Y tenía que saberlo, hacerle esa pregunta. En cuanto el pequeño se había distraído, sentándose junto a su hermana para que terminara de desayunar, Severus se había levantado con los trastes sucios y ella había ido tras él.

— Severus...¿por qué? Por qué recuerdas mi cumpleaños, por qué eres tan condescendiente conmigo. ¿Por qué te importa qué siento y reconfortarme con besos y caricias?

Y Snape continuaba de pie, frente a ella, sin decir palabra alguna. Había colocado los trastes en el lavabo, cuidadosamente. Se había dado la vuelta, apoyando ambas manos en aquel mueble y mirándola encogiéndose de hombros.

— Eso es lo que las parejas hacen. Recuerdan cumpleaños, reconfortan al otro. Todas esas cosas.

— Excepto alguien como tú. Vamos, ¡no puedes mentirme! ¡Estamos fingiendo por ellos!

Aquel pequeño niño de cinco años la había mirado con curiosidad. A ambos padres, mientras la mujeres respiraba agitadamente.

Mentía, estaba segura.

— ¿Fingiendo qué, mami?

Y Snape había bajado la vista hacia el pequeño niño que estaba parado allí y Nymphadora también. ¿Cómo se le explicaba?

— Estamos fingiendo que...¡no haremos una fiesta de cumpleaños!

Y el niño había brincado de felicidad, mientras la pequeña se acercaba a la reunión familiar. Con pasos lentos, chupándose los dedos.

— ¿Escuchaste? Hoy mami cumple años y hará una gran, ¡gran fiesta!

— ¡Mami...mami!

Y ambos habían ido a su respectiva habitación. Snape se había acercado gradualmente a ella, mientras la mujer suspiraba aliviada, observando la ruta que habían tomado.

— ¿Podrías intentarlo aunque fuese solo un poco? — replicó Snape, mientras las mejillas de la mujer se sonrojaban en sorpresa.

¿Qué quería decir con eso? ¿Que él era el único que ponía de su parte en ella casa?

¿Y todas las veces que había tratado de ser amable? ¿Y todas las veces que había intentado pedirle perdón y él no había querido escucharla?

— ¡No te atrevas a...! — eso había dicho ella, alzando la mano. Tenía tantos deseos de abofetearlo. Severus había respondido rápidamente y había sostenido su mano.

— No, Nymphadora. Y menos en tu cumpleaños, ¿no te parece?

La mujer había suspirado amargamente y de pronto, Severus había sentido lágrimas en su mano. lágrimas largas y bastante agrias.

— Nymphadora...por favor.

— Solo quiero entender. Solo quiero entenderte. Dime... me detestas, quieres verme muerta, ¿por qué quieres la relación cambie y mejore?

Severus había sonreído, acariciando sus mejilla con uno de sus dedos. La mujer lo observaba en silencio, desesperada.

— Quiero... darle a los niños un hogar estable. Ellos no merecen todo lo que ha sucedido.. Y quiero terminar con este asunto, quiero...

— ¿Perdonar?

Severus había suspirado en silencio. ¿Qué debía decir? ¿Tenía que aceptar que la mejor forma era solo perdonar? ¿Aunque el pasado fuese aquello que torturaba sus peores temores?

— Sí...

Y la mujer pensaba replicar, pero aquel hombre había descendido aquella mano hasta su quijada para alzarla unos centímetros.

— ¿Qué prefieres? ¿Esto o que uno de los dos termine muriendo a manos del otro?

Y ella había guardado silencio, mientras aquellas gruesas lágrimas continuaban cayendo en sus dedos y resbalando hasta el suelo. Pequeñas gotitas.

— ¡Mami...¿de qué será tu pastel?

Snape había reaccionado rápido, acercando aquel rostro al suyo. Para besarlo. El pequeño había sonreído.

— ¡Mi papi ama mucho a mami!

Y Snape había asentido, mientras la cabeza de Nymphadora reposaba sobre su largo hombro. Mientras él la había rodeado con sus brazos.

— ¿Cuál es tu sabor de pastel favorito?

— Chocolate y fresas...

Eso había susurrado ella en su oído, mientras él continuaba allí. Abrazándola suavemente. El niño de cinco años, brincaba de la felicidad.

Le encantaba el pastel, los regalos. Las fiestas.

— Espero que el regalo te guste, Nymphadora.

Y la mujer no había dicho nada, mientras Snape la soltaba gradualmente y pasaba a un lado de ella. Había escuchado que Snape hablaba con su hijo sobre ir por el pastel, mientras ella se quedaba con la pequeña de tres años.

¿Qué otras sorpresas, Snape estaba dispuesto a ofrecerle?

Reconocía que estaba sumida en una total oscuridad, al no saberlo.