"El Bien y el Mal no son absolutos. Llamamos a un extremo de la escala Bondad y al otro extremo Maldad. Siendo de acuerdo con el uso de los términos, uno bueno y el otro malo. Los matices vienen dados por la posición en un punto u otro a lo largo de la escala." El Kybalion.
Peeta Mellark, vencedor de los 74º Juegos del Hambre
Distrito 12
Me frustra no haber hecho más para parar el proyecto.
Siempre tiendo a exigirme demasiado y cargar con la culpa de lo que no puedo cambiar. Si la culpa es realmente mía o no, eso es algo que no siempre logro discernir con claridad, así que a falta de esa percepción tiendo a creer que lo soy.
De hecho, es muy posible que sea así. Alguien tiene que poner un poco de cordura donde todos los demás fallan en tenerla. Alguien tiene que poner el límite. Curioso que ahora cuando más influencia debería tener por mi condición de ganador es cuando más incapaz de poner freno a este error me siento. No importa cuanta fuerza de voluntad intente reunir, se ha convertido algo escaso en mí y la que poseo suelo emplearla para poner en orden mi propia mente o la de Katniss. Es una situación complicada pues dependemos el uno del otro más que nunca. Ponernos a nosotros mismos por delante por una vez. Darme prioridad. A mí y a ella, a ella y a mí.
El público, que ha estado de bajón desde que Hadrian se fuera, se anima ahora más que nunca mientras Izzy de Star Valley es presentada. Todo el sector del Capitolio se levanta y aplaude, también en el Distrito 1 y parte del sector de los invitados más selectos. Es de lejos una de las reacciones más ruidosas, lo más cercano a lo que solían ser las de los juegos convencionales.
Izzy baja las escaleras de la plataforma donde están sentados el resto de los chicos, se detiene a saludar al público y lanzarles besos lo cual genera más reacciones. Al encontrarse con Caesar él toma su mano con delicadeza y le da un beso en la mejilla, Haymitch hace lo mismo y cuando los tres van a sentarse, Izzy tropieza con uno de los abalorios de su vestido color azul galaxia y Caesar pone cara de espanto mientras acude a asegurarse de que ella está bien.
Sin embargo, Izzy levanta la vista con una sonrisa.
—¡Aaahh, caíste! —se burla la chica. Todos ríen, también Caesar.
—¡Isamere Gates, no me des estos sustos! Por un momento olvidé que estoy ante la estrella más brillante del país. Seguro que no hay nadie en el mundo que no conozca de antemano a nuestra Izzy. Veamos una cosa antes de comenzar la entrevista.
Las gran pantalla se torna negra a la vez que una melodía de caja de música inunda el lugar mientras que en la pantalla retransmiten un anuncio de una bebita intentando sacar un tarro de papilla de frutas de un frigorífico con ayuda de sus juguetes que han cobrado vida.
El Capitolio aplaude y comienzan a cantar una canción. Las protestas provocadas por Eris se sienten ya como si no hubieran ocurrido.
Es lo que querían. Haymitch siempre me dijo que la gente es más manipulable de lo que parece y desde entonces por mi experiencia no puedo sino darle la razón muy a mi pesar. Han sido muchos años llenando esas cabezas con frivolidades y ocio como para obligarlas a pensar independientemente. Yo mismo me aproveché de eso en el pasado. Nunca me gustó hacerlo pero siempre tuve claro cuál era mi prioridad, y estaba dispuesto a ir incluso en contra de mis propios principios para mantenerla a salvo. Siempre a salvo.
En sincronía con mi tren de pensamientos, ella apoya la cabeza en mi hombro.
—¿Te das cuenta como deciden no ver más allá del espectáculo? —dice.
—Estaba pensando eso mismo —ella sonríe cuando lo digo—. Pero hay más gente en contra de la que parece. El problema es que no los han dejado venir. Ya se han asegurado de traer sólo entusiastas.
O al menos eso pensaban ellos. Alguno de esos capitolinos ya ha cambiado de opinión y se ha ido, o se ha unido a las protestas del resto del público. Izzy parece haberles hecho que se olviden de eso, ha creado en ellos una reacción con su sola presencia. Como personaje público ella tiene un arma muy poderosa. Su fama. Habría esperado que sus fans se hubieran opuesto a que ella fuera enviada a la Arena, y muchos lo están según he leído, pero otros, acostumbrados a verla en acción esperan con ansias verla ahí. Y en el público todos son de esa última clase.
—Si no me equivoco... Esa canción es el tema principal de tu última película.
—No te equivocas Caesar. Es esa misma canción.
El presentador se dirige al público.
—Como han visto en el vídeo nuestra Izzy comenzó su carrera en el mundo del espectáculo a muy temprana edad y ya entonces estaba muy en forma. ¿Qué no será capaz de hacer ahora?
—Me parece a mí que son efectos especiales, pero gracias por el cumplido —dice riendo.
Ella vuelve a saludar al público y se escuchan chillidos.
—Vamos, no seas modesta —dice Caesar—. Todo el mundo sabe que eres una de las pocas actrices que se niega a usar dobles. ¿No tienes miedo a hacerte daño mientras grabas alguna escena?
—Sí, la verdad es que sí, y creo que mi agente tiene más que yo y no hablemos de mi madre. Todo eso está muy ensayado y repasado. Si un doble puede hacerlo... ¿Por qué no yo?
—Apuesto a que ahora no te parecería mala idea el enviar a un doble a los Juegos en tu lugar —agrega Haymitch.
¿Está intentando llevar la conversación a un punto en el que ella tenga que hablar de sus circunstancias?
—Ahora que lo mencionas Haymitch, desearía no tener que ver a nadie en los Juegos. Ni a mí misma, ni a un doble ni a ninguno de nosotros. ¿No hubiera sido mejor convertir los Juegos del hambre en algo más inofensivo? No sé, un concurso de baile entre distritos, unas olimpiadas o algo así... No me parece una idea tan descabellada. Yo me presentaba voluntaria a eso.
—De hecho, nuestro nuevo ministro de comunicaciones el señor Heavensbee estaba pensando rellenar el hueco dejado por los Juegos con otra propuesta del estilo. Toda una visionaria —dice Caesar—. No te voy a preguntar si te sientes preparada para el gran evento que tendrá lugar mañana porque sé que la respuesta es sí. Con esa preparación y tanta gente apoyándote es obvio que lo estás. No obstante, hay algo por lo que siento curiosidad. ¿Te asusta el hecho de que esta vez todo va a ser real?
Ella suspira y su semblante se torna grave.
—Es cierto, el inmenso apoyo que he recibido ha contribuido a que todo sea más fácil. Sin embargo hay algo que me entristece. Me gustaría pedirles a mis fans que apoyen la vida y no la muerte. Que apoyen que yo y todos mis compañeros tributos podamos salvarnos y no sólo uno de nosotros.
Hay un silencio tras el cual algunos comienzan a abuchear al vicepresidente, a los que con el paso de los segundos se les van uniendo más y más personas. Caesar pone orden.
—Al menos me aseguré de que no se tomaran represalias contra los chicos por decir lo que piensan —le digo a Katniss.
—Eso es lo que dicen, pero luego...
—Pienso asegurarme de que Lovell cumple con su palabra.
Katniss sigue apoyada en mi hombro, la oigo tararear suavemente una canción. Ha desconectado.
—Hablemos ahora de tu carrera cinematográfica. ¿Qué nos puedes decir sobre futuros capítulos de "Sonata de primavera"?.
Y tan rápido como oyen eso, los capitolinos vuelven a dirigir toda su atención al escenario.
—Caesar, créeme que gustaría saciar tu sed de información, pero no creo que al director le haga gracia que revele detalles de su guión sin consultarlo. Lo entiendes... ¿Verdad?
El público protesta incitados por Caesar "queremos saber, queremos saber, queremos saber".
—Permíteme la pregunta —dice Haymitch—. ¿Tiene tu director un plan b para la serie?
—Hablemos sin eufemismos, no está bien temer a las palabras —le contesta Izzy—. Desconozco los planes del director en caso de que yo muera en la Arena, pero siendo totalmente honesta con mi público, lo más probable es que la serie se cancele de todos modos.
Caesar parece confundido.
—¿Y por qué habría de cancelarse?
Izzy mira a la cámara.
—Mamá, tápate los oídos. ¿Ya lo hiciste? Bien. Se va a cancelar porque me voy a retirar del mundo del espectáculo.
Ahora los capitolinos comienzan a protestar, Caesar se ve escandalizado.
El timbre se activa e Izzy se pone en pie para despedirse de los anfitriones. En el público hay gente gritando, algunos incluso lloran.
—Espera un segundo. ¡No puedes dejarnos así a todos! ¿Nos estás gastando otra de tus bromas?
—Me temo que no. Son muchas las razones y no hay tiempo de enumerarlas ahora. Tal vez más adelante lo haga. Quiero dar las gracias a todos mis fans y a los profesionales con los que he tenido el honor de trabajar. Adoro actuar y aprecio la gran oportunidad que se me presento para poder hacerme un hueco en el mundillo. Espero que todos comprendan que es la hora de seguir mi propio camino.
Tras el pequeño discurso, Caesar le hace saber que tenían una sorpresa preparada para ella. Un chico que se presenta como el presidente de su club de fans le entrega un ramo de flores. El chico está llorando a mares y es incapaz de pronunciar unas palabras. Ella acepta el ramo cortésmente y también se le escapan unas lágrimas de emoción.
—¿Te fijaste que los capitolinos...? —comienzo a decir, pero Katniss me corta.
—Parecen más afectados con el hecho de que una figura pública a la que admiran va a poner fin a su carrera voluntariamente que con el de que va a ir a una competición a muerte y podría morir. Lo cual no tiene sentido, lo sé.
—Así es.
Me gustan esos momentos en los que queda evidente que pensamos parecido.
Katniss toma el periódico sobre el que se ha estado sentando cuando Caesar comienza a presentar a Ethan. Lo ha traído porque pensó que sería una buena idea mantener la mente ocupada con los pasatiempos cuando todo se volviera demasiado para ella. En primera página hay un titular en una esquina con la foto del chico.
"La trágica historia de Ridley (Ethan) Snider. Pág. 57."
En los juegos convencionales los ocho últimos tributos son estudiados mucho más a fondo como una especie de distinción por haber llegado lejos. Aquí parece que se han adelantado, y estando él ligado al mundo del espectáculo no es sino lógico que haya levantado expectación.
