Cap. 14: Esperanza
Bajo las escaleras a la planta principal y... sorpresa. Marvin está grabando con una cámara de bolsillo mientras Sarah está reportando todo lo que está pasando, y, como no, mi cabeza me vuelve a doler.
- ¿Qué estáis haciendo aquí? -digo acercándome hacia ellos a paso ligero.
- Y aquí llega la agente Lisbon -me presenta Sarah poniéndose a mi lado-. Ella es la célula madre de todo este gran enrganaje -dice gesticulando-. De esta capaz agente provienen todas las órdenes de los efectivos que hemos visto hace unos minutos. Díganos, agente Lisbon, ¿cómo está la situación? -pero antes de contestar me retira el micro-. Hemos observado que el tráfico está más activo, ¿se han podido abrir las carreteras ya?
Dudo unos instantes entre si seguir con la entrevista por humildad o quitarle el micro y lanzarlo contra la cámara de Marvin. Por solidaridad humana decido lo primero, así que respiro hondo y pienso cuidadosamente la información que voy a dar.
- Se han elaborado rutas alternativas que al parecer ya están totalmente operativas. Por ellas circulan sólo vehículos oficiales...
- ¿Y las ambulancias? -me interrumpe.
- Y las ambulancias -la fulmino con una sonrisa falsa-, por supuesto. Los hospitales están recibiendo a toda la gente herida de las inmediaciones.
- ¿Y cómo está su equipo? Ha tenido unos días muy duros, según tenemos informado, ¿verdad?
- Sí, así es.
"A ver qué va a contar esta vívora unineuronal" pienso con cierto fastidio.
- Uno de sus agentes fue herido en la explosión que hubo hace unos días, ¿conoce su estado?
- Pues precísamente ahora...
- Y también -se gira hacia la cámara- otro miembro de su equipo, agente Lisbon -me mira-, fue alcanzado por una bala en un tiroteo recientemente, ¿verdad?
- Sí, cierto, pero...
- ¿Cómo se siente al ver que los miembros de su equipo van cayendo uno a uno sin remedio alguno? Con todo lo que ha pasado y encima la impotencia de ver que no puede proteger a sus...
- Bueno, ya está bien.
Le doy un golpe con el hombro mientras me dirijo hacia Marvin para quitarle la cámara, quien la baja justo antes de que se la arranque de las manos.
- ¿Qué clase de entrevista era esa? -pregunto tremendamente indignada-. Habéis puesto el dedo en la yaga sin necesidad alguna.
- Sí, sí, lo comprendo agente Lisbon -se excusa Marvin-, y tiene usted toda la razón -mira a Sarah realmente enfadado-. Teníamos una oportunidad y la has fastidiado.
- ¿Yo? Tú me dijiste que le preguntase acerca de su equipo.
- ¡Sí pero con delicadeza, mujer!
- A callar los dos -ordeno con firmeza-. ¿Quién os ha dejado salir? -se miran pero ninguno me dice nada-. Sabéis qué, me da igual.
Paso entre ambos y salgo a fuera. Es mediodía y pese a la cantidad de escombros y humo que aún no han podido ser retirados el sol brilla con fuerza. Miro mi entorno y respiro, pensando, reflexionando. Llevo el teléfono móvil en mi mano derecha, lista para contestar en cualquier momento. No sé por qué pero cada vez que le echo una ojeada a la situación me viene su cara a la cabeza. Tan sonriente, tan infantil... tan Jane. Bajo la mirada al suelo y aprieto el aparato con fuerza inconscientemente. ¿Por qué no me llamas? ¿Por qué no contactas conmigo? ¿Por qué no me haces saber que estás bien? ¿Por qué?
Y de repente, como si alguien hubiese escuchado mis plegarias, mi teléfono empieza a vibrar en mi mano. El corazón me da un vuelco y la respiración se me corta, pero no me atrevo a mirar el identificador; he tenido demasiadas decepciones. Dudo unos instantes y finalmente lo miro: "desconocido" leo para mis adentros. Ladeo la cabeza intentando sacar una conclusión. ¿Será él? Descuelgo el teléfono y me lo llevo a la oreja.
- ¿Diga?
Pero un ruido espantoso me obliga a apartarme rápidamente del aparato. Las línias externas a la brigada están dañadas, así que tiene que ser alguien de fuera. No me quiero hacer ilusiones, pero...
- ¿Quién es?
- L..s..n...
