Disclaimer: No me pertenecen ni Resident Evil ni sus personajes, si no a Capcom. Lo único mío son Roxan, Reynald, etc. Esta historia esta hecha por entretenimiento y diversión sin ánimo alguno de lucro.


Caminando entre sombras, evitando lo inevitable, culpabilidad es la pregunta, irracionalidad, la respuesta.


Capítulo 14 No caeré en la tentación

Roxan está en frente del RPD. A su lado, estaban Jill Valentine, con un top azul ceñido y una falda corta negra, y Brad Vickers. Brad grita que vendrá por ellos, que los van a cazar. Roxan no sabe a qué o quién se está refiriendo. Jill empuñaba la Beretta con una mano, mientras alarga la otra mano hacia Brad para tranquilizarle. Una enorme sombra se cierne sobre ellos, dejándolos en penumbra. A Brad le tiemblan las piernas con violencia, y grita: "¡Ya está aquí! ¡Corred!". Jill y Roxan se miraron confusas y con el ceño fruncido. Jill le pregunta a qué se refiere. De quién habla.

Entonces el cuerpo de Brad se eleva, con sacudidas espasmódicas sobrecogedoras. Su boca se abre, y de ella sale un viscoso tentáculo. De entre las sombras aparece un enorme monstruo, de por lo menos dos metros y medio, que sujeta la cabeza de Brad con su enorme mano cual balón fuera. Le falta un ojo, y una línea de grapas une dos retazos de piel de la cara de aquél ser. Tenía una enorme dentadura blanca a la vista, junto con una encía violácea y una mueca rabiosa continua. Su cuerpo está tapado por cuero negro, y de sus hombros sobresalen varios tentáculos más.

Jill y Roxan retroceden, con los ojos abiertos de par en par. El cuerpo endeble de Brad cae al suelo como un saco de carne inservible. El monstruo lanza un rugido gutural: "S.T.A.R.S". Va por nosotros, piensa Roxan aterrada. Jill y ella echan a correr al interior de la comisaría, pero Jill la encierra adentro y se queda afuera para combatir al monstruo. "JILL", grita Roxan, aporreando la puerta. Oye el silbido de un cohete. Roxan se da la vuelta y se dirige corriendo a la oficina de los S.T.A.R.S. Todo el RPD está en silencio. Pasa por delante de varios cuadros, figuras y esculturas. Irons siempre decoró aquello como si un museo se tratase.

Abrió la puerta de golpe, esperando encontrarse a sus compañeros. Pero a quien más desea ver, es a su Capitán, su querido Capitán Wesker. Quiere correr hasta él y abrazarle, pero no hay nadie en la oficina. Sólo papeles y silencio. Busca el armario de armas con la mirada, y cuando lo encuentra va hacia él. Está cerrado a cal y canto. Jill podría abrirlo, piensa Roxan. Le asesta un puñetazo a la pequeña armería de S.T.A.R.S, aboyándola. Frunce las cejas hacia abajo y entreabre los labios, mostrando su dentadura apretada hasta el extremo de dolerle. Lo que más destaca son sus afilados colmillos dignos de un vampiro. Gruñe con una enorme rabia creciéndole en su interior. Retira el puño de la astillada madera y trata de relajarse. "¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué todos se han vuelto caníbales? ¿Qué demonios es ese bicho que ha matado a Brad?" murmura para sí misma, masajeándose las sienes.

Roxan mira el escritorio de Wesker y se sienta en él. Coge una fotografía que hay entre los papeles. Son ellos dos, en un enorme jardín, que al instante reconoce: es el de su casa en los bosques de Raccoon. ¿Pero cómo es posible, si esa casa lleva cerrada casi diez años? ¿Cuándo han estado ahí? "Wesker… dónde estás metido…"

Roxan cierra los ojos unos momentos. Tan sólo un par de segundos. Y cuando los abre, no está en la comisaría.

