Al salir el sol, Estrella seguía despierta. No podría pegar un ojo desde ahora en adelante… había recibido una misión, y ahora debía cumplirla. Debía cuidar de Draco… darle energía, fuerzas para cumplir con sus compromisos… no tenía ni la menor idea si es que era William o no, pero si era… no lo iba a dejar así, sin poder dormir en las noches, viendo con terror cada una de sus caídas, de sus pecados, sin poder más que recriminarse a sí mismo una y otra vez… Nadie puede vivir así. Todos necesitamos perdón… ella por lo menos tenía un Dios. Pero… ¿Malfoy?... después de vivir toda una vida juzgando a la gente por su sangre, idolatrando la sangre limpia, y a un mago malvado que quería destruirle la vida a todos… no, no iba a tener un Dios, y menos iba a disculparse a sí mismo… Solo Hermione podía darle ese perdón tan anhelado. Si tan solo él tuviera la humildad de decirle lo que le sucedía… pero Estrella sabía que esa no era una característica de los Slytherin, menos de un Malfoy… Tampoco podía llegar y decirle a Hermione "oye, tu novio tiene sueños extraños acerca de sus pecados en las noches"… ¿Quién iba a creer eso?... ¿Y cómo se supone que ella se iba a dar cuenta?...
Tendría que rezar para que Hermione notara el estado del rubio, y por mientras… intentar aplacar un poco su cansancio y su pesar. ¿Cómo?... enviándole su energía y amor…
Era cosa de acostarse en su cama, cerrar los ojos, concentrarse… y sus fuerzas iban a parar en el cuerpo de Malfoy. Trataba de rodearlo de una luz rosada… eso ayudaría a que se sintiera amado.
Estuvo así por horas… estaba agotada. Tendría que ir a comer algo… le daba vergüenza que Neville la viera con un par de estéticas ojeras.
- ¿Estrella?... ¿qué te sucede?
- Nada… no pude dormir muy bien anoche.
- ¿Tuviste alguna pesadilla?
- Algo así…
- Tranquila… cualquier cosa, sabes que puedes contar conmigo.
El chico tomó la mano de la niña, acariciándola suavemente.
- Neville… creo que voy a pasar el resto del día en cama. Creo que me pilló un resfrió…
- No me digas que es por lo del ayer…
- No, no… estaba calentita en tu chaqueta. Quizá los cambios de temperatura me han hecho mal… no te preocupes. ¿Nos vemos más tarde?
- Esta bien…
La chica se fue, no sin antes darle un fuerte abrazo al chico que le robaba su corazón.
Y se dedicó a enviarle energía a Malfoy, a dormir, comer… y seguir observando detenidamente al rubio. Vio cómo caía en la nieve con Hermione, cómo la amaba. Fue espectadora de la entrevista, del molesto periodista de El Profeta… Estrella durmió profundamente después de la hora de almuerzo, y solo salió de su habitación para ver a Neville. Verlo le daba fuerzas para seguir cuidando del serpentudo…
En la noche, Estrella lo acompañaba en sus sueños. Intentaba hablarle, despertarlo, tocarlo, golpearlo, hacer algo… pero nada podía detener que las atrocidades pasaran ante sus ojos. Malfoy estaba aprisionado en sus pecados… la oscuridad que lo rodeaba se hacía más espesa.
- Ojala Hermione no estuviera enferma para cuidarlo… rayos. Si Theo fuera más… insistente.
Estrella era testigo de los dolores y pecados de Draco. Pero no podía hacer más que enviarle fuerza, fuerza…
Alguien tocó la puerta de su habitación, debiendo desconectarse rápidamente de Malfoy. Nadie podía enterarse…
- ¿Estrella? ¿Puedo pasar?
La voz de Minerva venía desde el otro lado de la puerta.
- Adelante…
- Estrella ¿qué te sucede? Estás pálida… pero no tienes fiebre – dijo poniendo su mano en la frente de la niña de las estrellas. – Neville me dijo que estabas enferma, y te vine a ver de inmediato… ¿qué sientes?
- No, no es nada… con un poco de descanso se me pasará.
- Ummm… algo me ocultas. No me pongas esa cara de puchero. Dime, qué pasa. No me voy a ir hasta que me digas. Y sino, hasta veritaserum soy capaz de utilizar.
- Está bien… pero no le digas a Neville, por favor… él no podría entenderlo.
- Depende de qué sea. ¡Dime!
- Ronald algo hizo… una poción. Se la dio a Malfoy, y ahora cada vez que él duerme, tiene pesadillas… acerca de su pasado. Cuál es más realista que la otra… recuerda cada momento en que cometió un error, en que le hizo daño a alguien, en que pecó… no me preguntes porqué, pero veo todos sus sueños… y sufre tanto Minerva, tanto… y como no duerme nada en la noche, está agotado. Por eso le envío mi energía vital… para que tenga fuerza para hacer todas sus cosas. Y… especialmente para que pueda perdonarse.
- Hay una cosa que no entiendo… cómo, y porqué le envías toda tu energía… mira cómo estás, pareces un mapache por tus ojeras… y estás dejando solo a Neville.
