Vaya, vaya, capítulos semanales. Eso es nuevo, creo. Aquí tienen la continuación de esta historia. La verdad intentaré alargarla lo más posible porque me gusta mucho n.n y espero que a ustedes les guste igual que a mí.

Agradezco sus comentarios a Mily, guiguita, , writerboy35, Ruth Mara, Martha AlwaysCB y Always1514

Disfruten!


Capítulo XIII


La nieve seguía cayendo sobre las calles de New York, cada vez con mayor intensidad, cubriendo el pavimento y cualquier otra área a la deriva. Para los pocos autos que transitaban por la ciudad les era difícil llegar a sus destinos debido al peligro que enfrentaban con el hielo.

Para Castle había sido todo un desafío llegar hasta el apartamento de Kate, que quedaba a pocos kilómetros del suyo, pero parecía eterno cuando la nieve impedía su traslado. Había salido volando del loft en cuando recibió el llamado de su musa pidiendo su presencia con ella. Te necesito, había dicho. ¿Quién era esa Kate quien expresaba sus deseos tan abiertamente? ¿De dónde había salido? Quizá las terapias la habían ayudado a abrirse al mundo. ¿Pero de dónde venía esa necesidad? Ya lo había dicho algunas veces. Kate Beckett lo necesitaba, y Castle estaba más que feliz con eso. Para él todo parecía estarse encaminando de una manera increíble. Todo seguía un curso que a él le gustaba.

Kate permanecía en la misma posición, indispuesta a cerrar los ojos y fingir que dormía para esperarlo. Estaba segura de no poder descansar sin él velando sus sueños. ¿Qué pasó por su mente al insistir en quedarse en su propio apartamento aun sabiendo que solo la esperaría la soledad? Su orgullo pudo más que ella en el momento de dejar a Castle marcharse, pero afortunadamente logró vencerlo para hacer esa llamada.

Eran alrededor de las 12 a.m. cuando escuchó el timbre y de un salto bajó de la cama para ir a abrir. Se alisó inconscientemente el cabello y tomó aire antes de girar el pomo para encontrarse frente a frente con Castle. Una enorme sonrisa se dibujó el su rostro y lo hizo pasar con algo de pena. ¿En qué clase de persona se convertía al hacerlo venir desde la comodidad de su loft para pasar la noche con ella?

—Hey, siento haberte molestado —Se disculpó Beckett volviendo a cerrar la puerta y recargándose en ella, tratando de no enfrentarse a la mirada de él.

—Está bien, yo… en realidad no me había quedado tranquilo al dejarte aquí —Y era cierto. Cuando Castle se subió al ascensor para irse, sintió el impulso de regresarse para pedirle a ella que lo acompañara y se quedara en el loft con él. Pero no se atrevió a hacerlo y se había marchado con miles de posibilidades rondando por su mente.

—Estoy bien, es solo… —Kate se interrumpió, dejando las palabras suspendidas en el aire. ¿Qué le iba a decir? ¿Que lo extrañaba? ¿Que lo necesitaba con ella? No podía decirle eso si planeaba actuar como si no sintiese nada por él. Sabía que debía ocultarlo hasta estar lista—. No podía dormir y pensé que, no lo sé, me harías compañía —Castle asintió haciéndole una señal para que lo siguiera y Kate lo hizo frunciendo el ceño. ¿Qué tenía planeado hacer él? Lo siguió hasta las puertas del armario donde guardaba las cosas viejas y Castle jugueteó un poco con la manija.

Tenía planeado darle una sorpresa para cuando llegara –aparte de la fiesta– pero por motivos de tiempo no pudo hacerlo. Igual temía de la reacción de ella, de que no le gustara lo que estaba a punto de mostrarle. Con un largo suspiro, Rick abrió la puerta del armario para revelar una larga caja junto con una más pequeña a un lado. Beckett achicó los ojos.

— ¿Qué es eso? No recuerdo tener aquí una caja de ese tamaño —Dijo ella tratando de adaptar su mirada a la oscuridad de ese pasillo, pues la única luz provenía de su habitación y no alcanzaba a iluminar ahí.

—Ya lo verás —Dijo Castle extrayendo ambas cajas del armario y pidiéndole a Beckett que encendiera la luz de la sala. Ella lo hizo, mirando aún las cajas con desconfianza aunque, contradictoriamente, confiando en Castle. ¿Cómo desconfiar de él cuando la había salvado infinidad de veces? Lo dejaría mostrarle la sorpresa que tenía sin temor a nada.

