Capítulo 13
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Marzo 25, 2012 04:13:06 p.m.
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Mi sonrisa no cabía en mi cara de la felicidad que sentía de ver que Umi había decidido venir. Al fin estábamos las nueve juntas, las nueve en el mismo lugar. Creo que por mi extrema alegría, no me estaba percatando de que todas las chicas miraban a Umi con temor en sus rostros.
– ¡Umi-chan! –dije y comencé a acercarme, pero Kotori me detuvo de mi brazo.
La miré confusa, pero ella no despegaba su mirada de Umi. Cinco personas más entraron, todas con máscaras en su rostro y sosteniendo armas de fuego. Nos apuntaron a todas.
– ¡No se muevan! –gritó uno de ellos con fuerza. Todas levantamos las manos, asustadas.
–Umi…
Umi levantó la mirada. Parecía tener lágrimas en la comisura de sus ojos, pero su mirada era decidida, y lo sabía porque conocía esa mirada. Lanzó un suspiró y levantó su brazo derecho. Ahora entendía el porqué del miedo de las demás. Una pistola era empuñada por Umi, y me apuntaba directamente a mí.
–SERN se hará con toda la evidencia de viajes en el tiempo –comenzó a decir de manera casi robótica–. Kousaka Honoka… usted vendrá conmigo.
–Umi-chan…
–Soy Sonoda-san para usted.
–Umi-chan, ¿Qué sucede? ¿Qué estás haciendo?
Nozomi se había acercado a Eli, pero miraba a Umi con esa mirada maternal y preocupada. Umi la miró sin variar la expresión.
–No me hables de esa forma, que no eres mi amiga Tojou-san. No necesito amigas.
–Sonoda-san, por favor baja esa arma. Tú no eres de...
–Señora directora –dijo Umi regresando la mirada a ella–. Usted manténgase al margen de esto, no le compete –volvió a mirarme fríamente–. Kousaka Honoka, usted va a venir conmigo.
No sabía que estaba pasando. Esta no es Umi-chan, esta no es mi mejor amiga, la que no le haría daño a nada ni a nadie, la temerosa y vergonzosa Umi-chan, la chica enamorada en secreto de Kotori, la aplicada, la responsable, la chica que tanto quiero.
No entendía nada. Ella… ella parecía otra persona.
Tragué profundamente, pero cuando iba a hablar, Kotori se me adelantó, colocándose a mi lado y con una mirada fría y molesta.
–No… No entiendo que sucede, no sé quién eres, pero puedo ver que eres una chica buena, muy buena. No tienes que hacer esto.
– ¡Tú no me conoces, no sabes nada!
– ¡Es verdad! –Gritó Kotori, y lágrimas se formaban en sus ojos–. Pero sé que no eres mala. Lo siento aquí –se llevó las manos al pecho–. Eres muy hermosa… y sé que muy buena. Umi-chan, por favor… no hagas esto, por favor.
Umi titubeó. La vi bajar levemente el arma. Las lágrimas caían por las mejillas de Kotori que miraba fijamente a la chica frente a ella.
–Jefa, que está esperando. Debemos apresurarnos.
Umi negó despacio y volvió a levantar el arma con decisión. Kotori retrocedió dos pasos, volviéndose a colocar a mi lado.
–Ultima vez que lo digo… Kousaka Honoka, usted vendrá conmigo.
Miré a las chicas, y luego a Umi. Bajé mis manos y suspiré profundamente.
–Iré –dije seriamente–. ¿Pero qué pasará con mis amigas?
Umi entrecerró los ojos por un instante y luego comenzó a mover su arma, apuntando a las chicas conforme las iba mencionando.
–Nishikino Maki, Yazawa Nico, Tojou Nozomi, Ayase Eli, Hoshizora Rin, Koizumi Hanayo y Minami Kotori… –se detuvo en ella que seguía mirándola con lágrimas bajando por su mejilla–. Son innecesarias…
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Pude escuchar sonidos de asombro en mis amigas. Umi comenzó a murmurar algo que no entendí y luego escuché un disparo.
El tiempo se congeló para mi… se congeló como el día de la explosión en el evento del Love Live… se congeló cuando comencé a ver caer el cuerpo de Kotori.
