Capítulo 13: El veneno de escorpión azul
‒ Pero, ¿estas segura que si me seguirá?
‒ Pero claro que sí...ese chico no dejaba de verte...Sería estúpido pensar que, como tu guardia y lo atolondrado que estaba por tu presencia, no venga...
Sonrió al escuchar la lógica de su amiga. Realmente era de idiotas el que desperdiciasen algo tan único como su compañía durante su fiesta de cumpleaños. Más aun, cuando se hablaba de un chico al servicio de su padre que no pudo evitar caer en sus redes, siendo bastante más que obvio que había tocado su corazón.
‒ Así como el de muchos, a decir verdad...‒ pensó mientras veía rápidamente entre los desniveles del jardín, buscando al peli azul que, de seguro, la buscaba ansioso.
‒ ¡Lo veo!...‒ vio como su amiga le señalaba al susodicho, quien buscaba, entre ansioso y preocupado por la princesa ‒ ...Iré a distraer a tu padre para que tarde más en darse cuenta que no estas en tu lugar, disfrútalo...
La rubia le guiñó un ojo, un tanto coqueta y a manera de cómplice antes de dejarla sola. Sonrojó un poco al pensar en las razones por las cuales la rubia diría semejantes cosas.
‒ Aunque, tratándose de Andra, no me extraña que diga esas cosas...
‒ ¡Princesa!, ¿Que hace aquí?
Volteó a ver al joven, de una manera un tanto seria, pero coqueta al mismo tiempo, viendo como el peli azul solo jadeaba, de seguro porque corrío en su búsqueda cuando notó su solo le sonrió un poco y se encogió de hombros, como si fuese inocente de toda culpa.
‒ No se de que hablas...‒ Le contestó tranquilamente, hasta esbozando una fina y ligera sonrisa, pero alzando su mentón de manera orgullosa‒ ...Ahora resulta que yo, la princesa de Benetnasch, no puede pasear en sus dominios, vaya clase de subordinado que eres...
Hubo unos momentos realmente incómodos entre los jóvenes donde Aqua no sabía si había avergonzado al joven o simplemente le hizo enojar.
‒ Lo haya tomado como lo haya tomado, no puede dejarme...‒ pensó orgullosa‒ ...pobre de él si lo hace...
‒ Lo siento…princesa…
Volteó a verlo, aún con orgullo, pero por dentro, se suavizó al ver que el joven estaba en una rodilla e inclinando con respeto. Como si ver a su hermoso rostro fuese un pecado.
‒ Es…es solo que…‒ el chico suspiró pesadamente y negó con la cabeza antes de suspirar pesadamente ‒ …olvídelo…‒ Se puso de pie y le dio la espalda, como si no quisiera ni verla‒ …disfrute de su paseo…‒ y se empezó a alejar de ella en silencio, aun evitando el contacto visual. Normalmente le gustaban esos gestos, pero, esperaba algo más…¿rebelde?...
‒ ¡Oye!... ‒ Se le puso enfrente e hizo que le viera a su enfadada mirada‒ …¡¿Cómo te atreves a dejarme así?!
La cara del muchacho solamente reflejaba confusión. Más que claro que no había captado la indirecta.
‒ Pero…pero, usted fue quien me reclamó por seguirle…
La princesa rodó los ojos antes de responderle.
‒ ¡No estoy hablando de darme privacidad, hablo de porque te vas con la frase a medias!... ‒ estaba realmente molesta. Es decir, ¿no tenía acaso el derecho de saber lo que el peli azul quería decir sobre ella? ‒ …¡Lo que tengas que decirme, dímelo a la cara!
El chico permaneció unos segundos estático, después frunciendo levemente el ceño.
‒ …con todo respeto, quisiera saber, ¿cuál es la importancia de unas simples palabras de un subordinado como su padre?, después de todo, ellos dicen mucho de ustedes todos los días y, por lo que veo, parece ser la primera vez que te importan las palabras de uno. Así que, solo la completaré hasta saber que es lo que le inconforma, mi lady…
Gracias a que ese último "mi lady" lo sintió un tanto forzado de parte del mercenario, Aqua torció la mueca en forma de reproche por los argumentos del joven, aparte de ser ciertos. Era la primera vez que le importaban las palabras de un empleado de su padre. Aunque en realidad, no era tan como los demás, pues había algo interesante en él que la llamaba y la incitaba a conocerlo mejor.
Pero no iba a dejar que su orgullo de Exilion cayera tan bajo por un mercenario interesante. No. Hasta no saber qué era lo que le llamaba la atención de él, seguiría tratándolo como uno más…
…Al menos por ahora…
Por lo que volvió a su orgullosa postura aunque con una sonrisa un tanto inocente.
