Summary: -Tú eres Jason. Y Jason es estresante y un poco bobo. Pero eso no lo hace malo – Le dijo sonriéndole – Y que tu tengas un raro y poco común pasatiempo no es lo suficientemente malo para ahuyentarm
Pareja: Red-X & Raven
Advertencia:No tengo idea si en algún futuro pondré escenas fuertes en la historia. Pero hasta el momento lo pondré en categoría T. Total, si llego a poner ese tipo de escenas yo aviso y subo la categoría. Comentarios referentes a la historia al final. TT no me pertenece.
Editados la mayoría de los errores, pero aun creo que hay.
NIGROMANCIA.
Caminaba somnolienta por el parque. La noche anterior había sido de las peores en su vida, eso sin contar que no había podido pegar ni un ojo para poder dormir. Lentamente sacó de su mochila un paquete de galletas y por pura inercia comenzó a mordisquear su no tan sano desayuno. Arrastró los pies con desgana, haciendo un estresante ruido al caminar, recordando que precisamente tenía que tomar ese camino, dado que era el más corto, para llegar rápido al subterráneo.
Alzó la cabeza, despertándose por completo, al escuchar un peligroso ruido detrás de ella. Abriendo los ojos, volteó lentamente, y mirando al piso vio como una plasta café y blanca ensuciaba el no tan limpio piso del parque. Mosqueada alzó la cabeza y maldijo a un par de pajarillos por intentar descalabrarla con una de sus gracias.
Ya más despierta por casi recibir el inoportuno regalo del pajarillo, siguió caminando, no sin antes tirar el envoltorio de las galletas, con prisa para poder llegar a tiempo sin que el subterráneo se le escapase. Inmediatamente al andar por cierta sección del parque se acordó de los sucesos del día pasado.
Todo había comenzado en el mismo instante en que se cumplieron los dos días límite que Nightwing le había dado para que ellos tomasen una decisión. Se levantó temprano por la mañana sintiendo el nerviosismo en cada fibra de su ser. Inquieta salió del edificio en que residía y entre tropiezos y caídas logró llegar a la torre de los Titanes.
Dudosa, tocó el timbre y las puertas se abrieron lentamente dando a entender que le estaban esperando. Del otro lado de la puerta, una mancha verde se acercó corriendo y la abrazó con entusiasmo.
–¡Terra! – Chico Bestia la estrujó sin seguir creyendo que estaba ahí la rubia – Ya me empezaba a preguntar a qué hora ibas a llegar – chocó su palma contra su frente y miraba la muñeca de su mano imaginando un reloj en la misma – Ya es tarde, sí que es tarde.
– Hola Chico Bestia – Le saludó sin saber qué hacer. Por lo que ella sabía, él era el único en apoyar a que volviera al equipo - ¿Dónde están los otros chicos?
El mutante hizo una mueca de desagrado y la condujo hasta la gran y poco modesta sala.
– Verás, ellos, están… esperándote – Dijo el mutante jalándole la mano a la chica – Te recomiendo que no mires a Robin a los ojos, anda como una fiera estos últimos días – Le murmuró en modo de broma para relajar a la chica. Cosa que no sucedió para nada y sólo la puso más tensa de lo ya acostumbrado.
Al entrar, observó como Star estaba sentada sobre sus pies en el sillón, Cyborg seguía una mosca con la mirada y Nightwing, de pie y recargado en el brazo del sofá, le miraba a través de su antifaz. El chico la siguió mirando y espero a que la terráquea se sentara para comenzar a hablar.
– Los chicos y yo hemos tomado ya una decisión acerca de tu propuesta.
Terra se quedó mirándolos y contándolos uno por uno.
– ¿Raven no vendrá? – Sus ojos se posaron en el líder esperando una respuesta.
– No –Fue lo único que le dijo molesto por verse interrumpido – Como decía, hemos tomado una decisión y después de hablarlo demasiado llegamos a la conclusión de que, si bien no serás del todo una Titan, podrás ayudarnos.
¿Cómo que no del todo una Titán?
Nigh, prediciendo la extrañeza en la chica se adelantó a aclararle la duda existente en su cabeza.
