro, apretando los labios, como si no quisiera soltar más gritos. Mark mantenía el ritmo, intermedio, a duras penas. Su respiración era cada vez más agitada y su cuerpo estaba cada vez más empapado. Yo no estaba mejor que él, la verdad. Sentía como me quemaba la piel y respiraba como si acabase de salir del agua de milagro tras haber estado buceando durante casi media hora. El sudor también me recorría a mí y el frote con el cuerpo desnudo de Mark me enloquecía cada vez más, pues estimulaba cada partícula de mi piel. Noté algunos mechones cortos de pelo pegados a mi frente. Eran castaños oscuro y estaban empapados. Era mi propio pelo, que yo misma había mojado con mi sudor mezclado con el de él. Mark ralentizó, y supe que empezaba a agotarse y que no aguantaría mucho más.

-M-Mark… Lo estás haciendo m-maravillosamente…-Fue lo único que pude susurrarle entre gemidos.

-Gracias, tú también estás haciéndolo estupendamente...-Supe que se refería a mí aguante y a mi manera de tragarme el dolor y superarlo.

-¡Ah! T-te quiero…-Le dije.

-Y… Y yo a ti, mivi…-Mark me besó tras decir eso y siguió intentando aguantar un poco más, pero le costaba bastante.

-¡AH! ¡MARK!-Grité, y me sentí muy mojada, más que todo el resto de mi cuerpo a causa del sudor.

-¡AIDA!-Mark gritó casi al mismo tiempo que yo, y cayó rendido sobre mí, respirando con mucha dificultad. No hablamos durante un rato, hasta que rompí el silencio.

-Eres fantástico, Mark. Alucinante, espectacular, soberbio…-Empecé a halagarlo, pues me había hecho sentir en el cielo una vez que me olvidé del dolor. Intenté cerrar las piernas, que ya estarían más que entumecidas de estar en la misma posición, pero Mark estaba aún entre ellas, sin salir de mí, y no tuve más remedio que dejarlas así.

-TÚ-señaló-eres genial. Has aguantado muy bien, cariño.-Me besó la frente tras apartarme el pelo de esta.- Creo que he acabado yo más preocupado que tú misma, porque me sentía incapaz de seguir, y encima tu me dabas ánimos.-Rió con el poco aire que le quedaba.

-Ha sido increíble, Mark. Increíble.-Repetí.-Volvería a hacerlo contigo ahora mismo.

-¿Y con otro?-Preguntó.

-Ni se me pasaría por la cabeza.-Reí, ante el comentario.-Lo haría contigo y sólo contigo. Una y otra vez, sin parar, porque has estado espléndido.-Me besó durante un rato, tanto como nos permitió el aire que de momento teníamos en los pulmones. Le acaricié la espalda, sintiéndome fatal por los arañazos rojos que había trazado en ella.

-Te quiero.-Dijo simplemente, al separarse de mí. Empezó a sacarla muy despacito y pude sentirla en las paredes de mi útero. El roce me hizo gemir de nuevo, pero por lo bajo, y una vez que estuvo fuera Mark se echó a un lado y cayó boca arriba a mi derecha.

-¿A ti te ha gustado?-Pregunté tras unos minutos de silencio en los que solo escuchaba la respiración de Mark. Desvié la vista hacia él y volteé la cabeza en la dirección en la que estaba el rubio. Mark tenía los brazos detrás de la cabeza y miraba al techo, sonriendo con satisfacción.

-¿Hace falta que responda?-Preguntó, sin mirarme y mostrando su perfecta y blanca dentadura. Negué con la cabeza, sonriendo. Entonces Mark giró el cuerpo y me miró.-Lo que más me ha gustado ha sido que disfrutases tú, y en el momento en el que he visto que te sentías mejor me he relajado mucho. No soportaría haberte hecho daño.-Me giré hacia él y sentí que no podía moverme muy cómodamente. Me resultaba extraño cerrar las piernas, y sobre todo, el roce era algo molesto. Supuse que andaría con las piernas separadas durante un par de días. -¿Algo va mal?-Preguntó él, al ver mi ceño fruncido ante la molestia.

-Sí, solo es un poco de molestia en la entrepierna. No esperaba que me doliese aún un poco.-Me quedé mirándole y me rodeó con un brazo, pegándome a él. Sonreí y me acurruqué a su lado, sintiendo su piel sueva, tersa, perfecta y caliente pegada a la mía. Su sudor me empapaba, pero no me importó, simplemente me quedé dormida.

Cuando abrí los ojos de nuevo la habitación estaba sumida en una inmensa oscuridad. El profundo silencio era roto por nuestra respiración, ya relajada, y por el sonido del roce que producía al moverme un poco. Miré a Mark nuevamente y mi sonrisa se dibujó. Como me gustaba poder respirar el mismo aire que él, poder probar sus labios, y poder recibir esa profunda mirada verde que lo decía todo. Me encantaba ver su pelo rubio revuelto, cayéndole por la frente o las puntas que se levantaban en su flequillo. El olor tan maravillosos que desprendía hacía que las sabanas fuesen objeto de deseo y que cada vez que las oliese y respirase su olor sintiese el impulso de abrazarme a ellas y quedarme así de por vida. Puse mis dedos índice y pulgar en su labio inferior. Al contrario que mi boca, la suya tenía forma y era apetecible. Era suave y quitaba el sentido. La mía era fina y no tenía la forma del corazón en la parte de arriba, aparte de ser muy pequeñita, pero si a él le gustaba me bastaba y me sobraba. Le besé casi sin rozarle y noté que se movió. Pestañeó un par de veces y, sin dejar de sonreír, me acercó a él y me besó. Tras soltarme se estiró y luego la habitación se sumió en el silencio. Mark y yo nos mirábamos. Él lo hacía desde arriba, sentado y apoyado en el cabezal de la cama. Yo estaba de lado, con la cabeza sobre la almohada, mirándole desde abajo. Mark levantó la sabana y miró lo que había debajo. Se entretuvo bastante, y de vez en cuando soltaba una risita.