Está en un pequeño laboratorio lleno de máquinas y ordenadores. En el centro hay varios contendores de cristal gigantescos, pero el que más le llama la atención es uno pegado en la pared central. Contiene otro monstruo, no muy distinto al del RPD. Éste no lleva ropa o cualquier tela en el cuerpo. Carece de sexo alguno, y tiene la piel lívida. Es muy grande, y al igual que el otro, sus dientes quedan al descubierto en una mueca siniestra. Parece que le hubieran arrancado los labios. De su pecho sobresale un palpitante bulto rojo, que parece ser el corazón. Su brazo izquierdo acaba en unas afiladas garras de hueso, al contrario que su mano derecha, que es normal.

Wesker está detrás de ella sujetándole del cuello con suavidad y con una sonrisa arrogante en el rostro. Con la otra mano apunta a Jill, con su Samurái Edge en alza. Ahora le susurra algo al oído a Roxan: "Cuando yo diga ya, agáchate". " ¿Por qué?", le pregunta ella, en voz bajita. "Tú sólo hazlo cuando te diga", le responde él.

Roxan mira por el rabillo del ojo el enorme tubo de crista central. Se percata de que el líquido de su interior se está drenando y el ser abre sus lechosos ojos. Golpea el cristal con su garra, resquebrajándolo. "¡Agáchate!", le ordena Wesker, dándole un empujón hacia delante. Roxan se cae al suelo y mira a Wesker por encima del hombro. La sangre de él le salpica el rostro, provocando que ella aparte el rostro y arrugue la nariz, sin terminar de creerse lo que estaba viendo.

Wesker ha sido brutalmente empalado por el Tyrant, que eleva su cuerpo inerte con su garra y lo lanza como si fuera un saco de patatas al suelo.

Roxan se tapa la boca con ambas manos y retiene las lágrimas, pero no puede. Rompe a llorar desconsoladamente mientras gatea hasta el cadáver de Wesker. El Tyrant parece ignorarla, centrando toda su atención hacia Jill, que le dispara sin tregua mientras corre de él.

Roxan pone las manos sobre la herida, intentando taponar la herida. Pero sabe que él está muerto y que no puede hacer nada para remediarlo, aunque intenta consolarse pensando que él tan sólo está desmayado y que puede salvarle. Se empapa en la sangre de él, que le mira con sus ojos grises ausentes y muertos tras las gafas de sol. "Wesker, quédate, aquí, conmigo… ¡Te necesito, por favor! ¡No te mueras!", le grita Roxan.

Roxan se incorpora y mira el cuerpo de Wesker con rabia e impotencia. Aprieta los puños, provocando que sus nudillos se tensen y se pongan blancos. "Vengaré tu muerte, te lo juro."

"¡Roxan, cuidado!", le avisa Jill, desde el otro lado de la sala.

La aludida eleva la vista y cierra los ojos llenos de lágrimas. El Tyrant hace retroceder su garra, preparado para un nuevo ataque, y descarga el golpe sobre el abdomen de Roxan. De su boca salen un par de hilillos de sangre, al igual que de la nariz. El Tyrant eleva sus garras, en las que se encuentra el cuerpo de Roxan, y la lanza al lado de Wesker.

Ella, con sus últimas fuerzas, estira su mano derecha hasta la de Wesker y entrelaza sus dedos con los de la mano de él.


Reynald tenía el rostro enterrado entre las manos. Se había sentado hace ya rato en la pequeña barra, concretamente en un taburete. No se atrevió a entrar a la habitación de Roxan, ya que sentía culpable por lo ocurrido. Pero, en aquellos instantes, una de las cosas que más le rondaban la mente, era la amenaza de Wesker. Sabía perfectamente todo el daño que ese hombre podía causar cuando quería, y a Reynald no le agradaba la idea de estar entre los damnificados: Pues aquél hombre rubio de misteriosas intenciones, sabía muy bien dónde pinchar para que alguien sangrara, y que ésta sangre le salpicara también a los demás. En el sentido metafórico, por supuesto. Albert Wesker conocía los temas y cosas que debía contarle a alguien para crear disputas entre más de una persona, y salir siempre airoso. Reynald reconocía que Wesker era audaz, por muy poco que le gustase.

