Capítulo 14
Don't ignore me!
Al tiempo que Egipto terminó, las diversas naciones se acurrucaron entre ellas lejos de él.
– ¿Por qué los más tranquilos resultan ser los de las historias más escalofriantes? – tiritando dijo un aterrorizado España.
– Felicidades Egipto, lograste que la mitad de las naciones estuvieran cerca de llorar. – bromeó Seychelles.
– Yo no lloré, aru. – murmuró China.
– Okay, tendré que admitir que fue un poco espeluznante. – dijo Suiza, un poco tenso por la historia. – pero de algún modo ya lo veía venir. Por lo menos él se las arregló para sobrevivir lo más que se pudiera fuera de su pueblo porque él sabía que no debía involucrarse en esas cosas.
– Yo no lo veía venir del todo. – no se apenó de admitir Finlandia. – pero, eso es lo que la hace aterradora supongo. Si supiéramos que sucederá después, no sería tan tétrica.
– Sí. – concordó Canadá; América dio un salto. Su hermano frunció hacia él. – ¿Estabas sentado a lado de mí, recuerdas? ¿Por qué te sorprende que este aquí?
– No-no estoy sor-sorprendido. – chilló América. – Es so-sólo que…olvidé…que…es-estabas ahí.
– ¿Cómo?
– No…No sé. Pe-pero no me dejes, ¿okay? – y se agarró del brazo de su hermano gemelo. Canadá suspiro profundamente.
– Tú sabes, no es fun ser ignorado por todos. Estoy seguro de que si supieras que se siente no ser visto por nadie, serías más comprensivo…
Don't Ignore Me!
Basado en "String Theory"
Créditos para: Tesla
Se podría pensar que sería la última persona en el mundo en estar diciendo esto teniendo en cuenta la frecuencia con que la gente me ignora. Pero, ¿no son en esas ocasiones cuando se siente como si apenas pudieras distinguir que algo se mueve en la esquina, pero cuando vas no hay nada ahí? ¿O cuando pasan cosas y uno se pregunta por qué suceden? ¿Por qué pasa esto con frecuencia? ¿Por qué a mí? Yo tiendo a ignorarlas; después de todo, es normal que la luz nos haya jugando algún truco o nuestros falsos recuerdos pueden causarnos desconcierto.
¿Y qué hay si pasaras a ser "un truco" más?
Era un lunes por la mañana como cualquier otro en la Academia. Me desperté, tomé un baño, me vestí, tomé mi desayuno, confundido con un fantasma por mi hermano y mi compañero de cuarto, me cepillé los dientes, y fui a clases como siempre. Fue un día promedio; realmente no esperaba que algo emocionante sucediera. Pero– y sobre este día aún no tengo idea de por qué o cómo– un pensamiento vino a mí. Me pregunté por qué no dirigí mi camino hacia el jardín trasero para ir a clases. Siempre he tomado la ruta directa, pero nunca he visto ninguna de las flores que allá se encuentran; y el viaje sería un gran respiro. Bajé al tan familiar pasillo que lleva a los salones pero cuando llegué a la intersección que divide entre el pasillo y el exterior, tomé bruscamente el de la derecha.
El momento en que pisé el pasto, sentí una inoportuna sacudida en la espalda. Involuntariamente, tirité. Eso fue raro. Y era el semestre de primavera, no podía describirla como una fresca brisa. ¿Habré pescado un resfriado? No queriendo retrasarme pero aún quería ver las flores, rápidamente atravesé el jardín. Las plantas eran hermosas; me pregunto por qué nunca se me había ocurrido venir aquí.
Ví mi reloj. Me fui corriendo.
– ¡Maple! Necesito apresurarme. – Me lance hacia el otro extreme del jardín y regresé al edificio. Si no fuera porque se me hacía tarde me hubiera detenido a apreciar más la vista.
Cuerdas. ¡Por todos lados! Cientos de delgados y rojos hilos zigzagueados y entrelazados por todo el pasillo; colocadas con pines clavados en los casilleros, boletines, incluso en papeles dispersos y bolígrafos regados en el corredor. Esto tenía que ser alguna especie de burla de la que no había sido informado. No importa. Cuidadosamente hice mi camino sobre los hilos, cuidando de no tropezar. Mientras corría para ganarle a la campana para las clases, eche un vistazo a los que pasaban. Ellos también estaban enredados en cuerdas, conectados a casi todo en el pasillo. Los cordones se alargaban o se acortaban conforme continuaban por la ruta que las cuerdas les marcaban.
