Notas: Yeey, otra actualización! Es corto este capítulo pero espero que les guste.

Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Tite Kubo.


XII. Cambio de planes

—¿Es eso cierto, Capitana Unohana? —preguntó el comandante Yamamoto.

Se oyeron murmullos en la sala de reuniones donde los capitanes habían sido convocados. La capitana del cuarto escuadrón asintió con seriedad. Esperó a que los demás se silenciaran para continuar.

—El Teniente Abarai despertó hace dos horas. Me informó que nuestro enemigo se oculta en Hueco Mundo y al parecer ha formado una alianza con el Infierno. Lo escuchó de las personas que lo tenían cautivo.

—¿Y él supo algo de los demás? —preguntó Kyoraku. Él estaba verdaderamente preocupado por su amigo, Ukitake.

—Según entendí, los tienen encerrados en celdas. El teniente Abarai recuerda haberlos visto a todos vivos, pero no recuerda cómo fue que llegó nuevamente hasta acá. Es como si tuviera un bloqueo mental —explicó—. Y eso no es todo, al parecer, pronto harán un nuevo ataque.

Se hizo silencio en la sala, el cual parecía que no acabaría nunca. La situación no era muy buena para la Sociedad de Almas. Si atacaban el Seireitei, todos estarían en graves problemas por la ausencia de algunos capitanes y tenientes.

—Debemos resguardar Sociedad de Almas —habló Soi-Fong—. Concentrar las fuerzas aquí y defendernos.

Toshiro Hitsugaya sintió un escalofrío. La guerra parecía llegar muy pronto.

—¡Tsk! No se necesitan tanta seguridad si estoy aquí. Cortaré a Aizen con mi espada y se acabará este lío —dijo Kenpachi.

—No alardees, no podrías contra él —replicó Kurotsuchi.

—¡Silencio! —les cortó Yamamoto—. Se hará lo dicho por la capitana Soi-Fong —dicho esto, su mirada se posó en Toshiro—. Capitán Hitsugaya, ¿está Karin Kurosaki lo suficientemente entrenada?

Todas las miradas viajaron hacia él.

—Tiene bastante potencial y ha progresado mucho en estas semanas —contestó—. Sin embargo, consideraría un poco más de tiempo antes de mandarla a la guerra.

Yamamoto miró con detenimiento al albino.

—De acuerdo. Terminará su entrenamiento en la academia —Toshiro iba a protestar, pero se quedó callado ante la dura mirada que le lanzó el comandante—. Y supongo que el asunto de Ichigo Kurosaki está lo suficientemente conversado y aclarado.

La mayoría de los presentes asintió.

—Bien —Yamamoto hizo una pausa—. Los hermanos Kurosaki deben estar aquí lo más pronto posible. Capitán Hitsugaya, su misión en Karakura está finalizada, puede volver a su escuadrón.

—Sí, señor.

Y así la reunión dio por finalizada.

Karin respiró entrecortadamente y cayó de rodillas agotada. Los restos de la máscara de Hueco cayeron sobre el suelo.

No tenía percepción del tiempo. No sabía cuántas horas había estado dentro de ese enorme agujero junto a Rukia, pero lo importante era que lo había logrado.

Logró convertirse en Shinigami.

Se levantó con pesadez y se observó a sí misma. Un traje color negro, el mismo traje que llevaban todos los Shinigami.

Observó la katana que colgaba de éste. La desvainó y sonrió con orgullo.

—Adalia —pensó—, finalmente sé tu nombre.

Luego, volvió a guardarla y se enfocó en su alrededor por primera vez. La luz al principio le había molestado, pero ya se había acostumbrado luego de unos segundos. Observó a Rukia, quien la mirada con una sonrisa. Desvió la mirada a Urahara e inmediatamente frunció el ceño.

Con gran velocidad se aproximó al hombre y le dio una fuerte patada en la cara. La Kuchiki abrió los ojos con sorpresa y confusión.

—¡Pude haber muerto, maldito sombrerero! —le gritó Karin.

Kisuke se levantó frotándose la mejilla.