– Dicho en otras palabras estarás a prueba. Necesitamos comprobar que en realidad estés aquí porque quieres redimirte y no porque planees otra manera de emboscarnos – La chica asintió compungida por esto ¿cómo podría demostrarles que ella no mentía? – En segundo lugar los chicos y yo hemos llegado a un acuerdo-Chico Bestia se removió inconforme por lo que a continuación diría el líder – No podemos permitirnos confiar en ti, dado que tu historial nos lo ha demostrado, así que llegamos a la conclusión de que no podrás quedarte en la torre.
El mutante hizo un bufido molesto y apretó la mandíbula para no decir alguna tontería en contra del moreno. No le gustaba que condicionaran tanto a la chica. Y menos cuando él estaba cien por ciento seguro de que ella se había redimido. Pero la mayoría había estado de acuerdo, tres contra uno. ¡Tan injusto!
– Yo… Está bien – Aceptó las condiciones sin pensarlo dos veces, quería volver y que todo estuviese de nuevo como antes
– Bien, nosotros te llamaremos cuando sea necesario que vengas – Cyborg se paró del sillón después de decir eso y enseguida le entrego un comunicador verde – Esté comunicador sólo te permitirá recibir llamadas, en caso de que sea urgente contactarnos tendrás que presionar este botón – explicaba el hombre maquina mostrándole un botoncito amarillo – Y enseguida cualquiera te marcará, este otro botón rojo es para responder. No podrás saber nuestra localización, le quitamos también esa facultad a tu comunicador.
Terra agarró el comunicador y se le quedó observando. Era casi idéntico al anterior, sin más miramientos, lo metió al bolsillo de sus cortas bermudas.
– Eso es todo, nosotros te llamaremos cuando sea necesario – Y con eso Nightwing y Cyborg salieron de la sala.
– Bueno, eso fue mejor de lo que creí que me dirían – sonrió tímidamente la terráquea a los otros dos restantes.
Después de eso el Mutante, Star y ella habían charlado hasta que fue hora de partir. Salió de la torre, y cuando pasaba por el parque esa misma noche… un escalofrío le recorrió. Aún no podía quitarse el susto de lo de la noche anterior. Ese era uno de los motivos por los cuales no había logrado dormir en toda la horrorosa noche. Se la pasaba recreando esa imagen una tras otra vez en su mente. Recordando cada escabroso detalle. Y, cuando al fin había podido dormir, su cerebro se encargaba aún de que eso que había pasado se reprodujera varías veces una más bizarra que la otra.
Cruzó por el césped acortando el camino que le quedaba, se abrió el paso entre los arbustos y salió por un pequeño camino serpenteante que habría tomado ayer de no ser por la escena que se encontró. Al llegar al final del camino observó, aterrada, que el hombre de la otra noche estaba sentado en una de las bancas de piedra, y que a su lado, acompañándolo, estaba una chica pálida y con el cabello violeta.
Se quedó mirando fijamente como hablaban por un buen rato, incapaz de poder moverse ya fuese por el susto ya fuese por la impresión que le causaban esos dos de ahí. Nerviosa, avanzó un paso al mirar que los dos se levantaban de ahí y cada uno se marchaba por su lado, y con el alma en la boca se acerco a la chica pelivioleta que caminaba en dirección contraria a la que iba ella.
–¡Espera! – le llamó la atención para poder detenerla.
Ella volteó a verla con la misma cara indiferente pero con unos ojos que mostraban enojo al verla ahí.
–¡El no es una buena persona Raven! ¡Deberías de alejarte de él! – Pudo decir después de que se asegurase de que el hombre estaba lejos de ellas ahí.
La hechicera abrió los ojos y la molestia en su cara se mostró.
– Haz el favor de meterte en tus asuntos – Su cruda voz hirió a Terra más de lo esperado – No necesito escuchar idioteces de alguien como tu – El envenenado comentario hizo que la rubia retrocediera un paso, cosa que la violeta aprovecho para marcharse del lugar dejando a una anonadada Terra con la boca abierta.
Ella había pensado que Nightwing y Cyborg habían sido duros con ella. Pero eso fue hasta que Raven le había mirado como escoria.
Adolorida por eso, decidió marcharse a donde iba, atemorizada del extraño, destruida por la hibrida, e intranquila por llegar tarde a su cita con los titanes. Avanzó con rapidez hacia el subterráneo, y muy apenas llegando abordó el metro pensando que si no quería tener más problemas, sería mejor no contarle al mutante lo que había pasado con la hechicera. Lo que menos quería era causar problemas entre ellos.
