Capitulo XIII

Cierra la puerta tras su espalda con cuidado, no quería despertar al rubio que dormitaba en la habitación, horas habían pasado desde que habían iniciado conversación; la verdad era que a Taemin no se le había hecho nada fácil conllevar la plática y sabía que Key aun en el fondo se limitaba a preguntar poco, solo lo necesario y cuando era necesario, quería que el pequeño le contase las cosas a su tiempo, despacio y con calma. No importaba si les llevaba toda la noche o más.

Una mueca obscura se pinta en su semblante y le arden los músculos del cuello, contempla con aire distante el espacio amplio de la estancia en la que se encontraba, muchas veces antes había pensado en mudarse de aquel departamento, dejando todo atrás, dejarlo todo y olvidarse sin dejar rastro más los ojos gatunos de su amigo le carcomen la consciencia cada vez que su mente se veía invadida de aquellos turbios pensamientos.

Suspira largo y sonoro y con pasos lentos vira hacia su pieza. Encendiendo la luz, no puede evitar que sus ojos se posen en el poco acorde sobre que resaltaba en la simpleza de la estancia, la desesperación le embarga. ¿Debía o no debía leer lo que el sobre contenía?

¡Sí! Gritaba su deseo desde algún recóndito lugar de su cerebro pero el miedo era más grande que su curiosidad. Él no era fuerte como Key, determinado como Minho o insistente como Jonghyun; él era demasiado inseguro como para si quiera dar un paso dentro de su habitación.

Huye a la cocina y busca las sobras del almuerzo, quizás el mantener su mente ocupada en otra cosa le ayudase a despejarse y no sucumbir ante la tentación que representaba aquel objeto que se posaba en la mesa a un lado de su cama. Pierde la vista en los infomerciales infinitos que se presentaban brillantes y atrayentes en el televisor y por momentos sopesa en verdad la idea de adquirir una nueva tostadora y una máquina de nombre extraño, que era una mezcla entre una licuadora y una procesadora; con la que aparentemente era posible crear combinaciones saludables de jugos y smooties.*

El sueño parece alcanzarle por fin.

Se adentra en la habitación a tientas en la obscuridad, de forma obstinada se niega a prestarle atención al objeto que sabía tenía que prestarle toda su atención. Sus pies le llevan hasta el baño y luego de lavar sus dientes y cara, suspira de cuenta nueva y un sentido de nostalgia le golpea al tiempo que sus ojos se fijan en la fina prenda colorida que decoraba su almohada. Nunca más se había armado de valor para usarla pero no lograba deshacerse de ella; a diferencia del teléfono celular que había lanzado al agua un día en el que Key había preparado un pequeño viaje de descanso.

Las rodillas le fallan y queda sentado al filo de la cama, no puede seguir atrasando el momento. Con manos temblorosas toma la prenda y la enrolla en su cuello, sonriendo ante la suavidad de la tela.

Alcanza el sobre y con el fuerte tamborileo de su corazón resonando en sus oídos, logra ojear en su interior, encontrando una numerosa cantidad de páginas.

A grandes rasgos contempla las hojas, inspeccionando como si de un libro nuevo se tratase, atrapa con la mirada oraciones a medias en las que puede apreciar su nombre y el de Minho de tanto en vez. Enciende la luz junto a su mesa y luego de esconderse bajo la seguridad de las mullidas sabanas, le dedica al objeto la atención que merece, dándose cuenta que se trataba de la pulcra y cuidadosa caligrafía de Taeyeon.

