Notas del capítulo:

Holisss mis lectores n_n les comento...Yo no hablo Italiano, asique todo lo que escribí en ese bellísimo idioma se lo debo al confiable traductor de Google u.u
Confiable? O.o
Bueno sí, ustedes confíen jajajaja


¿Casualidades o algo más?

Viajar es marcharse de casa, es dejar los amigos, es intentar volar…

El vuelo de Kagome había descendido en suelo europeo hacía ya varias horas, y junto a sus compañeros se dirigía, al que sería por un año completo, su nuevo colegio.
Al llegar a la inmensa institución que abarcaba casi dos manzanas juntas, la instructora prosiguió a repetirles las instrucciones, ya anteriormente detalladas en los acuerdos y condiciones del viaje.

— Como ya saben, la institución les proporcionará estadía en sus instalaciones. Por ende deben ser sumamente cuidadosos con su comportamiento, cualquier mínima infracción podría hacer que su beca sea revocaba y enviados de nuevo a su país natal.
Otra condición de su estadía aquí, es que compartan habitación con un estudiante de nacionalidad Italiana para poder relacionarse mejor con el idioma. Aunque recuerden que las clases de Italiano son obligatorias. Antes de que comience el próximo ciclo escolar, en marzo del año próximo ya deberán dominar el idioma. Tendrán lo que resta de diciembre, y todo enero y febrero, para aprender mínimamente lo básico. Claro que también contarán con la ayuda de su compañero de habitación.
La elección de compañero es totalmente aleatoria, por lo que puede que les toque una chica o un chico. Esta es una prestigiosa institución y sus estudiantes siguen ciertos estándares; no hay de qué preocuparse.

Kagome recorría con la mirada asombrada cada centímetro del campus, restándole importancia a las palabras de la elegante mujer que iba adelante de todo el grupo explicando. Tan adentrada estaba en su mundo que antes de darse cuenta había golpeado a alguien.

— ¡Prestare attenzione, idiota donna! [¡Presta atención, mujer idiota!]

— ¡Lo siento mucho! —Dijo apenada, mientras ayudaba a recoger las cosas de aquel extraño, que había caído al suelo por su culpa.

— E 'sempre la stessa storia con i nuovi arrivati. [Siempre es la misma historia con los recién llegados.] —Gritó con mala cara, mientras recogía con prisa sus cosas.

— Tampoco es para tanto, exageras. —Protestó ante el tono de descortesía en la voz del muchacho. No entendía ni una palabra, pero no podía ser algo bueno si lo decía de esa manera.

— Grazie per niente. [Gracias por nada] —El sarcasmo no pasó por alto para Kagome. Le arrebató de las manos las cosas que ella había recogido.

— ¡Qué imbécil! —Murmuró entre dientes, mientras lo veía alejarse.

— Señorita Higurashi no se quede atrás, apresúrese. —La reganó la instructora.

— Sí, lo siento. —Se incorporó nuevamente al grupo.

Luego de un largo recorrido finalmente les asignarían sus habitaciones.

— Proseguiremos a darles la llave de su habitación y sus horarios de clase, no quiero escuchar quejas. Por cierto, tendrán el resto del día libre, mañana sus clases de idioma comenzarán. Suerte a todos.

Todas las llaves llevaban una placa con la inscripción del sector y número de habitación. En el caso de Kagome "Ala Oeste, habitación 30". La azabache no demoró mucho en encontrar el cuarto. Golpeó la puerta antes de apresurarse a entrar, como no recibió respuesta utilizó su llave para poder pasar. La habitación era bastante acogedora y todo estaba sumamente acicalado y ordenado. La luz que se filtraba a través de las cortinas deba una sensación cálida en el ambiente. Podía verse todo el campus desde esa ventana. Era imposible apartar la mirada. Escuchó como a sus espaldas la puerta se abría.

— Devi essere il mio nuova compagna, è un piacere. [Usted debe ser mi nueva compañera, es un placer.] —Saludó el pelinegro, con una amplia sonrisa.