Ethan lleva una corbata del mismo tipo de tela que su compañera y también como ella saluda a ambos presentadores con cordialidad y educación. El artículo cuenta su historia desde el comienzo de la invasión, pero parece ser que incluso antes de eso él no tuvo una vida sencilla. Los capitolinos no llevaban vidas perfectas, y aunque sus problemas eran muy distintos de los nuestros dista mucho de ser una sociedad ideal.
Él ha perdido a varios miembros de su familia. Y lo peor es que las ejecuciones fueron televisadas. Y que yo tuve la culpa de dos de ellas. He tratado de verlo desde otra perspectiva pero será algo que no olvide fácilmente y en lo que no pueda pensar sin sentirme al menos un poco responsable. Me gustaría saber cuál es su opinión al respecto al menos para cerciorarme de que no me guarda rencor, pero no es un tema que pueda abordar así como así. Y en un caso como este tener tacto prima sobre mi tranquilidad de conciencia.
Fue cuando aquella última entrevista televisada con mensajes para los rebeldes. Se supone que yo no debía tener esa información. El ataque que se iba a llevar a cabo el día siguiente era secreto pero aquel torturador que enviaron aquel día no sabía de la entrevista televisada y quiso martirizarme repitiendo que a Katniss le quedaban 24 horas de vida y yo no podría hacer nada para salvarla esta vez.
En cuanto esa información llegó a mi poder no me cupo la menor duda. Debía avisarles. Debía salvar a Katniss una vez más. Asumí que posiblemente ese iba a ser mi final pero ya actué en el pasado pensando que iba a morir por eso no me importó. Y Snow no iba a dejar que le tomase el pelo en su cara.
Pero uno no puede quedarse corto cuando se trata de Snow. Ejecutó a la mayoría de técnicos que se encargaban de las cámaras por no haber podido detener mi mensaje a tiempo, pero antes de eso ejecutó a un ser querido de cada uno de ellos en su presencia. Por supuesto yo tuve que presenciar todo y él no paró de repetir que mi desfachatez había provocado eso.
El padre de Ethan fue uno de los ejecutados junto con su mujer, la cual había estado maquillándome después del suicidio de Portia tras ser convertida en Avox. Si él me tiene en cuenta eso o culpa a Coriolanus es algo que desconozco y que espero quede aclarado en alguna ocasión.
—Nos volvemos a ver una vez más —dice Caesar.
—Así parece. Me alegra verte tan joven como siempre Caesar —responde el chico.
—Para los que no lo sepan, no hace ni un año que tuve a Ethan exactamente aquí delante hablándome sobre su último cortometraje el cual fue muy bien recibido por la crítica. ¿Tienes algún otro proyecto entre manos actualmente?
—Ninguno en el momento. Dejé todos mis proyectos de lado como protesta a esta edición de los Juegos del hambre. Como ya hablamos la otra vez, no fueron buenos tiempos para mí. En verdad ni para mí ni para mucha gente. Pero centrándonos en mi caso, después de hacer algún progreso en la superación de la muerte de mis padres fue cuando se dio la noticia de una última edición utilizando niños capitolinos. No me pareció justo y por eso tomé aquella decisión.
Caesar suspira.
—Otra brillante estrella nos priva de su talento. ¿Qué has estado haciendo estos últimos meses entonces?
—No demasiado. Estuve viviendo de mis ahorros y dedicándome a mis proyectos personales. Vivo solo y quedarme en casa a veces es muy doloroso. Por eso tomé una decisión. Todos los días iría a dar un paseo y buscaría algo bonito. Algo que me hiciera sonreír. Luego lo inmortalizaba y lo agregaba a mi álbum personal.
Entonces me doy cuenta de que yo y él hemos tenido casi la misma idea. Él fotografía lo que le parece digno de ser inmortalizado y yo lo pinto. Parece que ese sistema funciona para ambos.
Ethan y Caesar siguen hablando un poco más sobre el mundillo del espectáculo hasta que Haymitch cambia de tema y le pregunta sobre los Juegos.
—¿Sabes? Me alegra que me preguntes eso porque hay algo que me gustaría compartir. Si pudiéramos poner la violencia y el barbarismo a un lado de la balanza y la diplomacia y empatía a otro, claramente lo de Panem está descompensado... Yo que he vivido los Juegos tanto como espectador, como tras los bastidores y ahora como tributo puedo afirmar que el glamourizar la violencia como se ha venido haciendo sólo ha promovido el embrutecimiento de la sociedad, la frivolidad y la normalización de lo morboso. De la desgracia y la tragedia humanas ha hecho un espectáculo. Paylor vio eso claramente y por eso destruyó las Arenas, abolió los Juegos y desechó la idea de Alma Coin. ¿No les da eso ninguna pista sobre que tal vez educar sea una idea más beneficiosa a largo plazo, mucho más que la venganza?
—No es algo que yo esté en posición de contestar, como mero presentador de este programa, pero permíteme dejar mi opinión sobre tu capacidad retórica. Creo que es excepcional. Me has dejado admirado —dice Caesar, esquivando la bala una vez más.
—Gracias Caesar —responde el chico con cordialidad—. También hay otra cosa que quiero dar a conocer sobre mí.
—¡Adelante pues, el escenario es tuyo!
Ethan toma aire, cierra los ojos y se concentra. Su mandíbula está tensa al igual que sus hombros. Luego se relaja.
—Aún no estoy preparado para hablar de ello.
El público protesta.
—¡No puedes hacernos esto!
—De hecho, crear expectación en la gente es uno de mis placeres culpables. No se preocupen, prometo decirlo, sino ahora más adelante. Es algo que me hubiera gustado hacer público llegado el momento, pero visto que podría quedarme poco de vida, todo se ha precipitado.
—Oh Ethan, ten un poco más de confianza.
—No me malinterpretes, en realidad me tengo confianza. Antes en otra entrevista alguien dijo que antes de morir es mejor ver algo bello y yo concuerdo con eso. De lo único que me arrepiento es de no haber puesto más empeño en disfrutar al cien por cien de la vida —y mirando al público agrega— no cometan el mismo error que yo, ustedes que tienen más oportunidades por delante. Hagan que su vida merezca la pena.
La gente aplaude y de nuevo, muchos están llorando. Annie también llora y comenta con Katniss que recuerda al chico de cuando era aprendiz de cámara de una de las últimas visitas públicas que hizo Finnick al Capitolio.
Ethan se levanta y hace una elegante reverencia al público.
—Gracias por esta entrevista, espero que esta no sea la última vez que tenga el placer de conversar contigo. ¡Bien! Ha llegado el momento de presentar a la niña más dulce de esta edición desde el área más dulce. ¡Recibamos a Jelly Sweet!
—Jelly... —murmura Annie.
No parece que su estado de ánimo vaya a mejorar. Katniss también se ha puesto en guardia. Tiene los puños cerrados y sus nudillos blancos me dicen que no debería estar viendo a esta niña. Físicamente hasta se parece a Prim y tiene la misma que ella y Rue cuando salieron cosechadas.
—Escucha, podemos irnos si quieres. No tienes por qué quedarte a ver las entrevistas.
—No voy a poder dejar de pensar en ellas igualmente. ¿Qué más da?
—De acuerdo. Recuerda que apoyo tu decisión, sea la que sea.
Ella sólo mira a Jelly en ese vestido de volantes rosa pastel y blanco. La chica llama la atención por su gran talento para bajar las escaleras en patines. Los capitolinos vitorean su actuación e incluso Caesar y Haymitch están impresionados.
—¿Saben amigos... ? Después de presentar más de setenta ediciones, es difícil que alguien consiga dejarme boquiabierto. Pero les juro que esta entrada triunfal no la voy a olvidar en mi vida. Jamás. Además Jelly, estás muy guapa, creo que ya veo a tus admiradores derretirse ante tu encanto.
Jelly se sonroja.
—Gracias Caesar, el vestido es mi uniforme de trabajo, yo ayudé a diseñarlo. Restaurante Sweet en Candyfloss Square, no se olviden de venir.
—No te quepa ninguna duda de que me pasaré. Tal vez hasta venga con Haymitch a hacerte una visita cuando vuelvas de los Juegos. ¿Qué te parece Haymitch?
—Si tú pagas la cuenta por supuesto que voy. Nunca digo que no a una comida gratis.
—Cuidado Haymitch —dice Jelly—. Te he visto portarte mal con los otros tributos pero yo no te pienso permitir que te pases ni un pelo.
Eso hace reír al público, también a los presentadores.
—Tú ganas este asalto Jelly, pero ya te pillaré desprevenida.
—Oh no lo harás. Pero estás invitado al restaurante, diles a mis padres que vas de mi parte y puede que hasta te inviten a un aperitivo.
—Jelly, hay algo que me ha llamado la atención —dice Caesar—. Muchos de tus compañeros hasta ahora han admitido estar un poco asustados o nerviosos. ¿Qué tal estás tú? ¿No te sientes intimidada?
—¡En absoluto! ¡Yo soy una chica valiente! ¿Qué se pensaron?
Se oyen aplausos "Jelly, Jelly, Jelly..."
—¿Y sobre tu popularidad qué me dices? Las encuestas te sitúan en los primeros puestos.
—Sí, ya lo sé. Puddin me lo ha estado repitiendo como diez veces por día —dice mientras se sonroja—. Nunca pensé que podría llegar a ser favorita. Gracias por el voto y espero contar con su ayuda en la Arena. Tengo una alianza que mantener.
"Awww" suspira el público.
—Ya saben. No se olviden de patrocinar a nuestra dulce Jelly. Tal vez hasta hayas roto el corazón a más de un chico.
—Pues lo siento pero yo ya tengo novio.
El Capitolio comienza a alborotar. Me recuerda a cuando confesé mi amor por Katniss. El espectador medio siempre sintió debilidad por este tipo de cosas. Su mentora la ha asesorado bien.
—Esa información no estaba en mi directorio. ¡Cuéntanos más! ¿Cómo se llama el afortunado?
—Lisandro... Lo que pasa es que aún no es oficial. Estábamos yendo a la cosecha y él se me declaró allí, pero entonces me cosecharon y no pude darle una respuesta.
—¿Y esa respuesta iba a ser sí?
Jelly asiente, sus ojos están vidriosos y de repente se pone a llorar tan fuerte que Caesar debe abrazarla para consolarla. Los vítores del público mueren súbitamente.