El ruido de una puerta abrirse sacó a Reynald de su dilema mental. Roxan salió de su habitación alicaída, triste, confundida y seria. En su mente sólo estaba aquella pesadilla que acababa de tener, junto con lo sucedido hace apenas cinco horas con Víctor.

-Roxan, yo… Lo siento muchísimo… Ha sido mi culpa.

La aludida elevó una mano e hizo callar a Reynald.

-Tú no tienes la culpa, ni mucho menos.

-Pero te dejé sola. Podría haber hecho algo al respecto…

-Reynald, nadie podía saber que ese loco iba a estar aquí. Deja de auto culparte, ¿vale?

Reynald suspiró y asintió. Roxan se frotó los ojos, algo grogui.

-¿Dónde están todos?-le preguntó ella.

-Roselyn está en su apartamento. Wesker se marchó hace ya varias horas: decía que necesitaba dormir, y Fred lo mismo.

-¿Fred estuvo aquí?

-Sí. Al parecer fue el que trajo a Wesker. Estaba muy preocupado por ti…-le respondió Reynald, un tanto receloso.

-¡Quién lo diría! Quizás me equivoqué con él… Al fin y al cabo, me salvó la vida una vez.

Reynald soltó un suspiro y le miró a ella de reojo: Roxan se dirigió hacia uno de los armarios de la cocina para coger un vaso, que fue a llenar de agua, pero se detuvo en seco tras la barra y delante de Reynald. Apenas parpadeaba, y estaba rígida.

-¿Roxan…?-inquirió Reynald, algo preocupado.

A Reynald le pareció que ella ni siquiera respiraba.

-Roxan, esto no tiene ni una pizca de gracia, ¿sabes?

Ella seguía igual. Reynald se levantó y se dirigió hasta ella. Le tomó de los hombros y le sacudió con delicadeza. Reynald se percató de que las pupilas de ella estaban bastante dilatadas. Roxan murmuró algo inaudible para Reynald, al que le concedió un pequeño momento de tranquilidad.

-Reynald… Estoy… Estoy viendo cosas…

-¿Qué cosas, Roxan?

-Cosas horribles. Pero…

-Serán imaginaciones, Roxan. Aun estás medio dormida…

-Sí, llevas razón.

Roxan agachó la cabeza y miró fijamente el suelo. Después, coloco una de sus manos en su abdomen y frunció el ceño. ¿Y si…? No. Aquello era imposible. Una idea completamente descabellada… Pero que no descartaría. Roxan se dio media vuelta, encaminándose a su habitación de nuevo para ducharse y ponerse más formal. Antes de cerrar la puerta de su habitación, le dijo a Reynald con una pequeña y tímida sonrisa:

-¡No desayunes sin mí!

Reynald asintió, correspondiéndole la sonrisa. A Reynald le llenó de alegría ver la sonrisa de ella nada más empezar el día. Aquello era para él como tomarse dos vasos de café.

Roxan cerró con pestillo la puerta del baño, y apoyó la frente contra la puerta. Cerró los ojos con fuerza y se puso a pensar en las posibilidades que había de que ocurriera eso… Pero era algo tan horrible, que decidió apartarlo de su mente y dejar de torturarse a sí misma. Se desnudó y se metió en la bañera, accionando el agua caliente. Tras unos minutos en los que dejó el agua correr, Roxan recordó algo que Víctor le había dicho cuando estaba tratando de electrocutarle en la bañera:

-"Acabas de sentenciarte a ti misma, y a todos tus seres queridos…"

Víctor era un monstruo con letras mayúsculas. Había que serlo para pensar en hacerle daño a una cría de doce años. Pero, sabiendo de lo que Víctor era capaz, Roxan se temía lo peor. Aquella idea de que Víctor atacara a Sherry Birkin le golpeó la mente con fuerza y le atemorizó. Terminó de ducharse y salió de la bañera, enrollándose una toalla alrededor del cuerpo.

Una parte de sí le preguntaba por qué le preocupaba tanto aquella niña. No era un familiar ni el hijo de un amigo, pero se llevaba bien con ella.