Taemin,

No sé si seré capaz de encontrarte o si seré capaz de hablarte una vez que lo haga, sé que tienes preguntas, créeme yo también las tengo pero, si estás leyendo esto, quiere decir que he sido lo suficientemente valiente como para verte a los ojos. No sé en qué circunstancias nos encontraremos o si tendremos tiempo de conversar, quizás no puedas creerme pero, todo este tiempo he sentido ganas de conocerte; conocer a la persona que hizo a Minho tan feliz. ¡Oh! Pero antes de decirte algo más, tengo que aclarar un pequeño detalle. Desconozco si, para el tiempo que puedas tener estas palabras en tus manos, la prensa ya se habrá enterado o si aún podré mantenerlo en secreto; de todas formas siento que debo dejarlo en claro, al menos tú debes saberlo. Estoy embarazada.

A los pocos meses de que Minho y yo nos casáramos por el bien y fusión de las compañías, tuve que hacer un viaje de negocios con mi padre a Japón, no fue demasiado, apenas unos tres días, y sé que deberá sonarte a locura pero, estando en una posada estilo oriental en Osaka, conocí a un hombre encantador, de ojos puros y una sonrisa tan brillante que parecía iluminar todo a su paso. Jinki no sabía quién era yo, ni mucho menos que estaba casada. Lo que estoy tratando de decir es que, este bebé que estoy esperando no es de Minho. Por favor no me juzgues, sé que no estoy en posición de pedir siquiera perdón, pero por favor escúchame hasta el final, tal vez así puedas entenderme solo un poco.

Luego de lo que había parecido un fin de semana largo, Minho finalmente regresa a la compañía como cada lunes, puntual con un café para llevar de algún cafetín cercano. Madre actúa sorprendida al verlo adentrarse en la oficina y le sigue el paso luego de dejarle papeles importantes a la secretaria.

—Tal parece que has desistido de tu tonta idea de renunciar.

—No me tientes. No es por ti que estoy aquí ahora —le contesta sin dirigirle la mirada, concentrado en los nuevos contratos que tenía dispuestos en su escritorio; debía recordar entregarle un masivo bono a la mujer que más que su secretaria, era su sombra y le permitía estar preparado para todo.

—Estás aquí y eso es lo que importa. —Taeyeon y yo saldremos a cenar esta noche y decidiremos una fecha conveniente para la boda —la mujer está tentada a hacerle saber que ellos ya tenían una fecha escogida, pero una sola mirada a su hijo y logra entender que sería mejor el dejar que las cosas se diesen cuando el chico decidiera. Song ah se aleja de la oficina con una sonrisa victoriosa en el rostro. Por su parte, Minho suspira relajando los músculos de la espalda y gira con ayuda de la silla, sabía que debía seguir, lo había prometido pero no significaba que fuese sencillo de hacer. Aún más ahora tenía que luchar por su vida, sus proyectos y su futuro.

Ojeaba el menú con ojos desinteresados, aunque ningún plato era del todo familiar, eran contadas las ocasiones en las que se dignaba ir a establecimientos como aquellos; él en realidad adoraba los pequeños y escondidos a plena vista lugares a los que Jonghyun acostumbraba llevarle antes de… antes de Navidad, ahora ambos se encontraban tan ocupados que apenas si lograban comunicarse con medias llamadas telefónicas aunque más de la mitad de dichas llamadas fuesen un recordatorio de que él debía olvidar el papeleo y comer algo a no ser que quisiera terminar en el hospital por inanición. Una fugaz sonrisa se cruza en su semblante ante el recuerdo.

—Siento llegar tarde —habla una voz risueña y Minho intenta sonreír como saludo más el gesto no logra alcanzar sus ojos y no pasa del todo desapercibido.

—No te preocupes —como todo caballero, abre la silla y espera a que Taeyeon se acomode para regresar a su asiento, minutos después un mesero estaba listo para tomar su orden.