‒ Porque, ¿Cómo no se que no estas planeando algo en contra de mi padre o de mí?, Estas de acuerdo, ¿no lo-…?
Pero justo cuando iba a continuar su oración, Ike, en un rápido movimiento la hizo a un lado y bloqueó a un hacha que estuvo a punto de acabar con su existencia. Tras un poco de forcejeo con el bandido, el mercenario logró asesinarlo de dos golpes.
‒ Dígame algo, princesa…‒ Vio como el muchacho se apoyaba en su espada, un poco jadeante por los esfuerzos del enemigo, pero nada grave‒…si planease algo en contra de su padre o de usted…¿la hubiera salvado?
Eso la dejó sin palabras. Todo su orgullo se había desmoronado así como caían alguna que otra reja para intentar arrebatarle la vida.
‒ ¡Busque apoyo, mi lady!...
Si había algo que le molestaba, era que le quisieran dar órdenes, por lo que tomó otra espada que el peli azul tenía consigo y mató de un golpe a otro soldado que iba ahora tras su protector.
‒ Se nota que no has aprendido…‒ comentó haciendo a un lado su cabello de manera coqueta y seductora, al mismo tiempo que le sonreía y alzaba una ceja ‒…que yo no soy como otras princesas que has conocido…
Vio como el joven alzó la ceja un tanto confundido. Aunque después, expresó una sincera sonrisa, como si estuviese hipnotizado por ella. Cosa que no era de extrañarse, pero aun así, le devolvió la sonrisa antes de que este le tomara de la mano para intentar alejarla de los vándalos, sin oponerse a ello.
‒ Tal vez…si haya algo especial en él…
‒Aqua, ¿segura que no quieres ir a dormir?
Se despertó de golpe y un poco alterada. No había recordado en qué momento se quedó dormida afuera de la enfermería. De por sí ya era horrible el simple hecho de que hubiesen arruinado su noche con el mercenario como para que ahora también le doliese el cuello.
‒ Espero no tarden…‒ comentó mimando un poco su área dolida‒…que la que sigue en ser atendida soy yo…
‒Princesa, ¿esta bien?... ‒ esta vez volteó a ver a Alber, quien le veía con preocupación, muy lejos de lo que era su día a día con uno de sus guardianes‒…¿no prefiere descansar en su cuarto y que una criada le avise sobre la situación en la mañana?
Normalmente le respondería emberrinchada, pero, entre el cansancio y la aparente comprensión del caballero wyvern de darle la oportunidad de quedarse en lugar de ordenarle que se fuera, le sonrió sincera y negó con la cabeza.
‒No, Alberich,… ‒le contestó antes de que un bostezo se apoderase de ella‒…gracias, pero no. Quiero quedarme aquí hasta saber que van a lograr que salga adelante.
El peli negro contestó con una triste sonrisa antes de retirarse y volver al lado de la pelirroja. No sabía que le había llamado la atención a Alberich de ella, pero estaba feliz por ello.
‒ Sobre todo porque ya tendrá a alguien más a quien pegarle su ojo todo el día…
‒¿Aqua?, ¿Qué te ocurre?...pareciera que vas a desfallecer…
Si desfallecer no era morirse del sueño, no sabía que podía ser. Estaba muy cansada, harta de esa velada. Solo quería saber que el chico estaría bien. Tenía fe en los dioses de que no era el veneno del escorpión azul a pesar de las pocas probabilidades que tenía esta. Y es que esa maliciosa sustancia, tenía los mismos síntomas que cualquier otro veneno utilizado en la historia, con la diferencia de que este actuaba mucho más rápido y de manera más letal que cualquier otro. La simple mención de su nombre ya era algo para lo cual no poder dormir en la noche, el saber que este infectó el cuerpo de alguien ya era para que se organizase su funeral al día siguiente.
Pero a pesar de las tan malas estadísticas, había unos cuantos tocados por los dioses que podían sobrevivir a ello. Eran casos muy raros, pero dignos de veneración y respeto. Tanto así, que los generales del ejército de su nación solo podían ser aquellos de ese tan selecto grupo. Cabe admitir que, en búsqueda de una mejor clase social, muchos perecieron, mientras varios otros que se les suministró el veneno de otra manera que no fuese la propia, terminaron siendo pronto enlistados para el especial entrenamiento de los generales. Y otros, simplemente lo tenían de parte de sus antepasados que en algún momento fueron generales.