Es en este punto me sentía excluido de ser el único que no estaba en esa condición. No debería sentirme tan decepcionado al respecto, teniendo en cuenta la frecuencia con la que normalmente se me deja de lado, pero ese día lo sentí.
Había llegado muy tarde al salón. La campana toco, y fue justo cuando el profesor cerró la puerta enfrente de mí. Grosero, por no decir más. Tranquilamente, abrí la puerta.
– Um, lo siento, me retrase, profesor. Pero no tenía que cerrarme la puerta en la cara.
El maestro me ignoro. Continúo escribiendo en el portapapeles que tenía en sus manos. No estoy seguro de por qué respondió de esa manera mientras me senté. Comentaba a sentirme nervioso. Ninguno de los demás estudiantes tomo en cuenta mi retraso. Demonios, hasta mi hermano no levanto la vista de sus garabatos para saludarme cuando me senté a su lado. No, su atención (y sus manos) estaban sobre esa hoja.
– Okay chicos, esto no es divertido. – dije en un tono lo suficiente fuerte como para que los demás me escucharan. Nadie reacciono. Le di un puñetazo a mi hermano en el brazo. – ¡Deja de hacerlo! – no hizo más que encogerse mientras pasaba una imagen a uno de los hermanos Vargas. Frunció ligeramente antes de decirle a mi hermano que su dibujo tenía potencial.
Estaba al borde de la irracionalidad. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaban todos ignorándome más de lo usual? Me voltee hacia mi otro amigo.
– Gilbert, ¿Tu si puedes verme, verdad?. – pero estaba demasiado ocupado dándole vueltas rápidamente a su lápiz, entreteniendo a su pajarito, todo era demasiado como para ahorrarse una respuesta. No desperdicio una oportunidad de desquitarme si estoy enojado, pero mi impaciencia esta creciendo cada vez mas, rompi la cuerda que conectaba a Gilbert con su lápiz. Inmediatamente lo soltó como si ya no estuviera interesado en él.
– ¿Umm…? – tome el lápiz y lo pase en frente suyo. No hubo reacción, simplemente siguió mirando como pasaba.
– Si es así como las cosas van a ser- – tome todas las cuerdas que conectaban a Gilbert (y a su pequeño pajarito que, por alguna extraña razón, los maestros le permiten traer) y las jale, rompiéndolas. Parpadeo y se giró hacia mí.
– Mierda, Williams, ¿cuándo llegaste aquí? El asombroso yo no te vio venir.
He estado aquí por varios minutos. – al fin me sentí aliviado de que alguien me notara. Iba a preguntarle por la gran broma que todos han estado jugando excepto que me di cuenta de que el tono de la voz de Gilbert era de total sorpresa. Verdaderamente no me había visto.
– ¿De dónde narices han salido todas esas cuerdas? – no era una broma; Gilbert estaba tan confundido como yo. Repentinamente se levantó, acción que hubiera llamado la atención de cualquiera. – ¡Yo! ¿Maestro? ¿Qué pasa con estas cuerdas? – pero el maestro continuó escribiendo la lección del día en el pizarrón. – ¿Qué está sucediendo?
– No lo sé. He sido ignorado prácticamente toda la mañana.
– Bien, no puedo seguir aquí. Los dejo.
– Espera… ¿Qué?
– Ya me escuchaste. – y dirigió su paso hacia las últimas cuerdas y salió por la puerta. Sin nada mejor que hacer lo seguí.
Caminamos por los pasillos, mirando a escondidas y a veces entrando en el resto de las aulas. Nadie nos notó. Cada vez que se rompió una de las cuerdas, de repente, era como si el artículo que tuvieran a la mano ya no importara. Ya no existía.
Gilbert tuvo la brillante idea de caminar hasta el pueblo cercano. Al igual que en la Academia, también había hilos en bucles que giraban y se aferraban a los objetos. Aquí había el doble que en la escuela. Tuvimos mucho cuidado de no mover ninguna las cadenas por el miedo de que hubiera pánico masivo si la gente de repente "regresara" como Gilbert lo hizo o peor.
Fuimos a la tienda más cercana para descansar. Ahí, Gilbert tomó dos bocadillos y bebidas del congelador. Yo me opuse a ello, reprendiendo a mi amigo por el robo, pero me dijo que no estaba robando, si no les importaba. Comimos en silencio, observando a la gente que andaba en la tienda. Nos tomó unos minutos para darnos cuenta de que cada uno de los cordeles tenían un "camino" que empezábamos a comprender.
