Hola!! Muchas gracias a todas las personas que me han dejado un comentario n/n... les ruego que no se enfaden si no pude responderlo, no es por falta de humildad, si no porque mi tiempo en la red es muy breve :O
Hace poco publiqué un anuncio acerca de un problema muy fuerte que tuve, y bueno... solamente las personas que participan conmigo en mi foro (Yume wo SSY) saben de mis razones por las que no pude escribir antes... Ahora me encuentro un poco mejor, pero mis problemas parece que se agravan con los días. Honestamente no sé cuando pueda volver a publicar, pero espero no tardar demasiado tiempo.
Les agradezco mucho sus mensajes de apoyo y solidaridad, ustedes son la fuente de mi inspiracion :D... y bueno, sin sus mensajes bellos no sé si sería capaz de continuar escribiendo.
les mando un enorme abrazo y un beso :X

Capitulo dedicado especialmente a Ayame -si no hubiera sido por su apoyo este capitulo no existiria-, Ale-dono -a quien aprecio mucho y agradezco toda su ayuda y apoyo-, Dianthe Scorpio -te kiero, simplemente por ser como eres-, Antares10 -Gracias por tus bellos comentarios-, Heartblak -Gracias por seguirme donde quiera que voy nOn-, Vendetta -espero que se escriba asi tu nick .o., tambien gracias por leerme donde quiera que publico nxn-, Matashi-Kun -Gracias por recomendar mi fic- y finalmente a todas y cada una de esas personas que me han leído de forma anonima pero se consideran fans de esta historia. Un beso a todas ustedes y un abrazo!

Capítulo 14

Me enamoré de ti…

No pretendía que lo esperara despierto, aún cuando el contrato estipulaba un feliz término para la cita, estaba por demás aclarar que Camus sólo formaba parte del elenco principal en la obra más difícil, pero satisfactoria de su vida. Y lo observó en silencio, sentándose en una silla lejana para admirar las pestañas pegadas a la cara, sus manos unidas bajo la mejilla para simular una almohada, el pecho ascendiendo suave, pero a la vez constante, las piernas extendidas sobre la superficie, el cabello azulino bañando su brazo derecho, las piernas y llenando de magistral color el colchón; sin embargo, lo que más le asombraba de aquella perfecta expresión era el matiz sereno y despejado que mostraba su semblante.

Camus dormía tan impasible que Milo no tuvo el valor para despertarlo y confesarle lo que estaba tramando. Estiró la mano para tocarle el dorso, tembloroso desistió. Su corazón latió aceleradamente, como en aquellas ocasiones que el peligro en batalla lo asaltaba y sabía que llegaría el final; a pesar de que siendo un caballero dorado de su talla y temple, las ocasiones en que este frenesí se presentaba estaban contadas con los dedos de sus manos.

Si, Milo tenía miedo, porque, por primera vez, tenia en sus manos un arma de dos filos, que en manos enemigas, podría acabar con él.

Suspiró derrotado, abatido, consternado con la idea de perder la dicha descubierta aquella tarde…

Flash Back

Salieron del santuario: uno llevaba en el pecho la angustia mezclada con el dolor, la ira y una pizca de felicidad, porque, por primera vez, experimentaba el sabor de una venganza. La otra figura de vez en cuando lo miraba, aunque sin ánimo de decir palabra, porque obviamente el incidente anterior pudo evitarse si Milo y él simplemente se hubieran visto unos templos antes, en vez de que Camus bajara solo, vistiéndose de aquella provocativa manera, que hasta a él hubiera obligado a rogarle que no lo dejara…

Llegaron al pueblo, deteniéndose únicamente en una fuente tranquila y despejada que tenía la replica de una famosa escultura griega que hacia honor y mención a la diosa Atenea.

Ninguno de los dos se atrevió a hablar, sus oídos se dedicaron a escuchar los murmullos de la fuente y de la gente que pasaba a su lado… sobre todo escorpio:

-"¡Agh! ¿¡Que tanto nos miran?!"- Preguntó al aire, mirando a las personas que pasaban de cerca. Camus, que había estado sumergido en sus recuerdos, levantó la cara, y se percató que los ojos de ellos estaban puestos en el agarre de sus manos y en la cercanía de sus cuerpos. Se sonrojó sin evitarlo, mientras movía las manos para zafarse y deslizarse al sitio contrario.