—Oh Jelly... ¿Qué te pasa, linda?
—Antes dije que no tenía miedo, pero la verdad es que sí tengo. No quiero ir a la Arena.
—Vamos, anímate. ¿No ves toda esa gente apoyándote? Mira ahí arriba —señala Caesar hacia nosotros. Jelly nos mira y cuando miro hacia Katniss veo que ella ha apartado la mirada—. Me dijeron que eres fan de Peeta. ¿Sabes que él también apuesta por ti?
Jelly clava sus ojos llenos de lágrimas en mí y por un instante sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa, saludándola con la mano mientras que por dentro lo único que me gustaría hacer es sacarla de ese plató maldito y ponerla a salvo. A ella y a los demás.
—Me gustaría decirle algo a Peeta.
—Adelante, dile lo que quieras.
—Peeta... Yo sé que eres un héroe. Has salvado a Katniss en multitud de ocasiones a riesgo de tu vida. ¡No dejes que nos maten! ¡No dejes que nos lleven a la Arena! Por favor...
El efecto de sus palabras no se hace esperar. La totalidad de la zona reservada al Distrito 12 está ya desierta. Jelly vuelve con el resto de tributos y yo siento la tentación de pedir el micrófono para poder contestarle pero sé que no me lo darían.
Tengo una idea. Es mi último recurso pero debo esperar, ahora no es el momento. Habrá una buena oportunidad más adelante.
—¡Katniss! —oigo gritar a Johanna mientras Katniss se va corriendo rumbo al vestíbulo.
—Voy con ella —digo siguiéndola.
Nadie viene tras nosotros. Katniss pasa a nuestro camerino al final del pasillo. La televisión está encendida y ella trata de apagarla pero el mando a distancia no obedece, señal de que es uno de los modelos antiguos, de los que no te permiten apagarlos durante una emisión obligatoria de esas que Paylor abolió.
Al ver que eso no funciona, Katniss arroja el mando a la pared, donde se estrella con un ruido estridente. Antes de darme tiempo a actuar ya se ha encerrado en el baño y echado el cerrojo.
—Katniss... —susurro junto a la puerta.
Aunque algo me dice que no va a salir, al menos no en un rato.
Como predije, ella no contesta.
—Sólo quiero que sepas que voy a estar aquí hasta que decidas salir. ¿De acuerdo?
A eso tampoco obtengo una respuesta. Mientras espero, mi atención se centra en la televisión. La entrevista de Romulus ya ha empezado hace un rato.
Busco el mando y rebobino para verla desde el principio. Este chico es uno de los tributos de Effie. Siento curiosidad por conocer un poco más de su lugar de residencia. Suena como un lugar en el que yo podría aprender mucho. Papá lo mencionaba a menudo.
Romulus está parado en la escalera hablando con Jelly. No se oye lo que dicen pero cuando él termina de hablar, ella asiente y sigue subiendo mientras que él se va en dirección contraria rumbo al plató.
"Bienvenido Romulus. Nos han dicho que haciendo honor a tu lugar de procedencia se te da muy bien la cocina."
El chico sonríe tímidamente.
"Soy estudiante de hostelería, es cierto. Amo cocinar" dice frotando su nuca.
"Interesante. ¿Y de manejo de cuchillo cómo vas? Imagino que bien."
La expresión del chico se ensombrece.
"Así es aunque me gustaría que eso no fuera un factor clave. Nunca quise hacerle daño a nadie."
"Eso está muy bien, sin embargo creo que los espectadores no quieren ver tributos pacíficos, sino que quieren todo lo contrario. Pero estoy seguro que tú ya has pensado en eso. ¿Qué es lo que vas a hacer?" dice Haymitch.
"Lo he pensado mucho estos días, y he tomado la decisión de ser fiel a mis principios tanto como pueda."
"Eso chico, la mayoría de las veces es incompatible con la dinámica de los Juegos."
Romulus parece desanimarse unos segundos, tras los cuales su mirada determinada regresa.
"He realizado una lista de prioridades. Lo más importante para mí será mantener a mi alianza a salvo. Después mantenerme a salvo yo desde un protocolo de actuación lo más fiel posible a mis principios."
"Pero incluso si llegan lejos no podrás protegerlos siempre. Llegará un momento en el que deberás protegerte a ti mismo de ellos o a ellos de ti mismo. ¿Nunca antes viste los Juegos? ¿Puddin no te ha explicado nada?"
"En ese caso deberéis matarme. Porque prefiero morir fiel a mí mismo que vivir asesino. Y si eso afecta negativamente a mi cantidad de patrocinadores, no me importa en lo más mínimo, porque ya por fin tengo claras mis convicciones."
"Eso está bien, Romulus. Voy a darte un consejo de igual modo, las convicciones están bien hasta que te ves entre la espada y la pared de verdad. Piensa en ello."
"Lo haré, Haymitch. Gracias por el consejo."
"Qué lindo cuando una alianza tiene un vínculo tan fuerte, y qué momento tan especial cuando encontramos a un tributo con unas convicciones tan sólidas y que está dispuesto hasta a morir por ellas" dice Caesar. "Rom ¿Te puedo llamar así?, tienes mi respeto y admiración. Si mi información es correcta, tu alianza se compone de Melody, Jelly y tú. ¿Cómo fue que acabaron los tres juntos?"
"Bueno, yo hice equipo con Jelly, y Melody fue la primera persona que conocí después de..." por un instante parece que le vayan a fallar las palabras "después de la cosecha. Luego Jelly conoció a Melody así que se puede decir que surgió sola, prácticamente."
"Interesante. ¿Y ha surgido algo más entre tú y Melody? Si a mí me preguntaran diría que hacen buena pareja."
Romulus se pone rojo hasta las orejas. La cámara entonces cambia para enfocar a la chica que también se ha sonrojado.
"¡¿Q—qué?! ¡No, no, no, no, no! ¡No es eso! ¡En absoluto! ¡Por supuesto que...! ¡Melody y yo nos llevamos muy bien, eso es todo!"
"¿Seguuuuro?" canturrea Caesar antes de darle un codazo. "Te advierto que tengo buen ojo para detectar esas cosas."
Romulus se sonroja aún más y comienza a tartamudear y gesticular. ¿Soy yo o están desesperados por encontrar otra pareja? La historia de amor de Katniss y mía obsesionó a la gente del Capitolio. Muchos habitantes de aquí siguen emocionados por los Juegos, hasta he oído padres decir que hubieran estado orgullosos de ver a su hijo o hija ir a los Juegos. Hay que luchar por cambiar esa mentalidad. Ojalá Paylor despertara pronto.
Romulus comienza a hablar de su hermana, sus padres los cuales están divorciados y de cómo les afectó la guerra, entonces oigo el sonido del cerrojo del baño y mi cabeza se gira hacia la puerta casi instintivamente. Katniss aparece en el umbral con los ojos hinchados y la cara enrojecida. No me da tiempo a hacer ni decir nada, porque es ella la que corre hacia mí buscando refugio en mis brazos y me besa.
—Peeta... —susurra en mi oído— nunca vamos a tener la influencia necesaria para evitar lo malo.
—Puede que no —le respondo abrazándola lo más fuerte que puedo—. Pero debemos intentarlo de igual modo.
—Estoy cansada de intentarlo.
—Lo sé, yo también. Aún me queda una última cosa por hacer. Nadie lo sabe, ni siquiera Haymitch.
"¡Un aplauso para el cocinero de esta edición, Romulus Silverknife de Candyfloss Square!"
—Supongo que no hay edición de los Juegos en la que Peeta Mellark no intente salir por la puerta grande.
Y ante ese comentario sólo puedo sonreír.
—Hay que seguir la tradición —respondo.
Beetee Latier, vencedor de los 39º Juegos del Hambre
Distrito 3
Me avergüenza haberme involucrado tanto en el proyecto.
Y no se puede decir que no lo pensé detenidamente. Todo iba a seguir su curso. Lovell ya había tomado una decisión y tenía a Johanna Mason y Enobaria Piedmont apoyándolo al cien por cien. No tengo más ganas de batallar, no tengo más fuerzas. De hecho pensé que tras la agridulce victoria no iba a encontrar nada que le devolviera la chispa a la vida.
Fueron las promesas sobre la reanudación de la carrera espacial lo que lo hizo, y fue Plutarch quien me lo ofreció sólo si podían contar conmigo como ingeniero de la Arena, pero el dilema no fue fácil. Todos mis proyectos estuvieron en cierto modo manchados de sangre. Mi talento como ingeniero armamentista sugerido en su día por Snow tras mi victoria no me dio tregua. Mejores armas para agentes de la paz, vainas novedosas, eficaces y letales para el Capitolio y la Arena, instrumentos de tortura física y psicológica para presos, todo. A estas alturas ya debería mi conciencia haberse acostumbrado, pero no lo hace. Quizá nunca lo haga. Lo único que me consuela es saber que al menos ellos serán los últimos que mueran bajo algo que yo mismo he creado.
Al menos eso me gusta pensar, aunque nada me garantiza que no esté engañándome a mí mismo.
Por motivos de trabajo no he podido estar entre el público, estoy poniendo a punto la sala de control, dirigiendo a mi equipo de técnicos, probando las conexiones con la base de Endimión y ultimando detalles.
En uno de los sectores de la pantalla, las entrevistas siguen su curso. Romulus Silverknife acaba de irse del plató y Caesar está presentando a la chica de Emerald End, Francine Cavalia.
La atención de Nebula está centrada en el televisor, aunque la mayoría de sus procesadores están trabajando en los preparativos de la Arena, exteriormente nadie podría deducir eso.
Francine desprende un aura que en seguida me hace pensar en su mentora. Su aspecto físico etéreo y zen hace juego con su forma de ser sosegada. En la prueba lo hizo bien, está en forma y no sucumbe fácilmente a la presión. Al menos ese fue el veredicto de Nebula.
Con esas cualidades, Soul parece haberle dado un ángulo interesante y que la hace resaltar.
"Francine querida, estás absolutamente deslumbrante" dice Caesar comenzando su retahíla de elogios. "Vas a eclipsar a todos con tu maravilloso atuendo, como bien indica el nombre de tu alianza por cierto. ¿Qué tal por Emerald End? ¿Cómo va la recuperación?"
"Lenta, como siempre. Si me preguntas dudo que el lugar vuelva a ser el mismo alguna vez por muchos años que pasen."
"Sí, me cuentan que en el Distrito 12 también ha habido algunos desperfectos" dice Haymitch.