– Mira. Ese chico va a ordenar un gran sándwich de pavo. – señalo Gilbert al hombre que se dirigía al mostrador. Justo como Gilbert dijo, ordeno dicha comida. – Luego va a pagar, después se ira, casi dejando caer su billetera en el camino. – paso a paso, hizo exactamente lo que se iba prediciendo.
Yo estaba empezando a sentirme incómodo otra vez con lo que acabamos de presenciar comencé a sentirme raro.
– Volvamos. No me siento muy bien.
Tomamos el camino largo a la escuela, por el bosque. Por suerte, no había tantas cadenas por aquí como en la ciudad. Pero supongo que a Gilbert le gusta jugar con los hilos del destino porque no dejaba de arrancar unos pocos. Afortunadamente, las cadenas que se rompieron sólo conectaban varias plantas y no a animales o personas.
– Por favor, deja eso, Gilbert.
– Pero es divertido. – se rio, rompiendo otra. – Hay que aflojarlas un poco, como Gilbird aquí. Estoy seguro de que esto no puede ser tan ma-" Nos congelamos cuando oímos un crujir venía detrás de nosotros. Giramos la vuelta y nos quedamos boquiabiertos.
Una pequeña criatura blanca, tal vez un mapache albino o un cachorro de oso estaba frente a nosotros, estaba volviendo a atar de nuevo las cuerdas que Gilbert había roto. Llevaba una pequeña bolsa colgando de su lado, un rastro de hilo rojo y clavos salidos. Hizo una pausa en su trabajo y nos miró con sus pequeños ojos marrones.
Creo que los tres nos quedamos sorprendidos porque ninguno de nosotros se movió. Finalmente, reuní todo mi valor y di un paso hacia adelante.
– Hola, chiquillos.
Se inclinó su cabeza hacia un lado.
– ¿Quién eres tú? – Le dije mi nombre. La criatura pareció encogerse de hombros antes de volverse al trabajo.
– ¿Por qué estas recogiendo las cuerdas? – le pregunté.
– Es mi trabajo.
– Pero, ¿por qué?
– Porque…
– ¿Necesitas ayuda?
– Así está bien. No deberías estar aquí.
– Lo sé, pero mi amigo quiso saltarse la clase y…
– No, me refiero a que no debes estar aquí. – me quedé viendo a la criatura, la confusión y la preocupación se hicieron evidentes en mi rostro.
– ¿Qué quieres decir?
– Deberías estar amarrado algo, no deambulando por ahí libre. – No me gustó como sonó eso. La incomodidad dentro de mí creció.
– H-hey, regresemos, Williams. – Gilbert agarró mi muñeca y empezó a jalar hasta el campus. Llegamos al patio sin más retraso. Gilbert insistió en que nos quedáramos el resto del día en su dormitorio. Hice algunos hot cakes para calmarnos, aunque la capa extra de miel no hizo que mis agitados nervios se calmaran. Esperamos por varias horas en su cuarto, ocasionalmente escuchando nuestras preocupaciones recordándonos qué pasaría si nadie volviera a notarnos otra vez. No permanecimos mucho en esa conversación, sin embargo…
– Bien, me iré a la cama. – Dijo Gilbert cuando vio que el sol se ocultaba. – Puedes dormir en el futón que Honda le dio a mi bruder.
– ¿Estaremos bien?
– Ja. El raramente lo usa, de todas formas. Buenas. – me sentí cómodo en la estera. Justo antes de que me sintiera verdaderamente con sueño, aunque, sentí como si pudiera escuchar suaves pisadas de unas pequeñas patas.
El martes por la mañana rodé de un lado a otro, y tenía lo que había pasado por un mal sueño si no fuera porque al despertar el hermano de Gilbert entrando y diciendo
– ¿Qué… Williams? ¿Cuando entraste aquí?
– ¿Puedes verme? – Fueron las primeras palabras que pude pronunciar al levantarme.
– Ja, suelo notar a los que están en mi cuarto sin permiso. – Afortunadamente Gilbert pudo responder por mí, y los dos pudimos comer el desayuno en su cuarto.
– Hey, no te ves muy bien. ¿Estás bien? – no había comido mucho de la comida que Gilbert había hecho. Me voltee y sonreí, respondiendo con un sí (estaba bien y no tenía de qué preocuparse).
Pero verdaderamente estaba aterrorizado. Ya no podía ver las cuerdas. Comenzaba a preguntarme si mis acciones estaban siendo aún mías.
