A mi primo Eder (4/08/88 – 21/04/11):Sé que los suicidas no van al cielo, pero si Dios no te deja entrar, entonces no es ni tan bueno ni compresivo como dicen.


El colmo de la vanidad

14

El orgullo que se alimenta con la vanidad acaba en el desprecio.

Benjamin Franklin

-:-:-:-

Luna sabía que desentonaba en el lugar. Así que no era necesaria la mirada de halcón que le estaba lanzando la recepcionista. Giró los ojos con fastidio detrás de sus lentes oscuros para después darse a sí misma un repaso: zapatos de tacón con motivos de leopardo; leggins grises de bajo de una minifalda de jeans; camiseta blanca debajo de un chalequito rosa y de un abrigo negro; y para rematar un gorrito morado en su cabeza. ¡Estaba fantástica! Una verdadera lástima que los demás no supieran nada de moda.

-¿Puedo ayudarla en algo?-preguntó la recepcionista cerrándole el paso frente al asensor.

-No-fue la seca respuesta de la rubia que bajó las gafas hasta su nariz para poder mirar bien a la chica.

-Insisto.

-Vengo a ver al Sr. Lovegood.

-¿Tiene una cita?

-No

-Entonces le sugiero que se marche.

Luna rodó los ojos otra vez, ¿es que acaso esas líneas eran un cliché de las secretarias?

-Mire señorita-dijo Luna aguantando a duras penas su enfado,- por su bien, le sugiero que me deje pasar…

-¿O qué?

-Le diré a mi padre que la despida. Ahora valla a su teléfono y avíseles en presidencia que Luna Lovegood está aquí.

Luna nunca le hubiera hablado así a un empleado (ni a nadie) pero ese día estaba de malas: tenía sueño, un examen para el que no había estudiado, dos ensayos pendientes, buscar un vestido y ponerse al corriente con el periódico. Y es que todo estaba patas arriba desde que Ron le llamó como desesperado pidiendo ayuda.

Resulta que, al parecer, el oponente del Sr. Weasley había mandado a diversos medios de comunicación fotografías comprometedoras de éste con una muchacha en el cuarto de un hotel. El escándalo había sido de proporciones catastróficas para la campaña y, por poco, para el matrimonio de Arthur. Molly al ver las fotos, se había encerrado en la recámara y se había negado a hablar con nadie. Después de muchos ruegos y de que Arthur, harto de que su mujer no confiera en él, había derribado la puerta de una patada y explicado a gritos que las fotos eran falsas ya que cuando las tomaron ellos estaban en Escocia. Roja de vergüenza Molly pidió disculpas y se dedicó en cuerpo y alma a apoyar a su esposo.

Ron, más listo que los jefes de campaña, había telefoneado a la rubia. Luna conmocionada llamó a su padre quien de inmediato suspendió la reproducción de las fotos y la noticia en los canales de televisión y la posible aparición de las mismas en los diarios de su propiedad. En su lugar, dio la orden de que se explicara que el candidato a primer ministro había sido calumniado y que se mostraran todas las evidencias de que las fotos eran falsas: los tres brazos del Sr. Weasley y el hecho de en una foto de una posición bastante peculiar, todo el troco del cuerpo estaba al revés en relación con la cabeza. Con el apoyo de los medios de comunicación más importantes y serios del país el daño no había sido irreparable, pero sí que había provocado una baja de puntos en las encuestas.

Luego de la crisis Ron había insistido en hablar personalmente con el Sr. Loveggod para agradecerle todo el apoyo. Luna no supo que se dijo en ese despacho, pero esa misma noche su padre se presentó en su departamento con un equipo de mudanza y le pidió, luego de abrazarla por un rato muy largo, que se fuera a vivir con él en la mansión familiar. Ella, impresionada, solamente asintió con la cabeza y acompañó a su padre a cenar.