"¿Tu familia está bien?" dice Caesar ignorando el comentario de Haymitch. "Tu familia estaba relacionada con la política. ¿Verdad? ¿Cómo les han impactado los cambios en el gobierno?"
"Todo lo bien que se puede estar, gracias. Y con respecto a lo otro... No muy bien. Mi hermana es la que más suerte ha tenido, ella se sigue esforzando por mejorar el país y no hace mucho consiguió aprobar algún tipo de oposición. Se ha mudado a Capitol Hill por la que ya no la veo a menudo."
"¿Y a ti? ¿No te interesa el mundo de la política?"
"En absoluto. Lo veo como algo demasiado rígido para mí, demasiado sacrificado. Mis ambiciones no van por ahí."
"Soul me ha dicho que eres más bien una chica soñadora que suele quedarse en las nubes. Cuáles son tus planes de futuro?"
"Mis planes de futuro son no morirme en esto a lo que me están mandando. Eso es todo."
"¿Y a parte de eso no tienes ningún sueño ni meta?"
"No me gusta pensar en el futuro, para mí es algo difuminado e incierto. Uno corre riesgos cuando tiene expectativas, me gusta vivir en el presente y no darle demasiadas vueltas a las cosas. Sí que es verdad que en ocasiones he pensado sobre qué me gustaría hacer con mi vida pero no se me ocurría nada y pensé que la inspiración me vendría al terminar mis estudios... Después ocurrió lo que ocurrió y el tema se ha quedado pendiente. Tal vez ahora ni tenga oportunidad de decidirlo nunca."
El reproche levanta rumores en el público, pero las cámaras no lo enfocan demasiado. De hecho si no supiera que el Distrito 12 al completo y la mayoría del 11 se han ido, pensaría que el anfiteatro está lleno.
En cada chico he encontrado hasta ahora alguna similitud con tributos que he mentoreado a lo largo de mi vida como vencedor. Francine también me trae recuerdos. Meter indirectas en la entrevista para hacer sentir a la gente culpable por privarlos de su vida era algo que muchos hacían por recomendación de su mentor, solía ganarles unos patrocinadores. Francine no ha sido tan indirecta, pues su objetivo no es dar lástima sino conseguir poner a la gente en contra de esta última edición. Cada chico ha metido en su entrevista al menos una frase de rechazo a los Juegos. Me pregunto si ellos o sus mentores se habrán puesto de acuerdo. Es casi lo mismo que hicimos nosotros en el vasallaje, aunque a nosotros no nos funcionó. Era nuestra última oportunidad y nos aferramos a la misma hasta el último segundo. Y como yo ya había planeado, ese hermanamiento se terminó en el baño de sangre. Tuve que ver algunas personas a las que apreciaba morir en la Cornucopia porque se negaban a ver lo evidente.
"¿Que nos puedes decir de tu prueba? He visto los vídeos de la misma y son impresionantes. Serán emitidos en televisión una vez que ustedes estén en la Arena. ¿Qué te hizo escoger esa edición?"
"Nunca les presté demasiada atención a los Juegos, pero esa edición en especial siempre se me quedó grabada en la memoria. La Arena era muy bella y creativa. Ese bosque encantado, lleno de misterios... Fue interesante explorarlo en primera persona. Para cuando llegó mi turno ya mucha gente había elegido y en cuanto vi que estaba libre no me lo pensé dos veces."
"Tu puntuación fue buena. Debes estar muy en forma. ¿Practicas algún deporte?"
"No regularmente pero soy una chica activa. Eso debió notarse, espero."
"¡Y tanto que se notó! Me muero de ganas por dar detalles pero no se me está permitido."
Caesar cambia de tema hacia la alianza mientras rememoro la prueba de Francine. Superó sin problemas una prueba física bastante difícil donde tenía que escapar de un dragón y de un sector del bosque en llamas. Falló en la prueba cuarta, la cual consistía en conseguir un antídoto para curar un envenenamiento que ya venía predeterminado por la prueba, para ello debía resolver un enigma propuesto por uno de los mutos de soporte, una especie de criatura antropomórfica sobrenatural que habitaba la Arena y que podía ser tanto hostil como amigable, dependiendo de su ánimo.
"Bueno, señorita Cavalia un gusto tenerte aquí hoy. Recuerda una cosa, nunca se es peor por no tener claras tus metas o tu futuro. El tiempo en encontrar el camino de uno depende de cada persona. Buena suerte encontrando el tuyo."
"Gracias Caesar, la verdad es que a veces dices cosas realmente motivadoras. Siempre me pregunté cómo te inspiras."
"Tal vez no sea inspiración, tal vez eso que veo siempre estuvo ahí."
"Es posible, Caesar" dice la chica con una sonrisa nostálgica.
"¡Un fuerte aplauso para Francine!"
Ha sido bien asesorada, ha mostrado su rechazo a los Juegos por si eso consigue detenerlos pero no ha descartado como otros tributos el quedar en un buen lugar con la audiencia o los patrocinadores. Imagino que la de Emerson irá en la misma línea. No fue sino con el tiempo cuando comencé a apreciar la gran herramienta que representa la entrevista, por eso trabajar un ángulo es importante. La ayuda externa es crucial y ha sido eso lo que salvó a la mayoría de vencedores que consiguieron la victoria a edad temprana. Sabiendo vender un cuento.
Caesar y Emerson hablan de banalidades por un rato. El chico sabe hablar en público, es carismático.
—¿Qué te parece él? —pregunto a Nebula.
—Me confió tras su prueba que había decidido no mostrar todo su potencial pues quería una puntuación baja para pasar desapercibido. Pero según los datos recogidos sí pareció esforzarse y probar con todas sus fuerzas.
—Entiendo.
Está intentando esparcir el rumor de que es más de lo que aparenta. Bien jugado.
"...Y hablando de eso, espero que tu familia haya salido poco perjudicada por los desperfectos de la batalla."
"—Oh Caesar, ha sido demasiado duro, mi padre ha sido el más afectado, de hecho aún no ha levantado cabeza y a nosotros nos parte el corazón verlo convertido en una sombra de lo que un día fue. Supongo que mi cosecha lo habrá hundido aún más... No quiero ni pensarlo."
"Cuánto lo siento. Ahora lo que tienes que hacer es ganar y darle una alegría."
"¡Desde luego! Nada me gustaría más que salir sano y salvo de aquí. Me deja más tranquilo saber que está en buenas manos, pero aún así..."
"Es lo que tienen los Juegos para las familias de los cosechados, es un momento devastador" dice Haymitch.
"Lo sé, señor Abernathy vi su entrevista hace unos meses sobre su experiencia como mentor. Honestamente jamás me había parado a pensarlo detenidamente pero después de verla pensé... Dios mío. ¿Qué clase de bárbaro ha permitido esto durante tantos años? En serio deberían pensarlo detenidamente, sobre todo usted vicepresidente."
Emerson ha usado la frase de Haymitch a su favor y ha hablado sobre la idea de cancelar los Juegos y todo sin perder su amabilidad característica. Eso me lleva a pensar que es el mismo Ibrahim Lovell el máximo interesado en que los Juegos sigan su curso. Es su única excusa para terminar con los Snow y con varias personas que podrían causarle problemas en el futuro sin que lo acusen de genocida pues por desgracia los Juegos están aún demasiado normalizados.
La única que no está del todo contenta es Johanna, pues la persona a la que más le interesaba tener ahí fue salvada por su hermano de ir a la Arena, y en cuanto a los demás... Parece ser que Peeta se va a asegurar de que no se cometen injusticias contra nadie. Les va a costar eliminar a tributos concretos estando bajo su supervisión. ¿Qué pasaría si una de esas personas llega a ganar? Roselia o Akiva. Roenna o Cain.
"¿Y sobre los Juegos? Tú pareces el tipo de chico que esconde un as bajo su manga. No lo niegues, puedo intuirlo."
"No lo sé. Aún no sé si quiera si he superado mi cosecha. A veces pienso que aún estoy en fase de negación. Extraño demasiado mi vida, mis estudios, mis aficiones y sobre todo extraño a mi chica."
"¿Oyes al público alborotarse? Creo que quieren que desarrolles más sobre esa última parte."
"Oh cielos, esto va a hacer que me sonroje. En realidad no llevábamos mucho tiempo juntos, estábamos empezando, ya sabes... En esa fase en la que aún se pueden sentir las burbujitas ahí."
Emerson coloca la mano en a su estómago e inmediatamente enfocan el sector del público de los capitolinos donde varias chicas han comenzado a llorar.
Mencionar a un enamorado te asegura fans la mayor parte del tiempo, aunque me extraña que Soul no le haya hecho jugar la carta del chico encantador sin mencionar lo de su novia. Ambos casos atraen a la gente pero a un sector distinto de los patrocinadores.
"De acuerdo pues Emerson, te dejo ir, aún quedan unos cuantos chicos por conocer. Que la suerte esté de tu lado."
"Sin duda lo estará. Soy afortunado de no estar solo en esto. Pero no adelantamos acontecimientos, estoy seguro que ella les dará más detalles al respecto."
Y con ese críptico mensaje para darse a sí mismo un toque de misterio y despertar curiosidad, Emerson abandona el escenario y Caesar pasa a presentar la siguiente área: Sparkly Lane.
"Nuestra siguiente área fue una de las más maltratadas durante el conflicto bélico, tanto que a penas ha logrado volver a ser una sombra de lo que fue" dice con tono solemne. "Decenas de vainas explotaron en sus calles convirtiéndola en una zona ruinosa y devastada. Veamos qué nos cuentan al respecto nuestros siguientes tributos. Mair Rainder, baja aquí con nosotros."
Cuando se enciende su foco, revelando su silueta por primera vez, la chica mantiene una expresión neutra e indiferente. Su atuendo está pensado para resaltar sus atributos físicos y hacer resaltar su belleza. Parece que van a usar el ángulo de la femme fatale a la cual no le importan los halagos ni la atención del público.
"Mair querida, siento mucho lo que pasó en tu área y como ya les he dicho a tus compañeros tributos espero que los acontecimientos sucedidos fueran benévolos contigo."
"No lo fueron, Caesar. Ya de entrada te digo que no lo fueron. Fui la única persona de mi familia que sobrevivió de hecho."
"Lo lamento mucho, debes ser una chica muy fuerte como para haber afrontado la realidad así. ¿Cómo te fue la vida durante la paz?"