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Miraba el techo con una tristeza profunda grabada en sus ojos chocolatosos. Desde que había estado internado no le quedaba de otra más que mirar el estúpido techo o la pared. Eso y ver televisión o dormir todo el día. Deprimido se hundió, aún más, en la cama y farfullando un montón de incoherencias frunció el ceño intentando pensar en alguna otra cosa más que no fuese lo que le había dicho la hechicera.
Moviendo su brazo agarró el control y, después de prender la televisión, presionó furiosamente los suaves botones del aparato. Cambiando y cambiando siempre pasando de largo cualquier programa que pasasen por la caja esa. Harto, apagó la T.V., por decimo sexta vez en esa hora, y lanzó el mando a los pies del colchón.
¡Se sentía tan inquieto!
Y no era para menos, su compañera estaba allá afuera escuchando que sabe cuales cuentos de un extraño que quizás la conocía. Y si ella era lista, lo cual si lo era, sacaría las conclusiones necesarias de que era imposible de que siguieran juntos.
Fastidiado hizo un mohín raro y dispuesto a no estar todo el rato ahí colocó las palmas en la cama y haciendo esfuerzo intento levantarse sin importar sus heridas. No podía permitir que eso que tanto temía se cumpliera. El no era de las personas que actúan sin un plan, aunque siempre pareciera lo contrario, pero esta vez no tenía ni la más mínima idea de lo que haría.
Con cuidado se puso de pie, se cerró la bata y se colocó otra que le cubriera la parte trasera y con paso lento pero seguro avanzó hacia la salida de su habitación.
– Acuéstate
Una voz suave y femenina le ordenó antes de que el lograra salir. La esposa de Fausto, Eliza, y su madre, Matilda Boehm, le empujaron con cuidado llevándolo a rastras a la cama. Jason, inquieto, intento zafarse sin éxito alguno y antes de llegar abrió los ojos impresionado
¿Cómo podía tener la enfermera tanta jodida fuerza?
Frustrado, y confundido aún por lo que hacían ahí las dos mujeres, miró de mala manera acostado desde la cama a las dos esperando a que explotaran ante el sólo hecho del sólo desearlo. Matilda se sentó en el sillón que comúnmente Raven ocupaba y Eliza se quedó de pie sonriéndole sin mover algún otro músculo.
– Jovencito, no podemos dejar que interfieras en este tipo de asuntos – La otra voz, la que no era suave y le había ordenado que se acostara, sonó por toda la habitación llena de una extraña calidez – Al menos no en estos momentos. Verás, ahorita no está en nuestro poder hacer algo, es ajeno y no tenemos tal vínculo como ellos dos como para impedir cualquier cosa – su voz sonó cansada ante todo eso.
Jason la examinó con cuidado. ¿De qué diablos hablaba esa vieja loca?
– No creo que él esté enterado de lo que pasó – Eliza le dijo a Matilda viendo la cara confundida del castaño – Dudo de que en realidad sepa lo que ocurre… ¿O me equivoco?
Le preguntó viéndole con esos ojos azul oscuro escalofriante. Toda esa gente le daba una buena pizca de malos agüeros.
– No tengo idea de lo que hablan – confirmó el chico dándole la razón a la rubia.
La mujer canosa, meditando todo eso, aclaró su garganta y se preparó para contarle lo que ella sabía al ladrón.
– ¿Alguna vez te has preguntado porque tanto Fausto cómo Eliza son capaces de casi matar de un infarto a la mayoría de las personas que le conocen?
El chico asintió dado que no era la primera vez que se preguntaba eso.
– ¿Y supongo que habrás notado una… extraña aura entre Fausto y Raven?
Red- X agitó la cabeza de mala gana recordando los berrinches que él tenía todas esas veces que Fausto y Raven se veían con intensidad.
– Eso es porque de cierta manera están unidos… –hizo una pausa sin saber si debía de continuar o no – Mágicamente…
Ante eso Jason miró extrañado a las dos mujeres y se echo a reír. ¡Esas eran boberías!