Al principio las situación era tensa, pero justo antes del segundo plato, el padre de Luna había recibido una llamada, ella atenta a la conversación dedujo el problema y la posible solución así que cuando su padre colgó le comentó sus ideas. El Sr. Lovegood se había quedado impresionado y había reído de lo más contento y empezado a disparar una serie de preguntas relacionadas con el negocio que Luna contesto como si le estuvieran preguntando las tablas de multiplicar.

Después, ya en un ambiente más serio y de camino a casa, su padre le puso al tanto de los negocios. Le dijo que su madre en su testamento le había heredado sus propiedades, las cuales incluían una casa en Escocia, dinero en el banco y El Quisquilloso. Éste último no era un periódico muy importante (no de tirada nacional), le dijo, pero que sí podía servir como un base para que empezara a adentrarse en el mundo de los Medios Informativos, si quería. Le dijo que era buena en los negocios, que estaba orgulloso de ella, que la quería y que le pedía disculpas por todo el tiempo perdido.

Hubo lágrimas, abrazos y risas, pero antes de acostarse en su antigua habitación. Su padre la arropó, le beso la frente y antes de salir le deseo buenas noches.

La recepcionista había insistido en hablar primero a Presidencia antes de que Luna pudiese subir. La rubia no quería ser prepotente, pero si algo había aprendido de sus amigos del TD, que eran gente poderosa, era el no dejarse de gente que trabajaba para uno, porque luego eso podría tener como consecuencia la falta de respeto.

Para su total satisfacción, y pequeño remordimiento por su actitud, vio como la chica palidecía y empezaba a tartamudear disculpas.

-¿Puedo ir ya a ver a mi padre?-Luna se bajó las gafas hasta la punta de la nariz,-¿o tengo que esperar el permiso de alguien más?-preguntó con burla.

-Yo… yo… si… pase… pase.

-Gracias-dijo Luna con una sonrisa irónica y caminó en dirección al elevador.

Empezaba un nuevo día, una nueva vida y sería una nueva Luna. Ronald Weasley podía irse al carajo. Ya estaba harta de ir mendigando un poco de su atención, y con todo el asunto de las fotos le había quedado perfectamente claro qué era lo que él quería de ella: nada.

Sí, nada. Pues desde un principio él se acercó a ella porque una profesora lo ordenó y no porque en verdad quisiera conocerla. Después la invita a un baile y habla de ella con la peor cotilla de la escuela; eso, según él, era pura mentira y para demostrarlo le suelta un rollo de lo más romántico. Luego la besa y la rescata de unos idiotas que la molestaban. Le pide su ayuda, ella le salva el trasero y él ¿Qué hace? ¡La ignora!

Tal vez ella era inocente e ingenua por creer en las hadas y princesas, pero no era tonta y acaba de descubrir que también era orgullosa, por eso no iba a permitir que Ron jugara con ella y, desde luego, no iba a llorar ni a penar por él.

-:-:-

-Me siento rara-me susurró mi madre mientras recorríamos el pasillo de los cereales en el supermercado.- ¿No podrían ser más discretos?

-Sólo si se hicieran invisibles-conteste volteando hacia donde estaban los dos guardaespaldas que nos seguían de cerca.-Además así no llaman tanto la atención.

-Claro-respondió mi madre rodando los ojos,-dos tipos que miden casi dos metros, siempre pasan desapercibidos. Ignoré su sarcasmo y mejor eché al carrito una caja de cereal mirando de reojo a los dos hombres que desde una semana atrás nos seguían. Ya no vestían de negro ni usaban lentes, pero el intercomunicador y las armas eran fundamentales.

