Grissina: No acostumbro a decir nada antes de un capitulo... pero he estado en silencio mucho tiempo y queria dar las gracias y pedir disculpas si he tenido a alguien esperando.

Desde que empecé esto me han pasado muchas cosa, ha pasado mucho tiempo, y he de reconocer que no creo en esta historia como cuando la empecé, pero de todos modos prometí acabarla así que haré todo lo que pueda para terminarlo dignamente.

A vosotras/os lectoras/es, porque vuestras palabras son mi recompensa.


..^ ^..* *.._brevi tempore interiecto_..* *..^ ^..

"Ding-dong"

El timbre resonó en la amplia mansión. Hacía unos segundos que ya habían oído el ruido de los coches en la graba de la entrada. Kaede ya estaba en el recibidor preparado para abrir la puerta.

-Señorita Miró, encantada de volver a verla.- dijo Kaede al dejar pasar a Anna que iba delante.

-Señor Kimura le presento al señor Takamiya- dijo ella apartándose del umbral y dejando ver a un hombre japonés más bien bajito y rellenito que la seguía.

-Buenos días. Pasen por favor, iré a avisar al señor- dijo Kaede con todo el aplomo que pudo.

Les condujo hasta la sala comedor y les dijo:

-Siéntense por favor, enseguida vuelvo. Xavier please,- dijo hacia Xavier, que esperaba de pie en el umbral de la puerta del pasadizo, indicándole que se acercara -¿Señores, quieren tomar algo? ¿Señorita Miró?

-Yo sí gracias, un vaso de limonada por favor- dijo ella con su sonrisa.

Kaede mandó a Xavier a buscar el zumo para Anna y ante la negativa de los hombres de Takamiya y éste mismo a tomar nada Kaede les ofreció sentarse y tras eso salió de la sala para ir a buscar a Hanamichi.

"Konc-knoc"

-Adelante- dijo un poco inseguro Hanamichi. Había oído los coches, el timbre y la puerta, pero no se había atrevido a salir de la biblioteca.

-Señor Masato- dijo Kaede entrando en la habitación y cerrando la puerta tras él. Cuando se sintió a salvo, lejos del oído de los malos, habló más tranquilo. -Anna ha llegado. Takamiya y sus hombres esperan en la sala.

-¿Está…?- susurró Hanamichi.

-Sí- respondió sin necesidad de preguntar de quien hablaba.

Ambos hicieron silencio por unos instantes.

-No han pedido nada.- añadió Kaede acercándose a la silla frente el escritorio pero sin sentarse.

-Es normal, supongo.- dijo algo dubitativo Hanamichi. -Bien, tardaremos aún un par de minutos en salir. Siéntate, quiero acabar de leer este texto.

-¿Crees que es prudente?

-Un hombre como yo no permite nunca que sus invitados marquen el ritmo de la velada. Yo soy dueño y señor de mi tiempo, y dispongo de él según me convenga, no según les convenga a los demás. Debería saberlo Soichi- dijo Hanamichi secamente, volviendo repentinamente a su papel de excéntrico.

-Sí señor- le siguió el juego Kaede aunque no sabía a que venía el cambio.

-Lea esto Soichi, este texto es sumamente interesante- y le alargó lo que parecía un manuscrito. Pero en él había un garabato hecho por él mismo:

"Una sombra por debajo la puerta. No se fían de nosotros. Estate alerta. Debemos advertir a Akira y Anna. No te alejes mucho de mí."

-Señor permítame recordarle que tenemos invitados -dijo Kaede unos minutos después cuando recuperó el habla tras leer lo del papel.

-Sí Soichi, ¿podría usted traerme mi bastón? No tengo ganas de salir con la silla de ruedas.

-¿Se encuentra usted con fuerza?- la pregunta iba más para Hanamichi que para Masato.

-Claro que sí. Soichi recuerda que no me gusta que pongas en duda nada de lo que digo. Un día de estos me encontrarás de mal humor y te echaré.