– ¡Por Dios señora! ¿De qué habla? – siguió riendo ante eso. Dudaba que de alguna manera su Raven estuviese unida a ese rubio. ¡Sería inaudito!
– No seas absurdo – Le riñó la señora ante la testarudez del castaño – Para ser ladrón no eres demasiado atento.
Sus músculos se tensaron. Su quijada se desencajó y comenzó a sudar ante lo dicho. ¿Acaso esa señora sabía?
– ¿Así que la chica no te lo ha dicho verdad? – Matilda reconoció el espanto en los ojos del ladronzuelo –No te preocupes, no le diremos a nadie, no podríamos hacerlo ni aunque quisiéramos.
El chico las miró extrañados.
– Por cierto, no sé si me recuerdes, yo soy la anciana a la que hace un tiempo le devolviste la cartera –le sonrió, presentándose al fin ante el chico – Me llamo Matilda Boehm y soy dueña del hospital.
Jason se quedó sin palabras. ¡Todo se le hacía tan extraño!
– Y como ya había mencionado, creo que es hora de que te explique unas que otras cosas que han estado pasando entre mi hijo, y Raven.
– No creo que debería de hurgar en la vida de Raven sin su permiso – Comentó frustrado el chico. ¡Lo que quería era salir de ahí antes de que la chica se enterara de todo!
Si tan sólo encontrase la manera de huir de esas dos...
–Hace tiempo – le ignoró Eliza restándole importancia a sus deseos – En un terrible accidente, fui lanzada del noveno piso de este edificio por uno de los pacientes de psiquiatría – Su voz sonaba tan atrayente que Jason por un momento olvido a Raven y sus recuerdos – No sobra decir que morí. Mi masa cerebral estaba regada por todo el pavimento y mis extremidades estaban colocadas en formas raras – Jason tragó saliva imaginándose tal acto.
–Pero estas viva aquí…
–Es por lo que pasó después – al escuchar la voz de la anciana todo desapareció y sólo estaban ellos tres en la habitación–Mi hijo, Fausto, se volvió desquiciado en el momento en que el doctor Lee declaró muerta a Eliza. Ahora, lo que debes de saber es que en la familia de mi esposo, que en paz descanse, hay cierta tendencia a la hechicería. Para ser más exactos a la necromancia.
– ¿Necromancia?
–Es aquella rama de la magia que permite controlar, hablar con ellos, invocarlos y pedirles los que se le antoje.
–Exacto, las últimas generaciones habían evitado hacer eso, por el peligro que conllevaba. Dado que en ciertas ocasiones se invocaba más que sólo a espíritus. Se invocaba a demonios por accidente. Y en ciertas ocasiones se les convocaba a propósito creyendo que se les podría controlar.
–Fausto no fue la excepción a estos últimos. Él, después de cinco días de mi accidente, de la morgue me sacó y me llevó al ala norte donde están los quirófanos en desuso. Y haciendo cierto… ritual empezó a invocar mi espíritu para que posesionara mi cuerpo. Lamentablemente su poder era muy pobre dado a la poca practica que tenía.
–Ahí fue cuando tuvo que pedir ayuda. Ayuda a tu amiga.
Jason, incrédulo ante eso, negó con la cabeza pensando en que Raven fuese cierta creatura.
–Raven no es un demonio. ¡Eso sería imposible!
Matilda lo miró directamente y con su voz, ronca por todo lo que contaba, continuó explicándole al chico.
–No digo que sea un demonio, lo que digo es que él le pidió ayuda a ella. Realmente no sé si es una bruja o alguna bestia. Pero gracias a tu amiga Eliza está aquí. Y gracias a ese regalo que le hizo Raven a Fausto, el quedo encadenado a servirle a ella, creando un vínculo entre los dos.
– ¡Raven no esclavizaría a nadie! – Jason reclamó enojado. Era inaudito que insinuaran que Raven haría tal bajeza.
–Eso lo sabemos. En todo este tiempo Raven nunca ha venido a buscar a Fausto desde ese día. Pero en el momento en que ella le pidió lo que le pidió, él está obligado a hacer todo lo que ella quiera. Sin importar que.
–Fausto siempre cumple lo que promete – aclaró Eliza sin ser necesario.
Jason tardó en procesar todo. Impactado por lo que le habían dicho recargo su cabeza en la cabecera de la cama meditando sobre lo que las mujeres le habían contado.
