CAPÍTULO 14: PRIMER MOVIMIENTO - I : ERROR

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-Nada, no contesta. Y lleva así desde ayer.

-¿Le habrá pasado algo a Fresita?

-¡Ja! No creo que le pudiese pasar algo sin que nosotros nos esterásemos. Seguramente estará con la shinigami esa.

-¡¿Quééééé?! ¡Nos ha traicionado!

-No digas tonterías.

-¡Vosotros dos, parad ya de hacer tanto ruido!- Hiyori se había levantado de mala leche, con una mano dormida y encima le dolía la cabeza. Iba a matar a los desgraciados que la habían despertado.

-Hi...Hiyori, tranquilízate, anda que no pasa nada...- prefirió no haber dicho nada. Un rostro terrorífico se sobrepuso al de la vizard.

-¡¡Y me habéis despertado por nada!!- definitivamente, los iba a matar.

Observando la escena, estaban dos de los vizards restantes: Hirako y Hacchi. Admiraban la facilidad que tenían sus compañeros por relajarse. Ellos no podían; no con una batalla por delante. Y menos con unos oponentes que habían escapado del mismísimo Infierno.

-¿Qué haremos, Hirako?- los gritos de Hiyori aún podían oírse de fondo.- Tenemos que intervenir rápido, y tu lo sabes.

-Sí. Si los shinigamis se precipitan, las cosas pueden salir muy mal. La última vez que nos encontramos con ellos, nos sorprendieron, tenían poderes que jamás habían visto, por no mencionar que también llevaban una zampakutou. - miró hacia sus compañeros, que seguían con su estúpida pelea. - Tenemos que contactar con Ichigo. No moveremos pieza aún, pero tenemos que mantenerle alejado de los shinigami. No podemos permitirnos que se involucre en la batalla; sería perjudicial para nosotros.- Hacchi lo miró. No sería fácil.

-No querrá venir. Lleva mucho tiempo buscando a esa shinigami.- Hirako suspiró. Hacchi tenía razón.

-Entonces, no tendremos más remedio que traerla con nosotros. Mientras no arme escándalo, Hiyori la tolerará. Y por los demás no tendrá que preocuparse.

-Es extraño.- su compañero lo miró.- Normalmente, no habrías aceptado a ningún shinigami con nosotros.

-¡Sí, ya lo sé!- se llevó una mano a la cabeza, haciendo un gesto un tanto dramático.- Pero ya sabes lo caprichoso que es ese idiota. Si no viene ella, él no vendrá con nosotros, y eso sería mil veces peor que tener por compañía a un shinigami.

-Esa shinigami no tiene que ser como los demás.- Hirako lo miró sorprendido. ¿Estaba defendiendo a uno de ellos?- Después de todo, Ichigo también ha experimentado en carne propia los tratos de la Sociedad de almas, y no es que los aprecie mucho...

-Bueno - tenía razón - quizá no sea tan... Shinigami como los demás.- para ellos, no había una palabra que pudiese expresar con claridad a un shinigami. Lo que eran, dioses de la muerte, ya decía todo lo que a las palabras les faltaba por expresar. Shinigami. Para ellos, en esa palabra estaba metido todo el odio que sentían hacia aquellos que se hacían llamar Dioses.

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-Ya hemos llegado. Este es el lugar.- tres shinigamis había llegado a una amplia explanada y se mantenían en pose de lucha, pero allí no había absolutamente nada.

-¿Estás seguro? Aquí no hay nada.

-Pues es la dirección que pone aquí.- le dijo el primero enseñándole un pequeño aparato que mostraba una imagen digital del lugar.

-¡Seguro que lo has mirado mal! ¡Inútil!

-¡Vosotros dos, parad de una vez!- el tercer shinigami, que se había mantenido en silencio hasta ese momento, tomaba ahora la palabra.- No hay duda, este es el lugar.

Se adelantó unos cuantos pasos escudriñando en la oscuridad, intentando ver más allá de lo que a simple vista había allí. Se concentró, intentado averiguar la posición de la energía espiritual que había sentido débilmente hacía unos momentos. ¡Era la de un shinigami!

-¡Por aquí!-les ordenó a los demás, indicándoles el camino a seguir. Los otros dos corrieron a su lado, fieles al que habían asignado como líder del grupo.