Oigo una voz entre el ruido, pero no la sé distinguir bien, y no me quiero fiar de lo que me dice el corazón porque luego va a ser otra decepción más.
- ¿Hola? No puedo oirle.
- G...ci...a...os...t...en.
No entiendo ni una sola palabra; se corta constantemente y el ruido no me permite identificar la voz. Intento acercarme tanto como puedo pero cada vez que me pego mi oido al teléfono un ascendente silbido me hace apartar de nuevo. Lo pongo en manos libres.
- ¿Jane? ¿Jane eres tú?
- L...b...n.. pu...s...rm...
Pero la conexión dura lo justo para escuchar cómo si una puerta pesada se cerrase antes de que se cortase definitivamente la llamada. Me quedo mirando la pantalla de mi móvil unos instantes, hiperventilando. ¿Era él? ¿Pero cómo puedo estar segura? Dios mío, ¿por qué tiene que ser todo tan complicado?
Afortunadamente, escucho la voz de Cho detrás de mí y dejo de comerme la cabeza con una llamada que podría haber sido de cualquier persona en cualquier punto de California.
- Lisbon -me giro hacia él-. ¿Estás bien? -me pregunta al ver mi cara; supongo que me habré puesto algo pálida.
- Sí, dime -digo sin más.
- Creo que he encontrado el almacén que buscabas -me da un papel con una dirección-. Es el único lo suficientemente incomunicado para que se reúnan los jovenes con las hormonas tan alteradas.
- Genial, Wayne y yo iremos para allá -me mira con cara de "¿y me vas a dejar aquí?"-. Lo siento, Cho, pero en tu condición no puedes manejarte bien en campo abierto, y no quiero ponerte en peligro más de lo debido.
Aparta la mirada claramente fastidiado pero asiente con firmeza. Me sabe mal pero no puedo hacer otra cosa. Me dispongo a ir hacia mi despacho para coger mi arma.
- Mientras puedes emitir un boletín de búsqueda a nombre de Gary Hastings.
- ¿Desaparecido?
- Más bien implicado, pero por ahora prefiero tratarle como desaparecido. A darle un guantazo siempre estamos a tiempo.
Amaga una pequeñísima sonrisa y se me adelanta. Doy un último vistazo al aparcamiento; no parece haber tantos heridos. "Los efectivos están haciendo un buen trabajo" me digo a mí misma, "es hora de que yo haga lo mismo". Entro en el edificio y...
- Agente Lisbon -se me avalanza Marvin-, ya sé lo que podemos hacer. Usted redacta las preguntas y nosotros...
- Id al aparcamiento -le suelto de repente-. Recoged todas vuestras cosas y esperadme allí.
Subo las escaleras a toda prisa; ya no me fío un pelo del ascensor pese a que lo hayan arreglado. Atravieso el pasillo como una bala y llego a mi despacho, pero justo cuando pongo la mano en la puerta oigo la voz de Rigsby llamarme desde el pasillo. Me giro y me hace señas para que vaya. Miro un momento la puerta pero al final voy directamente hacia él, quien al ver que me acerco se sienta en la silla de Van Pelt. Al parecer es con su ordenador con el que ha estado investigando; no me extraña, ahí tiene los mejores programas, lo que me sorprende es que Rigsby haya conseguido averiguar cómo funcionan.
- Lo tengo -me dice todo orgulloso.
- ¿El qué?
- El propietario del coche con el que se simuló el secuestro -me apoyo en su silla mirando hacia el ordenador-. Se llama Ryan Matthews.
La foto de la base de datos no es ni más ni menos que una foto de condena.
- Vaya -digo arqueando las cejas.
- Y tiene un buen historial. Este chico tiene treinta años y ha cometido más delitos que el hijo de Sam. Pero mira por donde -hace doble click y se abre otra pantallita- es el jefe de los Wild Eagles.
- Buen trabajo, Rigsby -me incorporo con una sonrisa-. Cho, emite un boletín de busca y captura contra Ryan Matthews. Rigsby, escoge a cuatro agentes y prepararos -me mira sorprendido-. Tú y yo nos vamos de caza.
Ambos se ponen en movimiento mientras yo me dirijo a mi despacho. Me llevaré también a un artificiero por si a caso. Es una banda pequeña, pero las bombas no son cosas para tomarse a la ligera. Voy a cumplir lo que dije; esta noche vamos a cerrar el caso.
