RATONCITO

CAPÍTULO 12

La muerte de Esme fue un duro golpe para nuestra familia.

Por momentos parecía que Carlisle no lo superaría.

Sus hijos intentábamos pasar con él todo el tiempo posible, aunque no era fácil.

Kate, con su matrimonio de menos de un año y un bebé de un mes no encontraba mucho tiempo para pasar con Carlisle aunque lo intentaba pero siempre encontraba un pequeño hueco.

Irina, madre de un pequeño de un año habría sido una mejor compañía si no hubiese estado viviendo con su marido en Port Ángeles, a una hora de Forks.

Y por último estaba yo. Mi nuevo puesto en la empresa me demandaba muchas horas de trabajo y varias salidas fuera del estado, reduciendo drásticamente mi tiempo libre.

Por otra parte mi relación con María parecía haber tomado una nueva dirección y yo intentaba dedicarle todo el tiempo posible con la intención de recuperar lo que los últimos meses parecíamos haber perdido.

Fue de gran ayuda que Emmett le permitiera a Bella pasar tiempo con mi padre.

Bella, al igual que para Esme, había sido para Carlisle su primera nieta y la adoraba tanto como la niña le adoraba a él.

Ella se había preocupado por Carlisle y su soledad y le había suplicado a su padre que le permitiese para tiempo con mi padre y Emmett se lo había dado.

Era así como cada tarde la niña pasaba un par de horas en la casa de mi familia haciéndole compañía a mi padre.

Fue una de esas tardes cuando María y Bella por fin se reconciliaron.

No habían vuelto a hablarse más que lo estrictamente necesario desde aquella tarde de casi tres meses atrás cuando María había delatado a Bella frente a sus padres y ésta le había declarado abiertamente la guerra.

Estaba yo sentado en el sofá del salón estudiando unos contratos cuando María entró una hora más tarde de lo que era habitual.

Sin mediar palabra se sentó a horcajadas en mi regazo sorprendiéndome antes de bajar su boca sobre la mía de forma ansiosa y desesperada.

Separó su boca de la mía solo para quitarse su camiseta y librarse de su sujetador.

—¿María? —pregunté extrañado por su actitud.

La María que hacía ese tipo de cosas había desaparecido de nuestra pareja hacía ya años y yo pensaba que nunca volvería.

—Hazme el amor, Edward —ordenó sorprendiéndome aún más pero sin que yo lograra encontrar verdaderos motivos para quejarme.

—¿Aquí y ahora? —inquirí.

—Sí —Sonrió lasciva —Estoy segura de que recordarás cómo se hace —me retó y completamente excitado me lancé sobre ella.

Sobé sus pechos desnudos para meterlos en mi boca y chuparlos y succionarlos endureciéndolos.

Con movimientos febriles nos desnudé a ambos y cuando recuperé la consciencia me encontraba clavado en su interior bombeando contra ella mientras mis dedos atormentaban su clítoris.

No recuerdo en qué momento nos detuvimos ni cuántos orgasmos habíamos alcanzado para entonces, pero era entrada la noche cuando por fin la levanté de la alfombra para llevarla a nuestra cama.

—Te he echado muchísimo de menos —murmuró acostada sobre mi pecho después de una última ronda.

—Y yo a ti, mi amor —reconocí —Pensé que ya nunca recuperaríamos lo que tuvimos.

—Lo siento, Edward —se disculpó —Últimamente me he portado como una perra contigo y no te lo mereces.

—Yo tampoco he sido muy amable contigo, María, pero te quiero y no quiero perder esto que tenemos. No logro comprender qué es lo que nos pasó. En qué momento dejamos de sentirnos como lo hacíamos.

María suspiró pensativa y se tomó su tiempo antes de hablar. Cuando finalmente lo hizo sus palabras me sorprendieron.

—Hoy estuve con Bella —dijo por fin.

—¿Con Bella?

—Sí. Al salir del instituto fui a ver a Carlisle y Bella estaba allí. Cuando se marchó me ofrecí a llevarle a casa y aceptó.