—Por favor, una botella de vino rosa. —Taeyeon se sorprende y le llama entre susurros sin saber cómo reaccionar; el vino rosa era su favorito y Minho lo sabía. —Solo eso, por los momentos. —El chico se aleja presuroso. Permanecen en silencio hasta que el chico regresa con lo ordenado, Minho alza su copa y le dedica a Taeyeon una sonrisa más sincera. —Disculpa el retraso. —La castaña no logra entender hasta que sus ojos se posan en una cajita de terciopelo azul marino, la cual Minho desliza hacia su persona. Con dedos cuidadosos revela el contenido de la caja, no siento otro que un anillo de compromiso del cual se podía apreciar el reluciente y brillante diamante. —Kim Taeyeon, ¿te casarías conmigo? —La mujer le contempla atontada, como si no se creyese las palabras que acababa de escuchar; el castaño carraspea un tanto nervioso atrayendo su atención. —¡Sí! —Con manos temblorosas Taeyeon delinea la caja y asiente varias veces emocionada. —¡Sí! ¡Sí, acepto! —Minho le sonríe una vez más, se levanta y queda a su lado, con un fluido movimiento desliza el anillo por su dedo anular y le rodea por los hombros dejando un beso sobre su coronilla.

Poco tiempo después de aquella tranquila y maravillosa noche, Taeyeon se ve junto a la compañía de Minho de forma más seguida; las cenas en aquel restaurant se hicieron más frecuentes, incluso se veía en compañía de sus padres en casa de los Choi ciertas noches en las que Madre decía extrañar a su hijo y a su futura nuera, Minho simplemente accedía complaciente. Y sin siquiera darse cuenta un día, estaba debatiendo un contrato por una casa, Minho se mudaría de su departamento y luego de la boda, vivirían juntos lejos de sus padres. Taeyeon se sentía rebosar de alegría; si tan solo hubiese prestado mejor atención y no solo se dejase cegar bajo la cortina de felicidad, quizás así las cosas hubiesen resultado diferentes.

Su día soñado había llegado y ella no podía desear más. Todo a su alrededor parecía sacado de un perfecto cuento de hadas y todo destinado para ella. La música, los invitados, las flores y la decoración; todo era un lugar mágico de tal magnitud que minutos antes de salir y caminar hasta el altar, tiene que pellizcar sus mejillas para asegurarse que no se trataba de una ilusión.

Cada paso se sentía como sobrevolar por encima de las nubes, los invitados giran sus rostros expectantes ante la conocida melodía que anunciaba su llegada al recinto y una sonrisa imposible de esconder llega a sus labios. Minho se mantenía de espaldas, desconociendo su presencia cuando ella llevaba apenas un cuarto de camino, le ve girar despacio sobre sus talones y ella esperaba ver una sonrisa verdadera, cálida, de esas que el hombre le dedicaba en la infancia, pero lo que recibe no alcanza sus expectativas, lo que le esperaba no era más que un gesto articulado, aprendido y carente de emoción alguna; políticas sonrisas que había aprendido a utilizar dentro de la compañía. ¿Por qué?

Estando ambos lado a lado, Minho susurra a su oído lo hermosa que se veía y le ofrece un apretón reconfortante mientras entrelaza sus dedos, pero el gesto comenzaba a perder sentido para ella. Después de los votos y palabras solemnes que les unían de por vida, cierra los ojos a la expectativa de la mayor demostración de afecto, esa que le llenaría el estómago de mariposas, volvería sus piernas gelatina y le haría ver estrellas bajo sus parpados, pero una vez más la decepción se hizo presente, abriéndose paso por su columna para dejarle un vacío penetrante en el corazón.

A sus espaldas vitoreaban felicidades y buenos deseos, pero Taeyeon no puede evitar sentirse perdida y se aferra con fuerza al brazo de su ahora esposo. Sin poder quitar la sensación, se alejan de la capilla destinada a su gran día en una hermosa limosina decorada con las palabras 'Recién Casados' tras el vidrio.

