DISCLAIMER: Lo que reconozcan, no me pertenece :)

¡Nos leemos abajos, cariños míos!


Capítulo 13

"Elizabeth y Anthony Masen"


Miró de reojo a la muchacha. Le había costado un montón convencerla de llevarla a cenar con sus amigos y eso que su hermano ya se había juntado con ellos un par de veces. Al final el mismo Emmett había intervenido para que asistiera, pero como estaba en proceso de enamoramiento con Rose se habían desaparecido y le tocó a él recogerla. Y no parecía muy contenta.

Joven ―lo llamó una señora con gesto amable, tenía varias rosas en sus brazos― ¿Una rosa para su novia?

Abrió la boca un par de veces, sorprendido. También notó que Bella se había sonrojado furiosamente y bajó la mirada.

Sí, gracias ―aceptó él y le pasó el dinero a cambio de una rosa. La señora le sonrió con alegría― Quédese con el vuelto.

¿P-por qué dijiste eso? ―balbuceó sonrojada. Es adorable, pensó Edward― Nosotros no…

Toma ―le pasó la rosa.

Pero…

Solo tómala ―sonrió, infundiéndole ánimos― Es un regalo. Como amigo.

Como amigo ―repitió ella, tomando la rosa. Y le sonrió de regreso― Gracias, Edward.

Esa había sido la primera vez que dijo su nombre.

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Mientas esperaba en la fila para pasar su equipaje se puso a observar a su esposa, bueno, su supuesta esposa. Tenía gesto de estar realmente mosqueada. Y no era para más, él también sentía exactamente lo mismo.

Al principio ya le había parecido mal tener que simular ser un matrimonio en un viaje de luna de miel, porque era imposible que justamente ellos dos se hubiesen casado, pero como Emmett y Rose eran reconocidos mundialmente por el modelaje de ella, y Alice y Jasper también, por los diseños Cullen… Sobraban ellos, por decirlo de alguna forma, porque Jacob y Leah habían buscado la información paralelamente con la otra misión que habían hecho junto a Bella. Pero la verdad es que eso no era nada, lo peor comenzó cuando Alice se 'emocionó' y esa misma tarde ella y Rose la llevaron a un centro comercial, por lo que, contra su voluntad, Bella tenía meramente ropa nueva en su maleta. Y había llegado más molesta aún.

Aro le había dado las argollas para que la simulación fuese más realista, y eran de oro puro, nuevas. Esas alianzas pesaban como un kilo cada una en sus bolsillos. Se sentía extraño, porque años atrás eso le habría parecido absolutamente normal, pero ahora era diferente. De hecho, seguía resentido por el hecho de que lo hubiese intentado seducir para que solo terminara con Tanya. Pero al menos ya se había resignado. Ella no. Seguía más que molesta.

Por su parte, Bella, que ya estaba acostumbrada a que Aro le designara misiones que a ella no le gustaran, se sentía molesta porque esa idea no le desagradaba por completo y seguía molesta por las insinuaciones de Alice con respecto a su relación con Edward.

Alice, no es necesario entrar aquí. Ya tengo ropa interior ―gruñó mosqueada Bella, mientras Rose y Alice la miraban con una sonrisa muy curiosa, que casi la hizo temer por su vida, sólo casi.

Bella, vas a estar casada con mi hermanito ―explicó Alice como si fuese obvio agarrándola del brazo para llevarla― ¿No querrás que…

¡Alice, no! ―rebatió Bella furiosa, soltándose del agarre― No va a pasar nada, ¿oíste? ¡Nada!

Lo peor es que no sabía si estaba más furiosa porque de verdad pensaba que no iba a pasar nada o porque Alice se estuviese inmiscuyendo en su relación con Edward, una relación que ni siquiera existía y no existiría jamás después de su intento frustrado de separarlo de Tanya. A lo lejos vio como Edward hablaba con una señorita del mesón y pasaba sus equipajes. Miró el suelo, como si fuese lo más interesante del mundo y suspiró.