Bajo un árbol de considerable tamaño, se encontraba el cuerpo de un shinigami. A simple vista, se podían ver varias heridas que parecían graves, a parte de que la sangre que se concentraba a su alrededor era mucha, demasiada para que fuese bueno. Los tres hombres se acercaron lo más deprisa que pudieron y se situaron alrededor del herido. Parecía que estaba inconsciente.

-Esto no es bueno.- uno del grupo, el que parecía el más joven, miraba nervioso a todas partes. Al ver a un compañero suyo en ese estado el pánico había hecho acto de presencia.

-Agghh...mgg...-parecía que estaba despertando.- Cof, Cof.-tosió varias veces, escupiendo sangre en el suelo.

-¿Cómo estás?

-Están... Aquí... Son muchos, no pude...- su respiración era entrecortada, cada bocanada de aire que tomaba le producía un dolor indescriptible al pasar por su herida garganta.

-No te preocupes amigo, nosotros te vengaremos.

Una sombra, una brisa de viento, una voz aterradora.

-Pues tendréis que esforzaros shinigamis, porque como podéis ver...- los tres hombres se giraron inmediatamente, desenvainando a sus zampakutous y apuntando a los hollows que tenían detrás de ellos. ¿Cómo no habían podido notar su presencia?- Os superamos claramente en número.

Ocho hollows enormes había aparecido de la nada. Eran poderosos, lo sabían. Como también sabían que las posibilidades de vencer eran más bien pocas, pero habían ido allí a luchar... O a morir.

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Caminaban en silencio por una de las muchas calles de la ciudad. Ninguno de los dos sabía muy bien que decir, y la situación era un poco violenta. Simplemente dejaban que sus pies decidiesen el rumbo. Pasaron por multitud de tiendas y bares, pero no se pararon en ninguna, hasta que la muchacha no pudo evitar poner su mirada en cierto objeto que estaba expuesto en un escaparate.

"¡No! ¡Ahora no! No puedo perder el tiempo en tonterías..." pero su mirada la llevaba de nuevo hacia el objeto de su deseo. "¡serás idiota! No es momento para esto... Ichigo..." lo miró. Parecía triste. Mantenía la cabeza bajada, mirando al suelo. Habían decidido salir para despejarse, para relajarse un poco, pero Rukia sabía que solo era una excusa, y lo que de verdad quería en ese momento, era estar solo. Estos días que había pasado con él, habían sido como un sueño, demasiado bueno para ser verdad. No le había dicho por qué había olvidado todo aquello, pero había decidido no preguntárselo, si él se sentía con ánimos de decírselo, ya se lo diría. Y ahora, con todo aquello, a ella tan solo se le ocurría mirar... ¡A un estúpido conejo! Sin darse cuenta, se había parado y miraba aquel pequeño conejito blanco que correteaba dentro de su pequeña jaula de metal. Se acercó un paso, quería verlo más de cerca, y otro más, la gente no paraba de pasar y no le dejaban verlo bien. Cuando se dio cuenta de que había dejado de seguir a Ichigo, se alarmó. ¡Lo había dejado solo en esa situación! Se maldijo a si misma, recalcando el grado de su estupidez, y se volvió para buscarle. No conocía esa ciudad, y como se hubiese ido muy lejos, no sabría como encontrarlo.

No tuvo que dar ni un paso. Estaba a unos tres metros de ella, observándola, y parecía que se estaba riendo... De ella.

-¡Qué... ¿Qué estás mirando?!- la había estado esperando todo el rato, viendo como poco a poco se iba acercando a aquella tiendo de animales donde se encontraba el pequeño conejo blanco que ella tanto quería.

-¡A la cara de embobada que estabas poniendo hace un segundo! ¡Mira que ponerte así por un conejo!- no paraba de sonreír, y la muchacha no lo entendía. ¿Qué le hacía tanta gracia? Ichigo se acercó a ella, pero Rukia le había dado la espalda, ¡no soportaba que la gente se riese de ella.

-¡Si tanta gracia te hace mi cara, no hace falta que la mires!- ¿Qué se había creído ese estúpido? Además, ¿no se suponía que estaba mal por no recordar?

Unos brazos la rodearon por detrás, abrazándola con fuerza.