Harry y yo habíamos tenido una muy buena discusión al respecto. Todo comenzó con el escándalo protagonizado por el padre de Ron. Luna, después de la llamada de Ron, se comunicó con su padre quien de inmediato suspendió la aparición de las imágenes. Los señores Potter, Black y Malfoy, amigos del candidato y líderes de las familias más acaudaladas y, por ende más poderosas del país, habían declarado en una conferencia de prensa organizada por el padre de Luna, su apoyo y confianza al padre de Ron. Después, la noticia del momento fue la supuesta demanda por fraude que enfrentaron los Potter. Según me contó Harry, los abogados de la familia descubrieron la "trampa" prácticamente con sólo mirar el documento. El problema fue que el tiempo que tardaron en ponerle fin a la acusación y hacer una declaración (otra vez a la prensa del señor Lovegoo), bastó para que las acciones de la empresa bajaran varios puntos y perdieran muchos millones

Con los Malfoy, las cosas fueron muy diferentes. Para empezar a quien atacaron no fue a la corporación ni fue con la intención de desprestigiar, fue un ataque directo. La mamá de Malfoy salía de la estética "Belleza para más Belleza" cuando un aparato explosivo hizo volar su automóvil. Por suerte, el atentado solo dejó heridos, entre los cuales estaba la Sra. Malfoy que tenía varios rasguños en piernas, brazos y cara. La reacción de Lucios no se hizo esperar, se puso furioso y clamo venganza. Llamó a la policía, al ejército y a todos los contactos no tan legales que tenía para que encontraran al responsable. Mientras tanto, cada miembro de las tres familias debía de estar siempre vigilado y la seguridad de las casas y las empresas se duplicó.

-¿Pero yo que tengo que ver?-le había preguntado cuando me informo de que estaría vigilada

-Luna, también…

-Eso lo entiendo. Ella tiene dinero y se ha involucrado de manera indirecta pues su padre ha sido de gran apoyo, pero ¿ponerme guardaespaldas a mí y a mis padres? No soy nadie, es decir, nadie importante. Y mis padres son dentistas, ¡por amor de Dios!

-Eres importante-me dijo enfadado.

-Sabes bien que no. No tenemos dinero ni nos relacionábamos con nadie importante…

-Hasta ahora.

-…hasta ahora-acepté.- Y aún así, solo somos amigos y…

-Eres más que eso y lo sabes-me dijo acercándose y rodando los ojos.

-¿Es que Liz me considera la hermana que nunca tuvo o algo así?- pregunté nervosa y bajando la mirada. Harry estaba frente a mí invadiendo mi espacio personal y llenando el aire con su aroma.

-No eres tan lista. Ahora veo porqué eres siempre la número dos.-Su comentario hecho en tono de burla hizo que mi yo orgullosa levantara la cabeza y le lanzara la mirada "Muérete" marca Granger.-Si frunces el ceño te saldrán arrugas.

-Yo soy lista.

-No, no lo eres.

-Claro que sí.

-No, porque si lo fueras sabrías que eres la persona más importante para mí…

-¿Eh?

-Por eso no voy a permitir que nada te lastime. –Su mano acunó mi cara y mi corazón sufrió una taquicardia.- Tus ojos so hermosos…-su cara se acercó más a la mía y ahora fue mi respiración la que se aceleró.- podría perderme en ellos. Te quiero, ¿qué no lo vez?

-Harry…-suspiré cerrando los ojos. Sus labios rozaron los míos y la poca capacidad de raciocinio que me quedaba se fue volando. Sólo era consciente de sus labios tocando los míos, de su lengua delineando mi labio inferior para luego lujar con la mía. Sentía sus brazos rodeando mi cintura pegándome más a él y su pelo escurriéndose de mis dedos…

-Sé mi novia-susurró pegando nuestras frentes y con la respiración agitada.-Se mi novia-beso mi nariz.-Se mi novia-beso el hueco debajo de mi oído derecho.-Se. Mi. Novia.-pidió de nuevo antes de volverme a besar.

Cuando nos separamos para poder respirar, sólo pude susurrar:

-Sí.

