Encuentro

Baterías, pilas, grabadora… ¡Dios! No me puede estar pasando esto. Y… ¿Qué clase de preguntas tenía preparadas Amanda? Yo creía trabajar para una revista cultural y no para una de prensa rosa.

-Necesito cambiar algunas preguntas de la entrevista-digo entrando como un tornado en el despacho de mi jefe.

-Imposible. Son las que hemos acordado con su representante-me ignora.

Al parecer, no soy la única que estoy como loca con la entrevista de Rachel; toda la redacción es un auténtico caos. Lo que mi jefe llama el acontecimiento del año, yo lo considero la peor de las catástrofes.

-Podemos volver a ponernos en contacto con él para explicarle los cambios.

-Lo siento, Quinn, te ceñirás al guion de preguntas-esta vez me mira algo enojado.

-Si está muy ocupado, puedo hablar yo con él. Seguro que lo entenderá-intento jugar mi último carta.

-No vas a llamar a nadie. Además, la entrevista es esta tarde. No te va a dar tiempo a cambiar nada-da por zanjada la conversación.

No hay nada que hacer. Estaba tan nerviosa por la entrevista con Rachel, que ni siquiera me había parado a pensar en el tipo de preguntas y del guion a seguir. Mi jefe tiene razón, ya es demasiado tarde para hacer cambios.

-¿Quién va a hacer las fotografías?-pregunto al percatarme que la entrevista incluía un reportaje fotográfico.

-La harás tú, por supuesto. Eres mi mejor fotógrafa.

-Pero lo mío son los paisajes… No tengo ni idea de cómo hacerlo con personas-ahora sí que me estoy empezando a poner más nerviosa.

-No debe de ser muy complicado y menos para ti. Confió en ti, Quinn, no me decepciones.

Ahora sí que estoy perdida. No tengo ni idea sobre modelaje y menos aún de realizar un reportaje que va a ocupar casi todas las páginas de la revista. Si no quería hacer el ridículo con ella, creo que con las fotos va a terminar siendo la guinda que corone el pastel. Eso teniendo en cuenta en que acceda a verme y hablar conmigo, cuando me vea aparecer por allí.

-Por cierto, Quinn, me han pedido los de vestuario que vayas al estudio. Ya tienen que tener preparada la ropa para la sesión de mañana-me ordena.

Creo que ahora sí. Maldito el día en que acepté este reportaje. Encima tengo que elegir los modelitos que va a lucir Rachel en su cuerpo…

-Mike, dime que tienes todo ya perfectamente escogido y ordenado-suplico por no tener que encargarme también del asunto de decorados y vestuario.

-¡Esto es un caos querida!-me sorprende saliendo de una montonera de ropa.

Mike: un personaje dramático donde los haya y ayudante del director creativo, que casualmente está fuera cubriendo alguna pasarela de moda en Milán y no le da tiempo a llegar para la sesión. Sólo él consigue hacer un drama de una simple mosca que se interponga en una sesión con sus modelos.

-No será para tanto-intento conseguir que se relaje.

-¿Qué no es para tanto?-viene hacía a mí con la cara roja de la furia.

-Sí, eso he dicho-me asusto al verlo tan cerca.

-¿Esto te parece poco?-señala la montonera de ropa que descansa sobre la mesa.

-Dime que puedo hacer entonces-suspiro.

Ropa de todos los tipos, tamaños y texturas; el almacén de vestuario de la revista tiene para vestir a todo el país. Ahora tengo que imaginarme a Rachel con los diferentes looks y estilos.

-¿Tú crees que este look es apropiado?-señalo la ropa que Mike está colocando en un maniquí.

-¿En qué siglo vives, Quinn?-me mira de reojo mientras le pone complementos al modelito.

-No, es solo que nunca me he imaginado a Rach… a la señorita Berry así-rectifico ágilmente.

No puedo dejar que la redacción de la revista sepa que conozco a Rachel desde el instituto. Eso hará que corra todo tipo de rumores y más conociendo mi orientación sexual; algo que podría perjudicar a Rachel, sin duda.

-¿Cuántos cambios de ropa vamos a sacar?-le pregunto al ver que ya llevamos tres tipos diferentes.

-El jefe me ha dicho que cuanto más material audiovisual dispongamos, mejor. Además, Rachel Berry está acostumbrada ya a modelar. Es una estrella-suspira lleno de admiración.

-Por supuesto-sonrío. Cuanto antes acabe con esto, más tiempo tendré para preparar mi entrevista.