-"Creo que no esta bien exponerse en publico."- Murmuró. El griego se volteó hacia él para reclamarle su falta de 'profesionalismo' para cumplir con su papel de novio, cuando sus ojos se toparon con aquella faz que interpretó por tierna.

-"Ellos siempre van a juzgar lo que no entienden."- Habló el escorpión. Pensó que la pena de Acuario representaría un problema para llevar acabo la cita; así que ideó rápidamente el modo de poner aquella circunstancia a favor. –"Así que con ellos tendremos que esforzarnos más."- Al decirlo su mano alcanzó la del galo que viró efímeramente. El octavo guardián se vio forzado a planear su siguientes palabras en caso de que Camus replicara; sin embargo, este enredó sus dedos en los de Milo, provocando en él no sólo una mirada sorprendida, si no un revoloteo interior que únicamente frenó en cuanto oyó la voz del galo.

-"¿A dónde iremos?"- Preguntó con la vista al frente. Escorpio sonrió.

-"Ya lo verás…"

Todavía de la mano, Milo se lo llevó caminando por el pueblo, pasando entre la gente como si nada, a pesar de que en su interior se manifestaba el nerviosismo. Camus se encontraba en la misma situación, aunque quería disimularlo.

Las miradas de la gente no los ayudaban, sobre todo cuando de vista los conocían y sabían su procedencia.

Escorpio notó que los dedos que mantenía cautivos se movían en un intento por liberarse; así que los apretó con mayor fuerza, evitando las miradas.

-"Me agrada caminar… pero…"- El griego viró levemente.

-"Es incómodo, entiendo."- Su comprensión abrió la sorpresa en el galo. ¿Acaso Milo jamás dejaría de sorprenderlo? Miró su perfil, como buscando en él las palabras para responder, repelar, o simplemente asentir; sin embargo, él volteó para mirar los ojos de su contemplador y le sonrió con dulzura, incluso se atrevió a inclinarse y depositar un beso en su mejilla de una forma tan cautivadora, que las mejillas de Acuario se atrevieron a arder. ¿Tendría que acostumbrarse a la idea de ser intimidado siempre por el griego? Bajó la cabeza para esconderse.

-"¡Ahí está!"- Oyó que el otro exclamaba. Camus se enderezó y descubrió que aquello que provocaba en Milo la sorpresa era un cajón grande de metal, con ruedas, y al cual lo cubría una sombrilla. Se trataba de un carrito de halados, que era atendido por un señor de edad avanzada con un sombrero tejido.

-"¿Y eso es…?"- Escorpio rió abiertamente.

-"Cuando estabas en cama te prometí un helado… Y no me digas que 'soy el amo de las nieves' porque te apuesto que no podrías hacer un banana Split aunque lo intentaras…"

-"Es amo de los hielos"- Corrigió. –"Y jamás estaría interesado en…"

-"Buenas señor, ¿podría darme dos helados de queso con fresa?"- Inesperadamente Milo lo interrumpió, aunque ni siquiera se dirigió a él; más bien, lo ignoró.

-"Pero…"- Trató de replicarle, no obstante, el griego ni el señor lo escucharon, así que suspiró y se quedó callado. Escorpio sacó dos monedas del pantalón color crema que traía y se las dio sin esperar cambio. Camus tomó su helado, y cuando comenzaron a caminar, esta vez sueltos de las manos, por fin se atrevió a hablar.

-"Te agradezco el detalle…"

-"Créeme, soy el novio perfecto para ti."- Dijo el griego, de la nada, cerrándole el ojo. Esta vez Acuario no pudo evitar su extrañeza y manifestarla en su semblante.

-"¿Acaso pretendes no escucharme?"

-"Vamos, no es para tanto. Si no lo pruebas…"

-"Es que tú no sabes que a mi…"

-"Si, ya sé que no te gusta el dulce"- Terminó de decir. El enfado del galo se notó en una de las venas salientes en su frente.

-"¿Podrías dejarme terminar de hablar?"

-"¿Para qué, si ya sé lo que dirás?"- Acuario suspiró, pues no iba a comenzar a pelear con su compañero –novio póstumo-, solamente por un choque típico de personalidades. Miro con atención el helado en cuestión: en la mano derecha estaba sosteniendo un triángulo, que luego, a su vista y entender, tomó forma de cono; con una bola blanca ligeramente manchada de rojo.