Sentía la sangre caliente que salpicó mi rostro, sentía el miedo y la desesperación invadir mi alma, sentía hasta el odio acumularse en mi corazón, pero no sentía mi cuerpo, no podía moverme.
Kotori cayó a mis pies, inmóvil… sin vida.
–Ko… Kotori… –dije sin poder hablar. Caí de rodillas a su lado.
Fue el grito de la madre de Kotori el que pareció hacer funcionar todo dentro de mí nuevamente.
– ¡¿Cómo te atreves a hacerle eso?!
Eli reaccionó en rabia y se abalanzó contra Umi, quien rápidamente le apuntó y disparó. Eli cayó al suelo pero no herida, sino por la fuerza con la que Nozomi la había empujado.
– ¡Nozomi!
Eli se arrastró de rodillas hasta el cuerpo de Nozomi, quien solo le sonreía y cerraba los ojos dejando de respirar. Pude ver a Maki cerrar los puños y correr hacia Umi, pero no quise mirar más que sucedía. Mi mirada se dirigió al cuerpo de Kotori, frente a mí. Mi mano temblorosa se estiró para alcanzarlo. Su rostro… aún estaba tibio… sus lágrimas… frescas… Lo abracé, lo abracé contra mí.
Escuché otro disparo y cuando miré, Maki sostenía el cuerpo de Nico, cayendo las dos al suelo. Umi le apuntó a Hanayo, pero escuchamos un alboroto. Policías, seguidos por Feyris irrumpieron en el lugar y no supe que más sucedía, solo alcancé a escuchar un grito.
– ¡Honoka-chan huye!
Hanayo me gritaba mientras forcejeaba con Umi por quitarle el arma. Rin parecía una babosa, pegada de las piernas de Umi, evitando que avanzara. La policía se enfrascaba en una lucha con los otros hombres. Hanayo volvió a mirarme.
–Honoka-chan… huye por favor…
Escuché el disparo y vi a Hanayo caer en cámara lenta. Cerré los ojos y sin mirar atrás comencé a correr. Comencé a correr con todas mis fuerzas, comencé a correr con toda mi alma.
No podía ser verdad, no podía ser cierto. Kotori… Nozomi… Nico… Hanayo… no, era una mala broma, era una pesadilla. Umi… Umi no podía… Umi no…
Tenía que hacer algo, tenía que…
Me detuve para respirar un poco. Sentía las lágrimas caer por mis mejillas, sentía las lágrimas salir, no de mis ojos, sino de mi corazón. No sabía dónde estaba, y no me importaba, solo quería que ese dolor desapareciera.
– ¿Honky?
Alcé la mirada. Tsubasa estaba ahí, frente a mí. Sus verdes ojos me miraban curiosa y preocupada a la vez.
– ¿Honky, qué te sucede? ¿Por qué estás llorando? ¿Estás herida?
–Tsu… Kotori… Kotori… –Me lancé sobre ella y la abracé–. Kotori está muerta… Umi… Umi-chan la mató, las mató a todas…
–Honky no te entiendo, ¿de qué hablas?
Tsubasa tomó mi rostro entre sus manos. Limpiaba mis mejillas, sus manos estaban quedando rojas de la sangre, que no era mía, era la de Kotori.
–Por mi culpa… –dije en un susurro–. Por mi culpa las mató… yo… yo las maté.
–Honky me estás asustando.
Pero era verdad. Esto era un castigo. Me destino era este, ver morir a mis amigas. No, no quiero aceptar eso. No quiero perderlas.
–Yo… Umi-chan… Nico, Nozomi… Hanayo… Kotori…
–Honky…
Miré a Tsubasa. Ella seguía mirándome asustada, mientras trataba de calmarme. Tsubasa, quien también había muerto por mi culpa. Negué de manera desenfrenada y la empujé.
– ¡Aléjate de mí Tsubasa! ¡Aléjate! –le grité con fuerza. Ella me miró fijamente.
–Honky… qué…
–No te me acerques, no te me acerques más. Tú estás muerta. Lo estás.
–Honky por todos los dioses, ¿Qué te pasa? Déjame ayudarte.
–No… yo… yo te vi morir… y ahora vi morir a Kotori… y a Nico… Y vi morir a Maki… y a Eli…
Ya no sabía lo que decía, mi cabeza iba a explotar. Estaba confundida, estaba asustada, estaba molesta, estaba perdiendo mi cordura. Mi corazón se estaba partiendo en pedazos. Sentí un fuerte golpe en el rostro. Tsubasa me miraba fijamente.