No se dio cuenta cuando Edward se sentó otra vez a su lado en completo silencio. Ella sabía que debía de estar molesto, de hecho, desde que les habían dado la misión no habían cruzado palabras más que para afinar detalles de lo que harían. Algo estrictamente profesional, sentía que si volvía a mirarlo su corazón terminaría más que muerto. Ya había sido terrible ver como él y Nessie se despedían cariñosamente en la mañana. Todos lo habían notado.

«Pasajeros del vuelo 395 con destino a París, por favor dirigirse a la puerta de embarque C-17», la voz monocorde del altavoz resonó por toda la sala y repitió lo mismo en francés.

―Nuestro vuelo ―habló al fin Edward parándose y tomando el pequeño maletín que llevaba para leer su información.

―Vamos ―suspiró Bella, otra vez. Se la había pasado suspirando desde que llegaron al aeropuerto. Edward la miró de reojo y se sintió molesto consigo mismo, porque en vez de estar enojado, se sentía preocupado por lo que la mantenía tan taciturna.

Ambos se encaminaron a la puerta de embarque, pasaron sus pasajes y no se dieron ni cuenta cuando ya estaban sentados en asientos de primera clase. Edward le cedió el puesto al lado de la ventana a Bella y se dispuso a leer la información que llevaba en su maletín. La morena miró por la ventanilla del avión hasta que éste se puso en movimiento y despegó.

Cansada del silencio incómodo que se había formado entre ellos, decidió llamar a la azafata para pedir algo que pudiese relajarla.

―¿Me llamó? ―una voz suave captó la atención de ambos y Bella vio como Edward se quedaba mirando más de la cuenta a la bonita azafata.

―¿Tienen whisky? ―inquirió con molestia.

―Claro, le traeré una copa ―entonces fijó su vista en el ojiverde y sonrió sensualmente― ¿Desea algo usted señor?

―Una copa de champaña estaría bien ―pidió él.

―Oye ―la llamó Bella de regreso― Tráeme la botella mejor.

La azafata sonrió amablemente y asintió antes de retirarse.

―¿Quieres emborracharte? ―inquirió Edward con voz burlona.

―Para nada, jamás me emborracharía con eso. No soy débil ―Edward frunció el ceño ante el claro desdén que trasmitía la voz de Bella.

―Tu problema ―soltó malhumorado.

―Exacto.

Pronto regresó la azafata con una botella pequeña de whisky que le entregó en seguida a la mujer y la copa de Edward. Él la recibió con una sonrisa amable y despachó a la mujer en seguida, aunque ésta parecía más que dispuesta a servirle en algo más. Sin embargo, él siempre actuaba caballerosamente.

Bella se tomó de un trago el primer vaso y aunque el líquido abrasó su garganta, se sintió mucho mejor. Así que se puso en tarea de leer también su informe, no iba a llegar a París sin saber nada de la misión.

Abrió la carpeta y leyó su supuesto historial de vida; su nombre de soltera era Elizabeth Hydeth ―vaya, Aro tenía todo cubierto―, aunque había nacido en Detroit, ella y Anthony se habían conocido en Chicago hace diez años en el instituto ―qué irónico―, cuando a su padre lo transfirieron en su empresa, en su adolescencia eran buenos amigos. Luego coincidieron en el Campus y se hicieron novios. Se habían casado hace dos días y ahora iban rumbo a su luna de miel. Ella era profesora de párvulo y Edward, tal como en la realidad, era médico.

Se quedó pensando. Ella no tenía pintas de profesora ni mucho menos experiencia, lo más educativa que había llegado a ser no era precisamente algo maternal o infantil, sino lo contrario, su enseñanza se basaba en el arte de las armas y las luchas cuerpo a cuerpo. Nada más. Por suerte, tenía el instinto maternal incorporado en su cromosoma X y había sido más que desarrollado gracias a Renesmee.

