Capítulo 14
Los Collins se fueron unas semanas después, despidiéndose de los Bennet con su habitual efusividad. La señora Collins prometió invitar a toda la familia a pasar un par de semanas en Hunsford, que acababa de abrir un bonito y exclusivo club de campo, que prometía. Lizzie bufó al oírlo, esos Collins era unos snobs de miedo. La señora Collins se despidió de las chicas con un abrazo muy cariñoso, aunque a Lizzie se limitó a darle la mano con una mirada helada.
Después de la partida de los Collins, Charlotte seguía yendo a la casa de los Bennet muy seguido, y acompañaba a Jane, que seguía muy desanimada. Un par de semanas después de que los Collins se hubiera ido, fue la graduación de Jane.
La graduación era una ceremonia seria y formal. Además de recibir su diploma de egresada de la Jane Austen High, Jane había recibido el premio de Atletismo y el de Matemáticas. Pero ni siquiera esos triunfos la hicieron sonreír, mucho menos al escuchar que el ganador del premio de química era Bingley. Al escuchar su nombre, Jane tuvo que apretar los labios para no llorar.
La fiesta de graduación era la noche siguiente, pero Jane parecía estar obstinada en no ir, a pesar de que su madre decía que era un momento importantísimo en la vida de una jovencita. Sin embargo, entre Charlotte y Lizzie la convencieron de ir a la fiesta de graduación, y la arreglaron para ella.
—Lo vamos a pasar increíble. — Le sonrió Charlotte, mientras Jane se vestía. Charlotte ya estaba vestida y arreglada y llevaba un ramo de rosas que le había dado Collins como regalo por su graduación. Lizzie también había sido invitada a la fiesta, y estaba también arreglada.
—Vamos, Jane. Tienes que sonreír y… — No se le ocurría que podía decir para animar a su hermana. —No puedes dejar que Darcy y Caroline ganen. Esto es lo que ellos querían, tú tienes que… ser mejor que ellos, más fuerte.
— ¿Para qué? Lizzie, lo más probable es que Charles piense como ellos… Quizás él nunca me quiso… quizás todo fueron ideas mías…
—No seas tonta. — La retó su hermana, arreglándole el moño que le había hecho. Jane le dirigió una mirada triste a su reflejo en el espejo. Por melodramático que sonara, tenía el corazón roto y le dolía incluso respirar. Lizzie no dijo nada y la abrazó.
Durante la fiesta, Jane no abandonó su actitud deprimida, aunque todos sus amigos estaban tratando de animarla. Por un buen rato se quedó sentada en un sillón a un lado de la pista de baile, hasta que Lizzie se acercó a ella y la llevó afuera.
—Jane, trata de disfrutar esto. No vas a volver a graduarte del colegio, y a muchos de tus amigos que están aquí no vas a volver a verlos. Además, no puedes dejar que ningún estúpido te arruine la que debería ser la mejor noche de su vida.
—Lizzie, ¡no entiendes nada! — Exclamó Jane, estallando en llanto. —No sabes lo que es estar enamorada, y querer tanto a alguien que sólo te importe que él sea feliz. No sabes lo que es tener el corazón roto porque esa persona no te quiere como tú a ella.
—Jane… — Suspiró Lizzie, apoyando su mano en los hombros de su hermana, que lloraba en silencio. —No sé qué decirte, tienes razón; nunca me he enamorado, y no tengo ni idea acerca de nada de lo que dices. Nunca lo he sentido, pero… creo que me gustaría… Por otra parte, creo que dejar que todo esto te afecte como te está afectando, es pésimo para ti misma. Y te guste o no, de la primera persona que debes preocuparte es de ti misma.
Jane suspiró. Lizzie estaba en lo correcto, no iba a graduarse de nuevo y no podía dejar que lo que había pasado las últimas semanas le arruinara la noche. Si Bingley no la quería, seguramente era porque no valía la pena y no se merecía que estuviera llorando como una estúpida por él. Se secó las lágrimas y miró a su hermana.
—Tienes razón, Lizzie. Te prometo que voy a tratar de disfrutar lo más posible la fiesta y mi viaje a Londres, aunque no te puedo prometer que me voy a olvidar de Bingley tan fácilmente.
Lizzie le devolvió la sonrisa.