—Sabía que lo lograrías, Kurosaki-san —se excusó con una sonrisa—. Y déjame decirte que has tardado menos de lo que esperaba.

Karin arqueó una ceja con incredulidad.

—En serio, tardaste apenas cincuenta y tres horas. Nada mal.

—Urahara-san, no quiero parecer engreída ni nada de eso, pero… —hizo una pausa. Kisuke le miraba con seriedad—…, no fue difícil. Mi Hueco no parecía querer pelear ni poseer mi cuerpo.

—Tu Hueco, Kurosaki-san, es algo que tendré que investigar más a fondo porque realmente es un misterio —contestó el mayor—. Pero por ahora, entrenaremos con las Zanpakuto.

Acto seguido, Urahara desvainó su katana.

—¿Contigo? —Karin pareció confundida—. No tienes pinta de ser alguien… fuerte.

—¿No quieres comprobarlo?

Karin ladeó sus labios en una sonrisa y cogió a Adalia.

—Sí, quiero comprobarlo.

Rukia observó la escena con inquietud. Sólo esperaba que Kisuke no dañara a la hermana menor de Ichigo, o si no se ganaría una golpiza por parte del chico.

—Karin, mucha suerte —murmuró. En seguida, se dio la vuelta y empezó a ascender por las escaleras para entonces salir del lugar.

Llegando a la Tienda de Urahara, Rukia bajó hacia el sótanoy se encontró con Ichigo y Yoruichi entrenando. Al verla, el chico de cabellos naranjas lució confundido y se aproximó hacia ella pidiéndole un receso a Yoruichi.

—¿Dónde estuviste? ¿Y Karin? ¿Por qué fue contigo?… ¿Ella está bien?

Rukia suspiró.

—Ella está bien —le aseguró—. Ahora está en… casa.

Ichigo se cruzó de brazos.

—No me convences mucho.

Rukia dio un paso hacia delante, poniendo sus manos sobre los hombros del chico.

—Ichigo, créeme cuando te digo que ella está bien, ¿crees que dejaría que algo le pasara?

El pelinaranja parecía poco convencido.

—Rukia, es mi hermana menor…

—Lo sé, Ichigo. Y ella está bien —repitió—, está segura y nada malo le sucederá. Confía en mí.

—Si está tan segura, ¿por qué no me dices qué demonios está sucediendo? ¿Dónde está realmente? —preguntó frustrado y alzando un poco la voz.

Ante eso, Yoruichi fue quien se interpuso entre ambos y miró a Rukia con seriedad.

—Si ya está hecho, él debe saber.

Rukia cruzó miradas con Yoruichi por largos segundos, cuando de pronto lanzó un gran suspiro.

—Ahora está con Urahara.

—¿Con Urahara? —preguntó Ichigo frunciendo el ceño—. ¿Dónde?

—En la guarida de los Vizard.

Sin decir nada más, Ichigo se marchó de allí. Rukia se quedó ahí parada sin saber qué hacer.

—Había que decirle en algún momento —habló Yoruichi—. Vamos, no me quiero perder el espectáculo.

Un camino de sangre descendía desde la sien de Karin hasta su barbilla. Jadeó con cansancio y miró a su contrincante con una sonrisa.

—No esperaba que seas jodidamente bueno en esto —dijo en un resoplido

—Todos se sorprenden. La verdad es que no veo el por qué —el mayor sonrió y guardó su Zanpakuto—. Será mejor que tomemos un descanso —aclaró ante la mirada confusa que le había lanzado Karin.

La chica asintió e imitó a Kisuke. Le limpió el poco de sangre que caía por su rostro y se sentó sobre una roca. Urahara se ubicó a unos metros de ella.

Todo estaba muy tranquilo.

De pronto, Karin sintió escalofríos. Se aproximaban tres presencias y ella tenía la leve impresión de saber de quiénes se trataban.

—Oh, tenemos visitas —comentó Kisuke—. Prepárate para lo que viene, Kurosaki-san.

Karin suspiró para luego asentir con la cabeza. Su mirada estaba puesta en las escaleras.

Y de apareció su hermano mayor, por supuesto. Unos segundos después apareció Rukia y Yoruichi.