Camus odiaba el dulce, desde pasteles a simples chocolates. Creía que picaban los dientes, y a juzgar tanto por la personalidad de Aioria y Milo –que de niños cenaban golosinas-, experimentó con Shaka –quien jamás probaba un dulce- que definitivamente el azúcar era peor que perder la cabeza.

-"¿No me digas que el poderoso amo de los hielos le teme a un simple barquillo?" Se mofó el escorpión. Acuario odiaba a morir que lo retara, pero también el no escuchar a su razón cuando esta le gritaba 'MALA IDEA'.

No la había escuchado cuando le dijo a Saga que lo quería, no lo hizo cuando Milo le propuso el plan, ni en el momento de meterse en la riña de él con Saga…

¿Por qué escucharla ahora?

Suspiró resignado. Sus pupilas mantuvieron fijas en el helado, incluso cuando su mano la acercó lo suficiente para que la lengua rozara la bola blanca con las manchas rojas…. Sus papilas gustativas tocaron el cuelo. El sabor suave y salado de queso, le restaba lo empalagoso a la mermelada.

Le había encantado, pero se negaba a continuar degustación mientras la suspicaz mirada de Milo se mantuviera sobre él.

-"¿Y?"- Escorpio no podía aguantar la curiosidad, y aunque por dentro no podía dejar de pensar algo para fastidiarlo, reconocía que había hecho un gran esfuerzo.

-"Cosa de suerte…"- Simplemente respondió el galo, y volvió a pasar su lengua, con desagrado, pues siendo él un hombre tan elegante, comer con las manos, o lengua, era inapropiado.

-"No lo adiviné. Sabía perfectamente tu repudio hacia lo dulce"- Confesó Milo, satisfecho. Camus no se mostró sorprendido.

-"No creí que fueras tan observador."

-"Hemos compartido muchas cosas estas semanas… sería un idiota si no fuera capaz de notar algo tan simple."- Una suave, pero a la vez perfecta sonrisa apareció en su rostro.

-"Si, creo que hemos pasado un tiempo increíble juntos."- Milo se sorprendió al escucharlo hablar, y se sintió feliz al saber que Acuario estaba encantado con su compañía, y más aún con la relación que mantenían… Aunque fuera fingida. De pronto pensó que esa sería la oportunidad perfecta para confesarle que al haber actuado como su novio, ya no deseaba dejar de serlo. Observó su perfil, deteniéndose en el como Camus –aún dubitativo- pasaba su lengua por la bola de helado, y luego la escondía en el interior de su boca.

¿Qué pasaría si el confesaba lo que estaba sintiéndome por él? ¿Acuario le respondería del mismo modo? ¿Él daría pie a un nuevo sentimiento, o lo apagaría para decir que Saga era la única persona a la que podía querer? Si lo hacia, Milo le creería, pues habiendo estado juntos ese tiempo… Camus ya tendría que sentir algo… ¿no?

Prefirió concentrarse en su helado, aunque ya no tuvo el valor para comerlo: Saberse enamorado y rechazado por segunda vez, era un dolor terrible…

-"Oye… ¿Qué calificación me darías en el ranking de novios?"

-"¿Existe algo así?"- Inquirió el galo, extrañado. Milo meneó la cabeza y formó una sonrisa.

-"Sólo es una etiqueta… no sé, llámalo curiosidad si quieres…"

-"Ocho."- Respondió rápidamente.

-"¡¿Qué!? ¿¡Por qué!?"- Camus no lo controló y se echó a reír, dejando a Milo entre desconcertado y burlado; así que decidió vengarse.

-"Bien, pues yo a ti te daría un cinco…"- Para el maestro de la perfección este número era peor que mandarlo a saludar a su desconocida progenitora.

-"¿Cómo que cinco?"- Se ofendió el galo.

-"Si, un cinco por tu falta de conocimientos en cuanto a detalles con la persona que 'amas', como tomarle la mano, besarlo, y sobretodo comer helado."- Para Camus eso era fácil de enmendar, sobretodo cuando 'alguien como Milo' calificado con un seis en su ranking propio de personas agradables, le estaba dando una nota tan mala. Ni siquiera derribar a un oso polar a sus siete años le había ameritado tal número; y eso que esa tarea casi le cuesta la vida.