Pero quizás uno de los mayores motivos por los que sentía la necesidad de proteger a Sherry, era porque le recordaba a sí misma cuando era más pequeña. Solitaria, dulce, ingenua, con unos padres a los que apenas veía y una persona que se desvelaba por ella sin ser de la familia. Sherry tenía la suerte de contar con Wesker, que sorprendentemente sacaba a relucir con ella un instinto paternal que Roxan, y todos creían inexistente. Y la verdad era que, a Roxan le encantaba ese lado tierno de Wesker, aunque no lo admitiera.

Roxan salió de su habitación con el ceño fruncido y expresión preocupada. Se había puesto una camiseta negra de licra con una rebeca de manga larga de punto del mismo color, ligeramente más ancha al final de las mangas, y unos pantalones vaqueros grises algo gastados. Roxan se asustó bastante al no divisar a Reynald en el salón.

-¿Reynald?-inquirió ella, en voz alta, mirando por todas partes.

Roxan se asomó a la cocina y le vio sentado aun en el taburete.

-Hey, Reynald, ¿podrías contestarme al menos, no?

Roxan colocó una mano en su hombro y le sacudió levemente, pero él ni se inmutó. Roxan no pudo reprimir una sonrisa al comprobar que su amigo estaba dormido como un bebé, con la frente pegada a la encimera y los brazos colgando inmóviles a los lados del cuerpo.

Ella sabía que él tenía un sueño muy difícil de interrumpir, así que no tuvo problemas en tratar de llevarlo hasta el sofá. Aunque tuvo ciertas dificultades por el camino, entre tropiezos y miradas culpables a Reynald, logró dejarlo sobre el sofá tumbado, y después le echó una manta por encima. Del bolsillo de él se cayeron las llaves de la Harley, que Roxan recogió. Las alzó en el aire y las escrutó con la mirada, sintiéndose bastante atraída por la idea de conducir una moto. Pero Roxan no sabía como. Ya, puede que tú no tengas recuerdo de no saber, pero yo sí. Y te puedo asegurar que soy muy buena conduciendo motos… Aunque, no puedo decir lo mismo de la conducción de un coche, le dijo Pheseans.

Roxan sonrió de lado y miró a Reynald.

-Espero que no te importe prestármela durante un rato. Te prometo que te la devolveré de una pieza… Si Pheseans no me acaba estrellando contra algo, claro.

Ella le dio un beso en la mejilla a Reynald y salió corriendo afuera, sintiendo unas ganas enormes de montarse y conducir esa moto. Cogió el casco de Reynald.

-¡Ni se te ocurra hacer ninguna locura mientras no estoy!

Dicho aquello, Roxan salió de la casa y cerró la puerta. Se dirigió a la flamante Harley dando saltitos de colegiala.

De repente, todo dolor, toda preocupación, cualquier cosa negativa se había esfumado de su cabeza. Ahora sólo quería sentir la adrenalina invadiendo su cuerpo, haciéndole cometer locuras que jamás llevaría a cabo de no ser por la necesidad de despejarse. Roxan sabía muy bien a dónde dirigirse.

Cuando Wesker decía que necesitaba dormir, quería decir que lo que quería era pensar con tranquilidad acompañado de un café.


El parque estaba que daba asco. No es que hiciera mucho frío, pero estaba muy nublado. Los bancos estaban tan mojados que no se podía sentar uno en ellos. Era tan deprimente que de vez en cuando se le ponía a uno la carne de gallina. No parecía que la primavera estuviera cerca.

Wesker paseó, con café de Starbucks en la mano, por el lúgubre y sombrío parque. El largo abrigo negro ondeaba con el viento, y de cuando en cuando, alguna gota de lluvia le salpicaba el rostro. A Wesker le llamó la atención una figura esbelta y curvilínea que vio en el mirador del parque, con las manos apoyadas en las barandillas.

Le extrañaba ver a alguien allí por ser tan temprano, y más por el tiempo tan asqueroso que hacía.