No fue difícil de memorizar su historia, porque ésa era la historia que ella habría querido para su vida sin todas la complicaciones que habían surgido por ser hija y sobrina de Charlie y Aro, respectivamente. Pero había algo de esa vida que tenía ahora que no tendría si no fuera por su destino, y ese algo se llamaba Renesmee. Probablemente reviviría todo el sufrimiento si podía llegar a tenerla en sus brazos de nuevo, aunque modificaría cierta parte, para no perderlo a él.

―Anthony… ―murmuró por lo bajo, consiguiendo que Edward la mirase intrigado. Al sentirse observada se irguió y lo miró brevemente― ¿Qué?

―Dijiste 'Anthony' ―indicó con voz de obviedad el hombre.

―Bueno, se supone que así te llamas, cariño ―pronunció con cierto retintín, alzando una ceja, divertida. Edward bufó y se acomodó en su asiente mirando hacia otro lado.

―En todo caso, tu vida ni parece modificada, tu segundo nombre es Anthony ―siguió socarrona― Qué sencillo es tu trabajo.

―Y ésta es la vida que tú me contaste muchas veces, qué mentirosa, aunque ahora no me extraña ―contraatacó el cobrizo. Los ojos cafés llamearon por un breve momento y luego se opacaron, perdidos en algún recuerdo.

―Tú no sabes nada.

―Exactamente, no sé nada ―replicó― Ni me interesa.

Bella se giró, dándole la espalda. Edward pensó que su orgullo sobrepasaba los límites así que se molestó y también se giró hacia el otro lado. Sin embargo, Bella se encogió en su puesto y cerró los ojos con fuerza, intentando que los recuerdos que se había encargado por sepultar tan bien siguieran muertos, pero cada vez revivían con más intensidad.

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El tipo frente a ellos estaba vestido de negro también. El muchacho puso su brazo frente a Ice y la tiró hacia atrás con cuidado. De pronto, ambos estaban en una pelea monumental.

¿Qué te pasa, imbécil? ―chilló Bella cuando el desconocido se abalanzó contra ella, después de derrumbar al otro. Bella tomó su brazo y lo dobló con facilidad, pero el hombre se dejó caer sobre ella, aplastándola y logrando de paso que se golpeara en la cabeza, quedando atontada.

De pronto ya no sintió más el peso y oyó un forcejeo mientras intentaba pararse. La cabeza le dolía horrorosamente, pero fue capaz de levantarse y fijarse en la batalla de los otros dos. Estaba orgullosa de ese muchacho, sabía dar bien la batalla.

Pero todo se fue a negro cuando el tipo enterró la navaja en el costado y luego, volvió a hacerlo.

¡Ice! ¡Cucciolo! ―gritó alguien a lo lejos, que venía a su encuentro.

¡No! ―El cobarde salió corriendo cuando oyó el grito y Bella corrió al cuerpo del chico― Por favor, resiste. ¡Wolfe, debes correr tras ese desgraciado! ¡Ya!

Bella ―escupió sangre y Bella se tapó la boca horrorizada, por los conocimientos que tenía…

¡Seth! ¿Qué diablos ha pasado? ―una mano la quitó de allí.

Seth, no…

No…

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―Seth… No, por favor ―sollozó en sueños.

―Shhh, Bella, tranquila

Sintió un cosquilleo agradable en su mejilla que la tranquilizó y abrió los ojos lentamente para encontrarse el rostro preocupado de Edward muy cerca del de ella. El ojiverde se fijó en sus ojos brillosos por las lágrimas y secó con parsimonia los surcos que habían quedado.

Estaban tan cerca que…

«En un par de minutos aterrizaremos en París, por favor abrochar sus cinturones…»

―¿Qué… ―Bella parpadeó un par de veces y empujó a Edward. Eso había sido demasiado. Muy cerca, estaban muy cerca.

―Pero, ¿qué demonios te sucede? ―gruñó Edward. Bella lo miró agitada. Su corazón estaba a todo galope y era demasiado para ella.