Rápidamente pasó su helado a la extremidad contraria, liberando la que estaba del lado de Escorpio, para poder tomarle la mano; de esta forma cumplió lo primero, lo luego lo detuvo y sin más se aproximó para besarlo. A Milo se le salió el corazón en cuanto sintió aquél roce, y a Camus también en el momento que se dio cuenta que lo había hecho mientras caminaban, delante de toda la gente. Ante su error se hizo para atrás, desviando la vista y retomando su marcha.

Escorpio se vengó al avergonzarlo, pero más que el sabor de este sentimiento, se encontraba la experiencia de recibir un beso suyo. Sonrió a pesar de no estar del todo complacido aún.

-"Todavía no sé como comer helado."- Le dijo Camus. El octavo guardián ideó una estrategia para hacerlo temblar, pues siendo un ser considerado mojigato, este tipo de practicas podría creerlas inmorales.

El galo lo miró de perfil, y observó con atención como Milo deslizaba con calma la lengua por la bola de nieve, reteniéndola a veces como si quisiera probarla, después abría la boca y se la echaba por completo dentro de ella, despacio, con mayor velocidad luego, y procedía a introducirla más lento que antes; se retacaba la boca y por último la dejaba ir…

La gente lo miraba con cierto repudio y espanto, pero los ojos de Camus parecían ansiosos por aprender.

-"Ya veo…" Fue todo lo que comentó. El griego se imaginó que esto despertaría en Acuario alguna clase de comentario ofensivo, pero por el contrario parecía convencido de que así debía realizarse…

Y así, en cuanto el francés comenzó a imitar sus movimientos, Milo se arrepintió de haberle enseñado como se hacia una practica sexual, que el otro imitaba a la perfección; y era tanta su devoción por devorar con la boca el helado, que Escorpio sintió un revoloteo, seguido por un escalofrío, y un congelamiento en los músculos que le hizo abrir grande la boca y tirar su helado…

Camus lo miró sin entender porque se le quedaba viendo así y porque de pronto su barquillo estaba en el suelo.

-"¿Qué te…?"- Pero no pudo terminar de hablar, pues Escorpio lo asió por el brazo, lo sujetó con fuerza y comenzó a besarlo, sin pensar antes en como podría el galo responder ante lo que ocurría. Para su fortuna, Camus no le impidió el beso, pero en cuanto tuvo su lengua 'hasta la garganta', se vio forzado a empujarlo. –"¡Esas eran mis amígdalas!"- Exclamó.

Para Milo todo estaba perdido, pues ya no era compromiso lo único que lo unía a Acuario, ahora para él se encontraban los sentimientos que germinaban en su pecho, y la pasión que había experimentado al besarlo.

El galo lo miró en busca de una explicación… un nueva caricia de labios fue lo que recibió. Comenzó a ponerse nervioso… Milo, ansioso, a explorarlo con las manos; entonces Camus no supo como zafarse, y para calmarlo se le ocurrió colocar el brazo libre en su pecho… y la bola de helado justo en la boca del griego…

-"Me estas espantando…"- Le dijo con seriedad. Escorpio pareció reaccionar cuando el frío le llegó al cerebro y una punzada lo atacó.

-"¡AY!"- Se quejó, colocándose la mano en la sien como si de este modo la sangre regresara a su fluido normal.

-"Entiendo cuando dices que debemos ser excelentes fingiendo, pero ¿sabes? A veces me da la impresión de que no estas… actuando…"- De pronto al griego se le pasó el dolor, y con las mejillas sonrojadas fijó su mirada en Acuario: el maestro de Hyoga lo miraba con seriedad, pero a la vez con atisbo de duda y temor… Ahí estaba lo que Milo estaba pensando, y lo mismo que le hacia decidir que aún no era el momento apropiado para decirle que su aseveración era correcta.

Soltando una carcajada volvió a espantar a Camus, que después de la comisión se sintió confundido…

-"¡Eso es porque soy excelente en todo lo que hago!"- Exclamó, metiéndose las manos en los bolsillos y caminando por delante. –"Imagina lo que sería no convencerte a ti de que realmente estoy interesado… ¿Cómo podría hacerlo con el resto?"- Acuario asintió, aunque todavía estaba vacilante.