Wesker reconoció quién era cuando la chica se soltó la coleta que llevaba y dejó caer una cascada de pelo castaño precioso. Wesker se aproximó hasta ella, sigiloso.

Roxan se había puesto nerviosa. Había vuelto la cabeza hacia la derecha, haciendo bailar el peso de su cuerpo de un pie a otro, cambiando un vaso también de Starbucks de mano. Parecía estar buscando a alguien con los ojos. A él. En esos instantes fue pretencioso y pensó que a quién buscaba era a él, dando en el clavo. Roxan se queda quieta en el sitio. Sí, ya le había visto a él. Le mira. Le sonríe. Es una sonrisa que nadie veía: sólo Wesker sabía que ella estaba sonriendo.

Wesker se situó a su lado en silencio. Roxan miró de nuevo al horizonte, en el que se podía empezar a ver unos cuantos rayos anaranjados de sol. Ella se abrazó a sí misma, con algo de frío. Pero no se quejó.

-Deberías estar en cama, impertinente-le dijo Wesker, en un reproche.

-Ya, pero sabes que sufro de hiperactividad. Además, me siento… Bien-replicó ella, con las cejas fruncidas hacia abajo.

-No importa cómo creas sentirte. Es algo que está en tu cabeza, que no es real. Tú deberías estar en reposo y punto-insistió Wesker.

-¿Acaso es preocupación lo que noto en tu voz, Albert?-le preguntó ella, dándose la vuelta y apoyando los codos en la barandilla y colocando una pierna sobre la otra.

Wesker resopló e hizo un gesto indiferente.

-Que no sea la alegría de la huerta no quiere decir que sea un-

Roxan interrumpió a Wesker:

-Por favor, Wesker, no digas más mentiras. Tú no salvarías a nadie a no ser que te interesara para algo. ¿O es que salvarías a Chris Redfield, o a Irons de estar al borde de la muerte?

-Qué bien me conoces-Wesker alzó las cejas. O eso crees, querida…pensó él, sacando una sonrisa de lado que no pudo evitar.

Roxan deseaba más que nada poder meterse en la mente de Albert Wesker, tan misterioso y enigmático, que le sacaba totalmente de quicio. Pero, si Roxan lograba algún día leerle la mente a Wesker, quizás dejara de resultarle especial e indescifrable, que eran dos de las cosas que más le atraían de él.

-Entonces, ¿qué quieres exactamente de mí, rubiales?-le preguntó Roxan en definitiva.

-¿Qué quieres tú de mí, Jones?-replicó Wesker, cruzándose de brazos.

Roxan se quedó bastante parada con la réplica de Wesker. Le había pillado con la guardia baja.

-Pues… ¡Yo he preguntado primero!-exclamó Roxan, sonrojándose en sobremanera.

-Y yo después. Pero eso no quiere decir que tenga que contestar primero, ¿no crees?-Wesker alzó una ceja.

Roxan emitió un gruñido y apretó los puños. Soltó una palabrota en voz inaudible y le dio un empujón a Wesker, al que no movió no un solo centímetro.

-Tienes un humor de perros, Jones. ¿Has desayunado? La primera comida del día es la más importante, y con un café no vas a hacer nada…-le preguntó Wesker, echando a andar.

Roxan se quedó un poco más atrás, rígida en el sitio. Wesker se detuvo y le lanzó una mirada inquisitiva por encima del hombro.

-Hoy estás espesa, ¿eh? Te estoy invitando a desayunar, por si no te has percatado de la indirecta-le aclaró Wesker, negando con la cabeza.

Ella le alcanzó al instante y caminó al lado de él, en silencio, hasta llegar a una cafetería pequeña y modesta, que despedía un exquisito olor a chocolate caliente. Roxan se detuvo en la puerta y aspiró aquél embriagante aroma. Wesker se giró y le dijo:

-¿Entras o no?