–Honoka por favor cálmate. Me estás asustando.
–Tsu…
– ¿Qué está pasando? ¿Necesitas ayuda?
Ayuda. Ayuda. Si, necesito ayuda. Necesito ayuda… ayuda para… para evitar que Umi-chan se convierta en una asesina… ayuda para salvar a mis amigas… ayuda… ayuda…
– ¡Kyouma! –dije casi gritando. Tsubasa me miró asustada.
– ¿Quién?
–Necesito la ayuda de Kyouma-san. La necesito.
Iba a correr nuevamente, pero Tsubasa me detuvo de los brazos. Comencé a forcejear con ella, tratando de liberarme.
–Honky, espera, que demonios te está… –pero no pudo terminar la frase por mi bofetada. La empujé, tirándola al suelo y comencé a correr sin detenerme, sin mirarla. Tenía que alejarme de ella. Necesitaba ayuda, la ayuda de ese científico loco.
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Marzo 25, 2012 05:30:25 p.m.
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Okabe lanzó un suspiro cansado mientras miraba fijamente a Kurisu, que estaba concentrada, revisando el teléfono-microondas (nombre sujeto a cambiar). Desde que habían regresado al laboratorio, con la teoría de que el mensaje enviado al pasado de la chica Idol, había fallado por una mejora hecha al aparato, Kurisu había estado revisando los cambios hechos por Daru.
Volvió a suspirar. Miró a Mayuri, sentada en el sofá, cociendo como de costumbre. La televisión estaba encendida, y estaban pasando un programa de caricaturas. Sonrió y se giró hacia la ventana, mirando hacia el callejón. Pudo ver como la hija de Míster Braun, Nae, salía de la tienda de televisores CRT de su padre. La niña sonreía ampliamente, mientras esperaba a que la enorme figura de su padre saliera del lugar. Por alguna extraña razón, Míster Braun lo miró. No lucía molesto, pero sí muy serio. Okabe enarcó la ceja y regresó al interior de la habitación y cerró la ventana.
–Okabe, puedes ayudarme un momento –Okabe se acercó a la chica que revisaba algo en la pantalla.
– ¿Qué necesitas del gran Houounin Kyouma, Cristina?
–En realidad nada, solo que leas este código que está acá. Creo que es donde está el error.
–Daru es un súper hacka, el no comete errores tontos programados.
–Sí, pero creo que no fue culpa de él. Mira bien.
Okabe se acercó a la pantalla. Había una secuencia y tenía unos valores, predefinidos. Se rascó la barbilla mientras analizaba el orden de los valores. Dentro del código vio las letras RO al lado de uno de los datos.
– ¿Qué significa RO?
–A nivel de computadoras creo que nada, así que supongo que Hashida-san lo puso para indicar que es una modificación hecha por ti.
–Ah… debe ser la que le incluí, para que el tiempo fuera más preciso.
–Entonces ahí está el fallo.
– ¿A qué te refieres?
Kurisu tomó un marcador y se acercó a la pizarra. Okabe metió las manos a su bata y miró fijamente lo que la chica trazaba sobre la blanca superficie. Cuando terminó, cruzó los brazos y miró al joven.
–El teléfono-microondas tiene un temporizador, en el cual, un segundo equivale a una hora en el tiempo. Ese temporizador, no es exacto.
–Eso ya lo sé Cristina –dijo en tono fuerte.
–Déjame terminar –le respondió en el mismo tono. Respiró profundamente–. Tú le pediste a Hashida-san que lo colocara lo más exacto que se pudiera. El así lo hizo, colocando tres decimales a la operación a lo interno del aparato, ya que externamente no se puede.
–Oye Celeb Seven, piensas que tengo todo el día.
–Deja de decirme así. Ya tengo veinte años.
–Para mí sigues siendo Celeb Seven.
–Sigo sin entender porque sigo viniendo aquí.
–Porque eres amiga de Mayushii –dijo Mayuri con una sonrisa. Kurisu le sonrió de regreso. Okabe lanzó un suspiro molesto.
– ¿Y bien? ¿Encontraste el problema?
–Mira nuevamente la pantalla, y dime si lo encuentras.