Quería mantener las esperanzas de que el peli azul viviría a pesar de que se escuchasen todos los gemidos y leves gritos de dolor que el chico dejaba escapar de vez en cuando al ser atendido en una habitación exclusiva de la enfermería. Más que nada, porque en ese estado, cualquier cosa que alterase su salud, incluyendo un simple resfriado, podía ser quien acabase con su tortura. Debía admitir que ya habían pasado horas desde la intoxicación del joven mercenario y que este seguía luchando, lo que podía significar algo bueno para él.
‒Al menos así ha sido antes…‒suspiró pesadamente y le sonrió con cansancio a la rubia‒Sí Andra…solo estoy deseando que Ike viva…
Esa frase orilló a su amiga a volver a crear su pícara mirada, ocasionando un severo rubor en la peli negra.
‒¿Ahora que dije Andra?... ‒comentó un tanto avergonzada y molesta.
‒Tu bien sabes….‒ y la asesina le guiñó el ojo. Desvió la mirada de su amiga y se concentró en el joven Alteano, quien parecía estar rezando con fervor a una tal "Naga" desde que se les prohibió entrar a la habitación del herido en lo que los curanderos hacían su trabajo. Llevaba horas así, por lo que dedujo que en algún momento estos dos se habían conocido y hecho amigos…
‒O simplemente hace eso cada vez que hay alguien herido…
Pero en cualquiera de los casos, ella solo podía pensar en el joven peli azul que esa noche le salvó la vida. No podía pensar en que hubiese pasado si él no la hubiese seguido por sus jardines. Era su salvador, literalmente. Intervino dos veces por ella a pesar de que la segunda no tuvo mucho éxito para el muchacho. Pero eso jamás le pareció importar. Desde el principio pensaba enfrentarse solo a esa horda de villanos, con el fin de que ella estuviese bien. Y si bien, era cierto que los soldados normales harían lo mismo por su princesa, esta ocasión significaba algo más para ella que solo su protección. Estaba muy segura que el joven no sabía nada sobre el veneno de escorpión azul y que le dio muy mala espina como lucía la punta de la lanza y aun así la apartó del camino, mientras que cualquier otro simplemente hubiese desviado el ataque.
Por lo que sí, ese muchacho tenía algo muy especial consigo y debía saber que era. Al mismo tiempo, no era una malagradecida. Iría a deleitarlo con su presencia en lo que él siguiera sin ser dado de alta en ese lugar donde sería reprimido por un muy largo tiempo.
‒¿Ahora que piensas?
La voz de su amiga le hizo volver en sí segundos antes de volver a caer dormida en la tan incómoda silla, preguntándose el porqué de la pregunta de su amiga, quien solamente se encogió de hombros antes de responder ante los callados cuestionamientos de la princesa.
‒Estas sonriendo roja y yo no he dicho nada.
La princesa, a pesar de estar sorprendida, siguió con su sonrisa y vio la puerta que era la frontera entre ellos y el agonizante muchacho.
‒Solo…‒comentó coqueta, sin apartar la vista de la puerta‒…digamos que se como levantar el ánimo del enfermo…
Había que ser solidarios…¿no?
Le tocó ver mil y un maneras diferentes de torturas gracias a su antiguo puesto de jinete de Daein, e incluso ejecutarlas. No importaba que tan repulsiva o inhumana esta llegara a ser, el simple hecho de que su hijo estuviese quejándose y teniendo un terrible malestar encabezaba su lista de las peores torturas. No sabía qué hacer ni como calmarlo. De por sí ya era difícil cuidarlo cuando le daban sus famosas fiebres tan intolerables, el que ahora tuviera que atravesar un envenenamiento tan fuerte como el escorpión azul era algo para lo cual estar mil veces más alerta, dado que el menor descuido podía significar la muerte del joven.
‒ Lo cual evitaré a toda costa…
Más quejidos de parte del joven se hicieron presentes. Tomó su mano en espera de calmarle, a pesar de que tristemente no fue el caso. No era su culpa, sabía cuanto le dolía con solo ver su rostro, que perdía más y más color con el pasar de los minutos. Estaba realmente al borde de la desesperación. No sabía que más hacer por su hijo, para que este fuera fuerte y pudiese sobrevivir a tan horrida sustancia. Rezaba porque el martirio del chico no durase tanto, a pesar de que pareciera que estos no eran escuchados.
‒Señor, disculpe…
Solo dejó lo que hacía cuando escuchó los llamados de los médicos que curaban al peli azul. No parecían exaltados ante la situación, lo cual se le hizo normal por el tipo de área donde vivían.
‒¿Qué ocurre?... ‒ comentó preocupado, sin soltar ni un solo momento al joven envenenado.
