Necesito que me perdonen, se que debí subir los siguientes capítulos, es que mi vida a estado patas arriba, pero ya me puse bien con todas mis historias jajaja.

Abrazos y besos cibernéticos.

Queen A.-

CLARY POV

Jace me llevó en coche hasta la consulta de mi psiquiatra, pero no entró conmigo, cosa que agradecí. No podía hablar de las cosas que quería hablar con ella con él delante. Llegué puntual, como siempre, y entré.

- Buenas tardes, Clary, ¿cómo estás hoy? – yo me sonrojé ante la pregunta.

- Buenas tardes, Hodge. Bien, estoy bien. Gracias por atenderme con tan poca antelación.

- Te noto un poco nerviosa. ¿Seguro que estás bien?

- Yo… me siento un poco confusa… desde ayer tengo como una especie de debate interno que no sé cómo solucionar. Y creo que necesito ayuda para poder avanzar.

- ¿Tiene todo esto que ver con aquella noche? – me preguntó con suavidad la doctora.

- Sí y no. Anoche salí por Jonathanera vez desde aquella noche.

- ¡Pero eso es fantástico, Clary! Me alegro mucho por ti. ¿Qué te hizo decidir salir por fin?

- ¿Recuerdas que estaba muy preocupada por la marcha de Jace? – Hodge asintió con la cabeza, dejándome hablar – pues resulta que al final se queda aquí, en San Francisco. Ninguno nos lo esperábamos, así que pensé en salir a celebrarlo. Algo sencillo, cenar por ahí, sabes…

- Ahá.

- Y bueno, fuimos a un restaurante a cenar, y luego nos tomamos unas copas.

- ¿Quiénes ibais?

- Isabelle, Simón, Jace y yo.

- Ahá. Sigue, querida.

- El caso es que el restaurante este tiene como una zona de chill-out, donde puedes tomarte algo después de cenar. Y nos sentamos allí. Los chicos no bebían, pero Isabelle y yo nos tomamos una copa. Ya sabes que yo no bebo mucho, prácticamente nada, pero no sé… tenía ganas.

- No tienes que justificarte, Clary. Tienes 18 años y decidiste tomarte una copa. ¿Pasó algo malo? ¿Te volvió a pasar como en aquella fiesta? – Hodge me escrutaba con la mirada entrecerrada.

- No, para nada. Lo que pasó es que – me estaba muriendo de vergüenza – supongo que a causa del alcohol… no sé porqué me cuesta tanto decirlo. Quise besar a Jace.

- Ya.

- Y me sentí fatal… es decir, un día no le dejo que me toque, y al día siguiente, me tomo una copa, y quiero comérmelo a besos. Y después de todo lo que ha pasado… ¿no debería sentir repulsión a esa clase de impulsos?

- No tiene porqué, Clary. Ya te lo he dicho muchas veces. Lo que te ha pasado es que te golpearon la cara y el cuerpo. Nadie te tocó. Nadie te violó. Sería mucho más normal que te sintieras aterrada al ver por ejemplo una película en la que alguien le da una paliza a otra persona, o si ves como alguien abofetea a otra.

Palidecí entendiendo las palabras de mi psiquiatra. Sin duda eso me daba miedo.

- Me sentí muy culpable – dije en voz baja, mirando mis manos sobre mi regazo – sobre todo porque Jace me dijo de parar… no porque él quisiera parar, si no por mí, y yo le dije que no. Que yo quería. Pero luego… - me revolví incómoda en la silla. Es tu psiquiatra, Clary, puedes confiar en ella – luego sentí la erección de Jace y me entró el pánico. Y me puse a llorar.

- ¿Creíste que Jace quería tener relaciones sexuales contigo?

- ¿Qué? ¡No! Para nada.

- Entonces, ¿por qué el pánico?

- No lo sé. Por los recuerdos. Por lo que implica. Yo… soy virgen, ya lo sabes. Me aterra el dolor, me aterra hacerlo y que pase de mí. Ya sé que eso no pasará, pero mi mente me hace pensar que puede que pase.

- Clary, tienes que calmarte. Escúchate a ti misma. Acabas de decir que sabes que eso no pasará. Es normal que sientas cierta aversión al acto sexual como tal… pero antes de llegar ahí, tenéis que recobrar la confianza mutua. La pregunta es, ¿tú quieres llegar ahí?

