Los personajes de Yuri on Ice no me pertenece.

Gracias por su apoyo, por sus comentarios, votos y vistas. Me alegra mucho que les esté gustando y espero seguir manteniendo el interés en esta historia que para mí es especial.

Agradezco a todos los que se animen a leer esta historia.


Capítulo 12: No debo tener miedo

Minami intentó abrazarlo cuando lo vio al borde del llanto. Era evidente que no lograba entender lo que había provocado en Yuuri, lo terriblemente sanador que había sido para él ver todo eso, verse allí y recordar todo lo que pudo alcanzar. Cuando notó que el menor se acercó para cubrirle, en un gesto común para consolar, Yuuri no se lo permitió, levantando una de sus manos para formar distancia. No estaba acostumbrado a esos abrazos, solo lo estaba con una persona. No pretendía ser grosero, pero no creía necesario el gesto.

—No te preocupes, sólo me emocioné. —Le explicó, sacando un pañuelo de su bolsillo para secar sus ojos. Tenía la voz atorada, afectada por el nudo que se había formado en su garganta.

—¡Pero estás llorando! —dijo alarmado. Yuuri soltó un risita conmovida y le devolvió la mirada. Había un brillo nuevo, diferente, que hasta ese momento no había visto en él.

—En serio, estoy bien… Sólo, me hiciste recordar. ¿Puedo quedarme un poco más aquí?

—¡Claro! —Minami vio el derredor buscando algo que pudiera estar fuera del lugar.

Yuuri se acercó con cuidado a los varios póster que estaba sobre la cama. Podía escuchar la música de esos programas, recordar los pasos, la velocidad y las curvaturas que debía hacer con su cuerpo para ejecutarlos. Podía imaginar de nuevo el viento golpeando por su cara, la velocidad acariciándole los músculos, la fuerza de sus saltos, las rotaciones y la emoción de clavarlos, de hacerlos perfectos. Allí mismo, también había recortes con las noticias de la prensa del país para cada una de sus medallas de oro ganada, para cada vez que alcanzó el podio.

«Yuri Katsuki alza el oro por Japón en Sochi»

«Nueva marca para el FS. ¡Yuri Katsuki logra un histórico 224.97!»

«¡Japón vuelve a hacer historia! ¡Yuri Katsuki campeón del mundo!»

Fue imposible no seguirse sumergiendo en los recuerdos de cada victoria, de los sentimientos que tuvo con cada nuevo avance. Eso que ningún artículo de revista, ninguna nota de prensa, pudo inmortalizar. Su pecho vibraba, se sentía tan lleno que dolía. Era una sensación de malestar delicioso, necesario. Aún si sentía que el cosquilleo en su rostro persistía, estaba completamente seguro de que no quería dejar de sentirlo. Era un desborde en su interior.

—¿En verdad estás bien?

—Sí...

Ya no tendré miedo… Yo puedo hacerlo. Puedo darle un poco de lo que él me ha dado.

—Minami, mañana empezaremos el entrenamiento. —Se giró hacía el chico, quien lo miró aún agitado. Ese fuego de nuevo en su mirar, hacía que los ojos de un tímido color chocolate parecieran adquirir un nuevo color rojo—. No sé si seré el mejor entrenador, es posible que cometa muchos errores, que me equivoque, que no te entienda. Pero daré mi mayor esfuerzo para ser lo que necesitas.

—Yuuri…

—Ganemos no solo el GPF juntos. Ganemos toda la temporada.

—¡Sí!

Minami de un salto, sin poder contener la emoción, abrazó a Yuuri antes de que pudiera detenerlo, y lo llevó contra la pared mientras le apretaba con emoción. Notaba que la voz de Minami se había conmovido, parecía rota, pero era de una naciente felicidad. Yuuri intentó separarse, pero viendo que era imposible y deteniéndose a observar el resto de póster que cubrían a la habitación de su carrera, comprendió que no hacía falta eso. Que no había necesidad de contenerse.