Okabe enarcó la ceja y se acercó al monitor. Repaso cada línea una por una, llegando nuevamente a las letras "RO". Lanzó un sonido con la boca y negó.
–Sigo sin ver nada anómalo, Cristina.
–Okabe, falta un punto en la fórmula del tiempo. En lugar de poner decimales, está colocando millares. Si colocas 120 segundos en el aparato para enviar un mensaje 5 días en el pasado…
–No son 120 segundos sino 120000 segundos. Y eso es aproximadamente…
–Doce años.
Okabe se quedó con la boca abierta. Ahora todo cobraba más sentido. El mensaje fue correcto, pero no le llegó a la chica Idol, le llegó al dueño anterior del número, que pudo ser su madre. Y si está hizo caso al mensaje…
Un fuerte golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos. El golpe se repitió dos, tres, cuatro veces, cada vez más fuerte. Okabe miró a las dos mujeres en la habitación. Mayuri se levantó y rápidamente abrió la puerta. Una figura estaba de pie, pero la sombra del pasillo, no permitía verle el rostro. Mayuri levantó su mano.
– ¡Tuturuuuu! Hola. ¿Qué se te ofrece? Mayushii puede ayudarte.
La figura en la puerta no dijo nada. Se dejó caer con fuerza en el suelo, sollozando con mucha fuerza. Mayuri la miraba, con temor y tristeza.
– ¿Qué sucede?
– ¡Mayuri! ¿Quién es?
Kurisu comenzó a acercarse, tratando de ver quién era la persona en la puerta. Notó que era una mujer, que al intentar levantarse, las fuerzas le fallaron y comenzó a caer. Mayuri la detuvo, abrazándola con fuerza.
–Okabe… –dijo Kurisu y miró al joven. Okabe se quedó con la boca abierta al reconocer a la chica.
–Chica Idol… ¿Qué… Qué sucedió?
Se apresuró a ayudar a Honoka a levantarse del suelo. Apenas se sostenía en pie, y parecía como perdida. Cuando la logró sentar en el sillón, Mayuri se sentó a su lado. Honoka levantó la mirada, primero a Okabe, luego a Kurisu. Sus manos comenzaron a temblar y la imagen de Umi disparando a Kotori regresó a su mente.
–Mis amigas… mis amigas… ella las mató…
– ¿Quién es ella? –preguntó el joven en un tono asustado.
–Umi… Umi-chan… mató a… mató a…
Honoka comenzó a llorar. No podía terminar la frase, no podía aceptarlo, decir que Kotori estaba muerta, que Nico estaba muerta, que Nozomi o Hanayo… Mayuri le tomó más fuerte la mano.
–No llores… Mayushii no le gusta ver llorar.
–Pero mis amigas… ellas las mató… ella…
– ¿Qué fue lo que sucedió?
Okabe se había acercado a ella y la tomaba de los hombros. Honoka trataba de articular alguna palabra, pero era inútil, no salía ninguna, solo los sollozos del llanto. En la televisión comenzaron a pasar un informativo. Okabe se levantó para mirarlo.
"Noticia de última hora. En el evento del grupo de baile Ruso que se iba a presentar en el Akiba Dome City Hall, se presentó el ataque de un grupo armado. Hasta el momento no se tiene claro cuáles son los daños, pero se habla de cuatro chicas asesinadas y cinco detenidos."
Kurisu tomo el brazo de Okabe que la miró. El rostro de la joven estaba pálido, su boca tratando de decir algo. Comenzaron a escuchar a Honoka hablando.
–Kotori… Nozomi… Nico… Hanayo…
–Chica Idol, ¿qué fue lo que sucedió? Dímelo –dijo regresando a ella. Honoka se mordía el labio, sangre ya bajaba de él.
–U… Umi-chan… les disparó… las… las mató… dijo que no eran necesarias… que para SERN no eran necesarias… no sé qué significa.
– ¿SERN?
Kurisu miraba a Honoka fijamente al igual que Okabe. Ella asintió despacio.
–No sé qué es SERN pero ella dijo que tenía que ir con ella.
El miedo recorrió a Okabe y a Kurisu de arriba abajo. SERN, el nombre que no querían escuchar, el que Suzu les había dicho. Okabe miró el teléfono-microondas.