―Estabas más cerca de los límites establecidos ―murmuró Bella concentrándose en abrochar su cinturón.

―Eso es muy estúpido porque estabas…

―¿Qué? ―Bella alzó la barbilla desafiante― ¿Estaba haciendo qué?

―Estabas llorando.

―No, eso es mentira.

Edward iba a replicar, pero ambos sintieron el bamboleo del avión cuando éste comenzó a aterrizar. Bella miró la caída por la ventana, tratando de ignorarlo lo más posible.

No tardaron mucho en tocar el suelo y en avisarles que ya podían bajarse del avión. Cual resorte, Bella se paró rápidamente, agarró su maletín y salió del avión seguida muy de cerca de Edward que se apuró en tomar sus cosas y correr tras ella, no le costó alcanzarla y detenerla, agarrándola del brazo con fuerza. La giró hacia él y la miró fríamente.

―No sé qué mierda te sucede, pero…

―No me pasa nada ―interrumpió Bella forcejeando por alejarse de él.

―Déjame terminar ―gruñó― Mira, me da lo mismo lo que te pase ―la expresión de Bella pasó de desconcierto a dolor y luego, a frialdad en cuestión de segundos― Pero ambos tenemos que hacer funcionar esta misión bien y se supone que somos marido y mujer, así que ahora te comportas.

―No me vengas a hablar de esas estupideces ―se soltó del agarre con facilidad― Soy yo la que tiene más experiencia de los dos.

―Claro, diez años de puras mentiras.

―Tú no sabes nada ―musitó Bella bajando la voz, luego se dio vuelta y se dirigió a la salida de equipajes, tomó el suyo y se alejó nuevamente― ¡Anda, súper agente, a ver si haces algo bueno y te consigues el taxi para ir a nuestra luna de miel!

Edward gruñó, corriendo para alcanzar su equipaje antes de que se extraviara y para alcanzar un taxi para la gruñona con la que tenía que hacer su primera misión. No sabía en que mierda estaba pensando Aro en el momento que decidió mandarlos juntos a esa misión.

Y eso mismo pensaba Jasper, mientras leía el itinerario que seguramente deberían estar llevando Edward y Bella en su viaje de ficticia luna de miel. Él debía monitorear sus movimientos desde un lugar céntrico de Europa que tuviese alcance desde Francia hasta Grecia, incluyendo el recorrido del crucero, así que estaba esperándolos en el punto de llegada, para cuando hubiesen terminado con su montaje y su misión en general.

Salió al balcón y recibió la brisa cálida que venía desde el mar. Pensó que a Alice le gustaría estar allí, bajo el sol templado de Grecia, ese clima tan agradable que había todo el año, al menos, la mayoría de éste. Contrario a lo que debería estar haciendo, se puso a divagar sobre su amada, en vez de estar atento a las coordenadas de su computador que mostraba cierta irregularidad que pudo haber prevenido, sólo si la hubiese mirado.

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Después de su escena en el aeropuerto, tanto él como ella se habían comportado civilizadamente y lo más cariñoso que podían, siendo que seguían estando molestos. Por supuesto, Bella no podía evitar decirle diminutivos cariñosos cargados de un imperceptible sarcasmo, pero que era evidente para Edward. Y él la contraatacaba con un poco de lo mismo. Así se habían llevado desde el aeropuerto al hotel y de la recepción a la suite.

Por fin había llegado la hora de conocer a su famoso estafador. Ambos habían memorizado todo del hombre y su esposa, sabían exactamente qué era lo que iban a hacer para conseguir la información al respecto. Se suponía que ese día, durante el tour por París iban a acercarse a los esposos para llamarles la atención y comenzar a sociabilizar con ellos. Ya dentro del crucero tenían todo esa semana en altamar para ganarse la confianza de ambos y acabar con la misión. Bella estaba capacitada para sonsacar información y Edward era alguien muy intuitivo por naturaleza.