-Lo tendré en cuenta señor- le dijo Kaede con dificultad para amagar en su tono de voz el desagrado de obedecer ordenes de ése modo y de ser reprendido por estupideces, a la vez que el miedo a ser descubiertos.

Tras ese periodo de tiempo que Jun había propuesto que dejaran pasar cuando Takamiya llegara, salieron de la biblioteca.

-Señor Takamiya, es un honor recibirle en mi casa.

-El honor es mío señor Masato.

-Ui, veo que viene usted muy acompañado- dijo Hanamichi recalcando el "muy" -¿Soichi ya les has ofrecido algo a estos hombres? Sí claro que lo has hecho, ¿pero por qué no han tomado nada? Después de un viaje tan largo seguro que les apetece algo fresco. Soichi acompáñeles a la cocina para que Xavier pueda servirles un buen almuerzo. Así no molestarán mientras el señor Takamiya y yo hablamos de negocios.

-Sí señor. Señores si quieren seguirme la cocina está por aquí- Kaede se maravillaba de lo bien que lo hacía Hanamichi. A pesar de todos los temores demostrados los días anteriores, ahora parecía tan seguro de si mismo que hasta le daba miedo a que se propasara con la actuación o se confiara demasiado.

-¿No le molestará verdad señor Takamiya?- agregó Hanamichi al ver que todos los hombres esperaban el consentimiento de éste para abandonar la habitación. Era un movimiento algo arriesgado, pero Hanamichi no se veía capaz de seguir actuando con tantos hombres armados mirándole.

-No claro, como no- dijo un poco molesto Takamiya, pero cediendo al ver que no tenía opción si no quería empezar con mal pie la visita.

-Soichi luego tráeme mi baso de limonada, me lo he dejado en la biblioteca- dicho esto, dio por completo la espalda a Kaede y se centró completamente en el tipo que estaba sentado delante suyo.

Era un hombre mayor, como ya le habían explicado Anna y Akira tenía el pelo gris, los ojos negros, las facciones muy marcadas y un notable sobrepeso.

–¿Sabe?, no me gustan los hombres tan musculosos. Me ponen nervioso.- empezó a decir a modo de disculpa Hanamichi en un tono tan distendido como le fue posible. -Habrá notado que mi ayudante Kimura no es muy corpulento, solo lo suficiente como para ayudarme cuando es necesario. Incluso Xavier es más bien delgadito.- Hanamichi hizo una ligera pausa y luego añadió a modo de burla. -Con demasiado músculo me da la impresión de que son un poco bobos.

-No le falta razón señor Masato, no le falta razón- dijo un poco más tranquilo el señor Takamiya, al sentirse cómodo con el tono distendido que usaba Hanamichi.

Hanamichi sabía que alguien como él no había llegado a jefe por buena persona, estaba seguro que era despótico y prepotente, y él también sabía representar ése papel de líder arrogante. "Después de todo, quizá sí sirvieron de algo los años de gamberrismo con la gundam" pensó.

-Gracias Soichi- dijo Hanamichi cuando Kaede le dejó el baso de Tang* de limón en la mesa que había entre él y Takamiya. El moreno se retiró de nuevo con una leve reverencia y se dispuso a esperar.

-¿Ha tenido un buen viaje?- preguntó Hanamichi empezando todo el protocolo de hacer que Takamiya se sintiera en su salsa y dejara de estar a la defensiva.

-Sí, gracias- contestó algo seco Takamiya.

-Qué suerte- exclamó Hanamichi -porque yo tuve un viaje bastante malo. ¿Puede creerse que no me dejaron volar hasta el aeropuerto de Girona con mi avión, y tuvimos que aterrizar en Reus? Si no fuera por que el médico me ha mandado pasar unos días cerca del mar no volvería a éste país. Tres horas en coche del aeropuerto hasta aquí. ¿Cómo le parece?

-Sí, yo también sufrí estos contratiempos cuando viajaba en mi jet privado. Ahora viajo en vuelos comerciales siempre que puedo. No sabe usted la de problemas que uno se evita con aduanas viajando con compañías comerciales.