"Me mudé a Great Mall con mi abuela. Afortunadamente tengo amigos que me apoyan, y ella también me ha ayudado mucho, sino todo hubiera sido infinitamente más difícil para mí. Es lo único que se puede hacer en momentos difíciles como este. Seguir adelante y negarte a que la vida te aplaste."
"Una frase muy acertada. Seguro que dará ánimos a todos los habitantes de nuestro país que lo están pasando mal en este momento. ¿No opinas lo mismo, Haymitch?"
La cámara lo enfoca. Haymitch está roncando sobre su asiento. Se escuchan risas enlatadas y la entrevista sigue su curso.
"Mejor no molestarle, tiene muy mal despertar. ¿Qué me dices del plan para restaurar tu área? ¿Qué tal la viste cuando volviste de nuevo ahí para tu cosecha?"
"No vi demasiado progreso. Pero eso es algo que no me importa ya mas que para ponerme nostálgica. Mis planes antes de ser cosechada eran mudarme con mi abuela y no volver pues ya no me quedaba nada allí en mi área. Nada de nada."
Mair se cruza de brazos cubriendo el escote del vestido que le han puesto. Era una práctica de los Juegos clásicos para presentar a los tributos con un ángulo seductor. Ella sin embargo se ve incómoda y fuera de lugar. Y me pregunto por qué no está haciendo el esfuerzo. ¿Qué le pasa?
Luego conversan sobre la alianza de ella y de lo popular que se volvió en cuanto se empezó a rumorear sobre la misma. Ella siguió cerrada en banda, respondiendo con frialdad e incluso brusquedad. ¿Será de esos chicos demasiado tozudos como para seguir una estrategia propuesta por su mentor? Algo me resulta extraño en todo esto.
No es hasta que él le hace una pregunta sobre su prueba y ella no la responde sino que cambia de tema, cuando comienzo a comprender.
"Voy a mostrarles algo" murmura. Y cuando Caesar le da permiso, ella saca del interior de una de sus botas una fotografía la cual enseña a la cámara. La fotografía de un niño de aproximadamente la misma edad que Angelo. "Este es mi hijo. Su nombre es Johann."
Y de repente, toda la atención está puesta en ella. Esta vez el revuelo del público no es enlatado.
"Nunca nos dijiste que tenías un hijo, Mair. ¿Estás casada entonces? No veo ningún anillo en esa mano."
"Soy madre soltera. ¿El padre? Muy posiblemente nunca lo conozca. Podría incluso estar hoy aquí mismo, sentado en el sector del Distrito 13 viendo este programa tranquilamente, quizá incluso ya haya reconocido a aquella chica capitolina a la que él y su escuadrón violó el día de la batalla en Sparkly Lane."
Por primera vez desde que comenzaron las entrevistas, en el sector del Distrito 13 se registra movimiento e indignación. Algo muy grave acaba de ser expuesto y no se sienten cómodos.
"¡Dicen que la historia la escribe el bando vencedor, y en este caso también encaja. Todos ustedes han estado tan ocupados sacando a relucir la opresión del Capitolio hacia ustedes, que se han olvidado que el otro bando también cometió injusticias y crueldades!" la chica va elevando la voz conforme habla hasta terminar casi en grito. Después toma aire y da un trago al vaso de agua que hay sobre la mesita a su lado. "Afortunadamente, yo aún tengo a gente que se preocupa por mí pero mi compañero de área Lamyel lo ha perdido todo. ¡Ustedes le han arrebatado todo! Igual que Jon nuestro escolta. ¡ Él ha estado viviendo por meses en una casa arruinada y comiendo en la caridad! Y eso es solo tres de nosotros. ¿Qué habrá sido de todos los otros chicos que lo están pasando peor y cuya historia no se conoce ni se conocerá nunca porque no han tenido la "suerte" de salir cosechados?"
La cámara cambia bruscamente al pasillo que hay dividiendo al público. Un tributo ha saltado de su asiento y está corriendo hacia el fondo del plató. En cuanto lo notan, los Agentes de la Paz se movilizan.
"¡LAMYEL!" grita Mair. "¡Lamyel, no!"
Pronto se hace obvio cual es el objetivo del chico: el sector del Distrito 13. En cuanto llega a su altura agarra del cuello al primer hombre que encuentra y le da una bofetada.
"¡Pedazo de mierda inmunda!" dice tras escupir en su rostro.
No debería haberse oído, pero alguien desde realización debe haber activado su micrófono.
"¡Cómo se mueren por un poco de drama estos capitolinos!" comenta en voz alta una de las chicas del equipo que han traído desde el 3 para controlar el holograma. Ella es la hermana de un tributo que murió en los Juegos en el pasado. Como algunas personas aquí, también está buscando retribución.
En la pantalla se puede ver al ciudadano del 13 defendiéndose como puede del arrebato agresivo de Lamyel. Otros espectadores intervienen tratando de separarlos hasta que los Agentes de la Paz llegan hasta él y lo esposan.
"¡Soltadme!" grita, su micrófono aún encendido. "Vaya bola de hipócritas. Ahora les asusta que un tributo se vuelva agresivo. ¿Verdad? ¡Pero desde la comodidad de su salón y la seguridad de que vamos a estar muriendo a kilómetros de ustedes lo cambia todo! ¡Ahí sí que está bien! ¿No? ¡Me da igual lo que hagan conmigo! ¡Ya me lo han quitado todo, no tengo nada que temer! ¡¿Conocen la ley de causa y efecto?! ¡Pues espero que pronto recojan lo que están sembrando, espero que pronto les llegue su karma!"
Lamyel desaparece de la escena empujado por los Agentes, tras lo cual todo se calma. No le harán nada, los tributos son intocables hasta que entran a la Arena pero probablemente no haga entrevista como castigo por salirse del guión. Los tributos ya fueron advertidos sobre este tipo de comportamiento antes de empezar, aunque es comprensible la forma en que ha reaccionado Lamyel. Lo que ha contado Mair es algo terrible y mancha la reputación de aquellos que buscaban, en teoría, hacer de Panem un lugar mejor.
En la pantalla, Haymitch abre los ojos.
"¿Qué rayos es ese escándalo?" se queja. "¿Ya no se respeta ni la siesta de un pobre ebrio como yo?"
"Te lo perdiste todo, me temo" contesta Caesar. "Eso te pasa por dormirte."
"Oh bueno, la vida es dura. ¿Aún vamos por Sparkly Lane?"
"Sí, pero vamos muy mal de tiempo así que cuando la entrevista de Mair termine pasaremos directamente a Peace Road. No pongas esa cara, lo entenderás cuando veas el resumen."
"Creo que prefiero volver a mi asiento. Ya no tengo nada más que aportar" dice Mair.
"Como tú quieras, querida. Gracias por tu tiempo. Sé fuerte. Hay alguien en casa que te necesita."
Ella parece estar luchando para no romperse y al final lo consigue. Vuelve arriba junto a la silla aún vacía de su compañero y Caesar se centra en presentar a Pliam Enkerman.
La puerta se abre en ese momento y el doctor Tienver pasa a la sala de control. Es un reputado científico del Distrito 3, encargado de las mutaciones de la Arena que fue puesto en el corredor de la muerte tras revelar al bando rebelde secretos sobre la localización de las vainas fronterizas. Se salvó por unas escasas horas. Es un hombre de trato difícil y modalidad dudosa, pero en estos momentos no me siento el más indicado para hablar.
—Doctor Latier —dice dirigiéndose a mí—. ¿Has dejado ya todo listo? ¿Las lanzaderas funcionan?
—Han sido probadas hasta la saciedad. Con este nuevo método de ultra aceleración llegarán a Endimión en 488 segundos, cada cápsula de lanzamiento tiene ya un lugar asignado. De ahí ascenderán directamente a las plataformas que rodean la cornucopia.
—Oh, muy bien, muy bien. Hiciste un gran trabajo reduciendo el tiempo de trayecto. ¿Sabes que él primer viaje a Endimión duró nueve días?
—Con los avances de ahora podría haberlo reducido aún más, pero no me daría tiempo a desarrollar los nuevos motores.
Él asiente en señal de aprobación y su atención se centra en las cámaras de la Arena. Más concretamente en una donde hay un laboratorio de experimentos biológicos en cuya pared hay enormes tubos cilíndricos llenos de suero. Todos están vacíos excepto uno en el que hay una criatura de apariencia humana flotando en el interior del líquido en posición fetal. Su cabello es largo y blanco y lleva puestas una camiseta de lycra sin mangas de cuello alto y unas mallas por encima de la rodilla, ambas prendas blancas. El doctor Tienver sonríe mientras la observa.
—¿Me llamarías loco si te dijera que la quiero como a una hija?
Yo me volteo hacia Nebula, que parece absorta en la tarea que le mandé de grabar la transmisión de las entrevistas y analizarlas, pero cuyo procesador también le alcanza para tomar nota de todas las conversaciones que están teniendo lugar en la sala. Sí, a veces uno no puede evitar sentirse orgulloso de sus logros.
—Diría que es lógico ya que la has creado tú.
Él luce satisfecho con la respuesta y tras observar un poco más a su mutación estrella, vuelve al mundo real.
—Mañana, doctor Latier. Mañana serán todos vengados, mis subordinados y amigos, Wiress y los demás. Ya falta poco.
—Efectivamente —respondo incómodo.
E interiormente me pregunto en qué punto de la puja por el mando se acaban las venganzas y comienza el perdón. El borrón y cuenta nueva.
¿Somos acaso todos aún demasiado bárbaros para eso?
Johanna Mason, vencedora de los 71º Juegos del Hambre
Distrito 7
Me enorgullece haber sido una pieza clave en el proyecto.
Siento que cuando me hablan de perdón y olvido me están faltando al respeto. Es muy fácil hablar con desconocimiento.
Me gustaría sentirme más apoyada por mis compañeros vencedores, al menos por los más maltratados por el bastardo hijo de mil padres del ex presidente -hasta asco me da el pensar en pronunciar su nombre-, Enobaria es la única que me apoya al cien por cien y ella es de los que quedamos vivos la que mejor parte se llevó. Su apoyo esconde parte de sadismo pero no le voy a echar eso en cara. También Haymitch me está apoyando aunque en menor medida y sólo porque le dije que esto para mí era importante. Necesito que lo sientan en su piel aunque sea una sola vez para seguir viviendo mi vida en paz. Ya me gustaría ser como Annie y su capacidad para aislarse en su mundo y que la realidad la repela como lluvia sobre las plumas del cisne. O como Peeta, que aún siendo el más abusado tiene aún fuerza para ir en mi contra. Aún tengo mis dudas de que no sea más que una reminiscencia de su secuestro el defender al Capitolio con el ímpetu con el que lo hace.
