los personajes y la historia no me pertenecen
Capítulo 13
El sábado por la noche no me importó ir a trabajar, pero sólo porque sabía que Edward y Alice irían al club. Alice traería a algunos amigos de su banda y me sorprendió cuando Edward había accedido a reunirse con ellos. Alice me había dicho que invitó a Edward, pero nunca esperé realmente que estuviera de acuerdo para unirse a ellos.
Alice y sus amigos llegaron primero, y yo podría decir que la fiesta no estaba comenzando; que habían estado celebrando durante al menos un par de horas. Eran ruidosos y escandalosos, pero era justo lo que el club necesitaba. Alice estaba vestida con uno de sus habituales vestidos para irse de fiesta, botas negras de cuero de tacón de doce centímetros de alto que llegaban a sus rodillas, una mini falda y una apretada camiseta negra de un concierto de Alice estampada con lentejuelas rojas. Escogí una canción que sabía que ella no podría resistirse y vi cómo ella se dirigió a la pista de baile. Para cuando la canción terminó, el número de personas en la pista de baile se había duplicado. La energía de Alice podría conseguir una fiesta en un funeral.
No podía resistir llamar Alice al escenario para una canción. Por supuesto que no tomó mucho obligarla. No podía recordar a Alice rechazando una oportunidad para cantar desde que éramos niñas. No importaba donde o cuando; ella estaba siempre lista para una presentación. Dije a la banda el nombre de la canción que cantaríamos y nos turnamos para cantar partes diferentes. No habíamos practicado la canción juntas durante años, pero ninguna dudó cuando fue nuestro turno de cantar. Esto de cantar vino naturalmente con Alice, siempre hacíamos esto desde el tercer grado. Cuando nos zambullimos en el coro cantando en perfecta armonía juntas, vi a Edward poner la mirada en nosotras desde la barra. Le sonreí y él asintió y me levantó su vaso.
Las personas amaron nuestra interpretación y yo sabía que esto era un mal momento para tomar un descanso. Yo debería haber guardado la energía para cantar otra canción bailable. Pero quería saludar al hermoso hombre al otro lado del lugar y mostrarle a Alice el lugar que había reservado para ellos.
Edward no se movió mientras caminaba en su dirección, pero sus ojos nunca me abandonaron. Admiré su magnífico rostro mientras caminaba, capturada por sus ojos verdes que centellean en la semioscuridad del club. Su mirada en mi quemaba. No dije ni una palabra ni tampoco él. En cambio, alcé mi boca y fui hacia la suya. Esto tomó menos de dos segundos para que Edward recobrara el control del beso que yo había comenzado. Tomó mi cara entre sus manos y sostuvo mi cara donde quería y me besó profundamente.
Cuando rompió el beso, mis rodillas estaban débiles. Estaba en medio de un club, el club donde trabajaba, y el hombre me tenía jadeando y sin aliento en menos de veinte segundos. Yo debería haberlo pensado mejor antes de comenzar algo remotamente sexual con Edward en público.
—Parecía que lo estaban disfrutando allá arriba. —El pulgar de Edward frotó mi labio inferior mientras hablaba.
Respiré hondo para recobrar la compostura.
—Lo estaba, realmente amo cantar con Alice.
Alice rompió en nuestra burbuja, destilando sarcasmo en su voz.
—Yo diría que consigan una habitación, pero ya tú tienes un hotel entero lleno de habitaciones, ¿verdad?
Edward y yo miramos a Alice de vuelta.
—Lo tengo. Pero tengo que advertir a las masas hambrientas de hombres que de alguna manera babean por ustedes dos en el escenario, ¿verdad? —Las palabras de Edward fueron dichas en la broma, pero yo sabía que había un elemento de verdad en ellos. Él era definitivamente un perro alfa que marcaba su territorio.
—Bueno, no alejes a las masas de mí, no tengo un príncipe encantador para barrerme de mis pies al final de noche aún. — Alice guiñó y se levantó de puntillas y besó a Edward en la mejilla.
Edward sacudió su cabeza y sonrió, Alice nos presentó a sus amigos. Algunos de ellos que yo ya conocía de la banda, pero había unas caras nuevas. Después de unos minutos, me disculpé y volví para reincorporarme a la banda. La noche pasó rápidamente y amé mirar a mis amigos bailar y disfrutar de mi música. Traté de no concentrarme en Edward, pero no podía evitarlo. No podía estar en una habitación con él y no mirarlo. Y lo sorprendí mirándome en más de una ocasión también.