Admiraba eso de Minami…

Él jamás tuvo el valor en los primeros años de mostrarle hasta qué punto había llegado su obsesión por Víctor, su necesidad de tenerlo cerca, su búsqueda de material para saber más de él e imitarlo. No podía imaginar en ese momento qué hubiera pasado si hubiera tomado a Víctor de la mano y lo hubiera sacado de las aguas termales, para así, mojado y apenas cubierto, haberlo llevado a su habitación llena de poster y haberle dicho: ¡Víctor, siempre estuve esperando este momento! ¡Siempre quise que fueras mi entrenador!

Sonaba irreal. Sonaba absurdo. Pero admiró y envidió esa franqueza de Minami, esa transparencia. Allí claro, sin máscaras, sin pretensiones, sin miedos, mostrándose aún con la posibilidad de ser lastimado, de ser herido con la indiferencia, con la burla, con el desaliento. Por eso era fácil abrirse lugar entre tanto blanco. Por eso podía hacer sinergia con lo cuadrado, lo plano, lo estéril. Minami era como una semilla que germinaba en el concreto.

—Siempre quise que fueras mi entrenador. —Le escuchó, sollozando. Yuuri volvió a sentir ese mismo sentimiento desbordante, arrollador, que sintió el día que Víctor llegó del mismo modo, como la nieve en abril.

Felicidad.

Víctor estaba hablando en serio cuando le dijo que ya tenía preparada su rutina de entrenamiento, una rutina que incluía ejercicios de resistencia, elasticidad, además de los normales en la pista para mantener el cuerpo aclimatado al hielo y practicar sus saltos. Yuri sintió que había hecho más en esa mañana que lo que había hecho en mucho tiempo, pero la constante actividad ayudó a que su mente no se entretuvieron con pensamientos innecesarios, enfocándose.

Mientras él debía hacer los ejercicios de estiramiento que solía hacer de adolescente, miraba a Víctor volviendo a patinar en el hielo, con la misma gracia de siempre, como si jamás la hubiera perdido. De nuevo desviviendose mientras se movía, alzando las manos, girando sobre su eje, mirando al cielo y entregándose a una melodía que solo existía en su cabeza. Al principio, pensó si acaso podía extrañar los gritos del público, él mismo los extrañaba. Pero luego dejó de hacerlo, concentrándose en robar todo lo que podía de la forma en la que Víctor se expresaba.

Cuando lo veía, le resultaba difícil quitarse de la mente la edad. Víctor ya estaba por encima de los treinta años, había perdido la gracia del rostro joven que tenía cuando iniciaba su época de Senior. Pero su expresión corporal, no cambió. Víctor fue reinventándose cada vez más, creando su imagen a conveniencia y aprovechando su cuerpo conforme su edad avanzaba. Víctor siguió creciendo, formándose, y eso no detuvo su carrera de ascenso.

Incluso, cuando retomó su carrera después de Yuuri, su brillo fue inconmensurable. Nadie dudó que Víctor había llegado con mayor fuerza, que su talento ahora tenía un nuevo empuje, un motor que lo hacía brillar aún más. Con el tema de Love & Live, fue subiendo y fue provocando nuevas oleadas de sorpresas ante todos. Si no hubiera seguido con la idea de ser entrenador y competidor al mismo tiempo, quizás las cosas hubieran sido distintas. No quería pensar en eso, los hubiera no tenían sentido.

Georgi se acercó a la espalda de Yuri, cuando éste sujetaba su cabello para prepararse a entrar a la pista. Sus ojos estaban fijos en Víctor, en la forma en que bailaba en el hielo y la manera en que su rostro expresaba cosas que no lograba descifrar.

—Me dijo Mila que te mudaste con él, ¿puedo saber a qué se debió esto? —Yuri se limitó a soltar un bufido y se levantó mientras se preparaba para iniciar la nueva parte de sus ejercicios.

—Así vigilo que no tome como excusa mi falta de inspiración para quedarse en la cama. —No fue una justificación muy creíble, y Georgi se lo hizo saber con su mirada. Pero quizás no fuera del todo una mala idea.