– ¡Chica Idol, debemos deshacer el mensaje! ¡El primero que enviaste!
– ¿Qué? Pero si lo hago… entonces Umi… Eli… Maki… Rin…
–Es la única forma de evitar una desgracia aún mayor.
– ¿Mayor? Yo lo que quiero es evitar que Umi… que Umi…
Okabe iba a decir algo más, pero fue interrumpido por la tímida voz de Mayuri.
– ¿Eh? Mi reloj no está funcionando… Qué raro. Le acabo de dar cuerda.
Okabe miró a la chica, que tenía un reloj en su mano, y lo consultaba fijamente. Era como estar volviendo a vivir un deja vú, el suceso más horrible que él había experimentado tantas veces, que lo tenía muy presente, y se estaba repitiendo. Sabía que no tenía tiempo, no podía dudar.
Okabe tomó la mano de Honoka y se dirigió a la computadora. Comenzó a digitar algunas cosas en ella. Kurisu se acercó a él corriendo, mientras la otra chica lo miraba confusa.
– ¡Okabe, ¿qué estás haciendo?!
–Necesitamos hacer un salto en el tiempo. Necesitamos detener a…
–No vas a hacer eso. Okabe. No más saltos, no más D-mails. Escuchaste a Suzuha-san. El futuro está…
No pudo terminar porque la puerta se abrió. Una chica de cabello azulado miraba con mucho odio al interior de la habitación. Tenía sangre en su brazo, que bajaba de una herida. Tenía sangre en su rostro, pero no parecía de ella. Honoka comenzó a temblar.
–Umi…
–Kousaka Honoka. Tengo órdenes de llevarte conmigo… y no me importa si es como un cadáver.
– ¡Oye tú! –Dijo Okabe, colocándose delante de Honoka y Kurisu–. ¿Quién eres?
Umi no respondió. Levantó el arma y la apuntó a Mayuri. Okabe dio un vistazo leve a su espalda, donde Kurisu, fuera de la vista de Umi, digitaba unas últimas cosas en la computadora. Honoka iba a avanzar pero el hombre no la dejó.
– ¿Quién eres tú? –repitió en tono amenazante. Umi entrecerró los ojos y le apuntó a él.
–Okabe –dijo Kurisu pero fue interrumpida por un disparo.
Honoka miró a su derecha, donde la chica, Kurisu, caía al suelo. Okabe la sostuvo antes de que tocara el suelo. Umi había disparado hacia ella primero, y ahora apuntaba a Honoka. Mayuri estaba inmóvil en el sofá.
–No… Cristina…
–Ahora Kousaka… vas a venir conmigo o tendré que matar a más personas, y todas esas muertes son tu culpa.
Honoka se abrazó. Umi, esa Umi tenía razón. Sintió su cuerpo temblar. Justo cuando iba a dar un paso al frente, sintió un empujón. Okabe tomó unos auriculares que estaban sobre la mesa y se los puso a la fuerza en la cabeza. Honoka lo miró fijamente a los ojos. Había enojo, había miedo en ellos, pero también parecía haber esperanza. Escuchó un disparo, luego otro, y otro. Okabe la estaba protegiendo de los disparos de Umi.
–Kyouma-san…
–Tú puedes… –dijo y antes de caer, presionó una tecla del teclado. Honoka volvió a sentir el enorme vacío en su cabeza y la extraña sensación en su cuerpo. Cerró los ojos con fuerza mientras esa sensación desaparecía. A lo lejos pudo escuchar un disparo y la voz de Umi que gritaba con furia.
Cuando abrió los ojos, sintió un fuerte mareo y dejó caer su móvil al suelo. Una voz preocupada y las cálidas manos en sus hombros la hicieron levantar la mirada.
– ¿Estás bien Kousaka-san? –dijo una mujer de largo cabello grisáceo y mirada color miel.
–Se… ¿Señora Minami?
Y aquí está un nuevo capitulo. Debo decir que Honoka es fuerte... ella es muy fuerte... y Umi es una sádica. Matarlas... a sangre fría... ¿Qué hizo Honoka con la linea del tiempo para que Umi terminara así?
Jajajaja. Espero que les guste el cap. Es más corto que otros, pero espero que igual lo disfruten y comenten. ¿Qué creen que deba hacer Honoka ahora?
Un abrazo.