-"Si tú lo dices…"- Comentó en voz baja. Milo volteó a verlo, pero ya no le dijo nada.

Al parecer su cita se había vuelto un poco incómoda…

End of Flash Back

A pesar de aquél incidente, las cosas entre ellos volvieron a estar tranquilas en cuanto Milo hizo uso de su encanto para que Camus olvidara lo que le había dicho…

El griego se levantó de la silla, caminando despacio, y virando el rostro en ocasiones para asegurarse que su 'novio' continuara durmiendo; su trayecto se marcó en línea directa hasta terminar en el estribo de la ventana, en la cámara privada del octavo templo. Apoyó la mano en el cristal, viró para asegurarse que aún estaba solo, y luego dirigió sus pupilas hacia donde se encontraba el amplio y azulino firmamento nocturno… Muy pronto éste le hizo recordar una melena que imitaba en tono, pero jamás en gracia a la bóveda celeste:

-"Saga…"- Murmuró, apretando débilmente el puño.

Al que rememoraba jamás había gozado de lo que él si, pero no porque Camus se lo hubiera negado, sino porque el gemelo lo rechazó. En parte esto debería hacerlo sentirse mejor… no obstante, tal y como Kanon se lo recordara esta noche, la culpabilidad y zozobra jamás lo dejarían, y se torturaría para siempre pensando que de haberle dado libertad… quizá sabría si de verdad Acuario lo llegaría a querer, o siempre se preguntaría cómo hubieran sido las cosas de haberle dado una última oportunidad al geminiano de nocturna cabellera.

Mordiéndose el labio dio un giro de ciento ochenta grados sobre su propio eje, posando la vista en la pacifica cara del francés…

Si le hubiera dicho que lo quería… tal vez Camus hubiera respondido que no estaba seguro de lo que sentía. Él ya estaba sospechando algo, y aunque Milo fuera un maestro en el arte del engaño debido a su constelación, técnica y armadura, estaba seguro que el galo no se había tragado el cuento de que también actuaba con él…

Acuario también era experto en engaños, pero debido a sus valores y de nuevo, a su signo, el mentir no era propio de un caballero de su clase. Su elegancia, el amor hacia otros, y sus propios ideales, lo llevaban incluso a perder la vida por un ser querido, como en el caso de Hyoga, morir en sus manos si era necesario para hacerle despertar y que preservara su propia vida. Milo admiraba eso en el galo. Milo se sabía egoísta antes de conocerlo… y ahora… había cambiado.

Suspiró, devolviéndose de nuevo hacia la noche…

Flash back

-"No salgo demasiado, pero Shura me traído aquí en ocasiones y dice que los pasteles son deliciosos…"- Habló Camus al notar la cara de Escorpio, que no había cambiado un centímetro desde que entraron a aquella cafetería. El griego lo miró haciendo un gesto tan gracioso, que el ojo izquierdo se le veía más pequeño que el derecho.

-"Son vacas…"- Señaló sin el menor reparo el mantel, el servilletero, el sombrero del encargado del mostrador, el delantal de la camarera, y la tazas de algunos de los clientes. Acuario pareció sutilmente avergonzado.

-"No salgo demasiado, pero Shura me ha traído aquí en ocasiones y dice…"

-"Ya me lo dijiste, Camus."- Interrumpió el griego con una liviana sonrisa, como consiente de que estaba metiendo la pata otra vez con su acompañante, y que este tenía razón al insinuar que no conocía otros sitios más que ese. También jaló la silla y se sentó, aunque a diferencia del primero, este se dejó caer como si fuera un bulto.

-"Creo que por eso le gusta este lugar…"- A Escorpio se le antojó pensar que estaba siguiendo con el comentario y que a la vez se refería a Shura.

-"Pero él es una cabra, no una vaca."- Le aclaró con una risita. Acuario movió la mano al aire para restarle importancia.

-"Mientras tenga cuernos no importa."- Milo se carcajeó.

-"Si Mu… no, mejor dicho, si Shion te oyera…"- Su compañero alzó los hombros de forma despreocupada.