Semanas de su nueva vida y en su nuevo hogar, hace todo lo posible por crear una convivencia agradable. Ambos estaban muy ocupados, ahora más que nunca luego de la ceremonia y qué decir de los compromisos sociales en los que se veían envueltos debido a su nuevo estatus de esposos. Las cenas en casa de los Choi dejaron de ser tan frecuentes pero aun así Madre demandaba la presencia de ambos, en lo que a su padre respectaba, él había regresado a los Estados Unidos poco después de la ceremonia alegando que debía atender asuntos además de darle a la pareja su espacio. Ellos aún no tenían una fecha específica para la luna de miel.

Una noche en la que Minho llegase extremadamente cansado, al punto de solo dejarle un beso en la mejilla y caer rendido en la cama; Taeyeon sabe que debe hacer algo por el castaño, algo que le animase, que le distraiga y aligere el estrés. Tomando consejo de Madre, la noche siguiente Taeyeon con ayuda de su amiga Junhee, —todo gracias a Skype— logra preparar una cena para Minho y ella. Un par de velas y un ramo de flores frescas dan un toque romántico a la estancia.

Para cuando la figura de Minho se vislumbra por el umbral de la puerta decir que estaba sorprendido era argumentar lo obvio, deja las llaves junto a su abrigo cerca de la entrada y sonríe suave a Taeyeon que caminaba en su dirección con pasos cortos al escucharle llegar; su mente se ve embriagada por el sentimiento de deja vú y su semblante se obscurece, Taeyeon es capaz de verlo con claridad.

—¿Oppa? —En un impulso Minho abraza a su esposa y a la castaña le invade un conocido sentido de seguridad, en cambio para el hombre, sus ojos parecen querer nublarse y sabe que si cruza palabra con Taeyeon su voz probablemente se quebrantaría, así que hace lo más racional que su mente logra maquinar. Huye a la habitación dispuesto a darse una ducha que le calme, Taeyeon le sigue el paso con prisa, no estaba dispuesta a darse por vencida. Entreabre la puerta de la habitación y es capaz de contemplar la figura semidesnuda de su esposo. Minho estaba sentado al filo de la cama con la cabeza gacha.

—Lo siento —habla en susurros al vacío. —Lo siento, Taemin, lo siento. —Su voz tartamudea y se resquebraja. —Sé que prometí ser feliz pero no puedo… No puedo hacerlo. —Y ahora ella también está preocupada, se dice a sí mismo y luego de despeinar su cabello finalmente se decide por esa ducha.

Derrotada y sin completo entendimiento de lo que sentía en aquel momento, Taeyeon se deja caer en el mullido sillón de la sala y da rienda suelta a la pena que sentía.

Una nueva cena en la casa de sus padres no es nada nuevo, pero cuando el timbre anuncia la llegada de un nuevo invitado, Minho no puede evitar lanzar una mirada curiosa a su madre, ¿qué estaba tramando ahora? La mujer se hace la desentendida y recibe sonriente a Jonghyun quien le dedica una reverencia educada y luego de ofrecerle una botella de vino se adentra con paso lento. Jong saluda a la pareja afectuoso, dándoles un caluroso abrazo.

Cenan con tranquilidad teniendo diversos tópicos de conversación, desde pequeños asuntos de las correspondientes compañías, unas posibles vacaciones por parte del rubio y uno que otro compromiso de la pareja. Song ah se excusa por la noche y Taeyeon le sigue por momentos dándoles a los amigos tiempo a solas.

Jonghyun hace bailar entre sus dedos el vaso de whisky que Minho le había servido, todavía tenía presente las palabras que Taeyeon le había dedicado una tarde luego de aparecerse de forma sorpresiva en su trabajo.

—No puedo soportarlo, oppa —la castaña cubre su rostro para evitar que el mayor le vea en tal estado pero es que ya no sabía qué hacer. —No puedo soportar la idea de que Minho sea tan infeliz con nuestro matrimonio. No importa lo que haga, nada parece ser suficiente.

—Taeyeon-ah, eso no es cierto —intenta darle ánimos.

—No me mientas, oppa —pero tal parece que la chica finalmente se había dado cuenta.