Ahora mismo por ejemplo está pendiente de lo que está pasando con Lamyel ahí adentro. No quiero molestarme con venganzas tal y como ellos hacían. Todos ellos van a morir y el que viva va a tener ya bastante castigo con haber sobrevivido. Y eso incluye a Lamyel a pesar de su numerito de antes.
—La familia Enkerman tiene un largo historial de magistrados a sus espaldas, y nuestra joven tributo por Peace Road ha seguido con la tradición estudiando derecho. ¡Recibamos a Pliam Enkerman!
Con su vestido rosa palo, la chica baja las escaleras con brío, acepta los saludos de los presentadores y toma asiento con las piernas cruzadas.
—Vaya... Toda una dama —murmuro haciendo que Enobaria suelte una carcajada.
—¿Es esto si quiera legal? —dice antes de que alguien le pueda preguntar nada.
—Y empieza fuerte. Una dama de armas tomar.
—¿Qué quieres decir, Pliam?
—Llámeme señorita Enkerman. Por favor.
—Señorita Enkerman será.
—Y lo que quiero decir es que los Juegos del Hambre estaban exceptuados en la segunda reforma de las excepciones de la ley de homicidio del código penal que fue derogada por la presidenta Paylor así que estos juegos tienen bastante pinta de ser ilegales.
—Interesante —dice Caesar, ligeramente ausente. ¿Se habrá quedado sin palabras?
Pienso en pedirle a Haymitch que intervenga cuento antes pero es el propio vicepresidente quien se adelanta ante el revuelo del público.
—Con respecto a eso, previo al anuncio de los Juegos se aprobó un decreto ley que da ciertas libertades de acción al gobierno una vez instaurado el estado de excepción. Recordemos los atentados que llevaron a cabo el Cetrero y sus seguidores que nos llevó a ello y aún no hemos salido del mismo. Eso es todo.
La chica palidece.
—Lovell ahí ha estado hábil —comenta Enobaria.
—Por supuesto —espeta Pliam—. Un decretazo. ¡Cómo sino!
—Haymitch, presiónala —susurro al micrófono.
—Parece indignada por la injusticia que se comete contra los suyos, señorita Enkerman. ¿Puedo preguntar dónde estaba el poder judicial cuando en los distritos se sucedía un atropello tras otro durante setenta y cinco años? Dicen que la justicia es ciega, tal vez no pudo encontrar los distritos.
—En eso pensamos igual. Y créame cuando le digo que hubiera hecho todo cuanto estuviera en mi mano de haber podido. ¿Sabe que mi madre era entrenadora de Avoxes? Le sorprendería ver la cantidad de capitolinos que había entre ellos y muchos de ellos por minucias, nada de crímenes graves. ¿Cómo entonces podríamos acudir a socorrer a otros si ni podíamos socorrernos a nosotros?
—¡Ya basta! Estamos en la recta final, no arruinemos el momento con temas tan serios. Señorita Enkerman. ¿Qué le parecen sus 289 puntos de la prueba? ¿Está satisfecha?
—Creo que podría haberlo hecho mejor pero tuve unos cuantos descuidos. Escogí una Arena natural porque creo que son las que mejor te preparan en un ratio supervivencia/habilidades. Aunque el terreno era demasiado agreste. Afortunadamente estoy tranquila en ese aspecto.
—¿Por qué?
—Bueno, estoy en mi equipo con dos talentosos muchachos. Habíamos planeado hacer todo lo posible por detener los Juegos, pero no parece que esté funcionando. Siendo así, sólo me queda añadir que si tengo que entrar a la Arena con Cain y Andri eso me hace sentirme protegida. Me hace sentir más cerca de casa otra vez, más cerca de mi madre.
Cain. En seguida voy contigo, no te preocupes.
—¿Estás preocupada por ella, Pliam? ¿Crees que te extraña?
—No me gusta la idea de dejarla sola. Mi hermano se mudó y mi padre murió. Es una de las cosas que me impulsan, la idea de volver junto a ella.
—Todos los tributos queríamos volver con nuestra familia, no eres el copo de nieve especial —mascullo. Cualquier simple comentario de los tributos ha estado poniéndome de mal humor. Es una suerte para ellos que no me encargase yo de las entrevistas—. Al menos tú no vas a volver a casa tras coronarte vencedora y encontrártela en llamas.
Mientras ellos siguen hablando sobre la importancia de la familia yo observo impaciente la silueta oscurecida del siguiente tributo. Por una parte le temo al momento en el que tenga que recordar todo lo que Snow y sus enviados me hicieron pasar, pero son escenas que ya me atormentan demasiado en mis pesadillas como para que eso me importe. Lo que me enfurece es haber fracasado en hacerle pagar a Abel todo lo que nos hizo. ¿Quién te mandaba a ti meterte en medio, Cain? Esto era algo entre tu hermano y yo.
Pliam está mucho más calmada tras su arrebato inicial aunque sigue guardando la formalidad con la que empezó. Todos han intentado hacer que les dejemos ir, pero después han escondido la mano tras tirar la piedra, tratando de ganarse a la vez el favor del público. Pocos de ellos han tenido el valor de arriesgarse a quedar mal diciendo lo que piensan sin tratar de solucionarlo luego.
—Y ahora, otro chico que imagino estuvieron esperando desde el principio —dice Caesar cuando Pliam se va—. Cadete del Ejército libre de Panem, hijo de militares y uno de nuestros dos valientes voluntarios. ¡Cain Delfos-Siresnow!
Ahí está. Por fin voy a obtener respuestas. Enobaria me mira de reojo, Peeta también. Ambos saben que esperaba este momento.
Del público se oyen gritos femeninos histéricos. La gente lo llama "nuestro propio profesional" y se ha hecho muy popular entre las chicas. Hay hasta quien lo cataloga como el nuevo Finnick, por su gran belleza física y su preparación. Cain se ve obligado a saludar al público tras todo el alboroto que están armando al verlo bajar.
—Espero que no tengas novia o debe estar muerta de celos en este momento —dice Caesar mientras le estrecha la mano.
—No tengo —responde el chico lo cual origina más gritos histéricos.
—Eso son buenas noticias para algunas de nuestras asistentes según veo. ¿Cómo un chico como tú puede estar soltero? Explícamelo porque yo no lo entiendo.
—Símplemente no ha surgido la ocasión pero es mejor así. Si tuviera novia estaría sufriendo mucho ahora mismo viéndome aquí, y yo tendría una preocupación más sumada a las muchas que ya tengo.
—Pero tú fuiste voluntario —dice Haymitch—. ¿No sería más acertado decir que tú te echaste encima esas preocupaciones?
—Absolutamente no. Me presenté voluntario porque era mi deber hacerlo. Como soldado del ejército mi deber es proteger a mi patria, y si aquel a quien debo proteger es alguien de mi propia familia, entonces dicha afirmación se acentúa. Desde el momento que su nombre fue pronunciado sólo hubo una alternativa para mí, y eso fue lo que hice.
—Lo cierto es que en cuanto te vi pronunciar aquellas palabras en el escenario, se me encogió el corazón. Pensé, "qué bonito es el vínculo entre hermanos". Abel es tu hermano mayor. ¿Verdad?
—Así es. Nos llevamos casi un año de diferencia.
—Es curioso, porque en el pasado... —mira hacia Katniss y guiña un ojo— he tenido algunos tributos voluntarios protegiendo a hermanos menores, pero nunca antes un hermano menor se presentaba por uno mayor. ¡Siempre hay una primera vez para todo!
Cain sonríe levemente.
—¿De qué mierda te ríes, Cain? —digo en voz baja—. Con ese sentido del deber exagerado y esa firmeza, defendiendo a tamaña escoria como el desgraciado de tu hermano solo porque es familiar tuyo. Una persona que se enorgullece de ser justo no tiene eso en cuenta.
Enobaria ahoga una risa.
—De haber venido él mi hermano no hubiera tenido ninguna oportunidad de salir vivo. Yo sin embargo sí que la tengo. Mi madre no está lista para perder a un hijo, ha enviudado hace poco.
—Entonces Cain... -dice Haymitch frotándose la barbilla— dices que tu deber es proteger a tu patria. ¿Cómo vas a defenderlos de ti mismo? Mira a los chicos ahí sentados, Cain. Mira a Myle y a Jelly y diles que vas a ser su enemigo a partir de mañana. ¿Qué planeas hacer para protegerlos de ti?
—Créeme que lo estamos intentando. Por si no te has dado cuenta, todos nosotros hemos tratado de convencerles de detener los Juegos y yo me uno a esa protesta. Esta es mi mejor manera de protegerlos: ayudando a evitarlos. Pero no se equivoquen. No seré yo su amenaza sino ustedes que nos pusieron aquí en primer lugar.
—¿Recuerdas lo de agarrarse de las manos de la última edición? —insiste Haymitch—. ¿Recuerdas cuánto tardaron los de las manitos en matarse cuando sonó el gong?
—Fueron ustedes los que no captaron el mensaje.
—Dejando eso a un lado —dice Caesar—, toda esta gente se muere por saber cosas de ustedes. Hay unos rumores circulando sobre Abel. ¿Qué nos puedes decir al respecto?
—Es mentira. Simple y llanamente. Nadie conoce a Abel mejor que yo y pongo la mano en el fuego por él. Mi hermano es alguien sosegado y emocional, nunca fue un luchador pero eso no significa que fuera mala persona. Jamás habría colaborado con el Cetrero. ¡Hay una trama para inculparlo! Diganme... ¿Él está bien? Me llegan noticias de fuera pero no tantas como me gustaría.
—Abel está bien y mañana está incluído en la lista de las despedidas. Supongo que tendrán mucho que decirse. Cómo me gustaría presenciar ese hermoso momento.
Al oír que se encuentra bien, Cain se relaja. Antes de que tenga oportunidad de decirle algo a Haymitch, él habla de nuevo.
—Pero según sé, colaborar con el Cetrero no es lo único que se rumorea. Hay algo más.
Cain ya sabe lo que es. Ni bien Haymitch ha terminado de hablar, nuestros ojos se encuentran.