Él me levantó del suelo y me hizo gritar mientras dábamos vueltas. Lo que siguió fue una sesión de besuqueo e su cuarto que llegó a su fin cuando su mamá tocó la puerta pidiéndonos que bajáramos a cenar.

A pesar de que el asunto de los guardaespaldas quedó en el olvido, éste regresó a mi cabeza la mañana siguiente cuando tres hombres vestidos como Will Smith en MIB se presentaron en mi casa. Llamé a Harry hecha una furia y después de gritarle unas cuantas cosas referentes a la individualidad y no sé qué más me colgó (sí, ¡él me colgó el teléfono!) y en menos de media hora estaba en mi casa hablando con mi padre.

No sé qué fue lo que le dijo ni cómo se lo dijo pero mi padre aceptó de buena gana que tuviéramos seguridad. A mi mamá, al principio, la idea la resultó existente pues le hacía sentirse como alguien importante…

-… es como si fuera una princesa-había dicho entre risitas.

Por mi parte había fruncido el ceño todo el tiempo y soltado bufiditos.

-¿por qué no entiendes que todo es para mantenerte a salvo?-me preguntó mientras conducía hacia el colegio.

-¡Porque es una exageración!- contesté alzando los brazos con desesperación.- Tú mismo dijiste que todo lo que ha pasado eran coas de niños: lo del señor Weasley fue algo hecho en un ordenador cualquiera; lo de tus padres fue algo muy simple: y lo de Narcisa, y aquí te cito textaulmente, ¡fue un maldito chiste! Así que no entiendo por qué te empeñas en hacer esto.

-Es para prote…

-…germe-lo corté.- Créeme eso lo entiendo y es muy dulce. Pero me estas imponiendo hacer algo que me incomoda y no me gusta. Además ellos llaman mucho la atención. ¿Cómo voy a pasar desapercibida o como alguien "normal" si me siguen personas que parecen sacadas de una película de espías?

-Bien-dijo luego de un momento,- ¿si ellos actúan como gente "normal", aceptarías estar vigilada?

-Harry…-

-Haslo por mi tranquilidad. Sé que dije que lo de Narcisa fue casi una broma, y lo fue en el sentido de que la bomba era un artefacto que cualquier persona con conocimientos básicos de química y una conexión a Internet puede hacer. Pero sus rasguños son reales-golpeó el volante y luego se revolvió el pelo de la nuca con frustración.- ¿Tienes idea de lo que hubiera hecho mi padre si eso le hubiera ocurrido a Lili o a Lizz? El culpable no solo pasaría toda su vida en la cárcel sino que cada segundo de cada día sería un maldito infierno para él. No estoy diciendo que Lucius no vaya a hacer algo parecido, su venganza será silenciosa pero no por ello menos leve. Los rumores de que tiene contactos con la mafia no son tan errados. El idiota que lo hizo no supo con quien se metió, sobre todo porque atacó lo que Lucius más quiere en el mundo, lo segundo es Draco, solo para que lo sepas-me dijo con una sonrisa.- Así que, ¿tienes idea de lo que sentiría si algo te ocurre y yo no hice nada para evitarlo?

-De acuerdo-me rendí.-Pero no me seguirán una vez capturen al culpable. ¿Hecho?

-Hecho- respondió con una sonrisa.

Así que aquí estábamos mi madre y yo en el supermercado, cada una con un guardaespaldas y tratando de ignorar las miradas curiosas de las personas.

-Peter-llamó mi mamá a su "sombra",-¿serías tan amable de ayudarme con las bolsas?

-¡Mamá!-exclamé cuando vi como Peter hacia lo que mi madre le pidió.-¡Ey!- lo detuve sujetándolo del antebrazo- no tienes que hacer eso. No es tu trabajo.

-No importa-respondió Peter encogiéndose de hombros.

-Pero… ¡Mamá!

-¿Qué?- me preguntó ésta última.