-Tu nunca cambiarás, ¿verdad?- sonreía por ella, porque ella estaba a su lado. No tenía ningún otro motivo.

-¡¿Qué?!- ¿A qué venía todo aquello? Bueno, a decir verdad... No importaba.

-Tu siempre con tu extraño gusto por los conejos. Que fría eres, yo deprimido y tú mirando animales.- dijo todo eso sonriendo, pero con los labios, sino que sonreía con los ojos; irradiaban felicidad.

-¡No... No era eso, idiota! ¡Es que... Allí...!- intentaba encontrar alguna excusa, pero en ese momento no se le ocurría ninguna.

-¿Quieres uno?- aún detrás de ella, acercó su rostro al de Rukia, viendo como los ojos de la shinigami brillaban. La chica se giró lentamente, deshaciendo el abrazo que recibía de los brazos de Ichigo.

-¡¡¡Sí!!!- se abalanzó sobre él, tirándolo al suelo y dando grititos de alegría como si fuese una niña pequeña.

-¡Rukia!- el chico no pudo evitar sonrojarse. Parecía que todo el mundo les estaba mirando. Podía sentir las miradas de la gente en su nuca; algunas de reproche, otras más bien divertidas, y la única que parecía no darse cuenta era la causante del problema. Había entrado en MODE CHAPPY FAN.- ¡Maldita sea Rukia, reacciona!

No supo muy bien cómo pero uno segundos más tarde, ya no tenía a Rukia encima, pero también le faltaba otra cosa... La cartera.

-¡¡Rukia!!

La muchacha ya se había acercado lo más rápido que pudo a la tienda, antes de que su, ahora novio, cambiase de opinión por culpa de la escenita que acababa de montar. Segundos después salía con un pequeño animalito blanco en sus brazos, que increíblemente, no parecía tener ni la más mínima intención de obtener la libertad.

-¿Nos vamos?- sonreía felizmente mientras se acercaba al muchacho. Antes de que éste pudiese decir nada, ya se marchaba, aunque no sabía exactamente hacia dónde.

-De nada...- la siguió. En parte feliz de haberla hecho sonreír con aquel momento, en parte molesto porque aún no le había devuelto su cartera y sabía muy bien por qué: estaría completamente vacía.

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Respiraba con dificultad, la herida que tenía en la pierna sangraba en abundancia, pero no le importaba. Esos malditos hollows habían acabado con la vida de sus compañeros, y tan solo quedaba uno. Era su hora de vengarse. Rabioso, se abalanzó contra aquel engendro con su zampakutou liberada; aquello consumiría todas sus fuerzas, pues hacía más bien poco que había conseguido saber el nombre de su katana, pero en aquel momento nada importaba, nada, salvo vengarse. Falló, pero no del todo; no había conseguido derribarlo, pero le había hecho un gran tajo en el hombro, y ahora su brazo sangrante colgaba inútilmente por apenas unos centímetros de piel. El hollow gritó, de ira y de dolor, agarrándose con el brazo que aún tenía intacto el hombro. Lo miró a los ojos, maldiciendo al shinigami que le había causado esa herida. Miró hacia un lado, hacia otro, y se dio cuenta de que estaba solo. Regresaría a hueco mundo, aunque sabía que los nuevos huéspedes de allí lo eliminarían si se daban cuenta de su presencia.

Desde que las Almas del Infierno habían llegado, se habían dedicado a exterminar a todos los hollows que osaban acercarse al castillo de Las Noches, que era donde se habían establecido. Los que estaban más alejados de ellos, simplemente habían tenido que dejar de frecuentar ese lugar, pero los que estaban cerca... La única solución que les quedaba era marcharse al mundo humano. Y ahora ese estúpido shinigami le obligaba a volver. Por lo menos en hueco mundo tendría otra oportunidad, en ese estado sabía perfectamente que no podría contra aquel oponente.

Abrió la Garganta, el portal que lo llevaría a su mundo, y sin dudar, se metió a través de ella.

El joven shinigami, malherido, veía como aquel hollow abría el portal. ¡Iba a escapar! No podía permitirlo. Aunque aquello significase su muerte, jamás dejaría a aquel hollow con vida. Antes de que el portal se cerrase, dio un salto y entró en él. Pronto estaría en hueco mundo.