-"No los estoy agrediendo, y aunque así fuera… el que se está riendo de ello eres tú, no yo…"- El griego parpadeó. Estaba tan concentrado en lo que hablaban que ni siquiera se dio cuenta que Camus estaba sentado con una pierna cruzada, un codo apoyado en su carne y la palma como sustento para la barbilla, mientras sus ojos estaban fijos en la ventana de la cafetería y su rostro tan calmado y serio como si nada…

-"¿Cómo puedes decir algo gracioso y fingir que pasó una mosca?"- Inquirió Milo, no sorprendido, pero si un poco indignado. Acuario lo miró, y formuló en sus labios una pequeña y cálida sonrisa, que sólo duró unos segundos; en cuanto Escorpio parpadeó, esta había desaparecido junto con la atención del francés. Entiendo su secreto formuló un gesto comprensivo con su boca; y es que no era que Camus no sonriera, es que lo hacia tan débil y efímeramente que no nadie podría notarlo…. A menos, claro está, que estuviese interesado en captar cualquier cosa que él hiciera…

Después de unos minutos llegó la mesera y les dejó unas libretas delgadas, en las cuales estaban las fotografías de los postres y bebidas que podían pedir. Milo pareció tener problemas para elegir que deseaba ordenar…

-"No soy un glotón, Camus…"- Refunfuñó después de que este hiciera un comentario acerca de su 'insano' gusto por los dulces y postres de todos tipos.

-"Yo jamás dije que lo fueras…"- Esta vez el gesto en sus labios fue más notorio, casi imposible de apagar.

-"Pues sabes qué… no pienso ordenar nada hasta que te retractes…"- Y diciendo esto se acomodó por completo en la silla, cruzándose brazos y desviando la vista. Al galo esto no le importó.

-"Perfecto."- Dobló su menú también, confundiendo a la camarera. –"Tráeme por favor el paquete tres, y para mí, café expreso estaría bien…"- Milo arqueó la ceja, pues jamás había oído semejante bebida.

-"¿Puedo ofrecerle algo para acompañar su expreso?"- Preguntó la chica.

-"hum… un Bísquet tostado, sólo mantequilla, nada de mermelada…"- La pueblerina le sonrió, recogió los menús y comentó que la orden estaría lista de inmediato. Escorpio, aún indignado, entrecerró los ojos para observar a su acompañante.

-"Espero que no me ordenaras una bebida dietética…"- Camus meneó la cabeza.

-"No, pero creo que una ensalada con pollo, y un vaso de jugo de berro te caerá bien…"- La cara de asco que Milo puso en ese momento, bastó para que Acuario tuviera que ponerse la mano cerca de la boca y reírse, pues hace dos días, cuando él ya se sentía bien para poder cocinar –siendo un experto en tal arte-, le preparó al griego un platillo con dichas hierbas, que a pesar del magistral sabor, no lograron caerle para nada bien al estómago del octavo guardián, teniéndolo más de la mitad de la noche en el baño con ascos, vómitos, y diarrea. El maestro de los hielos argumentó que no era su culpa no tener acostumbrado a su estómago a otra cosa que no fuera carne; aún así, a pesar del mal trago de esa noche, fue agraciado de poder probar algo preparado por la persona que le gustaba. Otra cosa que lo hizo feliz fue el sarcástico –y nada rutinario- comentario del acuariano, quien le dijo que con esos malestares estaban cerca de hacerse pasar por una pareja completa y radiante, en la espera de su primogénito. Al principio no le hizo gracia, pero luego terminó por aceptar que eso parecía aquella noche…

Silencio… otra vez esa cruda e incómoda palabra para Milo, quien aún parecía berrinchudo por el comentario, mas, ansioso por conocer que había pedido para él…

Los brazos se le descruzaron por sí mismos, cambiándose al apoyar las manos en la mesa, tamborilear los dedos de la mano diestra, y limpiar la superficie de madera con la contraria. Camus no lo miraba, él tenía una revista en la mano que había comprado de camino a la cafetería.