-Ahora tenemos que elegir el decorado-me agarra del brazo para que lo acompañe.

-Me gustaría, Mike, pero tengo que irme. La entrevista es esta tarde y a las estrellas no hay que hacerlas esperar, ¿no?-empleo el mismo discurso que él siempre suele decir.

-Cierto, querida, pero te espero mañana temprano para terminar de organizarlo. No me gusta la gente impuntual.

-Sin problema. Estaré aquí como un clavo-me despido lo más rápido que puedo.

Salgo pitando de la redacción, pues no puedo perder mucho más tiempo. Aún tengo que comer, ducharme, arreglarme y, todo esto, lo tengo que hacer en tiempo record.

-¡Santana! ¿Qué haces aquí?-me asusto al ver a mi amiga en el sofá de casa.

-Te estaba esperando. No hace falta que grites tanto-apaga la tele con el mando.

-Hoy no tengo tiempo para nada. Recuerda que esta tarde tengo la entrevista a Rachel-dejo las llaves y el bolso tirados en la mesa de la entrada.

-Por eso estoy aquí. ¿Quién mejor que yo para ayudarte con el modelito?-sonríe mientras me sigue por la casa.

-No estoy para bromas, San-digo entrando en el cuarto de baño.

La comida se me ha alargado por culpa de la tardanza del camarero en servírmela y ahora solo dispongo de un par de horas para llegar al hotel donde la revista ha concertado la entrevista.

-Si te voy a ahorrar tiempo, créeme-la escucho revolver, en mi habitación, los cajones.

Salgo del baño a toda prisa, con un albornoz y una toalla en la cabeza, dispuesta a asesinar a mi amiga por estar revolviendo entre mi ropa.

-¿Qué demonios haces?-veo cómo ha colocado un modelo encima de la cama.

-Buscarte unos zapatos a juego con ese vestido-dice agachada en el armario, abriendo todas mis cajas de zapatos.

-¿A dónde te piensas que voy? No es una cena, ni una cita. Es por trabajo- digo mientras intento recoger lo que ha sacado mi amiga.

-No digas tonterías, Quinn. ¿Qué tenías pensado ponerte?-pregunta enfadada al ver cómo recojo todo.

-Pues… lo de siempre. Pantalones, chaqueta…-me encojo de hombros para quitarle importancia.

-¿Vas a reencontrarte con la chica que te volvía loca en el instituto y tú piensas ir hecha un andrajo? ¡Estás peor de lo que creía!

-Primero, no estaba tan loca por ella como piensas. Y, segundo, ¿qué tiene de malo mi ropa?-le grito furiosa.

A pesar de que la cena que había disfrutado ayer con Santana y su novia fue de lo más relajante, mi amiga está acabando con la poca paciencia que me queda. Eso sin contar que mis nervios están pendientes de un hilo. Si en la redacción estuve a punto de explotar, ahora me tiemblan las piernas.

-No me hagas hablar y empieza a vestirte si no quieres llegar tarde-me lanza la ropa interior que ha sacado de mi cajón.

-Está bien-obedezco sin rechistar.

Cuando Santana pone la cara que está poniendo en este momento, es mejor hacer lo que te pide si no quieres que una maldición latina caiga sobre ti.

-¿Por qué tengo que ponerme esto? Es ropa interior, no me la va a ver-me quejo mientras me visto

Estar tres años en un vestuario de instituto, compartiéndolo con las demás chicas del equipo, me dio la seguridad de poderme cambiar delante de ella sin ningún tipo de pudor o problema. Ella es como una hermana y me ve como tal.

-Eso nunca se sabe. Vais a un hotel, ¿no?-me lanza una mirada pícara de las que me hace querer echar a mi amiga de mi habitación.

-¿Es qué no piensas en otra cosa que no sea sexo?

-No, además hace tiempo que tú… Ya sabes…-hace el típico gesto con las manos, simulando la tijereta.

-¿Y eso qué tiene que ver con la entrevista? ¿Y con todo? Es una conocida del instituto y no va a suceder nada-intento zanjar la conversación que se está yendo por un camino que me provoca más nervios aún.

He estado como tres días viendo vídeos sobre Rachel. Sobre todo, las noticias donde sale. He vuelto a escuchar su voz, a ver su sonrisa y ese brillo que tiene en la mirada… Rasgos que, a pesar de su cambio físico y estético, no ha perdido.