—Ya mañana tendremos a Yakov de alta, aceptó quedarse en mi casa mientras está en reposo, así estaremos vigilándolo. Puedes ir a visitarlo cuando quieras allí.

—¡Yuri! —Escuchó la voz de Víctor, quien se había detenido y estaba ignorando las miradas de los más jóvenes para concentrarse en su nuevo pupilo—. Entra a la pista.

El aludido no dijo nada. Solo soltó el aire y le entregó los protectores a Georgi, quien lo miró de forma curiosa. Sus ojos buscaron comprender porque veía algo diferente en el semblante de Yuri, algo positivo. Ya no se veía en el caos de antes, más bien parecía haber encontrado un punto de equilibrio. Sus ojos estaban fijos en un objetivo.

Se deslizó en el hielo, con facilidad, mientras miraba la figura de Víctor con sus brazos cruzados y la mirada helada dirigida a él. Si la vida le estaba dando la oportunidad de que lo entrenara iba a aprovecharla. Quería ganar, quería volver a tener el oro, quería volver a sentir la euforia. Lo único que le había quedado claro mientras ejercitaba y seguía sus indicaciones es que se aprovecharía de ello y sacaría lo que estaba buscando: volver a ser el vencedor. Lo haría sin titubear.

—Quiero ver tus saltos. Empieza desde los simples, y ve subiendo de dificultad.

—No puedo creer que tenga que hacer esto…

—Creelo y hazlo. —El tono no parecía admitir ninguna réplica. Yuri suspiró y miró la extensión de la pista como si calculara la distancia.

—¿Puedo escuchar mi música para hacerlo?

—Lo que te sea más cómodo. Quiero ver en dónde está fallando tu ejecución.

Yuri se colocó los audífonos y patinó un poco más allá, para separarse de Víctor, no quería tener un accidente con él. Al sentir que estaba en una prudente distancia, comenzó a patinar al derredor de la pista, sin un ritmo fijo, solo buscando el impulso para realizar los saltos.

Primero realizó los saltos sencillos, que involucraba solo una rotación. Lo hizo con firmeza, sin problema alguno, manteniendo su postura y con una elegancia que aún perduraba con la seguridad de sus movimientos. Dio una media vuelta y empezó a patinar de espalda, se preparó para hacer un toe loop, clavándolo sin problema, y siguió un Salchow doble. Intentó no hacer muchos seguidos para mantener su energía y no perderla en los momentos importantes. Víctor seguía sus movimientos, de forma analitica. Su pulgar sujetaba su mentón mientras mostraba una total concentración en los movimientos de Yuri.

No había nada distinto a lo que conocía antes. Yuri seguía teniendo la energía, la vitalidad y la confianza al ejecutar sus pasos. Siempre había sido así, destacaba deportivamente porque tenía la ambición de lograr las cosas mucho antes del tiempo que el mundo decía, adelantándose constantemente al reloj. Ahora parecía que su reloj había quedado estancado, como si una piedrecilla impidiera el correcto funcionamiento de los engranes. La pregunta era cual estaba parado: ¿el minutero, la hora o el segundero?

¿Acaso había alguna diferencia?

Víctor miró con intriga cuando Yuuri se cayó al realizar el flip triple. Se recuperó casi de inmediato, pero los otros saltos fallaron en su ejecución. Notó perfectamente el momento en que la irritación buscó cegarlo y soltó el aire, mientras liberaba sus pasos. Dio dos fuertes palmadas y vio a Yuri detenerse, con las manos en sus rodillas y visiblemente afectado.

—Ha sido suficiente.

Yuri mordió sus labios, con la sensación de derrota de nuevo nublándole la vista. Tomó aire, y no quiso mirar a Víctor mientras este permanecía en su posición, sin aparente intención de acercarse.

—Descansa y vuelve a ejecutarlos. —La orden de Víctor fue clara pero Yuri dudó que sirviera de algo. No estaba cansado, no era eso, simplemente no podía.

Sin embargo, debía seguir intentándolo. No podía darse por vencido tan fácilmente.

—Inicia desde los triples.