–Así que probablemente ella ya sepa todo para estas fechas.
–Si eso es lo que quiere ella, así será – Le aseguró la anciana mirándolo con ternura.
–Es hora de retirarnos – Se despidió Eliza del chico y junto con ella la otra mujer salió.
–Yo que tu no me preocuparía, si ella no se fue cuando eras un ladrón, dudo que se vaya cuando se entere de ella misma.
Y sin más se fue, dejando un sonrojado y negativo Jason en el cuarto. Si bien ella fuera cualquier persona normal tal vez no le dejaría. Pero Raven no era normal. Era una Titán. Y antes que su amistad estaba seguro que escogería a la ciudad.
Eran ya las nueve de la mañana, y su día había empezado mal.
Deprimido se acostó y se decidió a dormir. Ya nada podía hacer porque ella no escuchase al nigromante.
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Raramente ambos llegaron al mismo tiempo en el lugar que Fausto había dicho. Mirándose cada uno al llegar decidieron sentarse en una banca de piedra que un árbol cobijaba con su enorme sombra. El pasto fresco rodeaba las grandes piedras planas que sobresalían de la tierra mostrando el camino. Hecha un manojo de nervios Raven se controló para no demostrar las ansias que sentía de poder conocer todo aquello de lo que sabía. Ambos se sentaron, sin dirigirse palabra alguna veían cada uno como las hojas de los arboles se mecían lentamente por la casi inexistente brisa que había ahí. Se notaba que septiembre ya hacia acto de presencia.
–Entonces ¿Por qué tienes esa aura? – preguntó Raven sin rodeos cortando el silencio entre ellos. Fausto, más tranquilo que nada, continuó con su mutismo hasta saber cómo responderle a la chica.
–Antes de que te cuente mi vida, necesito saber una cosa – su palabras lentas y carentes de vida se asemejaban demasiado a la manera de hablar de Raven – Necesito saberlo, ya que de estar segura de que te lo contara, hubiera sido el primero punto a tratar – Le sonrió, volteando a verle con su mirada pacifica de siempre – ¿En realidad quieres saber de tu pasado?
La hibrida escuchó su pregunta sin inmutarse. Sus violetas orbes se quedaron mirando fijamente las pupilas lilas del otro. Morado oscuro con morado pálido. Atenta a sus ojos, ignoró por completo a cualquiera que pasará por ahí. Sabiendo ya que era lo que diría sobre ese tema, dado que lo había meditado a cada momento, abrió la boca y sin dudar, con su voz fría y monótona de siempre, le contestó a lo que el Nigromante le había preguntado con tanta tranquilidad.
– ¿Tu sabes en realidad quién soy? – Fausto asintió confirmándole – No quiero saber todo de mi pasado –Su voz sonó más queda y clara de lo que en realidad era – a excepción de una cosa.
Fausto, atento a eso, esperó a que le hiciera la pregunta.
–Cuando Jason me encontró, había una carta. La cuál daba a entender que escapaba de algo o alguien – Movió la mirada hacia unos árboles enfrente de ellos – Necesito saber si acaso me están buscando y si pueden hacer daño. Dependiendo de la respuesta tendré que decidir si quiero saber mi pasado o no – Se sintió incomoda al hablar tanto, rara vez decía más de siete palabras en una frase – Firmaba un tal "Galán Verde".
Fausto alzó una ceja y una risa rara escapó de su garganta imaginando quien había sido el que escribió eso.
–Nadie te sigue – Le respondió – al menos no para lastimarte. Así que no te preocupes por eso.
La chica cuervo se tranquilizó de inmediato ante lo mencionado. La calma que se había esfumado el día anterior ante sus dudas había regresado y respiró apaciguando su corazón. Aún no tendría que marcharse del lado de su amigo.
–Respecto a lo que soy, creo que es correcto que te cuente la historia – se recargó sobre el respaldo apoyando sus codos en él – Hace un tiempo… Eliza sufrió un accidente.
–Matándola ¿cierto? –Dijo sin saber porque sabía ese dato.
–Así es, murió al instante. Yo enloquecí ante eso y recaí en ciertas mañas que mi familia tenía en la antigüedad. Recaí en la necromancia.
La garganta de Raven se secó y sus ojos mostraron el interés que antes ocultaban.