-Supongo que el papeleo tiene que ser horrible cuando uno viaja tanto como usted.

-Supongo, pero para eso están los empleados.

-Evidentemente, se les paga para que hagan algo útil- dijo Hanamichi sin estar muy seguro de si estaban entrando en un terreno poco seguro.

-Y la de cosas que pueden llegar a hacer por esa paga, señor Masato- dijo Takamiya en tono fardón.

Hanamichi llegó a dudar si preguntar a qué se refería como parecía que Takamiya deseaba que hiciera y así exponerse a que se le notara que no sabía de qué le hablaba, o cambiar de tema para evitarse eso último pero logrando quizás, hacer enfadar al mafioso por no dejarle contar sus batallitas. Por suerte las ansias de alardear de Takamiya eran tantas que Hanamichi no tuvo que decir nada, él solo empezó a hablar.

-¿Puede creerse que tengo hombres que incluso se han acostado con quien era necesario para lograr lo que les había mandado hacer? todo por la paga al final del día.

-Hay gente que haría cualquier cosa para salvar su trabajo, y más para salvar la vida.

-Nadie ha hablado de perder vidas- dijo el hombre poniéndose a la defensiva de nuevo.

-Pero hay ciertas cosas que van implícitas al trabajo que uno elije, y usted tiene fama de ser un jefe muy estricto.

-Me gusta el trabajo bien hecho, señor Masato, eso no es ningún crimen. Por eso solo trabajan conmigo los mejores.

-Por eso accedí a recibirle en persona señor Takamiya. Aunque no habrá venido de tan lejos para hablar de sus empelados- le insinuó Hanamichi dando un pequeño sorbo del refresco, intentando cambiar de tema y no darle tiempo a Takamiya para que se sintiera lo suficientemente cómodo para colocarse por encima de él.

Todo era un juego de apariencias, donde el más gallito ganaba; y Hanamichi se sentía razonablemente a salvo porque había jugado a eso toda su juventud, se sentía seguro en ése papel, mientras fuera él quien dominara la situación. "Todo irá bien" se repetía mentalmente.

-Ciertamente no- reconoció Takamiya.

-Pues usted dirá- le invitó a exponerle su caso Hanamichi.

-La verdad es que hice un hallazgo muy importante hace poco, pero antes de invertir en él desearía asegurarme que es autentico.

-Si quien le vende algo no puede confirmarle a autenticidad… yo no me fiaría.- comentó Hanamichi en tono altivo.

-Bueno, el caso es que uno no siempre recurre a vendedores convencionales,- dijo el hombre, con lo que a Hanamichi le pareció, de nuevo, un poco de prepotencia y fanfarronería.

-Oh- comentó Hanamichi sonriendo, siguiéndole el juego, haciendo como si saber esa información le hiciera respetarle algo más. –Pero incluso si quien me lo quisiera vender no pudiera asegurar que…

-Vender no sería la palabra en este caso- dijo dándole una mirada significativa.

-Claro, era solo una forma de hablar. Quien no ha tomado prestado alguna cosa que otra alguna vez…

-Lo ha dicho usted no yo- dijo Takamiya y luego añadió –Nunca se me ocurriría ser de esos que actúan… digamos que de forma poco ortodoxa- comentó con voz grave el hombre.

-Obviamente- dijo Hanamichi, en un tono exageradamente teatral.

-Claro está que yo prefiero pagar por aquello que deseo aunque sepa que puedo obtenerlo por otros medios menos costosos- declaró Takamiya, en un tono que dejaba a entender precisamente todo lo contrario.

-Como todos, obviamente- dijo Hanamichi siguiéndole la corriente.

-¡.¡.¡.¡.Ja ja ja!.!.!.!.- rió estrepitosamente el hombre, y con él Hanamichi:

-¡.¡.¡.Ja ja ja!.!.!.- rió Hanamichi recuperando su risa de tensai.