- Minerva… entiende, si Malfoy no se perdona, si alguien no se compadece de él y lo saca de ese estado, puede pasar 2 cosas: o se vuelve loco, o se suicida.
- ¿Es tan así?...
- Piensa en la cantidad de cosas que ha hecho Minerva… es un ex mortífago. Y en sus sueños recuerda cada pequeña cosa que ha hecho…
- Dios mío… ¿no habrá otra cosa que podamos hacer?
- No sé si la poción tendrá un antídoto, pero tampoco sé cual es…
- Voy a buscar… ¿dices que cada vez que duerme, sueña con sus errores?
- Sí…
- Estrella, por favor, no te sobre exijas. Y… voy a darle permiso a Neville para que venga a visitarte. Solo dile que estás enferma… yo buscaré aunque sea lo último que haga.
- Gracias…
A los pocos minutos, un preocupado Neville entraba corriendo a la habitación.
- Estrella… ¿Estás bien?
- Sí… al parecer es solo un resfriado.
- ¿quieres que prenda la luz?
- ¡No!... no… es que… me molesta. Me duele la cabeza… - Estrella había apagado la luz para que no se diera cuenta de sus ojeras.
- Déjame cuidarte… aunque sea un rato.
- Con tu presencia aquí ya me haces feliz… gracias.
Neville tomó su mano… y con la otra acariciaba su rostro. Él no sabía cuantas ganas tenía la niña de sentarse, abrazarlo, besarlo… pero no tenía fuerzas. Tampoco era el momento… ni el lugar. Era mejor no tentar al destino…
- Neville…
- No hables, por favor… debes estar agotada. Tu cuerpo debe estar luchando para que te mejores… solo descansa. Y prométeme que… estarás mejor el viernes.
- ¿Qué?... ¿para la competencia? – Estrella debía aparentar no saber nada…
- No… suspendieron la competencia. Cuando volvamos de vacaciones, tendremos que bailar Tap y Swing… nos podremos ir a casa este sábado, y el viernes habrá un baile de navidad… y tienes que ir conmigo. No me imagino ir con otra persona… no ahora que existes tú.
- Claro que iré contigo…
Neville besó tiernamente la mano de la niña.
- No… ¿no te gustaría pasar la navidad conmigo y mi abuela?...
- Ummm…
- No tienes que responderme ahora. Solo piénsalo… convérsalo con la señorita
Mc Gonagall. Te quiero… Descansa, duerme… yo estaré aquí cuidándote.
Estrella no podía más ante tanta dulzura. Ese chico la iba a matar… pero de amor.
Debía seguir cuidando de Malfoy…
Los siguientes días, se sentía vivir a través de Malfoy. No tenía fuerza en su cuerpo por el esfuerzo realizado… así que se enteraba de todo lo que ocurría mirando las locuras que hacía. El avance de las canciones, la presentación para Pansy… moría de la risa con todo lo que sucedía.
Minerva efectivamente encontró la poción que Draco había bebido, pero no tenía antídoto… salvo el amor. Hermione podía ser su única esperanza…
Hasta que el día jueves por la noche se dio por vencida… no podía hacer más. Si seguía así, iba a desmayarse… y no despertaría más. Decidió dormir, pensando en su valiente príncipe rojo y dorado…
El viernes la voz de Minerva se hizo escuchar a través de la puerta.
- Estrellaaaaa, Estrellitaaaa… deja a ese mocoso Malfoy, y preocúpate por ti. Tienes que lucir hermosa esta noche.
- Pasa Minerva…
- Vaya… tienes muchísimo mejor semblante.
- Dormí toda la noche… descansé para estar mejor para el baile.
- Te hizo muy bien… ahora, mira lo que encontré en el callejón Diagon.
Minerva le dio una caja… cuidadosamente la abrió, y encontró un hermoso vestido color rosa con brillantes piedritas blancas.
- ¡Vamos, no seas tímida, pruébatelo!
- Minerva… no puedo aceptar esto.
- Es un regalo, así que pobre de ti que no lo aceptes. Póntelo.
Estrella se levantó, y se puso el vestido… se sentía como una princesa. Arriba no tenía tirantes, sino que se ajustaba a su cuerpo, y a la altura de las caderas se enanchaba hasta llegar a los pies. Era suave y liviano… podría bailar con él cómodamente y lucirlo.
- Te queda a la medida… menos mal que la otra vez te llevé de compras a Hogsmeade, porque así sabía tu talla… te vas a ver hermosa. ¡Ah! Y en la caja hay una chaqueta a juego, para que no pases frío… Así que esta noche ¡vas a conseguir novio!
La niña se ruborizó… quería esconderse en cualquier parte. Pero el vestido de verdad era hermoso…
- Minerva… gracias. De verdad… eres un amor.
- No me agradezcas a mí… agradece a Neville, que te va hacer pasar una noche espectacular… ¡Nos vemos! Debo seguir con los últimos detalles… jijiji.
Estrella se quedó mirando el vestido… ¿qué le diría a Neville?... no sabía qué exactamente… solo que su corazón explotaba por decirle que sí…