–Al principio no lo lograba, mi poca experiencia en el ámbito era delatada por mis fracasos ese día. Desesperado y atontado por la falta de sueño, descubrí un hechizo en el libro el cual cualquier hechicero de bajo nivel podría lograr. El invocar a algún demonio.
Raven se removió inquieta en su lugar. Su mente se llenaba de datos de hechicería y el caos que podría invocar a cualquier demonio. Sin entender cómo sabía todo eso, trago saliva y espero a que el joven agarrara aire para seguir contando la historia.
–Logré al fin invocarle, y tuve que mutilar ciertas partes del cuerpo de Eliza para poder cumplir mi cometido. El demonio me otorgó poderes, pero siempre con la condición de que tendrían que servirle. Esto más que nada era para que todo surtiera efecto, y me aseguró que sería rara la vez que él necesitara de mi ayuda.
Raven lo miró como si fuese estúpido. ¡Los demonios decían mentiras cada dos por tres!
–Él ha cumplido su palabra – Le aclaró para que dejara de verlo así – hace poco supe de él, pero no era nada del otro mundo lo que había pedido.
Raven asintió extrañada, la voz de Fausto sonaba más y más alegre mientras seguía contando su historia.
– ¿Por qué a veces veo escalofriantes imágenes con tu presencia?
–Digamos que tú… en cierta manera ayudaste a traer a Eliza a la vida. Estás un poco metida en esto, pero no te preocupes, tu alma no es del demonio –Su sonrisa se torció ante esa ironía. No, su alma no era del demonio puesto que ella era el demonio. ¡Qué difícil era contar eso si no podía revelarle su identidad!
–Ya veo –fue lo único que dijo agradeciendo el hecho que no le revelara nada de importancia que tuviese que ver con ella y su pasado.
Un fuerte barullo se escuchó a lo lejos y el sonido de bocinas sacó de su conversación a la extraña pareja. Un perro había cruzado la calle, sin saber que los coches podrían aplastarle, y en una extraña maniobra el conductor había terminando frenando precipitadamente sin lastimar al pobre can.
–De una vez te diré que los policías de la vez anterior no causaran más problemas – Su voz la volvió a los extraños ojos lilas del hombre. Tan raros como los suyos propios – Tuve que encargarme de quitarles varios recuerdos para que dejarán en paz a ti y a tu amigo.
Raven no se sorprendió de eso al igual de cómo no se sorprendió de que el rubio fuese un hombre capaz de llevar a cabo magia oscura. Era algo de lo cual, estaba demasiado segura, terminaría ocurriendo tarde o temprano.
–Por último – le llamó su atención cuando los dos ya estaban de pie y dispuestos a marcharse – Sé que quieres que tu memoria no vuelva. Pero no podrás negar que últimamente te vienen sensaciones o recuerdos bizarros de uno que otro hecho que te ha sucedido. Esto se debe a que cada vez que veas presencias muy fuertes que les tengas ciertos sentimientos muy potentes se te devolverá un minúsculo fragmento de algún momento que tu cerebro haya marcado – Metió las manos a los bolsillos de su bata y continuó con su recomendación – y mientras más te haya marcado esa presencia más recordarás. En cambio, habrá otras que sólo te hagan sentir sensaciones muy intensas pero que no te harán recordar nada.
Su voz se volvía más fuerte y la cabeza de la chica giraba en torno a todo lo que le decía. Debía de evitar de cualquier manera recordar por el máximo tiempo posible.
–Sabes si…
– Por el momento no has conocido a alguien que te haga recordar todo. Pero créeme que hay una persona que si puede hacerlo. Y que si llegas a reconocerla las imágenes de tu vida te golpearan sin dudarlo – se enterneció al ver la reacción en la cara de la chica. Tan asustada e intranquila –Será raro que reconozcas a esa persona, ha cambiado mucho. Pero aún así deberías de tener cuidado. Y aunque hicieras todo esto, el evitar a la gente, es muy posible que aún así recuperes tu memoria, claro que de esta manera se daría con el tiempo y no con presencias.
–O sea que de ninguna manera logrará quedar todo en el olvido – Su corazón latió deprisa y furiosamente ante eso. Tendría que aprovechar muy bien su tiempo sin recuerdos.
–Exactamente.