Todos quedaron helados donde estaban por un momento al oír a los dos hombres proferir tal carcajada. Pero sobretodo dos personas entre ellos, pues hacía mucho tiempo que ninguno de ellos había oído esa risa estridente a ese volumen. Ni Akira, ni Kaede habían oído reír así a Hanamichi en años, desde el instituto prácticamente.

-¡Y yo que pensaba que ya no quedaba gente con buen sentido del humor en nuestro ramo!- exclamó el señor Takamiya.

-Eso es porque no nos habíamos conocido- comentó Hanamichi un poco altivo, pero con una leve sonrisa maligna en los labios. Lo cierto es que a pesar de los nervios le estaba divirtiendo eso de hacerse pasar por malo.

-Bueno, no es que no haya intentado que esto sucediera antes, ha sido usted alguien difícil de localizar.- le soltó Takamiya con la esperanza de sonsacarle algo de información personal.

-Gracias- dijo Hanamichi como si le hubiera dado un cumplido.

El señor Takamiya, lejos de enfadarse por que su pregunta no hubiera sido respondida, se echó a reír de nuevo.

-Menudo carácter tiene señor Masato.- dijo Takamiya en un tono muy distinto al usado hasta entonces, cuando pudo dejar de reír, con cierta complicidad que Hanamichi no sabía si debía temer. -He de reconocer que hace honor a su reputación, como mínimo en lo referente a sus excentricidades. Aunque es usted más joven de lo que esperaba.

-Los años no perdonan, quizá parezco joven, pero ya no soy quien era- dijo Hanamichi recordando de repente que estaba representando a alguien enfermo.

-¿Y quien era usted?- preguntó Takamiya en un tono demasiado amable para ser bueno.

-Oh- dijo un poco nervioso Hanamichi por el aire que tomaba la conversación, tocaba improvisar. -Desgraciadamente he sido siempre el mismo hombre con la salud delicada, aunque a pesar de todo antes podía hacer muchas más cosas que ahora. Los años…- suspiró algo teatralmente.

-Tengo entendido que tuvo un grave ataque hace poco- dijo Takamiya que seguía hablando muy amablemente como si su salud le preocupara de verdad.

-Oh, no debe preocuparse por eso. Ya ve usted mismo que estoy perfectamente. La nueva medicación me funciona mucho mejor. Aunque sí que a veces daría todo lo que tengo por poder dejar las dichosas pastillas.

-Bueno entiendo como se siente- dijo el hombre en tono comprensivo.

-¿Ha estado enfermo también?- preguntó Hanamichi temiendo que le dijera que sí y que por su experiencia descubriera algún fallo en su actuación del enfermo señor Masato.

-Oh no, gracias a dios tengo una salud de hierro. Pero a veces sí que uno mira atrás y piensa en si no era mejor todo cuando no tenía tanto pero era un poco más libre- por primera y última vez ese día Hanamichi tuvo la sensación que ese hombre le decía algo de corazón.

-¿Acarrea usted muchas responsabilidades?- quizá ahora que parecía haber dejado ese tono dulzón de lado se le soltaría la lengua pensó Hanamichi.

-El negocio ha crecido mucho los últimos años, hemos pasado por una buena época, y la verdad es que entre una cosa y otra me he mantenido muy activo. Demasiado activo a veces.

-Si el trabajo está bien hecho uno no está nunca demasiado activo- comentó Hanamichi.

-Estos últimos tiempos hemos trabajado tanto fuera de Japón que apenas he pasado por casa, y la verdad es que mi mujer no está muy satisfecha. No es que me lo haya dicho pero esas cosas se notan, ¿sabe usted?- dijo el hombre esperando claramente una respuesta por parte de Hanamichi.

-Bueno supongo- dijo dudando qué decir -no estoy casado como ya debe saber.

-Sí- dijo con una ligera sonrisa ese hombre, como si Hanamichi acabara de decirle algo que esperaba oír. -Bueno la cuestión es que voy a tomarme unas buenas vacaciones y para hacerme perdonar las ausencias quería regalarle a mi mujer algo especial. Supe de la existencia de este antiguo recopilatorio de Haikus; y aquí me tiene; por eso quería que usted me lo autentificara, porque no iba a regalarle una baratija a mi mujer- dijo sacándose del bolsillo de la americana un papel doblado, que resultó ser una fotocopia del documento en cuestión, y entregándosela.