—¿Qué quieres que haga?

—Quiero que encuentres a Taemin —poco sabía Taeyeon que Jonghyun nunca le había perdido, fue gracias al mismo Minho que se había asegurado de que el pequeño estuviese bien, Jong se lo había tomado a pecho, toda la responsabilidad, al punto de tomar acciones como heredero del Grupo Kim y tener conocimiento de lo que sucedía dentro de la academia de artes escénicas por la que tanto se había esforzado hacer que Taemin entrase.

—Ten por seguro que lo haré.

Regresa de su ensueño al sentir el contacto frío de un vaso contra su mejilla, parpadea veces seguidas confundido y Minho le regala una sonrisa un tanto divertida.

—¿En qué estás pensando? —Le da un sorbo a la bebida. —Te he estado llamando desde hace un buen rato.

—Minho —le llama con cuidado y el castaño siente los músculos tensarse y un escalofrío escurridizo subirle por la espalda; no había ningún tipo de tono burlón en la voz de su hyung, solo una seriedad poco característica.

—¿Qué sucede?

—Tengo algo que decirte —y ante esas palabras sabe que no va a gustarle en absoluto lo que el mayor tiene para decirle, así como aquella vez en la que había pedido ayuda para convencer a sus padres de dejarle jugar fútbol como una carrera profesional y sus intentos habían fracasado rotundamente. Jong acaba su bebida de un trago y es incapaz de encontrarle la mirada.

—Solo dilo —le alienta. Suspirando sonoro, Jonghyun le evita por completo y comienza su relato.

—¿Recuerdas aquella noche en la que anunciaron tu compromiso con Taeyeon?

—Sí —por supuesto que lo recordaba, no cree poder olvidarlo tan fácil.

—¿Recuerdas que me llamaste preguntando por Taemin?

—Sí —su cerebro hacía posibles conexiones a lo que Jonghyun podía decirle sobre aquella noche, pero no quería adelantarse a los hechos.

—Te mentí —Jong estruja la tela de sus pantalones. —Yo sí sabía dónde estaba Taemin.

—¿Qué?

—Taemin estaba conmigo —despeina su cabello nervioso. —Esa noche y todas las que le siguieron hasta que le vi partir a Nueva York. Taemin siempre estuvo conmigo.

El silencio pesado que les rodea se le hace agobiante pero cree que lo prefería en comparación al doloroso golpe que llega a su mejilla con una furia que no podía culpar.

—¿Todo este tiempo? —Jonghyun asiente despejando las dudas de Minho y un nuevo puñetazo le deja viendo colores por encima de sus pestañas. —¿Dónde está? —Escupe con furia. —¿EN DÓNDE ESTÁ?

—Él está bien. Ming, él está bien —Minho suelta las solapas del costoso traje de Jonghyun y una sutil sonrisa se dibuja en sus labios como un espejismo. Todos esos meses preocupado al punto de no poder dormir, preguntándose que habrá sido del pequeño que había llegado a su vida como una ráfaga de viendo y había desaparecido cual relámpago en una noche tormentosa. Posa la frente al hombro de su amigo y después de lo que cree son años, llora dejando salir su angustia.

Taeyeon queda a mitad de camino a la estancia con ambas manos sobre sus labios para acallar los dolorosos sollozos que se acumulaban en su garganta, ella no se sentía capaz de continuar la farsa.

Ya no es capaz de distinguir las letras, sus ojos se obstaculizan a causa de las lágrimas acumuladas en su rostro, sus manos temblorosas ceden esparciendo las blancas páginas por todo el suelo de su habitación y cubre su rostro con pena en la conocida tela envuelta en su cuello. Así es como Key le encuentra a tempranas horas de la mañana, con la mirada cansada, escondido entre las sábanas y un desastre a su alrededor.

*Smootie: Es más espeso que un simple jugo, pero no contiene leche como para ser considerado una merengada. Más bien es como un batido.