Escuchó la nueva orden y sin detenerse a replicarla, volvió a deslizarse, buscando de nuevo obtener el impulso y la velocidad adecuada. Intentó con un salto que siempre solía clavarlo, uno emblemático de su carrera y que había sabido aprovechar muy bien. Se deslizó y desde la figura del águila, se movió para darlo tratando de aumentar la dificultad. Volvió a caer.

—No te compliques añadiéndole dificultad. Solo quiero que claves el salto.

—¡Lo sé! —respondió frustrado. Volvió a iniciar la marcha mientras sentía el sudor mojarle las sienes.

Víctor le miró con mayor interés, notando la nueva caída. Desde las gradas, Otabek quien acababa de llegar también pudo mirarlo, apretando con su palma el filo de metal de la baranda. Yuri volvió a levantarse y la voz de Víctor se escuchó de nuevo, pidiéndole que lo repitiera de nuevo, como si ya no fuera suficiente.

Georgi mantuvo su mirada fija, preocupado al ver la cantidad de fallos que Yuri tenía y que no eran tan evidente cuando las prácticas consistían en presentación y saltos. Quizás Yakov había buscado de ese modo minimizar el impacto mental en Yuri al verse caer incontablemente haciendo lo que siempre pudo hacer. Víctor lo estaba confrontando directamente, sin anestesia, lo estaba mirando golpear el suelo y lo estaba impulsando a levantarse de nuevo. Sin misericordia, sin visible empatía, sus ojos parecían hechos de hielo puro mientras le veía sucumbir.

—Hazlo de nuevo. —Victor ordenó, mientras golpeaba con la yema de su índice a su antebrazo, empezando a irritarse.

—¡No ves que no puedo! —Gritó por fin Yuri.

Había llegado al límite.

—¿Qué más quieres que lo intente? ¡No puedo hacerlo!

—¿Por qué?

No lo sabía. Yuri se mantuvo en silencio apretando sus puños contra el hielo, sin poder responder a eso. No lo sabía.

Su cuerpo antes era más liviano y parecía llevar con facilidad la ejecución de sus saltos. Antes lo sentía parte de él, algo tan simple como respirar o caminar. No requería esfuerzo, solo concentración, determinación y la velocidad necesaria para tomar el impulso. Ahora parecía que todas las variables para dicha ecuación habían sido manipuladas, y que el resultado solo lo estrellaba al suelo estrepitosamente.

Recordó las palabras de Víctor esa madrugada, la forma en que enfatizó que dentro de él creía que su cuerpo al haber crecido era un problema. No debería serlo, Víctor tenía razón en eso. Víctor siguió ejecutando saltos perfectos y añadiendo a su repertorio otros más a pesar de haber crecido. Yuuri incluso lograba ejecutar sus saltos estando por encima del peso permitido y aún mayor siguió aprendiendo y perfeccionando más. El resto de los competidores lo hacía, Otabek lo había hecho, ¿cuál era el maldito problema con él?

Le frustraba no saberlo, no poder responder.

Otabek contuvo el aire mientras veía a Yuri aún debatiéndose entre sí levantarse o no. No sabía de qué modo reaccionar, el mismo tenía sus dudas de poder ser de alguna ayuda para él. Mila se acercó a su espalda al notar la tensión acumulada y pasó sus dedos por la nuca, intentando relajarlo. Aunque ella misma también se sentía afectada tras ver eso, si se le podía llamar entrenamiento.

—Vuelve a hacerlo.

Víctor repitió la orden, indiferente al caos mental que ya estaba teniendo Yuri. Otabek deseó que ya se rindiera, no quiso explicarse porqué ni pretendía decírselo, pero deseó que ya se rindiera. Georgi también deseó lo mismo, considerándolo suficiente, sin embargo, Yuri volvió a levantarse y se pasó el antebrazo por su nariz, con el notable enrojecimiento en ella y en sus mejillas delatando su estado emocional.