–Gracias – Se despidió y el nigromante asintió antes de irse camino al hospital.
Raven, más relajada decidió que antes de ir a ver a Jason, iría a comprar algún aperitivo para desayunar. El estomago estaba matándola de hambre.
– ¡Espera! –Una chica se le acercaba corriendo con cierto nerviosismo. La miró desconfiada y una pequeña ola de furia le golpeo el pecho al ver sus ojos azules. –¡El no es una buena persona Raven! ¡Deberías de alejarte de él!
Su cara dejó de ser fría al escuchar lo que la chica rubia le mencionaba. ¿Quién rayos era ella y porque le conocía?
Fastidiada, y acordándose de lo que hace unos minutos Fausto le había mencionado, arremetió lo más venenosamente posible contra la pobre chica que le sacaba de sus casillas. No sabía qué era, no sabía porque, y tampoco le interesaba, pero había una parte de ella que desconfiaba y ocasionaba que su interior vibrase de latente cólera. Algo en ella no le agradaba.
– Haz el favor de meterte en tus asuntos – habló tan crudamente que la chica abrió los ojos del susto – No necesito escuchar idioteces de alguien como tu – Y viendo como la chica retrocedía horrorizada se alejo rumbo a una pequeña tienda enfrente del parque mientras sus interior revoloteaba de dicha y orgullo ante la reacción que había tenido la extraña.
Ahora sólo lo que le importaba era mantenerse alejado de cualquier persona que le reconociera. No tenía tiempo para pensar en no herir los sentimientos de los demás. Más si son de niñas que lograban sacar lo peor de ella durante el día.
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Jason veía la tele cuando Raven entraba en su habitación con su desayuno a medio comer en la mano. Un poco de fruta picada con yogurt bañándola. La miró expectante, esperando a ver que decía.
La chica pasó olímpicamente de su mirada y se recostó en el costado de la cama, no sin antes dejar su desayuno en la mesita de noche, y se dispuso a ver la televisión con su amigo.
–¿Raven?
La voz de su amigo estaba medio mosqueada por lo que Raven lo miró con curiosidad.
– ¿No vas a decirme lo que te dijo el doctor ese?
–No considero educado contarte sobre la vida de alguien más sin su consentimiento – sus orbes violetas iluminadas por el suave resplandor de la luz ocasionaron que el castaño se sonrojara.
–Me refiero a tu pasado – Intentó decir lo más amablemente que pudo, aunque no pudo quitarle cierto tinte desagradable a su tono.
–Decidí no saber de él – Jason sintió como miles y miles de bichos hacían estragos en su estomago ante la noticia – Me dije que era mejor que yo sola me enterara de mi pasado a que alguien me lo contase.
El ladronzuelo abrió la boca sorprendido y los bichos se movían más inquietos en su estomago. ¡Así que tendría más de Raven por un tiempo!
Feliz, rodeo a la chica con uno de sus brazos y la acercó al pecho. ¡Al diablo si sentía incomoda ella! ¡Estaba demasiado feliz y emocionado como para aguantarse las ganas de abrazarla!
La chica sólo lo miro extrañado por el gesto y después de eso paso de él a ver la tele. Al parecer el muy tonto aún creía que lo iba a dejar.
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¡Sí! ¡Termine el cap!
Me alegro decirles que ya en el siguiente los saco del hospital. Ya me he estresado de él! XD
Muchas gracias por leerme y por sus comentarios! No saben cuánto me agrada saber lo que piensan de la historia!
Por cierto, se me había pasado decirles cuando les informe que cambiaria el formato de la historia que habrá unos dos o tres capítulos con el antiguo formato. Eso es gracias a que esos capítulos son de gran importancia y sólo quiero centrarlos en esos puntos en específico. Pero bueno, esos capítulos serán más adelante y por separado. Por lo que tal vez no sean igual de largos.
En fin, ya dicho todo espero y este capítulo les guste! Y ahí perdónenme por los horrores ortográficos, de nuevo no daré una releída para corregirlo, pero si ustedes encuentran uno háganmelo saber para así poder corregir!
Se despides de ustedes una autora con los parpados a punto de cerrarse ( si, es la una y media de la noche y he perdido la costumbre de desvelarme X.x)
Besos,
-x-Mapachita-x-
