30 días en nuestras vidas

XIV Muérdago

Habían estado corriendo por las calles sin descanso persiguiendo a un criminal. El hombre era sospechoso de homicidio calificado y llevaban 26 horas despiertos siguiéndole la pista para cuando lograron capturarle.

Sherlock era un recipiente de vigor y John por su parte no se quedaba atrás, pese a las pocas horas de sueño que habían logrado obtener, ambos se encontraban en la mitad de un torbellino desbordante de energías.

Regresaron a su casa aún corriendo, ignorando la idea de tomar u taxi, el mal clima de la época y las telarañas de luces que cubrían las calles londinenses. Ingresaron a trompicones, haciendo ruidos y golpes, mientras se apoyaban sin cuidado en la pared de la ante sala del lugar.

Parecían borrachos. Sus ropas estaban desarregladas y sus respiraciones eran inestables, las mejillas un poco encendidas, y el corazón resonando en sus oídos. Inspiraban bocanadas, mientras sus labios amenazaban con curvarse en una sonrisa. Parecian dos niños que habían conseguido realizar su travesura.

-¡Lo que ha pasado en este caso…-hizo una pausa- la deducción ha estado Perfecta!- dijo John entre sofocos

Sherlock solo estiro sus labios formando una sonrisa diminuta, dejando ceder su peso en la pared del pasillo. Levanto su rostro en buscando una mejor posición para sus musculos cansados y en ese momento lo vio.

-Mira…- llamo a John señalando el objeto pendiendo desde una viga en el techo

-Eso es un…oh…- Watson no acabo la frase a causa del asombro, al parecer la Señora Hudson se había dejado envolver por el espíritu de las fiestas y se había esmerado en llenar algunas partes del piso, con el espíritu navideño.

Sherlock escruto por segunda vez el objeto, la forma de las hojas en punta, y los pequeños frutos rojos, le dijeron que se trataba de una tradición, de la que no podía recordar. Rápidamente el detective comenzó a vagar en su palacio mental, hasta llegar a la habitación y categoría correspondiente para poder descifrar el extraño simbolismo, fue en ese momento en el que Sherlock lo entendió.

-¡Ya lo tengo es un Muérdago!- exclamo Holmes

-Por supuesto Sherlock, ¿que más podría ser?- preguntó John confundido

Holmes ignoro su comentario y dijo -La tradición dice que quienes estén bajo uno, se deben besar- explico

Y en ese momento ambos se quedaron en silencio observando el curioso objeto colgando sobre sus cabezas. Sherlock miro a John y este repitió el gesto, los dos estaban serios, un poco incómodos por la situación. Sin embargo repentinamente el brillo de los ojos del detective cambió, el buen doctor pudo reconocer eso enseguida y se dejo tentar al igual que lo había echo una vez en el palacio de Buckingham, estallando en carcajadas nerviosas y rimbombantes. Los dos se rieron incluso doblándose un poco sujetándose las panzas de tanto disfrutar. Al menos fue así, hasta el momento en que Watson recobro la compostura, echo una mirada a su compañero de piso y algo le hizo darse cuenta de la situación.

-Sherlock- le llamo viéndose reflejado en los ojos azul turbio del detective

Pupilas dilatadas,

-Si John- preguntó el moreno

Y El medico se quedó sin saber que decir

Labios húmedos,

-creo que…- susurro cuando su garganta dejo de estar seca

Pulso acelerado

-deberíamos- se atrevió a pronunciar pensando en que sus pensamientos estaban siendo gatillados por la adrenalina y la falta de sueño.

Tambores en los oídos

-Yo también… lo estaba pensando- confesó el más alto, como siempre leyéndole la mente

Mariposas en el estomago

-¿John…puedo, podemos? –preguntó sin ahondar más, no era necesario.

El corazón martillando contra su pecho

Y solo había una respuesta

La que ellos sabían, pero había que confirmarla

-Oh por díos si.- susurro el medico lanzando a su compañero contra la pared y reclamando sus labios con urgencia, conectándose, reconociéndose, plasmándose….

Sin cuestionarse, para eso habría mucho tiempo.

Pero ahora, con la adrenalina inyectada en sus venas, nada importaba…

Por que solo era una tradición y las tradiciones estaban hechas para cumplirse.

Notas:

Gracias por leer.