Las cuchillas volvieron a moverse sobre el hielo. Empezó lento, no tomó velocidad rápido, como si ahora Yuri dudara de poder ejecutarlo correctamente. Víctor aguzó la mirada, firme a él, detenidamente inspeccionando cada nuevo movimiento. Fue tomando velocidad conforme se deslizaba, dándole la espalda al hielo, buscando el impulso necesario para hacerlo y lograrlo al menos una vez. Recordó a su abuelo, la sonrisa que le daba cuando le contaba que había aprendido cada salto y que quería que él lo viera. Memoró su mirada orgullosa, y hasta pudo sentir de nuevo el peso de su mano caer sobre su cabeza rubia.

«No fue solo la muerte de tu abuelo.»

Salchow triple terminó siendo un doble y con un clavado imperfecto.

En un arranque desesperado, Yuri se dirigió al otro lado de la pista, lejos de donde tenía a todas las miradas puestas en él. Al llegar a la baranda se quedó de pie, con los codos sobre ella y visiblemente cabizbajo, pero alejándose conscientemente de todos ellos a sabiendas que habían visto todo y seguro estaban preocupados, muchos más preocupados. Víctor decidió acercarse con suavidad deslizando el filo de sus cuchillas en el hielo. Yuri podía reconocerlo, el sonido que hacían era diferente a cualquier otro y detestó cada nuevo paso como si fuera eso el culpable de su propia imposibilidad.

Cuando lo sintió cerca, se quitó la cola y dejó que el largo de su cabello le cubriera sus facciones. No quería mirarlo, ni tampoco darle la opción a Víctor de seguir observándole y encontrandole más carencias.

—Sólo tengo una pregunta, Yuri. —La voz sonaba calma, pero Yuri reconocía que el tono de Víctor podía ser falso—. ¿Te has lesionado recientemente?

—¿Acaso deliras? No me he lesionado. —Aseguró, mascullando entre dientes.

—Entonces, ¿por qué actúas como si fuera así?

Yuri no levantó la cabeza, no emitió ningún sonido, pero el temblor y la tensión de su espalda fue lo suficiente elocuente para Víctor. No esperó siquiera a que elaborara alguna, sabía que Yuri debía analizar muy bien lo que estaba pasando consigo mismo.

Sin esperar más, Víctor volvió al otro lado de la pista y salió de ella. Con sus guantes puestos, se puso los protectores de los patines y caminó luego hasta la banca, para quitarselo. Ya daba por terminada la sesión.

Otabek y Mila recibieron a Yuri cuando decidió salir de la pista, después de que Víctor desapareciera del lugar tras tomar el abrigo y salir con su morral de allí. Intentaron animarlo, pero Yuri decidió que quería estar solo esa tarde, que prefería retirarse y dejarlos a ellos en la pista. Mila tenía que practicar y él personalmente no se sentía en condiciones para hablar con nadie.

Estaba enojado consigo mismo. Enojado por su propia imposibilidad que además no tenía justificación alguna. Parecía que se estaba autosaboteando y la idea le resultó aún más detestable. Se fue a su propio departamento, porque además de que debía buscar más cosas para llevar a casa de Víctor, tenía que buscar a su gata. Pero lejos de ponerse a empacar lo que quedaba prefirió darse un baño y luego acostarse en el desastre de su habitación.

Con un brazo sobre sus ojos, se limitó a callar y pensar. Víctor había dicho muchas cosas y cada una de sus palabras revoloteaban en su cabeza, aturdido como si escuchara a un nido de avispa. Se sentía agotado, le dolía el cuerpo, pero la depresión que sentía encima amenazaba con hacerlo estallar y dejarlo allí, invalidado.

Pronto, sintió un ronroneo que reconoció, y los pasitos acolchados de su gata llamó su atención por un momento. Apartó un poco su brazo para mirarla con su pelaje blanco, elegante y caprichosa, maullando al saberse observada. Así, sin más, su mascota se acercó y se puso sobre su pecho, acurrucándose de forma cariñosa. Agatha no solía serlo, era muy arisca, odiosa, como su dueño. No le gustaban los mimos y solía huir de ellos la mayoría del tiempo. Pero estaba haciendo justo lo que hizo cuando llegó del sepelio de su abuelo: lo estaba consolando.