Unas lágrimas silenciosas recorrieron mi rostro. ¿Quería? Recordaba cómo antes de aquella noche Jace y yo experimentábamos. Se sentía tan bien… tan a gusto.

- Sí. ¿Está mal que quiera? – Dije mirando a Hodge a los ojos - ¿No debería estar triste más tiempo? ¿No debería estar como un año sin tocar a un hombre?

Hodge se echó a reír.

- ¡Un año! Por favor, Clary, eres una jovencita de 18 años que tuvo un susto muy grande una noche. Mira tu cara. Estás totalmente recuperada. Eso quiere decir que no fue grave. Y mírate por dentro. Estás empezando a despertar. Ayer quisiste besar a Jace por iniciativa propia. Eso es muy bueno.

- Mis padres nos pillaron esta mañana abrazados en la cama – confesé sonrojándome – y creían que lo habíamos hecho. Al parecer Jace me hizo un chupetón anoche – mi cara cada vez estaba más roja – y eso es algo que se hace… ya sabes, durante el sexo.

- Vaya, Clary, me alegro de que me cuentes esto. Son grandes avances. Los besos… ¿fueron como los de antes?

- Sí, creo que sí.

- ¿Y tú estabas cómoda?

- Sí, mucho – contesté en un susurro. – Demasiado.

- ¿Porqué demasiado? Tienes que dejar de sentirte culpable, Clary. Tienes que soltar tu cuerpo y hacer lo que te apetezca. Libérate. Habla con Jace. Cuéntale lo que sientes. Cuéntale cosas de aquella noche. Él también necesita entender porqué te sientes así. Te sentirás mejor, y él también. Tenéis una segunda oportunidad maravillosa.

- Lo sé. Ayer… volví a sentir ese cosquilleo. Supongo que sabes de qué hablo – dije con una media sonrisa – no lo sentía desde… desde aquella noche. Desde que dejó la habitación para ir al restaurante.

- Lo importante es que lo has sentido de nuevo.

- Entonces, si Jace y yo… seguimos con todo esto… ¿no está mal?

- ¿Mal? No querida. No está mal.

- Vale.

- Bien, parece que avanzamos – Hodge sonrió abiertamente.

- Jace se muda a su casa. Por esto – y me señalé el chupetón.

- Bueno, pues ya tienes una excusa para salir de tu casa, te hace falta. Estás muy pálida, y vives en San Francisco, querida. Aprovecha estos días que quedan de vacaciones. Ve a la piscina, a pasear, o a donde tú quieras. Intenta seguir con tu vida. Y no tengas miedo.

- Lo intentaré, pero no prometo nada.

- Ven a verme cuando lo necesites.

- Muchas gracias, Hodge. De verdad.

- No tienes que dármelas, querida. Cuando salgas, habla con mi secretaria y que te concierte una cita para la semana que viene. Quiero que hablemos de tus avances.

- De acuerdo. Hasta luego – besé a Hodge en ambas mejillas y salí de su consulta con un alivio palpable. Estaba haciendo avances. Y eso era bueno.

Cuando salí del edificio fui directa al coche de Jace. Estaba sonriendo, y darme cuenta de ello me hizo reír. Parecía que llevaba siglos sin sonreír – pese a que la noche anterior había estado riendo mucho con mis amigos – y me sentí genial. Subí al coche, miré a Jace, y le di un pequeño beso en los labios. El me miró con ambas cejas levantadas, pero no dijo nada, se limitó a reír y a negar con la cabeza.

- Vamos a casa – le dije.

Ya habíamos decidido durante el desayuno que la de hoy sería la última noche que Jace dormiría en casa. Pero no iba a permitir que eso me hundiese, todo lo contrario. Hodge tenía razón, tenía que aprovechar para salir de casa y disfrutar del poco verano que quedaba.

- ¿Has recogido ya todas tus cosas? – pregunté mientras aparcábamos el coche.

- No, ahora recogeré lo que me queda. No quiero irme.

- Ni yo que te vayas.

Nos quedamos en el coche, sentados, mirándonos, sin saber qué más decir.

- Vendré a verte todos los días – me dijo Jace.

- No, no. – Jace me miró extrañado. – Yo iré a verte. Mi psiquiatra me ha dicho que debo salir de casa… relacionarme con el mundo que me rodea. Y tiene razón. Encerrarme aquí no borrará lo que pasó. También me ha recomendado que… que te hable lo de que pasó.

- No tienes por qué hacerlo.