—Abel no es un sádico. Johanna, te equivocas.
La sangre me hierve en las venas al recordar aquellos días.
"Hola Johanna"
Su sonrisa de psicópata, sus ojos crueles y penetrantes.
"¿Sabes que guardar secretos está muy feo? Quizá esto te haga cambiar de opinión."
No podría ser ningún otro.
"¿Me escupes, perra montañesa? Parece que tendremos que enseñarte modales."
Lo hubiera reconocido entre millones.
"Cualquiera diría que esto te gusta. ¿Hasta cuándo vas a callar?"
El zap, zap, zap, del taser en su mano acercándose a mí. Abel era quien lo sujetaba.
—¡Tu hermano lo pagará! —grito—. Quizá no ahora, porque de eso ya te has encargado tú, pero lo hará.
Todos a mi alrededor me miran.
—Sabes que no te puede oír sin un micrófono. ¿Verdad? —dice Enobaria.
—Lo pagará... —mascullo.
Aprieto los puños hasta que me hago daño en la mano con mi propia uña. ¿Es posible que este chico se mantenga ignorante sobre las canalladas de su hermano? ¿Es posible que no vea ni reconozca tal comportamiento en él?
Le pido el micrófono al vicepresidente y lo agarro firmemente, temblando de la rabia.
—Has tirado tu vida a la basura —digo, juntando toda mi fuerza de voluntad para no gritar.
Él sacude la cabeza.
—No tengo nada más que decirte. Quien insulta a mi familia, me insulta a mí.
No escucho el resto nada mas que para enterarme de que Cain superó todas las pruebas, y los gritos de las féminas del público cuando él se levanta de fondo, mientras me sumo en mis propios pensamientos. Necesitaba traerlo. Era Abel quien debería estar ahí sentado, cagándose encima del miedo por lo que se le iba a venir. Por lo que Enobaria y yo teníamos preparado para él.
Lo necesitaba para pasar página y seguir con mi vida.
—Y ahora, mis estimados espectadores y telespectadores... Ya casi llegó el momento de la triste despedida. El ciclo que comenzó con Capitol Hill se cierra ahora con la última de nuestras áreas. En la periferia del Capitolio se encuentra la más extensa y rural de todas, por supuesto nos referimos a Serenity Ville. ¡Veamos qué nos tienen que decir sus dos representantes! ¡Llamo al escenario a Atala Narum!
El penúltimo de los asientos se ilumina. Con su vestido de cola lavanda palabra de honor, la chica acude a la llamada de Caesar.
—Tal vez ya lo hayan notado, pero Atala aquí presente comparte nombre con nuestra entrenadora jefa. Eso se debe a que ella es, de hecho, su hija —es algo que a estas alturas se sabe de sobra, pero a lo que los capitolinos y los distritos profesionales aplauden entusiasmados —. Atala jr, no me cabe duda de que si se tratara de tu madre estando en tu lugar, pasado mañana la tendría aquí de nuevo ante mí. ¿Crees que podemos esperar lo mismo de ti?
—Umm bueno, es cierto que ser su hija me daría ciertas ventajas en una competición como los Juegos del Hambre. Pero mi madre es alguien excepcional, no creo que pudiera terminarlos en dos días.
—¿Tal vez en cinco?
El público se parte de risa.
—Si. Cinco suena como más razonable.
—Me alegra ver por fin un tributo con espíritu competitivo, ya que la mayoría de tus compañeros parecían oponerse con fiereza a ir a la Arena —dice Haymitch—. ¿Crees que esto se podría deber a tu vínculo familiar con alguien relacionado con los Juegos?
—Veamos, vayamos por partes. Punto uno: Yo no he dicho que esté entusiasmada por entrar a la Arena ni nada de eso, de hecho me sumo a mis compañeros para decir que quiero que todos nos salvemos. Punto dos: Si ya les han dado otros chicos razones muy buenas y no les han hecho caso no creo que a estas alturas a mí me lo hagan. Punto tres: Así que lo único que me queda es... asimilar que voy a acabar ahí y punto.
—Tranquila, creo que ya nos ha quedado a todos clara tu postura —dice Haymitch levantando las manos frente a él, como fingiendo que se protege de un ataque.
—Y otra cosa más, lo de las fotografías ha sido algo de muy mal gusto. Toda la respuesta que obtuve a por qué estaban ahí fue como homenaje a los chicos fallecidos en los Juegos. ¿Pero era necesario ponerlas en todas partes? ¡Las encontré en el dormitorio, en el salón y hasta en mi desayuno!
—¿En tu desayuno?
—Así es —Atala saca un puñado de fotografías de su bolsillo—, estaban en la bandeja de mi desayuno junto a un mensaje de Johanna Mason escrito a mano. Me dio la impresión de que el punto de hacerlo era hacerme sentir mal y no está bien. Nosotros no tuvimos nada que ver con los Juegos del pasado, es ridículo tratar de hacernos sentir culpables.
Peeta me fulmina con la mirada otra vez. Apuesto a que piensa que se me está yendo de las manos con tanto rencor, y quizá tenga razón. Es un sentimiento que me está costando dominar.
—¿Qué te hizo querer conservarlas?
—Básicamente el hecho de que no quería acabar como ellos. No quiero ser un tributo caído más y pensé que mirarlas me recordaría que debo ser fuerte. Supongo que no me dejarán llevarlas a la Arena pues yo ya tengo un amuleto, pero las conservaré cuanto pueda.
—Es un bonito homenaje de tu parte, Atala.
Recuerdo ese día, mandé varias fotos junto al desayuno a todos los que decidieron comer en la habitación para no ver el muro que colocaron en los salones. Todas las que escogí para enviar tenían una razón. La de Blight por ser mi mentor, la de Axel por ser nuestro vencedor vivo más antiguo y uno de mis grandes apoyos, también las de los chicos que fueron cosechados el año de mi primera cosecha y los primeros a los que hice de mentora y de los cuales ninguno volvió. En el fondo yo también me rehuso a que sean olvidados.
—Otra cosa que ha llamado la atención es tu puntuación. Había esperado algo sobresaliente viniendo de ti. ¿Qué pasó ahí, Atala?
—Oh, eso tiene una sencilla explicación, verán la prueba era tan aburrida que decidí irme a aprovechar mi tiempo en algo más gratificante.
Se oyen risas.
—Por suerte no la necesitas. ¿Sabes cuantos patrocinadores deben estar llamando ahora para brindarte su apoyo?
—Muchos, espero.
—Y no solo eso, mucha gente ha querido ir a despedirte mañana, pero no hubo espacio para todos, así que Faris ha tenido que rechazar a la mayoría, dando prioridad a tu familia, amigos de la escuela y pretendientes.
Atala enarca una ceja.
—¿Pretendientes? ¿Cómo que pretendientes?
—¿Te suena de algo el apellido Gonea?
En cuanto escucha esa palabra, su expresión se transforma. Su sonrisa se desvanece como por encanto.
—No quiero verlos, que los borren de la lista.
—¿Y eso?
—No quiero verlos y punto. Cabe la posibilidad de que no vuelva a ver a mis seres queridos, no quiero que su presencia manche mi experiencia.
—Me refiero a qué es lo que te hicieron para que les tengas tan poca estima. Ciertamente hablo en nombre de todos los presentes cuando digo que me muero por saberlo.
—Podría decirlo, pero soy una chica con valores cosa de la cual ellos carecen. No quiero abochornarlos, aunque se lo merezcan.
—Me encanta cuando hablas en caliente. Yo por mi parte te aconsejo que lo digas, en este mismo momento los periodistas se deben estar lanzando sobre ellos y necesitaríamos tu versión de la historia.
—¿Qué tal si ustedes me dan una pista sobre la Arena y yo lo cuento todo con pelos y señales?
—Buen intento, pero yo tampoco se nada de nada sobre mañana, y no te miento. Solo las personas ahí arriba sentadas lo saben.
—Entonces solo diré que fueron unos ingratos, interesados y que nos dejaron tirados cuando más lo necesitábamos. Que no se les ocurra aparecer mañana porque no pienso recibirlos.
—¡Ha quedado claro! Bueno Atala, te dejo ir. Me muero por verte en acción.
Y el público la despide con un gran aplauso. Recordaba a su madre de mis dos veces entrenando los días previos a los Juegos y cuando me enteré de quién era ella pensé que era su karma. Después de ver todas las entrevistas he sentido algo de culpabilidad en ocasiones, pero me niego a que mis debilidades me afecten. Nadie luchó por nosotros y ellos no tendrán esa suerte, así es como debe ser. Y si Peeta se está involucrando demasiado a favor de los chicos es porque yo se lo permito, sólo necesito dar la orden y él no podrá ni acercarse a la sala de control.
—Y ahora, la última entrevista de todas antes de despedir para siempre esta etapa de los Juegos. Conozcamos a Andri Ferran, el representante masculino de Serenity Ville.
Unos cuantos chicos capitolinos se ponen en pie y comienzan a agitar una sábana en la que han escrito varias cosas. Andri alza el puño al aire y grita algo que no se escucha porque su micrófono debe estar aún desconectado.
—¡Vaya un recibimiento! —se admira Caesar—. Tal y como merece el último de nuestros tributos. ¿Les conoces, Andri?
—Sí, son amigos míos, el de las mechas azules es Viktor y los de al lado Dave y Bils.
Los chicos siguen gritando y Andri se ríe a carcajadas.
—Cabrones, no me hagan reír sino no me van a poder entrevistar. ¿Les llegaron las fotos que les mandé?
—De eso te quería hablar. Según me dijeron te descubrieron un dispositivo prohibido el primer día de entrenamiento que espero no te trajera consecuencias.
—A los que nos cachearon tras la cosecha se les olvidó sacarme el cel, así que decidí usarlo para divertirme un poco antes de que se dieran cuenta y me lo quitaran. No hubo consecuencias gracias a Faris que me sacó del apuro. ¡Gracias por eso!
El chico le envía un beso y todos ríen.
—¿Qué tipo de cosas les enviaste?
—Tan solo un par de selfies y esto y aquello... Tonterías —dice rascándose la nuca.
—Se te ve con bastantes ánimos para ser tu último día de seguridad. ¿No? —dice Haymitch.
—Prefiero mantenerme positivo. Sea cual sea mi estado de ánimo todo va a seguir su curso. Siendo así, entonces no vale la pena preocuparse. Los nervios jugarán en mi contra.