Hanamichi se miró el papel desconcertado. No sabía muy bien cómo reaccionar ante eso. No esperaba que le dieran una fotocopia.

-¿Se puede saber que es esto?- dijo en un tono neutro.

-Una fotocopia del documento que quiero que autentifique- Takamiya había vuelto a su modo meloso, que a Hanamichi le resultaba terriblemente molesto y a la vez lo reconocía como realmente peligroso.

-¿Pero se puede saber por quien me toma?- dijo con un dejo de enfado en la voz Hanamichi sin dejarse amedrentar- ¿Cree usted que firmaré papel alguno de autentificación de nada sin haberlo comprobado yo con mis propias manos? Mire señor Takamiya, no sé con quien cree usted que está hablando, pero éste no es el modo en que trabajo, y desde luego nadie se atreverá a tratarme de ese modo bajo mi propio techo.

-Usted perdone señor Masato. Pero tenía entendido que su conocimiento sobre el tema era tal, que con solo ver la escritura y los gravados podría autentificar cualquier texto de este tipo- se disculpó empalagosamente.

-Será usted el que tendrá que perdonarme- dijo Hanamichi en un intento de simular ese tono tan molesto que el hombre usaba, y luego en un tono rudo y frío como el de Kaede cuando estaba enfadado continuó, -pero yo tenía entendido que era usted un experto en arte. Pero veo que, o bien no lo es, o me toma el pelo, porque como tal experto debería saber que sin tocar el papel, sin olerlo, sin ver el color real de las tintas usadas, incluso sin las pruebas químicas es imposible hacer nada. Así que, si me disculpa, ya puede tomar su fotocopia y salir de mi casa- para alivio de todos agregó: -A no ser que empiece usted a tomarse esto con un poco de seriedad, deje las sospechas idiotas a un lado, y me muestre de una vez ese documento. No tendrá mejor forma de descubrir si soy quien digo que soy que dejándome ver el documento.

-Veo que sabe de qué habla- dijo sorprendido Takamiya por un momento dejando de lado el tono dulzón de nuevo.

-Llevo muchos años dedicándome a esto. ¿A estas alturas debería, no cree usted?- dijo fríamente y con sarcasmo Hanamichi.

-No era eso lo que me habían dicho.

-Pues le han informado mal. Ahora, si es tan amable de sacar el original, si es que lo tiene, porque con tanto teatro empiezo a dudarlo.

Parecía que se había librado de una de buena. Como mínimo ahora la sospecha de que no fuera un experto parecía a punto de desaparecer, aunque si ese hombre seguía desconfiando de él mucho rato eso acabaría mal.

-No debería usted dudar de mí señor Masato, solo velaba por mis intereses- dijo otra vez en tono dulzón sacando de una carpeta verde que llevaba en su maletín de piel marrón, y que hasta ahora había estado recostado en el sofá a su lado, un pergamino.

-Entonces tampoco debería dudar usted de mí. A ver que trae usted aquí. ¿Supongo que habrá hecho analizar la tinta y el papel?- dijo Hanamichi sin esconder la curiosidad por el pergamino.

-Por supuesto. Aquí tiene los resultados del laboratorio- le dijo entregándole un sobre marrón todavía por abrir.

-¿No los ha abierto usted? Me extraña.

-Nunca conseguí entender todo eso del carbono catorce y el carbono doce. Así que para qué molestarme.

Mientras abría el sobre Hanamichi le dijo:

-Si realmente tiene interés en aprenderlo mi ayudante es muy bueno en eso de la química. Seguro que podría instruirle- le dijo en tono altivo con toda la intención de ofenderle. Takamiya había estado intentando desenmascararle, pero él no iba dejare atrapar fácilmente, actuaría tan excéntricamente como fuera necesario para ello.