-¿Ocurre algo, cielo?-Pregunté, en un arrebato de ternura.

-Solamente quería asegurarme de que no había vuelto a soñar.-Rió.

Se destapó y se sentó en el borde del colchón. Miré su perfecta espalda. Mark se pasó una mano por el pelo y se despeinó ligeramente un poco más. Se levantó y caminó hasta el mueble que había allí, donde estaba su teléfono. Se apoyó en el mueble con una mano y con la otra encendió el móvil, puso el pin, etcétera… Me dejaba ver al detalle su perfecto cuerpo de chico de quince años, musculado y desarrollado. Y pensar que todo eso era mío… Mark se acercó a la cama sin dejar de mirar la pantalla del teléfono y se acercó a mí de rodillas. Se inclinó hacia adelante y no pude quitarle ojo al "pequeño Mark". Estaba manchado de sangre. De mi propia sangre. Mark me enseñó la pantalla del móvil para que viese la hora. Eran más de las siete de la tarde. Estábamos sin comer y nos habíamos pasado el día en la cama.

-Ve y dúchate.-Me dijo.-Te hará más falta que a mí.-Cuando me levanté sentí el impulso de mirar la cama y sobre la sábana vieja impermeable había una mancha de sangre. En la parte interior de mis muslos había manchas también. A mí la sangre me aflojaba, y siendo la mía propia y además, saliendo por dónde había salido, me aflojó las piernas hasta el punto de sentir que era capaz de caerme al suelo. Mark me dio una toalla limpia y algo de ropa que había sacado de mi bolsa.-Te vendrá bien un poco de agua caliente para relajarte. Y sobre todo te sentirás mejor cuando te hayas quitado la sangre y te hayas limpiado el sudor.-Me dio otro beso en la frente.-Si necesitas algo llámame. Y ya sabes que no hace falta que cierres la puerta.-Cogió mi móvil y me lo dio también.-Enciéndelo por si Edward te llama, no quiero dejarlo en la calle.

-Quédatelo tú, no vaya a ser que no pueda contestar.-Le entregué el móvil una vez que puse el pin-Está encendido. Y ya sabes que si quiero algo caliente vendré a buscarte.-Reí. Mark asintió entre risas y yo me metí en el baño tras ver como retiraba la sábana y se aseguraba de que no hubiese manchas en el colchón o en las otras sábanas. Su madre lo mataría si viese un poco de sangre en su cama, teniendo en cuenta que no salta muy fácilmente. Mi baño fue tranquilo y relajado. Edward no pareció llamar porque no oí nada y pensé en llamar a Mark para que me frotase la espalda con la esponja, pero mejor que siguiese haciendo sus cosas y yo ya me las apañaría. Me tembló la mano al acercarme a la sangre, pero saltó con facilidad de mi piel. Salí, me vestí y busqué a Mark en la solitaria y vacía casa. Estaba en la habitación, aún desnudo.

-Voy a ducharme yo. No tardaré.-Dijo, dándome un beso antes de cerrar la puerta del baño.

Mark no tardó en salir, la verdad, pero pasar tiempo sola, sin alguien a quien molestar me resultaba bastante aburrido y solitario. Al salir de allí, con el pelo aún mojado, me abrazó por la espalda y me comió a besos. No podía ocultar mi amplia sonrisa al sentir sus cálidos labios en mi piel. Sus brazos alrededor de mi cintura me daban sensación de seguridad y al mismo tiempo me daba sensación de calor y de amor. El teléfono sonó cuando Mark estaba recorriendo mi cuerpo con sus manos. Los dos miramos al teléfono y nos separamos a regañadientes. Era Edward.

-¿Si? … ¿Esta noche? … Por supuesto que puedes hacer lo que quieras, pero me resulta extraño… ¡Ah, bueno! Si es por eso está bien… Recupérate pronto, Eddie… Un beso.-Colgué y me dirigí a Mark.-Edward no va a pasar la noche aquí. Dice que se encuentra mal y he notado como si tuviese arcadas. Me ha dicho que prefería pasar la noche en su casa.

-Mejor para nosotros.-Dijo él, mirándome con picardía. Sonreí, pero luego pensé en Edward.-Yo espero que se recupere, pero que nos deje recuperar el tiempo perdido no es una mala idea. Además, necesitará mucho reposo y tiempo para curarse.-Reí. Mark se lanzó a perseguirme por la casa y yo huía de él todo el tiempo. Acabé por rendirme al tumbarme en el sofá y tenerle encima, deseando que me comiese la boca. Mark y yo reímos antes de besarnos, sabiendo que nadie nos interrumpiría en muchas horas y que teníamos todo el tiempo para hacer lo que nos diese la gana.