Escorpio requería su atención, pues no había podido borrar de su mente mil cosas que rondaron por ella desde antes de encontrarse afuera del templo de Géminis…

-"Cam…"- El nombrado elevó su atención por arriba de la revista: no le gustaba que Milo dijera su nombre a la mitad. –"… ¿Puedo preguntarte algo…?"- la mano griega estaba quieta en la mesa, por en medio de esta. Acuario dejó de lado su lectura, tocando con sus dedos la del otro, sin haber notado antes que estaba ahí; la retiró de inmediato. Escorpio abrió los labios, y con ellos, su extremidad atrajo hacia sí la del galo, quién lo miró con sorpresa. –"¿Por qué te enamoraste de… de él…?"- No lo entendió, pero no fue capaz de pronunciar su nombre; era como si la lengua se le hubiera llenado de espinas con sólo invocarlo con el pensamiento.

La reacción en Camus no se hizo esperar: Sus mejillas se tiñeron como la rosa a carmín, en sus pupilas apareció un destello, y en sus manos un temblor que a Milo asombró. Desvió la vista y se alejó, retrayéndose de la misma manera en como lo había hecho cuando estaban bromeando acerca de Shura…

-"¿A qué viene esa pregunta?"- Inquirió. Escorpio se acomodó en su asiento. No sabía por qué, sólo quería saber…

-"Supongo que ahora somos amigos, ¿o no?"- Fue todo lo que respondió. Sentía que el corazón le latía rápidamente, como si quisiera explotarle dentro del pecho.

-"Si…"- Contestó Camus, luego de un momento de silencio, retomando su confianza y volviendo a poner la mano donde antes estaba la del octavo guardián, quien lo miró con una sonrisa. –"Creo que nadie en el mundo puede responder exactamente por qué, pero… soy capaz de decirte como, y creo que fue a causa de conocerlo mejor."- Su escucha ladeó la cabeza; quería saber y ahora tendría ese conocimiento. –"Yo venía de Francia, estaba solo y no entendía ni media palabra de lo que tú y los otros niños decían… así que… él lleno esa soledad con su compañía, con sus risas, sus enseñanzas fueron mi mayor tesoro y su amistad el recuerdo más valioso de mi niñez…"- Milo envidió la sonrisa y el pequeño suspiro que el recuerdo del gemelo habían logrado en Acuario. –"Pasábamos las tardes leyendo literatura universal, y él fue quién me instruyó en todos los idiomas que conozco; por él es que ahora puedo hablar contigo sin ningún tipo de problemas. Cuando yo crecí no lo veía con la misma frecuencia, y creo que eso se debió a que Saga se convirtió en el Patriarca… creo que después comencé a notar la oscuridad que lo rodeaba y me alejé; me sentí culpable porque pensé que eso lo había empeorado…"- Los ojos del galo volvieron a reaccionar, esta vez se mostraron tristes. –"Así que cuando tuve la oportunidad de verlo otra vez, decidí que no lo volvería a dejar…"

-"Espera, no creo que fuera tu culpa."- Comentó, pensando que quizá ese sentimiento era la razón de que él pensara que estaba enamorado de géminis.

-"Lo sé, y por eso me alejé de nuevo…"- Sonrió. –"pero…de pronto me descubrí enamorado de él, es como cuando estas dentro del mar y no puedes respirar por más que tratas, y lo haces hasta que te encuentras frente a esa persona; y luego dejas de hacerlo porque está cerca, y si respiras puedes perderte el más leve murmullo de sus labios…"- Agachó la mirada, y Milo con él: la batalla no sería fácil.

La mesera llegó justo a tiempo, provocando que ambos volvieran a acomodarse en sus sillas y ahorraran un par de palabras o preguntas. Ella dejó sobre el mantel dos servilletas con estampado de vaca, una taza con la cara de la misma figura y un plato cuadrado con la decoración a juego; esto lo puso delante de Camus. Frente a su acompañante ella colocó un vaso de cristal con un líquido café, al que coronaba una bola amarillo canario de helado, inerte, arriba –o tal vez flotando, Milo no sabía exactamente- del líquido, y en un plato justo como el de su 'novio', una rebanada de un pan con la mitad de color café oscuro, y la parte de arriba amarilla.