Kaede estaba a punto de salir a la sala con más jugo de limón, cuando Xavier le indicó con la cabeza que no se precipitara y esperara un poco. Pero a Kaede se le hacía difícil. Había estado esperando en la cocina con Xavier y los hombres de Takamiya, todos pendientes de la conversación de esos dos hombres en la sala. Todos preocupados por las idas y venidas de tensión entre sus jefes, pero él más que nadie. El hombre que había en esa sala intentando no ser descubierto era su hombre no su jefe y a pesar de que confiaba en sus dotes de actor, sabía que sus ojos podían llegara ser tan transparentes que lo delataran. A demás de que Hanamichi solía empezar a decir estupideces cuando se ponía demasiado nervioso, eso si no se quedaba sin habla, pensó melancólico recordando cuando se declaró en esa triste habitación de hospital tras noches en vela a su lado.

-Estas miniaturas son muy hermosas señor Masato, estoy seguro que a su mujer, le encantarían. Pero me temo que son una simple copia.

-¿Tan seguro está?

-Seguramente lo que dice en éste sobre lo confirmará, pero a pesar de que las miniaturas son una copia perfecta de la época, y que el papel y la tinta seguramente son lo bastante antiguos, el texto es clave. Estos haikus tienen poco más de diez años.

Takamiya no dijo nada. Hanamichi abrió el sobre del laboratorio y leyó los resultados de las pruebas.

-No me atrevería a catalogarlo de baratija, pues alguien se ha tomado muchas molestias para que este pergamino pareciera real. Como suponía, han usado tinta y papel de hace doscientos años y han reproducido a la perfección los grabados de esa época. Pero el autor de estos Haikus sigue vivo, así que no son de hace doscientos años, se lo aseguro. Es una pena que se haya tomado tantas molestias para encontrarme, solo por un documento que un estudiante de segundo de carrera ya habría notado que era falso.- le dijo devolviéndole el sobre con los análisis y el documento.

-Un sabio me dijo una vez: primero prueba, luego confía.

-Kimura me ha advertido a menudo que soy demasiado romántico, pero uno siempre alberga la esperanza de que entre caballeros de nuestro nivel el código de honor entre ladrones todavía podrá aplicarse.

-Usted parece muy seguro de saber con quien habla señor Misato, pero la experiencia me ha enseñado que a veces nada es lo que parece, y usted podría no ser quien dice ser.

-Usted sin embargo no puede huir de su reputación. Sus trabajos hablan por usted.

-No crea la mitad de lo que dicen.

-Y aun así la mitad que queda es impresionante. Ha trabajado usted museos tan importantes como el Luvre, el Guggenheim, el Metropolitan, y recuerdo con especial admiración una colección de sustraída de la Tate Galery en Londres hará unos tres años…

-Bueno- dijo algo abrumado Takamiya –Lo de la Tate fue realmente uno de mis mejores trabajos, he de admitirlo. Pero no me gusta alardear de ello. Porque además luego siempre me acaban atribuyendo otros trabajos con los que no tengo nada que ver.

-Lo sé. Hace poco me llegó el falso rumor que usted había entrado en el MoMA de New York.

-Sí, el trabajo era parecido al mío, pero a mí nunca me ha interesado el arte moderno. Quien quiera que fuera no fui yo, ni mis hombres. Es más, hace muchos meses que no viajo a Estados Unidos.

-Podría ser peor. Podrían haber intentado incriminarle en algún otro caso mucho menos elegante y sofisticado.

-Supongo que sí. Aunque no alcanzo a comprender cómo llegó usted a saber de ése rumor…

-Digamos que conozco a alguien, que conoce al alguien, que estuvo interesado en una de las piezas sustraídas del MoMA que quería una segunda opinión y a mí siempre me ha gustado el arte moderno.

-Es usted más versátil de lo esperaba.

-Desde que hace unos años salió el catálogo nacional de arte, editado por el gobierno, y en la elaboración del cual he de admitir que colaboré extraoficialmente, queda poco trabajo por hacer en mi campo. Digamos que he tenido que ampliar mis horizontes para no aburrirme. Lo que me hace pensar que deberíamos volver al tema de su visita o se nos hará tarde, a no ser que tenga usted intención de quedarse a comer.