A la tarde siguiente, estuve en la cama con un poco de resaca por los shoots de tequila que me tomé con Alice después de que terminé de trabajar. Mi cabeza colgaba de lado al pie de la cama, las sábanas estaban hasta mi cuello. Una hora antes, Edward salió de su oficina y se sentó con su espalda contra la cabecera, tecleando en el ordenador portátil en su regazo.
—¿Realmente te gusta esta película?
Me di la vuelta para mirarlo, amaba verlo de esa manera, llevando puesto una camiseta blanca simple y vaqueros y sus pies cruzados en los tobillos, sus piernas largas extendidas hacia abajo del largo de la cama. Él parecía tan joven y relajado, y yo sabía que ese era un lado de él que muchas personas no conocían.
—Es un clásico, ¿a quién no le gusta Ghost?
—Nena, a los hombres no les gusta Ghost.
—¿No?
—No, no nos gusta.
—¿Y tú hablas por todos los hombres? —Elevé una ceja con curiosidad.
—Lo Hago.
Me arrastré lentamente en la cama, sentándome a horcajadas en sus piernas.
—¿Qué le gusta a los hombres entonces?
Edward sonrió abiertamente y cerró su ordenador portátil.
—Tu, desnuda y la tv apagada.
Hice presión con mi pelvis y sentí su erección que apuñalaba en mi hendidura.
—¿Todos los hombres, o sólo tú? —Bromeé rodando mis caderas.
Edward se inclinó y firmemente se agarró de mis costillas.
—No habrá ningún otro hombre que te vea desnuda. Me incliné y mordí su oreja suavemente antes de susurrar,
—Porque te pertenezco.
El lunes siguiente era el cumpleaños de Edward y yo quería sorprenderlo, pero ¿Qué le das a un hombre con recursos ilimitados y un comprador personal con gusto exquisito? Me devané los sesos por casi una semana y me decidí por un regalo con sentido en vez de algo en una tienda que no podía realmente conseguir y que él realmente no quería. Yo estaba segura de que era una gran idea, hasta que estaba en mi camino a su oficina para sorprenderlo, entonces pensé que era un regalo estúpido y que me avergonzaría.
El guardia me saludó en la puerta y me reconoció de mi visita anterior con Edward. Le dije que quería sorprender a Edward por su cumpleaños. Él dudó para dejarme entrar, pero después lo hizo cuando le tranquilicé que estaba bien. Pasé a unas personas en el camino hacia a la puerta de la oficina de Edward, todos ellos me saludaron y parecieron recordarme. Yo me sentía segura hasta que estuve en frente de la puerta de su oficina cerrada. De repente me sentí como un intruso y no estaba segura de si debía llamar o entrar. Decidí llamar.
Edward gritó que entrara, abrí la puerta. Él estaba apoyado en su brazo doblado en el frente de su escritorio y Rosalie sentada delante de él, demasiado cerca para mi gusto. Su cara mostró sorpresa con mi visita, pero no hizo ninguna tentativa de esconder lo que fuera que hacía. Rosalie se dio vuelta y me vio, dándome una sonrisa astuta.
—¿Bella, está todo bien?
Entré unos pasos, sintiéndome de pronto enferma del estómago.
—Yo... Yo... Yo... sólo quería sorprenderte con un regalo de cumpleaños… Pero veo que estás ocupado, perdón por interrumpir. —Puse el paquete envuelto sobre el sofá de su oficina y di vuelta hacia la puerta, deseando desesperadamente salir de allí. Era de repente como si todo el aire del edificio había sido extraído y yo tenía que tomarlo para mi próximo aliento.
Edward me alcanzó al final de pasillo, agarrándome del brazo.
—¿ Bella, qué pasa? ¿A dónde vas?
No me podía girar para mirarlo por miedo a perderlo. Todos los recuerdos vinieron a mí de aquel día que fui a la oficina de Jacob y lo encontré apoyando contra su escritorio, su secretaria de rodillas, su cabeza bombeando mientras ella lo tomaba. Luché para liberarme a mí misma del apretón de Edward y corrí tan rápido como pude a mi coche.