Roxan asintió. Una joven y risueña camarera les condujo hasta una mesa apartada del resto de clientes, junto a un ventanal. La camarera les dejó un par de cartas en la mesa y se marchó. Wesker retiró la silla de Roxan para que se sentara, e hizo un gesto galante. Roxan tomó asiento y le agradeció aquél detalle a Wesker. Albert se sentó en la suya y cruzó una pierna sobre la otra, tomando la carta entre sus manos. Pero apenas la miró un par de segundos cuando llamó a la camarera y le tendió un papelito diminuto. Wesker le guiñó un ojo a la chica y ella se marchó con una risita tímida. Roxan miró todo aquello con el ceño fruncido y mala cara.

Wesker se percató de ello, y alzó una ceja.

-¿Qué?-articuló Albert.

-Nada, nada. ¿Qué has pedido?

Wesker sonrío, y se encogió de hombros.

-Ahora verás. Ah, espero que no te importe que haya pedido por los dos…

-Qué amable-dijo Roxan, con cierto sarcasmo.

La camarera volvió con una bandeja, y dejó sobre la mesa dos chocolates calientes con un barquillo de galleta y una hojita de menta. Roxan sintió que se le encogía el corazón. Tomó la taza y le dio un sorbo, emitiendo un suspiro. Wesker se inclinó hacia delante, juntando las manos.

-¿Cómo está?

-Es cómo el de Papá… Exactamente igual. ¿Cómo…?

Roxan dejó que las palabras muriesen en su boca cuando vio aparecer a la chica de antes con dos platitos, en los que había un pedazo de tarta de queso con sirope de chocolate por encima. Al lado había un trozo de tableta de chocolate.

-Oh Dios mío…-musitó Roxan, cogiendo una cuchara y probando la tarta.

-¿Cómo está?

-Es… Es… ¡Genial! Mi padre hacía chocolates y tartas como éstas… Exactamente iguales.

-Me alegro que te guste. Me ha costado mucho trabajo encontrar un sitio que hiciera cosas de éstas.

Roxan frunció el ceño.

-Verás… Hablé con tu madre, y me dio la receta del chocolate y la tarta de queso que hacía tu padre. Y no creas que fue fácil sonsacárselo a tu madre… Es muy terca. Igual que tú-Wesker negó con la cabeza.-Y después, tuve que buscar un lugar que quisiera hacer las recetas en exclusiva: lo habría hecho yo si no fuera porque yo y la cocina somos incompatibles.

-Me han comentado las atrocidades que haces en la cocina…

-Calla y escucha. Después, encontré este café. Estaban a punto de cerrar y… Por casualidad descubrí que aquí fue donde tu padre y tú veníais a comer algo de vez en cuando, y que esa camarera, era sobornada en cierta manera por tu padre como yo lo he hecho.

-¿Perdona? ¿Sobornos?

-Sí, bueno… Algo así. Prosigo: tu padre le pagaba al cocinero para que hiciera la tarta y-

-¿Mi padre no hacía la tarta?

-No. La hacía el cocinero, que era amigo de tu padre, y la hacía pasar como suya.

-Eso no es posible. Yo le veía hacerlas. Las hacíamos juntos…

-Roxan… Eh… Era una especie de tapadera para encubrir los medicamentos que metería en ella. Para regular el virus, y todo eso. La compraría a medio hacer y le metería lo que tuviera que meterle.

-No tienes tacto para decir nada, salvaje.

-Para qué mentirte, ¿no? Bueno, yo le he pagado al cocinero para que haga esto y punto.

-¿Y no habría sido más fácil ir al supermercado?

Wesker resopló.

-Ya, pero…

-Pero querías que fuera algo especial-terminó de decir Roxan por Wesker.

Los dos terminaron de comerse la tarta y de tomarse el chocolate y se levantaron. Wesker dejó un billete de veinte dólares sobre la mesa y salió de la cafetería con Roxan. Caminaron hasta donde estaba la moto de Reynald. Roxan se sentó en el sillín de la moto y miró detenidamente a Wesker, que le observaba algo incrédulo.

-¿Sabes conducir una moto?-le preguntó él.

-Eh… Más o menos.

-No creo que a Reynald le guste ese arañazo-le dijo Wesker señalando la parte de atrás de la moto.