-No puedes usar a Peter como tu criado, ¡es tu guardaespaldas! ¿Cómo se supone que va a protegerte si tiene las bolsas ocupadas con comida?

-Siempre puede aventar las latas-respondió con simplicidad.

-¡Dios!-exclamé rodando los ojos.

-Eh, señorita…

-Paul, te he pedido mil veces que me digas Hermione.

-No puedo hacerlo, señorita-respondió con una sonrisa.-Me acaban de informar que la señorita Potter desea verla en su casa. Si gusta puedo llevarla.

-Bien. ¿Mamá…?

-Ve-me dijo despidiéndome con la mano,- Peter y yo nos encargaremos de las compras, ¿verdad?

-Desde luego-contesto Peter.- ¿Al señor Granger le gusta la lasaña?-le preguntó a mi mamá.-Por que puedo preparar una deliciosa.

-¿En serio?-preguntó mamá emocionada.-¡eso sería estupendo!

-¡Mamá! ¡Peter no es tu cocinero!

-Paul-llamó mi mamá a mi guardaespaldas,-¿serías tan amable de llevarte a mi hija a donde sea que tenga que ir?

-¡Mamá!

-¿Señorita?-Paul hizo una seña hacia el auto.

-¡Que te diviertas!-oí que gritó mi mamá mientras me subía al coche, yo solo rodé los ojos. ¿Qué querría Lizz?

-:-:-

Quizá Draco tuviera la fama de ser un chico rudo y aunque fuera en realidad una persona muy sensible gracias a su gusto por el arte y la poesía, siempre consideró ridículos los sobrenombres que las parejas se ponían.

Llamar a alguien conejita, gatita o pajarito, lo hacían sentirse en el zoológico o en una clase de zoología. Bebé, mi vida, cariño, corazón, pedacito de cielo… eran algunos de los apodos que con solo oírlos, le daban ganas de vomitar.

Él era romántico. No encontraba inconvenientes en regalar rosas, preparar una cena a la luz de las velas con todo y cuarteto de cuerdas, un paseo por la playa. Mucho menos en recitar, dedicar o escribir un poema a la persona amada. Pero de ahí a llamarla "Cuchirrumin"… ¡Jamás! Entonces, ¿por qué con Lizzy no podía dejar de hacerlo?

La primera vez fue el día que tuvieron su primera cita oficial. No había sido nada del otro mundo (una cena, unos cuantos besos, una película y unos cuantos besos, un paseo a la luz de la luna y más besos), pero para ellos había sido todo, más para él que para ella. Era tan sorprendente lo bien que la mano de Lizzy cabía en la suya, lo perfecto que encajaba su cuerpo al suyo, y, sobre todo, lo bien que se sentían sus labios sobre los suyos, tal vez por eso le salió de manera natural llamarla "amor" cuando estaban en la entrada del restaurante.

Fue la típica escena de película, pues cuando se acercaron al lugar donde la anfitriona les daría su mesa, presenciaron la escena de un joven regado por un lugar.

-Por favor-decía-, yo no sabía que se tenía que hacer una reservación. He estado meses ahorrando para poder traer a mi novia aquí. Quiero pedirle que se case conmigo…

-Lo siento, joven. Pero así son las reglas: si no tiene reservación, no puedo dejarlo entrar.

-¿No puede hacer una excepción? Llevo toda mi vida esperando por ella y quiero que sea en un lugar especial y…

-Lo siento, de verdad lo siento. Pero no puedo.

-Draco-susurró Lizzy apretando su brazo,- has algo.

Malfoy solo asintió con la cabeza y dio un paso al frente.

-Buenas noches-saludo.- Deseo una mesa para dos en el segundo piso junto a la ventana que da al jardín interior.

-¿Tiene reservación?

-No.

-Señor-suspiró la mujer,- si no tiene reservación no puedo dejarlo pasar. Para la mesa que me pide hay una lista de espera de dos meses.