- Ya lo sé. Pero quiero hacerlo.

- ¿Ahora?

Yo le miré suplicante. No, por favor, ahora no. Pronto, pero no en el coche, no enfrente de mi casa, no el último día que iba a dormir con él. Simplemente negué con la cabeza. Salimos del coche en silencio. Dentro de casa estaba todo el mundo, era raro. Jonathan y Jessica estaban en el salón, jugando a la consola, mi madre estaba en la cocina, gritándole a alguien por teléfono, "¡ESE NO ES MI MALDITO PROBLEMA! CONSIGUE ESAS TELAS O TE DESPEDIRÉ", y mi padre estaba en su despacho, como siempre.

- Hola, papá.

- Oh, Clary, te estaba buscando.

- Dime.

- Verás… gracias a toda la presión que he estado ejerciendo en los juzgados he conseguido que el juicio se adelante. – Palidecí. El juicio. – Necesito saber si testificarás. Pero no tienes que decírmelo ahora mismo.

- Sí, testificaré – dije con decisión.

- ¿Estás segura, Clary? – me preguntó Jace, que estaba detrás de mí.

- ¿Servirá mi testimonio para hundirlos más en la mierda? – la pregunta iba directa a los ojos de mi padre.

- Sí – dijo finalmente. – Pero no será sencillo. Tienen un buen abogado defensor. Te hará muchas preguntas muy incómodas. Tendrás que prepararte mentalmente.

- Lo que haga falta, papá. Haré lo que tú me digas.

- Cariño, no tienes que preocuparte. El juicio está ganado. Tenemos la grabación. Esto lo único que hará será agravar la pena que el juez decida. No te preocupes por lo demás, ¿vale? Tú y yo nos prepararemos para ganar.

- Vale, papá.

Mi padre me abrazó con ternura y me besó en la coronilla. Sabía que mi padre era un gran abogado. Licenciado en Harvard, de los Jonathaneros de su clase, empezó a trabajar como pasante muy joven. Fue ascendiendo, siempre por méritos propios, hasta que logró ahorrar lo suficiente como para abrir su propio bufete. Se dejaba la piel en todos sus casos. Y este era, según él, el más importante de su carrera. Abracé con más fuerza a mi padre durante un segundo y me fui con Jace a mi habitación.

Jace recogía sus cosas metódicamente y las guardaba en la bolsa de viaje que había encima de mi cama. Yo le observaba en silencio, mientras escuchaba la radio que estaba puesta de fondo, donde sonaba Just Give Me a Reason de P!nk.

- Jace, creo que tenemos que hablar.

- ¿Crees? – me miró levantando una ceja. Yo me sonrojé.

- Sí… sobre lo de anoche. – Tragué saliva y me concentré en lo que tenía que decir. – Yo no me arrepiento de nada. Y espero que tú tampoco.

Jace me miró divertido. No, no se arrepentía. Yo sonreí.

- Siento mucho mi reacción ante tu… ya sabes – me ardían las mejillas al pensar solo en la palabra – ante tu erección – logré decir en un susurro.

- Fue culpa mía, Clary. Tenía que haberme controlado… haber parado antes de llegar a, ya sabes… ponerme así.

- Si fue culpa de alguien fue mía. Yo quise besarte… yo quiero hacerlo. Por una parte quiero hacerlo, lo estoy deseando, pero por otra me siento tremendamente culpable por querer hacerlo. ¿Tiene sentido lo que digo?

- Sí – dijo Jace suspirando. – Claro que tiene sentido. No debí dejarme llevar. Verte tan asustada… me rompe el corazón, Clary. No lo soporto. No soporto hacerte sufrir.

- ¡Pero tú no me haces sufrir! No eres tú quien me hace ponerme así de histérica o de nerviosa. Por eso mi psiquiatra cree que debo hablar contigo de aquella noche… para que entiendas que tú no eres el que me hace daño. Lo que me pasa es que mi mente se pone a recordar cosas y el pánico se apodera de mí si poder evitarlo… de alguna manera mi cuerpo reacciona a la defensiva, como si fueses a hacerme daño…

- ¿Tú crees que yo te haría daño? – La cara de Jace mostraba una profunda tristeza.

- ¡NO! – Chillé sin querer. – Nunca, Jace. Ya sé que no. Pero son reacciones instintivas de mi cuerpo… Hodge dice…

- ¿Quién es Hodge? – me cortó Jace.