‒Necesito que nos ayude a recostar al chico en su costado izquierdo…
Asintió con la cabeza y no rechistó ante las indicaciones de los doctores, pero tampoco soltó su mano. Tampoco expresó la más mínima queja ante los apretones del mismo y trató de mantenerse cuerdo ante los llantos de dolor del muchacho, que iban acompañados de sus agitadas respiraciones. Sin saber realmente que más hacer para distraerle de su dolor ni de los medicamentos que empezaban a surtir efecto en su herida comenzó a pasar su mano por sus cabellos, cosa que hizo que el muchacho empezase a cesar sus llantos. A pesar de que sus quejidos no pararon, Greil no dejó de acariciarle, notando que cada vez más Ike se empezaba a relajar. Aunque no podía decir del todo que fueron sus actos paternales quienes ayudaban al joven, sonrió un poco al pensar que estos le habían ayudado.
‒Lo importante es que estará bien…
‒Señor, ¿podemos hablar?
Le molestó un poco que el médico quisiera interrumpir el apoyo y afecto que le transmitía a su hijo, pero supuso que si no fuese importante no le interrumpiría, por lo que se soltó de su muchacho de manera lenta, para que este no se viera interrumpido en su descanso para poder seguir al curandero a otro lado de la pequeña habitación. El hombre suspiró pesadamente antes de comunicarle lo siguiente:
‒Logramos retener el sufrimiento del muchacho a lo más mínimo…
Sonrió un poco al escuchar eso…
‒…pero no quiere decir que no esté del todo a salvo…
…que después se esfumó…
Las pocas esperanzas que le quedaban aun estaban en duda por las palabras del curandero. Entendía bien que el que estuviese durmiendo ahora, no quería decir que amaneciera a la mañana siguiente. Pero, si mal no recordaba, el veneno del escorpión azul tardaba muy poco en reclamar a una víctima, tiempo que, si su memoria no fallaba, había superado por mucho. La verdad, no quería ni pensar en el hecho ni en la posibilidad de la muerte del chico. Prefería mil veces tener que pasar por el resto de su vida por esos síntomas antes de ver a su hijo vomitar sangre por ello.
‒O de cualquier otra dolencia…‒suspiró pesadamente antes de ver al que atendía a su hijo‒…lo entiendo…pero que quede claro que eso no significa que dejaré que mi hijo muera…‒apretó los puños con firmeza, dejándole muy en claro al curandero que sus palabras eran más que serias‒…por lo que si necesito ir al mismo infierno para salvarlo, lo haré con gusto.
El curandero no pareció inmutarse por las palabras del padre, solamente asintió con la cabeza.
‒Entiendo señor…‒el empleado de Aspros se dirigió a la puerta, no sin antes darle unas instrucciones a su enfermera‒…vendré en una hora a revisar al chico...
Y sin decir más, los dejó. A Greil realmente no le importaba mucho los asuntos del sanador, solo le importaba que le diese seguimiento a su envenenado hijo. Que eso no significaba que él no lo iba a cuidar, pues se sentó a su lado a pasar su mano dulcemente por sus cabellos, revisando de vez en cuando la fiebre del mismo. Esta era la que lo mantenía en constante alerta, pues por nada del mundo cedía el medicamento. Tal vez era por su genética materna de poca resistencia a las altas temperaturas corporales por lo que el síntoma sería el más difícil de combatir. Pero, no importaba todo lo que tuviera que hacer para quitárselo, lo haría, pues no iba a permitir que su hijo sufriera más de lo que debía.
‒Y eso es algo que cumpliré…Elena…
‒A ver, a ver…¿Cómo está su situación?
Aspros vio nuevamente al curandero que había dejado la importante tarea de atender al hijo de su amigo con sus ojos índigo, solo para estar seguro que el joven sanador rubio de ojos verdes no mentía sobre un estado de envenenamiento tan delicado como el del escorpión azul.
‒El chico sobrevivió las horas críticas del veneno…‒dijo con bastante seriedad‒…logramos calmar su dolor y regular sus respiraciones y latidos, lo cual me hace creer que saldrá vivo de esta…
‒¿Y cuáles son las malas noticias?...
Le divirtió un poco el ver como el curandero, a pesar de las miles de veces que aplicaba su don en sus empleados, se sorprendía de que supiera lo que andaba por su mente. Pero Aspros se limitó a solamente verlo suspirar.
‒Las fiebres que dominaron al chico no han bajado…no es como otros casos que todo va disminuyendo a la par. Si bien, creo que es un poco incierto el futuro del hijo del mercenario, estoy más seguro que si muere, sería por este síntoma y no solamente por el veneno…
‒¿Ah sí?, pues yo creo que eres un inepto…
Esperó paciente a que su subordinado alzara la ceja en confusión.