Bella sonrió cuando se dio cuenta de su análisis. Aro sí que sabía lo que estaba haciendo; a pesar de que su relación no funcionase para nada, eso no quería decir que en lo profesional fallarían. Lamentablemente para ella, encajaban demasiado bien para hacer misiones.

El guía turístico era un rubio delgaducho, de nariz respingona y ojos celestes. Estaba demasiado peinado y muy bien vestido. La morena pensó que el tipo era muy extraño.

Bon jour! ―la voz de pito provocó una mueca en los agentes. Era tan gay― Mi nombre es Pierre Bonaparte, no soy familiar de Napoleón por si se lo preguntan. ¡Dieu ce serait horrible! ―habló con la misma voz afeminada.

―Dios, que voz más horrible ―se mofó Bella en voz baja y soltó una risita. Edward tosió un poco para disimular su propia diversión y escuchó otras toses y risitas mal disimuladas que el joven parisino quiso interpretar como diversión por su comentario idiota.

El joven siguió con su parloteo, mientras la vista de Bella vagó por toda la recepción en busca de dos personas en particular. De paso vio que Edward prestaba atención al tour que harían, así que lo dejó con ese trabajo mientras ella buscaba a sus prontos acompañantes de viaje. Finalmente divisó a la pareja, ambos parecían rodear la cuarta década. La mujer tenía poco cabello de color rubio cenizo y la piel muy pálida, justo como en la foto. Y el hombre era pecoso y pelirrojo, de piel rosada.

Codeó disimuladamente a su pareja y lo tomó del brazo para susurrarle:

―Ya encontré a la parejita ―musitó.

―Yo también, cariño ―murmuró Edward y se volteó para dedicarle una dulce sonrisa que logró desconcertarla.

―Uh…

―¡Entonces, nos vamos! ―el chillido emocionado los sacó de su trance. Bella se iba a separar del abrazo, pero Edward la tomó por la cintura con fuerza y la hizo ponerse frente a él, sorprendiéndola una vez más.

―Se supone que somos una pareja de recién casados, amor ―murmuró Edward bajando su cabeza a la altura del oído de Bella, lanzando su cálido aliento al cuello. La joven mujer se estremeció ligeramente, lo que causó una sonrisa en el rostro del cobrizo.

Bella respiró con fuerza cuando Edward la soltó repentinamente y tomó su mano, sin dejar de ser un perfecto caballero. Ese viaje iba a ser su muerte.

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―Esta pieza es muy encantadora ―le comentó Mariette a Bella con su adorable acento francés, ella sonrió ampliamente apreciando lo mismo que la mujer francesa. A su lado, el señor Du Poy asintió efusivamente, murmurando unas palabras en francés.

―Lo es ―asintió observando como Edward se acercaba a ellas y arqueaba una ceja en su dirección.

Habían estado gran parte del tour siguiendo de cerca los pasos de los esposos, pero nunca habían logrado un gran acercamiento como para comenzar una conversación y justo cuando Edward decidió que era un buen momento para ir al baño, ellos se habían acercado a mirar el mismo cuadro.

―¡Ah, ahí viene tu esposo! ―Mariette sonrió en dirección del cobrizo, Edward le regresó la sonrisa un poco confundido― Son un encanto, con Marc los vimos cuando él se fue. ¡Se ven tan enamorados!

―Oh, ¿en serio? ―musitó Bella sonrojándose. Edward finalmente se posó a su lado y la abrazó por la cintura.

―Buenas tardes ―saludó educadamente Edward― Soy el esposo de esta bella dama, Anthony Masen.

―¡Oh, pero qué descuido! ―exclamó ella estrechando la mano que ofreció el galeno― Mi nombre es Mariette Du Poy y éste es Marc ―jaló al hombre y éste les sonrió― No habla mucho inglés, es un poco tímido. Y dime, querida, ¿cómo dijiste que te llamabas? ―consultó, dirigiéndose a Bella.

―Uf, soy Elizabeth ―soltó Bella, se le había olvidado este detalle. Ella sabían quiénes eran ellos, pero ellos no quién ella― No sé donde anda mi cabeza.