Edward dejó de llamar después del primer día. No sabía por qué no le podía regresar las llamadas, Sabía que estaba actuando de manera infantil, pero no estaba lista para hablar con él. No podía ni si quiera escuchar sus mensajes de voz. Tres días más tarde, yo todavía me arrastraba alrededor, sintiéndome enferma y lamentándome. Tenía círculos oscuros bajo mis ojos y mi cara estaba hinchada de tanto llorar. Mi pelo estaba enmarañado de dar vueltas y girar en la cama la noche anterior y no tenía el deseo de peinarlo. Me obligué a desnudarme y a echar agua caliente para llenar de vapor mi cuarto de baño diminuto. Un golpe en la puerta principal me asustó, cuando estuve a punto de dar un paso en la ducha.
Me puse mi bata y fui a la puerta para encontrar Edward al otro lado.
—¿Qué quieres? —Mi voz era baja y apagada.
Edward entró, cerrando la puerta detrás de él.
—No sé qué carajo hice, pero me estoy volviendo loco, Bella. —Alcé la vista hacia él, viéndolo por primera vez en tres días. Él se veía como yo me sentía. El hombre impecablemente peinado con los brillantes y brillantes ojos era un desastre. Él tenía barba de tres días y su piel era cetrina y sus ojos opacos.
—No puedo hacer esto, Edward. —Mi voz era un susurro y las palabras comenzaron a romperse cuando hablé. Edward dio un paso hacia mí y puse mi mano, manteniendo la distancia.
—¿Qué no puedes hacer, Bella? —Su tono era enojado y dio otro paso más cerca.
Retrocedí y hablé a su pecho.
—No puedo cerrar mis ojos y no ver lo que está pasando alrededor de mí sólo porque me hace la vida más fácil.
Edward tomó otro paso más cerca y levantó mi barbilla, obligándome a mirarlo.
—Mírame. ¿Qué crees que está pasando?
Miré lejos y no respondí. Yo aguantaba las lágrimas con toda mi fuerza y yo no podía ver sus ojos.
Él dejó ir mi cara y arrastrando ambas sus manos por su pelo, frustrado. Entonces él respiró hondo y agarró mi cara con ambas manos, rebajándose al nivel de mis ojos. No tenía dónde mirar, sólo a sus ojos.
—Nada está pasando y tú lo sabes. Estás asustada y yo también lo estoy.
—Él hizo una pausa y buscó mis ojos—. Nena, no soy él. No soy el idiota que te hizo tener miedo de entregarte a mí, pero deseo como el infierno poder llevarme lo que él te hizo. Porque estoy dentro. Completamente bebé. No soy perfecto y no sé qué carajo hice para merecer a alguien tan bueno como tú, pero me tienes y no me conformo con solo una parte de ti. Te quiero. Quiero todo de ti, nena.
Las lágrimas inundaron mis ojos y rodaron por mi cara. Edward me tiró cerca de él y me sostuvo hasta que no quedaron más lágrimas.
Saqué mi cara de su pecho.
—¿No está pasando nada entre tú y Rosalie? —Alcé la vista y vi la cruda vulnerabilidad expuesta en él.
—Estas sólo tú, nena. — Edward hizo una pausa y me levantó, acunándome en sus brazos—. Te pertenezco.
.
.
.
Pasaron las semanas y mi angustia sobre la otra de vida de Edward y las personas con las que compartió, comenzó a disminuir. Comenzamos a caer de nuevo en una rutina e incluso salimos con, Jasper, el amigo de Edward, al que conocí en La isla y su nueva novia un par de veces. Estábamos empezando a establecernos como una pareja y aunque me daba miedo, era más feliz de lo que jamás había estado en mi vida.
Domingo por la mañana estábamos leyendo el periódico en la cama cuando mi teléfono sonó y mostrándome una imagen de Alice.
—Hey.
Ni siquiera llegué a terminar la palabra, cuando Alice ya estaba sobre mí. Tuve que pedirle que redujera la velocidad sólo para ser capaz de distinguir las palabras que estaba diciendo, su voz chillaba de emoción e iba a mil por hora. Yo sólo fui capaz de distinguir la última frase.
—The McCarty, Bella, ¿Lo puedes creer?
Estaba confundida y mi conversación había llamado la atención de Edward también. Me miró silencio preguntando si todo estaba bien y me encogí de hombros en respuesta.
—¿Qué pasa con los McCarty?
Alice tomó una respiración profunda para calmarse.
—¡Quieren que abramos para ellos Bella! ¡Quieren que nosotras, tú y yo, nosotras, abramos para ellos!