‒¿Mi lord?
‒Dime algo, ¿crees que estaría en esa cama, en su posible lecho de muerte si no hubiese recibido tal sustancia?
‒Hmmm…no…
‒Entonces si sería su asesino.
El empleado sonrojó en vergüenza ante la lógica del rey. Aspros se guardó su carcajada y en cambio alzó el mentón de manera orgullosa.
‒¿Por qué no vas a cuidar al hijo de mi amigo?, que para eso te estoy pagando…
Y tras un simple ademán de superioridad, el curandero le dejó solo en su estudio. Una vez así, tornó sus ojos a su color natural, sin poder evitar estallar una carcajada, dejándose caer en su silla. Realmente se le hacía estúpido un simple sanador quería enseñarle algo sobre el veneno del escorpión azul y sus efectos en el cuerpo de alguien.
‒Pues nadie sabe más que yo…
Tras haberse calmado un poco, se sentó correctamente y notó que había una carta nueva en su escritorio, aterrándose más que nada por lo que con ella se sellaba: cera morada.
Alterado por el posible contenido de la misma, le exigió a una empleada que venía a hacer sus labores rutinarios en el castillo la presencia de Alberich, quien, para su gusto, tardó demasiado.
‒Culparé a Gy por esto…
‒¿Me necesitaba señor?
Vio al general entrar con respeto, aunque preocupado por la situación de su señor. Le vio con seriedad, tratando de ocultar el pavor que quería domarlo, mostrando su correspondencia.
‒A la siguiente no tardes tanto por tu "noviecieta"…
‒Pero señor, no es mí…
Y sin dejar que el peli negro terminara la oración, le lanzó la carta, ya abierta por la impaciencia de su receptor.
‒Quiero que me digas que tan malo es para ti…
Por lo que pudo ver con su mirada, hacía sido escrita con cierto aire triunfal, como si hubiesen logrado su objetivo. Pero, si su objetivo era su hija, ¿Por qué se alegraban de casi asesinar al hijo de su amigo?
‒¿Qué se me está escapando?...
‒Bueno…‒vio como el general realmente no sabía que decir ante el escrito, quien realmente parecía alterado y confundido‒…yo creí que iban tras la princesa Aqua…
‒¡Claro que iban tras ella!... ‒comentó con enfado, ¿era tan difícil verlo?
Alberich solo se encogió de hombros.
‒Es que…‒comentó viendo nuevamente el manuscrito‒…no se puede sacar mucho con solo la frase "Llevo uno, tu cero, ¿quieres seguir?"…
Y gramaticalmente hablando, tenía razón. Esa frase no decía mucho por sí sola. Pero, juntando los eventos fallidos de envenenamiento de esa noche, tanto de los alimentos que su amigo se encargó de reportar, como el claro intento de homicidio a su hija, no solo podía no ser nada. Era burla y victoria lo que quería transmitir esa oración, por lo que pensó, que quien le amenazaba buscaba algo más que le afectase a la familia real.
Y entonces lo entendió, volteando a ver a su general, donde no necesitó expresarse mediante palabras para entender lo que su alteza se acababa de enterar. Ellos solo fueron a jugar y explorar terreno, aun no buscaban ningún acto contra la monarquía. Necesitaban un punto débil y lo encontraron. Y le aterraba cual podría ser este…
‒Solo hay una solución…y es terminar de una vez con el tratado…
(8) Volví…Volví /._./ (8)…ok no xD
Semana de exámenes…de las peores semanas del año porque no me deja darle a los fics (?)
Pero bueno, aquí esta la respuesta de AngelTerra de que hacían :v y pues nada, Aspros recibió otra carta D:! de quien será? Para que necesita el tratado? Ike morirá?...yo si se :v les diré después :B juasjuasjuasjuasjuas
PINKDIAMOND4000: :v oh si? :v no uwu pero asi es, esta destinado a muchas cosas :3 xD fue bello, pero no podía durar mucho :v te extraña de ella (?) :v you shouldnt'ave done that :v oh si uwu y esa fue una minima fracción de su furia porque dañaron a su hijo :v!
AngelTerra: \:v/ it's good to have you back uwu no te preocupes por los reviews, yo también debo unos cuantos .-. coff coof, en serio, no te apures uwu
:v solo platicaban, tranquila uwu
:v oh, interesante información 7w7…me alegra que te gustara :3
xD es su destino :v ok no xD
Les invito a dejar review y a leer mis otras historias.
Nos leemos :D