—¿Aceptó? Extraño siendo que es tan terca.

—Como toda adolescente, supongo. En realidad aceptó solo porque tu padre estaba delante, pero después de subir al coche ya no pudo hacer nada más que soportar mi presencia.

—No sé si me atrevo a preguntar qué sucedió en el viaje.

—Me disculpé por haberla delatado aquella tarde y ella se disculpó por llamarme zorra.

—¿Os habéis reconciliado entonces?

—Sí, supongo que sí. Creo que cuando ambas nos dimos cuenta que tenemos mucho en común.

—¿Que tú y Bella tenéis mucho en común?

—Sí —explicó —Ambas te amamos y ambas estábamos un poco celosas de la otra.

—¿Tú estabas celosa de Bella? ¿Por qué?

—Porque tú la amas muchísimo.

—Desde luego que la amo. Es como si fuera mi hija.

—Lo sé, pero no lo es. No es tu hija en realidad y a mí me costaba mucho entender que sintieras eso por ella. Creo que tal vez por eso mismo me cuesta tanto decidirme a tener hijos contigo —explicó confundiéndome.

—No entiendo…

—Sí. Llevo años viéndote como padre de Bella y veo cuánto la adoras. Esa niña es tu vida y ni siquiera es tu hija. ¿Cómo será cuando realmente sean tus hijos? ¿Crees que quedará algo para mí? —gimoteó y en ese momento me pareció más infantil que la propia Bella —Sé que lo que estoy diciendo es estúpido e inmaduro pero no puedo evitar sentirme celosa —gimió conmoviéndome.

—María, cariño, ¿cómo puedes sentirte así? Desde luego que amaré a mis hijos tanto o más de lo que amo a Bella, si es posible, pero ¿cuánto crees que te amaré a ti siendo quien les dé la vida? —intenté calmarla acariciando su espalda —No puedo creer que te sientas así cuando eres la mujer más importante de mi vida —aseguré y la sentí relajarse sobre mí.

—Sé que es una tontería pero también Bella está tan segura de cuánto la adoras que me da un poco de celos no sentir esa seguridad.

—Por Dios, María, ¿de verdad sientes celos de Bella? Adoro a esa niña pero como lo que es, una niña, una sobrina, la hija que aún no tengo. Pero te amo a ti como a una mujer, como a mi mujer, la mujer con la que espero compartir mi vida y si es posible la paternidad —expliqué levantando su rostro para enfocar mi mirada en él —Quiero compartir contigo lo que se siente al ser padre —murmuré buscando una vez más convencerle.

Y por primera vez creí que realmente tenía la oportunidad de hacerlo.

—¿Crees que me puedes dar un poco de tiempo antes de hacerlo? —pidió y feliz ante su cambio de actitud, accedí.

Una vez más María y yo comenzamos una nueva etapa.

Una etapa que parecía encontrarnos más unidos y cómplices que nunca.

María parecía estar dispuesta a entregarse sin restricciones ni reticencias.

Cada tarde, al volver de la oficina pasábamos tiempo juntos y tiempo de calidad.

Incrementamos nuestra vida nocturna saliendo juntos a cenar, al cine e incluso algún día a bailar.

Aprovechábamos los fines de semana para hacer excursiones de senderismo, ir a la playa e incluso algún día a pescar.

Nos hicimos amantes de la naturaleza y como amantes hacíamos el amor al aire libre de formas que nunca habíamos compartido.

Por otra parte el sexo se volvió aún más desinhibido y excitante y cuando seis meses después María dejó la píldora yo me sentí definitivamente en la gloria.

Yo esperaba que para el verano siguiente María ya estuviese embarazada pero el verano llegó y eso no sucedió.

Cada mes, con puntualidad religiosa el período menstrual de María se hacía presente tirando mis esperanzas al suelo.