—Agatha, ¿que es un patinador si no puedo hacer los saltos? —Su mano se paseó por el pelaje de su gata, suave y gentil, como si fuera una caricia. Sentía su garganta trabada, sus ojos ardiendo con enojo y la necedad de no llorar. Ya se había sentido lo suficiente débil y patetico.

Para cuando cayó la noche, fue Víctor quien llegó a su propio departamento. Encontró a Yuri sentado frente a la puerta, con otro equipaje y su gata entre las piernas, curioseando. Víctor les mantuvo la mirada un segundo, en especial a la gata, quien llamó su atención. Había aprovechado para traer pan antes de llegar a casa pero acababa de percatarse de que Yuri necesitaría una copia de sus llaves.

—¿Y ella?

—Es mi gata, Agatha. —Presentó, levantándose del suelo mientras la minina saltó para quedar al suelo y levantar la cola. Ronroneo coqueta hacía Víctor y fue como si Yuri recibiera una patada en su estómago. ¿Acaso todos tenían que lamer el piso que pisaba el maldito ex campeón?

—Oh, Agatha. Precioso nombre.

Sí, parecía que toda la naturaleza estaba allí para adorar a Víctor Nikiforov. Agatha se volvió sumisa, encantadora y soltaba ronroneos delicados mientras recibía las caricias de Víctor en su mentón peludo. Yuri quiso casi que vomitar, y se apresuró para pasar al lado de ellos cargando su maletín y con ganas de encerrarse pronto a su nuevo cuarto improvisado.

—Traidora… —masculló, viendo con mala cara como la gata se paseaba confiada por el apartamento. Víctor intentó levantarse tras haberse agachado para acariciarle, pero le costó un poco más de lo previsto. Se notó por la forma en que contuvo un quejido y tuvo que sujetarse de la pared.

Yuri no apartó la mirada de Víctor, cuando lo vio levantarse y cerrar la puerta. Dejó las bolsas de compras a un lado, también su mochila y estaba seguro que estaba cojeando, aunque intentara disimularlo. Cojeaba de su pierna derecha. Apretó su mandíbula, sin decir nada. Parecía que ambos consideraban necesario el silencio.

—¿Ya cenaste? —preguntó Víctor, tras servirse un vaso con agua y beber un par de cápsulas. Yuri no preguntó de qué eran, solo lo observó en silencio antes de responder.

—No.

—Bien, ya prepararé algo.

—¿No te molesta que traiga a mi gata?

—No, la presencia de una mascota es bienvenida. Además no es arisca como su dueño.

Volvió el silencio. Yuri se sentía anómalo con él, pero ahora no podía comportarse de forma grosera. No mientras lo miraba cojear y parecía aguantarse el dolor.

«¿Te has lesionado?»

Retiró la mirada y decidió entrar a su habitación provisional mientras estaba allí. Dejó caer su otro morral y miró a su gata pasearse curiosa por la nueva habitación, seguramente mirando cómo adueñarse de ella.

Esperó unos minutos allí, sin nada en mente. Incluso iba y venía por sus notificaciones sin ánimos de contestarle a nadie, ni siquiera a Mila y a Otabek. Víctor volvió a llamarlo con su voz, visiblemente animado. Yuri no podía comprender que de todo lo que estaba pasando lo irritaba más.

Atendiendo al llamado, fue hasta la sala donde Víctor colocaba los platos de la cena. Apretó los labios mirándolo ordenar todo y tomó sin interés el emparedado del plato, y luego el plato debajo de él para dirigirse al mueble, negándose a comer en la mesa. Víctor pensó que quizás todo lo que había crecido Yuri era de altura.

—Se come en la mesa.

—Bah. —Ignoró, y se sentó en el mueble con las piernas abiertas. Víctor soltó un suspiro y le lanzó desde allí una cubierta de un Blueray que Yuri ni se animó a leer.

—Ponla. Parte de nuestra rutina de entrenamiento será culturizarnos. Así que esta es la obra que escogí para hoy.