—Por ahora, creo que me basta con eso. Sonríe.
Ambas hermanas volvieron a la fiesta, dispuestas a pasarlo bien. Bailaron y cantaron hasta el amanecer y Jane pareció olvidarse por un rato de Bingley.
Los tíos de las Bennet, los Gardiner, quienes vivían en Londres, habían llegado a celebrar la graduación de su sobrina mayor y la notaron tan desanimada que decidieron invitarla a Londres por unas semanas para ver si podían animarla. Los señores Bennet, que ya sólo querían ver una sonrisa en la cara de su hija mayor, accedieron sin mayores problemas.
—Jane, anímate. Lo vas a pasar bien. — Intentó animarla Lizzie, mientras Jane hacía la maleta para el viaje. Jane le devolvió una sonrisa triste. —Y vas a poder buscar a Bingley. — Añadió Lizzie, que estaba sentada sobre la cama de Jane.
—Va a ser una pérdida de tiempo. —Desde la fiesta, Jane trataba de parecer más feliz y contenta, pero a veces recaía en la pena y la angustia. En esos momentos agradecía tener a su hermana junto a ella, para que la consolara y tranquilizara.
—No, Jane. No te rindas. — Le dijo Lizzie, sacando del clóset de su hermana un bonito vestido de verano y tirándolo sobre la cama de su hermana. Jane le dirigió una mirada interrogativa. —Para que te veas bonita cuando lo encuentres.
Jane le sonrió, y guardó el vestido, mientras Lizzie se tiraba en su cama. Lizzie miró a su hermana, siempre había sido considerada la belleza de la familia, además de tener una personalidad adorable, que hacía que todo el mundo la quisiera inmediatamente. Si Bingley no podía apreciar esas cualidades, era un tonto sin remedio, pero Lizzie estaba segura de que el que no apreciaba a su hermana era el creído de Darcy. Si alguna vez volvía a verlo, lo primero que haría sería romperle la cara a golpes, por hacer sufrir a su hermana. Su estúpidamente perfecta y aristocrática cara.
Si tía Gardiner tenía una favorita entre sus sobrinas, esta era Lizzie. La señora Bennet se había casado antes que ella, y ella había pasado mucho tiempo en su casa, ayudándola con sus hijas. Había estado presente en los primeros pasos y las primeras palabras de Lizzie, y esos recuerdos habían quedado grabados en su corazón. Ella no había podido tener hijos propios, pero quería a las de su hermana como si hubieran sido suyas. Lizzie tenía una relación muy cercana con su tía, que consideraba a su sobrina como una de las chicas más inteligentes que conocía y valoraba sus opiniones.
—Ese Wickham no me parece un buen chico, Lizzie, ten cuidado. — Le dijo la señora Gardiner una tarde, poco antes de volver a Londres. Ambas estaban sentadas en la terraza de la casa de los Bennet, instaladas en los sillones de jardín.
— ¿De qué? — Preguntó Lizzie. Wickham era respetuoso con ella, y la trataba bien. ¿Qué había visto su tía en el joven que la llevaba a decir que él no era un buen chico? De acuerdo, Lizzie reconocía que Wickham no era perfecto, muchas veces faltaba a clases y lo había visto hacer trampa en las pruebas, pero él le aseguraba que esas cosas no eran habituales en él y que eran sólo "salvavidas" a los que recurría como última instancia. Pero aparte de eso, Wickham siempre había sido encantador con ella.
—De enamorarte, enana. — Le dijo su tía, con el apelativo cariñoso que daba a su sobrina preferida. —Es peligroso, y ese Wickham…
—Tía, no seas tonta. — Se burló Lizzie, entendiendo a dónde quería llegar su tía con la conversación. —George y yo sólo somos amigos. Por favor, no te imagines cosas raras. No pienso enamorarme de él. Y apenas él me dé una pista de que siente "algo" por mí, lo mando a freír monos a África.
—No te rías tanto Lizzie. Te lo digo en serio, y que conste que te advertí. Ese chico no… Es muy simpático, pero tú sabes que… no sé cómo explicarme. — La primera vez que la señora Gardiner vio la atractiva sonrisa de Wickham, sintió un inexplicable escalofrío en la espalda.
—Te prometo que no me voy a enamorar de Wickham. — Sonrió Lizzie, acomodándose en el sillón. A pesar de su sonrisa, parecía que estaba a la defensiva.