—¿Qué?, ¿Cuándo? —Me encantaban los McCarty. Hace años, cuando Alice y yo teníamos la banda en Forks, Tuvimos que hacernos amigas de un montón de otros bandas locales, una de ellas fueron los McCarty. Teníamos un respeto mutuo por la música del otro y siempre bromeábamos diciendo que algún día, abriríamos la apertura de las demás bandas cuando nos fuéramos de gira, años más tarde, los McCarty se hicieron grandes y Alice y yo estábamos felices de que, aunque no hubiéramos sido nosotras, nos alegramos de que de fueran ellos. Alice y yo habíamos estado en una docena de conciertos en los últimos años juntas, y sabía que estaban a punto para lanzar otro álbum.
—En su gira Bella. —Su voz se fue elevando de nuevo y estaba gritando—¡Ellos quieren que abramos para ellos durante toda su gira!
—Ni siquiera sabía que tenían una gira establecida aquí a corto plazo.
—No la tienen, es una Gira europea, Bella. ¡Cuatro meses cantando y viajando por Europa con los McCarty! ¿Puedes. Malditamente. Creerlo?
Sostuve el teléfono lejos de mi oído mientras ella seguía gritando. Oh Dios. Mío. Era mi sueño hecho realidad. No tenía idea de cómo sucedió, pero era el sueño de todo músico, Me volví y miré a Edward y de repente mi corazón estaba en mi garganta. Vi en su cara que escuchó la noticia que Alice había compartido. Cómo no lo iba a hacer, ella estaba gritando cada palabra.
Alice balbuceaba y seguía y seguía, mientras yo luchaba por mantener mi compostura al teléfono con ella, sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago y sacado todo el aire. Me quedé encantada y emocionada, pero asustada y asqueada al mismo tiempo.
—¿Cuándo va a empezar? —Tuve que fingir entusiasmo, pero se me rompió el corazón cuando Edward se levantó de la cama y se fue a la sala de estar.
—¿Una semana? —Estaba exasperada—. ¿Cuándo necesitan una respuesta?
—¿Una respuesta? — Alice a rió—. ¡Ya les di una! ¡Por supuesto que vamos a hacer esto Bella!
Unos minutos más tarde fui capaz de colgar el teléfono con Alice y encontré a Edward de pie contra la ventana, mirando la ciudad. Envolví mis brazos alrededor de su espalda lo abracé con fuerza, mi frente presionaba su espalda.
Ninguno de los dos dijo nada durante unos minutos.
—¿Cuándo te vas? — Edward se giró hacia mí, juntando sus brazos alrededor de mi espalda.
—En una semana. Es un tour de cuatro meses por Europa.
Capté la mandíbula tensa de Edward, pero trató de ocultármelo. Apartó hacia atrás el cabello de mi cara.
—Felicidades Bella. Es tu sueño hecho realidad.
Pensé en sus palabras. Estaba en lo cierto. Era mi sueño hecho realidad, pero ¿por qué se sentía como mi peor pesadilla?
—Gracias. Creo que necesitaré un poco de tiempo para procesarlo todo.
Pasaron unos días y Edward y yo seguimos nuestras vidas como de costumbre. Hablamos de la programación de la gira, los planes de viaje y los lugares que tocaríamos, pero manteniéndonos al margen de lo que más necesitábamos hablar. Nosotros. ¿Qué haría de nosotros mi partida? ¿Seríamos capaces de sobrevivir como una pareja con meses sin vernos? ¿Podríamos incluso intentar una relación de larga distancia? Yo no estaba segura de por qué no habíamos hablado de ello todavía, pero me aterraba las respuestas que necesitaban decirse.
Dos días antes de irme, me desperté para encontrar a Edward en la oficina de la casa. No podía irme sin tener la conversación, sin importar lo mucho que temía tenerla. Me senté al otro lado de su escritorio, algo que nunca había hecho antes. El único sitio en el que me sentaba en su oficina era en su regazo. Edward me miró y esperó a que hablara.
—¿Qué va a pasar con nosotros cuando me vaya Edward? —Mi voz era baja.
Edward dejó lo que estaba haciendo y con sus manos se frotó la frente.
—¿Qué es lo que quieres que pase Bella?
—Yo no quiero ir Edward, Tengo miedo de dejarte, no quiero perderte. —
Una lágrima escapó antes de poder detenerla.