- Es mi psiquiatra. Es su nombre. Bueno, Hodge dice que tenemos que empezar por el principio. Que volver a confiar el uno en el otro… no es que no confíe en ti. Pero en plan… corporalmente. Dios, me siento tan estúpida diciendo todo esto… lo que quiero decir, es que por ejemplo, cuando me pones una mano en la cadera…

- Te pones histérica.

- Sí. Pero quiero que entiendas porqué. Y quiero que sepas que no es por ti. Walter me agarraba las caderas aquella noche, y mi cuerpo simplemente reacciona. Y si de pronto me estás besando y tus manos bajan hasta las caderas… bueno, seguramente me pondré a flipar hasta necesitar un puto ansiolítico. ¿Entiendes?

- Sí. No pienso tocarte, Clary. Entiéndeme tú a mí. No tengo ni idea de qué puede despertar tu histeria. Para mí es más fácil simplemente evitar el contacto, por triste que me resulte.

- Pero yo no quiero eso. Si nunca nos tocamos, del modo que sea – mis mejillas empezaron a arder – nunca recobraremos la confianza. Por eso hay que empezar por el principio, ¿sabes? Yo confío en ti. Y quiero que mi cuerpo lo haga también. Joder, no puede ser para tanto, ven aquí.

- ¿Qué vas a hacer?

Jace se acercó a mí con cautela, pero yo simplemente cogí sus manos y las puse en mis caderas. Notaba el calor de sus manos a través de la tela del pantalón. Sus manos eran grandes, fuertes y firmes. Mi corazón empezó a ir muy deprisa, mi respiración también.

- Clary, para. – Jace intentó quitar sus manos de mis caderas, pero yo se lo impedí. Él tenía mucha más fuerza que yo, lo podía haber hecho de haber querido, pero dejó sus manos ahí.

- No, Jace. Es la única manera.

Lentamente las manos de Jace empezaron a relajarse, y empezó a dibujar círculos con sus pulgares. Me estremecí con ese contacto y cerré los ojos. Por una parte era delicioso, echaba mucho de menos el contacto físico, y por otra parte era insoportable. Tenía que encontrar la forma de alejar el trauma de mi mente. "Es Jace, Clary. No te hará daño. Sus manos nunca te harán daño. Nunca te pegaría. Nunca te pegará. Él te quiere".

- ¿Estás bien, Clary? Te has puesto un poco pálida.

- Estoy bien – resoplé – pero creo que por hoy ya está bien. – Con toda la delicadeza que pude aparté sus manos de mi cuerpo. – Baby steps – dije con una sonrisa.

- Baby steps – repitió Jace sonriendo también. Me dio un beso en la frente y siguió recogiendo sus cosas.

Me tumbé en la cama, mirando al techo, pensando en todas las noches que me quedaban por pasar, sola a partir de ahora. Eso era bueno, porque significaba que estaba mejorando, mucho más rápido de lo que había imaginado. Recordé lo que le había dicho a Hodge, que tenía que esperar un año. ¡Un año! Visto ahora, así, era una burrada. Además, aún quedaban muchas cosas que hacer antes del gran momento. Meses, eso lo tenía claro. ¿Cuántos? Imposible de saber.

- Ya está, Clary. Me falta el pijama, lo guardaré por la mañana.

- No te llevarás la camiseta de Chicago, ¿no?

- Claro que no. Te la he guardado en el armario.

- Vale – dije sonriendo.

- Anda, vayamos abajo, tengo que preparar una cena de despedida para todos.

.

JACE POV

Aquella iba a ser la última noche, hasta nuevo avisto, que dormiría con Clary. Era absurdo pensar que la iba a echar de menos, porque nos veríamos a diario, pero sí, iba a echar mucho de menos dormir a su lado. Como despedida – y como todas las noches, en realidad – hice una cena para toda la familia. Jessica también estaba invitado, se había convertido en uno más de nosotros, sobre todo después de salvar a Clary. Horneé unos panecillos con queso, sabía que a Clary le encantaban, acompañados de ensalada, y un risotto de setas como plato principal. Triunfé, como casi siempre.

- Estaba todo delicioso, Jace. Voy a echar mucho de menos tener un chef en casa – Effie me guiñó el ojo.

- Ya te digo tío, esto está cojonudo.

- Esa boca, Jonathan – Luke todavía no se acababa de acostumbrar que su hijo ya tenía novia y necesitaba tener más educación .