Ichigo se detuvo en seco en cuanto vio a Karin con las vestimentas pertenecientes a un Shinigami.

—¡Urahara! ¡Tú estás detrás de todo esto! —acusó Ichigo luego de unos segundos. Sus ojos destellaban furia.

—¡Espera, Ichigo! —le detuvo Karin antes de que el chico de cabellos naranjas empezara a golpear sin piedad al dueño de la Tienda—. Urahara no tiene la culpa de nada. Yo decidí hacer esto por mi propia cuenta.

Ichigo miró a su hermana menor con sorpresa. Entonces, se giró nuevamente a Kisuke.

—¿Por qué accediste, maldita sea?

—Ya basta, hermano—intentó calmarlo Karin y lo agarró del brazo—. De verdad, yo insistí. Lo tenía pensado hace un tiempo, no quise decirte nada porque sabía cómo reaccionarías.

—¡No tenías por qué hacerlo! —exclamó Ichigo—. Tú no necesitabas hacer esto. Se suponía que te protegerían…

—¡No necesito que me protejan! De este modo puedo ayudarlos, Ichigo.

—¿Ayudar a quién? ¿A los Shinigami? ¡¿Estás loca?! Te matarán, Karin —repuso el chico de cabellos naranjas—. Esto no es un juego, es una guerra.

—Lo sé, por eso he estado entrenando.

Ichigo le dirigió una mirada fría a Urahara y se cruzó de brazos. El sombrerero alzó ambos brazos de forma defensiva.

—Hey, yo no fui quien la entrenó. No me mires así.

—Pero aun así la ayudaste en todo esto.

Kisuke llevó una mano detrás de su cabeza y empezó a reír.

—No podía negarme a la petición de una de mis clientes frecuentes.

—¿Clientes frecuentes? —inquirió Ichigo sobresaltado, me lanzó una mirada acusatoria—. ¿Me puedes explicar qué sucede?

Karin se cruzó de brazos.

—Poseo una gran presión espiritual, sé que puedes sentirla, Ichigo. Me han dicho que eres pésimo en esto, pero jamás creí que tanto. En fin, los Huecos me atacaban y luego tú desapareciste, tenía que alejarlos de mí, de Yuzu y de papá. Luego regresaste y me enteré de esta gran guerra en Sociedad de Almas y Toshiro…

—¿Toshiro sabía de esto? —interrumpió el mayor de los Kurosaki.

Karin abrió y cerró la boca sin emitir ningún sonido. No quería perjudicar al albino, pero entonces, Rukia dio un paso hacia delante.

—Todos los sabíamos —respondió—. Los grandes mandos le encargaron la misión al capitán Hitsugaya de entrenar a Karin, mientras tú recuperabas tus poderes —hizo una pausa—. Ichigo, sé que no la querías involucrada, pero la hicieron un blanco. Aizen la hizo un blanco. Ella necesita poder defenderse en caso de que nosotros no podamos hacerlo.

Ichigo parecía realmente confundido, pero sólo llegó a la conclusión de que todos habían confabulado en su contra. Miró el suelo, apretando sus manos con fuerzas.

—¿Me estás diciendo que todo el Seireitei sabía de esto? —nadie contestó, pero Ichigo ya sabía la respuesta—. Genial, esto es… genial.

Se dio la media vuelta y, en abrir y cerrar de ojos, se marchó.

Todos se quedaron en silencio.

—Bueno, creo que pudo haber sido peor —intentó bromear Yoruichi luego de un par de segundos.

—Sí, quizás, pero esperaba esa reacción —dijo Urahara—. Déjenlo solo, necesita pensar.

Karin observó la salida por donde su hermano se había ido con un sentimiento de culpabilidad. Solo esperaba que Ichigo entrara en razón y la perdone por haberle ocultado esto.


Uuh, Ichigo está enfadado, esperemos que no le dure mucho.

Estoy evitando hacer mucha edición en los capítulos, porque es ahí cuando me vuelvo loca cambiando todo y me demoro en las actualizaciones, por eso, lamento si ven algún error en la redacción u ortografía.

No olviden dejar un comentario :)

Besos y abrazos!