-Lo sé-respondió Draco.-He escuchado lo que le ha dicho al joven. Pero seguro puede hacer una excepción-termino de decir con una sonrisa.

-Me ofende, señor, si cree que voy a aceptar un soborno.

-Y usted me ofende si cree que le voy a ofrecer uno-contestó el rubio.-Lo que quiero decir es que puede hacer una excepción conmigo. Soy Draco Malfoy, y no creo que haya inconveniente en que cene en uno de los restaurantes de mi padre, ¿o sí?

-Ma… Malfoy… eh… yo… yo… enseguida señor-tartamudeo la chica.- ¿Si me hace el favor de seguirme?-pregunto la recepcionista aclarándose la garganta y haciendo un gesto con la mano.

Draco sonriente se volvió hacia el hombre que necesitaba un lugar.

-Ve-le dijo,- tienes el mejor lugar del establecimiento.

-Pero…-intervino la chica.

-Él es mi invitado-aclaró Draco a la chica.-Dele mi mesa y todo lo que pida cárguelo a mi cuenta.

-Sí señor.

-¿Dime que no hiciste todo eso para impresionarme?-le pregunto Lizzy poniéndose a su lado una vez que los otros se fueron.

-¡Claro que no!-exclamó Draco con fingida indignación.-Yo soy una persona romántica.

-Eso espero-le sonrió Lizzy.- Porque no necesitas impresionarme para que caiga a tus pies.

-¿Qué necesitas entonces?

-Que me lleves a cenar porque me muero de hambre y aquí ya perdimos nuestra mesa.

-¿Qué te gustaría, amor?-le preguntó Draco pasándole un brazo por los hombros. Lizzy lo miró sorprendida por una segundo y él le devolvió la mirada confundido, pero ella sacudió la cabeza y le sonrió.

-¿Vamos?

-A donde quieras, amor.-Le respondió él y la sonrisa de Lizzy creció.

Mientras subían al carro, Draco rememoró la conversación y un escalofrío lo recorrió cuando fue consciente de cómo había llamado a Lizzy. Apreció el hecho de que ella no digiera ni hiciera nada al respecto. Después la llamó así adrede esperando alguna burla, pero sólo hubo sonrojos y sonrisas tímidas. A partir de entonces el sobrenombre le salía de manera natural y ella parecía haberlo aceptado de igual manera.

Con ella todo era tan perfecto que algunas veces le daba miedo tanta felicidad, y otras quería golpearse la cabeza por ser un idiota y no haberla visto antes.

-¿En qué piensas?-le preguntó Harry interrumpiendo sus recuerdos.-Tienes una cara de idiota…

-Tengo la misma que pones cuando piensas en Granger-respondió Malfoy haciendo un gesto de brindis con su lata de refresco.

-¡Pensamientos decentes, Malfoy!- lo amenazó Harry con un puño,- que estás hablando de mi hermana.

- ¿Y? No soy el único que piensa en tú hermana- dijo Draco y se encogió de hombros.- Lizzy es guapa.

-Lo sé. Pero ellos no le han roto el corazón-replicó Harry serio.-No soy idiota y no sé exactamente por qué, pero algo me dice que Lizzy se fue por ti o por algo relacionado contigo…

-Harry…

-No quiero saberlo, ni pretendo juzgarte. Sólo no quiero pasar varios años sin ver a mi hermana. Tampoco quiero perder a mi mejor amigo, pero te aviso que si le hacer daño, de la manera que sea, te voy a partir la cara.

-Si la lastimo, yo mismo me parto la cara-afirmo Malfoy.-La amo, Potter.-Confesó después de unos segundos.-Ella es… es… -se pasó una mano por el pelo con desesperación-… cuando la veo siento una sacudida en el estomago. Y cuando estoy con ella…

-… no tienes ni la menor idea de cómo actuar o que decir…-completó Harry.

-…y cuando no está, sólo pienso en ella: su sonrisa, sus ojos, su nariz, su pelo.

