Advertencia: SLASH. LEMON. Señores, para quien le parezca grotesco ver a un Steve pasivo, el fanfic terminó en el capítulo anterior. Para todos los demás, es este.
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Steve Rogers es un esposo fascinante.
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- No, espera, no tienes que... - se tensó ante su atrevimiento.
Arrodillado frente a él, el moreno engullía aquel miembro lentamente haciendo uso de su habilidosa lengua. No era como las veces anteriores en las que el ingeniero solo quería sugestionarle, ésta era muy diferente. Tragándolo con suavidad él estaba siendo posesivo, dominante.
El Capitán Rogers solo podía permitirse colocar una mano sobre su cabeza, reprimiendo el impulso de embestir aquella húmeda cavidad.
El heredero del imperio se tomó su tiempo, como si pretendiera grabar su contorno, las líneas, pliegues. Lamía el frenillo, rodeaba el glande con los labios, con perversidad lo introducía completamente dentro de su boca. Rozaba los dientes hasta sus testículos, succionaba. Sin detenerse, le masturbaba con firmeza.
Mientras repetía el procedimiento Tony Stark introdujo dos dedos lubricados con vaselina en él, moviéndolos, abriéndolos, girándolos. Aquel joven de Brooklyn estaba demasiado excitado como para negarse.
Cuando el ingeniero se incorporó, posicionándose entre sus piernas, él pudo comprender que su cuerpo ya se había habituado a recibir al otro. No era la primera vez que se dejaba hacer, no era lo habitual pero el idealista solía disfrutar de esos inusuales momentos, solo así podía ver otra faceta del héroe. Una en la que lograba seducirlo de un modo completamente distinto, manteniendo el control de una forma que le marcaba como su propiedad.
Se quejó cuando lo recibió dentro mas le tomó de la cadera contra sí para acostumbrarse a él. Era una sensación invasiva a la ya se estaba habituando, así que, cuando aquel tipo presionó su interior no podía decir que no le había gustado. Él sabía donde tocar, hacia donde presionar.
De aquella libidinosa manera comenzaron las embestidas, dolorosas, placenteras, porque a su vez no dejaba de recibir atención en su entereza. Era víctima de torturantes roces en su entrepierna, perversas mordidas en su manzana de Adán y la cálida respiración posándose en su cuello.
Lo que había comenzado como una clase de combate cuerpo a cuerpo, de alguna forma ahora se había vuelto una clase de sexo por aquel perverso experto.
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Estar aquí y escribir sobre ellos es lo mejor que me ha pasado en la vida. Yo simplemente creo que ellos son la pareja perfecta, uno para el otro.
Si les ha gustado, gracias, me hacen inmensamente feliz. Espero haberles sacado una sonrisa.
Los amo.
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