Rick abrió la caja más pequeña, llamando a Kate para que observara su contenido. Ella se acercó despacio y obedeció, quedándose pasmada con los utensilios que la caja guardaba. Su corazón dio un salto y sonrió, casi llorando sin dejar de apartar su mirada de las miles de esferas y adornos navideños que permanecían quietos, a la expectativa de ser cogidos. Kate se sentó en el sofá y tomó entre sus manos una de las figuras de plástico, acariciándola con sus dedos mientras que Castle sacaba de la caja grande el árbol navideño que ayudaría a colocar.

—Iba a instalarlo antes de que te dieran de alta, pero no me esperaba que fuese tan pronto, no porque no creyera que no podrías salir sino porque… —Kate se rio entre dientes de él y Castle suspiró—. El caso es que no tuve tiempo de hacerlo. ¿Tienes sueño? —Ella negó. Sabía que ahora sí sería capaz de dormirse con él ahí, pero le emocionó la idea de, por primera vez en muchos años, poner en su sala un árbol navideño que iluminara durante la noche—. Bien, entonces podemos comenzar armando a este bebé —Kate se levantó del sofá y se acercó hasta Castle, abrazándolo y hundiendo su cabeza en el hueco del cuello de él.

—Gracias, Castle —Susurró en su oído antes de separarse y girarse hacia las piezas de árbol artificial que reposaban en la alfombra de su sala. Él aún estaba shokeado con el repentino abrazo que sin duda no se lo esperaba. Si no hubiese estado tan ocupado procesando esa acción, se lo habría devuelto con más fuerza, pero para su mala suerte, todo había terminado con la misma rapidez con la que comenzó, y él se había mantenido de espectador.

Armar el árbol había sido cosa sencilla, y luego de colocarlo en un buen ángulo llegó el momento de los adornos que le darían vida propia. Que lo harían brillar. Beckett hurgó en la caja pequeña y extrajo varias tiras de luces de colores que Castle comenzó a acomodar alrededor del árbol. Entre ambos colocaron las esferas, los bastones, las figuras, los lazos, los moños, todo. Pronto la magia de la cercana navidad parecía estar llenando de a poco el apartamento antes triste de Beckett. ¿Cómo era posible que unos adornos le dieran al lugar un aura diferente? Aunque, claro, Kate sabía que no era solo el árbol, sino también aquella persona que se había preocupado por ella: Castle. Siempre era él.

— ¿Le gustaría colocar la estrella, señorita Beckett? —Preguntó Castle tendiéndole la estrella dorada de plástico, la cual ella observó durante unos segundos, como analizándola. Tenía años sin hacerlo. Desde que era pequeña, sus padres siempre le daban a ella esa tarea, y nunca se imaginó que volvería a hacerlo. No cuando las esperanzas de disfrutar esa época del año se habían esfumado. Kate tomó la estrella entre sus manos y sonrió asintiendo. Quería hacerlo, necesitaba hacerlo.

Acercó el pequeño banquito al árbol y se subió en él, estirando sus manos para alcanzar el lugar. Se puso de puntillas hasta que logró colocar la estrella en la cima del árbol, quedando completado. Lo observó por un momento, sabiendo que a partir de ahí su vida daba un giro a su favor. Los miedos se fueron, la tristeza abandonó sus pensamientos. ¿Por qué pensar en sus padres le traía recuerdos sobre la noche que los perdió si había muchos otros momentos felices que pasó con ellos? Desde ese momento se esforzaría por pensar en ellos de la mejor manera, recordándolos como aquellas personas fuertes y alegres que le dieron la mejor infancia.

Con ayuda de Castle bajó del banco y pronto se encontró a oscuras en su sala sosteniendo el interruptor que encendería las luces e inauguraría el árbol y, por supuesto, la época navideña.

—Espera, espera —Pidió ella dirigiéndose a uno de los cajones de la sala y sacando una pequeña foto que enmarcaba a Jim y Johanna Beckett abrazados mirando con una sonrisa hacia la cámara. Lucían felices y relajados, tal y como Kate quería sentirse algún día. Tomando aire y dejando que las lágrimas bañaran sus ojos, se acercó hasta el árbol y colocó la fotografía sobre una rama, en medio de los adornos, en un lugar privilegiado que la haría notarse—. Ahora sí —Ambos presionaron el botón y pronto las luces rojas, amarillas, azules, verdes y blancas iluminaron sus rostros. Kate secó sus mejillas y Castle buscó la mano de ella para entrelazarla.

—Hermoso —Dijo—. Creo que se ve mejor que el mío —Bromeó haciendo reír a Kate, quien lo jaló para quedar sentados ambos sobre el sofá.