Roxan abrió los ojos de par en par y soltó un grito ahogado.

-Me va a matar… Me va a matar-murmuró, nerviosa.

-Como te ponga una mano encima yo sí que le voy a matar.

Roxan miró a Wesker y sonrió.

-Será mejor que me vaya antes de que a Reynald le de un ataque epiléptico…

Roxan se fue a subir de nuevo a la moto, pero Wesker le tomó del antebrazo y le acercó a él. Roxan se estremeció de pies a cabeza cuando se dio cuenta de que quería robarle un beso, así que ella le hizo "la cobra" y se sentó en la Harley, colocándose el casco. La cara indiferente de Wesker se sustituyó por una de pura rabia. Como cuando un niño va a coger una galleta y su madre se la arrebata antes de que ni siquiera haya tenido oportunidad de catarla. Roxan arrancó la moto y, antes de marcharse, le dijo a Wesker:

-No te creas que siempre vas a conseguir lo que quieres y cuando desees. Te agradezco que me salvaras, y el desayuno, pero eso no va a hacer que te perdone con tanta rapidez lo que me has hecho en este tiempo. No soy así de fácil y punto. No vas a convencerme tratando de ponerte sentimental, porque sé que no eres así. Si quieres ganarte mi confianza, lo vas a tener difícil. Pero, conociéndote, seguramente insistirás… Pero no caeré en la tentación.


Hola ^^ Ehem, hallase aquí una servidora con un nuevo capítulo tras mucho tiempo. Perdonen el retraso, los estudios me estaban ahogando un poco XD Ahora a contestar reviews:

CharlotteWesker: No, tranquila, no se me cayeron los ojos. Por poco XD Me alegra que te gustara ese momento entre Reynald y Roxan. Te aseguro que habrá más momentos de tensión sexual y variantes (?), y mucho más tensos que ése XD

ZairaLeeWay: Agradezco mucho tus palabras ^^ Motiva mucho que me digas cosas así, a uno se le sube la moral y se pone a escribir y no para XD

JillValentineForever: Me alegra que te guste el papel de Wesker con Sherry, mi intención era que les transmitiera a los lectores esa sensación de relación padre-hija, y veo que lo he logrado. ¿Y… qué esperabas que sucediera entre Reynald y Roxan, eh?

Electra78: Sí, estoy pensando en mandarla de vacaciones a la playa o a algún lugar tranquilo. Si va Reynald con ella, no lo sé XD Eso depende, si queréis que haya hemorragias nasales por doquier o no ;D Y, no confíes mucho en Wesker, que tiene más cuento que callejas XD Pero, quién sabe, alomejor es de verdad…

Mayhem: Me alegra ver nuevos lectores por acá :D Muchas gracias, yo también a veces pienso lo mismo, que Reynald y Roxan deberían quedar juntos… Y después llega Wesker y no me deja en paz XD Pero, ya se verá…

Y, con esto me despido. Ah, no, todavía me queda decir algo más XD Os voy a decir un par de cosas sobre las que quiero que me deis vuestra opinión:

-Estoy pensando en hacer una precuela de la historia, que se situaría en la infancia y adolescencia de Roxan, narrando así algunas cosas sobre Proyecto P y demás. Sería contado en primera persona por Nathan y Roxan, y quizás en alguna ocasión de Reynald. Decidme, ¿os gustaría una precuela?

Además, si os gustaría ver algo en concreto en Afterlife Love, tengáis una idea/sugerencia/petición, no dudéis en decírmelo en un review o por MP, que yo veré lo que puedo hacer con mucho gusto.

Por cierto, he fundado un club de fans en Facebook, donde cuelgo algunas curiosidades de la historia y sus personajes, fichas de ellos, el vestuario, imágenes y entrevistas a los personajes, por lo que podéis preguntar por lo que queráis a los personajes de la historia allí. Buscad en Facebook en el buscador Afterlife Love'rs XD

See you later ;D

PD: Los párrafos en cursiva del principio son una pesadilla de Roxan