—Yo tampoco quiero que te vayas Bella. Pero tienes que hacerlo. Cuándo nos conocimos por primera vez en La isla, tú misma dijiste que te habías olvidado quien eras cuando estabas con Jacob. Tienes que hacer esto por ti,
Es tu sueño. —Vino alrededor de la mesa y me levantó, sentándome encima de su regazo—. Iré a Europa a verte y que podrás volver a casa cuando tengas unos pocos días entre los espectáculos. —Su rostro estaba serio y su tono era inquebrantable.
Sabía que él estaba en lo cierto, pero no hace que duela menos. Lo miré a los ojos y vi su sacrificio.
—Te amo Edward. —No había planeado decirlo, las palabras simplemente salieron por su propia cuenta.
Edward me levantó y me llevó a la habitación, sentándome en la cama gentilmente. Vi cómo se desabrochó los pantalones y se quitó los calzoncillos, sin quitarme los ojos de encima, me preparó y tiró de la camiseta que llevaba, por sobre mi cabeza. Se subió encima de mí y besó suavemente mis labios. Echó la cabeza hacia atrás lo suficiente para mirarme en los ojos.
—Yo también te amo Bella.
Entonces me hizo el amor.
En la mañana de mi vuelo, me sorprendió que Edward dijera que necesitaba parar en su oficina.
—Sólo tengo que recoger algo, podemos detenernos de camino al aeropuerto, solo me tomaré cinco minutos.
Los dos estábamos callados, pero no tenía nada que ver con la parada no prevista en la oficina de Edward. No vería a Edward en tres semanas completas, hasta que tuviera un descanso en mi horario. Planificamos que él volaría a Roma durante cuatro días. Iría al concierto de Roma y luego nos quedaríamos tres días juntos, hasta de que tuviera que volar a Praga para el próximo show.
Seth se detuvo delante de la puerta de la oficina de Edward, abrió la puerta y me tendió la mano, estaba sorprendida de que quisiera que entrara con él, después de la última vez que lo visité. Realmente no quiero que su último recuerdo de mí en su oficina sea mi comportamiento infantil de la última vez, así que le tomé la mano y fui con el sin preguntar. Asistente de Edward nos espiaba en cuanto entramos.
—Está en su escritorio. —Ella me sonrió dulcemente.
Caminamos a su oficina de la mano. Me sentí aliviada de que no tuviera ningún avistamiento de Rosalie que me pudiera causar malestar antes de que tuviera que dejarlo. Dentro de su oficina, Edward me entregó un sobre.
—¿Qué es esto?
—Ábrelo. —En el interior había un hermoso llavero de plata en forma de corazón con un manojo de llaves y algunos papeles doblados.
Lo miré con curiosidad.
—Las llaves del ático, mi oficina y la unidad de almacenamiento, Y un pasaje abierto en primera clase en caso de que necesites volver a casa para una visita no planificada.
Entendí los dos primeros y el último.
—¿Unidad de almacenamiento? —pregunté confundida.
—Donde pondré tus muebles para almacenarlos el próximo fin de semana. El próximo fin de semana moveré tus cosas al ático. Podrás decidir o que deseas conservar y decidir qué deseas desprenderte cuando vuelvas.
Mis ojos se abrieron con incredulidad, estaba a punto de discutir cuando, por el rabillo de mi ojo, vi la imagen que le había dado en su escritorio, perfectamente posicionado para que lo viera desde su silla. Él había tomado el presente que groseramente le había entregado en su cumpleaños y lo puso con orgullo en su escritorio. Mi imagen estaba sobre el escritorio del hombre que nunca tuvo pertenencias personales en su oficina, respiré hondo y decidí lanzar la precaución al viento.
—Okey.
—¿Está bien? —Él definitivamente esperaba más de un argumento.
Me elevé en la punta de mis dedos de los pies y lo besé dulcemente en la boca.
—Te pertenezco, ¿Por qué no?
Edward me inclinó la cabeza hacia atrás y me besó profundamente.
—Voy a tener que tomar un montón de duchas de agua fría en las próximas tres semanas. —Hizo una sexy ruido gruñendo mientras apretaba mi culo y me presionaba contra su erección. Por primera vez en la semana, sentí como que de verdad podríamos hacerlo.
.
.
.
Podríamos...
bueno este es el fin del primer libro... si quieren la continuacion simplemente digan y el martes subo el segundo libro :DD