-¿Estás pensando en alguna postura, Fabray?-me lanza el vestido negro mientras se ríe a carcajadas.

Accedo a colocarme el modelito que me ha sugerido Santana, incluida la ropa interior que tanto le había gustado el otro día. He de admitir que, el tener a Santana conmigo, ayuda a calmarme y, a la vez, tarde menos tiempo en estar lista para ver a Rachel.

-¡A por ella rubia!-me da un golpecito en culo para que salga del apartamento.

-¡La grabadora!-grito antes de que cierre la puerta.

Estaba tan pendiente de arreglarme para la entrevista, que casi se me olvida lo más importante.

-Te la metí en el bolso. ¿Qué harías sin mí?-vuelve a sonreír.

-Gracias, San. Luego te cuento-le doy un beso en la mejilla antes de salir.

-Más te vale contarme con pelo y señales. ¡Y no vuelvas hasta mañana!-me cierra la puerta para que no le conteste.

Ahora sí que no hay vuelta atrás. Aquí estoy, en la entrada del hotel Skyline. Gracias a Dios el tráfico ha sido fluido y he podido ganar media hora de tiempo antes del encuentro. Saco la identificación, y el pase de la revista de mi bolso, y se la enseño al recepcionista que, muy amablemente, me indica la habitación y el ascensor que debo coger para llegar al lugar.

Ya en el ascensor, respiro profundamente, pues eso suele ayudar para calmarme los nervios. Me retoco el pelo, en el espejo, y ajusto bien el vestido negro anudado en el cuello.

-La 306-digo en voz alta delante de la puerta.

Intento dar dos golpes en la puerta, pero el sudor que desprenden mis manos impide que pueda conseguirlo. Camino de un lado a otro del pasillo e intento secarme las manos en el aire.

-Vamos, Quinn, tu puedes-respiro como si fuese una embarazada en clase de preparación al parto.

Al fin consigo golpear la puerta con la suficiente fuerza para que me escuchen. Escucho unos pasos, acercándose a la puerta, y mi cuerpo, involuntariamente, empieza a temblar a la vez que la garganta se me seca.

-Debe de ser Amanda, de la revista People. Pase y siéntese, soy su representante. Rachel saldrá enseguida-dice mientras mira mi pase de la revista y me tiende la mano para saludar.

Me quedo sin habla. Ver a su representante, en lugar de a Rachel, había conseguido que todos mis nervios acumulados se cayesen de golpe antes de entrar, provocando que me quede aún más fría de lo que esperaba.

-Encantada-atino a decirle al notar que me he quedado parada.

-Espero que disfrutéis de la entrevista. Yo tengo unos asuntos que atender, espero que todo salga bien y no me necesitéis-se va con la misma rapidez con la que se había presentado.

Ahora sí que me encuentro a solas con Rachel en medio de una suite de lujo de uno de los hoteles más caro de Nueva York. Al parecer, mi jefe no ha escatimado en gastos para la entrevista. Escucho el ruido del agua en lo que parece ser la zona del baño de la habitación.

Saber que ella está a escasos metros de mí, al otro lado de la puerta, provoca que toda la valentía que Santana me había proporcionado acabe de salir por la puerta, junto con el representante de Rachel.

-Disculpe el retraso, señorita Scott. Estaba refrescándome un poco-sale del cuarto de baño secándose las manos con una toalla del hotel, sin percatarse aún de mi presencia.

-No tienes que disculparte-digo de forma natural al verla.

Verla salir por la puerta del baño, como cuando íbamos al instituto, retomaba en mí esa sensación de protección a la que alguna vez me había acostumbrado.

-¿Quinn?-pregunta sorprendida por mi presencia.

-Veo que aún te acuerdas de mí-le sonrío.

-Pensaba que eras Amanda, la chica de la revista-dice aun con la sorpresa en la cara.

No puede estar más guapa. Ni los videos, ni las fotos, ni ningún programa de televisión, hacían justicia a su belleza. Ver esos sorprendentes y enormes ojos color chocolate, que un día escondían sus enormes gafas, no tiene precio.

-Amanda está indispuesta y me han mandado a mí, en su lugar, para cubrir el reportaje. ¿Hay algún problema con eso?

Intento sonar lo más profesional que puedo, pero, en el fondo, tengo la sensación de morirme si se niega a que sea yo quien le haga la entrevista. Su cara, aún de asombro por verme allí plantada en medio de la habitación, no ayuda a descifrar lo que le está pasando por la cabeza.