-"Sé por experiencia que es el mejor pastel imposible que hay por aquí; ni siquiera yo logro que la consistencia del flan quede así…"- Comentó el francés, tentado a picar con una cuchara la cubierta del pan, quizá para comprobar que estuviera tal y como la recordaba, o amenazarla y que esta le dijera cual era el secreto de su creador. Escorpio miró su orden, luego al que la había pedido, la orden, y una vez más a su 'novio'. Quiso decirle… lo que fuera en referencia a su comentario acerca de ser un glotón, pero cuando notó que Camus de la nada había sugerido algo que le gustaba en todo sentido, comprendió que su batalla contra Saga no sería tan mortal como había supuesto; después de todo, él se había esmerado en pensar en algo que le agradara. –"Puedes comer el helado así de a poquito…"- Le pasó una cuchara. –"… o dejar que se empiece a derretir en el refresco y le da un sabor muy diferente y delicioso…"- Escorpio asintió como si fuera un niño pequeño al que se instruye recién para comer.

En cuanto tuvo el helado en su boca, entendió que jamás olvidaría aquella cita con Camus, no sólo por las cosas que habían pasado y aún podrían suceder antes del término del día, sino por aquél postre que se lo recordaría en todo sentido: frío, elegante, pero sobre todo dulce.

End of Flash back

Suspiró por última vez antes de retirarse de la ventana, ya habiendo tomando una decisión:

Escorpio nunca había sido egoísta en cuanto a sus demás compañeros, a menos que se tratara de algo para él; así que simplemente no entendía porqué debería ser él quien se sacrificara, mucho menos si estaba de por medio aclarar dudas y brindarle a Camus seguridad, confianza y la oportunidad de tener lo que siempre había querido; sin embargo, Milo también siempre le había rogado a Athena por un compañero ideal como lo era ahora Acuario para él; incluso se lamentaba de no haberle prestado mayor interés cuando eran niños, porque quizá, de esta forma, él sería la persona que acaparara sus sueños y esperanzas y no Saga…

-"… Pero mi hermano no quería lastimarlo. Saga siempre lo ha querido, mucho más de lo que puedo decir a su propio hermano…"- Sonó la voz de Kanon en su cabeza, frenándolo cuando intentaba tocar con sus dedos la cabeza del acuariano.

-"Dirás lo que quieras, pero al fin y al cabo lo dejó ir, lo dejó para que alguien se hiciera afortunado con su cariño, y ese soy yo…"- Le había respondido, tan inseguro como se sentía en ese momento.

-"Yo no voy a poner en tela de juicio tu juego con él, pero es obvio que Camus sigue pensando en mi hermano como el hombre de su vida; se lo nota en cuanto habla con él, cuando lo mira, incluso cuando Saga lo toca."- Escorpio cerró los ojos: el fuego de su propio juego lo estaba quemando, y él estaba ardiendo en un punto sin retorno. Se quedó de pie, junto al galo que aún dormitaba sin conocer su infierno interior. –"Si Camus realmente te importa yo sé que lo dejarás ir, y no precisamente por amarlo tanto como dices, si no porque no podrás cargar con la idea de que estando contigo piensa en lo que pudo ser con él…"

-"Maldito Kanon…"- Murmuró el escorpión, sentándose en el piso, con la espalda apoyada en la cama. Acuario abrió los ojos, parpadeó en medio de la oscuridad; buscó al dueño del templo a un costado suyo, pero… sólo estaba el lecho vacío.

-"¿Milo?"- Preguntó a la nada, alzando la voz lo suficiente para que este lo oyera si aún se encontraba en otra habitación. El nombrado levantó la cabeza: con el brazo se secó aquello que el recuerdo exprimió en sus ojos. –"¿Qué te pasa?"- Habló en voz baja, como si temiera despertar al resto de los dorados. Escorpio suspiró secándose la barbilla; se incorporó, se sentó en la cama, y luego se fue a cubrir a entre el pecho de su más reciente dilema, quien no le negó el contacto, sino por el contrario, lo abrigó contra sí, sin la intensión de molestarlo con preguntas tontas acerca de qué le ocurría.

-"El amor apesta, ¿no crees?"- Oyó que el griego le preguntaba después de unos momentos de silencio. El galo se chupó los labios, como si no supiera que decirle. Acarició su cabellera para tratar de calmarlo.

-"A veces…"

Continuará...

Yo sé que las dejo con muchas dudas ... por ejemplo, como estuvo la charla con Kanon y demás, pero les prometo que en el sig capitulo eso será lo primero en lo que me centre :D
y como regalo para todas las amantes de KanonxMilo, el sig capitulo llevará mucho de eso -espero-
Un beso y un abrazo!