-Es muy generosa su oferta pero me esperan en el puerto en un par de horas así que lo de la comida tendremos que dejarlo para otra ocasión.

-En ese caso, si es tan amable de mostrarme qué le ha traído hasta mí nos pondremos manos a la obra.

Entonces Takamiya sacó un pequeño tubo de plástico de la cartera de piel y se lo extendió a Hanamichi, quien lleno de curiosidad a la vez que aterrorizado por si no reconocía lo que contenía ése estuche, lo abrió.

De él sacó una tela cuidadosamente enrollada y envuelta con un hermoso pañuelo de seda.

Por un instante Hanamichi no supo muy bien qué hacer. El lienzo que tenía en las manos era rápidamente identificable, pero creer que podía estar sosteniendo el original le daba sensación de vértigo.

-Veo que sabe lo que tiene entre manos- murmuró complacido Takamiya de nuevo con voz de fanfarrón.

-Y, tanto si es el original como una copia, vale su peso en oro. ¿Le importa si me acerco a la mesa…? esto necesito examinarlo con más luz- dijo Hanamichi levantándose con cuidado con el bastón y dirigiéndose a la mesa de cristal que ocupaba el centro del comedor y dónde llegaba toda la luz que entraba por los enormes ventanales de la sala comedor. –Es magnifico. No soy un experto en este autor, pero parece auténtico, sí señor- murmuró Hanamichi sacándose las gafas y sustituyéndolas por otras más pequeñas que llevaba en el bolsillo de la camisa, que eran como una lupa para ver más de cerca.

-Estos sí los he abierto- murmuró Takamiya al extenderle un sobre marrón como el de antes, esta vez mucho más arrugado, y efectivamente abierto.

Hanamichi los cogió y volvió a ponerse las primeras gafas para leer el papel.

En ese momento Kaede entró a la sala con una bandeja con dos vasos de limonada.

-Señor Masato, le traigo más limonada. He traído una para el señor Takamiya por si le apetecía.

-Gracias Soichi, es muy amable. ¿Por cierto ha llamado ya a la farmacia?

-Todavía no señor, iba a hacerlo cuando llegaron los señores.

-Pues no tarde en hacerlo o le tocará ir hasta el pueblo a por el paquete- dijo sin levantar la vista de los análisis que estaba leyendo, sin querer mirar a Kaede.

-Ahora mismo llamo señor. ¿Quiere usted algo más señor?- preguntó Kaede entre sorprendido y asustado por la actuación del Tensai, y harto de ser tan servicial pensando en que todo iba a acabar pronto, pues si le pedía que llamara a la farmacia es que había logrado que Takamiya confesara algo, o que tenía ya en sus manos el documento auténtico. Y solo hacía una hora que habían llegado. ¿Como era posible que tras diez años de conocerse el "pelirrojo" todavía le sorprendiera tanto?

-De momento no Soichi, vaya a llamar o cerrarán- dijo en tono ausente, dejando de lado el papel solo para mirar a Takamiya y volver a abalanzarse sobre la tela que yacía encima la mesa.

La clave estaba dicha, el papel era el auténtico, ya faltaba muy poco, parecía que todo iba a ir mucho más rápido de lo esperado. Solo faltaba que nada se complicara.

Dirigiéndose de nuevo a su invitado Hanamichi prosiguió con el estudio de los análisis. Se dio cuenta que hablar por hablar hasta entonces había sido fácil, pero que ahora decir si ése magnífico lienzo era o no auténtico y convencer de ello a Takamiya ya no iba a ser tan fácil.

Ahora que empezaba a perder la sensación de dominar él la situación empezó a tomarse el zumo de limón que Kaede acababa de traer. A pesar de que para él el sabor a limón era tan malo como el del Tang que había tomado hasta entonces, con solo dejar aquel líquido ácido en su lengua unos instantes supo que, ahora sí, eso estaba hecho de limón de verdad.