Kagome volteó apenas escuchó su voz. — ¿¡Tú!? —Dijo sorprendida. —Imposible, tiene que ser una broma. —Era el mismo sujeto con quien había tropezado un rato antes.

El chico tampoco tardó en reconocerla y disgustarse. —Non può essere! ... Di tutte le persone possibili. Perché? [¡No puede ser!... de todas las personas posibles. ¿Por qué?] —Golpeó con frustración su frente con la palma de su mano.

— Oye… sé que esto puede ser molesto ahora, pero ¿qué te parece si empezamos de nuevo? —Sugirió, anteponiéndose a la idea de que no sería bueno pelear con el que sería su compañero por todo un año.

— ¿Ehh? —Era obvio que él no podía entender casi nada de lo que la azabache decía y viceversa.

Buscó su diccionario. —Ricominciare. [Recomenzar] —Intentó pronunciar lo mejor que pudo.

Él rió ante el esfuerzo de Kagome. —Di corso. [Por supuesto]. —Sonrió, mostrando por primera vez un gesto amable.

— Mio nome è Kagome. [Mi nombre es Kagome] —Era una de las pocas cosas que sabía decir sin error. Le extendió la mano.

— Puoi chiamarmi Souta. [Puedes llamarme Souta.] —Se presentó él.

— ¿Souta? —Repitió, asegurándose de que había escuchado bien.

— Sì. [Sí] —Aseguró, y ambos se dieron un apretón de manos.

— Comenzaré a ordenar mis cosas.

La miró con cara de no entender muy bien lo que decía. —Mi scusi, ma non riesco a capire quello che dici. [Discúlpame, pero no puedo entender lo que dices.]

Comenzó a hacer señas para que su compañero la entendiera. Al cabo de un rato llegaron a un consenso. Si así sería desde el comienzo, ésta se convertiría en una desafiante aventura...

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Al teléfono...

— ¿Cómo van las cosas, mi viajera extranjera? —Dijo feliz por ella.

— Estoy muy nerviosa, Sessh. Mañana empiezan las clases y para serte sincera ya estoy temblando.

— Has estado viviendo en Italia por tres meses. ¿Qué es lo que te preocupa? ¿El idioma aún te causa problemas?

— No, claro que no. Créeme, cuando nadie logra entender lo que dices se vuelve muy fácil y rápido aprender otro idioma. Además Souta me ayudó mucho en este tiempo. Es muy buen chico.

— ¿Y a qué viene eso al caso?

— Solo decía, pudo haberme tocado alguien peor. —Bromeó.

— Riesco a sentire voi, lo sapevi? [Puedo oírte, ¿lo sabías?] —Se quejó Souta que estaba cerca de ella. Con el pasar de los días, él también había aprendido algo del idioma de Kagome.

— Silenzioso. [Silencio]. —Rió la azabache.

— ¿Qué ocurre? —Quiso saber el curioso del otro lado de la línea.

— Nada importante. —Sonrió. — ¿Cómo te preparas para tu nuevo trabajo? —Cambió de tema. —Ser un profesor de Universidad no debe ser fácil.

— Nadie dijo que lo fuera. Pero sin duda, es una oportunidad que no desaprovecharé.

— Me alegra escucharte motivado. —Sonrió triste, era doloroso no estar junto a él.

— Kagome, ya debo irme, estoy algo ocupado. Lo siento.

— Descuida lo entiendo. —Hizo una pausa. —Sessh… Ti amo. [Te amo] —Dijo en Italiano.

— Ti amo anche, Kagome. [También te amo, Kagome.] —Respondió él.

— ¿Hablas italiano? —Preguntó sorprendida.

— Ya te lo había dicho, mi familia y yo solíamos viajar allí. Algo recuerdo de ese entonces.

— Eso es genial. Mejor ya te dejo seguir con lo tuyo. Adiós amor, y cuídate. —Dicho esto colgó la llamada.

[Hablan en Italiano]

— Voy a preparar café ¿Quieres? —Preguntó Souta.

— Claro.

— Cuidado, está caliente. —Dejó una taza sobre la mesa, delante de ella.