- Perdón. Está muy bueno, Jace. – se sonrojó un poco y miró a su padre con enfado.

- Estaré encantado de venir a cocinar cuando queráis – dije con cortesía.

- Es un rollo que te vayas, lo mejor son los desayunos – Jonathan le hacía pucheros a Luke que querían decir "deja que se quede", pero su padre solo negaba con la cabeza, sonriendo.

- Creo que es hora de devolver a Jace a su casa. Él también tiene padres, ¿sabes Jonathan? Además, es obvio que Clary está mucho mejor. ¿Te sientes mejor, Clary?

- La verdad es que sí. Si no llega a ser por Jace me tendríais que haber llevado al manicomio. Espero tener las pesadillas a raya aunque él no esté.

Hubo un incómodo silencio. Todos los presentes habían oído a Clary gritar alguna vez, y no necesariamente durmiendo. Sí, era verdad que estaba mucho mejor, y que ya no perdía tanto el control como los Jonathaneros 4 días. Pero no estaba "curada". Todos lo sabíamos. ¿Qué harían si volvían las pesadillas y yo no estaba cerca? Tenía que hablar con Jonathan sobre eso, era importante. Acabamos de cenar hablando de banalidades y recogimos la mesa entre todos. Antes de que se fuese al salón – Jonathan no podía subir a su habitación con Jessica, al menos con sus padres en casa – la llamé.

- Dime Jace.

- Escúchame Jonathan, esto es importante. Mañana yo ya no estaré por aquí. Quiero que me prometas que ayudarás a tu hermana si tiene pesadillas.

- Yo...

- Solo tienes que despertarla. Solo eso. Ya sé que da miedo, se pone como loca. Pero es mucho peor si no la despiertas. ¿Lo harás por mí?

Jonathan asintió con la cabeza, un poco seria. La verdad era que, cuando Clary tenía una pesadilla, casi transmitía su miedo a la gente que la veía. Era horrible verla sufrir así. Yo la despertaba cada vez que hacía falta, la calmaba, y la abrazaba hasta que se dormía de nuevo. Y vuelta a empezar.

- Cada vez tiene menos pesadillas, Jonathan. Puede que ni haga falta que la despiertes. Pero quiero estar seguro de que alguien estará ahí si las tiene. ¿Vale?

- Por supuesto, Jace. Si no fuese por ti… nos has unido a todos, Jace. Gracias.

Jonathan se acercó a mí y me abrazó. Era bastante más bajito que yo. Para el había sido también un golpe bastante fuerte lo de Clary. Pero estaban a salvo ahora, me gustaba pensar que en parte gracias a mí.

- Bueno, voy a ver la tele un rato con Jessica. Nos vemos en el desayuno, buenas noches Jace.

- Buenas noches, Jonathan.

Subí las escaleras, pesaroso, sabiendo lo que me esperaba. Clary estaba ya en pijama cuando entré en la habitación, sentada en la cama, leyendo. Estaba preciosa con ese pijama de pantalón corto y camiseta de tirantes. Era increíble cómo su humor, su actitud, había cambiado desde la noche anterior. No sé que llevarían los margaritas, pero resultaron milagrosos.

- Buenas noches, preciosa.

- Buenas noches – me dijo sonriendo – ¿vienes a la cama?

Yo levanté una ceja, divertido, leyendo el doble sentido de la pregunta. Ella se sonrojó, pero sonrío. Levanté los brazos en acto de defensa, como queriendo decir "yo no he dicho nada".

- Me cambio y voy.

De buena gana me hubiese cambiado de ropa delante de Clary, pero aún quedaba bastante para eso. Baby steps, Jace. Recuérdalo. Fui al baño y me cambié rápidamente. No quería perder ni un solo segundo de esta noche tan especial. La última noche. Cuando volví a la habitación de Clary las luces estaban apagadas, a excepción de la luz de la mesita de noche, y Clary estaba metida en la cama, esperándome. Me tumbé a su lado y la abracé con fuerza. Nunca podría olvidarlo, pero quería olerla, recordar su fragancia natural, el roce de su pelo rebelde haciéndome cosquillas en la nariz, el sonido de su respiración, el tacto de su piel contra la mía… quería que supiese que se había convertido el algo indispensable para mí.

- Te quiero – musité.

- Y yo a ti, Jace.

Nos miramos a los ojos y nos besamos como si la vida nos fuese en ello.