—Aunque debo reconocer que es guapo… — Se río la señora Gardiner, intentando relajar el ambiente. Lizzie siempre había sido rebelde y desafiante, y bastaba con que alguien le dijera algo, para que ella hiciera precisamente lo contrario. Si ella le decía que Wickham era peligroso, seguramente Lizzie pasaría aún más tiempo con él.
— ¡Tía! — Fingió escandalizarse Lizzie, golpeando suavemente a la mujer, mientras estallaba en carcajadas.
Pocos días después, los Gardiner se fueron, llevándose a Jane, y Lizzie se sintió más sola que nunca. Jane, los Bingley, Darcy y Collins se había ido, los King se habían ido a pasar el verano en Bath, por lo que además no tenía ensayos de la banda para llenar su tiempo. Charles Lucas estaba trabajando en un café del pueblo y le ofreció ver si ella también podía trabajar ahí, pero no había más vacantes, por lo que Lizzie no pudo acompañar a su amigo.
Sin nada que hacer, Lizzie se pasaba todo el día dando vueltas sin rumbo fijo, "perdiendo el tiempo", como le gustaba decir a su madre. Ella se sentía frustrada y aburrida, y no encontraba nada que hace para no desperdiciar todo su verano. Echaba de menos su amistad con Charlotte, tener alguien con quien hablar acerca de todo, pero después del incidente de Collins, amabas se habían alejado de la otra y no había vuelto a ser tan cercanas como siempre.
Lizzie adquirió la costumbre de pasear por los campos, muchas veces con un libro o escuchando música. Uno de esos días en que Lizzie paseaba por el campo, sola y pensando en sus cosas, Charlotte, que tenía la costumbre de pasear por los campos buscando flores para secar entre sus libros, se acercó a ella.
—Lizzie… — Dijo, al encontrarse cara a cara con su amiga.
—Hola Charlotte. — Sonrió Lizzie, sinceramente feliz de que su amiga volviera a hablarle como antes. Le hacía mucha falta la presencia tranquila y calmada de su amiga, el perfecto contraste a su carácter explosivo.
—Hablé con William el otro día… y me invitó a pasar unas semanas con él en Hunsford. — Le dijo Charlotte, poniéndose a caminar con ella.
— ¡Qué bueno! — Dijo Lizzie, súbitamente desganada. No tenía ganas de escuchar acerca de Collins, pero se limitó a sonreír falsamente.
—Ni tanto. Mis papás no me dejan ir sola…— Suspiró Charlotte, frunciendo la nariz. —Cosas de ellos… tú sabes cómo son… Entonces se me ocurrió preguntarte si querrías acompañarme, los Collins ya te conocen y son íntimos amigos de tus padres.
— ¿A Hunsford? ¿Quieres que vaya a Hunsford contigo? — Preguntó Lizzie, tirándose bajo la sombra de un árbol. Charlotte se sentó a su lado.
—Sí, después de que mis papás dijeran que yo no podía ir sola, sus padres dijeron que podía invitar a una de ustedes.
— ¿Si? — Preguntó Lizzie, pensándolo por unos segundos. Cualquer cosa, incluso ir a Hunsford con los Collins, era mejor que quedarse en su casa sin hacer nada. Aunque soportar a Collins iba a ser extremadamente difícil. Charlotte esperaba su respuesta sin decir nada. —Bueno. Voy contigo a Hunsford, lo vamos a pasar bien. — Suspiró Lizzie, sonriendo a su pesar. Estaba feliz de que Charlotte volviera a hablar con ella y la extrañaba tanto como amigo, que le daba lo mismo tener que soportar a los Collins en su propia casa.
—Perfecto. — Dijo Charlotte, tomándola del brazo y obligándola a levantarse. —Vamos a preguntarle a tus papás.
Me robo un par de minutos de estudio para subirles un nuevo capítulo. De nuevo, no hay mucho Lizzie/Darcy, pero en los próximos lo voy a compensar con creces. ¡Promesa!
Ya, tengo que volver a estudiar. Tengo como ocho pruebas esta semana, pero no se preocupen, el jueves volveré a subir, y también el sábado (si sigo viva entonces). Se aprecian todas las buenas vibras que quieran mandar :)