—¿Crees que la presión de los Juegos va a afectar a tu forma de ser?
—Espero que no, aunque ya me ha afectado en cierto modo. Solía ser un niñato y estoy cambiando, Faris me ha sometido a un curso intensivo de madurez, a parte estoy en la alianza de un fuera de serie como Cain, tengo que esforzarme, sino me va a quitar todas las chicas.
—¿Tú también eres un soltero de oro?
—De hecho tengo varias, pero nada serio. Últimamente estuve barajando la posibilidad de ir más en serio con alguna. Aunque algo me dice que todavía no encontré a la mía. En realidad soy más romántico de lo que parezco.
—Y lo que yo creo —dice Caesar—, es que esa cara de pillín te ha sacado de más de un apuro amoroso.
—Es posible —contesta con orgullo.
—Por cierto, tus padres han interrumpido su viaje y han venido al Capitolio para verte mañana.
—¡Bien! Hacía más de un mes que no los veía.
—¿Quieres decir que has estado viviendo solo todo este tiempo? ¿A tu edad?
—Antes tenía niñeras, pero ahora puedo estar por mí mismo, mis padres confían en mí y la mayoría de las noches o bien me quedo en casa de un amigo o ellos vienen a la mía.
—¿Y para cocinar?
—Suelo pedir todo a domicilio o comer fuera cuando no me invitan a alguna barbacoa. Pero también sé cocinar. ¿Eh? Deberías probar mi pasta a la boloñesa.
—Espero probarla algún día. Cuando vuelvas a casa deberás invitarme a una de esas barbacoas de las que hablas. Y Andri... ¿No extrañas a tus padres? Pasar tanto tiempo separado de ellos suena duro.
—Puede que sea porque es el único estilo de vida que he conocido, pero no. Además hablamos casi a diario. Los tengo a tiro de aplicación de chat.
—¿Y no te dicen nada por estar siempre de fiesta?
Andri comienza a reír.
—¿Lo dices en serio? ¡Ellos son peores aún! Una vez volvieron de viaje en mitad de una de nuestras fiestas y me los encontré al día siguiente tirados en el baño con la luz encendida y los grifos abiertos.
Caesar ríe y él y Haymitch bromean sobre eso.
—Eso no es nada, un año tras perder a todos mis tributos en el baño de sangre quedé con Chaff para tomarnos algo juntos y lo siguiente que recuerdo es estar ambos inconscientes en un establo del Distrito 10 lleno de llamas junto a una limusina accidentada y habían pasado tres días.
—Creo que ese será mi próximo objetivo en la vida —dice Andri impresionado.
No sé cual de los tres es más payaso.
—Pero antes tienes que ganar.
—Por supuesto.
—Bien Andri, muchas gracias por la entrevista más divertida que he hecho en mucho tiempo. Eres el último candidato a la corona al que entrevistaré y eso me está poniendo un poco nostálgico.
—Vaya... estoy haciendo historia —dice Andri en un tono de voz repentinamente lúgubre.
—Así parece. Venga campeón, nos vemos aquí otra vez muy pronto.
—Ojalá no te equivoques.
Y con eso, los tres se chocan los cinco por turnos y Andri vuelve a su puesto.
—Bien, bien, bien amigos. Esto se acabó. Pero antes de irnos alguien va a decir unas motivadoras palabras. ¿Se imaginan quién? Nada más y nada menos que nuestra pareja favorita de amantes trágicos. ¡Katniss Everdeen y Peeta Mellark!
Cuando la cámara se enfoca en ellos, ambos se ponen en pie. Katniss lleva un papel en la mano, probablemente con algo que le ha escrito Effie Trinket, su antigua escolta. Parece ser que solía hacer eso durante su gira de la victoria para que no tuviera ninguna salida de tiesto.
—Buenas noches —comienza diciendo echando un fugaz vistazo al papel. Nunca se le dieron bien estas cosas—. Ya ha llovido bastante desde que estuve aquí en el puesto de ustedes, sé que es algo inmensamente terrorífico y... pero... —hace una pausa. No me digas que te vas a poner a llorar ahora. ¡Venga ya!— Lo siento. Lo lamento profundamente. Eso será todo.
Peeta la agarra de la mano, le susurra algo al oído a lo que ella asiente y toma el micrófono.
De repente algo me huele mal.
—Buenas noches. De parte de ambos me gustaría disculparme por no haber podido salvarles. Tanto Katniss como yo hemos peleado duro para verles volver a casa a todos sanos y salvos pero hemos fracasado en nuestro intento.
—Oye Peeta, eso no es lo que se supone que debes decir —digo.
—Como intento de disculpa y compensación les ofrezco algo, les concedo a cada uno de ustedes un deseo...
—¡Peeta! ¿Me oíste?
—...cuando estén en la Arena pídanme algo que necesiten, lo que sea y se lo enviaré. Cualquier cosa que esté disponible en la tienda de patrocinadores. No importa qué día sea o si es medicina, comida, objeto o arma. No se lo pidan a su mentor...
—¡PEETA YA BASTA!
—...pídanmelo a mí. Es muy duro estar solo en un momento así. Solo recuerden algo...
—¡Dame el jodido micrófono! —grito incorporándome y tratando de arrebatárselo, pero Enobaria me detiene.
—...no están solos. Yo estoy con ustedes...
—¿Quieres salir en televisión forcejeando con Peeta para que no hable? Eso te hará quedar peor aún que si te estás quieta —dice Enobaria.
—...y desde aquí seguiré luchando por salvarlos. Cada minuto a partir de ahora.
Esta vez soy yo la que se va. Estoy tan furiosa que no voy a poder ni esperar al final. Cuando paso a mi estancia, la televisión está encendida, Peeta ya ha terminado su discurso y cuando enfocan por última vez a los chicos justo a la vez que comienza a sonar el himno de Panem, Roselia alza el brazo con tres dedos extendidos en dirección a Peeta. Jelly y Eryx la imitan, luego se une Cain, Romulus e Izzy y luego, poco a poco el resto se va sumando. Perfecto. Jodidamente épico.
—Te creía más inteligente —dice Enobaria a mis espaldas. Está apoyada en el marco de la puerta con los brazos cruzados—. Hazme caso, has hecho bien dejándolo hablar, si te ven desesperada se te van a lanzar al cuello. Yo ya llevo el suficiente tiempo en esto como para saber algunas cosas. Además, ese genio tuyo te juega en contra; te hace actuar antes de pensar.
—Me han dejado sin mi venganza a Abel, la nieta de ese bastardo ha quedado de maravilla a ojos de todos y Peeta aprovecha para ganarse el apoyo popular y mover a la gente en contra de los Juegos. No esperes que me quede tranquila.
—Nada que no sea salvable. Tendremos que cumplir lo que Peeta ha dicho, pero poco más podrá hacer. Roselia puede que haya quedado bien pero se va a la Arena y nosotras estamos en la sala de control no lo olvides, y sobre Abel... no lo des todo por perdido.
—¿Y cómo? No es un tributo, es intocable y si le hacemos algo nos van a meter en líos. Nosotras no somos Katniss Everdeen.
—Nadie es intocable, y terribles accidentes ocurren cuando menos te lo esperas. Pero sino siempre puedes alegar enajenación mental. A ella le funciona.
—Cuéntame mas —digo interesada.
Si de verdad lo que tiene en mente es factible será una de las mejores noticias que me han dado últimamente. Ya hasta puedo sentir el alivio que devolverle a alguien lo que te dio te reporta.
Es agradable.
Una Luna casi llena brillaba en el firmamento junto a un Endimión en su cuarto menguante. Lamyel no tenía sueño, en su lugar contemplaba el cielo. Estaba muy orgulloso de lo que había hecho aquel día. Lo había hecho sin pensar pero no se arrepentía, esos desgraciados lo habían merecido. Era el instante en el que más paz consigo mismo sentía desde que fue cosechado. Sólo le molestaba no haber podido llevar su mensaje a Panem pero ya Mair había dicho algo muy parecido a lo que él pensaba.
Lamyel sostuvo entre sus manos aquellos anteojos rotos que habían pertenecido a su padre. Lo habían acompañado durante muchos años mientras él diseñaba sus planos y dirigía proyectos, en sus mayores logros y después, también en su muerte. El chico los apretó contra su pecho. Si sus padres vivieran estarían orgullosos de él, lo sabía simple y llanamente. Eso lo reconfortaba.
Una hora más tarde aún no había conciliado el sueño. El cielo estaba precioso. ¿Era normalmente así o era especial? No podía discernirlo bien. Unas horas más tarde la sangre de los chicos que hoy habían estado en el escenario arreglados como estrellas de cine iba a teñir el suelo de la Arena, ya diseñada, construída y preparada en algún lugar desconocido. Tal vez fueran esos sus últimos momentos en los que se pudiera permitir reflexionar con tranquilidad sobre la vida que iba a perder y el mundo que iba a dejar a solas. Estaba vivo. Aún. Y mientras lo estuviera lucharía porque eso no cambiara.
Ya terminamos con mis amadas entrevistas. Metí algo de drama en medio para no hacerlo todo tan lineal. La decisión de no darle entrevista a Lamyel fue porque él se resistía a ello, pero como compensación hice un pequeño fragmento a parte.
En el siguiente capítulo ya nos vamos de la Tierra y entramos a la Arena. Eso significa que los tributos van a empezar a caer pronto, sino en el próximo en el que le sigue, por tanto me gustaría decir unas palabras.
Gracias a todos los que me enviasteis tributo e hicisteis posible que este proyecto empezara. Amo a todos y cada uno de los chicos que recibí y es un honor para mí que juntos, ellos y yo estemos tejiendo esta historia. Ya tengo escogidas quienes van a ser mis víctimas del baño de sangre y estoy contenta con mi elección. Todas las decisiones sobre muertes me duelen como una puñalada en el alma. Va a ser muy difícil para mí matar a estos chicos a los que adoro pero ya todos sabíamos lo que iba a pasar. Si tu tributo cae en el baño, no te lo tomes como algo personal, ni quiere decir que no me gustara o pensase que era un mal tributo. Hay una razón tras cada muerte donde prima el bien de la historia.
Preguntas:
POV favorito.
Entrevista favorita.
¿Quién es el tributo con más swag? xD
Por ejemplo.
Actualicé las fichas de los chicos en el blog para agregar fortalezas, ahora que los conocemos a todos algo mejor, y para que esté más completa.
¡Próxima parada: Endimión!