- Puedes pasar horas mirándola…

-¿Te pasa igual con Granger, no?-cuestiono Draco.

-Sí. Pero es más complicado.-Harry se rasco la nuca antes de explicarse:- Tú conoces a mi hermana de toda la vida, yo…

-No tienes que decirlo-lo corto el otro chico,- recuerdo la cara de idiota la primera vez que la viste. Aún no comprendo cómo es que no te ahogaste con tus propias babas-dijo riéndose.

-Muy gracioso. Lo que digo es que, a veces, ella me ha dado a entender que no confía en mí.

-¿A qué te refieres?

-Además de haberla secuestrado y chantajeado para que hablara conmigo-contestó Harry con sarcasmo.

-¿De qué hablas? Lo de las FA ya fue aclarado, nosotros no fuimos.

-Eh… yo le di una personalmente-contestó Harry bajando la mirada y con un ligero rubor en sus mejillas.

-¿Qué?-exclamó Draco poniéndose de pie- ¡Pero tú estás loco!

-¡Era la única manera de que pasara tiempo conmigo!-se defendió Harry.- Y lo del secuestro… bueno… solo quería hablar con ella a solas y a Crabbe y a Goile se les pasó la mano… y la ataron y amordazaron y…

-¡Oh por el amor de Dios!

-¡Fue un maldito malentendido!

-¿Lo de la FA también?

-No, eso sí fue adrede.

-¿Se la diste porque es becada?

- ¡Sí!

-Nunca pensé que fueras un snob, Potter-dijo Draco con decepción.

-¡No! Es decir…-Harry se pasó las manos por la cara con desesperación.- Hermione es becada y esa fue la escusa que le di para entregarle la FA, ¡pero yo sólo quería pasar tiempo con ella! Además le confesé mis intenciones casi de inmediato.

-¿Cómo carajos te enterase que era becada, para empezar?

-Lizzy se hizo amiga de ella desde el día que llego. Un día fue a cenar a su casa y como no llegaba mi mamá me pidió que fuera por ella a la casa de su amiga. Me dijo quién era y me dio la dirección. Soy un hijo modelo y obedecí.

"Comencé a sospechar algo cuando entré a la colonia pues las casas no eran grandes, algunas no tenían ni jardín y había muchos carros estacionados afuera. Cuando llegué a la dirección que me dio mamá, pensé que era una broma, así que cuando toqué la puerta pregunté por ella. ¿Imagínate mi sorpresa cuando ella me contestó?-contó Harry sonriendo.

-Puedo hacerlo-le respondió Draco, divertido.

-¡Oh, no lo creo! Porque cuando ella me abrió la puerta traía puesto un pants y una camisa llena de agujeros…

-¡No!-Draco rió.

-Y-continuó Harry-, tenia huevo en cabello y la cara llena con una especie de pasta roja muy rara.

Los muchachos rieron divertidos sin saber que alguien los había escuchado.

-:-:-


¿Hola?... ¿Hay alguien ahí?

Espero que sí después de tanto tiempo. Sé que me merezco una buena tanda de tomatazos por el retraso pero las excusas son las mismas: la escuela (entre ensayos, lecturas y todo lo que aprendo acerca de narradores, personajes y redacción, ya me es muy difícil escribir, sobre todo porque intento hacerlo como me dicen que debo hacerlo) y los problemas familiares que parece ser nunca se acaban.

De todas maneras, me gustaría seguir recibiendo sus comentarios para saber si les gusta o no lo que mi cabeza loca me indica.

Dense una vuelta por mi intento de blog( ya saben dando clik en homepage en mi perfil), tengo unas imágenes que ilustran el cap. haber si les gustan.

Un beso y muchas gracias por seguirme y esperarme.

Kry

P.D.: por mucho que me tarde nunca, pero nunca, voy a dejar una historia sin terminar.