Yuri consideraba una estupidez culturizarse, porque ya de hecho sabía bastante de obras y de libros, que no fuera lo que más amara hacer era otra cosa. Bueno, sí, tampoco era que le tomara el minimo interes, pero había tenido que hacerlo cuando era más chico y estaba en ballet.

Sin animarse a leer el título de la obra, simplemente la colocó y se acercó para colocarla en el equipo. No tardó en activarse en la TV y aparecer el menú para la selección que Víctor desde su lugar manejó.

—¿Peter pan? —La cara de horror de Yuri fue bastante elocuente. ¡Era una de las cosas que más detestaba en el mundo! Víctor hizo caso omiso, y tras acabar su emparedado se acercó hasta el mueble y se sentó cómodamente, recibiendo en su regazo a una coqueta Agatha que quería más cariño de humano.

—A mi me gusta mucho —dijo Víctor con voz cantarina. Yuri quería era desaparecer.

Parecía estar pagando alguna especie de pecado en vida.


Agradezco a todos los que me leen y escriben. Me hace feliz leerlos y me alegran el día entre trabajos y mil temas personales que ando resolviendo. Escribir esta historia y leerlos a ustedes, hacen que vale la pena invertir un poco de mi limitado tiempo para escribir este fic.

Lu: ¡Claro que te contestaría! Me gusta leer los comentarios y trato de devolverles el favor respondiendoles. Primero, gracias por las recomendaciones de música, ¡me las he escuchado y me han ayudado para enfocar más mis ideas al escribir! Me alegra que también veas que Otabek es lo poco que le queda a Yuri de su agape, ¡es algo que quería dejar plasmada en la historia! Y sí, en parte por eso pensé en esa palabra para Yuuri, yo también estoy esperando ansiosa su encuentro. Ya escribí la escena, pero no sé si pueda cambiar algo conforme vayan avanzando los capitulos. ¡Gracias de verdad por contestar!

LiLe1212: Que gusto ver que has leido todo el fic. No has llegado tarde, ¡has llegado justo a tiempo! ¡Agradezco no solo el tiempo que te tomaste en leer sino también en comentarme! Y lamento haber tenido que partir tu corazón al primero leer VictuuriWeek para entrar a este. Quería usarlo como base para la parte bonita de este fic, y hay algunas otras escenas que estarán en otro fic porque son del pasado.

Tal como tu, escribir este fic me hace esperar con más calma la nueva temporada. Me alegra que te haya gustado la explicación sobre el amor. Me parece que las cosas son más dolorosas así que una infidelidad, o que el amor muriera, porque se queda como estancado. Ellos seguramente tendrán que hablar al respecto en algún momento. Sobre Georgi, tengo el headcanon de que por su empatia y sentimentalismo, es una persona muy perceptiva, y podría entender mejor los sentimientos de los demás, desde que miró el programa de Micky y dijo esas palabras. Así que, como además lo amo, quise darle un papel más relevante y una linda familia. ¡Espero que te guste como sigue esta historia!

: Es lindo recibir mensajes de lectores nuevos. ¡Me hacen sentir que la historia está creciendo de a poco! Quiero intentar mantener la tensión en el fic para que las cosas se vayan descubriendo de a poco con respecto al pasado, sin tener que aventarme un largo flashback, no me gustaría para no perder el hilo de la historia y quiero que permanezcan con la visión de resolver el presente. Aunque debo decir que tus teorias están bastante cerca XD Me alegra que te haya gustado Minami, también me encanta como es. ¡Es imposible no quererlo! Y sí, Yuuri y Victor necesitan hablar, pero de momento, están con las personas que necesitan para sacudir la tierra que les dejó su fallida relación.

Voy a revisar la opera que me pasaste, seguro me ayudará para las ideas que tengo sobre él. ¡Gracias de verdad por dedicarte a comentar!


Ahora, aprovecho para preguntarles a ustedes como lectores ya que me gustó mucho sus respuestas: ¿Por qué a Yuri no le gusta Peter Pan? ¡Me gustaría leer sus teorías!