— Gracias. Por cierto, nunca has dicho nada sobre tu familia, Souta. ¿Está mal que pregunte?

— No, claro que no. Somos una familia como cualquier otra. Mi madre se dedicó durante muchos años a la música, ahora está retirada y da clases privadas de piano.

— ¿Y tu padre? —Soplando el vapor que salía de la taza.

— Él es director.

— ¿Director de qué? —Bebiendo de a poco para no quemarse.

— De aquí… —Contestó algo tímido respecto al asunto.

— ¿¡Qué?! —Dijo escupiendo el café en la cara del muchacho.

— ¡Santo cielo, Kagome! —Gritó mientras buscaba algo con que secarse.

— ¿Entendí bien?

— Eso depende de lo que hayas entendido. ¿Cómo podría saberlo? —Expresó algo molesto.

— ¿Tu padre es el director de este colegio?

— Sí, entendiste bien. —Confirmó.

— ¿Por qué no lo mencionaste antes?

— Porque en cuanto lo hago, las personas comienzan a tratarme diferente. Como si se vieran obligadas a ser amables conmigo.

— Debe ser difícil diferenciar a tus verdaderos amigos de aquellos que se acercan por conveniencia.

— No tanto como que crees. —Volvió a sentarse. — ¿Qué hay de ti?

— Mis padres se separaron cuando yo era apenas una niña, creo que tenía unos 3 años. Mi madre trabajaba, y aún lo hace, en un Hospital General. Y mi padre… No lo sé… —Sonrió añorando el pasado. —Él nos abandonó y no volví a verlo.

— Lo siento.

— Ohh no, descuida. Eso ya es historia antigua.

— ¿Nunca quisiste saber de él?

— Muchas veces. Esa es una de las razones por las cuales estoy aquí. Según mi madre, lo último que supo de él fue que viajó a Italia, y… ¡heme aquí!

— Grandioso. ¿Qué sabes de él?

— Nada todavía. Pero no pierdo la esperanza, aún sigo buscando rastros, pistas, algo que me dé con su paradero. —Los últimos meses había revisado varias las guías telefónicas y en sitios Web esperando encontrar algo.

— ¿Tienes alguna foto?

— Sí, espera, ahora la traigo. —Fue a buscar entre sus pertenencias. —Aquí está. —Dijo entregándole una gastada fotografía, descolorida por el tiempo.

Quizás fue la impresión o la sorpresa pero no pudo prenunciar palabra luego de ver aquella fotografía. "Este hombre, imposible que me equivoque" —Pensó. Estaba completamente seguro, pero ¿Cómo?

— Era un hombre guapo, ¿o no? —Dijo con una sonrisa infantil. — ¿Me estás escuchando, Souta? —Movió su mano delante de los ojos del pelinegro que parecía hipnotizado.

— Sí, sí…e-es

— No digas nada… Te dejó sin palabras. —Rió.

— Kagome, ¿te importa si me quedo con la foto? Tal vez puede ayudarte.

— ¡Claro! Un poco de ayuda nunca viene mal. Gracias.

— No me agradezcas aún. ¿Estás segura de que quieres buscarlo? Han pasado tantos años. Nunca se sabe que hombre pueda ser ahora…

Suspiró. —Yo no espero que él me reciba con los brazos abiertos y mucho menos ser una "familia" ahora, solo quiero saber que pasó. ¿Qué fue lo que lo incentivó a marcharse así? —Triste.

— De acuerdo, entiendo. —Guardó la fotografía en un lugar seguro.

— Iré a preparar las cosas para mañana para acostarme. Será un día largo.

— Descansa.

— Igual tú. —Se despidió y se dirigió a la habitación, dejando solo al pelinegro en la pequeña cocina.

"Si lo que imagino es verdad, Kagome entonces tú… yo… nosotros, somos…" — Pensaba. ¿Cómo podría seguir viviendo en paz a partir de ahora? Había una persona con la que necesitaba hablar urgente, una persona que le debía muchas explicaciones. Una persona que conocía y que había reconocido en esa foto.

Continuará…