-Vaya vaya, curioso, muy curioso.- Comentó Hanamichi intentando no dejar ver que el sabor a limón le daba nauseas, cuando hubo expuesto en voz alta todos los parámetros del estudio que tenía en la mano, y los resultados obtenidos por quien sabe qué laboratorio

-¿Que es eso tan curioso?- Quiso saber al acto Takamiya.

-Que la tinta sea más vieja que el papel. Deberían ser de la misma época, pero parecen tener una diferencia de unos cien años. Aunque al ver qué documento me trae… lo que ha ocurrido no es tan extraordinario. Este tipo de cosas podrían hacerle bailar el coco a uno si no sabe con quien se las tiene, ¿sabe usted?

-No entiendo qué me dice, pero espero que sean buenas noticias.

-Bien, creo que sí, a su mujer le hubiera gustado… de estar usted casado.

-¿Así que es autentico?- preguntó el japonés entre emocionado por la noticia y descolocado porque a pesar de que por un momento había llegado a creer que ese hombre le engañaba parecía ser el auténtico Masato.

-A primera vista lo parece, pero me gustaría comprobar un par de cosas más, antes de aventurarme con nada más. ¿Tiene usted mucha prisa para autentificarlo?

-¿Por que? Creí que podría hacerlo usted hoy mismo- Takamiya no pudo esconder un dejo de preocupación en la voz. En sus planes no entraba el quedarse más de veinticuatro horas en España.

-Sí, pero quisiera hacer una consulta a un amigo de Alemania. Es un experto en este autor, y puesto que conoce tan bien su obra, su opinión serviría de mucho.

-Es que tenía previsto volver a casa mañana mismo, porque… será el aniversario de mi mujer, y quería regalárselo,…- dijo dando a entender que el motivo de su partida no era de su incumbencia de un modo mas o menos diplomático.

-Así que realmente, solo quería asegurarse que no compraba una baratija- dijo Hanamichi.

-Exacto, veo que me comprende.

-Perfectamente. Bien entonces tendrá que conformarse con solo una opinión. En cuanto Kimura vuelva pasaremos a mi despacho dónde podré firmarle los papeles de autentificación esta pieza. Porque supongo que querrá dicho documento, incluso si solo es para regalárselo a su mujer.- Dijo Hanamichi volviendo al sofá, y dejando adrede la hermosa pintura extendida encima de la mesa.

-Así es.

-Los honorarios serán los acordados.

-Evidentemente.

-En ese caso ya casi estamos. Siéntese, tranquilo que cuando Kimura vuelva lo recogerá. Siéntese.

-He notado que no tiene usted guardias-. Dijo el hombre al sentarse algo receloso de dejar semejante antigüedad extendida de ese modo en la mesa.

-Creí que le había dicho que no me gustaban esa clase de hombres. Además como más fácil se lo pones a los ladrones menos cosas te rompen por el camino. Y si son realmente buenos van a robar de todas formas así que decidí prescindir de ellos. Y como ha dicho usted antes, mi seguridad recae en la dificultad de encontrarme. Además, a más gente, más posibilidades que te traicionen.

Hanamichi empezaba a notar los efectos de la alergia al limón. Pronto llegaría el momento de retirarse. Para no agraviar su estado, decidió no beber más, no quería que al final tuvieran que pincharle de verdad el puñetero antihistamínico, por culpa de la limonada.

-Es usted un hombre muy receloso, veo.

-Como todos, señor Takamiya. Si no lo fuera usted también, no habría traído con usted a tantos hombres de su confianza para vigilar todos mis movimientos, los de Soichi, incluso los del pobre Xavier.

Siguieron hablando un rato más en una aparente familiaridad y confianza, hasta que apareció de nuevo Kaede.

Esa fue una conversación que, como el resto, estaba siendo gravada por tres equipos electrónicos de escucha distintos colocados por toda la casa.


Grissina: Tang es un refresco que se prepara con unos polvos y agua fresca, que yo sepa hay de limón y naranja.