Disclaimer. Elementos y personajes de propiedad exclusiva de J K Rowling.


Madera de sándalo bajo la almohada

(para endulzarnos los sueños)


XIV

A James Sirius Potter le gustaba el quidditch.

Le gustaba mucho y de eso no había duda en toda la familia Potter y en todo aquel ser humano que tenía por apellido Weasley. Y es que antes de poder jugarlo como corresponde y sostener en sus manos una escoba, James Sirius Potter había sufrido enormemente.

Había sufrido cuando por primera vez, y aún en el regazo de su mamá, observó como sus tíos jugaban en el patio de la casa de los abuelos y él allí, sin poder salir de esos brazos calentitos. Porque a los cuatro años ya quería aprender a leer, porque solo así iba a poder leer 'La biblia de los golpeadores: Edición para niños' de Brutus Scrimgeour que tía Hermione le había regalado la Navidad pasada. Porque se enojó horriblemente cuando a los cinco años, paseando por el Callejón Diagon, vio una Estrella Fugaz que, aunque ya todos saben que incluso es adelantada por las mariposas, estaba hermosa allí en el mostrador y su mamá no se la quiso comprar. Le dijo 'No, James' y entonces quiso desaparecer de la tierra, pero la mano de su mamá lo sostenía firmemente y ya no pudo escapar de allí como quería.

Porque casi lloró cuando un par de meses después de lo anterior, caminando con sus papás hacia Tower Hamlets, donde vivía Tio Percy en el centro de Londres y porque por allí no se podían hacer cosas mágicas, 'No, James', sólo caminar, divisó como en la esquina de Brick Lane con Spitalfields una señora barría la acera con… con ¡una escoba! Casi lloró y sintió que fue el peor día de su vida.

Pero todo cambiaría cuando cumplió seis años y desenfundó su regalo de cumpleaños y tomo en sus manos una escoba chiquita, justo para su tamaño y sólo para él y entonces pensó que sus papás debían ser los mejores de todo el universo e intentó montarse sobre ella con ayuda de todo el mundo y todo el mundo que lo había ayudado le pareció pequeñito, y él tan grande ya que sintió que podía lograr todo lo que se propusiera.

A James Sirius Potter le encantaba el quidditch. Incluso si en algunas calurosas tardes de verano su abuelo lo intentaba persuadir de ver en la televisión encantada un encuentro de football, con veinte hombres corriendo tras una pelota; hombres que estaban demasiado grandes, para su gusto, como para andar corriendo en pantaloncillos cortos. Pero es que por más que amara al abuelo y tratara de entender como algunos hombres podían jugar a tocar una pelota chiquita con una palo mientras estaban arriba de unos caballos, no podía dejar de pensar que diría Hugo si lo escuchara, porque seguramente diría que los caballos no son para andarlos montando de esa manera y que por favor los dejen tranquilos.

No. A él le fascinaba el quidditch. Porque para cualquiera que supiera quienes eran sus papás, resultaba lo más obvio del mundo. Porque ¿quien en su sano juicio, y con ese inmenso nombre que él llevaba desde hace 10 años, no le gustaría?


Notas de la autora: Volví a escribir después de mucho tiempo, pero es que el tiempo, el trabajo y las responsabilidades me consumieron entera y pequé de no saber organizarme. Pero ahora trataré de escribir más seguido, porque en este momento siento una alegría gigantesca que no puedo explicar con palabras y que, creo, más de alguien ha experimentado cuando vuelves a escribir luego de tanta sequía.

A James me lo imagino así y pienso que con ese nombre larguísimo que le pusieron y con esa familia larguísima que tiene, el quidditch viene como algo natural. Que no diera yo por poder montarme en una escoba, aunque fuese la Estrella Fugaz, y poder volar! La Biblia de los golpeadores es parte de la biblioteca de Quidditch. Lo de Edición para niños lo agregué yo, jajajaja. Ojala les haya gustado.

Gracias por los mensajes privados que me han enviado en este tiempo :)