Cuando el pequeño Seth Swan cumplió su primer año, yo tuve que hacer grandes esfuerzos para ocultar mi frustración de los ojos de mis amigos. Pero no fue suficiente para engañar a Emmett.

Bella era la encargada de animar la fiesta para los más pequeños mientras Rosalie atendía a los invitados.

María charlaba divertida con su cuñada, Alice cuando Emmett se me acercó para invitarme a compartir la botella de Bourbon que su padre Charlie le había regalado para celebrar su ascenso a jefe de comerciales.

Nos sentamos en el salón de la casa que con grandes esfuerzos habían comprado hacía ya un par de años y cuya hipoteca por momentos parecía consumirles.

Charlamos bastante sobre trabajo y dinero antes de que Emmett se atreviese a tocar el tema que a mí más me obsesionaba últimamente.

—¿Y cómo van las cosas con María?

—Bien, muy bien —reconocí —diría que estamos mejor que nunca.

—¿Cómo se ha tomado que viajes tanto?

—Por el momento bastante bien. Mejor de lo que esperaba —reconocí —pero sabe que es por trabajo y que si lo hago tanto ahora mismo es para no tener que dedicarle tanto tiempo cuando vengan los niños —expliqué aunque esas palabras me dejaran un sabor amargo.

Mi nuevo puesto de Director financiero general de Northern Woods me obligaba a viajar a menudo por las distintas oficinas y sucursales que la empresa tenía a lo largo y ancho del país. Eran viajes de no más de dos días, pero María no había puesto ninguna queja por ellos en ningún momento.

Siempre le había prometido que no viajaría tanto cuando nuestro primer hijo llegara pero realmente, por momentos dudaba de que ello fuera a suceder.

—Entonces, ¿ya estáis puestos en el tema de los bebés? —indagó Emmett sonriendo socarrón.

Asentí aunque con tristeza.

—Diría que sí, pero no pensé que fuésemos a tardarnos tanto —confesé.

—¿Qué quieres decir?

—Llevamos ya seis meses haciéndolo sin tomar precauciones.

—¿Seis meses? —indagó Emmett —Bueno, no te preocupes. Estas cosas pueden tardar un poco.

—¿Cuánto tiempo habéis tardado tú y Rose?

—¿Nosotros? Diría que Bella vino unos diez años antes de que nos planteásemos la posibilidad de tener hijos —explicó haciéndome reír.

—¿Y con Seth?

—El primer mes después de que Rose dejara la píldora —explicó sabiendo que su respuesta me preocuparía —Pero no todos los cuerpos son iguales, Edward. Tú lo sabes, a veces se puede tardar un poco más.

—Lo sé, lo sé. Es solo que…

—¿Qué?

—Que ya me había hecho la idea de que María estaría embarazada para el verano y aún no ha pasado nada. Por otra parte me imagino que ella podría estar preocupada por no poder quedarse embarazada y no quiero agobiarla con mis deseos y mis miedos.

—¿Cuáles son tus miedos?

—No ser capaz de ser padre. Ser estéril —confesé.

—No creo que tengas que preocuparte por ello, Edward, de verdad. Pero si realmente te preocupa, podrías visitar una clínica de fertilidad y hacerte las pruebas.

—No quisiera agobiar a María.

—No tienes por qué decírselo. Viajas mucho, aprovecha alguno de tus viajes para hacerte las pruebas en otra ciudad. Imagino que bastará que dejes una muestra de tu esperma y cuando tengan los resultados te los enviarán. Si puedes asegurar que puedes tener hijos te sentirás más tranquilo. Luego, si aún no quedase embarazada, podréis valorar si fuese ella quien tuviese un problema. Aunque estoy seguro de que ninguno de los dos lo tendrá —aseguró Emmett confiado y quise poder sentir la misma certeza que él sentía.


Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos, y sobre todo gracias por leer.

Les espero en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.

En Wattpad estoy subiendo la misma historia pero con personajes originales, por si alguien quiere conocer protagonistas diferentes.

Besitos y nos seguimos leyendo!