—Es porque yo ayudé —Castle achicó los ojos y se giró a mirarla, sonriéndole después. Hubo un momento extraño, las luces danzaban en sus ojos y el resto de su rostro, y ambos sintieron la pronta necesidad de unir sus labios para besarse. Castle se debatió entre tomar la iniciativa o dejarla hacerlo, pero por miedo a malinterpretar las señales, se decidió por girar su mirada de nuevo al árbol, prestándole especial atención a la foto de los padres de Kate.

Ella bufó algo frustrada. Sabía que si no fuese por el temor a herirlo, se hubiese lanzado a sus brazos para cumplir uno de sus muchos sueños que creyó perdidos. Lo deseaba, pero sabía que no era el momento.

—Creo que deberíamos dormir —Dijo ella poniéndose de pie, dándose cuenta de que sus manos se habían separado. Castle asintió mirando el sofá, sabiendo que aunque lo intentara jamás cabría en él.

— ¿Me traerás algunas mantas o algo? —Preguntó temiendo que ella lo hiciera en vez de ofrecerle dormir juntos. ¿Por qué lo haría? ¿Por qué le pediría que la acompañara a la cama? Era cierto que en el hospital habían dormido muchas veces juntos, pero eso no era motivo para que Beckett se lo pidiera una vez más.

—Castle, no seas ridículo. Vamos adentro, anda, que no te llamé para que durmieras en el sofá —Las dos palabras volvieron a retumbar en la cabeza de él. Te necesito. ¿Acaso estaba soñando? Tenía que estarlo. Solo en sus sueños Kate le pedía cosas así y, claro, le decía que lo necesitaba. No era un te amo, pero quiso creer que las cosas pronto caminarían hacia allí.


Beckett se recostó en su lado de la cama y esperó a que él se reuniera con ella. Su estómago se contrajo de nervios pues no había ninguna excusa válida que explicara su repentina necesidad de él. Antes podía decir que había tenido una crisis, ¿pero en ese momento? Tan solo era que lo quería ahí con ella. Nada más.

—Hay una camisa mía del NYPD enorme en el primer cajón de allá, si gustas ponértela —Él obedeció, preguntándose si debía cambiarse ahí frente a ella, o ir al baño a hacerlo. Al final se decidió por entrar al baño y en menos de lo esperado salió vestido con sus bóxers y la camiseta que le quedaba a la perfección y que, para su suerte, olía a ella. Después se recostó junto a Kate en la cama y ella no perdió tiempo acercándose a él para abrazarlo por el torso.

Eso era justo lo que necesitaba. El abrazo cálido de él, sus brazos fuertes rodeándola y haciéndola sentir segura, protegida, a salvo. ¿Qué más podría desear? Valor. Valor para decirle lo que sentía y comenzar a recorrer con él el camino hacia su recuperación. Cerró los ojos intentando darse la fuerza para decir las palabras que viajaban por su mente en ese momento. Hizo algunos ejercicios de respiración, poniendo sus esfuerzos en hablar y decir algo coherente.

—Hey, Kate ¿estás bien? —Preguntó Castle cuando la sintió tensa en sus brazos. Sabía que algo tenía ella, que algo la perseguía, pero no podía descifrar qué era.

—Lo sé, Castle —Dijo, con su corazón martilleando con rapidez en su pecho, su respiración irregular, los nervios haciéndola sudar.

— ¿Lo sabes? ¿Qué sabes? —Preguntó él con el ceño fruncido y obligándola a enfrentarlo. Quería que ella le explicara qué la atormentaba, y que lo mirara a los ojos cuando lo hiciera. Kate reunió sus fuerzas para que su mirada no se desviara y apretó los labios sin dejar de abrazarlo. El dedo de Rick hizo el recorrido de su rostro, con mucha delicadeza y Kate sintió su respiración cortarse—. Dime qué sabes, Kate —Ella tomó aire, abriendo y cerrando los labios repetidas veces antes de hablar.

—Sé lo que sientes por mí, Castle. Escuché lo que me dijiste aquel día en el cementerio.


Muajaja… ¿qué dirá Castle? En realidad ni yo misma sé jaja. Aunque no crean que después de esta confesión terminará todo. No, no, para nada. Quedan muchas cosas más que quiero mostrar y que, claro, mostraré…

Espero les haya gustado este capítulo a pesar de que tengo un par de dudas referentes a él… de nuevo hay algo que siento que hace falta…

A ustedes, ¿qué les pareció?

*Grace*