―El amor, querida ―rió divertida la francesa― ¿Se toman unas vacaciones?

―Uhm, en realidad es nuestra luna de miel ―respondió Edward un poco tímido. Era extraño tener que mentir sobre eso.

―¡Oh, qué encanto! ―aplaudió entusiasta.

Los más jóvenes sonrieron incómodos. Se notaba que la señora era muy efusiva y bastante entrometida. Aparentemente, Rose había investigado muy bien las actitudes de la señora y sabía que probablemente el hecho de que fuesen recién casados llamaría más su atención, así que probablemente ella sería un factor que simplificaría su misión.

Bella sonrió demasiado complacida cuando la señora la tomó brazo y se la llevó por la galería, hablando entusiasmadamente de su propia luna de miel. Edward se quedó con el estafador, pensando en qué podría decir para hacerlo hablar.

―Así que… ¿no sabe mucho inglés? ―preguntó Edward en francés. El hombre lo miró y se rió.

―La verdad es que sí sé inglés ―habló perfectamente en el idioma del chico― Viví muchos años en Inglaterra, pero esta mujer es tan extrovertida que cualquiera es tímido a su lado. Vamos, rescataremos a tu esposa ―le palmeó el hombro con simpatía― No puedo creer que sea tan imprudente con una pareja de recién casados ―musitó y se rió para sí.

Sin embargo, Mariette y Bella los esquivaron y siguieron en su charla de mujer a mujer. Para el final del día Mariette confiaba tanto en la joven que estaba contándole sobre sus hijos ya casados y sus futuros nietos. Aunque eso no era tan difícil de lograr en una mujer como ella.

Edward aprovechó esa instancia para indagar un poco en el hombre y al final terminaron hablando de política y negocios que no tenían nada que ver con lo que el francés hacía en realidad.

En la cena ya cada pareja volvió a donde pertenecía. Bella se había relajado tanto conversando con Mariette que estaba más alegre y sonriente, así que había sido algo más relajante la conversación, aunque se la habían pasado comentando el día en general, mandándose mensajes camuflados en temas triviales. De pronto, Edward notó como Mariette miraba en su dirección como con curiosidad y alzó las cejas sugestivamente en su dirección cuando se pararon de la mesa para irse a descansar. Entonces, cayó en la cuenta que se suponía que eran una pareja de recién casados y parecían todo, menos eso.

―¿Sabes? Eres mi esposa

―¿Y? ―arqueó una ceja. Edward sonrió divertido.

―Pues sería raro que una pareja de recién casados no hiciera esto ―y antes de que Bella pudiese asimilar lo que estaba diciendo, la besó.


Diana:

¡Uh! Soy una maldita perra, lo sé. Me encanta dejarlas en suspenso, pero así soy yo. Bueno, ahora ven que por fin Edward tomó cartas en el asunto. Era obvio que no se iban a quedar tan tranquilos en esta misión. Muchas los compararon con el Sr. y la Sra. Smith y ya creo yo que a Bella a veces le encantaría agarrarlo a pistolazos y viceversa, pero lamentablemente para ellos son del mismo bando, así que no les conviene matar al doctor y la mejor agente. Lo que me alegra de todo esto es que ya estamos llegando a lo que yo quería. Vamos a ver como reacciona Bella y qué es lo que pasa después de esto. Los siguientes capítulos van a estar moviditos, no están escritos, pero sí planeados, así que puedo confesarles que en dos capítulos más el rated cambiará a M. Se los remarqué, para que estén avisadas. Ya haré las respectivas advertencias cuando cuelgue el capítulo.

NO tengo listo el capítulo que sigue, pero haré lo posible por terminarlo de aquí a la otra semana. No prometo nada, porque esta semana tengo que hacerme exámenes de sangre y varias cosas que uf, espero no me quite demasiado tiempo.

Gracias por los reviews, alertas y favoritos como siempre.

¡Hasta la próxima!